martes, 5 de abril de 2011

Ya comienzan los primeros

Esta tarde tocó ir a hacer un reconocimiento a nuestros amigos "los verdes". Las aguas comienzan a calentarse y pronto empezarán a estar activos, por lo que hoy quise comprobar de qué humor estaban.No me apresuré en llegar al lugar, pues la intención era la de escudriñar las orillas, en busca de actividad.
Por desgracia, los amentos de los sauces cubrían la mayor parte de las orillas y estos se pegaban al monofilamento, dificultando los lances sucesivos.
Otros pescadores se quejaban, pero con paciencia fui llevando la situación.Miré un grupo de tres basses pequeños y les ofrecí una lombriz de vinilo. En principio no le hicieron caso, pero poniéndosela algo más alejada, se decidieron a atacar.Dos basses jóvenes se encontraban a la sombra bajo una rama y allí coloqué el engaño. A pesar de su pequeño tamaño, ya se defendían como sólo los centrárquidos saben hacer.
Por ahora no divisé ningún bass grande, pero esto no había hecho más que empezar.En algunas zonas, el viento había depositado una densa alfombra floral, que tuve que librar vadeando. Fue en ese momento cuando divisé algo similar a un periscopio, que emergía en la distancia. Pude comprobar que se trataba de un galápago. No sé de qué especie se trataba, pero tampoco me preocupé de indagar más, pues estaba con el agua al pecho.A cada paso se hacía más difícil buscar un hueco en el que lanzar, por lo que tuve que seguir la senda, en busca de lugares apropiados.
Y así llegué a una récula en la que se encontraba pescando un chaval.Con un certero lance logré poner la lombriz en el lugar preciso en el que clavé otro ejemplar inmaduro. Lo liberé bajo la atenta mirada del chaval, el cual me sometió a un largo interrogatorio sobre el señuelo empleado, la técnica a seguir, etc.
Cerca de donde se encontraba el joven, divisé el primer bass de buen tamaño.Salieron algunos más, pero cortados por el mismo patrón que los anteriores. Pude divisar un par de buenos ejemplares, mientras continuaba por el camino perimetral.
Entonces me encontré al guarda, el cual me hizo una serie de preguntas sobre las capturas. Le mostré las fotos y me comentó que sólo otro pescador había capturado algunos basses. Los demás tuvieron que conformarse con seguir sufriendo la presencia de las flores de los sauces.
Cuando abandoné el lugar, pude comprobar que la superficie del agua lucía limpia en la mayoría de las réculas.
En cuanto los sauces terminen la polinización y las aguas calienten un poco más, será el momento de dedicarle más tiempo al black bass.

domingo, 3 de abril de 2011

Aprovechando el viaje

Ayer me fui hasta la provincia de A Coruña, para visitar a Walter y de paso acercarme hasta la costa y probar suerte con la boya.
Por la mañana fuimos a una tienda de pesca, pues "El Tanero" está ultimando los preparativos de esta nueva temporada de pesca.
Luego nos desplazamos hasta el lugar en el que probaría suerte por la tarde.
Ya había algunos pescadores por la zona, pero no parecía que la fortuna los hubiera obsequiado con capturas.
El mar estaba bastante bueno, aunque un poco pasado para mis planes.Aunque el terreno tan irregular no era nada cómodo, Walter se acercó conmigo hasta la zona de los cantiles. Me comentaba lo mucho que le gustaría intentar sacar algún sargo en esa zona y lo emplacé a que algún día lo intentáramos.Yo bajé por las rocas para divisar el mar por detrás de unas rocas. Desde arriba no podía mirar si rompía con fuerza o si por el contrario, el mar se movía con suavidad.
Con un poco de suerte, podría hacerme con alguna captura si el mar no empeoraba.En el tiempo que estuvimos allí, no miramos sacar pieza alguna, pero eso no me desanimaba. Quizás no fuera el momento propicio.
Llegó el momento de ir a comer, así que nos fuimos para allá.Después de la comida, Walter me dio unas cuantas pegatinas, con uno de los logos que yo le había hecho unos meses antes. Tanto él como Iria, me comentaron la odisea que tuvieron que pasar hasta que por fin tuvieron las pegatinas en sus manos. Por la tarde, al llegar a la zona de pesca, el mar estaba un poco pasado, pero el cielo encapotado sería mi aliado, pues las aguas estaban bastante claras.No llevaba mucho rato pescando, cuando observé como la boya se hundía. !!Algo había picado¡¡.
En cuanto comienzo a forzar al pez a salir a la superficie, me doy cuenta de que se trata de una aguja. Sin problemas la elevo hasta mi posición, la libero del anzuelo y a continuación la devuelvo a su medio.Poco después, tengo una picada aún más violenta. El pez comienza a sacar línea del carrete a la vez que da unas tremendas embestidas. Supongo que se trata de un sargo, sin embargo una silueta alargada que emerge de entre la espuma, me saca del error.
!!Otra aguja¡¡, pero esta de mayor tamaño.
En el primer intento no pude remontarla, así que opté por cansarla un poco más.
Finalmente pude acercarla para a continuación dejarla volver al medio marino.A lo lejos, entre una gradación de colores plomizos, pude intuir una silueta conocida. Era la Torre de Hércules. El faro en funcionamiento, más antiguo del mundo y desde hace un par de años, patrimonio de la Humanidad.Cambié de lugar y me situé en una zona más elevada. Subir un sargo aquí no sería coser y cantar, pero había que intentar sacar alguno.
En todo el tiempo que estuve en la nueva atalaya, no tuve ni una picada, por lo que entendí que allí no había actividad por parte de los peces.Las gaviotas, omnipresentes moradoras de estos cantiles, estaban al acecho. Estas oportunistas aves aprovechan los más mínimos descuidos, para hacerse con algo que llevarse al pico.
Y en su compañía abandoné el lugar, aún de día, pues me quedaba un buen trecho para regresar a casa.

Desde este espacio, agradezco a Walter y a Iria su hospitalidad.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Hemos llegado tarde

Ayer, mi amigo Luis y yo nos desplazamos a un tramo de río que yo tenía muchas ganas de visitar desde hace años, si bien sólo Luis es capaz de acompañarme en este tipo de aventuras.
Al llegar al punto de partida, el puente sobre el río estaba siendo reconstruido, después de que una riada se lo llevara por delante. Y el destino quiso que cada uno llegara por uno de los lados, con lo que mi coche quedó en una orilla y el de Luis en la otra.
Hace años que me habían dicho que estas aguas tenían truchas de buen porte, pero desde entonces, han sido construídas dos minicentrales junto al río y esto no me tranquilizaba.
Sin embargo había que probar fortuna, porque para eso estábamos allí.
Mientras iba al coche a por la gorra, Luis ya había capturado la primera pieza.
Era una truchita autóctona, que tras una breve contemplación, fue devuelta al río.Y a continuación yo saqué varias de igual talla. La zona en la que estábamos pescando era la más accesible del río, pero a mí me interesaba particularmente la zona más alta.Bellas libreas de truchas salvajes se quedaban sobreimpresionadas en nuestras retinas. Estas truchas autóctonas son las que huyen al menor ruido o alteración de su entorno inmediato. Pescar agazapados y a cierta distancia, se hace imprescindible.Después de una curva, nos encontramos la minicentral que se encuentra más arriba en el valle. Es una desgracia que en Galicia se sigan haciendo estas construcciones, con la de parque eólicos y grandes presas que tenemos a los largo de nuestro territorio.
El lecho del río está totalmente alterado, las piedras no retienen ni un ápice de musgo y la fauna parece que evita colonizar esta zona.Proseguimos río arriba y las truchas de escaso porte seguían prendiéndose de nuestros artificiales.
Aún nos quedaba un buen trecho para llegar a la parte interesante.De repente, percibí un olor nauseabundo. La última vez que había pescado en este río, me había encontrado un zorro muerto, pero en este caso se trataba del cadáver de un jabalí bien grande.
La única vida que mostraba el cuerpo, era la de los gusanos alimentándose frenéticamente de sus partes blandas.
El jabalí tuvo la mala fortuna de ser arrastrado por la riada y esta lo encastró contra un árbol, acompañado de ramas y otros troncos.Al examinar el cuerpo, observé que algunos dientes estaban muy desgastados, lo que indicaba que se trataba de un ejemplar viejo. Las amoladeras eran muy gruesas y una de ellas bastante larga, pero estas nada pudieron hacer contra la violencia con la que el agua discurre por estos parajes. La fuerte pendiente, junto con un cauce granítico, hace que el agua se acumule en grandes cantidades y que discurra a gran velocidad, llevándose por delante a todo lo que se encuentre en su camino, ya sean árboles, rocas sueltas, etc.Por fin llegamos a la zona de pozos que estabamos buscando. Estas eran las zonas en las que podía haber buenos ejemplares, pero el tramo de río bajaba con escaso caudal, pues parte de este es robado algunos cientos de metros más arriba.El bosque que nos rodea es fantástico. Adebules y robles, escoltados por acebos de hojas espinosas y el suelo tapizado de musgos y arándanos.La desnudez del cauce nos dejaba ver gran cantidad de piedras. Si el río llevase todo el agua que llevaba antaño, estaríamos hablando de un río totalmente diferente.Me imagino aproximadamente en qué punto nos encontramos y le comento a Luis, que en breve tendremos numerosos pozos en los que puede salir alguna trucha de porte.A pesar de todo, habíamos elegido bien el equipo, pues con una caña de acción ultraligera y un carrete de tamaño reducido, las pequeñas y bravas truchitas, no daban por perdida la batalla en ningún momento.La silueta del sol sobrepasa una de las caras del valle. Recuerdo una vez en la que quise bajar por esta zona escarpada, para acceder al río. Me fue imposible y dar la vuelta fue una odisea. Y es que sólo existe la posibilidad de ir río arriba o río abajo, pues las orillas resultan impracticables en el lugar en el que nos encontrábamos.Un gran pozo a la vista. Ponemos unos señuelos más pesados e intentamos prospectar sus aguas.
Desistimos al ver que no se obtenía respuesta alguna por parte de los peces.
Ahora tocaba analizar la ruta a seguir a través de estas paredes verticales. Finalmente Luis encuentra un lugar por el que pasar y podemos respirar aliviados. Dar la vuelta ahora sería una insensatez.Tras una buena caminata por este río "rompepiernas", ya sólo nos quedaba gran obstáculo por salvar: La pared de esta majestuosa cascada. En invierno, cuando el caudal de agua es mayor, la cascada es admirada por cientos de visitantes, si bien en verano, la zona superior es frecuentada por turistas y bañistas.Comienzo a ascender yo primero y cuando ya llevo un tercio de la pared, tomo un pequeño respiro, pues un traspiés aquí puede tener consecuencias fatales. Más vale exhibir prudencia que temeridad.La visión del agua precipitándose al vacío y salpicándonos la cara, es todo un espectáculo, pero en estos momentos es mejor no mirar hacia abajo.
Poco a poco ascendemos y llegamos a un escollo insalvable. Por ello debemos poner rumbo hacia un lateral en el que nos aguarda un muro vertical, pero con mas grietas en las que poder introducir nuestras extremidades.Con el mango de la caña en la boca, consigo alcanzar el tronco de un brezo de gran porte (Erica arborea) y a continuación puedo subirme a un roble que crece sobre el abismo.
Luis se abre paso entre los tallos del brezo y también alcanza el camino.¡¡¡Lo conseguimos!!!
Fuimos capaces de abandonar el río antes de que oscureciese.
Está claro que este tramo de río tardará mucho en recuperarse (si es que lo hace), ya que las minicentrales lo han dejado moribundo.De regreso, fuimos caminando junto a un canal que lleva agua desde la parte superior de la cascada, a un molino que está a algo más de un kilómetro hacia abajo.
Dicho canal ha sido tallado en la roca, lo que demuestra la importancia del agua para las gentes que vivían aquí hace años.

La anécdota:
Cuando voy de pesca con Luis, es raro que no nos ocurra algo y en esta ocasión, cuando ya casi estábamos llegando a los coches, Luis se dio cuenta de que había dejado sus gafas junto a la cascada, cuando una vez arriba quiso parar a refrescarse.
El caso es que nos acercamos con el coche hasta donde el camino nos dejó y luego, con la ayuda de una linterna, nos fuimos adentrando en la oscuridad del bosque para recuperar las gafas.
Como era previsible, estaban allí y una vez estaban con su legítimo dueño, dimos por concluída la aventura.


domingo, 20 de marzo de 2011

Apertura de la trucha

Por fin llegó el ansiado día. Como he hecho estos últimos años, he decidido comenzar pescando en un embalse.
Cuando llegué al lugar elegido, las orillas brillaban con las luces de las linternas y alguna que otra fogata. Pensé en que este año sería peor que el anterior y la verdad es que acerté de pleno.
Mientras preparaba todo, fueron llegando otros compañeros y cuando mi amigo Luis ya estaba listo, nos dirigimos hacia el agua para comenzar con los primeros lances. Fuimos saludando a toda la gente que se encontraba pescando o preparándose para la pesca.Llegamos a una zona tranquila y sin ruidos, faltaban unos minutos para que el sol se asomase por encima de las montañas y al tercer lance sentí como un pez atacaba mi cucharilla.
Excelente lucha por parte del pez, que tras una breve contemplación, se fue de vuelta al agua.
Esto comenzaba bien.A continuación Luis sacó un pequeño y revoltoso bass, que tenía prisa por volver al medio acuático y así de saltarín terminó en el agua.
Las primeras luces nos revelaron la orillas plagadas de pescadores y Luis me dijo: -Si un chatarrero cogiera todas las cucharillas de cobre que se están usando hoy aquí, ya podría dejar de trabajar jejeje.En un gran tramo recorrido sólo pude hacer un par de lances, pues las cañas de los pescadores de cebo natural se repartían por casi todo el perímetro del embalse.
Localicé una zona donde lanzar era bastante difícil y supuse que nadie habría probado allí.
Y efectivamente clavo esta bonita trucha de dorada librea punteada.
La libero y continuamos caminando.Luis divisó algunos basses bajo las ramas e intentó engañar a alguno con una lombriz de vinilo, pero los bocazas todavía estaban un poco aletargados.Otra zona de difícil acceso. El lance es difícil y más con mi caña de 2.40 m (con la de 1.80 sería coser y cantar). Pero consigo poner la cucharilla en una zona buena y .... otra trucha que queda prendida de la cucharilla. Esta nada hacia la orilla y logra aprisionar el monofilamento en unas ramas sumergidas, pero un ligero toque consigue elevarla sin que se desclave.
La cucharilla de un solo anzuelo no me falló y me permitió hacerme con la captura.
Poco después en el mismo lugar, pero desde encima de un tronco, fallé una picada que me pilló por sorpresa.
Llegué a un lugar en el que a buen seguro no habría lanzado nadie, pues había que vadear al límite. Yo lo hice y conseguí efectuar algunos lances. Tenía que estar con los brazos en alto, para no mojarme las mangas del forro polar.
De repente, un buen truchón toma mi engaño y realiza un potente salto, a la vez que cabecea en el aire. La cucharilla se desprende de la boca del pez y este recupera la libertad. Un pescador que me observaba me dice: -Esa era muy buena.
Le calculo que cercana a los dos kilos.
Después de otro tramo sin poder lanzar, acudo a una zona somera y en ella capturo el primer bass de este año. Muy peleón y de bella librea.No era muy grande pero con el equipo que llevaba, disfrute de lo lindo.
Lo liberé con cuidado y seguí caminando con Luis, hacia una nueva zona.El día nos revelaba a nuevos pescadores , que no fueron tan madrugadores. Apenas quedaba sitio donde poder lanzar, sin embargo las capturas fueron escasas y muchos pescadores se quejaban.Fuimos preguntando a otros compañeros de afición y los resultados no eran los esperados. Capturas escasas o nulas y ya nos acercábamos a la media mañana.
Luis y yo nos despedimos de otros compañeros, pues íbamos a picar algo, antes de marcharnos. Luis se iba para casa y yo cambiaría de escenario.Mientras nos cambiábamos, un pescador sacaba un bonito ejemplar de trucha común. (Si se amplía la foto puede verse en la mano del hombre de la camiseta verde).
Hubo un momento en el que Luis sujetó mi chaleco de pesca y se asustó por el peso de este. Suelo llevar mucho material encima y cuando pesé en casa el chaleco, resulta que llevaba 4.7Kg de peso a cuestas. Prefiero llevar de más, que de menos jejeje
Después del pincho Luis se fue a casa y yo puse rumbo a la montaña.Echaba de menos el contacto con el río y me fui a uno particularmente bello, que tiene algunas truchillas y algún que otro truchón que sube de un embalse cercano.
De camino al río, observo a dos niños con sus equipos y sus cestos, subiendo una pendiente. Seguramente se iban a casa a comer. Me hicieron recordar mis inicios en la pesca, en la que Luis y yo pasábamos tantas horas en el río.
Caña de 1.35 m y carrete 2500 aseguraban la diversión en caso de picadas.
Pero estos ríos no son nada fáciles. La sombra proyectada sobre el agua, el reflejo del reloj o los brillos de las partes metálicas del equipo, ponen en alerta a estas esquivas truchas.
Además el agua bajaba cristalina, por lo que había que pescar fino y largo.Clavé una pequeña trucha, que se soltó con facilidad de la cucharilla de un solo anzuelo. Lo cierto es que me pilló por sorpresa.
Me encontré con un pescador de cebo, el cual me dijo que había truchas, pero estas eran de talla pequeña.Mi intención era probar fortuna en un par de ríos más, pues es una ventaja tener tantos ríos próximos entre sí.
A medida que ascendía por el cauce, observé que la piedras de las orillas estaban excesivamente pulimentadas por las crecidas, ya que estas resbalaban demasiado.Con cautela llegué a una pared en la que tuve que hacer algo de escalada para poder seguir. Una vez superado el obstáculo, llegué a la zona en la que abandonaría el río para cambiar de escenario.
Finalmente opté por acercarme a otro embalse, pues el nivel de este era alto y ante esta situación, la gente no acude en masa. Me encontré con viejos compañeros de pesca y apenas hice unos lances. Charlamos sobre la situación actual de la pesca y de cómo se había dado la jornada.
Salvador había capturado este bello ejemplar de 2 kg de peso, con un pez artificial hecho por él mismo. Y es que este pescador ya lleva muchos año tallando la madera para hacer sus propios peces artificiales.
No dio más de si la jornada y ya estoy deseando volver al río, que es donde en realidad me siento más cómodo.