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viernes, 23 de junio de 2017

Madagascar día 5: Récord de profundidad

Otro día nuevo en el paraíso. La única rutina es la de desayunar, pues a la hora de pescar, puede ocurrir cualquier cosa jejeje.
Tras llenar el estómago, nos hacemos a la mar.
 Con las plumas sacamos algunos pequeños túnidos, que nos valdrán como cebo.
Entonces, Ludo nos pregunta por la jornada, y nos da a escoger entre dos opciones.
La primera es la de quedarnos cerca de la costa y seguir pescando especies conocidas.
La segunda consiste en alejarse mucho de la costa e intentar pescar algunos peces pelágicos.
 Se escoge la segunda opción, por ser muy atractiva para el documental.
De esta manera tendríamos la oportunidad de pescar el codiciado dogtooth tuna o atún dientes de perro.
De camino al pesquero, observamos una ballena jorobada. Me hubiera gustado verla de cerca, pero Ludo dijo que estábamos con la pesca, así que no hubo opción de acercarnos.
 Después de una larga travesía, de más de una hora a toda máquina, llegamos a la primera zona.
La profundidad de 150 metros no invita demasiado a empezar con el jigging, pero hay que intentarlo.
En esta ocasión también Ludo pescará, ya que con tanta profundidad, perderemos mucho tiempo en las derivas.
Y de esta manera, Ludo clava un gran pez que se va para el fondo irremediablemente. En este caso no hubo opción, lo cual me hizo pensar en los grandes peces que habitarían allí abajo.
 Poco después, Hür repite la situación. Un enorme pez que se fue para el fondo. La diferencia es que este no cortó el terminal. Todos paramos de pescar para ver lo que ocurría. Tras un par de minutos sin respuesta, Ludo mueve la embarcación, para luego coger la caña.
El pez parece que se desenroca y comienza a tirar nuevamente ... la caña se arquea de manera bestial ... no tenemos nada que hacer ... al final se corta el bajo y se pierde el pez.
Ludo nos comenta que podía tratarse de un grouper de 200 ó 300 kilos.
 Una fugaz pajarera nos sirvió para capturar una bacoreta más, que podía hacer falta en algún momento del día.
 Volvimos al jigging con jigs de 200 y 250 gramos. Señuelos que llegarían con ciertas garantías, a las profundidades requeridas.
Así logré sacar un magnífico ejemplar de rosy jobfish o rusty jobfish. La boca de este pez era tremenda, por lo que el jig era un bocado mínimo, pero que no dudó en atacar.
 Mis compañeros desistieron de seguir pescando, ya que el esfuerzo físico era agotador.
Nos quedamos Ludo y yo, tratando de hacernos con algún pez más.
Nuestro guía logró capturar esta serviola o amberjack, recuperándola en un tiempo récord, para después descansar del esfuerzo.
 Ahora estábamos situados en fondos de 200 metros e iba a pesca yo sólo, con todos los compañeros alrededor.
Walter me animaba, desde su asiento. Eso me bastaba para no desfallecer en el intento.
Había que lanzar el jig hacia un lado, para que llegase al fondo, con la embarcación en la vertical.
 Y cuando la deriva se hacía bien, la picada no se hacía esperar.
Recuperar un pez desde tanta profundidad, no era tarea fácil, así que iba dosificando las fuerzas a mi manera.
Ludo volvió a la carga, tras un buen rato. Y parece que me vino muy bien su compañía, ya que hicimos un doblete. Yo capturé este bello bohar snapper.
 Y Ludo sacó un pequeñísimo grouper, que provocó en mi unas carcajadas.
Bromeé con su captura, simulando que el snapper se lo comía jejeje. Fue una situación muy cómica.
 Cuando ya llevábamos varias horas, paré a descansar. Había que hidratarse y comer algo, pues el desayuno ya lo había "quemado" con la primera captura jejeje.
 Ahora pescábamos en fondos de 175 metros.
Aquí Ludo se hizo con otra serviola o amberjack, después de perder un pez poco antes.
 Mientras el jig se iba hacia las profundidades, me daba por silbar, ya que este tardaba sobre un par de minutos en llegar al fondo.
Esta pesca era mucho menos intensa de la de los días anteriores, pero la recompensa podía merecer el esfuerzo.
 Nos desplazamos a una nueva marca, que es donde Ludo esperaba que se capturase algún atún dientes de perro.
!!! Fondos de entre 240 a 250 metros ¡¡¡
Tenía que lanzar el jig a unos 20 metros, para hacer la deriva correctamente. De otra manera, el jig no se movería de manera óptima.
 En una de las muchas pasadas, el jig llega al fondo ... comienzo la recogida ... en un suspiro ... pica un pez ... !! Clavo ¡¡ y doy un cachete de propina ... pierdo el contacto ... recupero línea y lo siento al otro lado de la línea. Ahora comienzo a recuperar trenzado, con la caña bajo el brazo.
1 minuto: recuperando línea sin parar.
Un poco antes de los dos minutos, el pez viene hacia la superficie y recupero línea.
2 minutos: el pez empieza a sacar línea.
No puedo pararlo, así que aguanto. En cuanto se detiene, apoyo la caña en la ingle y comienzo nuevamente.
3 minutos: sigo "bombeando" sin detenerme.
4 minutos: prosigo con la recuperación. 
El bajo de línea llega al carrete y diviso al pez.
5 minutos: Manuel mete al pez en el barco y exclama !! DOG TUNA ¡¡ 
!! La alegría me envuelve ¡¡
!!! 5 minutos casi sin parar ¡¡¡
Exhausto por el combate, alzo los brazos en señal de victoria y grito !!! Otro pez ¡¡¡
Todos me felicitan, pues era la especie que nos faltaba en esta expedición, dada la época en la que nos encontrábamos.
 !!!! DOGTOOTH TUNA A 240 METROS ¡¡¡¡
El pez sangraba bastante por el labio, a causa del anzuelo.
Entonces Ludo nos comentó que este pez era una auténtica delicatessen, por lo que nos lo llevaríamos para cenar.
 Después de este hercúleo esfuerzo, me quité la gorra, las gafas, la braga (del cuello jejeje) y los guantes.
!! Estaba cansado de verdad ¡¡ !! La primera vez en todo el viaje ¡¡
Me encontraba como un piloto de F1, tras una carrera.
En cuanto recuperé el aliento, me vine arriba y bromeé un poco con mis compañeros.
 Sin mucho tiempo para descansar, volví a la tarea y esta vez, con la compañía de mi amigo Walter.
Sabía que mi compañero iba a enfrentarse al reto de las profundidades, así que, codo con codo, nos pusimos a ello. 
 Tras muchos minutos, volvimos a tomar otro respiro.
Comíamos más plátanos que los monos, ya que se trataba de una especie de pequeño tamaño, pero muy dulce. !! Los plátanos más ricos que había comido ¡¡
Después, unos tragos de agua fresquita y a proseguir.
 La profundidad era todo un reto para nosotros y en vista de que no había mucha actividad, nos fuimos hacia una zona de menos calado. De camino a la nueva ubicación, divisamos una enorme mantarraya, muy cerca de la superficie. Fue una visión espectacular de un animal majestuoso.
En fondos de 100 metros ya era mucho más fácil pescar, así que nos pusimos manos a la obra.
Y no tardé en hacerme con este bello bohar snapper, que me supo a gloria, pues tiró con fuerza hacia el fondo.
El último pez de la jornada fue este precioso goldband snapper. Un pez que no me dio mucha guerra, pero que me sorprendió por sus colores dorados.
Por delante teníamos muchos minutos de travesía, así que dimos por finalizada la jornada.  Tocaba recoger los equipos y poner rumbo a tierra firme.

Llegamos en plena noche al campamento, así que nos duchamos y luego nos fuimos a cenar, con los compañeros italianos y con unos pescadores turcos que llegaron para pescar los siguientes días.
Algo raro ocurrió cuando llegamos junto a los demás, ya que me dijeron que yo debía presidir la mesa. Acepté de buena gana, porque no tenía que girar la cabeza para hablar con los demás jejeje.
El caso es que el dogtooth tuna que había capturado, lo sirvieron crudo, con una salsa de soja y algún condimento más.
!!Estaba sabrosísimo¡¡ !!Todo un manjar¡¡
Finalmente supe el porqué de que yo me sentase en la cabecera de la mesa.
Thierry se levantó para decir unas palabras. Comentó que la velada era muy agradable por tener a gente tan variada y que la degustación del atún dientes de perro, me la debían a mi. Y que dicha captura la había conseguido a 240 metros de profundidad.
En ese momento todos aplaudieron y yo me vine arriba, alzando nuevamente los brazos en señal de victoria. Y en ese momento, Thierry se quedó un poco en blanco, no sabiendo que decir, así que se echó a reir.
Entonces le pedí que repitiese las palabras en italiano, turco y gallego, lo cual propició las risas de todos los demás jejeje.

La anécdota de la velada llegó cuando Ludo sacó la botella con el licor de escolopendra. La mujer de uno de los italianos la miraba con asco y repulsión. Los asistentes alzaban la botella para ver los bichos de su interior, pero la iban pasando. Cuando llegó a mí, me serví un poco y me lo bebí ... la mujer se echó la mano a la boca y apartó la mirada inmediatamente. Pensé que iba a vomitar jejeje.
Yo por suerte, ya tenía el paladar acostumbrado jejeje.

CONTINUARÁ ...
Un agradecimiento especial para el equipo de Karan, por hacer posible este sueño.

domingo, 11 de junio de 2017

Madagascar día 3: Variedad de peces

Se inaugura otro día en el paraíso.
Tras  preguntarle a Walter cómo se encontraba, nos vamos a desayunar bien, para mantener el cuerpo con reservas de energía.
Antes de zarpar, me voy a la playa para hacer unas fotos.
En unos minutos ya teníamos todo listo para salir de pesca, así que pusimos rumbo a nuestra primera parada.
Tras hacernos con algo de cebo, comenzamos con el jigging a unos 70 metros de profundidad.
La suerte hizo que tuviera una picada brutal en los primeros intentos. Inmediatamente pensé en un GT. !!Qué manera de tirar¡¡
Traté de separarlo del fondo con éxito ... aunque volvieron las carreras ... volví a recuperar línea, mientras me daba una tregua. Los cuádriceps me dolían, cuando me apoyaba con ellos contra el casco del barco, pero tenía que aguantar.
Una cosa era pensarlo y otra hacerlo, porque la espalda también se sumaba a las quejas.
Con unos minutos más de lucha, al fin pude ver su impresionante silueta, emergiendo del fondo.
!!Magnífico giant trevally para comenzar la jornada¡¡
Después lo devolví a su medio, para continuar con la pesca.
!!Esta captura me había puesto como una moto¡¡ jejeje
 Poco después capturé este mero o grouper, que en estas aguas llegan a tamaños bestiales.
Es un pez que se desenvuelve muy bien en las zonas de coral, dado que sus tonos están adaptados a este entorno.
 El siguiente en tocar escama fue Hür con este bonito blood snapper.
Hasta el momento fue la especie más abundante en Madagascar.
 Con una pequeña bacoreta, Hür logró capturar otro mero, lo cual me hizo pensar en que estábamos en una zona propicia para ellos.
Sería cuestión de intentarlo, para dar con uno mucho mayor.
Cada "bocado" que ofrecíamos, podía ser recibido por varios peces, lo cual nos hace pensar en la cantidad de peces que conviven en esta zona del planeta. !!Todo un paraíso¡¡
Y siguiendo con los meros, volví a sacar otro. En esta ocasión un red grouper que me alegró mucho la mañana, pues su colorido era espectacular.
Además se defendió de lo lindo, dado que su volumen era superior al de los anteriores.
Algo más tarde, el freno del carrete de Walter comenzó a emitir "música celestial", a coro con la salida del trenzado por el guiahilos. "Algo" muy grande estaba al otro lado de la línea.
La caña se doblaba violentamente, pero mi compañero no cedía ni un ápice ... tenía que aguantar las arrancadas del pez.
Con esfuerzo, comenzó a cobrar línea, y de esta manera, acortar distancias con el oponente.
Más el pez no se doblegaría con facilidad, así que vuelta a sacar hilo ... y vuelta a recuperar trenzado.
Fue así como, tras unos minutos, Walter se hizo con este bello GT, que provocó la alegría en la tripulación.
Con los signos inequívocos del cansancio en su rostro, mi compañero le agradeció al pez su pelea, pues le había brindado la oportunidad de medirse a un rival muy potente.
 Pero la cara de mi amigo se tornó alegría y satisfacción, por haberlo logrado.
Ya sólo quedaba soltarlo y que volviese a su vida en libertad.
Walter elevó sus brazos en señal de victoria, para luego tomarse un descanso.
Nuevamente, Hür logró poner en seco otro bonito grouper.
 El cinturón de combate le estaba facilitando la tarea de luchar con los peces, ya que nuestro compañero tenía molestias en la espalda.
Cambiamos de zona, para situarnos en fondos de hasta 100 metros.
Aquí hacían falta jigs de más peso, para que llegasen con rapidez a las profundidades.
Desde el abismo saqué este bello bohar snapper, que me dio su guerra para ganarle la partida.
No sé si es que tenía la suerte de cara, pero volví a clavar otro pez en poco tiempo.
Este también presentaba una pelea potente, por lo que pensé en un rival de cierto porte.
A su vez, Walter trataba de sacar otro pez que le había picado casi al mismo tiempo que el mío.
Lo que no me imaginaba, es que cuando viera a mi pez sobre el suelo de la embarcación, iba a exclamar: !!!!Qué bonito, chaval¡¡¡¡ !!!!Que bonitooooo¡¡¡¡
Se trataba de un buen ejemplar de bluefin trevally, que con su coloración espectacular me había generado un sentimiento de júbilo, indescriptible.
Walter a su vez había sacado un longnose emperor. Otro de esos peces que a la hora de defenderse, sabe muy bien como hacerlo.
Liberamos a la vez sendos peces, para luego abrazarnos por el doblete tan espectacular que habíamos logrado.
En otro lance, tuve la fortuna de hacerme con otra especie, ciertamente bella, pues presentaba un punteado dorado, por encima de la línea lateral.
Los familiares de los GT´s eran mucho más coloridos, si bien no tan luchadores como los primeros.
Este gold spotted trevally recuperó su libertad, tan pronto lo desanzuelé.
Era el turno de Walter, y esta vez repitió con otro emperador.
Sus libreas cambian bastante, lo cual me hace pensar que se adaptan al entorno en el que viven, al igual que los meros.
Y hablando de meros, pues fue lo siguiente que saqué en la mañana. Un baby grouper que se prendió de un enorme anzuelo, montado sobre un jig bien grande. En ese momento supe la clave para que lleguen a tamaños tan grandes ... se comen todo lo que les cabe en la boca jejeje.
El pez más abundante en la expedición, volvía a hacer acto de presencia.
Hür capturaba su enésimo blood snapper, el cual posó para la cámara, antes de volver al agua.
A mí me tocó un emperador o emperatriz, que tuve que subir desde bastante fondo.
Este ejemplar presentaba unos colores muy vivos en la comisura de sus labios.
El hecho de tener la boca muy adelantada en la cabeza, hacía que fueran los peces que menos se dañaban por la captura.
Llevábamos una mañana imparable, hasta que se produjo "LA PICADA".
Hür se topó de frente con un gran pez, que le hizo sudar la gota gorda.
Nuestro compañero trató de poner agua de por medio entre el pez y el fondo. Y en un momento en el que Hür elevó la caña, el pez tiró con violencia, partiendo la punta de la caña.
Aprovechando este hecho, el pez debió alcanzar una zona en la que se libró del anzuelo.
Fue un palo muy duro, pero debíamos continuar.
Sabiendo que por la zona rondaban grandes tiburones, no pude dejar de pensar en que quizás fuera uno de estos depredadores, el que había provocado la rotura de la caña.
Cambiando de zona, divisamos una tortuga verde que había subido a la superficie para tomar aire.
En su vientre portaba dos "inquilinos" de los que no pagan alquiler jejeje.
La caña de Walter anunciaba que había que salir al ruedo nuevamente.
Tenía que ser un pez de porte, porque la caña se doblaba a gusto.
Después de un rato pudimos ver que se trataba de un longnose emperor, el cual sólo se había pinchado el paladar con el anzuelo, sin llegar a clavarse la muerte de este. El buen hacer de mi compañero, sin perder la tensión, hizo que el pez llegase a la superficie.
Así que liberé al pez fácilmente, sin izarlo a bordo.
Justo antes del parón para comer, Walter sacó este blood snapper de frente protuberante.
Tras soltarlo, Manuel dispuso todo para comer.
Como de costumbre, la comida era exquisita, por lo que la degustaba gratamente,  aunque esta vez tuve un sobresalto.
Habíamos dejado una caña con un trozo de carnada, de manera que este se moviese cerca del fondo.
Mientras comíamos, la caña anunciaba que teníamos un pez. En vista de que mis compañeros no estaban por la labor, la cogí rápidamente y clavé con decisión, por si el pez no estaba bien afianzado.
Unos minutos después, terminaba la lucha con este bonito ejemplar de longnose emperor.
Después de liberarlo, seguí comiendo como si nada, lo cual hizo reír a Ludo.
Una vez terminamos de comer, nos tomamos el pastis (anís de Marsella) y volvimos a la carga.
La fortuna hizo que Hür clavase un pez tremendo. Sin embargo, no sé si fue el hecho de faltarle un trozo a la caña, que el pez se defendió con cierta comodidad, hasta que logró soltarse.
Una pena, porque seguro que se trataba de otro pez enorme.
La pesca continuaba, hasta que otra pieza se quedaba prendida de mi jig.
El procedimiento fue el de otras veces, aunque esta vez se producía una nueva situación, de la que nos percatamos cuando el pez ya estaba junto a la embarcación.
Un tiburón de puntas blancas había seguido al longnose emperor que estaba en apuros. A pesar de ello, pude sacarlo del agua antes de que lo atacase.
Era un ejemplar de algo más de 2 metros, que pasó cerca de la embarcación, por lo que Rafa pudo grabarlo con su cámara.
Tras una pasada, se fue hacia las profundidades. En ese momento liberé al pez, que también regresó a la seguridad del fondo.
Haciendo jigging, clavé accidentalmente este pequeño GT, que mantuvimos en un cubo con agua, por si no se recuperaba.
El hecho de que haya varios peces junto al señuelo en alguna recogida, hace que esto pueda ocurrir.
En una nueva deriva sobre fondos de 100 a 110 metros, Walter clavó algo potente.
Y digo potente porque el pez sacó hilo y no dejaba que la caña recuperase su forma de reposo.
Mi compañero sabía como cansarlo, así que trabajó al pez para que la captura se materializase.
De vez en cuando miraba de reojo, pues ya llevaba un buen rato con él, aunque 100 metros son muchos metros.
Tenía la costumbre de ver la profundidad en la sonda, pues así podía calcular cómo efectuar la deriva.
Al final Walter se hizo con este magnífico grouper entrado en kilos. Otra captura para mi compañero, que no dejaba de sorprendernos en cada jornada.
Para descansar un poco del jigging, nos pusimos a pescar con cebo.
Un pez un tanto "extraño" picó esta vez, ya que su comportamiento era diferente al de otros anteriores. Percibía como golpeteos en la línea, así que me pregunté qué sería.
Se trataba de un pequeño tiburón de puntas blancas, que me disponía a subir. Cuando iba a cogerlo, Manuel me dijo algo que entendí como !!No, no, no¡¡. Fue él el encargado de cogerlo y liberarlo. Lo hizo rápidamente, pero antes de soltarlo, le dio unos golpes con el alicate en el morro. Supongo que era algún tipo de ritual para que no volviese a picar, o al menos, eso me pareció.
Cuando ya me había recuperado un poco, volví a las profundidades, usando los jigs.
En una de las derivas, tuve una picada de lo que supuse que era un pez pequeño.
Se trataba de un rosy jobfish o rusty jobfish, de colores rojizos muy bellos.
A continuación, picó otro tiburón de puntas blancas, el cual llegó muy encabritado. 
Este hecho hizo que fuera más recomendable cortar el hilo, para no tener un percance.
Con la tarde avanzada, unos compañeros de Ludo se acercaron hasta nuestra posición.
Cuando su embarcación estaba próxima a la nuestra, nos mostraron un estupendo ejemplar de giant trevally. Ludo respondió tirándoles una bacoreta jejeje.
Después oxigenaron bien al pez y lo devolvieron a su medio.
Está claro que con esta forma de entender la pesca, los recursos piscícolas apenas se resienten.
A última hora de la tarde, apareció nuevamente, un pez que habíamos visto de manera fugaz en la primera jornada. Se trataba de un rainbow runner (corredor del arcoiris).
La silueta es muy diferente a la de los demás peces, pues se mueve en las capas superficiales del océano.
Sus colores son muy bonitos y su cola muy singular.
Tras una breve observación, Hür lo echó al agua.
 Poco antes de marcharnos, tuve la fortuna de capturar una nueva especie.
Un blacktip trevally que picó a bastante profundidad, pero que no tenía tan "mala leche" como sus primos GT´s jejeje.

 El día de hoy fue particularmente agradecido conmigo, pues capturé 10 especies diferentes. Esto fue propiciado por dos motivos. El primero es que mis compañeros no estaban al 100%. Walter tenía la espalda tocada y las manos destrozadas, a causa de las cañas, mientras que Hür también flaqueaba de la espalda. El segundo motivo, es que Walter me animaba en todo momento. El hecho de que mi amigo confiase en mi fortaleza, me motivó aún más.

CONTINUARÁ ...

Un agradecimiento especial para el equipo de Karan, por hacer posible este sueño.