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jueves, 28 de junio de 2012

Adrenalina pura

Son muchas las veces en las que el pescador persigue un pez que le haga sentir fuertes emociones. Leyendo esto, uno puede pensar en un sinfín de especies, aunque si nos limitamos a nuestro país, la lista se acorta sustancialmente. Sin embargo, también dependerá del equipo empleado, pues un conjunto de caña y carrete muy sobredimensionado, puede restar emoción a la captura.

Si sumamos el término "carpa" al de "mosca", ya tenemos un tándem para disfrutar de verdad ... pero antes habrá que engañar alguna.
 Había quedado con Aitor sobre las 8:30 am, y el sol ya comenzaba a dar un anticipo de lo que sería una jornada muy calurosa.
La previsión era de 31 grados a la sombra, pero pescar bajo el sol ya sería otro cantar.
Nada más llegar, observamos a una buena trucha persiguiendo a un pequeño bass, y es que aquí comparten hábitat, pintonas, carpas, bogas, black bass, tencas, gobios, etc.
Mientras mi compañero montaba su equipo de carpfishing y uno de spinning para los basses, yo me fui a la orilla opuesta para comenzar a escudriñar las aguas.
No tardé en mirar grandes carpas que se movían plácidamente junto a una zona inaccesible para mí.
Sólo imaginarme peleando con un ejemplar de esos, ya me ponía los pelos de punta.
Comencé a lanzar mis moscas hacia la posición donde se encontraba un numeroso grupo de carpas, pero ninguna reaccionaba ante la caída de la mosca.
Utilicé ninfas, que colocaba junto a los peces o justo delante de su trayectoria, pero las carpas no mostraban ni el más mínimo interés.
Cuando llegué a junto de Aitor, esté había capturado ya algunos basses. Por lo menos ya se había librado del bolo, en vista de que tampoco hoy hacían mucho caso del maíz que les ofrecía.
Más tarde volví a intentarlo. Esta vez peinando minuciosamente las orillas y las aguas situadas más al interior.
El calor ahora se hacía insoportable y me obligaba a mojar la gorra cada poco tiempo.
A medida que avanzaba el día, las esperanzas de hacerme con mi primera carpa a mosca, se desvanecían. Algo debía estar haciendo mal, ya que algunas carpas venían nadando hacia mí, hasta el punto que las podía acariciar con la punta de la caña.
Las más precavidas se mantenían a una distancia prudencial, por lo que fui aumentando la distancia de los lances. Pero a pesar de todo, las carpas no estaban por la labor. Quizás no era el día o la época ...
Cambié por enésima de vez de mosca y até una ahogada que me da buen resultado con la trucha. La dejé profundizar ... di un pequeño tirón ... y de repente el agua explota con el salto de una carpa que pienso que ha tomado la mosca. El corazón se puso a mil en un suspiro, pero la tensión cesa y la carpa se aleja, dejando tras de sí un rastro de agua turbia y burbujas.
Cuando recupero la mosca, me doy cuenta de lo que había ocurrido. El anzuelo se había quedado prendido de una de las escamas del pez, y una vez comenzó a tirar, esta se desprendió de su cuerpo.

Tras mucho insistir llegaron dos picadas. La primera de ellas muy breve, pero en la segunda, ví como la carpa sacaba línea a una velocidad demoníaca ... !!Qué manera de tirar¡¡
Al final me fui a la búsqueda de mi compañero, con el pulso tembloroso por la experiencia vivida y pensé: -!!Esto no es para cualquiera¡¡
Aitor seguía sacando algunos basses, entonces le comenté que yo ya había tocado escama jejeje.
A continuación le comenté la historia completa, para aclararlo todo.
Y como yo no estaba para marcharme sin haber capturado algún pez, pues le pedí que me dejara su caña momentáneamente.
Primer lance y clavo este bass que estaba situado junto a una rama hundida.
Luego capturé otro más desde los troncos de unos árboles, aunque tuve que recuperarlo tirando de la línea.

Más tarde nos fuimos a ver si había posibilidades de pescar en otro lugar, pero el calor era tan intenso que desistimos.
En esta ocasión tampoco pudo ser, pero esto no quiere decir que no vuelva a intentarlo en breve, ya que la experiencia merece la pena.

domingo, 18 de abril de 2010

Carpas en el Miño

"Os comunico que he puesto un gadget sobre los seguidores, arriba a la derecha, para los que sois asiduos de este blog"Madrugón para preparar las cosas y salir en dirección al río Miño. Poco más de una hora de camino y al llegar ya veo a Aitor con la caña montada a la espera de la primera picada.
Vamos comentando la estrategia a seguir y al poco tiempo el cascabel indica que un buen pez ha picado en su caña de carpfishing.
Me dice que yo tome la caña y trate de sacarla.
¡¡ Cómo tira la condenada !! ¡¡ Es una locomotora !!Durante el tira y afloja, me venía a la cabeza el amigo Luis doblegando las carpas a mosca.
Varios minutos de lucha para sacar este bonito ejemplar. Tenía el brazo derecho dolorido de hacer tanta fuerza, pero la alegría de haber logrado sacar la carpa aliviaba el padecimiento.
Fotos y al agua.
Proseguimos hablando de la pesca de la carpa cuando en una décima de segundo, el cascabel suena, el soporte se desmonta y mi caña está a punto de salir volando.
La sujeto firmemente y comienza la lucha. Ajustando el freno consigo acercarla, pero al ver la sacadera arranca a toda velocidad hacia aguas más profundas.
¡¡ Qué barbaridad !! ¡¡ Llevo varios minutos con el pez !!
Y tras unos minutos más logro sacarla.
Con la emoción, no pesamos la anterior, pero esta sí iba a pasar por la báscula.
5,200 Kg de bonita carpa, que volvió al agua inmediatamente.Hacia el mediodía comenzó a hacer más calor y parece que la actividad cesó. Otros pescadores iban llegando y montaban sus aparejos para buscar bogas o tencas.
Cada cierto tiempo Aitor iba cebando la zona de pesca.Al rato aparecieron una pareja de patos mudos. Mientras le comentaba a Aitor las particularidades de esta especie, la hembra se dedicó a comer algunos granos de maíz que había desperdigados por el suelo. Sin embargo el macho se mantenía a una distancia prudencial.Una viento fuerte comenzó a soplar y el tiempo refrescó por un momento.
De vez en cuando miramos actividad en superficie. Unas veces se trataba de bogas y otras de carpas.
En una zona muy somera saqué un pez que a priori no conocía. Aitor me comentó que habían soltado gobios en la zona, por lo que deduje que se trataba de esta especie, al haber descartado a cualquier otro similar.
Poco después Aitor perdió una carpa por un nudo defectuoso. Una pena.
A media tarde recibimos la visita del abuelo de Aitor. En plena charla de pesca, otra de mis cañas daba señales de que algo había al otro lado.
Otra vez a sufrir, pero poco a poco la logré acercar a la orilla.
Estaba eufórico y con la suerte de cara.Esta foto va dedicada a los amigos de pescamoscasevilla, ya que son los que han provocado en mí la fiebre de los ciprínidos.
Además contaba con la camiseta oficial del grupo, con el logotipo en el que yo había participado y la gorra que el amigo Alberto me había mandado desde EEUU.
Con estos amuletos no podía fallar.Con la caída de la tarde me picó otra carpa más. Esta última dejé que fuera Aitor el que la soltase ya que el me había dejado cobrar la primera.
No le podía pedir más a la jornada, porque había sido espectacular.Fue una pena que no apareciera alguno de los enormes carpones que habitan en estas aguas.
Este es el nuevo récord de Aitor y que salió hace unos días.
15,500Kg de carpa, que le obligaron a tirarse al agua para sacarla.Y a veces hasta hace dobletes, teniendo que apurar a la primera de las carpas.
Agradecer a Aitor su paciencia y el gesto que tuvo con la primera captura del día.

El regreso:
Me despedí de Aitor poco después de las ocho de la tarde. Iba muy bien de tiempo, y al pasar por un viaducto sobre el río Miño observé un coche accidentado en el carril contrario y el coche de la guardia civil de tráfico estacionado detrás. Al comenzar la subida, justo después del viaducto, comenzó a diluviar de una manera que no había presenciado en mi vida. Durante varios kilómetros tanto yo como otros conductores nos encontrábamos bajo una tormenta que iluminaba los alrededores y nos cegaba con tal cantidad de agua que ni el limpiaparabrisas a máxima velocidad lograba evacuar.
Iba asustado ante la posibilidad de sufrir un accidente de tráfico. Cuando un coche me rebasó, pude observar la enorme cantidad de agua que bajaba por la carretera.
Pasaron unos agónicos minutos hasta que entré en el túnel de A Cañiza-Batalláns y me tranquilicé, pues durante algo más de dos kilómetros me encontraría bajo la protección de la montaña.
Al salir de este la lluvia era mucho menor. Quizás debido a que la borrasca descargó el grueso de la lluvia hasta encontrarse con el extremo sur de la sierra de O Suído.
El caso es que pasé un mal momento, pero por suerte todo pasó sin incidentes.

Este es el vídeo de la jornada: