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sábado, 30 de septiembre de 2017

Día de enseñanza

Hace unos días conocí a Iñaki. Una persona que demuestra pasión y ganas por la pesca, aunque con mala fortuna en sus inicios como pescador de mar. Por ello, me ofrecí a instruirle en lo que pudiera, para que al menos tomase una senda que no le hiciera desistir, pues considero que la pesca puede ser un deporte muy agradecido en muchos aspectos.
 Quizás fue cosa del destino, que me encontrase con este compañero vasco, ya que desde hace mucho tiempo, sigo los blogs de muchos pescadores de esta comunidad, especialmente de los de pesca de sargo.
Y claro, si uno puede enseñar alguno de los trucos que se van recopilando con el paso de los años, pues se le ahorra algún quebradero de cabeza al que se inicia.
De esta manera, pasaron los días y llegó la fecha de quedar para intentar pescar algún sargo, si bien lo primero era pescar algún pez.
Llegamos al lugar con un mar un tanto pasado, sin embargo, había que tratar de exprimir la zona e intentar clavar algún espárido.
Con los aparejos listos y unas directrices básicas, Iñaki se puso manos a la obra. 
Inicialemente con algunos enganches, pero luego con algo más de fortuna. De esta manera, mi compañero se hizo con el primer pez de la jornada. Fue una boga de mar, la que encontró deliciosa la gamba pelada que Iñaki le había ofrecido.
 Cuando yo me puse a pescar, me percaté de que había mucha alga rota en el agua, la cual propiciaba alguna incomodidad.
Me fui desplazando por las rocas, mientras Iñaki cogía carrerilla con las bogas. Sin duda era un buen entrenamiento para adquirir cierta práctica.
Yo buscaba con ahínco la picada del sargo, así que iba y venía, subía y bajaba, ...
 La niebla se adueñó de la tarde, eclipsando al astro rey. Tan sólo unos valientes rayos llegaban a acariar el agua en el horizonte, mientras mi caña aguardaba paciente la señal de que un sargo estaba al otro lado de la línea.
Me armé de paciencia y al final saqué algunas bogas. Por ello, opté por moverme un poco más lejos.
Una zona un tanto arriesgada en días de lluvia, pero bastante segura en el día de hoy.
 En la pugna por los cielos, la espesa niebla comenzó a retirarse hasta dar paso a un cielo nublado, que favorecía nuestras aspiraciones.
Con la subida de la marea, la violencia del mar iba en aumento, por lo que había que ser cautos.
 Mi compañero seguía sacando peces, lo cual me alegraba en la distancia.
Deseaba que saliera al menos un sargo, pues no disponíamos de mucho más tiempo.
Para entonces, la insistente niebla había regresado, aunque de manera más tímida.
Y al final, tanto insistí, que di con un solitario sargo, que elevé hasta mi posición, para luego mostrárselo a Iñaki. Tras la recuperación en una pequeña charca, este volvió a su medio, en compañía de las bogas que habían salido durante la jornada.
A pesar de que la tarde no prometía nada, pudimos tocar escama, lo cual me alegró.
Ahora queda pendiente que Iñaki saque su primer sargo, aunque eso será en la segunda lección jejeje.

viernes, 10 de marzo de 2017

Final de jornada de lujo

Ayer quedé con Luis, Antonio y Adolfo para acompañarlos en una jornada de pesca tras los sargos.
Para evitar el madrugón, dormí en casa de Luis.
 A las 4:30 am ya estábamos en pie, y Bulma no iba a ser menos. Sin embargo, en esta ocasión, la inseparable compañera de Luis no nos acompañaría, pues la zona en la que pescarían mis compañeros es bastante peligrosa.
 Poco más de dos horas en la carretera, para llegar al destino.
Mientras se aguardaba el momento propicio de la marea, los pescadores fueron montando los equipos. Había que disponer todo para moverse sólo lo imprescindible.
Desde las alturas divisaba a mis compañeros. 
El mar tenía muy buen color y las olas dejaban pescar en la zona elegida.
Sólo faltaba que los sargos apareciesen.
 A pesar de que la previsión meteorológica anunciaba temperaturas cálidas para el mes en que nos encontramos, la mañana se había despertado fresca y con algo de niebla en puntos concretos.
Desde este emplazamiento, el islote de A Marola se me asemejaba a una enorme tortuga, desplazándose por el mar.
 Mientras Luis, Antonio y Adolfo, proseguían con la pesca, me dediqué a tomar unas cuantas instantáneas del entorno.
Las gaviotas se mostraban muy atentas a nuestros movimientos, ya que por veces nos acercábamos a sus zonas de descanso.
 Durante la jornada me llamó la atención este transatlántico que salía del puerto de A Coruña, pues pocas horas antes lo había visto llegar.
 Al igual que Antonio y Adolfo, Luis fue probando en distintas zonas de la costa, para localizar a los esquivos sargos.
Aquí el mar también presentaba un buen aspecto, sin embargo los espáridos no daban la cara.
En esta zona de la costa pude visitar varias furnas. Estos agujeros creados por la acción del mar son espectaculares. Especialmente cuando el agua sale pulverizada hacia arriba, después de que el mar se adentre por la parte inferior.
 En la distancia, el faro en funcionamento más antiguo del mundo, patrimonio de la humanidad: La Torre de Hércules.

Finalmente, mis compañeros dieron por concluida esta jornada, en la que los peces no habían hecho acto de presencia. Los otros pescadores que allí se encontraban, habían corrido la misma suerte.
Fue el momento perfecto para ir a comer y pasear un poco por la ciudad, ya que Luis había quedado con alguna gente.
Contacté con Walter, para comentarle que me encontraba en A Coruña, con tan buena suerte que estaba con David y otro amigo pescador, en La Cervecería de la Estrella Galicia.
Así que allí nos reunimos todos para finalizar una jornada de pesca, de la mejor manera posible ... charlando de pesca jejeje.
Tras despedirnos de nuestros amigos, nos aguardaban dos horas de conducción hasta casa de Luis. Y una hora más de coche para mí, para llegar al hogar.
1:30 am. !!Por fin en casa¡¡ Tocaba irse a dormir y descansar.

jueves, 25 de abril de 2013

A "sarguear" toca

Esta semana hubo tiempo de hacer una visita relámpago a los sargos en compañía de mi buen amigo Luis.
Habíamos postpuesto tantas veces esta salida, que teníamos que ir a toda costa.
Las condiciones que nos encontramos al llegar, parecían bastante buenas, pero basta que uno tenga buenas vibraciones, para que el mar se ponga en contra nuestra.
A pesar de todo, no tardamos en notar la actividad en nuestras punteras. En el inicio de la jornada, Luis me comentaba que aquí no había bogas. Y en efecto, no las había. Pero ahora hay que decir que sí las hay.
Así que estas fueron las primeras escamas que tocamos.
Lo bueno de este lugar es que se puede cambiar de lugar con relativa rapidez. Así que cambiamos de lugar y otra vez a pescar. De vez en cuando venía alguna ola grande, pero aún nos dejaba pescar sin muchos problemas.
En esta nueva zona engañé a este inexperto sargo, que volvió al agua para seguir creciendo.
Esto nos ilusionó un poco, ya que podía haber alguno gordo por la zona.
A media jornada tuve un enganche que me hizo perder la pieza que bloquea el hilo de la boya. Cuando iba a buscar otra a la mochila, encontré un palo de Chupa Chups, que me sirvió para improvisar.
Había visto algún mújel por la zona y me di cuenta de que seguían ahí, cuando saqué este.
Me costó un poco sacarlo, porque tenía una roca delante, pero al final pudo "volar" hasta mi posición.
Después de liberarlo, capturé algunas bogas más.
El mar había ganado en intensidad y alguna ola nos proporcionó algún susto.
Las bogas eran ahora las dueñas y señoras de este enclave. Como tenía que irme a trabajar, pusimos punto y final a esta jornada.
De camino al coche observé a una paloma bravía portando una fibra vegetal en el pico. Me di cuenta de que estaba construyendo el nido. Al observar donde se había metido, me di cuenta de lo bien ubicado que estaba este, pues muchas veces las gaviotas expolian los nidos de estas.

sábado, 16 de febrero de 2013

A por sargos con frío

Antes de nada quisiera comentar que un rayo me ha fulminado el PC, y que por esta razón he estado apartado un poco de este mundo virtual, al que ya echaba de menos. Trataré de ponerme al día lo antes posible.

Tras esta aclaración, paso a relataros la última salida de pesca.

 En vista de que el sargo está dando grandes alegrías por nuestra zona, me decidí a ir a tentarlos en compañía de José Antonio.
Salimos temprano ya que por la tarde tocaba trabajar, así que tras unos minutos de conducción, llegamos al pesquero.
 El mar no estaba bueno del todo, ya que a menudo venían algunas olas que golpeaban violentamente contra la costa. A pesar de todo, lo más incómodo era el frío que le ganaba la partida a mis manos.
Como pude, fui aguantando la caña. Pude observar cómo José Antonio se hacía con la primera pieza del día. Una boga que ya nos hizo presagiar lo peor.
 A medida que la mañana avanzaba, las manos ganaron algo de temperatura. Gracias a ello, pude levantar sin problemas mi primera captura, que también era otra boga.
 Como no había tiempo para cambiar de zona, seguimos probando en puntos próximos.
El mar ahora tenía mejor color y quizás con paciencia, pudiéramos encontrar aquello que buscábamos.
 Pero fue otra boga la que se quedó prendida de mi anzuelo. Estas se encontraban en el pesquero y no había mucho más que hacer.
 Junto a una roca solitaria, logré engañar a este sargo, que se escurrió hasta una grieta próxima. Tras sujetarlo, procedí a liberarlo en el agua, pues tenía un tamaño poco interesante.
 Después de sacar alguna boga más, tanto por mi parte, como por la de mi compañero, salió otro morador de los pedreros. Un mújol que no ofreció la lucha que habría dado si fuera engañado con el equipo de mosca.
Lo liberé en una charca y me dispuse a afrontar los últimos lances.
Mientras José Antonio plegaba la caña, tuve tiempo de engañar a otra boga, que se fue por donde había llegado. No fue una jornada como me hubiera gustado, pero valió para sacarse el mono y retomar la actividad.

domingo, 7 de octubre de 2012

Jornada de sargos con lubina

Esta semana improvisamos una salida de pesca en busca de los sargos. 
Inicialmente iríamos Rubén, su amigo Campos y yo, pero finalmente también se sumaron Pablo y mi hermano Dani.
 Después de descartar una zona por la escasez de mar, fuimos a otro lugar que tenía mejor pinta.
Tras observar las evoluciones de este, nos animamos a bajar para comprobar lo que nos depararía la jornada.
 El descenso como siempre, se convierte en un reto para la condición física del pescador. Si a esto unimos la peligrosidad del lugar, tenemos unos buenos motivos para bajar tranquilamente.
 Una vez abajo, mi hermano montó su equipo y realizó su primer lance.
Mientras empezaba a montar el equipo de Pablo (iniciado en esta pesca), Dani sacó su primer sargo.
Este motivo hizo que acelerase un poco más en la preparación del bajo, para poder empezar a pescar cuanto antes.
Sin embargo, aún tenía que montar los aparejos con los que pescarían Rubén y Campos.
 Después de un buen rato empatando anzuelos, cortando hilos, apretando plomos, etc, y tras montar mi Arcadia con su aparejo correspondiente, efectué el primer lance.
En ese momento, Pablo quedaba bautizado en la pesca del sargo, al sacar uno de estos espáridos.
La jornada parecía comenzar bien, pero aún había mucho tiempo por delante.
 Tras varias picadas fallidas por mi parte, mi hermano cambió de zona, para probar suerte desde un lugar elevado, ya que el mar golpeaba con fuerza por momentos.
 Aún quedaba mucho tiempo hasta la pleamar. Rubén y Campos seguían expectantes de sus respectivos corchos, pero las picadas no se producían.
 Con la ayuda de algún consejo que me había dado Pedro Batalha tiempo atrás, engañé a mi primer pez, que resultó ser una boga de mar.
Estas comenzaron a picar y saqué varias seguidas.
 El compañero Campos sacó otra boga más, por lo que ya sólo quedaba Rubén por estrenarse.
El tiempo transcurría y más bogas iban provocando el hundimiento de las boyas.
 Mi hermano, Pablo y Campos ya estaban pescando sentados, lo cual indicaba que el cansancio o el desánimo les había ganado la partida.
Todavía quedaba algo de tiempo antes de tener que subir y quizás con el cambio de luces, hubiera algo menos de desconfianza por parte de los peces.
 Pablo efectuaba sus últimos lances mientras el ocaso ya estaba cerca.
Dani plegó su caña y daba por concluida la jornada.
Mientras recogíamos los bártulos,  Rubén tubo una picada potente que puso a prueba su equipo.
El hecho de que su cebo tuviera poco calado, había provocado la picada de una lubina que navegaba por el lugar.
Al final mi compañero pudo hacerse con ella y de esta manera librarse del bolo en el último momento. Pero esto le costó un buen golpe tras una desafortunada caída.
Ya sólo restaba subir por la escarpada ladera y dirigirnos a un bar próximo a reponer fuerzas.

lunes, 16 de julio de 2012

De pesca con Pedro Batalha

Hace unos días recibí un correo electrónico del pescador portugués Pedro Batalha, al que algunos conoceréis por su blog Pescatuga.blogspot.com
La razón no era otra que una visita a Galicia por motivos de trabajo. Él quería aprovechar el fin de semana para pescar en alguna zona de la costa, así que le propuse algunas opciones, si bien la que más le satisfacía era la de intentar sacar algunos sargos.
Las condiciones no iban a ser nada buenas, ni la época la más propicia, pero Pedro quiso intentarlo de todas formas. Además, el día anterior se había encontrado con unos compatriotas suyos por la zona, los cuales no habían obtenido buenos resultados.
Llegó el día y como ya había comentado, las condiciones no eran nada buenas. Aguas muy claras, viento bastante fuerte del norte y un oleaje algo excesivo.
Desde arriba pudimos ver como algunos pescadores ya ocupaban los puntales, sin embargo, yo sugerí pescar en una zona más apartada.
Tardamos un buen rato en llegar al pedrero, en parte por la caminata y también por lo difícil de la orografía.
Y es que un traspiés en la bajada, se puede traducir en una caída de decenas de metros, por lo que no nos apuramos en el descenso.
Y con todo listo, Pedro comenzó a pescar en un lugar donde el mar entraba entre dos rocas.
Yo probé suerte muy cerca y tuve la primera picada de la jornada. Al acercarla me di cuenta de que se trataba de una boga de mar.
Poco después sentí una picada un poco más fuerte, sin embargo no se trataba de un sargo, sino de una aguja de mar. Tras la foto la devolví al agua para proseguir pescando.
Tras un rato sacando bogas, mi compañero sacó una chopa. Luego yo también saqué otra más.
Y nuevamente volvimos a capturar sendas chopas que volvieron al agua.
Los sargos no hacían acto de presencia, así que nos fuimos a una nueva zona.
Las gaviotas, animales oportunistas donde los haya, se movían cerca de nosotros, por si nos quedaba algo de cebo atrás.
La pinta del mar prometía, pero habría que arriesgar un poco, pues el mar estaba algo más fuerte.
De camino, tuvimos que andar con mucho cuidado. Unos centímetros de tierra nos separaban del abismo, así que nos tomamos nuestro tiempo.
Y una vez más, las bogas hicieron acto de presencia y forzaron nuestra salida hacia una última puesta.
Y aquí tampoco aparecieron los esquivos sargos, sino alguna boga más, que hizo que yo desistiera de seguir pescando.
Pedro probó suerte con un último lance, en el que colocó un pequeño cangrejo, sin embargo no hubo premio en un mar que hoy nos mostraba su cara menos generosa.
Recogimos los bártulos con calma y nos preparamos para la subida.
El calor del mediodía nos pondría a prueba, pero al final de la senda nos esperaban unas cervezas bien frías, para calmar la sed que durante la jornada había hecho acto de presencia,
Durante el ascenso hubo que hacer alguna parada, pues había tiempo por delante.
Una vez llegamos al bar, dimos buena cuenta de unas cervezas, para luego volver a casa pasando por algunas zonas de pesca de las rías bajas.
Tras un buen rato conduciendo, llegamos al hostal en el que Pedro se alojaba. Allí aún hubo tiempo de charlar de pesca un ratito.
He aprendido muchos trucos y un poco más sobre las técnicas y lugares de pesca del país vecino. Y Pedro descubrió un nudo que no conocía y que a buen seguro que le ayudará en sus salidas de pesca.

Desde este espacio quiero agradecer a Pedro su amabilidad y cordialidad, a la vez que también le doy las gracias por obsequiarme con un par de señuelos, que en breve espero probar.
Muito obrigado.