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viernes, 28 de marzo de 2025

Una temporada más a por las truchas

Marzo es una fecha ineludible para el pescador de truchas, ya que es cuando comienza la apertura de la temporada de este salmónido. Como ya es tradición, asistimos Luis y Xiao, Jose, David y Fabián, junto con un servidor.

El día se presentaba muy frío, así que al terminar de cambiarnos, Jose hizo una fogata en una churrasquera del parking. Mientras nos calentábamos, llegaron Juan y su compadre Gil. Ambos también se acercaron al calor del fuego, mientras tomábamos el chupito de aguardiente tostada de rigor jejeje.


Cuando ya se disponía de buena luz, la helada se divisaba en todas las orillas, y el hielo se formaba en nuetras anillas a cada lance. Fueron momentos duros, ya que el frío impedía sentir las manos y coordinar los movimientos. Hasta que el sol no comenzó a asomar en el horizonte, se pasó francamente mal.


Las primeras capturas llegaron en forma de truchas y de algún bass. El sol generaba una sensación reconfortante a medida que ganaba altura, aunque no provocaba que la actividad de los peces aumentase.


Hubo alguna picada tímida a lo largo de la jornada y perdí un buen ejemplar a causa del alto nivel de las aguas, pero la insistencia hizo que al menos librase el bolo, tras decidir no marchar a comer. Una bonita pintona, que me dio una buena pelea y que volvió al agua para seguir brindando grandes momentos a otros aficionados. Fueron 12 horas tras la trucha, en una jornada con esos amigos que hacen que la pesca sea un ritual de reencuentro y diversión, donde disfrutar de este bello deporte, un año más.


De camino al coche, fui recogiendo alguna basura que los "cerdo bípedos" dejan olvidada en el entorno, por no cargar con ella hasta un contenedor.


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Y claro, días después ya estábamos con el gusanillo de volver tras las pintonas, así que Jose y yo nos fuimos a un nuevo escenario. El frío también nos recibió en esta ocasión, pero no había prisa por comenzar, ya que se trataba de una zona libre sin muerte, que no suele estar tan castigadas por la presión de pesca.


Aquí clavamos algunas arcoiris jóvenes, junto con truchas comunes. Alguna de buen porte no quiso posar para la foto, así que habrá que volver jejeje.


Lo pasamos en grande y sacamos nuestras conclusiones para abordar nuevas jornadas. Porque a veces hay que pensar y repensar lo que ocurre en acción de pesca.


A media mañana, paramos para degustar unas conservas que el amigo #curuxafishing nos había regalado para probar. Salvo la Savella, que no fue nada destacable, las demás se revelaron como sorpresas, ya que como suelo decir, la preparación también hace mucho. Y con todo en el estómago, volvimos para hacer los últimos lances de la jornada, ya que había que ir a trabajar.

Y por la tarde, en el trabajo, tuve una sorpresa mayúscula, por parte de un gran pescador. Hasta la próxima entrada, mantendré la incógnita jejeje.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Truchones en Galicia: 1

Esta semana, tres compañeros de afición, se han desplazado desde Andalucía para pasar unas jornadas de pesca por Galicia.
Por la tarde llegué a la localidad de O Carballiño, para reunirme con los viajeros. Allí por fin conocí a José Antonio (Barbux) y este me presentó a sus acompañantes: Paco y Pepe.Después de las presentaciones fuimos observando el estado del río Arenteiro, en el que pasaríamos una de las jornadas y acto seguido nos fuimos a tomar algo a pie de río.Aunque estábamos hospedados en el hotel "O Xardín", nos fuimos a tomar algo típico de la zona, como es el famoso pulpo de O Carballiño. Pero no porque se extraiga en el lugar (ya que la zona no tiene mar), sino por la exquisita preparación.
Vino del Ribeiro, zorza, pulpo, etc prepararon nuestros cuerpos para el viaje que haríamos en unas horas.Al día siguiente, visitamos el embalse de Villagudín, en el que intentaríamos sacar alguna de las grandes truchas que pueblan sus aguas.
Con los permisos de pesca expedidos, nos subimos al todoterreno que nos llevaría a la zona del embalse que nosotros quisiéramos.Paco y Pepe se quedaron en una ensenada somera, mientras que José Antonio y yo, nos fuimos a la desembocadura de un arroyo próximo.
Como yo no había traído mi equipo de pesca, José Antonio me dejó su equipo de casting, mientras él pescaría con el de mosca.Al poco de comenzar, tuvo un ataque a su estrímer, pero la fortuna no estuvo de su lado y la trucha no llegó a acercarse a la sacadera.
Avanzando hacia la ensenada del fondo, comenzamos a observar cebadas y truchas de buen tamaño. Yo intenté sacar alguna con distintos señuelos, pero se ve que no estaban por la labor.El equipo de José Antonio, su bolsa, su chaleco ...
Se había ido a "conocer la flora autóctona", "plantar un árbol", "enviar un fax" o como le querais llamar. jejejeLas cebadas cercanas hacían que aumentase el nerviosismo y la visión de los ejemplares que por allí navegaban nos ponía los pelos de punta.
J.Antonio había llamado a Paco, que se presentó en la zona en la que nos encontrábamos. Había capturado una trucha común, pero en la operación de desanzuelado, esta consiguió liberarse y se perdió en el agua.En vista de que no conseguimos capturar pieza alguna, llamamos a la guardería para que nos viniese a recoger. A continuación nos fuimos al encuentro de Pepe, el cual nos tenía una grata sorpresa.
Había capturado sendas truchas arcoiris usando un pez artificial de la marca Rapala.El autor de tan magníficas capturas posaba ahora sonriente.
Nos alegramos mucho, que al menos uno del grupo hubiese triunfado, si bien Pepe ya ha visitado esta tierra con anterioridad.Al mediodía salimos del embalse y pusimos rumbo al restaurante.
Ya que el grueso de la expedición había tenido mala suerte de cara a las truchas, qué mejor que una buena comida típica para ahogar las penas.Pepe nos llevó al restaurante "Casa Ríos", que ya conocía de otros años.
La comida fue excelente (chorizo y lomo casero, pulpo á feira, almejas a la marinera, cocido gallego, cordero, yoghourt y flan casero, filloas y café) y la atención se mereció un diez.
Fue entonces cuando me pregunté ¿Esta gente viene realmente a pescar? jejeje
Al finalizar, me fui a casa para recoger el equipo de pesca, mientras Pepe, Paco y José Antonio, ponían rumbo a O Carballiño.Unas horas después, ya estaba de vuelta junto al río.
Se había acercado hasta el lugar, Manuel Iglesias (monitor de la escuela de pesca a mosca "Baixo Miño"), que había impartido hace unos meses un curso de lanzado a mis compañeros de pesca, en su tierra.Por la tarde, Pepe también había sido el triunfador, pues había capturado varias truchas de buen porte.
José Antonio, en compañía del hijo de Manolo, capturó sendas truchas. Una de ellas de magnífico tamaño.
Por su parte, Paco estaba en compañía de Manolo, intentando sacar alguna pintona, pero finalmente no se hizo con captura alguna.Manolo y su hijo se despidieron de nosotros hasta el día siguiente, en el que comenzaríamos pescando en el coto.
Nos llevamos una gran sorpresa cuando un zorro apareció junto a nuestros coches, con una tranquilidad fuera de lo común. Pude tomar varias instantáneas y aunque de vez en cuando el oportunista carnívoro desaparecía, no tardaba en volver a hacer acto de presencia.

Continuará ...

lunes, 17 de mayo de 2010

El río del oro

Este fin de semana me iba a dar una buena paliza en coche para pescar un río que nunca había pescado, pero que conocía bastante por la web y el blog de Pablo, que es con quien compartiría la jornada de pesca.Una vez hechas las presentaciones nos dirigimos hacia el río. Cuando nos estábamos cambiando me reencontré con un viejo amigo, que venía a la búsqueda de una zona donde poder pescar a mosca.
Nosotros íbamos a pescar en uno de los lotes y aunque el río iba un poco alto, había que intentarlo.Pablo me comentaba que era un poco pronto para encontrarnos con los reos, pues suele ser algo más tardío en ese aspecto.
La mañana comenzó sin actividad por parte de los peces. Pablo con pez artificial y yo con cucharilla, íbamos prospectando cada zona donde pudiéramos obtener una picada.
A Pablo se le quedó prendido el señuelo en una raíz, y como no nos hacía ninguna gracia que se quedara allí, dedicamos unos minutos a liberarlo de su prisión.
En vista de que en esta parte no observamos actividad, decidimos irnos a comer para por la tarde ir al coto sin muerte.Durante la comida hablamos de las truchas arcoiris que habitan en las aguas del Ouro, de la gestión que se está haciendo en el río, etc.
Después de comer aprovechamos para acercarnos hasta la fortaleza de Pardo de Cela.Desde este punto se divisa el extenso valle bordeado por majestuosas montañas. Ya de pesca en el coto sin muerte, asistimos a los primeros indicios de actividad. Y poco después engañé a la primera pintona.
Espectacular en cuanto a sus matices cromáticos y bravura. En esta tabla no salió ninguna pero Pablo me comentó que tiene sacado buenos ejemplares.Me aventuré por una corriente bastante fuerte y lancé bajo unas ramas. Otra bella pintona, esta ya de más porte, comenzó a saltar corriente abajo, pero la sacadera impidió que llegara a soltarse.Con enorme precisión, depositábamos las cucharillas en las zonas en las que podían salir las truchas. Mi compañero utilizaba el lance de ballesta mientras que yo lo hacía de péndulo o lateral.
Tuvimos alguna picada, pero el anzuelo simple y sin muerte permite algo más de ventaja a las pintonas.A cada paso por el coto, me maravillaba más este río. Las orillas bien cuidadas, los fondos de piedras pequeñas, bueno de andar y con unas truchas muy bravas.En una zona de las de libro, le dije a Pablo que lanzara él y allí sacó una pintona que saltaba nerviosamente sobre el agua. Otra vez, la sacadera resultó imprescindible.Proseguimos lanzando y en una zona amplia de aguas rápidas, clavé esta trucha que venía prendida escasamente, sin embargo, no se soltó.
Mi compañero coincidía conmigo en la importancia de la correcta regulación del freno del carrete.Parecía que los peces estaban más activos y las picadas eran más numerosas ahora, sin embargo no todas se traducían en captura.
Esta la saqué pescando aguas abajo, cosa que suelo hacer cuando una trucha ceba detrás de mí.Con el sol comenzando a bajar, el río cobraba un aspecto más mágico aún. En este punto afrontamos una zona de aguas más paradas que en algunos puntos no se podían vadear.El final del coto estaba cerca y junto a este se encuentra un lugar con mucho encanto. Se trata de la Finca Galea, en la que estaba teniendo lugar un banquete (supusimos que de una boda). Un lugar dedicado al turismo rural y otras actividades relacionadas.
Lo cierto es que desde el río me di cuenta de que se trataba de un lugar muy singular.
Más fotos de estas instalaciones.Ya nos quedaban pocos lances y muchas zonas buenas donde presentar nuestros engaños. Mi compañero lanzaba hacia la orilla derecha y yo hacía lo propio con la orilla opuesta ...... en la que engañé a la que sería la última trucha de la jornada.De camino hacia los coches, fuimos bordeando la finca Galea en la que tomé varias instantáneas.
Artilugios movidos por el agua ...... estanques ...... enormes raíces y tocones de árbol, adornan la finca.La finca cuenta con un bonito estanque con gran abundancia de vegetación.Otra vista del mismo.
Incluso cuenta con este baño exterior, que encaja perfectamente con el entorno de la finca.

Con el punto y final de la jornada sólo quedaba despedirme de mi anfitrión.

Agradezco a Pablo la atención recibida y el haber compartido conmigo esta jornada de pesca, que seguro que será la primera de otras muchas.
Sólo me queda animarlo a que él venga de pesca por la zona de las rías bajas.

Este es el resumen de la jornada según Pablo.