Tenía por delante una de esas jornadas que ponen a prueba la perseverancia del pescador.
La falta de preparación de la jornada hizo que no llevara el material necesario para probar con la técnica del "drop shot", ya que en la jornada anterior llegué a la conclusión de que los peces se encontraban en profundidad.
En el embalse la niebla aún se estaba disipando. No sabía si obtendría alguna picada con el vinilo en estas condiciones, así que opté por atar un spinnerbait.
Dos picadas fallidas de convencieron de que comenzara con los vinilos.
En un momento en el que miraba la superficie del agua me dí cuenta que la luna aún no se había ocultado por su reflejo en el agua. Iba a presenciar la salida del sol con la luna todavía en el cielo.
Y en ese momento mágico salía el primer bass del día. Pequeño pero revoltoso.
Aún quedaba mucho tiempo por delante.
El sol comienza a asomar tras una montaña. Las aguas comenzarán a calentarse, los insectos iniciarán su actividad y si todo va bien, los basses estarán más activos.
El montaje que me dio buen resultado en las últimas jornadas comienza a surtir efecto. Diviso algunos buenos ejemplares y ellos hacen lo propio. Desisto lanzarles en esta ocasión.
La desmesurada proliferación de los cangrejos hacen cada vez más común esta situación. Seguro que llegado el momento, los basses harán buen acopio de estos quitinosos animalillos.
Llegue a una zona que habitualmente cuenta con basses de buen porte. Lancé con precisión entre dos ramas que tocaban el agua. El señuelo llevaba unas décimas de segundo en el agua cuando algo atacó violentamente. El bass comenzó a tirar hacia un lugar que me favorecía.
Ya podía verlo, era una animal fabuloso así que quise evitar que saltase fuera del agua.
Una pasada en perpendicular me confirmó que era el bass más grande que había clavado hasta el momento en mi corta experiencia con los basses.
Pensé que la regulación del freno era correcta pero un golpe seco del centrárquido hizo imposible llevar a cabo la captura.
La decepción fue muy grande pero es aquí donde hay que mostrar entereza y pensar en que aún hay tiempo para clavar otro bass de buen porte.
Suena el móvil. Es Miguel que había ido con Jesús tras las doradas. Las malas condiciones les hicieron desistir por lo que iban a estar en el embalse por la tarde.
Llevaba 36 basses en mi cuenta y ellos aún tardarían así que ralenticé la marcha para poder comenzar juntos por la tarde.
La semana pasada hablé sobre el peligro de dejar los trozos de sedal desperdigados por el entorno.
Cuando bajaba por una pendiente miré algo que parecía ser un ave muerta colgando de una rama. Me di cuenta de que se trataba de un mirlo pero había algo en su pata.
Un trozo de sedal con dos pequeños plomos y un anzuelo con una lombriz desecada.
Quizás el mirlo enganchara su pata en el sedal o tratase de comer la que en su momento sería una lombriz tierna y quedase atrapado por el trozo de línea.
El caso es que los plomos se habían encajado en la ranura de una rama y el animal se quedó colgando hasta perecer de cansancio o de hambre.
En una ocasión liberé a una tórtola que estaba en esta situación y cuyo aleteo llamó mi atención.
Vuelvo a recordar que hay que procurar guardarse cualquier elemento que pueda causar daño al entorno, y más si somos nosotros mismos los que lo traemos o generamos.
Cuando observé a este lagarto verdinegro pensé en que ocurriría si este se aventurase sobre la superficie del agua. He visto vinilos imitando a lagartos y lagartijas, pero no sé si estos serán efectivos en las aguas en las que el hecho de que un reptil termine en el agua es un hecho anecdótico.
Un vez llegaron los compañeros nos pusimos a pescar. Miguel y Jesús mantenían su particular competición en el número de capturas. Me propuse intentar llegar a los 50 ejemplares aunque pescar las mismas zonas por segunda vez no es cosa fácil. Jesús comenzó fuerte ...
... pero Miguel le dedica más tiempo a la pesca de este centrárquido.
Todos coincidimos en la espectacular campaña del año pasado y los altibajos que ha dado esta.
Pero aún queda tiempo por delante para capturar algunos de los basses que merodean en las zonas más difíciles.
Al final fueron 53 los basses liberados por mí pero hubiera preferido sacar únicamente el "torpedo" que rompió mi terminal ya que me fastidia saber que se ha marchado con el anzuelo clavado.
Dos picadas fallidas de convencieron de que comenzara con los vinilos.
Y en ese momento mágico salía el primer bass del día. Pequeño pero revoltoso.
Aún quedaba mucho tiempo por delante.
Ya podía verlo, era una animal fabuloso así que quise evitar que saltase fuera del agua.
Una pasada en perpendicular me confirmó que era el bass más grande que había clavado hasta el momento en mi corta experiencia con los basses.
Pensé que la regulación del freno era correcta pero un golpe seco del centrárquido hizo imposible llevar a cabo la captura.
La decepción fue muy grande pero es aquí donde hay que mostrar entereza y pensar en que aún hay tiempo para clavar otro bass de buen porte.
Suena el móvil. Es Miguel que había ido con Jesús tras las doradas. Las malas condiciones les hicieron desistir por lo que iban a estar en el embalse por la tarde.
Llevaba 36 basses en mi cuenta y ellos aún tardarían así que ralenticé la marcha para poder comenzar juntos por la tarde.
Cuando bajaba por una pendiente miré algo que parecía ser un ave muerta colgando de una rama. Me di cuenta de que se trataba de un mirlo pero había algo en su pata.
Un trozo de sedal con dos pequeños plomos y un anzuelo con una lombriz desecada.
Quizás el mirlo enganchara su pata en el sedal o tratase de comer la que en su momento sería una lombriz tierna y quedase atrapado por el trozo de línea.
El caso es que los plomos se habían encajado en la ranura de una rama y el animal se quedó colgando hasta perecer de cansancio o de hambre.
En una ocasión liberé a una tórtola que estaba en esta situación y cuyo aleteo llamó mi atención.
Vuelvo a recordar que hay que procurar guardarse cualquier elemento que pueda causar daño al entorno, y más si somos nosotros mismos los que lo traemos o generamos.
Todos coincidimos en la espectacular campaña del año pasado y los altibajos que ha dado esta.
Pero aún queda tiempo por delante para capturar algunos de los basses que merodean en las zonas más difíciles.
Al final fueron 53 los basses liberados por mí pero hubiera preferido sacar únicamente el "torpedo" que rompió mi terminal ya que me fastidia saber que se ha marchado con el anzuelo clavado.






