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miércoles, 22 de marzo de 2017

Otra vez más

Estamos en marzo y esto significa que tenemos una cita ineludible con las truchas.
Aunque cada vez dudamos más sobre qué escenario escoger para el primer día, al final, Luis y yo nos decantamos por el de los últimos años, aún a sabiendas que la cosa no sería nada fácil.
Además se nos sumaría Jose, el cual me había confirmado su presencia en aguas del embalse.
 Llegamos temprano, para tomarnos las cosas con calma.

Era 19 de marzo, San José y Día del Padre. Por ello no pudo evitar acordarme de la reciente pérdida de Jose. Me gustaba felicitarlo por partida doble, cuando la apertura coincidía el 19.
D.E.P. compañero.

Nos cambiamos y preparamos para la acción, no sin antes tomar un café y unos chupitos de licorcafé, que Luis suele aportar en estas ocasiones.
 Los primeros lances estábamos un tanto nerviosos, pero luego ya todo fluyó como el sedal por las anillas. Las truchas no hacen acto de presencia hasta bien entrada la mañana, en la que percibimos alguna picada.
 La primera oportunidad de hacerse con un buen truchón, es para Jose. Sin embargo, el pez se liberó del vinilo, llevándose la mitad del señuelo.
 Seguimos intentándolo hasta el mediodía, pero quizás no queríamos ver que esto ya no es lo que era.
En pocos años hemos pasado de un lugar privilegiado a todo lo contrario.
Ya hay algunas pintadas, que nos informan de este hecho y es que desde el año en el que emplearon herbicidas, la población truchera fue disminuyendo paulatinamente.
Un guarda nos informó que un pescador había capturado un ejemplar de unos 4 kilos de peso, el cual pasaba a engrosar la escasa lista de capturas.
Fue el peor arranque de temporada de mi vida, sin embargo, lo pasé muy bien en compañía de Luis y Jose.
 Ayer volví al embalse, pues Jose y un compañero de trabajo estaban por allí.
El balance fue malo nuevamente, pues sólo su compañero y yo, logramos engañar a un par de truchas.
 Nos encontramos con este black bass, encima de una mesa. Supongo que era un modo de protesta, respecto a que ahora, el embalse va aumentando su población de centrárquidos, en contra de la de salmónidos.

Por la tarde, Jose había quedado con otro compañero de trabajo, para pescar en un pequeño arroyo, bastante técnico.
Así que después de comer, Samuel, Jose y yo, nos fuimos para el río.
 En la zona intermareal, Jose engañó a esta trucha. Una pequeña pintona que sucumbió a la cucharilla que mi compañero le ofreció.
Digamos que la cosa pintaba bien, aunque todavía era pronto para emitir un juicio objetivo.
 Los tres fuimos avanzando con cautela y peinando todos los lugares susceptibles de albergar alguna trucha.
En la zona intermareal, pude ver una pequeña solla, que se asustó ante nuestra presencia.
 A medida que subíamos, el arroyo ganaba en belleza. La única pega para el pescador, es que tuviera más pintonas de las que íbamos localizando.
 Saqué esta tuchita en una pequeña poza, que se formaba por la acción de una corriente fuerte.
Momentos antes le había dicho a Samuel que lanzase donde yo lo hice, pero él no tuvo fortuna, quizás por el señuelo.
Jose aún tuvo opción de engañar otra pequeña trucha, antes de finalizar la jornada.
A pesar de que fue una salida exprés, esta me sirvió para ir cogiendo fondo para lo que viene más adelante.

sábado, 17 de mayo de 2014

Testarudez

El miércoles me fui con José Antonio hasta un río que teníamos ganas de visitar. Ya hacía dos semanas que se había abierto la veda, por lo que sus poblaciones piscícolas podían estar seriamente diezmadas, ya que en Galicia aún hay muchos pescadores que gustan de llevarse unas truchas para casa, cosa que no miro mal. Lo que ya es muy distinto, son los que se pasan cupos o tallas por la zona de la entrepierna. 
En todo caso, había ganas de visitar este río, porque siempre hay alguna sorpresa.
 Las primeras zonas para pescar no eran muy accesibles, pues este era el panorama durante un buen trecho de río. Orillas plagadas de bambú, tan tupido que no se podía intuir el recorrido del río.
 Inicialmente ambos empezamos con cucharilla, pero pronto opté por intentar sacar alguna pintona con un diminuto vinilo. Era un reto que tenía pendiente y me empeciné en llevarlo a cabo, desoyendo las sugerencias de mi compañero.
Mientras pescábamos, pude ver a un ejemplar de reo con síntomas de saprolegnia. Se podía percibir en el animal, que sus reflejos no eran iguales a los de un pez sano, sin embargo llegó a refugiarse bajo unas raíces cuando ya me encontraba muy cerca de él.
Mas arriba se confirmaron una sospecha que teníamos. El caso es que río abajo habíamos divisado lo que parecían "camas" de lamprea. Y este ejemplar parcialmente devorado, confirmaba que allí habitaban estos antiquísimos peces.
La tarde discurría sin capturas, aunque pudimos ver muchas truchas y algunas de buen tamaño.
El viento del norte no suele ser bueno en la pesca, pero en jornadas así es dónde hay que darlo todo para hacerse con alguna pintona.
Mientras vadeaba, pude admirar la natación de una pequeña solla, que huyó despavorida ante mi presencia.
Esta es una "cama" de lamprea. El pez retira los cantos rodados más grandes, dejando a la vista la grava más fina, junto con la arena.
Un trabajo meticuloso y laborioso, pero necesario en la perpetuación de la especie.
Tras muchos intentos, tuve la primera picada. Sin embargo no se tradujo en captura, ya que la trucha no se llegó a clavar en el anzuelo.
Me quedé con la miel en los labios, ya que sería la primera trucha con vinilo.
Un poco más arriba, divisamos una lamprea, que a priori parecía inerte. El caso es que si estuviera muerta, no podría ejercer el efecto ventosa con el que se sujeta a las rocas del fondo. Me disponía a cogerla con la mano para sacar una foto, cuando pude ver que los orificios que tiene a ambos lados de la cabeza, se abrían y cerraban. Cuando tomé el pez con la mano, este se escurrió por mi mano y comenzó a nadar río a bajo a una velocidad inverosímil y por la superficie. Algo que nunca esperaría de este pez. José Antonio y yo nos quedamos atónitos.
Esta escena la podéis mirar al final del vídeo.
Tras unas horas sin resultados, decidimos ir a reponer fuerzas. El río nos había ganado la partida y el reto de conseguir la primera trucha con vinilo, no se consiguió.
Pero las penas, se digieren mejor si el estómago lo tenemos lleno jejeje. Y esta pedazo de hamburguesa valió para que sólo nos quedáramos con las anécdotas de la jornada.
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El jueves nos desplazamos hasta el río Tea.
 Por mi parte, volvería a intentar sacar mi primera trucha con vinilo. La tarea no era fácil, pero aquí hay bastantes más peces; muchos de ellos de buena talla.
 Hicimos un alto en el camino para determinar la posición de las truchas y reos a lo largo del río, ya que hacía mucho calor para esta época. La mayoría de las truchas se situaban cerca del fondo, junto a pequeños cardúmenes de bogas.
 En las zonas de sombra, pudimos observar buenos ejemplares de fario, ideales para pescar con mosca. Próximamente habrá que echar mano de los equipos de cola de rata para hacerse con las primeras pintonas a mosca seca.
La jornada fue muy variada.
Divisamos mújoles, bogas de río, una solla, buenos ejemplares de trucha, reos e incluso un salmón, el cual se "bañó" muy cerca de mi posición.
En esta ocasión estuve a punto de conseguir mi objetivo, pues clavé una trucha con el vinilo, pero esta se liberó a escasos metros de mí.
Al final, me temo que dejaré de lado el reto durante unos días, porque se ve que aquí no están por la labor de echarse a por los vinilos jejeje.

          

miércoles, 27 de julio de 2011

Jornada de mar y río

Hace unos días volví a nuestro querido mar, para acompañar a Víctor, Miguel y Carlos en una jornada tras las lubinas.
Tras reunirnos los cuatro en el lugar acordado, tuvimos que buscar una zona donde se moviese un poco el mar, ya que la previsión no era muy buena.
Finalmente sugerí una zona donde miramos que había algo de rompiente y para allá nos fuimos.En el lugar observamos a varios pescadores, pero la costa es amplia, por lo que pescaríamos sin problemas de espacio.
Al segundo lance una lubina pequeña se prendió en mi sasuke y en pocos segundos ya posaba para la foto.Y casualmente, Víctor también capturó una lubina al segundo lance. Él utilizó un lucky craft sea finger de gran tamaño que desató el instinto depredador de la reina de la espuma.Miguel se aventuró en una roca aislada y recibió una severa mojadura, pues había ocasiones en las que el mar rompía con fuerza.
Por suerte estos casos suelen ser motivo de bromas entre compañeros, pero uno nunca puede bajar la guardia.A continuación fue Carlos quién puso en seco a otra joven lubina. Parecía que el lugar era propenso a recibir las visitas de las lubinas, por lo que mis compañeros insistieron en el lugar.
Yo sin embargo busqué nuevos escenarios y me aventuré en la lejanía, pero sin perder de vista a los demás.El resto de la mañana fue discurriendo sin actividad por parte de los peces, aunque uno de los compañeros había capturado una aguja.
El sol se despertó y fue buscando su posición natural en el celeste techo del que gozábamos esa mañana.Con este panorama, perdimos toda esperanza de hacernos con algún pez más, por lo que nos fuimos a tomar un tentempié.Por la tarde mi hermano me llamó para ir a pescar al río con él y con Antonio.
Llegué a media tarde pues las temperaturas eran bastante altas y no tenía intención de pasar calor.
Mi hermano me sugirió que me acercase hasta el puente, pues se divisaban algunos reos de buen porte, pero yo me limité a preparar las cosas para comenzar a pescar. Dani y yo lo intentaríamos con la mosca, mientras que Antonio probaría suerte con el spinning.
En la primera tabla en la que íbamos a pescar mi hermano y yo, nos encontramos a un hombre navegando con un kayak, pero al poco de vernos vadeando, se arrimó a la orilla y se marchó.
Dudábamos si en el río se permitía la navegación, pero con el kayak fuera del río, proseguimos pescando sin mayor preocupación.Tras un par de ataques fallidos me hice con la primera captura, pero curiosamente no fue una trucha sino un cacho el que tomó la mosca.
Poco después otro ejemplar de la misma especie se prendió del anzuelo y entonces me planteé la posibilidad de que esa iba a ser la tónica general de la tarde.
Durante el vadeo, mi hermano logró avistar una solla que salió apresuradamente del lecho del río, pues estas se camuflan muy bien en los fondos arenosos de las zonas intermareales. Pero afortunadamente todo cambió cuando capturé sendas truchas en un pequeño espacio de río.
Con la bajada del sol, estas habían entrado en actividad, pero desconocíamos lo que estaban comiendo.
Pensamos en las emergentes de tricóptero, pero yo seguí con la mosca seca, pues la espectacularidad de la tomada, hace que la consecución de la captura tenga un sabor más dulce.Mi hermano también se estrenó con las capturas en esta tabla que finalizaba en una zona que no se podía vadear.
Tuvimos que salir del río para proseguir la pesca y junto con Antonio, nos fuimos a una zona de corrientes.
Nos encontramos a un pescador de cebo pescando en estas corrientes y por lo que pude ver, este lo hacía con cebo natural.Pescando en las corrientes observé la cebada de una gran trucha que se precipitó hacia el medio aéreo para tomar un insecto.
Me quedé con su ubicación, pues intentaría engañarla poco después.
La luz había descendido notablemente y ahora los peces eran más vulnerables. En poco tiempo tuvimos varias picadas y conseguimos sacar alguna trucha más.
Cuando ya no podíamos ver la mosca, decidimos poner punto y final a la jornada y así pusimos rumbo a casa.

domingo, 1 de mayo de 2011

Vamos a por reos

Antes de nada quiero dar las gracias a todos los lectores del blog, porque con vuestra participación hemos pasado de las 100000 visitas. Mi otro blog (Mosqueados), va camino de las 50000 visitas, lo que me indica que a la mitad de la gente a la que le gusta la pesca, pues le gusta el cachondeo jejeje ¡¡Muchas Gracias!!

Hoy es un día especial. En primer lugar por ser el día de la Madre y en segundo lugar, porque se abre la veda para el reo y el salmón.
En mi caso, me fui con mi amigo Luis a la búsqueda del príncipe de plata, pues el rey del río no abunda por nuestra zona.

Las 5:10 am. Suena el despertador, desayuno y me voy al punto de encuentro. Una vez allí espero a que llegue mi compañero.
Las 7:35 am. Comenzamos a pescar en un par de pozos, pero la falta de picadas hace que nos marchemos a la zona intermareal. Allí nos encontramos con Jose, el cual se une al grupo.Con las primeras luces, capturamos alguna trucha de las pueblan la zona intermareal. Estas truchas suelen ser bastante fuertes y siempre nos regalan una bella lucha.
El grupo se disgrega momentáneamente y Luis captura el primer reo de la jornada. Este se había llevado la cesta por si salía uno de buen porte, pero el que capturó no daba la talla mínima por lo que lo liberó de inmediato.Un buen mújol se quedó prendido de mi cucharilla y me brindó un rato agradable, pues con una caña de acción 1-7 gramos, la diversión está asegurada.
Y precisamente aferrado a uno de estos mújoles, venía una lamprea que mis compañeros divisaron desde una posición elevada.
En la zona intermareal me picó algún reo de pequeñas dimensiones, que se soltó sin demasiados problemas.Ascendimos río arriba y comenzaron a salir algunas truchas. La mayoría eran de poco porte, pero esta es la tónica general de los últimos años.Nuevamente los pescadores se quejaban de la falta de truchas grandes, pero está claro que si no se les deja crecer, difícilmente nos encontraremos con peces de porte. Paradójicamente, los que más se han quejado, son los que no practican una pesca responsable, pues sólo se preocupan de llenar las cestas mientras hay truchas de talla legal o rozando el límite.
A media mañana, nos encontramos con Lolo, un amigo pescador de cebo que venía con la caña plegada, pues ya se había dado cuenta de que la cosa no pintaba bien. Y poco después nos despedimos de Jose, quien aprovecharía el resto del día para ir a pescar al mar.Durante el ascenso, íbamos hablando con Lolo y sacando truchas de escaso porte y sin haber desplegado la caña, este se marchó también.
El río ya presenta un caudal bajo y las cicutas se adueñan de parte del cauce, lo que dificulta el ejercicio de la pesca. Si bien, para los pescadores experimentados en el lance, no supone un reto excesivo.En la zona media del río, fuimos capturando alguna trucha de mayor porte, pero no acertábamos a mirar alguna de las que antaño nos hacían contener el aliento.
Mi experiencia me decía que no las había, pues el día era más que propicio para la pesca.La vegetación era espesa por momentos, pero sabemos que en las zonas más inaccesibles, la gente no suele probar fortuna, pero nosotros si.Ya estamos muy curtidos en salvar obstáculos y mientras haya un resquicio por el que avanzar, nosotros lo haremos. Quizás pueda parecer ilógico hacer un sobreesfuerzo, pero por lo general, las zonas de cierta dificultad esconden los tesoros más preciados.El río se volvía a abrir y tanto Luis como yo, rememorábamos las pescatas que años atrás realizábamos en estos ríos de poca entidad. Son ríos técnicos, en los que el buen hacer tiene su recompensa.En una jornada te puedes encontrar con libreas muy dispares, pero esto es bastante común en los ríos gallegos. Las truchas de las partes bajas, difieren bastante de las que pueblan las cabeceras y las que habitan en lechos de arena, poco se parecen a las que están próximas a las raíces de los árboles de las riberas.Las aguas claras fueron un poco en contra de los intereses de los pescadores de cebo, pero la lluvia amenazaba con hacer acto de presencia, por lo que la situación se podía invertir.Las aguas más oxigenadas y el lecho de rocas más grandes, nos indicaban que ya estábamos próximos al curso alto del río.
Disponíamos de poco de tiempo antes de irnos a comer, por lo que nos dedicamos a pescar las zonas más prometedoras.Bajo los grandes helechos reales, las truchas tienen refugio y comida, pues son muchos los insectos que pululan por las hojas de esta planta y que por descuido terminan en el agua.
Una vez allí, las truchas darán buena cuenta de ellos.Ya casi eran las 2:00 pm, por lo que apuramos los últimos lances ...... en este bello entorno. Sólo nos quedaba desear que todas las truchas que hemos liberado durante la jornada, puedan llegar a procrear y así poder invertir la situación en la que están quedando muchos cauces de nuestra geografía.Después de comer, me marcharía hasta otro río, en el que las probabilidades de encontrarme con los reos, eran sustancialmente mayores. Al salir de casa divisé unas nubes de tormenta y cuando ya estaba de camino, una descomunal tromba de agua comenzó a caer, por lo que decidí dar la vuelta y marcharme para casa. Durante la vuelta observé los primeros rayos y ya desistí de esperar a que parasen. Antaño he hecho buenas pescatas con tormenta, pero hoy no estaba por la labor. Quizás sea cosa de la edad, que me hace ser más precavido.