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viernes, 10 de junio de 2016

Premio gordo

El miércoles tocaba acudir a una cita ineludible, ya que son muy contadas las ocasiones en las que hay posibilidades de pescar un salmón en Galicia.
Era mi hermano el que tenía el coto para pescar en el río Lérez, así que Luis y yo lo acompañaríamos para ayudarle en todo lo que se pudiera.
El objetivo se cumplió, así que paso a relataros lo que dio de sí este día.
La mañana  se despertó cargada de niebla en todo el valle, lo cual no apresuraba a los pescadores a tomar posiciones a lo largo del río. Mientras mi hermano conversaba con la guardería, yo charlaba con Luis junto a los coches.
Tras un buen rato aguardando, nos fuimos a la búsqueda del salmón, ya que la primera opción pasaba por intentarlo a cebo.
 Localizamos un par de salmones en un pozo de aguas remansadas. Ahí se llevaría a cabo el primer intento, así que con todo preparado, mi hermano ejecutó la primera varada. De cebo, quisquilla roja.
Tras unos minutos, uno de los salmones tomó el engaño, pero de manera que la clavada no fue certera. La oportunidad no mermó los ánimos del grupo, así que Luis y yo recorrimos la orilla a la búsqueda de algún otro ejemplar.
Pasado algún tiempo, mi hermano decidió ir hasta unas corrientes a probar suerte con la cuchara. En dichas corrientes, se movió un reo de buen porte, pero que no mostró mayor interés por la cucharilla.
Tocaba volver a utilizar el cebo. Para entonces, los otros pescadores que tenían coto para ese día, se divisaban en otras zonas, con la misma ilusión de capturar al rey del río.
La mañana discurría y los salmones no aparecían, así que decidí cruzar el río y buscar desde la otra orilla. Fue así como localicé a cuatro salmones pululando a la salida de un pequeño arroyo. Tras un tiempo por allí, se fueron desplazando hacia el medio del río.
Volví sobre mis pasos y llegué al lugar donde mi hermano aguardaba su oportunidad. En vista de que la hora de comer se aproximaba, Luis y yo nos fuimos a buscar unas empanadas y algo para beber.
A la salida del río le comenté que sería casualidad que mi hermano capturase el salmón mientras nosotros estábamos lejos, pero ahí se quedó el comentario.
La casualidad quiso que cuando volvíamos para el río, mi hermano nos llamase por teléfono. Supusimos que ya se estaba impacientando por la espera, ya que no llegamos a hablar con él.
 Mientras descendíamos por una pista forestal hacia el río, divisamos a mi hermano con un salmón en la mano, a César (ribereño del lugar) y a otro pescador llamado Jose.
Me fastidió no poder grabar la captura, sin embargo me alegré por mi hermano, que repetía con el salmón (ENLACE). Paradójicamente, el año pasado tampoco pude acompañar a Dani, ya que me encontraba a miles de kilómetros jejeje.
El objetivo había sido conseguido, así que tocaba llevarlo a guiar, para poder transportarlo con todo en regla. 4,018 kilos de salmón, el cuarto de esta temporada en el Lérez.

Durante la comida, mi hermano, César y Jose, nos comentaron cómo había sido el lance.
El salmón tomó la quisquilla después de una buena pesentación, y una clavada certera, junto con una buena dosis de templanza, que hicieron el resto.
Mi hermano agradeció mucho los consejos de César, pues este pescador ya es veterano en esta modalidad de pesca. Sin esas indicaciones, quizás el desenlace hubiera sido otro.
 La anécdota de la jornada se produjo durante la comida, ya que a escasos metros de donde nos encontrábamos, un jabalí decidió cruzar el río, ignorando nuestra presencia.
 Estuve rápido con la cámara, para tomar algunas instantáneas. No es muy frecuente ver a un jabalí, por lo que presenciar esta escena se hace mucho más raro todavía.
Una anécdota que pasa a engrosar la enorme lista que ya tengo en mi haber, con animales salvajes como protagonistas.
Los demás pescadores seguían por allí, intentando conseguir sus respectivos trofeos. No había muchos salmones por las inmediaciones, aunque la esperanza es lo último que se pierde.
Por la tarde, Luis y yo estuvimos un rato más por el río, e incluso pasamos un buen rato charlando con unos pescadores de Carballo. Este es otro punto que me gusta de esta pesca en particular, ya que te permite conocer a gente de otros lugares de nuestra geografía.
Y así concluyó la jornada.
Mi hermano aún volvería a última hora de la tarde, para intentar capturar algún reo.
Aunque era consciente de que los grandes reos de este río no son nada fáciles de engañar.

jueves, 4 de junio de 2015

1 de 2

Hace unos días, cuando todavía estaba en Madagascar, recibí una buena noticia por parte de mi amigo Luis:
Mi hermano había capturado su primer salmón.
La noticia me ilusionó un montón, ya que el rey del río es una especie que muchos pescadores deseamos, ya sea por su porte, la dificultad de su pesca, etc.
 El caso es que este pasado domingo, le tocaba a Luis pescar en las aguas del Lérez, así que allá me fui con él y mi hermano, para intentar que saliera el segundo de la cuadrilla.
 A primera hora de la mañana, se hizo imposible localizar algún salmón, así que Luis probó fortuna en aquellas zonas en las que podía apostar el rey del río.
Hasta bien entrada la mañana, no hubo forma de dar con ellos, pero a partir de ahí, todo cambió.
 Pudimos localizar varios salmones en distintos puntos del río, sin embargo, estos parecían mostrarse recelosos.
Durante la tarde intenté que Luis tuviera opciones de clavar alguno, así que hubo que emplear a fondo para moverse a lo largo del coto y buscar las zonas de parada.
Junto a un joven aliso, en el que se encontraba este Ciervo volante, localicé un salmón de entrada reciente. Por desgracia, mientras mi compañero montaba la caña, este se descolgó para no volver a aparecer.
Tuvimos alguna opción más, pero los salmones no estaban por la labor.
Nos conformamos con aprender un poco más sobre la pesca de este formidable pez y que el próximo domingo, aún llegue a tiempo para intentarlo yo.

domingo, 25 de mayo de 2014

Salmonazo de consolación

En esta ocasión, le tocaba a mi amigo Luis intentarlo con el salmón.
La fatalidad quiso que no se encontrase físicamente al 100%, pero el estado mental le hizo sobreponerse para ir al río e intentarlo.
La cosa pintaba bastante bien ya que había salmones y porque además tenía la posibilidad de intentarlo con el cebo.
Las primeras prospecciones fueron con la cucharilla, en zonas en las que los salmones podían estar apostados.
No se podía descartar la posibilidad de que algún salmón picara a este engaño, pues es el señuelo más utilizado en nuestras aguas.
Tras muchos minutos de resultados infructuosos, optamos por descansar y observar el río. Localizar los salmones sería vital para intentarlo con el cebo.
Al mediodía llegaba mi hermano con el equipo de cebo. Preparamos todo para que Luis lo intentara ahora con la caña larga, si bien los 10 metros de la Grauvell Scala, pondrían a prueba la espalda de mi compañero.
Antes de ir a comer, César intentaba sacar alguno de los salmones que había localizado en una tabla profunda. Uno de ellos portaba una cicatriz en el lomo, seguramente producida por alguna práctica furtiva.
Uno de los salmones era muy grande y allí se comentaba que sobrepasaba los 10 kilos de peso. Quizás por ello era el más desconfiado del grupo de cuatro salmones.
Junto a ellos también se movía algún reo de tamaño considerable, pero que en este caso no era el objetivo de los pescadores.
A la hora de comer, César nos mostró como empatar el anzuelo de la manera más segura, junto al montaje de la quisquilla. Aprendimos mucho de este pescador, ya que el interés mostrado por los que allí estábamos era máximo.

Por la tarde, localizamos tres salmones en un tramo de río accesible para pescarlo con cierta comodidad, si bien los peces no paraban quietos un minuto. Hubo que arriesgarse a pescar por la parte inferior del tronco, ya que era el lugar donde los salmones pasaban más tiempo.
En dos ocasiones el salmón metió la quisquilla en la boca, pero sin dar apenas opciones a ser clavado por parte de mi compañero. La inexperiencia y los nervios se aliaron con los peces en esta ocasión.
A pesar de todo, Luis lo intentó hasta que su cuerpo le pidió un descanso.
Finalmente no hubo premio para los pescadores que ese día se repartían el coto, pero la pesca del salmón es así.
Cuando estábamos recogiendo los bártulos, nos pusimos de charla con otros pescadores. Todos coincidíamos en la dificultad de engañar al rey del río, en las condiciones que se dieron ese día.
Poco después llegó César y nos dijo que por lo menos le quedaba "el salmón del consuelo". En ese momento sacó de su coche este salmón de madera que él mismo había hecho y que no es otra cosa que un estuche para portar un salmón, después de su captura. Ese mismo estuche llevó la temporada pasada un salmón de algo más de 10 kilos, por lo que nos pudimos hacer a la idea de lo que sería tener un ejemplar así en las manos.
Esta vez estuvimos más cerca de conseguir nuestro objetivo, pero el azar no nos premió como nos hubiera gustado.