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jueves, 1 de diciembre de 2016

Captura alucinante

Se termina el Black Friday y llegan las 5:00 am. Desayuno un tanto apurado, pues tengo una hora de viaje por delante.
Me acompaña una niebla espesa durante todo el trayecto, lo cual me hace ser precavido.
 Al llegar a casa de Luis, todavía de noche, me encuentro a Bullma preparada con su linterna en el cuello, para saber en todo momento su posición, ya que en esta ocasión nos desplazaríamos caminando, hasta el lugar elegido.
Resultó muy cómico ver una luz entre la maleza del monte, subiendo, bajando, a un lado y para el otro jejeje. Como si de un motorista kamikaze se tratara. Y es que cuando Bullma percibe el rastro de un corzo o jabalí, para allá se va toda contenta.
 El frío viento del norte nos dio la bienvenida a pie de río, con las primeras luces del alba.
No se movía pez alguno, si bien esto podía cambiar en cualquier momento.
La ligereza del montaje me provocó algún que otro lío, por lo que estuve media mañana un tanto "liado" jejeje.
Luis fue prospectando distintas zonas, hasta que su caña comenzó a arquease violentamente.
 Había clavado lo que a priori podía ser un salmón. El pez saltó repetidas veces y ponía a prueba la pericia de mi compañero. Luis se las arregló para ir sometiendo a su oponente, y cuando lo divisé a escasos metros, pude comprobar que se trataba de un salmón.
 El ávido pez se descolgó por la corriente y Luis tuvo que seguirlo río abajo. El 0.16 mm parecía muy débil para semejante oponente, sin embargo, en colaboración con la caña y el buen hacer del pescador, resultaba suficiente.
Tras unos minutos de brava lucha, el pez se entregó a mi compañero, sabedor de que su oponente había sido mejor en la contienda.
Lo observamos con admiración, mientras se le extraía la ninfa de la boca. Una operación sencilla, gracias al anzuelo sin muerte.
 Tan sólo quedaba aguardar a que se recuperase un poco. Y lo hizo rápidamente, pues cuando dejó de sentir el contacto de las manos del pescador, se alejó alegre por recuperar su libertad.
Todo era júbilo tras esta magnífica captura. A pesar de haber tenido varios salmones delante, nunca había tenido la oportunidad de verlo en directo, y menos con un equipo que inicialmente consideraría inadecuado. ¡¡INCREÍBLE!!
 Prosiguió Luis con la pesca, pues todavía quedaba mucha mañana por delante.
Bullma bostezaba, pues el madrugón había sido soberbio y apenas había dormido, según me había contado su dueño. A pesar de ello, siempre pemanecía atenta a su inseparable compañero.
 Y mientras el río le permitía seguir los pasos de su amigo, esta allá se iba.
Y le trajo buena fortuna a Luis, pues clavó un par de truchas, mientras yo comía plácidamente un bocadillo. Y es que para mí la pesca también es observar a otros pescadores, de manera que pueda aprender algo nuevo.
La buena de Bullma no resistió más, y a media mañana se rindió al Morfeo perruno.
El musgo mullido que tapizaba las rocas, le resultó  perfecto para su siesta mañanera, con el murmullo de las aguas y los pájaros como melodía de fondo.
La dejamos descansar un ratito y a continuación, abandonamos el río para cambiar de lugar.
De camino al nuevo emplazamiento, hablamos con algunos vecinos del lugar. Siempre es grato hacer un alto en el camino y conocer a las gentes que habitan en las zonas que escogemos para practicar nuestro deporte.
En la zona elegida nos encontramos con un caudal bajo, lo cual generaba amplias corrientes, si bien quedaban pequeñas zonas en las que poder ofrecer nuestros engaños.
Bullma siempre atenta a su compañero, recorría las orillas de un lado para otro, ya que no es muy aficionada a estar quieta mucho tiempo.
Luis consiguió engañar a otra trucha, poco antes de marcharnos. Fue un justo premio a la constancia y el buen hacer. Por el contrario, yo me fui quedando en un mero expectador, ya que poder presenciar la captura del salmón había sido mi premio en esta jornada.
Una vez llegamos a casa, la caminata de vuelta, sumada al resto del día, hizo que Bullma se acostase en su mecedora, no queriendo saber nada más de nosotros jejeje.
Después de arroparla, nos pusimos a montar unas ninfas para la próxima aventura.

lunes, 28 de noviembre de 2016

VI A ver cantos quedamos a spinning

Este domingo tocaba asistir a la sexta edición de "A ver cantos quedamos a spinning", que se celebró en la zona de Ribeira. Madrugué como en otras ocasiones y puse rumbo a Aguiño.
Al llegar había que pasar por el bar para tomar un café y pagar la inscripción.
Allí me encontré a Sergio y Carlos, del Club Gallaecia. También pude saludar a Juan Carlos, que también se apunta a este tipo de quedadas.
Después me topé a Miguel, que se disponía a salir de pesca. Tras una charla con él, me fui a pagar la inscripción en la mesa donde se encontraban los miembros de la organización: Anxo, Millares, Iván y Josiño.
 Tras unos chupitos de licor café, los miembros de la organización y un servidor, nos dirigimos a un punto cercano y de fácil acceso, de manera que no hacía falta cambiarse de ropa.
El sol ganaba altura en el horizonte a la vez que el viento del norte soplaba con más fuerza.
 Pudimos divisar alguna lubina rondando el espigón, así que estuvimos intentando hacernos con alguna captura.
Los vinilos eran los protagonistas, si bien la calma de las aguas dejaban intentarlo con el paseante.
Al cabo de unos minutos se acercaron Alex y Sergio.
 La fortuna me sonrió en forma de lubina, la cual sucumbió a un pequeño vinilo rosado.
Alex se ofreció para tomar la instantánea, lo cual le agradecí.
 Poco antes de salir del espigón, llegaron varios de los componentes del Club Labrax, entre los que se encontraban Mikel , Rubén, Óscar y Juan.
A continuación nos fuimos hasta un bar en Ribeira, donde nos tomaríamos unas cervezas en compañía de Manel, Jose, Óscar, Juan Carlos, etc.
En torno a las 13:30 pm nos fuimos para el restaurante donde se celebraría la comida.
Allí me encontré con compañeros de otras quedadas, como Vitu, Toni, Pablo, Víctor, Tirso, Kiko, Cristian, Luis.
 Como podéis ver en la foto, a Rubén y a Mikel los atendieron bien, para que no se quedasen sin reservas de cerveza jejeje.
Las capturas no fueron muy abundantes, por lo que los afortunados que tocasen escama, podrían competir por el podio.
El ganador de esta edición fue Cristian, el cual recibió una magnífica caña, por cortesía de Nordés.
Los otros ganadores recibieron sus respectivos obsequios por cortesía de VituLures y Bricoypesca, y acto seguido se sortearon algunos regalos más.
Tras la foto de grupo, la gente fue despidiéndose y cada vez éramos menos los que nos quedábamos a hablar de pesca.
Cuando ya cerraba el bar, Vitu, Iván, Suso y un servidor, seguíamos
de tertulia, hasta que la hora de marchar nos anunciaba que la quedada de este año había finalizado.
Aprovecho para dar las gracias a José Manuel por los vinilos y jigheads que me regaló y a Walter por la camiseta que estrené en la quedada.
¡¡ Hasta la próxima !!

La jornada según:
Luis: http://surfcastingmasters.blogspot.com.es/2016/12/6-ver-cantos-quedamos-spinning-en.html
Alex: http://haiquemollarse.blogspot.com.es/2016/11/6-ver-cantos-quedamos-spinning.html

jueves, 17 de noviembre de 2016

Varios palos

En primer lugar quisiera comentar algo que para mí es todo un privilegio.
La noticia en cuestión es que una fotografía de mi blog fue elegida por la empresa Axuste Gráfico, para colocar en un ventanal de la tienda de pesca A Bordo, situada en Ponteceso.
 La fotografía la tomé un día en el que me acompañaba mi amigo Adrián. Y es precisamente él, quien aparece en la instantánea.
Lo dicho, todo un honor para mí.
 Por otro lado, pues decir que estoy inmerso en varios proyectos relacionados con logotipos, si bien no pueden ser mostrados por el momento.
El que os muestro ahora es el que realicé para mi colega David. Un diseño acorde con su especie predilecta, para usar en su nuevo espacio https://dvarelapernas.wordpress.com/?ref=spelling.
 Por otro lado, os anuncio que la sexta edición de "A ver cantos quedamos a spinning" ya está a la vuelta de la esquina.
 Si no hay novedad, allí estaré, con ganas de charlar con buenos compañeros de afición, entre los que se encuentra Anxo; uno de los organizadores.
Estoy seguro que será un éxito, como las anteriores ediciones.
Y antes de retomar la pesca al 100%, toca disfrutar de otras "capturas" del otoño como son las castañas, los madroños y las setas.
Con paisajes como este, cualquiera no le dedica unas jornadas jejeje.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Jornada accidentada

Cuando uno sale de casa y pone rumbo a su zona de pesca, no suele pensar en que vaya a ocurrir nada malo, sin embargo, el destino a veces nos recuerda que existe la posibilidad de sufrir un percance.
No hace mucho, Alex sufrió un accidente muy aparatoso, del que todavía hoy se está recuperando.
Y a mi mente llega el recuerdo del fatídico día en el que Maxi (Gomolas) perdió la vida practicando una afición tan sana como la pesca.
Lo que voy a relataros no es tan preocupante como los casos anteriores, pero servirá de recordatorio para que seamos conscientes que donde uno menos se lo espera, puede sufrir un accidente.
 En esta ocasión nos juntamos Luis, Antonio, Bullma y yo. Llegábamos al río con las primeras luces, abriéndonos paso entre la maleza de la orilla. La recompensa a tan difícil travesía, era el poder disfrutar de una jornada en las aguas del Miño.
Cuando vamos a esta zona, regulada por un embalse, siempre tenemos presente la posibilidad de la subida repentina del caudal, por lo que cada poco tiempo nos fijamos en la orilla, por si el agua comienza a aumentar de nivel.
La mañana transcurría con normalidad. Mis compañeros habían capturado algunas pintonas y yo hice lo mismo en medio de una fuerte corriente. Fui acercando la trucha hasta mi posición y la sujeté con la mano. Esta se sacudió y se precipitó hacia el agua, con tan mala suerte que el anzuelo se clavó en uno de mis dedos. Por fortuna, se trataba de un anzuelo sin muerte de pequeño tamaño. Con un leve gesto pude liberarme de este, por lo que no me lamenté de lo sucedido.
 Moviéndome por la orilla, llegué hasta la posición de Luis. Entonces me percaté de que tenía el chaleco manchado de sangre, al igual que su oreja derecha.
El pincho de una zarza se le había clavado en un capilar del pabellón auditivo, lo cual provocó que la sangre brotase. Tras extraer el pincho, las plaquetas ya habían detenido la hemorragia, así que se quedó en algo anecdótico.
 Continuamos con la pesca y tocaba rehacer alguno de los montajes, mientras Bullma se entretenía con una rama que había recogido sobre los cantos rodados.
Momentos antes, Bullma había sido arrastrada por la corriente, ya que ella no tiene la capacidad de vadeo que tenemos nosotros. Y es que a esta incansable perrita, no le gusta estar muy lejos de su amo, salvo que haya percibido los efluvios de algún corzo o jabalí.
 El frío estaba haciendo mella en nuestros cuerpos, ya que la temperatura del agua es baja en esta época y la brisa que acompañaba a la mañana era gélida de verdad.
La única manera de mantener el frío a raya, era no permanecer estáticos durante demasiado tiempo.
 Por la tarde, Antonio se ausentó, así que Luis y yo nos fuimos a un nuevo escenario, en compañía de Bullma. La presencia de gran cantidad de cantos rodados, cubiertos de un fino limo, ralentizaba nuestra marcha.
Luis logró clavar dos truchas en una zona de aguas tumultuosas, y puesto que me encontraba a cierta distancia, no me acerqué para tomar unas instantáneas.
Al poco de reanudar la marcha, sufrí un resbalón, por lo que mi cuerpo se golpeó contra las rocas, junto con mi caña. La cerámica de la anilla de punta se desprendió del bastidor, aunque sin llegar a quebrarse, lo cual fue una suerte.
Mi cuerpo ligeramente magullado, no me dio señales de que algo grave hubiera sucedido, por lo que seguí a lo mío.
 Luis se había aventurado por una de las muchas pesqueiras que hay a lo largo del río. La dificultad del paso, junto con la fuerte corriente, hizo que Bullma aguardase resignada, con su cara reposando sobre el mullido musgo que tapizaba la roca en la que se encontraba.
 En la distancia divisé que algo rompía la superficie del agua. Inicialmente pensé en un pez, pero al comprobar que se repetía con una frecuencia muy corta, me llamó la atención. Me acerqué a comprobar de qué se trataba, y así fue como descubrí que aquel animal era una nutria.
Estuvo un buen rato ejecutando ese curioso movimiento, y fue mi presencia la que hizo que se descolgara corriente abajo, buscando cobijo en la orilla opuesta,
 Cuando me disponía a retomar la pesca, escuché unos gritos. La cabeza y los brazos de Luis asomaban por detrás de las rocas de una de las pesqueiras. Acudí raudo aunque con precaución. Cuando llegué a su lado, me dijo que la fuerte corriente lo había arrastrado. El bastón de vadeo se torció por la fuerza ejercida por mi compañero, dado que se había introducido entre dos rocas. 
Estaba empapado por completo. En ese momento su primera preocupación era el móvil, ya que se había mojado a causa de la caída.
Como pudo, Luis me fue pasando la caña, el chaleco y el teléfono, hasta despojarse de todo aquello que le molestaba para volver a la orilla.
La corriente que nos separaba era muy fuerte, así que sugerí que se agarrase a una piedra, mientras yo sostenía el bastón, a modo de barandilla. 
De esta manera pudo salir airoso y recuperar la tranquilidad.
Tras lo acontecido, ya sólo nos quedaba buscar una senda a través del bosque, para volver a casa y cambiar la ropa mojada por una seca.

Esta jornada me recordó una vez más, que somos vulnerables ante los contratiempos, por lo que siempre recomendaré ser cautos en cada salida. De esta manera siempre desearemos volver pronto a practicar este bello deporte que es la pesca.

jueves, 13 de octubre de 2016

Y al final ... Premio

 Madrugué un poco para amanecer al pie del agua. Durante el descenso por el valle, me sorprendió la niebla. Se intuían las montañas más altas, pero abajo la visión sería escasa.
Una vez en el lugar, monté el equipo y me dispuse a afrontar la jornada en ausencia del sol, si bien quedaba poco para que sus rayos se abrieran paso entre la bruma.
 Las temperaturas ya se habían desplomado bastante, sin embargo intentaría hacerme con algún black bass.
El caso es que pude divisar algunos orillados, así que me dispuse a tentarlos.
Los primeros minutos fueron infructuosos y pensé en un bolo mayúsculo. ¡¡No hacían caso!!
Fui desplegando todo mi arsenal, hasta que llegué a un cangrejo montado con un pequeño jig.
 Con este montaje, hasta alguno gordo hacía caso, si bien se mostraba reacio a escasos centímetros de él.
A pesar de ello, algunos ejemplares jóvenes fueron animando la mañana.
 Me aventuré por la orilla sin ponerme el vadeador. Cuando tenía los pies húmedos volví sobre mis pasos al punto de partida y seguí con el cangrejo.
Es un acierto llevar un equipo ligero, ya que se disfrutan mucho más.
 El último de todos los que saqué era de mayor porte, así que me entretuve tomando algunas instantáneas cuando ya lo tenía bajo control.
Y ciertamente me proporcionó alguna imagen interesante.
A pesar de la insistencia, los peces se fueron moviendo hacia aguas más profundas, por lo que cambié de escenario.

En la nueva ubicación saqué dos peces más con una lombriz de vinilo, si bien mi objetivo era encontrar escenarios para el próximo año.
De camino a casa, a veces me paro a contemplar la belleza del padre Miño. Un río que a pesar de todo el mal que le han hecho los embalses, se las arregla para mostrar todo su esplendor.

martes, 4 de octubre de 2016

Últimos lances

Es un momento que le llega a muchos pescadores. Y yo no iba a ser una excepción. Los basses se preparan para el letargo, así que ya no quedarán muchas salidas de pesca tras estos centrárquidos.
Debemos apurar los últimos lances.
 Iba a intentarlo en este embalse, pero me encontré un nivel muy bajo. La mayor parte de las estructuras estaban al descubierto y sólo se divisaban alevines de black bass en zonas someras.
Y cómo buscaba algo más de acción, pues opté por irme a un lugar alternativo.
 Una vez en el lugar, comenzó la acción. Basses discretos, con algún ejemplar enorme que no hacía caso a mis señuelos. Así que tocó divertirse con lo que había.
El cangrejo de vinilo fue mi aliado.
 Como no me había puesto el vadeador, tuve que conformarme con lo que había a tiro.
A continuación, lombriz de vinilo. Para mí un clásico con los basses.
 A veces divisaba un grupo de varios ejemplares, con alguno grande por medio. Sin embargo, los más peques se abalanzaban sobre el vinilo.
Menos mal que el equipo ligero ayuda a disfrutar un montón.
Con una lombriz discreta, me harté a clavar pequeñajos. Era una gozada.
Mientras pescaba, se acercó un pescador de la zona, con el que hablé un buen rato. Y poco después llegó otro más. Fue una charla muy amena, ya que hablamos bastante de señuelos y legislación.
Para entonces yo ya había colocado un paseante en mi grapa. Este me proporcionó bastantes capturas, hasta que un bass un poco más grande de la media me rompió la línea cuando me disponía a sacarlo del agua. La próxima seguro que llevo un grip, para casos como este.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Tiendas físicas vs Tiendas virtuales

 Hace unos días leí una entrada muy interesante en el blog de Ricardo (ENLACE), sobre el precio de los señuelos.
Está claro que cada uno tiene que ver por lo suyo, como bien apuntan en varios comentarios, sin embargo me gustaría ampliar un poco más mi punto de vista al respecto.
Para ello he confeccionado un cuadro orientativo, en el que muestro algunas diferencias entre las tiendas de pesca físicas (las de toda la vida) y las virtuales, basado en mi experiencia personal.

La primera diferencia que enumero es que en una tienda física puedes ver, tocar, valorar el producto. Cuando se trata de alguna novedad, es algo muy positivo, ya que podremos emitir un juicio favorable o contrario, en función de nuestro criterio.
Si se trata de un producto que ya hemos visto a través de un compañero, etc. la cosa es diferente, si bien la tienda virtual no da esta opción.

La segunda, he podido comprobar que es muy interesante si compras en una misma tienda física, en lugar de varias. Esa fidelidad suele ser recompensada con descuentos o algún presente, por parte del dueño de la tienda.
En la tienda virtual es más difícil que se produzca este caso, si bien hay alguna opción a veces, si es que existe la posibilidad de hablarlo con la otra parte, ya que hay tiendas en las que el sistema de compra es hermético y se ciñen al protocolo de la venta pura y dura.

La tercera diferencia, y una de las más importantes para mí, es la de tratar con el dependiente de la tienda. Lógicamente habla nuestro idioma, por lo que la comunicación es fluída.
En el caso de las tiendas virtuales, a veces podemos volvernos locos con traductores o tener alguna confusión a causa de la barrera lingüistica, si bien la mayoría tienen una versión en inglés.

La cuarta diferencia es la de los precios. Seguro que una gran mayoría sólo se fija en el ahorro, pero hay que entender que ya sean primeras marcas o imitaciones, hay puntos que hay que tener en consideración y que comentaré después.

El ahorro antes mencionado puede disminuir si tenemos en cuenta que a veces hay que pagar gastos de envío o incluso aranceles, si el producto llega de otros países más lejanos.
En la tienda física pagas el precio que marca el producto y sin esperas. Esto último hay que tenerlo en cuenta con algunos artículos que nos llegan de otros continentes.

La sexta diferencia es la que siempre me atrajo de la tienda física y es la posibilidad de hablar sobre el material que estamos adquiriendo. En algunos casos es posible que el dependiente ya lo haya probado, pudiendo ofrecernos una orientación.
Durante nuestra estancia en el local, también podemos interaccionar con otros pescadores, comentar trucos, obtener ayuda o incluso información sobre zonas de pesca, etc.
La tienda virtual suele ceñirse a la actividad de manera metódica, siendo inviable la opción de resolver dudas.

La séptima es un problema muy gordo con algunas marcas y es que a veces la garantía no es tan bonita como la pintan, y hay que moverse mucho si queremos hacer valer nuestros derechos como consumidores.
El dependiente de la tienda física suele estar acostumbrado a estos trámites, por lo que a veces basta dejarlo en sus manos. En la tienda virtual suele haber cierta problemática a la hora de demostrar que algo ha llegado roto o defectuoso.

La octava a veces nos pone de los nervios. Y es que alguna vez nos puede llegar un producto que no se corresponde con lo pedido, o lo recibimos en mal estado, etc. Algunas veces, el comprador tiene que correr con los gastos de reenviar el artículo, con el correspondiente ritual de ir a la oficina de mensajería, cumplimentar, embalar, etc.
Esto no ocurre en la tienda física, ya que lo que compramos, lo inspeccionamos en el momento.

La novena diferencia es en la que tendríamos que ponernos en la piel del dependiente. Y es que los gastos generados por los impuestos, son mayores. Y los gastos habituales ya lo son también. Luz, teléfono, local (en algunos casos), autónomos, etc. Y de todo esto, hay que sacar un sueldo para poder seguir con la actividad y poder vivir.
Las tiendas virtuales no suelen tener tantos gastos, en este aspecto.

El décimo punto influye en el precio del producto y es que hay tiendas virtuales que son distribuidoras de una marca concreta. Esto le permite obtener mejores precios, cuando el volumen de compra es grande.
Una tienda física que trabaja con muchas marcas, no puede comprar tanta cantidad de un mismo artículo como lo hace alguien que trabaja con una sola marca.


Y como yo soy aficionado a poner ejemplos, pues os pondré uno significativo, para que todo quede un poco más claro.
Para mí, el tema de las tiendas físicas y virtuales, es equiparable a tomarse una cerveza en casa o hacerlo en un bar.
Una cerveza de vidrio en el supermercado, está a 0,70 euros la unidad. Nosotros conducimos hasta la tienda (si vamos a pie, hay que cargar con la cerveza jejeje), cogemos el pack de cerveza en la estantería, pasamos por caja, la pagamos, nos la llevamos para casa, abrimos el pack, la colocamos en el frigorífico, cuando está a la temperatura adecuada, la abrimos, la vaciamos en una copa y nos la tomamos.
No vamos a tener en cuenta el gasto de combustible, dado que si vamos a un bar, es posible que vayamos en coche. Pero nos encontramos con que tenemos un pack vacío que habrá que reciclar o tirar a la basura. Unas botellas vacías que también habrá que depositar en el contenedor del vidrio. Y si no hemos bebido la cerveza a morro, habremos ensuciado una copa que luego habrá que lavar.
No voy a entrar en la calidad de la cerveza, dado que en algunos casos, la cerveza ha pasado por un proceso de almacenaje, donde puede echar un tiempo, sufrir variaciones de temperatura, etc.

Esa misma cerveza en un bar, cuesta 1,70 euros. Es posible que hayamos acudido al bar porque los pinchos son generosos, porque vamos a ver un partido de fútbol en un canal de pago o porque la camarera está muy bien jejeje.
Si pensamos en que hay un euro de diferencia, quizás optásemos por comprarla en el supermercado. Sin embargo, hay que pensar que hay posibilidad que con un par de cervezas, nos ahorremos la cena, dado que los pinchos son generosos. Es posible que veamos un partido de un canal de pago, de manera gratuita, o que tengamos una charla agradable con la camarera o con otros clientes.
El caso es que no tenemos que lavar copas, no tenemos pack de cartón vacío, la cerveza ya está a la temperatura ideal, etc. Además, es posible que el bar venda mucha cerveza, con lo cual quizás la cerveza nos sepa mejor.
Pero el bar tiene que pagar sueldos, impuestos, etc. que si los comparamos con una cadena de supermercados, seguramente no sean proporcionales.
Valorando más aspectos, alguno me puede decir que de regreso a casa, nos pueden someter a la prueba de alcoholemia, y que si es positiva, la cerveza nos sale aún más cara jejeje.

A fin de cuentas, tanto con los artículos de pesca, como con la cerveza, nos regimos por unas prioridades y eso es lo que nos hace actuar de una u otra manera.

Espero que os sirva de ayuda, así que ... !!Comprad y bebed con cabeza¡¡