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lunes, 16 de julio de 2012

De pesca con Pedro Batalha

Hace unos días recibí un correo electrónico del pescador portugués Pedro Batalha, al que algunos conoceréis por su blog Pescatuga.blogspot.com
La razón no era otra que una visita a Galicia por motivos de trabajo. Él quería aprovechar el fin de semana para pescar en alguna zona de la costa, así que le propuse algunas opciones, si bien la que más le satisfacía era la de intentar sacar algunos sargos.
Las condiciones no iban a ser nada buenas, ni la época la más propicia, pero Pedro quiso intentarlo de todas formas. Además, el día anterior se había encontrado con unos compatriotas suyos por la zona, los cuales no habían obtenido buenos resultados.
Llegó el día y como ya había comentado, las condiciones no eran nada buenas. Aguas muy claras, viento bastante fuerte del norte y un oleaje algo excesivo.
Desde arriba pudimos ver como algunos pescadores ya ocupaban los puntales, sin embargo, yo sugerí pescar en una zona más apartada.
Tardamos un buen rato en llegar al pedrero, en parte por la caminata y también por lo difícil de la orografía.
Y es que un traspiés en la bajada, se puede traducir en una caída de decenas de metros, por lo que no nos apuramos en el descenso.
Y con todo listo, Pedro comenzó a pescar en un lugar donde el mar entraba entre dos rocas.
Yo probé suerte muy cerca y tuve la primera picada de la jornada. Al acercarla me di cuenta de que se trataba de una boga de mar.
Poco después sentí una picada un poco más fuerte, sin embargo no se trataba de un sargo, sino de una aguja de mar. Tras la foto la devolví al agua para proseguir pescando.
Tras un rato sacando bogas, mi compañero sacó una chopa. Luego yo también saqué otra más.
Y nuevamente volvimos a capturar sendas chopas que volvieron al agua.
Los sargos no hacían acto de presencia, así que nos fuimos a una nueva zona.
Las gaviotas, animales oportunistas donde los haya, se movían cerca de nosotros, por si nos quedaba algo de cebo atrás.
La pinta del mar prometía, pero habría que arriesgar un poco, pues el mar estaba algo más fuerte.
De camino, tuvimos que andar con mucho cuidado. Unos centímetros de tierra nos separaban del abismo, así que nos tomamos nuestro tiempo.
Y una vez más, las bogas hicieron acto de presencia y forzaron nuestra salida hacia una última puesta.
Y aquí tampoco aparecieron los esquivos sargos, sino alguna boga más, que hizo que yo desistiera de seguir pescando.
Pedro probó suerte con un último lance, en el que colocó un pequeño cangrejo, sin embargo no hubo premio en un mar que hoy nos mostraba su cara menos generosa.
Recogimos los bártulos con calma y nos preparamos para la subida.
El calor del mediodía nos pondría a prueba, pero al final de la senda nos esperaban unas cervezas bien frías, para calmar la sed que durante la jornada había hecho acto de presencia,
Durante el ascenso hubo que hacer alguna parada, pues había tiempo por delante.
Una vez llegamos al bar, dimos buena cuenta de unas cervezas, para luego volver a casa pasando por algunas zonas de pesca de las rías bajas.
Tras un buen rato conduciendo, llegamos al hostal en el que Pedro se alojaba. Allí aún hubo tiempo de charlar de pesca un ratito.
He aprendido muchos trucos y un poco más sobre las técnicas y lugares de pesca del país vecino. Y Pedro descubrió un nudo que no conocía y que a buen seguro que le ayudará en sus salidas de pesca.

Desde este espacio quiero agradecer a Pedro su amabilidad y cordialidad, a la vez que también le doy las gracias por obsequiarme con un par de señuelos, que en breve espero probar.
Muito obrigado.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Tres nuevos sargueros

Aprovechando el festivo de ayer, y en vista de que las lubinas no dan señales de actividad, me acerqué con unos compañeros a la búsqueda de algún sargo.En esta ocasión fuimos Ángel, Antonio, Rubén y yo.
Aunque yo no soy un experto de la pesca del sargo, en este caso ejercería de maestro, ya que mis tres compañeros afrontarían su primera jornada de pesca del sargo con boya.
En vista del mar previsto, fuimos a observar las condiciones en un punto bastante bueno para esta modalidad.
Desde la altura me quedé observando un rato las evoluciones del mar, para ver si sería factible bajar a pescar en esta zona.El color del agua era bueno y se mantenía, pero cada poco tiempo llegaba una ola que trepaba por las rocas de la orilla, haciendo peligroso cualquier intento de permanecer abajo.
Por ello buscamos una zona más resguardada, que nos permitiera pescar con tranquilidad, sacrificando puestas a priori mejores.En el nuevo emplazamiento, me encargué de ir explicando las nociones básicas de esta modalidad, montando los aparejos y atando los anzuelos, por tener algo más de destreza en este apartado.
Rubén fue el primero en ponerse a pescar, y poco después lo hicimos los demás.
Y no sé si es que se suele cumplir aquello de "la suerte del principiante", pero este sacó un bonito sargo.
Eso sí, la forma en la que lo elevó, hizo peligrar en todo momento la captura.Su rápido estreno nos hizo presagiar una buena jornada, aunque las aguas seguían estando muy claras.
Las nubes que tapizaban el cielo, parecían disiparse ante el avance del día, cosa que jugaba también en nuestra contra.Después de un buen rato sin sentir picada alguna, salvo por una boga que capturó Ángel, cambiamos de lugar.
Nos acercamos a una puesta en la que el mar estaba un poco más tranquilo, para pescar con algo más de seguridad.
Poco permanecimos en esta nueva zona, ya que las picadas brillaron por su ausencia y un par de submarinistas (sin boya señalizadora) se acercaron hasta donde nos encontrábamos.Nueva peregrinación hasta un nuevo emplazamiento y de nuevo a buscar alguna pieza que engañar.
Aquí también teníamos un mar cuya actividad aumentaba, pero nuestra posición elevada y las picadas constantes, nos hicieron decantar por permanecer allí.Cuando aguardábamos por ver el hundimiento de la boya, parecíamos estar ansiosos por ver quién la tenía más larga: la caña jejeje. En este caso yo ganaba por goleada, pues la mía es de más de siete metros (me refiero a la caña).Cuando Antonio capturó un sargo, que por mala suerte terminó en una profunda grieta, pensé rápidamente en el bolo.
Y es que la atención hacia mis compañeros fue constante:
-Jose, ¿Cómo era ese nudo que hacías?
-¿Cómo se pone el cebo?
-¿Me empatas el anzuelo, que yo no soy capaz?
Pero como mis maestros (Anxo y Fran) fueron pacientes conmigo, pues yo también he optado por seguir la misma línea.Y parece que el todopoderoso me concedió el don de la providencia, pues concatené tres capturas (de bogas), con un tremendo picadón por medio, que presumiblemente pudo tratarse de uno de nuestros amigos cebreados.
A continuación, me acerqué hasta José Antonio, para recuperar el sargo que se había quedado aprisionado en una grieta.
Con un invento improvisado conseguí sacar el pez de su cárcel de roca, para después volver a retomar la pesca.Al mediodía, tres submarinistas aparecieron por el lugar. Iban muy separados unos de otros, pero sólo el último llevaba la boya señalizadora.
Intuimos que no estaban haciendo nada bueno, pues esta conducta no es la normal en este gremio.Con todo decidido, Rubén y yo empezamos a recoger los bártulos. José Antonio y Ángel exprimieron el tiempo hasta el último momento, por lo que deduje que esta modalidad de pesca les había enganchado. Lo mismo puedo decir de Rubén, pues se demoró más de una hora en su partida.Al final, con un mar desapacible, aguas claras y cielo despejado, todos pudimos tocar escama.
Salimos bastante tarde del pedrero, por lo que tuvimos que hacer una parada para sosegar la sensación de sed y hambre. De camino a casa, hubo dos paradas más, pues había que celebrar que en el mundo de la pesca del sargo, hay tres nuevos sargueros.

lunes, 28 de noviembre de 2011

A boya con norte

A pesar de que este domingo había viento del norte, tenía ganas de ir tras los sargos, así que mi hermano y yo nos fuimos a ver si sacábamos alguno de estos espáridos.
Una vez en el lugar elegido, observamos que el mar era un poco escaso y que las aguas estaban totalmente transparentes. Si a esto unimos el cielo claro que presentaba la tarde, ya teníamos todos los ingredientes para sumar un bolo.
Sin embargo, la pesca no es algo que se rija por normas matemáticas, así que tocaba armar los aparejos para comenzar a pescar.
A pie del agua, pude comprobar que sigue habiendo "pescadores" que se "olvidan" de dejar la zona de pesca, tal y como se la encontraron al llegar.
Lo que me fastidia de estas situaciones es que luego la gente cree que todos somos así, y claro está que esto no es cierto.Tras unos minutos intentando dar con los sargos, mi hermano estrenó su cuenta con una boga.
Estas son tan abundantes en esta costa, que no tardó en hacerse con la segunda de la jornada.
Poco después, yo también iniciaba mi particular cuenta con otra boga.En vista que los sargos no aparecían en la puesta inicial, fuimos tocando otras zonas próximas, en busca de los esquivos sargos.
El mar comenzó a poner distintas caras. Unas de calma casi total y otras muy violentas.Las bogas fueron adueñándose de las zonas escogidas, así que probamos suerte un poco más, antes de cambiar de lugar.
Nos costaba creer que en esta zona no apareciese algún sargo, pero debíamos responder ante los resultados negativos que llevábamos hasta el momento.En el nuevo lugar, la misma suerte que en el anterior: más bogas.
Después de un rato desanzuelando ejemplares de buen porte, mi hermano sacó sendos mújoles de bella librea.
Poco tienen que ver estos ejemplares con sus primos de los puertos, ya que estos últimos no gozan de buena reputación entre los pescadores de caña.Probando con un cebo distinto, logré engañar a un verdel que se lució en la pelea, para luego arrancar de las aguas a otro mújol.
Por lo menos nos habíamos librado de las molestas bogas ... de momento.En la última salida de pesca con boya, me había fijado que muchas bogas tenían un parásito en su garganta.
Y en este caso, también me percaté de este hecho al desanzuelarlas.
Lo increíble es que dicho parásito ocupa casi la totalidad del esófago, dificultando la alimentación del pez.
Las patas de dicho parásito, tienen forma de gancho, por lo que a la boga le resultará imposible deshacerse de tan desagradable inquilino.A media tarde, las olas comenzaron a perder intensidad, por lo que desaparecían las clásicas zonas de aguas glaucas en las que buscar a los sargos.
Pero las picadas no cesaban y las punteras de las cañas seguían marcando la actividad de las bogas.Mi hermano ya había plegado la caña, pero yo aún quise apurar el poco cebo que nos quedaba.
Los sargos no habían hecho acto de presencia, pero la jornada fue entretenida de todas formas.
Esperemos que la próxima vez tengamos a la meteorología de nuestra parte.

sábado, 12 de noviembre de 2011

11:11:11 11.11.11


Ayer, día 11 del 11 del 2011, me desperté con ganas de ir hasta la costa a por algún sargo.
El caso es que el día se inició con un color plomizo y agua en abundancia; de esos días que uno piensa: - Hoy hace un día estupendo para dormir.
El caso es que postpuse la salida de pesca matinal y opté por acercarme por la noche, al salir del trabajo.
Una vez finalizada la jornada laboral, a eso de las 10:15 pm, emprendí rumbo al pedrero.
Llamé a mi amigo Luis y se dio la casualidad que estaba muy cerca de donde me encontraba.
Quedamos para tomar algo y después me iría de pesca.
Casualmente, mientras hablábamos, llegaban las 11:11:11 pm. Al igual que por la mañana, ya que también había estado con él a las 11:11:11 am.
Después de despedirnos, puse rumbo hasta un puerto cercano, para ver el estado del mar y mi sorpresa fue que no se movía nada.
Por ello llamé a Marcos (Pesca Atope) y quedamos para intentarlo esta mañana.Llegamos al lugar escogido en torno a las 8:30 am, pero el panorama era imposible. Un mar con un oleaje excesivo, que no dejaría pescar con comodidad.
Inspeccionamos el lugar y observamos como algún valiente lo intentaba, pero nosotros no íbamos a pecar de imprudentes.
Buscaríamos un lugar más resguardado, en el que poder pescar con algo más de tranquilidad.Finalmente llegamos a una zona de roca de cierta pendiente en la que miramos un mar bastante aceptable, aunque un poco pasado.
Había que empezar ya, así que montamos todo y comenzamos a pescar.
Las olas nos fueron quitando las ganas de aguantar en el lugar, así que nos movimos hasta un nuevo emplazamiento.Puesto que no llevábamos macizo, opté por machacar algunos mejillones y echarlos al agua.
Poco después de hacer esto, siento la primera picada ... !!Una boga¡¡
La jornada ponía rumbo al fracaso, pues estas no suelen viajar solas en su periplo costero.Y después de que mi compañero sacase otra yo encadené varias capturas seguidas.
Ya no había mucha opción de cambiar de lugar, por lo que aguardamos los acontecimientos que nos depararía la jornada.También aquí el mar comenzó a ganar en intensidad, por lo que había que mantener un ojo en la boya y otro en el mar.
A pesar de que a veces las olas rompían con fuerza, la boya se mantenía bastante bien en el agua.
Nueva picada de mi compañero y ... !!la silueta inconfundible de un espárido¡¡
Un sarguito que volvía a dar un soplo de esperanzas a la jornada, pues había posibilidades de que otros pasaran por el lugar.
Después de desanzuelarlo con cuidado, lo devolví al agua, en una zona un poco alejada.Con la mañana bastante avanzada, tuve una picada brutal, que me dejó sin cebo. Volví a encarnar y lancé al mismo punto. Unos segundos después ... el mismo proceder.
???????
Pensé en un astuto sargo anciano, de esos a los que la edad les ha proporcionado una desconfianza sin igual.
Lanzo nuevamente al mismo lugar y la boya se hunde a gran velocidad ... clavo con firmeza y noto algo al otro lado de la línea ... y no es una boga.
Cuando lo elevo hacia mi posición, no acierto a precisar de qué pez se trata, pero cuando lo deposito sobre la roca, me doy cuenta de que se trata de un verdel o estornino.
Los colores con los que este pez está decorado son ciertamente bellos y lo contemplé con detenimiento, pues era el primer ejemplar que capturaba.
Después de liberarlo del anzuelo, lo devolví al mar para que continuase con sus quehaceres diarios.Con el cebo casi terminado, me lamento de no habernos topado con los sargos adultos.
Mientras repongo el cebo, la puntera de la caña de Marcos da signos inequívocos de que algo de mayor porte ha picado.
Se trata de un sargo que ha tomado prestada la bravura del mar, para iniciar una batalla sin igual en esta escarpada costa. La caña resiste los envites constantes y se encuentra preparada para la maniobra de izado.
Al final el sargo se da por vencido y llega a manos de su captor. Este ha sido el justo trofeo a la insistencia y a permanecer en el lugar sin darnos por vencidos.Aún tuve tiempo de sacar la enésima boga, antes de iniciar la salida del pedrero.
Sin duda estas han sido las protagonistas de la jornada, pues sacamos un gran número.
Sin embargo no tardaré mucho en volver a por los sargos, pues las lubinas se están mostrando muy esquivas a estas alturas del año.

En recuerdo de Berto.

Mientras escribía esta entrada me he enterado que el hermano de un buen amigo, ha fallecido en un accidente de coche.
30 años de juventud que se despiden de nosotros.
Descansa en paz Berto.

domingo, 28 de agosto de 2011

No pinta bien

Hace unos días me fui a tentar los sargos, pues ya hacía tiempo que no le dedicaba una jornada.
Elegí una zona que me tiene dado buen resultado en otras ocasiones.
El mar estaba bastante bueno y el día algo cubierto, por lo que pensé que con un poco de suerte podía sacar alguno de estos espáridos.Una vez abajo elegí un lugar que me pareció prometedor.
Tras un buen rato insistiendo, me moví una docena de metros, para probar en otra zona similar.Esta me satisfacía por su constante color y no tardé en sentir la primera picada. Esta me desconcertó porque fue bastante rápida y logró que mi anzuelo se quedase limpio.
Desconfié de que fuera una boga la que había picado y no tardé en comprobarlo ...... porque esta fue la primera captura de la tarde. Lo peor es que fue la tónica general y saqué un buen número de ellas.
Como los sargos no aparecieron, no insistí mucho más y me marché.
La jornada había sido entretenida, pero no alcancé la meta que pretendía.

Esta mañana ...

Esta mañana tocaba ir a por lubinas.
El parte meteorológico era bastante bueno, pero a medida que conducía a lo largo de la costa, me di cuenta de que habían fallado en todo, salvo en las condiciones del cielo.
Busqué alguna rompiente en la que pasar unas horas, ya que el viaje no lo quería hacer en balde.
Las ensenadas estaban plagadas de algas, por lo que me temí lo peor.A base de buscar, encontré una zona en la que ya estaba pescando gente.
Mientras me cambiaba, llegó un coche y de él salieron dos pescadores que resultaron ser buceadores.
!! Ya sólo me faltaba que apareciese un barco de pesca largando el aparejo ¡¡Los buceadores se desplazaron hacia una ensenada y yo me alejé tanto como pude de ellos.
Detrás de mí fueron apareciendo "pescadores" de pulpo. Es increíble cómo ha aumentado el número de personas que destinan su tiempo a capturar este cefalópodo, porque en las últimas salidas han sido muchos los que he visto.Aproveché para probar dos recientes adquisiciones low cost.
El Satya (similar al Shoreline) y un modelo de la marca Fishing Ferrari (similar al Sasuke).
Del primero diré que no tiene la estabilidad en el lance del Daiwa, pero en el agua se defiende bien.
El segundo me defraudó pues no se acerca para nada al Ima Sasuke, ni en el lance ni en el movimiento.
Sin embargo tienen a su favor el precio, y aquí juegan las prioridades de cada uno.
( Por si alguien lo ha pensado: Sí, lo de debajo son percebes jejeje. )El sol se asomaba una vez más tras las montañas, para anunciar que un nuevo día llegaba.
No había tenido ni una sola picada, así que cambié de lugar.
Mientras caminaba hacia un nuevo emplazamiento, se me acercó un pescador con un robalo en la mano. Era uno de los pescadores que había visto en la distancia. Un compañero suyo había capturado otro robalo, pero no tuvieron ni una picada más. Poco más pude pescar, ya que la abundancia de laminarias hacía peligrar mi integridad física. Estas resbalan muchísimo y en este ambiente, una caída se puede traducir en un gran golpe.
Además son enemigas de los señuelos, pues estos suelen quedar enganchados en sus largos cuerpos, por lo que di por concluida la jornada.