lunes, 15 de septiembre de 2014

Oro y plata (Doradas y lubinas)

Salgo de madrugada, en dirección norte. El día promete buenas sensaciones.
Tras una hora de trayecto, me reuno con Manel. Juntos nos vamos al puerto donde nos esperan el resto de expedicionarios: Vicente que irá con Manel, junto a Miguelito y Miguel con los que iré yo.
De camino al pesquero, nos recibe una lluvia cada vez más intensa. Tras posicionarnos en el lugar elegido, yo me tumbo en el camarote a la espera de que mis compañeros capturen algún pez.
Hay alguna actividad pero las doradas no dan la cara, así que continúo a la espera de que cese la lluvia, pues carecía de ropa de aguas y no tenía intención de llevarme una sobervia mojadura.
 Al fin la lluvia da una tregua y monto el equipo para comenzar a pescar. El primer lance tiene como resultado una picada que me dejó el anzuelo limpio. Poco después de lanzar por segunda vez, nos llegan buenas noticias de Vicente y Manel, los cuales había capturado un par de doradas majas, así que optamos por cambiar de lugar.
En el nuevo emplazamiento, las picadas no se hacen esperar, y Miguel captura la primera dorada de la embarcación. Poco después, clava otro pez que también parece ser una dorada de escaso porte, sin embargo, cuando la miramos platear bajo el agua, nos percatamos que es un buen ejemplar. Entonces el pez comenzó a tirar con fuerza, demostrando su poderío.
Una breve lucha permite que la dorada entre en la sacadera, pero esta se rompe al levantarla y se va al agua, pero con la línea y el anzuelo sujetándola todavía. Al final logré echarla a bordo, con lo que quedaba de la sacadera. Se trataba de un ejemplar excelente, por lo que la euforia reinó en la embarcación.
Lo llamativo del espárido es que tenía una malformación en el pedúnculo de la aleta caudal, la cual le había impedido un desarrollo normal de esta, que además presentaba la falta de un trozo de la parte superior.
 El día ponía muchas caras mientras proseguíamos pescando, pero se mantenía sin liberar agua sobre nuestras cabezas.
Mi caña mostró el signo inequívoco de la picada de una dorada, así que en un instante ya me estaba batiendo con uno de estos espáridos. La mala fortuna quiso que cuando ya estaba bastante cerca de la embarcación, esta se liberase al romper el terminal. No había tiempo para lamentos, así que volvimos a lanzar nuestros cebos al agua.
 Tras un rato sin actividad, las picadas comenzaron a ser muy distintas a las de las doradas. Quizás algún espárido de escaso tamaño. El caso es que al final pude hacerme con dos de esos peces. Eran lubinas de pequeño porte, las que mordisqueaban repetidamente nuestros cebos, dejando los anzuelos limpios en muchos casos.
 Con la mañana avanzada y sin cebo para proseguir la pesca, izamos el ancla y pusimos rumbo a puerto.
Vicente quiso posar con los dos mejores ejemplares de la jornada.
En esta instantánea se puede apreciar el escaso tamaño de la aleta caudal de la mayor de las dos.
 Una vez en el puerto, la mayor de las doradas levantó expectación por parte de algunas personas que allí se encontraban. Supongo que en parte es porque las de piscifactoría las comercializan con mucho menos tamaño y porque sus colores son mucho menos vistosos.
Miguel, el afortunado de la jornada, también quiso posar con las dos piezas mayores.
Después nos fuimos hasta el bar del puerto a reponer fuerzas, pues la mañana había sido un tanto dura en cuanto a la climatología se refiere.
Así pusimos punto y final a otra jornada tras las esquivas doradas.

lunes, 8 de septiembre de 2014

"Paseando" con lubinas en la playa

Ayer tocó jornada playera, con tiempo otoñal en compañía de Manel, Óscar, Micael y Miguel.
La oscuridad nos recibió en absoluto silencio, tan sólo el murmullo del mar se escuchaba a medida que llegábamos al escenario de pesca.
 Caminamos por la orilla, efectuando algunos lances, si bien había zonas con algas, que resultaban muy molestas. Llegamos a un punto de rocas aisladas, con la apariencia de la cabeza de un gigante de piedra dormitando sobre la arena, con pómulo y párpado incluido, como se puede apreciar en la foto, después de realizar los contornos.
Fue al lado de este lugar donde Manel capturó su primera lubina. Un pez de escaso porte y librea muy clara atacó a su paseante, quedando prendida hasta recuperar su libertad, poco después.
A continuación repitió el proceso. Señuelo al agua y ataque en superficie.
Mientras observaba las evoluciones de mi paseante, observé un ataque fallido. Manel ejecutó un lance cercano y capturó su tercera lubineta.
 Otra lubina atacó mi paseante poco después, sacando un poco de línea del carrete, pero la mala fortuna hizo que esta se liberase de una cabezada.
Manel continuó con su marcador de capturas, logrando una nueva pieza.
 Óscar, Micael y Miguel llegaron hasta nuestro lado. Para aquel entonces, Miguel había capturado 4 lubinas de poco porte.
Volvimos sobre nuestros pasos y Manel volvió a triunfar con otra captura. La suerte estaba de su lado o nos había dado la espalda a los demás.
Caminando por la arena, encontré una piña de mejillones con una buena porción de sedales gruesos en los que había unas gafas de buceo y en la que Micael encontró un Xorüs Patchinko 100 nuevecito, con los triples algo deteriorados. Mi compañero se dispuso a cambiarle los triples por los de otro señuelo. Mientras, Óscar capturó su primera lubina desde unas rocas aisladas en la arena.
Caminando por la arena encontré un Savage Gear Sandeel, con el anzuelo oxidado.
Poco  después Micael se estrenó con el paseante que había encontrado momentos antes y fue el momento en el que Óscar se despidió de nosotros.
 Ya sólo quedaba yo por tocar escama, y al final una lubina se quedó prendida del triple de mi Patchinko.
Lo gracioso es que cuando la solté, esta se empeñaba en nadar hacia la orilla, quedando en seco varias veces. Cuando al fin puso rumbo al mar abierto, Miguel clavó una lubina con vinilo, en la misma trayectoria en la que la lubineta liberada se había marchado, por lo que pensamos que se trataba del mismo pez.
 Más adelante noté algo en el extremo de mi línea y clavé con velocidad. Luego pude comprobar que se trataba de un diminuto sargo que posó sobre la arena para la foto, antes de ser liberado. Y precisamente en esa arena encontré un pequeño minnow, que pasó a engrosar la lista de "tesoros" que nos encontramos en la playa.
Manel aún tuvo tiempo de engañar alguna lubina más, antes de ir a  tomar algo.

Después, cervezas y refrescos, acompañados de navajas de la ría, fueron amenizando la velada de tertulia, hasta la hora de comer.
Por la tarde, Micael y yo probamos fortuna en una zona cercana, antes de poner rumbo a casa.
Mi compañero clavó una caballa con el paseante, aunque esta se liberó con sus movimientos acelerados. Por mi parte tuve un par de ataques en superficie, que se quedaron en eso, ya que no hubo opción de clavar pez alguno.
Tras un par de bocadillos de pulpo y jamón asado, nos hicimos a la carretera para volver a casa.

domingo, 24 de agosto de 2014

Cita ineludible con las lubinas


Ya están en marcha los preparativos de la IV Quedada del foro Spinningalicia. Este año me ha tocado ayudar en la organización, así que os adelanto algunos detalles a los que podáis estar interesados en asistir.
El restaurante en el que se celebrará la comida es Casa Paco, en Torroña, Oia.
Coordenadas de Google Earth
-Casa Paco (Torroña, Oia): (42º01´43.87´´N 8º50´09.16´´O)
Para llegar a Casa Paco tenemos dos opciones:
- Saliendo desde Bayona (Parador): 17 kilómetros.(42º07´15.85N 8º51´00.31´´O)
- Saliendo desde Oia (Carretera PO-552): 10 kilómetros. (42º00´30.14´´N 8º52´39.73´´O)
Cada uno de estos itineriarios se debería elegir en función del lugar en el que haya transcurrido la jornada de pesca o del lugar en el que nos hayamos hospedado.
Personalmente prefiero subir desde Oia y volver en dirección a Bayona, ya que de esta manera podremos disfrutar de unas excelentes vistas tanto en la ida como a la vuelta.

Donde hospedarse:


Hotel Miramar
http://www.miramarhoteles.es/
42º07´36.47´´N 8º49´07.40´´O
 986 350 227
Habitaciones: 25 € por persona.

Hotel Miramar
Posibilidad de pescar en Playa América, a 100 metros del hotel.


Camping Mougás
http://www.campingmougas.es/
42º05´10.53´´N 8º53´28,12´´O
 986 385 011
Dispone de 6 bungalows para 4 personas por 59 €.
Habitaciones para 2 personas por 36 €, pudiendo añadir 1 ó 2 camas supletorias, por un precio de 15 € cada cama. Máximo 4 personas por habitación.


Camping Mougás
Posibilidad de pescar en zona de roca a menos de 100 metros.


Camping O Muiño
 http://www.camping-muino.com/es/
42º03´50.82´´N 8º53´29.28´´O
 986 361 600
Dispone de 9 bungalows para 3-4 personas por 45 €.
2 bungalows para 5 personas por 55 €.


Camping O Muiño
Posibilidad de pescar en zona de roca a menos de 100 metros.


Aquí tenéis más información sobre la inscripción, el menú, contacto, etc:
http://spinningalicia.net/iv-quedada-spinningalicia/

sábado, 26 de julio de 2014

Lubinas, aguja, abadejo y demás

La cena del viernes con unos amigos se prolongó hasta tarde, así que me acosté a la 1:30 am.
A las 3:30am ya estaba en pie para salir hacia Rianxo, donde me esperaba Manel.
Recogí a mi anfitrión y pusimos rumbo a la playa. No nos convenció mucho la primera opción, así que cambiamos de playa. El nuevo arenal lo descartamos en pocos minutos, así que nos decantamos por ir a las rocas.
 El nuevo escenario presentaba unas características buenas, aunque también había restos de algas pululando por el agua. Aún así, una lubina encontró apetecible mi Max Rap de 13 cm, y con esta tuve un tira y afloja en un lugar un poco complicado. Al final salió y tras la foto se fue al agua.
 Más tarde me acerqué a las rocas donde se encontraba mi compañero. Allí capturé una aguja que me costó liberar, ya que no tenía el alicates encima. Ya no hubo foto, porque no quería prolongar su estancia fuera del agua.
A continuación, logré clavar un robalo a bastante distancia, pero cuando ya le miraba la cabeza fuera del agua, logró liberarse de los triples. Me lamenté de la mala suerte del lance, pues la zona era bastante cómoda para trabajar la pieza.
 Cambié nuevamente de lugar y capturé un abadejo de escasa talla. Cuando me disponía a levantarlo, se soltó, por lo que me libró de una tarea más.
Y desde el mismo puntó sentí como otro pez tomaba el engaño. Se trataba de una lubineta, poco más grande que el señuelo. Tenía clavados dos de los anzuelos del triple trasero, por lo que me resultó fácil su liberación.
Cuando me reuní con Manel, este me dijo que había capturado una aguja y entonces sugerimos un cambio de escenario.
Después de un café, elegimos una zona cercana a un puerto, donde probaríamos unos paseantes. Giant Dog, Live Wire, Spittin´Wire, Patchinko, etc.
Durante estas fases de prueba, tuvimos sendos ataques por parte de las lubinas, aunque estas no se quedaron enganchadas. Un poco después, otra lubina atacó mi paseante, pero con la fortuna de las anteriores.
Observando la orilla, divisamos cardúmenes de pequeños peces. Estos sargos de unos centímetros me encantaron, ya que son miniaturas de los que muchos pescadores ansiamos en nuestras jornadas con el corcho.
La salida no dio para mucho más porque el sueño ya podía conmigo, así que unas cervecitas y para casa.

miércoles, 23 de julio de 2014

Pesca fina

Hoy me decidí a programar una salida fugaz tras los basses, pues este año los tenía abandonados.
Quedé con Esteban en un embalse en el que intentaríamos capturar alguno de estos centrárquidos.
Mientras me cambiaba, me dí cuenta de que la cosa no prometía, pues había un viento molesto y una niebla comenzó a descender desde las cumbres de los alrededores.
 En esta ocasión, llevaba un 0,16 mm en la bobina del carrete, por lo que tendría que regular muy bien el freno.
Me limité a hacer lances en zonas muy concretas, pues me gusta más el reto de pescar a pez visto.
 En una zona de juncos saqué el primer bass de la jornada. Era un pequeño ejemplar, que disfruté gracias a la ligereza del equipo. Poco después picó otro, pero no logré clavarlo correctamente.
 Prospecté esta zona a la espera de que algún ejemplar mayor estuviera de ronda.
Más adelante engañé al segundo de la jornada, con la ayuda de una lombriz de vinilo.
 Cuando estábamos pescando sobre el antiguo cauce del río, mi compañero avistó algunos ejemplares de porte, así que puse un Ika de Gary Yamamoto en el anzuelo. Con este vinilo logré mover a un par de basses grandes, pero no llegaron a atacar el señuelo.
 Volví a cambiar, colocando nuevamente una lombriz. 
Bajo las ramas de un árbol muy alejado, clavé otro pequeño bass que fui acercando con cautela, pues la vegetación del fondo me podría romper la línea.
A continuación otra clavada, pero el bass se soltó en los primeros instantes de la lucha.
Escuché a Esteban en la distancia y luego los chapoteos inequívocos de una captura.
Había capturado un bass con un vinilo DOA, montado con una pequeña cabeza plomada.
Desde su lado, clavé otro bass en la orilla opuesta. Esté se acercó defendiéndose con sus típicos saltos.
Avanzando un poco más localicé un buen par de basses, en torno al kilo de peso. Lancé bajo unas ramas para que la presentación fuera más natural y uno de ellos tomó el engaño sin dudarlo, pero en el momento de la clavada, debió tirar en sentido opuesto, porque el hilo partió limpiamente al instante. Sabía que el 0,16 mm era un diámetro temerario en este tipo de pesca, pero si hubiera peleado con el bass, la batalla sería épica.
La próxima vez, espero que la balanza se decante de mi lado jejeje.

domingo, 20 de julio de 2014

Pesca extrema en las alturas

José Antonio y yo teníamos pendiente un reto, y en esta ocasión quisimos llevarlo a cabo.
El desafío consistía en pescar un tramo que ya conocía, pero con la dificultad añadida de que intentaríamos llegar más lejos que nunca. Esto implicaba que una vez en el lugar, hubiera algún sitio por el que salir, ya que se trata de un tramo de río salvaje en toda regla.
El Google Earth te permite calcular el itinerario y ver el perfil por el que nos íbamos a mover. Sin embargo no te indica nada de las piedras resbaladizas, el tojo, las zarzas o de los bañistas que nos íbamos a encontrar por el lugar.
 Al poco de comenzar observé un lagarto verdinegro al que le eché el guante para fotografiar, si bien su actitud amenazante me dio a entender que no le hizo gracia jejeje.
 El sol implacable en lo alto del cielo, calentaba las rocas hasta puntos verdaderamente molestos al tacto.
Las aguas estaban tan claras que podíamos ver las pintonas a bastante distancia, si bien ellas hacían lo mismo.
Nos encontramos varios bañistas en el río, puesto que el día invitaba al baño o simplemente a tomar el sol.
 Le comenté a mi compañero que en este río hay innumerables marmitas de gigantes. Unas perfectamente circulares con más o menos profundidad, algunas enormes y hasta pudimos encontrar a dos de estas formaciones, comunicadas entre sí.
 En los pozos profundos se divisaba alguna trucha de buen tamaño. Intenté engañar alguna con un vinilo montado sobre una cabeza plomada. El interés inicial parecía ser buena señal, pero los restantes lances no hacían que los peces tomasen el engaño.
 En las orillas del tramo hay vestigios de molinos y de un puente, que han ido manteniéndose a lo largo de las décadas. La necesidad de la gente para lograr el sustento, les hacía aventurarse en zonas inhóspitas.
 Las sombras comenzaron a ganar protagonismo. En ese momento empezaron las picadas por parte de los peces y en ese preciso instante estábamos cerca del lugar más lejano al que había llegado, unos 20 años atrás.
 Sin embargo los problemas de otras veces volvían a nosotros. Peces extremadamente bravos que se defienden con agilidad, repitiendo saltos fuera del agua.
 Pero no todo iban a ser malas noticias. Al final comenzamos a llevar algunas capturas hasta nuestras manos. Pintonas que crecen con lentitud a base de sustentarse de lo poco que ofrece la roca desnuda del cauce.
Llegó el momento en el que el sol desaparecía tras las cumbres. Esto me preocupaba, porque no teníamos salida desde el río. Tocó caminar río arriba, haciendo los lances justos, pues por encima de todo, era necesario encontrar un camino.
Nos topamos con un cartel que señalizaba el límite inferior de un tramo libre sin muerte, y junto a él, un arroyo de escasa entidad. Dicho cauce nos proporcionaría la salida, así que lo seguimos mientras pudimos.
 Al final, hubo que pincharse y sudar de lo lindo ladera arriba para llegar hasta la carretera. Desde ahí ya sólo sería caminar hasta el coche que nos esperaba un par de kilómetros más abajo.
Una auténtica odisea, para nosotros, pues no contábamos con el tiempo suficiente.
 En estas cumbres la luna se percibía más grande de lo normal, por lo que quise inmortalizar el momento.
Al final fueron poco más de 4 kilómetros de recorrido que nos ayudaron a coger algo más de fondo de cara a las jornadas de pesca en el mar y que nos regalaron con bellas y bravas truchas.


Os recomiendo ver el vídeo en HD y con el volumen no muy alto jejeje.

             

jueves, 17 de julio de 2014

Un alumno motivado

Hace unos días Esteban me comentaba que quería ir a los basses, sin embargo el día ventoso no me animaba demasiado. Por ello le sugerí que viniera a pescar truchas con José Antonio y conmigo. Este aceptó la propuesta, así que nos fuimos a un escenario que califico de complicado, por la dificultad de algunos lances y porque las truchas son altamente asustadizas.
 Tras montar los equipos, José Antonio le explicó a Esteban el lance de ballesta. Yo hice lo propio con el lance de péndulo. Finalmente, nuestro invitado optó por el primero.
A continuación, unas nociones básicas de dónde se debe lanzar, cómo hacer evolucionar el señuelo correctamente y cómo presentar los señuelos en distintas zonas.
 Lo cierto es que me dediqué más a controlar a Esteban que a la pesca en sí, pues estaba seguro que si capturaba una trucha aquí, se llevaría un gran recuerdo.
Alguna picada tuvo, pero como le dije, las truchas aquí juegan en otra división.
 Las corrientes podían dar alguna alegría, pero las truchas aquí son extremadamente bravas. Si a esto le sumamos que los señuelos tenían un sólo anzuelo y sin muerte, pues añadimos un plus de dificultad, por lo que llevarse una trucha a la mano es todo un reto.
 Agazapado y ejecutando los lances cada vez con más soltura, Esteban fue aumentando sus posibilidades.
Hubo que probar con otros colores en los señuelos, si bien los resultados fueron los mismos.
 Cuando ya estábamos cerca de la mitad del recorrido, opté por tratar de hacerme con alguna pintona.
Y tuve suerte en esta empresa, ya que la que picó se defendió con grandes saltos, descolgándose río abajo.
Era una truchita, que por otro lado, son las más bellas.
Tras la foto, volvió a su medio, para proseguir con la jornada.
 
 Pudimos observar algunos insectos por las inmediaciones, por lo que le comenté a José Antonio que debía probar suerte con un aparejo de moscas.
Las aguas claras dificultaban el ejercicio de la pesca, aunque eran un gozo para los sentidos.
Finalizamos la jornada con la certeza de que Esteban había quedado maravillado por el entorno y la técnica, pues el lance a ballesta le valdrá para un montón de situaciones en las que otros tipos de lance más comunes no tienen cabida.
!!Ahora a seguir practicando, compañero¡¡

              

domingo, 13 de julio de 2014

Impresionante jornada de pesca

El domingo volvimos al escenario de la semana anterior. Un pensamiento dorado se apoderó de mí, mientras conducía hacia casa de Manel. Con un poco de suerte podíamos repetir la jornada tras las doradas.
Entonces no tenía ni idea de las emociones que nos aguardaban ...
(foto tomada al final de la jornada)
En esta ocasión fuimos Manel, Miguel ( a quién no conocía) y un servidor.
Una vez llegamos al pesquero con la lancha, dispusimos el material y comenzó la espera.
Tras un buen rato con las punteras de las cañas sin anunciar actividad, comenzó el baile.
Manel y yo fuimos los primeros en sentir las doradas al otro lado de la línea, con sendas piezas al otro lado de las líneas. Sin embargo, carecíamos de sacadera, por lo que mi pieza se perdió cuando nos disponíamos a levantarla. Manel fue más avispado y logró echarla a bordo (1).
A continuación, otra picada para mí. Mientras recupero línea, uno de los cabezazos de la dorada rompe el bajo de línea y me quedo con la miel en los labios.
Manel comienza a tomar ventaja con otra captura más. La veteranía se impone y eso había que tenerlo presente (2).

Una dorada mordisqueaba mi cebo, pero Miguel se adelanta a clavar una dorada que hacía lo mismo.
Era su primera cabezona, así que había que posar, dándole el beso de rigor jejeje.
Me encantó ver la cara de alegría de este joven, ya que vivió la captura en todo momento (3).

(foto tomada al final de la jornada)
La siguiente me tocaba a mí. Cuando fue el momento de clavar, lo hice con energía. Luego ajusté el freno del carrete, para dar un poco de margen al pez. No quería perder otra pieza. De esta manera llegó mi primera dorada de la jornada (4).
Nuevamente, una dorada se abalanzaba sobre mi cebo, para después clavar con firmeza. El combate que me brindaba era espectacular, por lo que lo disfruté al máximo (5).
El hecho de carecer de sacadera, me preocupaba cuando el pez se acercaba a la embarcación, pero al final fuimos resolviendo la papeleta.
Era el turno de Manel, el cual sacó la mayor pieza hasta el momento. Su equipo se comportaba de manera impecable y no tardó en acercarla e izarla a bordo (6).
(foto tomada al final de la jornada)
Ahora las cabezonas sólo hacían caso a los cebos de Manel, así que le tocó lidiar con una nueva dorada, que también dio con sus escamas en la cubierta de la embarcación (7).
Pero todas las rachas terminan y ahora fue el turno de Miguel, que como en la anterior ocasión, resolvió sin complicaciones (8).
Unas tímidas picadas me indicaban que mi cebo había llamado la atención de un nuevo pez, sin embargo, en esta ocasión se trataba de una osada lubineta, que tras la foto volvió a su medio.
Manel volvió a la senda del triunfo y se hizo con otra pieza más. En esta ocasión de menor porte que las anteriores (9).
Después Manel y yo fuimos sacando algunas doradas más (10, 11 y 12). Dos de ellas las sacamos con la ayuda de un cubo jejeje.
La dorada número 12 fue la que se comió el último cebo que nos quedaba, por lo que tocaba volver a puerto.
 Mientras recogíamos los aparejos y las cañas, Miguel observó la sacadera en un lateral de la embarcación. Estuvimos tan ciegos con la actividad de las doradas, que no pudimos ver el útil que nos hubiera salvado dos doradas más. Nos lo tomamos con mucho humor, pues habíamos triunfado por la mañana.

A la hora de la comida, Manel se tuvo que ausentar, pero por la tarde Miguel y yo contaríamos con dos nuevos tripulantes. Eran Roberto y Miguel, los cuales nos ayudarían a recolectar algo de cebo tras la comida.
Una vez con el estómago lleno y el cebo a buen resguardo, nos subimos a la embarcación y pusimos rumbo a la zona de pesca.
 La actividad de la tarde no tenía que ver con la de unas horas antes. Los peces no comenzaron a picar hasta bien entrada la tarde. Permanecí con la caña en la mano todo el tiempo y así percibí una leve picada. En cuanto tuve la oportunidad, clavé como había hecho en otras ocasiones con Walter.
 Un poco más tarde, sugerí que si le picaba una dorada a Miguel, esta le podía llevar la caña. Mientras lo decía sentí una violenta picada y clavé raudo. Comencé la pelea con el pez, pero instintivamente, de dije a Miguel (que se incorporó por la tarde) que cogiera la caña y que la sacara él.
Con muy buena mano, este logró acercar al pez hasta la embarcación, para luego izarla con ayuda de la sacadera.
Más tarde Miguel (compañero de la jornada matinal) sacó una lubineta pequeña. Esta lo había mareado durante un rato, hasta que fue capaz de clavarla.
Poco después, él mismo sacó una dorada, que picó por sorpresa, mientras le comentaba que fingiera una clavada, para alertar a un amigo suyo, que estaba en una embarcación cercana. Fue una situación de lo más cómica.
El otro Miguel se hizo con un sargo en los últimos lances, el cual fue bien recibido a bordo.
Por su parte, Roberto no tuvo la suerte de cara, pero yo se lo achaco a que horas antes había capturado un robalo de 7.4 kilos, por lo que Neptuno ya lo había recompensado de sobra jejeje.

Sin duda fue un gran día de pesca, de esos que no se olvidan nunca. 15 doradas que nos brindaron espectaculares lances de pesca. Ahora ya sólo quedaba degustarlas jejeje.