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lunes, 7 de noviembre de 2011

Arsenal pesado

Antes de nada quisiera darle las gracias a todos los seguidores de este blog, porque ya somos 100.
¡¡¡Gracias!!!


Después de que el temporal comenzase a remitir un poco, tocaba volver al pedrero.
Al llegar al lugar me acordaba del pescador que pocos días antes había fallecido cerca del lugar:
NOTICIA
Y es que los temporales suelen cobrarse alguna que otra víctima, ya sea por imprudencia o por casualidad.
En esta ocasión fuimos Diego, Rubén y yo, los que afrontaríamos la jornada matinal.
En la fotografía se puede observar como la arena expulsada por el oleaje, ha cubierto un buen tramo de la bajada a la playa.
Y como el día también presentaba una condiciones un tanto duras, nos decantamos por usar el señuelo más nuestro: el chivo.El chivo es probablemente el señuelo que ha sacado más robalos en nuestras costas, pues ya se lleva utilizando desde hace mucho tiempo y porque sus características permiten pescar en zonas y condiciones que otros señuelos difícilmente podrían hacerlo.Así que cogimos nuestros equipos para spinning pesado y nos desplazamos hasta la rompiente.
El reino de la espuma se extendía por toda la franja de costa, así que había que extremar las precauciones.Con lances que superaban holgadamente el medio centenar de metros, fuimos barriendo las zonas que a priori podían regalarnos con alguna lubina.
El viento del norte no me agradaba lo más mínimo, pero había que lidiar con lo que había.Con la jornada bastante avanzada, Rubén tuvo una picada que no se materializó.
Poco después gocé de la oportunidad de hacerme con la primera pieza de la jornada, pero la sorpresa y la lentitud de reflejos, dieron al traste con la captura.
Y es que todavía mostraba síntomas de la gripe que había padecido días atrás.Aquí os pongo una pequeña muestra de los señuelos que se utilizan en esta disciplina, si bien los chivos son los que se llevan el protagonismo.
Y aunque no soy muy asiduo de esta modalidad, he de decir que me encantaría sacar alguna pieza con este señuelo, por aquello de que fue gestado en esta tierra.El cuerpo ya comenzaba a mostar los síntomas inequívocos de cansancio. Hacer lances contínuos con señuelos de 100 gramos, es algo que no se puede soportar mucho tiempo, por lo que los descansos periódicos para cambiar de postura, se hacen muy necesarios.Busqué con ahínco la picada que me brindase la oportunidad de hacerme con una lubina, si bien el océano no parecía tener la más mínima intención.
A pesar de la vistosidad de la instantánea, el equipo permite al pescador, hacer los lances desde posiciones más o menos seguras.En otro de los lances, cuando el chivo tocó el agua, pude ver como un pez se sobresaltaba en la cresta de una ola.
Los contínuos lances ya habían hecho mella en nuestros brazos, por lo que no pudimos prolongar mucho más la jornada.
A pesar del cansancio, me fui contento, pues estuve a punto de saborear el éxito con el chivo. Sólo la constancia me proporcionará ese momento ... y espero que este llegue pronto.

Mientras tanto, deleitaros con este vídeo:

miércoles, 23 de febrero de 2011

Ya falta menos

Ayer por la tarde me acerqué hasta la costa, pues las previsiones no eran muy malas y podía intentar hacer algunos lances, pero una vez allí, me di cuenta que las malas condiciones se resisten a abandonar nuestras costas. Con un poco de suerte, este fin de semana la cosa estará más sosegada.Por la carretera de la costa pude observar como unos operarios estaban reparando los destrozos que el mar había ocasionado. En Baiona, gran cantidad de residuos orgánicos terminaron en aceras y paseos, debido al enorme tamaño de las olas.
Hace unos días, el viento dejó rachas de 158 kilómetros por hora y se generaron olas que alcanzaron los 10 metros de altura en la costa atlántica. La red de boyas de Puertos del Estado registró la ola más alta de España en Cabo Silleiro, con 18 metros.Busqué a lo largo de la costa un lugar en el que poder pescar, pues en tres ocasiones anteriores este no me dejó. Y esta sería la cuarta.
Con chivo sería factible pescar este mar, pero no llevaba el equipo que destino a esta modalidad.Había cortos espacios de tiempo en los que el mar parecía bastante calmo, pero era una ilusión efímera, pues sólo descansaba antes de comenzar a enviar grandes series de olas.
No debía arriesgarme de ninguna manera.Desde una zona cercana al faro se podía divisar el panorama de forma nítida, al igual que permitía hacerme una idea de las olas que derrumbaron el muro de la carretera.
Días atrás se formó un tornado en esta misma zona.No había nada que hacer, así que me dispuse a agotar el resto de la tarde visitando algunas zonas de interés.En un embalse cercano una garza real hacía su ronda en busca de alimento.
El nivel de este era muy bajo a pesar de las lluvias de días atrás, pero me temo que aquí ha intervenido la mano del hombre.Más tarde me fui a la caza de algunas fotos más y en esta ocasión tendría que ascender a uno de estos picos.El mar está a bastantes kilómetros, pero desde esta altura se percibe cercano y el día plomizo mostraba una enorme gradación de tonos grises.Una visón celestial fue la que capté justo antes de llegar a la cumbre, como si una deidad fuese a hacer acto de presencia.
El camino no se hizo duro, pues resultaba más fácil que las caminatas que realizo con mis compañeros de pesca por los pedreros.La niebla frustró mi intento de obtener una fotografía de la costa desde el punto más alto del lugar y la amenaza de la lluvia precipitó mi salida de dicho lugar.
En fin, que una vez más me vine con la ganas de pescar un rato, pero según las previsiones, ya queda menos para la mejoría.

martes, 21 de diciembre de 2010

¿Donde estáis?

Una vez en Bayona nos fuimos a tomar un café para calentar motores y acto seguido a buscar una zona propicia para comenzar la pesca.
Con poca luz todavía, nos detuvimos en varios puntos para observar el estado del mar y finalmente nos decantamos por una zona en la que teníamos diferentes configuraciones.
Comenzamos en una ensenada desde la que podíamos pescar con cierta comodidad, pero no hubo respuesta alguna por parte de los moradores marinos.
A continuación descartamos un lugar donde enormes olas rompían con fuerza devastadora y nos dirigimos a otra ensenada.
Por el camino divisamos algunos mújoles atrapados en las charcas que se forman con la bajamar. Estos son ideales para la pesca con cebo vivo, pero ahora tocaba spinning.Probamos suerte en la nueva ubicación, pero sin perder de vista a las incipientes olas que se perciben en la lejanía.
Una serie de olas nos hace salir a toda prisa del lugar y como máximos daños recibimos una leve mojadura.
Seguimos probando un poco más, insistiendo en las zonas más prometedoras.
Una nueva serie de olas se acerca, nos damos la vuelta para ponernos a resguardo, pero la espuma no nos deja ver donde pisamos y debemos aguardar un eterno segundo para ver la roca. Víctor se cae y raudo acudo a levantarlo. !!!Ahora ya es demasiado tarde¡¡¡ La ola me hace levitar sobre ella unas décimas de segundo, perdiendo todo contacto con algo firme, pero como una exhalación logro sujetarme a una roca con la mano libre. Giro la cabeza y contemplo con horror como mi compañero es arrastrado por una enorme masa de agua y yace flotando a merced de ella, pero al igual que yo logra tocar la roca del fondo y logra evitar que el mar lo lleve a una zona de mayor riesgo. Ambos nos ponemos a salvo a una distancia prudencial. Por suerte a Víctor no le entró agua en el vadeador. Se saca la chaqueta totalmente empapada y trata infructuosamente de encender un cigarrillo para tranquilizarse, pues el paquete se le había mojado también. Mi compañero está temblando, pero no de frío. Y yo respiro aliviado porque el desenlace no ha sido funesto.
Abandonamos el lugar con ritmo pausado y ponemos rumbo a una zona más calmada, desde la que poder afrontar el tiempo restante sin ningún sobresalto.Con las pulsaciones y la respiración normalizadas, retomamos la pesca.
El cielo sigue echándonos una mano, pues logra retener a la lluvia y no deja que el astro rey haga acto de presencia.Sin embargo comienza a soplar un viento muy frío, que obliga a taparnos algo más. Las manos comienzan a padecer por la humedad y la gélida corriente de aire.
Cambiamos una vez más de lugar y nos resguardamos del viento en una ensenada.
Contemplamos como una lubina sale de dicho lugar, donde presumiblemente ha dado caza a alguno de los alborotados mújoles que navegaban en las zonas más someras.
Pero no hubo fortuna y decidimos poner rumbo hacia los coches, haciendo algún que otro lance.
De vuelta nos encontramos a Antonio, que acababa de llegar a la zona. Esto hizo que me decantase por probar algún tiempo más, antes de irme a comer.
Después de despedirnos de Víctor, nos desplazamos hacia un lugar que ahora se encontraría con más agua y que con un poco de suerte nos podría proporcionar alguna captura.
Fue Antonio quién tuvo una buena picada a su chivo, pero por desgracia no se produjo el desenlace esperado.
De vuelta a los coches, le mostré a Antonio un pequeño mújol que capturé en una charca y le comenté las virtudes de este cebo, con respecto a otros utilizados para el mismo fin.Ya por la tarde, cambiamos de escenario y pusimos rumbo al norte. En esta ocasión, Antonio, Berto y yo, nos desplazamos hasta una zona de difícil acceso.
El objetivo era sacar alguna pieza, aunque últimamente no hay noticias alentadoras sobre las lubinas. Sin embargo los sargos parece ser que están saliendo en cantidad y calidad.
Después de una bajada sin ningún percance, fuimos tomando posiciones en las rocas.
Antonio optaba por el chivo, pues el mar estaba un poco pasado, mientras yo probaba un minnow que trabaja en una capa de agua más profunda.El mar aquí nos mostraba diferentes caras. Unas muy halagüeñas y otras que invitaban a dejar de lanzar para poner los cinco sentidos en lo que ocurría a nuestro alrededor.Estaba yo lanzando en un canal, mientras Berto hacía lo propio desde una atalaya un tanto expuesta a las olas.
De repente, percibo una expresión que viaja por el aire hasta mí. Es mi compañero que exclama: -!!Me cago en D...¡¡
Súbitamente una ola golpea con violencia, provocando un gran estruendo. Mientras Berto se agazapa, una enorme cantidad de líquido lechoso pulverizado se precipita sobre su espalda.
A continuación el exceso de agua se retira hacia el mar, momento que aprovechó él para ponerse en una zona más elevada.El arcoiris anunciaba la llegada de la lluvia, aunque esta se mostró tímida y cesó al cabo de un rato.
Buscamos con ahínco una captura, pero seguía sin aparecer.
En el canal en el que me encontraba pescando, percibí una silueta de lo que podría ser un sargo persiguiendo mi artificial, pues vino y desapareció de manera fugaz.El sol nos comunicaba que ya no quedaba mucho tiempo de luz, por lo que apuramos los últimos lances.
De todas formas habíamos sido precavidos y portábamos con nosotros unas linternas, ya que una subida a ciegas por aquí, es una temeridad.Con la derrota más que asumida, comenzamos el dificultoso ascenso.
La luna marcaba la dirección a seguir, pero era la luz artificial de nuestras linternas, la que guiaba nuestros pasos.
Bastó una pausa para hacer el recorrido completo y una vez junto a los coches, pudimos dar por concluida la jornada. Por suerte para nosotros, sin ningún percance, pues el susto matinal ya fue más que suficiente.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Robalo en el último suspiro

Después de varias semanas con temporales de viento, lluvia y nieve, por fin pude salir de pesca con unos compañeros.
Después de que Víctor hiciera las presentaciones (pues a Berto y a Antonio no los conocía), pusimos rumbo a la zona de pesca elegida.Una vez en la zona de Ribeira y tras tomar el café mañanero, nos desplazamos a la zona escogida.
Allí nos encontramos con un mar un tanto desapacible, pero pueden más las ganas de pescar que las caras que pueda poner el tiempo.
Antonio comenzó en una zona de rocas donde tuvo una picada con el chivo, pero la lubina consiguió soltarse del plomizo engaño.
Víctor y Berto comenzaron a prospectar la zona de la playa, mientras yo ultimaba mis lances en la zona de rocas.
La sucesión de olas era un disfrute para los ojos y mientras caminaba por la orilla, me detenía para tomar algunas instantáneas.
La playa en cuestión está enclavada en el parque Natural "Dunas de Corrubedo" y por eso un solo vistazo bastaba para pescar sosegadamente, en tan magnífico entorno.
Tras muchos lances infructuosos, decidí alcanzar a los dos compañeros que divisaba en la lejanía.
Una caminata de 15 minutos por la playa de fina arena, bastó para alcanzarlos.
Ambos compañeros se encontraban sobre unas rocas tapizadas por colonias de mejillones y de gusanos tubícolas.
No habían sentido la presencia de las lubinas, a pesar de que habían probado con diferentes señuelos.
Al cabo de un rato, Berto estaba peleando con una pequeña lubina, que había sido engañada con un pez artificial de buen tamaño.
La lubina siguió su camino después de que nuestro compañero la hubiera liberado del anzuelo.
Con dificultad, atravesamos una corriente de agua dulce y así logramos alcanzar un promontorio de rocas desde el que seguir pescando.
El mar aquí estaba un poco pasado, pero la lubina puede sorprendernos en las zonas menos esperadas.
Las sucesiones de olas cobraron mayor violencia con el inicio de la pleamar, pero a pesar de todo fuimos probando con distintos señuelos.
Ni chivos, ni minnows dieron resultado alguno, por lo que decidimos hacer algunos lances más, antes de volver a la zona inicial donde Antonio se encontraba.
Víctor no desistía en su afán por hacerse con una lubina en esta zona ...
... mientras Berto hacía lo propio cerca de allí.
Este es el curso de agua dulce cuya travesía fue dificultosa debido a la corriente y a que la arena estaba blanda, lo que provocaba el hundimiento de nuestras extremidades inferiores.
Tanto en la ida como en la vuelta, fue necesario hacer un pequeño descanso en medio de la corriente.
Dejamos atrás la masa pétrea, para ir vareando por la orilla, de camino al punto de partida.
No teníamos noticias de Antonio y queríamos saber si había tenido más suerte que nosotros.
Al fondo, donde termina la ondulante superficie arenosa, se divisa la duna móvil de Corrubedo, que es uno de los atractivos del lugar, junto con dos lagunas.
El sol que comenzó a asomar tímidamente entre las nubes, desplegaba ahora todo su fulgor y nos transmitía una sensación de cálido bienestar. Algo de agradecer, pues la previsión era que el viento soplaría del norte por la tarde.
Una vez nos reunimos con Antonio y tras unos lances más, decidimos ir a mirar unos lugares en los que pescar por la tarde y acto seguido irnos a comer.
Junto al faro, el mar estaba bastante bueno. Quizás válido para pescar sargos con boya, pero en ese momento tocaba irse a comer para reponer fuerzas y afrontar con garantías la tarde.
Por la tarde y tras una larga búsqueda, comenzamos a pescar en una zona de grandes rocas. El mar golpeaba con fuerza y había que andar con cuidado.
Probamos con los chivos en las zonas que aparentemente podía dar algún pez, pero no hubo suerte.
El estruendo de algunas olas rompiendo era ensordecedor y el viento fuerte nos animaba a caminar con cautela.
Víctor y yo nos dirigimos a una ensenada mientras Antonio y Berto se quedaban en la misma zona.
Tras una picada fallida por parte de Víctor y otra mía, mi compañero se percató de que en la ensenada había un gran número de mújoles.
!!Quién me diera un equipo de mosca en ese momento¡¡
Le comenté a Víctor que con un pequeño grub de vinilo podíamos capturar alguno. Y efectivamente pude capturar sendas lisas doradas y un mújol común, que me brindaron una bonita lucha.
Por su parte, Berto capturó una bonita lubina.
Cambiamos una vez más de lugar y nos dirigimos nuevamente al arenal.
El sol comenzaba su "descenso" y nosotros aprovecharíamos el cambio de luces para hacer los últimos lances de la jornada.
Descendimos por la pendiente, poniendo rumbo hacia la orilla y en mi cabeza se repetía la idea de que había que capturar una buena pieza en un lugar tan fantástico.
Una breve caminata y ya estábamos listos para el último asalto.
En esta zona, la pendiente de la playa era más pronunciada y la resaca de las olas era algo a tener en cuenta si queríamos evitar un susto.
Víctor divisó a Berto con su caña arqueada y la curvatura de esta indicó que el ejemplar que había al otro lado de la línea, era de buen porte.
Tras un duro combate, la fortuna se decantó del lado del pescador y nuestro compañero puso en seco al serránido.
La tensión del momento comenzaba a digerirse y el pescador posaba satisfecho ahora con el codiciado robalo.
Este momento culminada toda una jornada de búsqueda en este paradisiaco entorno.
Como disponíamos de unos minutos antes de que la oscuridad hiciera acto de presencia, apuramos los últimos lances sobre un mar muy desapacible.
No hubo respuesta alguna por parte de los hijos de Neptuno, por lo que ya sólo quedaba desmontar los equipos y poner rumbo al coche.