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viernes, 28 de julio de 2023

En forma por León

 Hace unos días me fui con Marcos a pescar al río. Como buen conocedor del escenario, me fue comentando las zonas más prometedoras para dar con las truchas. Aquí las pintonas no lo ponen nada fácil, ya que estas disponen de mucho alimento y no toman nuestros engaños, así como así.

La jornada fue muy entretenida pues hubo bastantes capturas, sin embargo, la tensión con los peces y lo agradable del lugar, me jugó una mala pasada, no poniendo atención en hacer fotos de la jornada.

Eso fue así, hasta que Marcos capturó esta bellísima trucha con una libre espectacular. Comentamos lo particular que era el pez, pues no presentaba la coloración típica de este lugar.

Las corrientes se revelaron como las zonas a prospectar ya que nos dieron muchas capturas, lo cual me sorprendió, dada la velocidad del agua y la escasa profundidad. A pesar de todo esto, las truchas cogían nuestros engaños. Alguna de las gordas picó, pero no quiso entrar en la sacadera, por lo que nos quedamos con la miel en los labios.

Con la jornada en el ecuador, pude capturar una bonita pintona, que llegó a la sacadera para salir en la instantánea. Los anzuelos sin muerte a veces lo ponen difícil a la hora de acercar el pez, aunque suelo decir que ellos también tienen que ganar, para hacernos evolucionar.

Al final de la jornada Marcos me presentó a su amigo Rober. Tras despedirnos de mi anfitrión, nos quedamos un rato charlando de pesca, como no podía ser de otra manera. Fue un broche de oro para poner punto y final a la jornada. Y ahora ... ¡¡Deseando repetir!!

martes, 25 de julio de 2017

Magnífico escenario

Hace unos días Luis y yo, planificamos una salida de pesca.
El caso es que la previsión no era muy buena, por lo que me fui hasta su casa y dejé que mi compañero decidiera.
 Al final nos fuimos hasta el río Miño, si bien yo iría de espectador, junto con Bulma
El día se iba aguantando sin llover, aunque con un viento bastante molesto para la pesca.
Nada más llegar, Luis se puso manos la la obra, ofreciendo las ninfas en aquellas zonas que parecían más prometedoras.
 No tardó demasiado en hacerse con una buena pintona.
Una de esas que alegran cualquier inicio de jornada, ya que se trataba de un ejemplar vigoroso.
 Poco después vi como la caña de mi compañero se arqueaba de manera violenta. En la distancia también observaba los chapoteos de un buen ejemplar. Se trataba de una pintona que superaba holgadamente el kilo de peso, por lo que Luis se acercó para mostrármela, antes de liberarla.
!! Magnífico ejemplar ¡¡
Bulma y yo nos íbamos desplazando a lo largo de la orilla, sin perder detalle de los pescadores que allí se encontraban.
Nuevamente, las ninfas de Luis se hicieron con otra trucha, que se fue al agua tras una breve contemplación.
Entrada la tarde, el viento arreció, por lo que no alargamos más la jornada.
Bien valió la pena la visita, ya que este se reveló como un escenario magnífico.

Y hoy, día de Santiago, monté una caña de lance ultraligero y me fui hasta el río, para ver de primera mano los efectos de la sequía de este año.
El panorama era desolador, ya que el río estaba agonizando por falta de agua. Las zonas soleadas estaban plagadas de vegetación, que no dejaban pescar con un mínimo de garantías.
A pesar de todo, pude engañar unas cuantas pintonas, que me alegraron la tarde, ya que el equipo ultraligero resulta muy atractivo en este tipo de condiciones.
Y tras muchos años, hoy me coincidió a ver una anguila en este río, justo cuando pisaba la vegetación que había sobre el cauce.
Como se puede apreciar, no había mucho donde probar fortuna.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Captura alucinante

Se termina el Black Friday y llegan las 5:00 am. Desayuno un tanto apurado, pues tengo una hora de viaje por delante.
Me acompaña una niebla espesa durante todo el trayecto, lo cual me hace ser precavido.
 Al llegar a casa de Luis, todavía de noche, me encuentro a Bullma preparada con su linterna en el cuello, para saber en todo momento su posición, ya que en esta ocasión nos desplazaríamos caminando, hasta el lugar elegido.
Resultó muy cómico ver una luz entre la maleza del monte, subiendo, bajando, a un lado y para el otro jejeje. Como si de un motorista kamikaze se tratara. Y es que cuando Bullma percibe el rastro de un corzo o jabalí, para allá se va toda contenta.
 El frío viento del norte nos dio la bienvenida a pie de río, con las primeras luces del alba.
No se movía pez alguno, si bien esto podía cambiar en cualquier momento.
La ligereza del montaje me provocó algún que otro lío, por lo que estuve media mañana un tanto "liado" jejeje.
Luis fue prospectando distintas zonas, hasta que su caña comenzó a arquease violentamente.
 Había clavado lo que a priori podía ser un salmón. El pez saltó repetidas veces y ponía a prueba la pericia de mi compañero. Luis se las arregló para ir sometiendo a su oponente, y cuando lo divisé a escasos metros, pude comprobar que se trataba de un salmón.
 El ávido pez se descolgó por la corriente y Luis tuvo que seguirlo río abajo. El 0.16 mm parecía muy débil para semejante oponente, sin embargo, en colaboración con la caña y el buen hacer del pescador, resultaba suficiente.
Tras unos minutos de brava lucha, el pez se entregó a mi compañero, sabedor de que su oponente había sido mejor en la contienda.
Lo observamos con admiración, mientras se le extraía la ninfa de la boca. Una operación sencilla, gracias al anzuelo sin muerte.
 Tan sólo quedaba aguardar a que se recuperase un poco. Y lo hizo rápidamente, pues cuando dejó de sentir el contacto de las manos del pescador, se alejó alegre por recuperar su libertad.
Todo era júbilo tras esta magnífica captura. A pesar de haber tenido varios salmones delante, nunca había tenido la oportunidad de verlo en directo, y menos con un equipo que inicialmente consideraría inadecuado. ¡¡INCREÍBLE!!
 Prosiguió Luis con la pesca, pues todavía quedaba mucha mañana por delante.
Bullma bostezaba, pues el madrugón había sido soberbio y apenas había dormido, según me había contado su dueño. A pesar de ello, siempre pemanecía atenta a su inseparable compañero.
 Y mientras el río le permitía seguir los pasos de su amigo, esta allá se iba.
Y le trajo buena fortuna a Luis, pues clavó un par de truchas, mientras yo comía plácidamente un bocadillo. Y es que para mí la pesca también es observar a otros pescadores, de manera que pueda aprender algo nuevo.
La buena de Bullma no resistió más, y a media mañana se rindió al Morfeo perruno.
El musgo mullido que tapizaba las rocas, le resultó  perfecto para su siesta mañanera, con el murmullo de las aguas y los pájaros como melodía de fondo.
La dejamos descansar un ratito y a continuación, abandonamos el río para cambiar de lugar.
De camino al nuevo emplazamiento, hablamos con algunos vecinos del lugar. Siempre es grato hacer un alto en el camino y conocer a las gentes que habitan en las zonas que escogemos para practicar nuestro deporte.
En la zona elegida nos encontramos con un caudal bajo, lo cual generaba amplias corrientes, si bien quedaban pequeñas zonas en las que poder ofrecer nuestros engaños.
Bullma siempre atenta a su compañero, recorría las orillas de un lado para otro, ya que no es muy aficionada a estar quieta mucho tiempo.
Luis consiguió engañar a otra trucha, poco antes de marcharnos. Fue un justo premio a la constancia y el buen hacer. Por el contrario, yo me fui quedando en un mero expectador, ya que poder presenciar la captura del salmón había sido mi premio en esta jornada.
Una vez llegamos a casa, la caminata de vuelta, sumada al resto del día, hizo que Bullma se acostase en su mecedora, no queriendo saber nada más de nosotros jejeje.
Después de arroparla, nos pusimos a montar unas ninfas para la próxima aventura.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Jornada accidentada

Cuando uno sale de casa y pone rumbo a su zona de pesca, no suele pensar en que vaya a ocurrir nada malo, sin embargo, el destino a veces nos recuerda que existe la posibilidad de sufrir un percance.
No hace mucho, Alex sufrió un accidente muy aparatoso, del que todavía hoy se está recuperando.
Y a mi mente llega el recuerdo del fatídico día en el que Maxi (Gomolas) perdió la vida practicando una afición tan sana como la pesca.
Lo que voy a relataros no es tan preocupante como los casos anteriores, pero servirá de recordatorio para que seamos conscientes que donde uno menos se lo espera, puede sufrir un accidente.
 En esta ocasión nos juntamos Luis, Antonio, Bullma y yo. Llegábamos al río con las primeras luces, abriéndonos paso entre la maleza de la orilla. La recompensa a tan difícil travesía, era el poder disfrutar de una jornada en las aguas del Miño.
Cuando vamos a esta zona, regulada por un embalse, siempre tenemos presente la posibilidad de la subida repentina del caudal, por lo que cada poco tiempo nos fijamos en la orilla, por si el agua comienza a aumentar de nivel.
La mañana transcurría con normalidad. Mis compañeros habían capturado algunas pintonas y yo hice lo mismo en medio de una fuerte corriente. Fui acercando la trucha hasta mi posición y la sujeté con la mano. Esta se sacudió y se precipitó hacia el agua, con tan mala suerte que el anzuelo se clavó en uno de mis dedos. Por fortuna, se trataba de un anzuelo sin muerte de pequeño tamaño. Con un leve gesto pude liberarme de este, por lo que no me lamenté de lo sucedido.
 Moviéndome por la orilla, llegué hasta la posición de Luis. Entonces me percaté de que tenía el chaleco manchado de sangre, al igual que su oreja derecha.
El pincho de una zarza se le había clavado en un capilar del pabellón auditivo, lo cual provocó que la sangre brotase. Tras extraer el pincho, las plaquetas ya habían detenido la hemorragia, así que se quedó en algo anecdótico.
 Continuamos con la pesca y tocaba rehacer alguno de los montajes, mientras Bullma se entretenía con una rama que había recogido sobre los cantos rodados.
Momentos antes, Bullma había sido arrastrada por la corriente, ya que ella no tiene la capacidad de vadeo que tenemos nosotros. Y es que a esta incansable perrita, no le gusta estar muy lejos de su amo, salvo que haya percibido los efluvios de algún corzo o jabalí.
 El frío estaba haciendo mella en nuestros cuerpos, ya que la temperatura del agua es baja en esta época y la brisa que acompañaba a la mañana era gélida de verdad.
La única manera de mantener el frío a raya, era no permanecer estáticos durante demasiado tiempo.
 Por la tarde, Antonio se ausentó, así que Luis y yo nos fuimos a un nuevo escenario, en compañía de Bullma. La presencia de gran cantidad de cantos rodados, cubiertos de un fino limo, ralentizaba nuestra marcha.
Luis logró clavar dos truchas en una zona de aguas tumultuosas, y puesto que me encontraba a cierta distancia, no me acerqué para tomar unas instantáneas.
Al poco de reanudar la marcha, sufrí un resbalón, por lo que mi cuerpo se golpeó contra las rocas, junto con mi caña. La cerámica de la anilla de punta se desprendió del bastidor, aunque sin llegar a quebrarse, lo cual fue una suerte.
Mi cuerpo ligeramente magullado, no me dio señales de que algo grave hubiera sucedido, por lo que seguí a lo mío.
 Luis se había aventurado por una de las muchas pesqueiras que hay a lo largo del río. La dificultad del paso, junto con la fuerte corriente, hizo que Bullma aguardase resignada, con su cara reposando sobre el mullido musgo que tapizaba la roca en la que se encontraba.
 En la distancia divisé que algo rompía la superficie del agua. Inicialmente pensé en un pez, pero al comprobar que se repetía con una frecuencia muy corta, me llamó la atención. Me acerqué a comprobar de qué se trataba, y así fue como descubrí que aquel animal era una nutria.
Estuvo un buen rato ejecutando ese curioso movimiento, y fue mi presencia la que hizo que se descolgara corriente abajo, buscando cobijo en la orilla opuesta,
 Cuando me disponía a retomar la pesca, escuché unos gritos. La cabeza y los brazos de Luis asomaban por detrás de las rocas de una de las pesqueiras. Acudí raudo aunque con precaución. Cuando llegué a su lado, me dijo que la fuerte corriente lo había arrastrado. El bastón de vadeo se torció por la fuerza ejercida por mi compañero, dado que se había introducido entre dos rocas. 
Estaba empapado por completo. En ese momento su primera preocupación era el móvil, ya que se había mojado a causa de la caída.
Como pudo, Luis me fue pasando la caña, el chaleco y el teléfono, hasta despojarse de todo aquello que le molestaba para volver a la orilla.
La corriente que nos separaba era muy fuerte, así que sugerí que se agarrase a una piedra, mientras yo sostenía el bastón, a modo de barandilla. 
De esta manera pudo salir airoso y recuperar la tranquilidad.
Tras lo acontecido, ya sólo nos quedaba buscar una senda a través del bosque, para volver a casa y cambiar la ropa mojada por una seca.

Esta jornada me recordó una vez más, que somos vulnerables ante los contratiempos, por lo que siempre recomendaré ser cautos en cada salida. De esta manera siempre desearemos volver pronto a practicar este bello deporte que es la pesca.

miércoles, 31 de agosto de 2016

COMPAÑERA de pesca

Hola amigos, me llamo Bullma y hoy os voy a relatar una jornada de pesca con mi fiel compañero, Luis.
Hoy nos acompañó nuestro amigo Jose, para hacer unas fotos durante la jornada.
No soy muy buena escribiendo con el teclado, pero al final utilizaré el corrector !!Guau, guau¡¡
 Pues mi amo decidió pescar un tramo sin muerte, de esos en los que los pescadores deben de liberar los peces que pescan. 
Traté de decirle a Luis que probase inicialmente con unas ninfas claras, pero no me entendió.
Ni que hablase en otro idioma ... !!Guau, guau¡¡
 En las zonas profundas, tocaba aguardar por mi amo. El día todavía estaba fresquito como para zambullirse en el agua. Así que yo a esperar ... !!Guau, guau¡¡
 Yo insistí en que Luis cambiase de ninfas, aunque con insistencia, obtuvo alguna picada que le concedía algo de credibilidad.
Este año no he ido a la playa, pero no puedo decir que no haya pisado la arena ... !!Guau, guau¡¡
 Pon tus ninfas detras de aquellas piedras, que huelo a que hay truchas allí ... !!Guau, guau¡¡
 !!Maldito Jose¡¡ Grrrrrr. El muy "simpático" me dice que el río era vadeable, porque a los patos el agua les da por el pecho, grrrrrrrr. 
Te voy a morder los peronés, que te vas a enterar ... !!Guau,guau¡¡
 Al fin mi dueño captura algo. !Vaya¡ se trata de una boga. !Serán golosas¡.
A seguir, que yo quiero ver la librea de una trucha, pues mi olfato me dice que son preciosas. !!Guau, guau¡¡
 !Qué barbaridad de bichos¡ Este río tiene un montón de vida en sus aguas.
No me extraña, sus aguas discurren transparentes y oxigenadas !!Guau, guau¡¡
 Me aburroooo. !Estoy que muerdo¡ Voy a entretenerme con algo, mientras Luis sigue con la pesca !!Guau, guau¡¡
 !Guauuuuuu¡ !Qué trucha bonita¡ Una pena que estén tan difíciles ... !!Guau, guau¡¡
Al agua y a seguir con la faena !!Guau, guau¡¡
 !Vamos Luis, que esta zona tiene una pinta increíble¡ Yo te espero en esta roca !!Guau, guau¡¡
 !Otra trucha¡ Una pena que sean tan bravas y se escapen, porque me encanta observar como Luis las devuelve a su medio !!Guau, guau¡¡
Esto es lo que dio de sí la jornada mañanera !!Guau, guau¡¡
Y por la tarde, Luis le presentó a Jose a nuestro compañero de casa. Se llama Pedrito y es un erizo muy simpático, que juega mucho conmigo. Aunque se le dan bien todos los juegos y yo termino por picarme con él !!Guau, guau¡¡
Hasta otra amigos 
!!Guau, guau¡¡!!Guau, guau¡¡!!Guau, guau¡¡

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Rozando el cielo

Cuando uno se levanta por la mañana, nunca sabe lo que le depara el día. Por ello, mi caso no iba a ser diferente.
Quedé con Luis a las 8:30 am y con precisión suiza, allí estaba, pese a que la lluvia no ayudaba a la conducción. Tras meter los bártulos en el coche, nos fuimos a tomar un café al país vecino. Al terminar, apareció Antonio, un amigo de Luis al que no conocía.
El plan era recoger a este en su casa y poner rumbo al río. Y así fue como procedimos.
Me puse el vadeador, junto con las botas y la chaqueta, para después descender con los compañeros por un valle hasta el río.
Caminando entre castaños, nogales, arces y robles, llegamos al río. Estar a pie del Miño se me antoja casi como estar en el mar, ya que yo soy asiduo de ríos pequeños o arroyos. 
Sentado sobre una pesqueira, de las que se utilizan para la pesca de la lamprea, me dispuse a aprender todo lo que pudiera sobre las técnicas que Luis emplea en este río tan emblemático.
Tras una pequeña subida del nivel del agua, a causa de un desembalse, las pintonas se activaron, ya que Luis no tardó en clavar la primera trucha de la jornada.
Corrí sobre un cúmulo de cantos rodados recubiertos de fango, que hacían que fueran altamente resbaladizos, para ver la pelea en primera fila. La curvatura de la caña anunciaba una buena pieza al otro lado de la línea, así que tocaba templar los nervios, pues el 0,17 mm es muy frágil para las truchas de cierto porte, si tenemos en cuenta la corriente tan fuerte que había.
Tras un rato pude verla cerca de mi. Se trataba de una pintona. Pero no se trataba de una trucha normal ...
 ... era una trucha de librea excepcional. La variedad cromática y la disposición de cada uno de los elementos que corformaban tan bello ser, eran simplemente maravillosas.
Hice hincapié varias veces sobre la belleza de esta trucha, porque desde luego no estaba acostumbrado a ver truchas con una librea tan llamativa.
 Me lamentaba que el día no estuviera despejado, para poder obtener unas instantáneas mejores, aunque quizás si el sol estuviese en lo alto, esta no hubiera tomado el engaño.
Mientras Luis se despedía de ella con ternura, yo apuraba alguna foto más.
Con habilidad y maestría, Luis proseguía capturando pintonas. Tras cada captura, me acercaba a ver las truchas, para después volver a quedarme extasiado con la técnica que mi compañero iba desarrollando en el agua.
A mis espaldas, Antonio intentaba infructuosamente engañar alguna pieza, ya que la fortuna hasta ese momento, le había sido esquiva.
Al poco rato percibí que algo se movía en la orilla opuesta a donde nos encontrábamos. Se trabada de una familia de jabalíes que realizaba su paseo matutino por el bosque de ribera.
Me hubiera gustado tomar una instantánea del grupo, ya que he tenido pocas ocasiones de presenciar algo así.
Poco después, otro pescador que se encontraba en la zona, clavaba lo que parecía un salmón. Y casi lo aseguraría al 100%, por su color y porque se soltó tras unos potentes chapoteos sobre el agua.
Tras un parón en la actividad de los peces, descendimos unos metros por la orilla.
Caminando sobre rocas pulidas por la implacable acción del río y entre los pasillos de las pesqueiras, llegamos a un nuevo emplazamiento.
Antonio volvió a buscar a las pintonas en una zona profunda, mientras que Luis escrutaría las inmediaciones de una pesqueira desvencijada por el devenir del tiempo y las aguas del Miño.
Aproveché para charlar un rato con Antonio. Como no podía ser de otra manera, el tema era la pesca jejeje.
En pocos minutos, Luis, "el hombre que susurraba a las truchas", se hacía con otra bella pintona de buen porte. 
Una rápida contemplación y de vuelta al agua, con todo el cariño y respeto que sólo un amante de este deporte profesa. Sin duda es todo un espectáculo observar la forma que Luis tiene de vivir cada clavada, cada pelea, cada captura, cada suelta, ... ¡¡Impresionante!!
Y le bastaron unos minutos para hacerse con otra bonita trucha que brindó a nuestro compañero una lucha reñida, haciéndole creer que se trataba de un ejemplar mayor.
Y con esta fotografía, poníamos punto y final a esta jornada maravillosa en la que disfruté de la compañía y el buen hacer de dos personas que tienen un mismo sentimiento por un río tan maravilloso como es el Miño.

Pero como en la vida no todo es de color de rosa, quiero hacer un llamamiento a la precaución en los ríos regulados por embalses o que disponen de centrales de generación eléctrica, ya que las subidas repentinas del caudal nos pueden dar un susto muy grande o incluso acabar con nuestra vida.
Yo fui acompañado de dos buenos conocedores del río, pero a veces eso no es suficiente, por lo que hay que ser muy prudente.
No hay un pez que merezca la pérdida de una vida, por lo que se debe hacer acopio de sentido común e ir con cuidado.