La última jornada de pesca por tierras extremeñas, la compartí con Juan Alfonso y Miguel, que son dos miembros del grupo Peskacor.
De camino al río, disfruté con la fauna que se veía en el entorno. Rabilargos, perdices, cigüeñas, abejarucos, cerdos ibéricos y estos magníficos toros, tan emblemáticos en nuestro país.
Una vez con los equipos listos, descendimos un buen trecho para pescar unas tablas que albergaban bastantes barbos.
Miguel se había dejado el sombrero en el maletero y bajo el sol de justicia, no era nada recomendable, pero pescando a un ritmo normal, pronto estaríamos junto al coche.
No tardó mucho Miguel en capturar el primer barbo y Juan Alfonso hizo lo propio poco después.
Aunque yo comencé con mosca seca, Miguel me recomendó que utilizase una ninfa que él mismo me ofreció.
El río nos permitía pescar a los tres, sin tener que separarnos mucho, por lo que podíamos disfrutar de las capturas de los compañeros.
Me sigue llamando la atención ver las alambradas cruzando el cauce del río, pero por lo visto no hay mucho que hacer al respecto.
Era fascinante contemplar el buen hacer de estos dos pescadores y por los resultados obtenidos, se ve que ya lo tienen dominado. De hecho han sido protagonistas de algunos documentales del Canal Caza y Pesca.
En una amplia tabla de poca profundidad, Juan Alfonso localizó algunas carpas desde una posición elevada.
Yo capturé este barbo bajo las ramas de una adelfa y por lo visto, era reacio a posar para la foto.
Preciosas libreas iban pasando por nuestras manos y tras una leve contemplación, los barbos volvían a sus actividades cotidianas.
En esta jornada me di cuenta de la utilidad de la sacadera, pues en situaciones comprometidas, se puede asegurar la captura.
Mis compañeros capturaban barbos a buen ritmo y el sol ya se acercaba a su cenit, con lo que el calor ganaría en intensidad.
En esta zona de pasillos clavé un buen ejemplar que tras una carrera frenética río arriba, logró liberarse. En un principio pensé que se había roto el bajo de línea, pero entonces comprobé que lo que había propiciado la huida del pez, fue que este había enderezado el anzuelo de la ninfa.
¡¡Qué barbaridad!!
Una vez llegamos junto al coche, nos desplazamos a otro tramo del río y aprovecharíamos este momento para comer. Bajo un puente hicimos nuestro improvisado comedor y dimos buena cuenta de los bocadillos.
Con el estómago ocupado en la digestión, emprendimos la marcha para afrontar las últimas horas de pesca.
A medida que subíamos por el río, la concentración de buenos ejemplares era mayor. Esto dificultaba su pesca, pero también incrementaba el nivel de adrenalina en la lucha con los peces.
Muchos de estos se encontraban entre las plantas del cauce y en ocasiones salían a gran velocidad, justo delante de nuestros pies.
En el centro de la fotografía se puede observar la mitad posterior del cuerpo de un barbo.
Enderezando el anzuelo de mi maltrecha ninfa, fui sacando algunos barbos más que, como los anteriores, se defendían de manera notable.
Llegamos a unas zonas de corrientes con poca profundidad. Aquí los barbos nos localizaban con facilidad por lo que teníamos que pescar un poco más largo. Y de esta manera nos hicimos con algunas capturas más.
Observamos a un galápago que se alimentaba de los restos de un barbo muerto muy cerca de la orilla. Parecía no importunarle nuestra presencia, pero cuando le toqué con la puntera de la caña, este se descolgó un tanto molesto. Sin embargo no tardó en volver junto al cadáver del ciprínido.
En una pequeña poza a la que llegaba algo de agua fresca, Miguel localizó un black bass y río arriba, Juan Alfonso se encontró un retel con un par de barbos muertos.
Un poco más arriba de nuestra posición, dos pescadores finalizaban su jornada de pesca. Observé que uno de ellos portaba un retel con algunos barbos, pero anteriormente habían subido un saco y una bolsa con más barbos.
En estos momentos lo ideal sería practicar un férreo "captura y suelta" (como era nuestro caso) o por lo menos pescar de forma responsable, pues no son pocos los casos en los que los peces terminan en el cubo de la basura.
Los pescadores se quedaron un rato observando lo que hacíamos y en una ocasión así, no podíamos hacer otra cosa que demostrar que sentimos una enorme devoción por este extraordinario pez.
En nuestras manos, poco tienen que temer estos ciprínidos. Sus ojos carentes de párpados observan con detenimiento nuestro proceder, pero a nosotros sólo nos queda rendirles un homenaje, por todos los momentos que nos hacen vivir durante el ejercicio de la pesca.
Ya sólo nos quedaban unos metros para llegar al punto de retorno. Los últimos lances nos fueron deparando gratas sorpresas, pero la mayor de todas aún estaba por llegar.
Emulando a los salmónidos más viajeros, los barbos ejecutaban potentes saltos para salvar una barrera infranqueable. Los genes de estos sensacionales peces les dictan el camino a seguir y en este caso se trata de seguir ascendiendo río arriba.
Los ejemplares más vigorosos se lucían llevando a cabo impresionantes saltos de más de metro y medio, que por desgracia no eran suficiente pago para lograr la ansiada meta.
Juan Alfonso y yo estuvimos un buen rato observando, embelesados por el repetitivo afán de lograr lo imposible. No era nada fácil obtener una instantánea con el barbo desafiando la ley de la gravedad, pero de muchas fotografías que tomamos, pudimos sacar algunas muy válidas.
Sin duda un broche de oro, para unas jornadas irrepetibles.
Todavía teníamos que andar un buen trecho hasta llegar al coche, así que fuimos descendiendo y pescando a la vez.
La avispa se convirtió en una gran aliada de Juan Alfonso, que logró clavar este precioso ejemplar de barbo gitano.
Abandonamos el río a media tarde, pues Luis y Javi venían desde Sevilla para conocerme.
La emoción me embargaba, pues ya eran amigos de la red desde hacía mucho tiempo.
Aunque venían con el tiempo contado, charlamos un buen rato sobre las jornadas de pesca por esta tierra maravillosa. También rememoramos algunas de las últimas entradas de sus respectivos blogs, pues había ciertos temas que invitaban a ser recordados.
Me hubiera gustado compartir caña y mesa con ambos, pero esta vez no pudo ser.
Javi es un fenómeno del spinning y el casting como podéis ver en su blog y Luis es el auténtico terror de los carpones a mosca.
Con esta grata visita ya son muchos los Bloggeros a los conozco en persona. Cosa que me satisface mucho. Y si Dios no lo impide, el año que viene volveré por esta tierra e intentaré pasar alguna jornada de pesca con ellos.
Quisiera agradecer al Duque de Jerez, a Lucas Benjumea, a Paco Tello y a Carmen Encinas el haber tenido tiempo para hablar conmigo, aunque sólo fuera un breve instante, pues para mí la intención ya vale mucho.
Miguel se había dejado el sombrero en el maletero y bajo el sol de justicia, no era nada recomendable, pero pescando a un ritmo normal, pronto estaríamos junto al coche.
Aunque yo comencé con mosca seca, Miguel me recomendó que utilizase una ninfa que él mismo me ofreció.
Me sigue llamando la atención ver las alambradas cruzando el cauce del río, pero por lo visto no hay mucho que hacer al respecto.
Yo capturé este barbo bajo las ramas de una adelfa y por lo visto, era reacio a posar para la foto.
Mis compañeros capturaban barbos a buen ritmo y el sol ya se acercaba a su cenit, con lo que el calor ganaría en intensidad.
¡¡Qué barbaridad!!
Con el estómago ocupado en la digestión, emprendimos la marcha para afrontar las últimas horas de pesca.
Muchos de estos se encontraban entre las plantas del cauce y en ocasiones salían a gran velocidad, justo delante de nuestros pies.
En el centro de la fotografía se puede observar la mitad posterior del cuerpo de un barbo.
Observamos a un galápago que se alimentaba de los restos de un barbo muerto muy cerca de la orilla. Parecía no importunarle nuestra presencia, pero cuando le toqué con la puntera de la caña, este se descolgó un tanto molesto. Sin embargo no tardó en volver junto al cadáver del ciprínido.
Un poco más arriba de nuestra posición, dos pescadores finalizaban su jornada de pesca. Observé que uno de ellos portaba un retel con algunos barbos, pero anteriormente habían subido un saco y una bolsa con más barbos.
En estos momentos lo ideal sería practicar un férreo "captura y suelta" (como era nuestro caso) o por lo menos pescar de forma responsable, pues no son pocos los casos en los que los peces terminan en el cubo de la basura.
Los ejemplares más vigorosos se lucían llevando a cabo impresionantes saltos de más de metro y medio, que por desgracia no eran suficiente pago para lograr la ansiada meta.
Juan Alfonso y yo estuvimos un buen rato observando, embelesados por el repetitivo afán de lograr lo imposible. No era nada fácil obtener una instantánea con el barbo desafiando la ley de la gravedad, pero de muchas fotografías que tomamos, pudimos sacar algunas muy válidas.Sin duda un broche de oro, para unas jornadas irrepetibles.
La avispa se convirtió en una gran aliada de Juan Alfonso, que logró clavar este precioso ejemplar de barbo gitano.
La emoción me embargaba, pues ya eran amigos de la red desde hacía mucho tiempo.
Aunque venían con el tiempo contado, charlamos un buen rato sobre las jornadas de pesca por esta tierra maravillosa. También rememoramos algunas de las últimas entradas de sus respectivos blogs, pues había ciertos temas que invitaban a ser recordados.
Me hubiera gustado compartir caña y mesa con ambos, pero esta vez no pudo ser.Javi es un fenómeno del spinning y el casting como podéis ver en su blog y Luis es el auténtico terror de los carpones a mosca.
Con esta grata visita ya son muchos los Bloggeros a los conozco en persona. Cosa que me satisface mucho. Y si Dios no lo impide, el año que viene volveré por esta tierra e intentaré pasar alguna jornada de pesca con ellos.
Quisiera agradecer al Duque de Jerez, a Lucas Benjumea, a Paco Tello y a Carmen Encinas el haber tenido tiempo para hablar conmigo, aunque sólo fuera un breve instante, pues para mí la intención ya vale mucho.


