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domingo, 1 de abril de 2012

Festivo de todos los colores

Hace unos días, aprovechando un festivo, me fui con Adrián, David y Alberto a pescar desde embarcación.
Aunque íbamos a ciegas, disponíamos de unos conocimientos mínimos para afrontar la jornada con algo más de garantías. Y si a eso le sumamos que llevábamos material para probar con diferentes modalidades, entonces ya teníamos algo más a nuestro favor.Con las primeras luces del día poníamos rumbo a nuestro destino. Trataríamos de localizar puntos en los que probar fortuna con vinilos, peces artificiales y por supuesto, con cebo natural.Mientras trataba de hacerme con alguna lubina, Adrián capturó una maragota.
Los lábridos eran muy abundantes en este punto, ya que nos encontrábamos sobre un fondo de roca.En poco tiempo salió la segunda captura, así que yo también opté por intentar sacar alguno de estos coloridos peces.
Y no tardé mucho en estrenarme, ya que comían confiados el gusano coreano que tapaba nuestros anzuelos.
Además, algún pez de porte logró romperme la línea que configuraba el bajo, lo que me hizo pensar que se trataba de un sargo.Cuando ya llevábamos unas cuantas capturas, decidimos probar fortuna en otro lugar, cercano a Monteferro.
Aquí tuvimos alguna picada, aunque los enroques fueron más frecuentes.
Incluso hubo la oportunidad de hacernos con un pulpo que finalmente se soltó.
En vista de que la actividad había cesado, dispusimos todo para comer en el lugar. Con el movimiento de la embarcación, nos costó bastante digerir la comida, pero al final fue cuestión de acostumbrarse.Por la tarde volvimos a la zona en la que habíamos pescado por la mañana y encontramos un lugar en el que la sonda marcaba bastantes peces.
Y así fue como poco a poco, todos fuimos pescando Julias o doncellas de diversas tallas, alternando con maragotas y algún sarguito, que recuperaba su libertad, tras un minucioso desanzuelado.Los tonos intensos de las julias añadían aún más color a nuestro parte de capturas.
Los peces más pequeños iban recuperando su libertad, para acto seguido volver a cebar los anzuelos con los gusanos.En vista del éxito, un señor se acercó a nosotros con su embarcación y también obtuvo su recompensa.
Increíblemente, este minúsculo sargo quedó prendido de uno de los anzuelos del aparejo de Adrián, lo cual nos muestra su increíble voracidad.Cuando la actividad cesó casi por completo, tocó cambiar de zona y probar suerte en un lugar que nos quedaba de paso.
El buen tiempo y el día festivo hizo que las playas de Vigo rebosaran de actividad.
Por la parte que nos tocaba, nosotros hicimos un paréntesis para buscar las lubinas en una zona de arena.Cerca de nosotros se movía una embarcación patroneada por otro pescador, que presumiblemente intentaba hacerse con algún cefalópodo.
No hubo fortuna aquí, así que pusimos rumbo al puerto de Vigo para repostar.Mientras entrábamos en el puerto, observamos a algunos pescadores en la zona del espigón.
A nuestro alrededor, catamaranes y remolcadores aguardaban la hora de trabajar.Sin embargo, la zona donde se amarran las embarcaciones de recreo, estaba casi desierta. Se ve que más gente aprovechó el festivo para hacerse a la mar.
Mientras el tanque se llenaba con el combustible, unos chavales hacían prácticas de vela a la salida del puerto.
En ese momento Adrián aprovechó para intentar sacar algún pez, ya que la sonda marcó actividad nada más entrar.
Y así fue como sacó una faneca de buena tamaño. Ante la oportunidad de hacerme yo también con alguna, monté rápidamente el aparejo y saqué otra.
Y luego concatenamos dos capturas más, con una faneca y otra maragota.Cuando pasábamos bajo el puente de Rande, pudimos observar el humo que producía un incendio que se había producido por la mañana.Una columna de humo, desviada por un viento que dificultaba más si cabe las tareas de extinción, se divisaba a lo lejos, dándonos una idea aproximada de la ubicación del incendio.Mientras intentábamos acercarnos a alguna batea, observábamos como cuatro hidroaviones efectuaban las maniobras de carga, para acto seguido ganar altura y poner rumbo al origen de la catrástrofe.

Estuvimos un rato junto a una batea sin resultado, así que nos fuimos al punto de partida, donde probé fortuna con un pez artificial.
No tenía mucha fe en el lugar, por lo que no prestaba mucha atención a la recuperación del señuelo. Sin embargo, me sobresalté al comprobar que un robalo de unos dos kilos y medio había seguido el señuelo hasta la embarcación, pero no llegó a atacarlo.
Insistí un poco más por si saltaba la sorpresa, pero al final no hubo más recompensa que haber pasado una jornada muy agradable en compañía de gente que comparte mi afición por la pesca.

miércoles, 15 de junio de 2011

Calma total


El sábado estaba subido a un árbol, a unos 10 metros sobre el suelo, poniéndome morado ... o más bien "cerezado", cuando suena mi móvil. Es Rubén y este me pregunta: -¿Qué haces?
Mi respuesta fue clara y concisa: -Comiendo cerezas, jejeje
Me llamaba para conocer mis planes para el domingo y tras una breve charla, quedamos para ir a pescar.Increíblemente, Rubén llegó antes que yo al punto de encuentro, pues en la última ocasión se había quedado dormido. Esta vez, la dificultad para conciliar el sueño provocó esta situación.
Pusimos rumbo a lo desconocido, pues el mar estaba muy parado y había que buscar algo de movimiento. Finalmente optamos por pescar en un lugar con algo de profundidad, pues el mar estaba igual en todas partes y la bajamar estaba próxima.
En la primera zona donde lo intentamos, saqué la primera lubina de la jornada. De escaso porte y por lo tanto, merecedora del indulto.Acto seguido Rubén engañó a otra joven promesa, con el Max Rap de 17 cm.
Comenzábamos bien en cuanto a librarnos del bolo, por lo que en cierto modo ya estábamos satisfechos, pues las condiciones no eran nada alentadoras.De camino a otra zona próxima avistamos a un joven pulpo. Sin duda alguna era muy confiado, pues no hizo esfuerzo alguno por ocultarse en las grietas. Después de que Rubén lo tocase con la puntera de su caña, este puso sus cromatóforos en acción y desplegó un mimetismo alucinante.Por alguna razón, hoy había una enorme concentración de estrellas de mar en las charcas que la bajamar deja al descubierto.
Me encanta el colorido que estos seres le dan a los fondos de nuestro mar, puesto que sus colores son muy variados.En el nuevo punto, comenzamos a lanzar nuestros señuelos. La mala suerte quiso que Rubén perdiera su señuelo en uno de los lances.
Mientras recomponía el bajo, saqué esta lubina, que picó a bastante distancia.Y al siguiente lance, salió esta otra que añadió una captura más a este Max Rap de 13 cm que ya lleva muchas capturas a sus espaldas. Pero lo mejor de todo es que todavía no lo he perdido en acción de pesca jejeje.El mar seguía pacífico y no hacía el más mínimo esfuerzo por generar una tenue ola. El cielo mostraba una cara ideal, pues mantenía a raya la claridad del sol.
Es sorprendente que durante semanas hemos tenido viento del norte, mar en exceso , cielos despejados, ... y ahora cielo encapotado, con una suave brisa y sin nada de mar.
Nunca llueve a gusto de todos.Volviendo sobre nuestros pasos me animé a probar suerte con el Spittin´Wire.
Al primer lance, cuando ya quedaban pocos metros para que el señuelo alcanzase el final de la travesía, se produjo un chapoteo junto al artificial. Clavo instantáneamente y comienzo a batallar con una aguja.
Casi hubiera preferido que no picara, pues tuve que cortar el bajo para poder liberarla de este.El viento ganó un poco de intensidad y de vez en cuando se podía ver alguna zona con espuma.
No nos valía para nada, pero nunca se sabe, ya que aquí el clima es muy cambiante.Desde una roca, contemplo como Rubén lucha con un pez. Cuando lo eleva, intuyo que la silueta no es la de una presa habitual.
¡¡¡Una maragota!!!
De alguna manera le pareció apetecible el Max Rap de 17 cm.Estuvimos un poco más intentando engañar algún pez más, pero nos fue imposible.
Aún así nos fuimos satisfechos, pues con unas condiciones tan malas, tuvimos la fortuna de tocar escama.De camino al coche observamos un nido de golondrina común bajo el techo de una casa. Las crías se movían inquietas en el reducido espacio, mientras aguardaban a que sus progenitores les suministraran algún alimento.