Seguidores

domingo, 13 de mayo de 2012

Basses difíciles

El fin de semana pasado había quedado con Rubén y Esteban para ir a pescar al mar, pero una vez en el lugar, nos dimos cuenta de que poco había que hacer, ya que nos encontramos muchísimas algas depositadas en las zonas someras y el agua estaba especialmente quieta.
Las Islas Cíes eran acariciadas por plomizas nubes que amenazaban con evacuar su valiosa carga,
mientras en las pozas someras, los mújoles comían tranquilamente.
En un palet que había en la playa, nos encontramos con estos percebes cuello de ganso (Lepas anatífera), que llamaron nuestra atención.
Como suele ser frecuente, estos se encuentran sujetos a objetos que flotan a la deriva por el mar.
Mientras nos entreteníamos probando señuelos y mirando a nuestro alrededor, observamos a un buey de mar ( Cancer pagurus) que se movía entre las algas de la orilla.
Y siguiendo con la observación, nos encontramos a esta sepia muerta. 
Por el estado en el que se encontraba y que algunos cromatóforos presentaban cierta actividad, dedujimos que llevaba poco tiempo inerte.

---------------------------------------------------------------------------

Y como este domingo las previsiones tampoco eran muy buenas para ir al mar, me decidí a ir por la tarde a ver si los basses ya estaban activos.
Allí me encontré a Juan, que ya había capturado y liberado algún ejemplar de buen porte.
Ambos coincidimos en que estaban difíciles de engañar, pero ya que estábamos allí, había que intentarlo.
En la zona donde me lo había encontrado al llegar, mi compañero capturó un bello ejemplar que posó para la foto antes de ser liberado.
En ese momento yo me había estrenado con un joven ejemplar.
No sé miraban muchos basses de porte, y el viento también nos dificultaba la tarea, para poder pescar a pez visto.
De esta manera pude engañar a un buen ejemplar, el cual se defendió con una magnífica serie de saltos.
Me dispuse a cogerlo, pero al ver que iba a repetir otro salto, dejé que lo ejecutara, con tan mala suerte que le cedí algo de línea y logró soltarse antes de posar para la instantánea.
Con el sabor agridulce del anterior bass, llegamos a una zona en la que Juan localizó a un par de basses de porte.
No hicieron mucho caso de su señuelo, pero mi insistencia si tuvo recompensa en forma de bass de bella librea.
El viento seguía soplando y nos limitaba tanto a la hora de lanzar como de localizar los peces.
Mi compañero estuvo pescando un rato más hasta que se tuvo que ausentar.
Tras despedirme de él, trataría de engañar algún pez más, a pesar de que sabía que la tarea no sería sencilla.
Tuve la oportunidad de sacar dos buenos ejemplares, pero estos renunciaron a atrapar el señuelo en el último momento.
Seguí la senda que me llevaría a una zona de aguas calmadas.
Una gran silueta me sobresaltó en la distancia, pues pensé que sería el bass más grande que había visto en mi vida.
Poco después, cuando pasé cerca de donde había visualizado la silueta, miré que se trataba de una carpa de unos 8 ó 9 kilos, que nadaba plácidamente bajo la sombra de los árboles.
Las nubes poco a poco fueron ganándole la partida al sol, hasta llegar a eclipsarlo totalmente.
Esto me desanimó un poco, ya que la intensidad lumínica bajó considerablemente.
Antes de marcharme, pude observar la segunda familia de ánades de la tarde.
Ahora habrá que esperar a que los basses se activen un poco más, para poder disfrutar de jornadas más fructíferas.

martes, 8 de mayo de 2012

Mi próxima adquisición

Cuando uno habla de adquisiciones en el mundo de la pesca, uno piensa en cañas, carretes, señuelos o accesorios que nos ayudan en esta apasionante disciplina.
Sin embargo dejamos de lado algunas cosas que también nos pueden ayudar mucho en la pesca, ya que considero que es más importante saber qué hacer, que disponer de un equipo último modelo, aunque este nos pudiera facilitar las cosas.
Las revistas de pesca pueden ayudar al pescador iniciado o al consagrado, a aprender algunas estrategias nuevas para afrontar las jornadas de pesca o a conocer materiales que ni siquiera imaginábamos que existían.
Mediante artículos, podemos conseguir estos conocimientos, pero es un conocimiento orientativo o resumido, ya que uno no puede extenderse todo lo que quisiera.

En el caso de un libro, la cosa cambia, pues uno puede tener perfectamente ordenada y explicada, toda la información necesaria para partir de cero, haciendo que sea más factible la pronta obtención de resultados.

 
Y como uno no puede tener un maestro de todas las modalidades de pesca, pues tiene que ayudarse de alguien que ya posea información más que contrastada, recopilada durante años de observación y pruebas.
Es por ello que he puesto en mi punto de mira este libro, que a buen seguro me descubrirá trucos sobre las zonas, los cebos y las mejores épocas en las que pescar con el corcho.
Y este nos llega de la mano de Ramontxu Montenegro, al que muchos conoceréis por su blog: http://corcheandoporelnorte.blogspot.com.es/
 
 Estoy seguro que con una lectura atenta de las 340 páginas del libro, podré subir algún peldaño más como pescador de corcho.
Así que desde este espacio espero que pronto pueda tener en mis manos esta obra que engrosará mi biblioteca personal.

jueves, 3 de mayo de 2012

Sin sorpresas en la nueva temporada

Otro año más, comienza la temporada de pesca del reo y del salmón.
Este año volví a dos pequeños ríos, que gracias a estas últimas lluvias, se han podido pescar, no sin ciertas dificultades.
Como es tradición en esta época, me acompañó mi amigo Luis, que también es buen conocedor de estas aguas.
Decidimos empezar en la zona intermareal y mientras caminábamos hacia el lugar, nos encontramos con Antonio y Ángel (que ese día no iban a pescar). Charla fugaz y para el río.

Nada más llegar ... primer lance ... primera captura de la jornada.
Luis hizo lo propio en una zona más abajo.
Mientras ascendíamos por el río, un hombre (que estaba borracho) comenzó a hacernos preguntas sobre la pesca. Yo se las fui respondiendo sin inmutarme, pero conteniendo la risa, pues la situación era bastante cómica.
Un poco más arriba nos encontramos nuevamente con Ángel y Antonio. Otra charla breve y a proseguir con la pesca.

Desde una posición elevada, mi compañero capturó esta trucha de librea muy plateada, que se encontraba en un lugar con fondo de arena.
Tras unas picadas fallidas, optamos por bajar al río, pues pescando desde la orilla muchas truchas se soltaban.

Ahora nos movíamos por una zona con bastante vegetación acuática y cualquier despiste en el lance, era un enganche seguro en la maleza.
Pescando en los pasillos pudimos engañar alguna pintona más.

Llegamos a una tabla profunda y ambos nos pusimos a vadear. Al llegar a un punto, Luis me advirtió que la zona no era vadeable, así que puso a salvo su cartera, mientras el agua comenzaba a entrar en su vadeador. Lo cierto es que yo iba de puntillas para prevenirme de esta situación jejeje.
Tocó dar marcha atrás y salir del río.

Fuimos capturando y soltando truchas de porte escaso. Algún que otro reo salía de su escondite cuando pasábamos cerca de donde se encontraban.
Caminando por la orilla del río, nos dimos cuenta de que teníamos algún pescador por delante, así que nos dimos la vuelta y pusimos rumbo a otro escenario.

El acceso al río no era muy bueno, pero yo me decidí a bajar para pescar cerca del agua.
Primer lance y primera captura. Ante esta situación, Luis también bajó para acompañarme en este tramo y fue así como poco después, él engañó otra pintona.

Un pescador (de los que no respeta los cupos) se asomó desde un puente al que estábamos a punto de llegar, y nos preguntó por la jornada. Le comentamos que había bastante trucha pequeña y él nos dijo lo mismo.
A la vez que hablábamos, hice un lance bajo el puente y capturé esta pintona. Una foto ... y al agua.
Entonces el pescador exclamó: !!Ah, ¿Pero tú las sueltas?¡¡ A lo que yo contesté que yo no comía truchas. Supongo que para él fue una buena noticia.


La mala fortuna hizo que Luis enganchara en algún obstáculo bajo el puente, así que yo tenía tiempo para hacer varios lances.
Primer lance ... otra trucha que se suelta, siguiente lance ... hago que pica otra trucha para gastarle una broma a mi compañero ... este reacciona con cara de asombro jejeje, siguiente lance ... otra trucha que también se suelta, otro lance ... otra trucha, otro lance ... otra trucha.
!!!Parecían estar poseídas¡¡¡

Durante el ascenso río arriba, charlamos con algunos pescadores conocidos y nos cruzamos con otro a los que nunca habíamos visto.
La impresión es que aquí también había bastante trucha pequeña.

Llegamos a otra zona con amplia densidad de cicutas, que dejaban estrechos pasillos en los que lucirse con el lance y hacerse con alguna trucha.
Llegados a este punto nos fuimos a un bar a tomar algo.

El pincho de jamón asado nos animó a pedir un par de bocadillos, de los que dimos buena cuenta.
Aprovechamos para charlar un rato y comentar las impresiones de la jornada.
Después de un buen rato en el bar, tocaba retomar la pesca.

Proseguimos por una zona que conocíamos muy bien.
 Había algunas pozas que habían cambiado a causa de la intervención del hombre.
La vegetación aquí nos permitía hacer lances precisos en las zonas más prometedoras, pero no acertamos a clavar pintona alguna.

Llegamos a una nueva zona donde la vegetación había ocultado la mayor parte del cauce y aquí me permití alardear de equilibrio, sobre un tronco caído, para colocar el señuelo en el pasillo de agua.
Si hubiéramos grabado la situación en vídeo, sería de lo más divertida jejeje.

Pero estaba claro que tarde o temprano iba a tener que saltar al agua, ya que el tronco era demasiado estrecho para mantener el equilibrio por mucho tiempo. Esto desató unas buenas carcajadas en ambos.

La mañana fue avanzando y las truchas iban saliendo a buen ritmo, aunque algunas se liberaban antes de llegar a nuestras manos.
En el curso medio del río nos encontrábamos con vegetación de lo más variada. Helechos de distintas variedades, alisos, sáucos, hiedras, sauces, ...

... laureles, cicutas, robinias, abedules, etc.
Y todo esto aderezado con el canto de mirlos y pinzones que se posaban en las ramas de los árboles próximos al río.

Como no podía ser de otra manera, esta zona bien conservada, es la morada de truchas de libreas muy variadas y bellas. Cada una a su manera, pero bonitas todas ellas.
La alimentación aquí es más escasa, lo que hace que el crecimiento de los peces sea más lento.

Con casi una veintena de truchas liberadas por cada uno, decidimos poner punto y final a la jornada.
Esta resultó muy gratificante, pues hacía tiempo que no iba a pescar con Luis y que no me reía tanto, ya que ambos solemos bromear todo el rato, hasta el punto que a veces nos abstraemos de la pesca.

Y hablando de risas, podéis encontrar interesante mi última publicación en "Mosqueados": El cerebro del pescador.

jueves, 19 de abril de 2012

Con la lluvia ... al río

Después de una sequía preocupante y de unos años en los que la lluvia invernal era más bien escasa, por fin abril hizo valer aquel dicho de "En abril, aguas mil". Y es que llevamos unos días en los que la lluvia ha obrado milagros, ayudando a retrasar la época de los incendios, que ya comenzaban a aparecer y llenando de agua los embalses destinados al consumo.
 Es por ello que Antonio y yo nos fuimos a un tramo libre sin muerte que está enclavado en una zona de montaña. Este tramo sólo lleva un año como tal y queríamos comprobar si le espera un futuro esperanzador o por el contrario es un mero espejismo.
Una vez en el lugar, observamos que el río había crecido considerablemente con estas lluvias.
El frío reinante en el valle hizo que una granizada nos diese la bienvenida mientras nos cambiábamos.
Con todo preparado y la cucharilla de un solo anzuelo sin muerte al otro lado de la línea, nos desplazamos río abajo para comenzar en una zona que considerásemos idónea.
Llegados a un punto en el que el descenso se hacía imposible, decidimos comenzar la jornada. Sin embargo, avisté una buena tabla desde mi posición, pero para llegar a ella tendría que cruzar el río.
Casi me cuesta una caída, pero al final lo conseguí.
 
Le dije a Antonio que comenzara a pescar, mientras iba a investigar a la parte baja. De camino me encontré algunas vacas que pastaban plácidamente en la espesura del bosque.
Llegué a la tabla y efectué el primer lance ... observé como una trucha venía con la intención de atacar mi señuelo, pero a media taba se percató de mi presencia y volvió a su posición inicial.
 
 Seguí bajando por una senda empedrada desde la que se veía un pequeño grupo de casas. 
Ahora el cielo había concedido una tregua y las nubes se alternaban con amplios claros.
 Cuando me disponía a hacer unas fotos a un botón de oro (Ranúnculus repens), me di cuenta de que en las pequeñas pozas de agua que había en la senda por la que había bajado, había gran cantidad de vida. Concretamente un gran número de tritónes ibéricos (Lissotriton boscai).
Estuve un buen rato haciendo fotos de algunos ejemplares, pues se trata de un anfibio que capturaba a menudo en mi niñez.
 
 Retomé la pesca, porque Antonio ya llevaría un buen tramo de río andado, así que fui ascendiendo y efectuando lances en las zonas que podían contener alguna trucha al acecho.
Y en un pequeño remanso de agua fue donde clavé la primera pintona de la jornada. No tenía la menor duda de que aquí tendrían una librea muy bella y así fue.
 
 Cuando por fin alcancé a Antonio, fuimos pescando a la par, pero cada uno por una orilla.
El utilizaba el lance de ballesta para alcanzar las zonas más interesantes, mientras yo hacía lo propio con el lance de péndulo.
Las picadas se fueron sucediendo bastante espaciadas, con truchas de distintas tallas, pero no acertábamos a materializar las capturas, ya que las pintonas se libraban del anzuelo con suma facilidad.
Ya fuera por la corriente, por el anzuelo de gran tamaño o por su bravura, lo cierto es que nos sorprendía haber perdido tantas picadas en un tramo relativamente corto.
 
 La lluvia retomó su actividad y volvimos a lidiar con el agua del río y la del cielo a la vez.
El frío se apoderaba por momentos de nuestras manos, cosa que ayudaba a su vez a las astutas truchas.
Con otras tantas pintonas que se habían soltado hábilmente de nuestros anzuelos, le comenté a mi compañero que debíamos de pescar con la sacadera en la mano, pues no había casi tiempo para acercar las truchas hasta la mano.
 Nueva tregua en el cielo, para llevar mejor la jornada.
Las truchas seguían picando y soltándose de los artificiales con una facilidad pasmosa, a pesar de no perder ni un ápice de tensión en la línea.
Cerca de donde habíamos comenzado a pescar, había varios molinos de agua en proceso de reconstrucción, pero este que se ve en la fotografía ya estaba recuperado para su funcionamiento.
 Llegamos a una zona en la que el río discurría más pausado. Quizás aquí si fuéramos capaces de sacar alguna pintona, al tener la posibilidad de ver la picada a cierta distancia.
Sin embargo, el desenlace era frustrante pues la tónica del día seguía siendo la misma.
 Ahora que el día parecía haber decidido poner una sola cara, el entorno se comtemplaba de otra manera.
La orilla por la que yo iba caminando presentaba algunos inconvenientes, por lo que hubo varias ocasiones en las que tuve que caminar por el bosque de robles y abedules.
Me llamó la atención que a pesar de la sequía anteriormente citada, había zonas en la que el musgo y los líquenes tapizaban gran parte de los árboles. Esta es una buena muestra de la humedad que hay en un bosque típico de las zonas con clima oceánico. Aunque he de comentar que aquí se encuentra magníficamente conservado.
Poco después de pasar bajo la sombra de un roble anciano, Antonio logró sacar su primera pintona.
La maldición que nos perseguía durante la jornada por fin se había roto.
La sensación de impotencia y desánimo, se tornó ahora alegría, ya que podía ser que las truchas estuvieran más activas, ahora que el tiempo había cambiado levemente.
Tenía muchas esperanzas de engañar alguna trucha en esta tabla, pero no hubo manera a pesar de divisar algún ejemplar.
A partir de aquí, Antonio tuvo que cambiar de orilla, pues el margen por el que se había movido hasta el momento, era ahora intransitable.
 
 Mientras tratábamos de salvar un obstáculo un tanto difícil, descubrimos a un par de sapos comunes (Bufo bufo).
La hembra (de mayor tamaño) bien podría ser España, y el macho (encima), la deuda externa, que nos oprime, nos da por ... y con la que tenemos que cargar jejeje.
 Una foto muy instructiva, sin duda.
 
Una vez salvado el obstáculo, volví a ver varios tritones ibéricos en otra pequeña charca.
Me detuve un buen rato hasta obtener una instantánea de mi agrado.
Este puente marcaba el final del tramo y aunque la zona tenía una pinta estupenda, no observamos movimiento alguno. Sin embargo, algún "gracioso" había movido uno de los carteles que demarcaban el final del tramo sin muerte, hasta situarlo por la parte baja del puente. De esta manera, se podía pescar desde debajo del puente, pero con muerte.
Este comportamiento no me extraña nada porque nos encontramos en España, donde el que más y el que menos, se aprovecha de la picaresca para hacer su particular agosto.
 
 Pescamos un poco más en la zona libre, para agotar un poco más el tiempo disponible y así aprovechar la estancia en el lugar.
La valoración del lugar para mí fue positiva, ya que este tramo permite ser pescado a mosca y seguro que con mejores resultados.
Una vez salimos del río, nos llevamos una grata sorpresa, ya que nos encontrábamos muy cerca del coche, a pesar de haber recorrido un buen trecho. La razón es bien sencilla, ya que habíamos hecho un recorrido casi circular
 
 De camino al coche, nos encontramos con algunos caballos que huían ante nuestra proximidad.
En estas zonas en las que ver el ganado suelto es algo habitual, hay que tener mucha precaución con el coche, pues nos podemos llevar un buen susto.

martes, 17 de abril de 2012

Lubinas entre espuma y roca

Este domingo habíamos quedado Diego, Rubén, Esteban y yo.
Las condiciones no ayudaban mucho, pero había que intentarlo, ya que desde la cama no saldría pez alguno.
Después de un café, pusimos rumbo a la zona escogida, en la que buscamos un mar que no fuese desproporcionado y que dejara pescar con relativa seguridad.
La marea estaba subiendo y ya teníamos zonas muy prometedoras en las que hacer evolucionar nuestros señuelos.
 Yo me decanté por utilizar un vinilo que no encontraréis en las tiendas. Se trataba de un vinilo artesanal, confeccionado por Sergio (Pescarobaliza) y que me decanté por estrenar esa mañana.
 Bastaron unos cuantos lances para sentir la picada y reaccionar con la pertinente clavada.
La lucha fue breve por tratarse de un ejemplar joven de lubina, pero inauguraba mi marcador particular y me animaba a insistir en el lugar.
Fue Rubén quién sostuvo al serránido, ya que este no parecía estar entusiasmado con la idea de ser retratado para la posteridad.
 
 Al poco tiempo de retomar la actividad, sentí una nueva picada y nuevamente hubo una respuesta inmediata por mi parte.
El vinilo parecía estar bendecido y en poco tiempo ya había engañado a un par de aprendices de robalo.
Sin embargo, mis compañeros debieron de maldecir mi fortuna, pues poco después el señuelo se enrocó y no hubo manera de recuperarlo.
No abandonamos la postura en la que nos encontrábamos, pues podía salir alguna pieza interesante,
Sin embargo, fue otra lubineta la que sucumbió al pez artificial al que Esteban daba vida con la puntera de la caña.
 
 Poco más grande que el artificial, pero con una voracidad que no parece conocer límite.
La lubina es un cazador en toda regla y como tal, aprovechará cualquier oportunidad para hacerse con su presa.
 
El mar mantenía una espuma muy atractiva en el lugar en el que nos encontrábamos, así que permanecimos un poco más en la zona.
 
 Y este tiempo fue el suficiente para que otra lubina atacase el pez artificial de Rubén.
En este caso, la provervial paciencia del pescador fue la artífice de la captura, pues fue este el primero en comenzar a pescar en este escenario.
 
 En vista de que la actividad había cesado, nos fuimos a un nuevo emplazamiento, que a priori parecía muy prometedor.
La olas comenzaron a ganar intensidad y rompían muy cerca de las zonas desde las que lanzábamos.
Caminando por la costa llegamos a una zona más somera, pero aquí las olas le ganaban la partida a las rocas y avanzaban hasta la orilla.
Esteban supo de primera mano lo que es mojarse con una ola y a buen seguro que la experiencia no fue nada gratificante.
Yo mismo probé el sabor salado del agua, por las contínuas salpicaduras que generaba esta al chocar con la roca.
Aquí el mar cobraba mayores proporciones, así que no aguantaríamos demasiado tiempo. Tan sólo lo justo para intentar hacernos con otra pieza, sin peligro para nuestra integridad.
Hasta Diego no tenía muy claro si lanzar o no, ya que son muchas las veces en las que se acerca una gran ola y todavía estamos recuperando nuestros señuelos.
 
 El azul del cielo le ganaba la batalla al gris matinal, lo que unido a la claridad de las aguas, aumentaba nuestras posibilidades de salir sin premio de la zona.
 
 No tardamos mucho en volver sobre nuestros pasos para intentarlo nuevamente en la zona inicial.
 La marea ya casi estaba en su máximo nivel, lo que nos permitía pescar en otras zonas que anteriormente habíamos descartado.
 
 Diego y Rubén se tomaban un descanso para recuperar fuerzas, mientras Esteban y yo procedíamos a prospectar la zona con nuestros artificiales.
Aquí fuimos alternando vinilos, minnows y algún chivo, pero parecía que la actividad había cesado por completo.
 
 Nuestros estómagos ya reclamaban su sustento, ya que habían pasado varias horas desde el comienzo de la jornada. Y todo esto a un ritmo frenético.
Fue lógico concederles su petición, pues nosotros nos veríamos recompensados también.
La charla se prolongó un buen rato y después ya sólo quedaba despedisre hasta la próxima ... que espero que sea en breve.