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sábado, 26 de julio de 2014

Lubinas, aguja, abadejo y demás

La cena del viernes con unos amigos se prolongó hasta tarde, así que me acosté a la 1:30 am.
A las 3:30am ya estaba en pie para salir hacia Rianxo, donde me esperaba Manel.
Recogí a mi anfitrión y pusimos rumbo a la playa. No nos convenció mucho la primera opción, así que cambiamos de playa. El nuevo arenal lo descartamos en pocos minutos, así que nos decantamos por ir a las rocas.
 El nuevo escenario presentaba unas características buenas, aunque también había restos de algas pululando por el agua. Aún así, una lubina encontró apetecible mi Max Rap de 13 cm, y con esta tuve un tira y afloja en un lugar un poco complicado. Al final salió y tras la foto se fue al agua.
 Más tarde me acerqué a las rocas donde se encontraba mi compañero. Allí capturé una aguja que me costó liberar, ya que no tenía el alicates encima. Ya no hubo foto, porque no quería prolongar su estancia fuera del agua.
A continuación, logré clavar un robalo a bastante distancia, pero cuando ya le miraba la cabeza fuera del agua, logró liberarse de los triples. Me lamenté de la mala suerte del lance, pues la zona era bastante cómoda para trabajar la pieza.
 Cambié nuevamente de lugar y capturé un abadejo de escasa talla. Cuando me disponía a levantarlo, se soltó, por lo que me libró de una tarea más.
Y desde el mismo puntó sentí como otro pez tomaba el engaño. Se trataba de una lubineta, poco más grande que el señuelo. Tenía clavados dos de los anzuelos del triple trasero, por lo que me resultó fácil su liberación.
Cuando me reuní con Manel, este me dijo que había capturado una aguja y entonces sugerimos un cambio de escenario.
Después de un café, elegimos una zona cercana a un puerto, donde probaríamos unos paseantes. Giant Dog, Live Wire, Spittin´Wire, Patchinko, etc.
Durante estas fases de prueba, tuvimos sendos ataques por parte de las lubinas, aunque estas no se quedaron enganchadas. Un poco después, otra lubina atacó mi paseante, pero con la fortuna de las anteriores.
Observando la orilla, divisamos cardúmenes de pequeños peces. Estos sargos de unos centímetros me encantaron, ya que son miniaturas de los que muchos pescadores ansiamos en nuestras jornadas con el corcho.
La salida no dio para mucho más porque el sueño ya podía conmigo, así que unas cervecitas y para casa.

domingo, 13 de julio de 2014

Impresionante jornada de pesca

El domingo volvimos al escenario de la semana anterior. Un pensamiento dorado se apoderó de mí, mientras conducía hacia casa de Manel. Con un poco de suerte podíamos repetir la jornada tras las doradas.
Entonces no tenía ni idea de las emociones que nos aguardaban ...
(foto tomada al final de la jornada)
En esta ocasión fuimos Manel, Miguel ( a quién no conocía) y un servidor.
Una vez llegamos al pesquero con la lancha, dispusimos el material y comenzó la espera.
Tras un buen rato con las punteras de las cañas sin anunciar actividad, comenzó el baile.
Manel y yo fuimos los primeros en sentir las doradas al otro lado de la línea, con sendas piezas al otro lado de las líneas. Sin embargo, carecíamos de sacadera, por lo que mi pieza se perdió cuando nos disponíamos a levantarla. Manel fue más avispado y logró echarla a bordo (1).
A continuación, otra picada para mí. Mientras recupero línea, uno de los cabezazos de la dorada rompe el bajo de línea y me quedo con la miel en los labios.
Manel comienza a tomar ventaja con otra captura más. La veteranía se impone y eso había que tenerlo presente (2).

Una dorada mordisqueaba mi cebo, pero Miguel se adelanta a clavar una dorada que hacía lo mismo.
Era su primera cabezona, así que había que posar, dándole el beso de rigor jejeje.
Me encantó ver la cara de alegría de este joven, ya que vivió la captura en todo momento (3).

(foto tomada al final de la jornada)
La siguiente me tocaba a mí. Cuando fue el momento de clavar, lo hice con energía. Luego ajusté el freno del carrete, para dar un poco de margen al pez. No quería perder otra pieza. De esta manera llegó mi primera dorada de la jornada (4).
Nuevamente, una dorada se abalanzaba sobre mi cebo, para después clavar con firmeza. El combate que me brindaba era espectacular, por lo que lo disfruté al máximo (5).
El hecho de carecer de sacadera, me preocupaba cuando el pez se acercaba a la embarcación, pero al final fuimos resolviendo la papeleta.
Era el turno de Manel, el cual sacó la mayor pieza hasta el momento. Su equipo se comportaba de manera impecable y no tardó en acercarla e izarla a bordo (6).
(foto tomada al final de la jornada)
Ahora las cabezonas sólo hacían caso a los cebos de Manel, así que le tocó lidiar con una nueva dorada, que también dio con sus escamas en la cubierta de la embarcación (7).
Pero todas las rachas terminan y ahora fue el turno de Miguel, que como en la anterior ocasión, resolvió sin complicaciones (8).
Unas tímidas picadas me indicaban que mi cebo había llamado la atención de un nuevo pez, sin embargo, en esta ocasión se trataba de una osada lubineta, que tras la foto volvió a su medio.
Manel volvió a la senda del triunfo y se hizo con otra pieza más. En esta ocasión de menor porte que las anteriores (9).
Después Manel y yo fuimos sacando algunas doradas más (10, 11 y 12). Dos de ellas las sacamos con la ayuda de un cubo jejeje.
La dorada número 12 fue la que se comió el último cebo que nos quedaba, por lo que tocaba volver a puerto.
 Mientras recogíamos los aparejos y las cañas, Miguel observó la sacadera en un lateral de la embarcación. Estuvimos tan ciegos con la actividad de las doradas, que no pudimos ver el útil que nos hubiera salvado dos doradas más. Nos lo tomamos con mucho humor, pues habíamos triunfado por la mañana.

A la hora de la comida, Manel se tuvo que ausentar, pero por la tarde Miguel y yo contaríamos con dos nuevos tripulantes. Eran Roberto y Miguel, los cuales nos ayudarían a recolectar algo de cebo tras la comida.
Una vez con el estómago lleno y el cebo a buen resguardo, nos subimos a la embarcación y pusimos rumbo a la zona de pesca.
 La actividad de la tarde no tenía que ver con la de unas horas antes. Los peces no comenzaron a picar hasta bien entrada la tarde. Permanecí con la caña en la mano todo el tiempo y así percibí una leve picada. En cuanto tuve la oportunidad, clavé como había hecho en otras ocasiones con Walter.
 Un poco más tarde, sugerí que si le picaba una dorada a Miguel, esta le podía llevar la caña. Mientras lo decía sentí una violenta picada y clavé raudo. Comencé la pelea con el pez, pero instintivamente, de dije a Miguel (que se incorporó por la tarde) que cogiera la caña y que la sacara él.
Con muy buena mano, este logró acercar al pez hasta la embarcación, para luego izarla con ayuda de la sacadera.
Más tarde Miguel (compañero de la jornada matinal) sacó una lubineta pequeña. Esta lo había mareado durante un rato, hasta que fue capaz de clavarla.
Poco después, él mismo sacó una dorada, que picó por sorpresa, mientras le comentaba que fingiera una clavada, para alertar a un amigo suyo, que estaba en una embarcación cercana. Fue una situación de lo más cómica.
El otro Miguel se hizo con un sargo en los últimos lances, el cual fue bien recibido a bordo.
Por su parte, Roberto no tuvo la suerte de cara, pero yo se lo achaco a que horas antes había capturado un robalo de 7.4 kilos, por lo que Neptuno ya lo había recompensado de sobra jejeje.

Sin duda fue un gran día de pesca, de esos que no se olvidan nunca. 15 doradas que nos brindaron espectaculares lances de pesca. Ahora ya sólo quedaba degustarlas jejeje.

jueves, 5 de junio de 2014

Lubinas y robalos al otro lado de la línea

Este fin de semana fui de pesca con Walter y Marcos, aprovechando que pasaría dos días en casa del primero.
Lo primero, una vez llegué a su casa, fue la presentación del miembro más reciente de la familia.
Tana se abalanzó sobre mí una vez se abrió la puerta. Su carácter juguetón enseguida me conquistó, así que tocaba pasarlo bien hasta el momento de la cena.
Las energías de la perrita eran más grandes de lo que me esperaba, por lo que al final tuve que rendirme jejeje.

Al día siguiente, tocaba pesca con Marcos. Un buen madrugón para llegar al puerto y poner rumbo a la zona de pesca.
La técnica elegida para la ocasión fue el light jigging, ya que podríamos prospectar algunas zonas que serían imposibles con minnows.
Las picadas no se hicieron esperar demasiado. Marcos sintió la picada de un buen robalo que se soltó en los primeros instantes. Segundos después Walter clavaba otro ejemplar de buen porte, que optó por iniciar la pelea, poniendo rumbo a la embarcación. Nuestro compañero descuidó un poco la captura, mientras ponía las cámaras a grabar, y ese fue el momento en que el pez se soltó.
No era momento de desanimarse, porque llevábamos poco tiempo pescando, así que había que seguir.
 Tras la pérdida de algún vinilo a causa de los enganches, cambiamos de zona.
En esta ocasión fui yo el agraciado con una picada. Una lubina que fui recuperando poco a poco y que daba algo de esperanzas, ya que el viento nos empezaba a fastidiar un poco los planes.
 Con otro vinilo que a priori no gustaba mucho a mis compañeros, engañé una segunda lubina. La cara de incredulidad de Marcos y Walter, provocaron en mi una sonrisa jejeje.
Estaba claro que tenía la suerte de cara, así que comencé a echarles unos piques sanos y con mucho humor jejeje.
Había mucho tiempo por delante, así que volvimos a cambiar de zona.
Al cabo de un buen rato, Marcos conseguía clavar un pez, que al final resultó ser un jurel.
Echamos bastante tiempo intentando sacar alguna pieza más, pero el esfuerzo no fue recompensado.
Al final, volvimos a puerto contentos por lo que el mar nos había brindado, ya que las condiciones no fueron nada buenas. 
 

Por otro lado, comentar que el próximo día 15 de junio, tendrá lugar el II Encuentro Bricoypesca.
Más información:

lunes, 14 de abril de 2014

Un poco de todo

Estos días he salido poco de pesca, pues no he tenido mucho tiempo. Unas horas tras los basses y otras detrás de las lubinas.
 En la jornada de agua dulce me di cuenta de que los basses no están muy activos, pues las aguas permanecen bastante frías aún. El calor de estos días no ha sido suficiente para activarlos.
Divisé un par de ejemplares rondando las orillas, mientras otros pescadores se dedicaban a intentar sacar alguna pintona.
 Cerca del cauce del río que alimenta el embalse, capturé este pequeño ánade real. Tras la foto lo dejé a su aire, pues seguramente estaría buscando a su madre. Fue una buena "captura" en un día de total inactividad.
 Este sábado tocó limpieza del coto junto al río Verdugo. 
No fuimos muchos los asistentes, pero nos organizamos bien para llevar mejor las tareas.
 Por la parte que me tocaba, diría que el trabajo de mi grupo fue excelente, pues eliminamos bastantes ejemplares de Acacia dealbata (especie invasora) y acondicionamos el paso para pescadores y demás visitantes del río.
 Las intensas lluvias del invierno depositaron algunos troncos que hubo que retirar, siguiendo siempre las indicaciones de la Xunta de Galicia.
 El río presentaba un aspecto excelente, aunque habrá que comprobar el estado de su población piscícola cuando se abra la veda del reo.
Una cucharilla del número dos fue el trofeo que me llevé por mi labor jejeje.
La madrugada del sábado para el domingo tocaba pesca marina. Rubén y yo nos fuimos con Manel y su hijo Anxo, a intentar sacar alguna lubina.
Al poco rato de comenzar, Anxo capturó una pequeña lubina y al tiempo que Rubén engañaba a una boga.
Con el avance de la noche, el viento del norte se hacía difícil de soportar.
Yo me encontraba con los pies mojados, pues había llevado el traje de neopreno en lugar de vadeador, lo cual fue un error. Aunque mis compañeros también estaban recibiendo una buena ración de frío.
Buscamos un abrigo tras unas rocas, y esperamos a que la marea fuera la propicia. Tras varias carreras para entrar en calor, opté por hacer una hoguera. Cuando esta ya proporcionaba un agradable calor, todos se arrimaron a ella. Hubo que tragar algo de humo por momentos, pero fue la salvación para poder llevar mejor esas horas de espera. Alguno incluso fue capaz de dormir. 
Al retomar la pesca no hubo suerte, por lo que tuvimos que darnos por vencidos.
Mientras nos retirábamos, otros pescadores conocidos de nuestros anfitriones iban hacia el mismo lugar a intentarlo. Al mediodía pudimos saber que habían capturado sendos robalos, por lo que Dios no siempre ayuda al que más madruga jejeje.

martes, 19 de noviembre de 2013

III A ver cantos quedamos a spinning

Con la experiencia de otros años ( y ), casi se podía intuir el éxito de esta edición. Sin embargo, casi diría que la calidad de este encuentro, crece exponencialmente.
Y es que acudieron algo más de 80 pescadores, de los cuales muchos ya son conocidos.
Esto asegura que uno nunca se va aburrir. A continuación paso a relataros lo que dio de sí este fin de semana.

En torno a las 7 de la tarde voy a casa de Rubén para recogerlo y poner rumbo a Ribeira. Una vez allí pasamos por el hotel para dejar unas cosas y luego al bar donde quedamos con los colegas.
Allí estaban Manel y Juan Carlos. Con ellos ya comenzó la charla, a la espera de que llegaran algunos compañeros más.
Poco después llegaron Jorge, Gerson, Mikel, David, Casti, Anxo, Caión, Cabo y Guiller. A este último no lo conocía, por lo que el saludo era obligado.
Tras unas cervezas y risas, había que irse a cenar. Juan Carlos nos recomendó el Bodegón Castelao, muy cerca del puerto.
 La recomendación no pudo ser mejor. Los bocatas estaban de vicio y quizás por ello probé uno de zorza, uno de pulpo y medio de jamón asado, ya que Mikel llegó a tiempo para reclamar su mitad, que sino me lo zampaba completo jejeje.
 En cuanto a la bebida, decir que el vino de Barrantes a alguno lo puso más contento de lo habitual. Pero bueno, con esto las risas están aseguradas.

Al día siguiente, nos levantamos temprano para ir a desayunar al punto de encuentro. 
Óscar, su primo Fran (al que tampoco conocía) y Sergio fueron los más madrugadores. Después de saludarlos nos fuimos directos para adentro.
El desayuno nos sentó genial, si bien alguno comenzaba fuerte de más, con una copa de crema de orujo.
A continuación pasamos a pagar la inscripción. Allí estaban los responsables de la organización: Millares, Iván, Josiño, Anxo y Luis.
Luego empezaron a llegar más pescadores (algunos de ellos blogueros), a los que ya conozco de otros años.
Mientras charlaba con Óscar, miré una cara familiar y aproveché para saludarlo, pues no lo conocía en persona. Se trataba de Roberto, al que muchos de vosotros conoceréis por su blog "Lubinas en Galicia".
Salí para afuera y me encontré con Manel, el cual me orientó a la hora de elegir la zona en la que pescar.
Por allí se acercó también Jalloman. Luego llegaron Juan Carlos junto a Juan Pablo y por último Sergio, Carlos, Lens, Suso y otro compañero más.
Cuando Jorge y Gerson salieron del bar, también comentaron algo sobre qué zona elegir, así que después de hablar con Manel, decidimos ir juntos a una zona próxima.
 Mientras Rubén y yo nos cambiábamos, nuestros compañeros pusieron rumbo al pedrero.
Empezamos a repartirnos por la zona de rocas y arena que habíamos elegido. Jorge me comentaba que había tenido una picada y yo le decía que también había notado el ataque de un pez a mi señuelo.
Mientras avanzaba a oscuras hacia un puntal, pisé un grupo de mejillones que cedieron bajo la presión, provocando un resbalón, sin consecuencias aparentes.
La luz iba haciendo acto de presencia cuando me encontraba en una zona de playa. Opté por cambiar de señuelo y entonces me di cuenta de que tenía mucha sangre coagulada en mi mano izquierda. Procedí a lavarla con agua de mar y entonces pude ver que tenía un corte en uno de mis dedos. Por suerte la herida no sangraba demasiado, así que continué sin problemas.
Mientras me acercaba a mis compañeros, Jorge capturaba una lubina. Poco después, lograba poner en seco otra más. Quizás era un momento de máxima actividad, ya que Gerson lograba capturar otro pez.
 El mar comenzaba a rizarse con la presencia de un viento cada vez más fuerte.
Las gaviotas alzaban el vuelo para comenzar su ronda matinal y algunas embarcaciones navegaban con estas primeras luces.
 Me desplacé hasta otra playa, para luego llegar a un pequeño espigón. El viaje no me proporcionó resultados, por lo que regresé al encuentro de mis compañeros.
 Poco más pudimos hacer allí, así que tocaba cambiar de zona. Esta vez nos acercaríamos hasta un lugar en el que se encontraban pescando otros colegas.
Allí estaban David, Casti (que había capturado una bonita lubina), Caión, Óscar, Mikel y un amigo de Rubén.
Estuvimos probando suerte con toda clase de señuelos, pero no había trazas de que aquello fuera a cambiar.
 Quizás la suerte ya estaba echada, aunque aprovechamos para hacer algunos lances más, mientras el grupo se reunía. A pesar de quedarnos un poco rezagados, aún había quién no daba por perdida la batalla.
El estómago comenzaba a decirme que era hora de ir a tomar algo, así que nos cambiamos y pusimos rumbo al bar, no sin antes charlar un poco junto al coche.
 Quedamos en un bar del puerto con Manel y poco a poco se fueron uniendo algunos compañeros.
Jalloman y Sisoma inicialmente, y luego Juan Carlos con Juan Manuel.
Cuando se acercaba el momento del pesaje, nos fuimos al bar en el que se celebraría la comida, pero antes teníamos que ir a junto de Jorge y Gerson, ya que por un malentendido terminaron muy lejos del bar en cuestión.
 Una vez llegamos al bar, empecé a saludar a otros compañeros a los que no había visto por la mañana: Vitu, Pablo, Víctor, Tirso, etc.
A continuación comenzó el pesaje, que siempre es un momento de gran expectación.
Las piezas presentadas fueron pasando por la báscula, revelando así la puntuación de cada uno de los participantes. A priori ya tenía idea de quién podía ser el vencedor, pues se había comentado que esa persona había sacado una pieza de buen porte.
Pero Juan Carlos traía una buena percha de lubinas, que a buen seguro sumaría muchos puntos.
Con las últimas piezas, se procedería a hacer los cálculos pertinentes, obteniendo la puntuación de cada uno de los afortunados pescadores.
Tras el pesaje, tocaba sentarse para aguardar el momento de la comida. Sin embargo, tuvimos que levantarnos para hacer la foto de grupo. Un ritual necesario en toda quedada que se precie.
Y tras una breve espera, todos a comer. Eso sí, haciendo las pausas necesarias para ir antendiendo a todas las conversaciones que iban surgiendo en la mesa.
El ambiente en las mesas era el mismo: Carcajadas, charla de la jornada, recuerdos de otras quedadas y temática variada, con otras cosas ajenas a la pesca.
Mientras los fumadores se levantaban, el tumulto disminuía. Pero no por ello se dejaba de contar anécdotas y "batallitas" pasadas.
La velada discurría en un ambiente inmejorable hasta que llegaron los postres, los cafés y los chupitos de licores variados.
Esto era el preludio de la entrega de premios.
El triunfo en esta edición fue para Víctor. Dos piezas, una de ellas de más de tres kilos de peso lo hicieron ganador indiscutible. ¿Estaría predestinado? ...Víctor - Victoria jejeje.
En segundo lugar, Juan Carlos. Inicialmente se le gastó una pequeña broma, aunque después se le entregó el premio que le pertenecía en realidad.
El tercer puesto fue para Cabo. Un justo premio para alguien que venía de tan lejos, si bien nuestra compañía seguro que ya era un buen premio jejeje.
Casti se hizo con el cuarto puesto. El hecho de que su amigo Mikel le entregase el premio, ya era motivo de cachondeo.
Y a continuación ... premios para todos. Se fueron extrayendo los nombres de todos y cada uno de los participantes, para a continuación obsequiarles con vinilos, relojes, minnows, etc.

Con la gente levantándose de sus asientos, ya sólo quedaba despedirse de los compañeros a los que no se ve tan a menudo como quisiéramos. Y evidentemente, también despedirse de otros compañeros más habituales.
Rubén y yo aún tuvimos tiempo de ir con Manel y Anxo a tomar algo antes de partir para casa.
La valoración de la quedada fue unánime, pues coincidíamos en que había sido todo un éxito.
Ahora ya sólo queda esperar hasta la próxima.

La jornada según:
Luis: http://surfcastingmasters.blogspot.com.es/2013/11/3-ver-cantos-quedamos.html
Roberto: http://roberto4423.blogspot.com.es/2013/11/3-quedada-al-spinning-en-corrubedo.html
Guiller: http://alroqueru.blogspot.com.es/2013/11/3-campeonato-ver-cantos.html
Cabo: http://pescaastur.blogspot.com.es/2013/11/3-ver-cantos-quedamos-spinning.html

martes, 23 de abril de 2013

Una jornada de las que hacen historia

Este domingo me desplacé hasta Carnota en compañía de Rubén, con motivo de la celebración del II Open de Pesca Spinning, que se disputaba en dicho lugar.
No me apunté al campeonato, ya que la hora de la concentración, hacía que tuviera que madrugar demasiado, así que la idea que dominaba en mi cabeza era la de pasar una agradable jornada con algunos compañeros de afición.
 Cuando llegué a la zona, escogí un punto de la costa en el que había pescado el año pasado. En la distancia se distinguían varios pescadores. Terminamos de cambiarnos y bajamos hasta el pedrero.
Allí se encontraban Mikel, Casti, Anxo y Josiño. Después de los saludos de rigor, me comentaron que Mikel había perdido un buen robalo. 
Luego decidimos ir al encuentro de Manel, que también se encontraba por la zona.
Al partir del pedrero, Mikel me obsequió con un buen puñado de vinilos creados por el mismo, ya que él es el creador de la tienda Bricoypesca. Tras agradecerle el detalle, comenzamos a caminar, parando tan sólo para hacer algunos lances. En uno de esos lances, el vinilo se me enganchó entre las rocas. Un tirón hizo que el señuelo saliera a gran velocidad por el aire, golpeándome la cabeza de plomo en la ceja y la cola de vinilo en el ojo. Todo fue muy rápido, pero por suerte sólo se quedó en un susto.
 Cuando llegué al lugar en el que se encontraba Manel, este me comentó que había capturado tres lubinas.
Poco después llegaron su hijo Anxo y Josiño, que había capturado la lubina que se ve en la fotografía.
Como la actividad había cesado por completo, decidimos hacer unos lances más, para a continuación desplazarnos a un bar cercano.
 Ya en el bar, y con una cerveza acompañando la velada, comenzaron a llegar más compañeros de pesca: Sergio, Carlos, Suso, Aníbal, Javier, Miguel, Cabo, David (que había capturado un reo), etc.
La tertulia de rigor abarcó innumerables anécdotas y hechos recientes, por lo que esta se alargó durante muchos minutos.
Luego tocaba desplazarse hasta Carnota, para asistir al pesaje, así que fuimos hacia los coches para poner rumbo al núcleo urbano. Antes de salir, Manel me obsequió con un par de vinilos que están funcionándole muy bien, mientras que Cabo nos maravillaba con alguna de sus últimas creaciones.
Las capturas de este evento serían donadas a un comedor social, por lo que sería bueno que la jornada hubiese sido fructífera.
Agujas, lubinas y algún robalo fueron pasando por la báscula, para así determinar quienes eran los vencedores de la prueba.
Mientras se terminaba con el pesaje, me encontré a Rober, Vitu y a su colega Chito, así que nos fuimos al bar a tomar unas cervezas.
 Al cabo de un rato, la organización se preparaba para la entrega de premios.
Al final casi hubo premios para todos. Y alguno de los premiados, me obsequiaron con sendos señuelos, en vista de que yo le sacaría más provecho.
 Una vez finalizado el acto, tocaba desplazarse hasta un área recreativa cercana, para acudir a la comida que se había organizado. El churrasco aún tenía para rato, así que era el turno para una nueva tertulia de pesca.
 Y tras una breve espera, comenzaron a llegar los langostinos y las primeras raciones de churrasco.
Con las mandíbulas trabajando a toda máquina, las conversaciones cesaron momentáneamente.
 Y a continuación, nuevas charlas de pesca, que fueron llenando los minutos de la tarde.
Con el licor café pululando por las mesas, las risas estaban aseguradas, si bien alguno osaba profanar esta bebida espirituosa, bautizándola con hielo.
 Alguno ya había concertado una cita con Morfeo, porque dormitaba plácidamente sobre la hierba.

El resumen de la jornada no podía ser mejor, ya que en encuentros como este, uno se da cuenta de lo mucho que puede llegar a unir una afición común. En este caso, la pesca.

Dar las gracias a todos los asistentes, a todos aquellos que se molestaron en organizar la comida y por supuesto, a aquellos que me obsequiaron con algún detalle en este día.

Seguro que muchos coinciden conmigo en que esto hay que repetirlo más a menudo.

!!Hasta la próxima¡¡