sábado, 10 de noviembre de 2012

Lubinas y premoniciones

Hoy tocaba volver a por las esquivas lubinas y para ello quedé con Marcos un poco más temprano que la última vez.
El cielo nos recibió con un manto grisáceo que presagiaba la llegada inminente de la lluvia, sin embargo pudimos enfundarnos el vadeador y comenzar la jornada con tranquilidad.
 Mientras pisaba la arena de la playa, le comenté a mi compañero: -Voy a sacar una al primer lance.
Erré en la previsión, pero por poco, ya que fue al segundo lance cuando clavé esta lubineta. Además fue engañada con un Yokozuna Montero 165 F, que estrenaba en ese momento.
La liberé sobre la misma arena que la había recibido y seguimos pescando.
 Nos desplazamos algunos metros, hasta unas rocas próximas y fue Marcos el que sintió la picada de un pez al otro lado de la línea.
 Se trataba de otra lubina que encontró irresistible este señuelo de la marca Lucky Craft.
Foto y para el agua con ella.
 Casi sin tiempo para la reacción, mi compañero repetía con otra captura.
Nuevamente era una lubineta que siguió los mismos pasos que su compañera, una vez tocó el agua.
Una nueva picada, esta vez fallida, hizo que Marcos no pudiera obtener el hat trick, al menos por el momento.
Llegamos a una pequeña ensenada y Marcos me dice: -Voy a sacar la que hay aquí.
Dicho y hecho. Otra lubineta que encontró irresistible el pequeño minnow de Lucky Craft.
Caminando por las rocas, nos encontramos con una poza de un metro de profundidad, tapizada de algas y que la marea se encargaba de llenar, en las distintas fases de pleamar.
Sujeté la cámara en la grapa de la línea y obtuve esta interesante instantánea.
La lluvia llegó mientras cambiábamos de zona, y a la vez que esta disminuía en intensidad, se empezaron a abrir grandes claros, lo que propició la aparición del siempre vistoso arcoiris.
Estábamos lanzando en una pequeña ensenada, cuando yo pensé en hacer unos lances desde una roca que se introducía unos metros en el mar. El caso es que Marcos también había pensado lo mismo y fue él quién se llevó el gato al agua, o en este caso, el que sacó la lubina del agua jejeje.

La aparición del sol, coincidió con un embravecimiento del mar. Ahora ya teníamos que permanecer atentos a las evoluciones de este, si no queríamos llevarnos un susto.

Sucesiones de grandes olas comenzaron a azotar las rocas en las que nos encontramos y hubo que buscar zonas en las que estuviéramos más cómodos a la hora de efectuar nuestros lances.
Con una nueva amenaza de lluvia sobre nuestras cabezas, pusimos rumbo a los coches, para después irnos a tomar algo y concluir esta jornada.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Mar robalero

Esta mañana me fui con Marcos a ver si las lubinas nos daban una alegría, ya que hacía tiempo que no pescaba por esta costa que tantas alegrías nos tiene dado.
 El mar mostraba un aspecto muy bueno, por lo que confiábamos en obtener resultados satisfactorios.
Comenzamos en una ensenada en la que el mar rompía con fuerza. Aguantamos un buen rato, pero en vista de que no tuvimos picada alguna, decidimos avanzar un poco.
 El cielo encapotado anunciaba lluvia inminente, pero al menos en estos primeros compases de la jornada se mantuvo sin soltar gota. Ya nos bastaba con las que se generaban a causa de las olas al romper contra las rocas.
 Optamos por cambiar de señuelo y poner un paseante. Y es que cualquier señuelo se puede convertir en válido si depositamos nuestra fe en él.
 No se podía perder de vista al mar, ya que muy a menudo nos daba algún que otro sobresalto.
El ir y venir por las rocas se convertía en una necesidad, y más aún cuando una ola estuvo a punto de derribarme.
 ¿Quién decía que era una locura pescar con paseante en estas condiciones?
Una lubineta encontró al Sammy muy apetecible y no dudó en atacarlo.
 Vuelta a cambiar de señuelos. Esta vez vinilos y chivos fueron los elegidos.
Le comentaba a Marcos que en cualquier momento podía salir una buena pieza, pero se quedaba en un deseo, ya que peinamos esta zona sin resultados.
Volví a probar suerte con uno de los chivos de Rober, moviéndolo despacio.
Pero las lubinas no daban signos de actividad.
A pesar de estar intentándolo un buen rato, tuvimos que darnos por vencidos.
Una tímida lluvia nos escoltó a la salida del pedrero, para luego llegar a un camino que nos conduciría hasta el coche.
Ya sólo quedaba irnos a tomar un café, contando historias de pesca, que es como nos gusta terminar las jornadas.
                     

lunes, 29 de octubre de 2012

II Quedada Spinningalicia

Este fin de semana asistí a la II Quedada Oficial Foro Spinningalicia.
No me cabía duda de que lo pasaría bien, pero ahora mismo he de decir que ha superado mis expectativas.
 Todo comenzó el sábado cuando llegué a casa de Ángel (Otero). Este me esperaba con Antonio (Grumetillo) y Brasi, para partir rumbo a la playa de As Furnas.
Tras poco más de una hora de viaje, llegamos al punto acordado, junto a la playa anteriormente citada.
Allí nos encontramos a un nutrido grupo de pescadores. A algunos ya los conocía y a otros no, como fue el caso de Cabo.
Tras intercambiar unas palabras con Gabi, Rober, Miguel, David, Xenxo, Victor, etc. nos fuimos al bar a tomar unas cervezas, para poco después ir al Camping Fragabalada, donde teníamos las habitaciones reservadas.
 Proseguimos con las cervezas sin hacer mucho caso del partido Celta - Deportivo, que en ese momento retransmitían por la televisión. Y es que no hay como una charla amena con compañeros de afición, y más si no se está con ellos muy a menudo.
Hasta allí también se acercó Vitu, para aumentar un poco más el grupo de la tertulia.
Me ausenté un rato para llamar a mi amigo Luis, pues ese mismo día era su cumpleaños y quería felicitarlo.
La charla seguía su curso y en ese momento llegó Manel, al que tampoco conocía en persona. Los saludos de rigor fueron seguidos de una breve conversación sobre diversos temas.
También se acercó hasta allí Esteban y un par de compañeros de afición.
Luego Manel nos mostró unos señuelos de Fernando Domínguez, que nos causaron una buena impresión a los presentes.
 Poco a poco fueron llegando más pescadores y fui entablando conversaciones muy diversas con ellos.

En este aspecto, he de hacer mención a una charla que mantuve con Miguel, pues tiene un proyecto entre manos que pronto verá la luz, y que seguro que resultará muy interesante entre el gremio de los pescadores deportivos.
Por ahora os anticipo el nombre, "BricoyPesca" y os recomiendo que permanezcáis atentos, ya que sin duda os sorprenderá la idea.
 Después de cenar, un buen número de compañeros fueron marchándose a dormir. Sin embargo, algunos prolongamos la conversación, hasta el cambio de hora, que precisamente se producía en esos momentos. Y entonces las 3:00 am. se convertían en las 2:00 am.
Risas, anécdotas e historias de pesca fueron llenando los minutos de la velada. Y es que la pesca da mucho que hablar. 
Cuando el reloj marcaba las 4:10 am, el tungsteno era el tema de conversación. No sé si fue por lo pesado del material, pero ahí la charla ya se acercó a su final jejeje.
 A las 6:00 am el despertador nos comunicaba que había que levantarse. Hubo tiempo de hacerse el remolón, pero pude percibir unos ronquidos que provenían de la habitación colindante.
Con esta serenata de fondo, Ángel (Otero) y yo nos cambiamos y salimos para encontrarnos con los compañeros.
Tal vez fuera por la falta de descanso o por el brutal madrugón, pero Ángel (Otero) ya estaba KO, antes de comenzar jejeje.
 En contraposición, su cuñado Antonio (Grumetillo), se levantó gracioso y nos deleitó con una buena demostración de lo que es reírse hasta la extenuación. Supongo que se le va pegando algo de mí jejeje.

Llegamos al punto de encuentro, y parecía que la gente no había optado por madrugar, en vista de las malas condiciones que nos aguardaban.
Durante la espera, llegó mi amigo Rubén (Benito Camelas), que había madrugado más que nosotros, por no poder pernoctar en la zona.
Estuvimos un buen rato padeciendo frío, pues todavía quedaba un buen rato para que el sol hiciese acto de presencia.
Tras sopesar qué hacer, optamos por irnos a desayunar.
 En el calorcito de la cafetería, la jornada se llevaba mejor, así que café con leche para todos.
En vista de que yo ya tenía un hambre descomunal, pedí 4 donuts al camarero.
!!Pobre hombre¡¡ Trajo los cuatro donuts en sus respectivos platos, con sus correspondientes cuchillos y tenedores, pues no se había enterado que los donuts eran para mí solo jejeje.
Nos sentó tan bien el desayuno, que nos permitimos un "post-desayuno", con otra ronda de cafés.
Esta vez le dije que me trajera los cuatro donuts en un sólo plato jejeje.

Abandonamos el calor de la cafetería y pusimos rumbo a la playa, sin embargo, hubo tiempo para hacer un "post-post-desayuno", en un bar próximo.
 Cuando llegamos a la playa, nos estábamos planteando si pescar o no, pues las condiciones no eran nada buenas, pero al final optamos por probar suerte.
 Descendimos hacia el agua, por una senda junto a un pequeño monumento dedicado a Ramón Sampedro. Un hombre que se quedó tetrapléjico en este lugar y que luchó por acabar con su vida. Una vida que podéis ver reflejada en la película "Mar adentro".
 Ya junto al agua, comenzamos a prospectar las zonas más prometedoras con nuestros artificiales.
El viento de espaldas hacía que estos alcanzasen buenas distancias, pero sentir una picada sería todo un logro con este mar.
 Nos fuimos desperdigando por la playa. Rubén (Benito Camelas), Ángel (Otero) y un servidor (Josiño), pusimos rumbo a unas piedras que había en un extremo de la playa, ya que nos parecía una opción más válida.
 De camino nos encontramos con un buen número de gaviotas, que alzaron el vuelo ante nuestra proximidad.
Cuando ya estaba cerca de las rocas, me encontré con Yago y un compañero. Tras una breve charla, me fui hasta donde se encontraba Rubén (Benito Camelas), para efectuar algunos lances.
 Al final se cumplieron nuestros pronósticos y tocó volver sobre nuestros pasos.
Un paseo que nos iba a llevar un buen rato, por lo que nos lo tomamos con calma.
 Una vez llegamos al Camping, que es donde se celebraría la comida, tocaba esperar.
A la entrada me encontré con Miguel Piñeiro, periodista y director del programa "Ríos e Montes" de la Radio Galega.
De vuelta con los compeñros, volvimos a charlar de cómo había transcurrido la jornada, de las anécdotas y de nuevos temas que fueron surgiendo.
Nos echamos unas risas con el Vitumóvil Estrella Galicia Edition, que viene siendo un móvil sumergible a prueba de cerveza gallega jejeje.
También hubo tiempo para atender a una pequeña entrevista de Santi, que había llegado algún tiempo antes, echar un ojo a unas cabezas plomadas artesanales, etc.
 !!!Y por fin llegó la hora de comer¡¡¡
Los 41 comensales fuimos repartiéndonos por la mesa y empezamos a dar buena cuenta de la empanada, los langostinos, los calamares y la carne asada que estaba deliciosa.
Más risas y buen ambiente, durante la velada hasta el momento del postre y los chupitos.
Brasi y yo nos picamos con la crema de orujo, que estaba de vicio. Y pudimos repetir hasta vaciar dos botellitas, pues esta vez no tenía que conducir jejeje.
Al final de la velada, Santi Nitas se levantó y comenzó a enumerar a cada uno de los comensales.
Resulta que se estaban sorteando algunos libros de pesca. Uno de los agraciados fue Ángel (Otero). Le había tocado un libro de Miguel Piñeiro, titulado "Siempre Moralejo" dedicado a esta personalidad Gallega que falleció recientemente.
Una vez finalizado el encuentro, nos fuimos despidiendo de los compañeros, y a continuación nos fuimos ala barra del bar.
Del comedor también fueron saliendo otros pescadores que habían participado en otro evento de pesca.
Por allí andaban Anxo, su padre Manel, Iván y Josiño, con los que había coincidido en el I Open de Pesca a Spinning, celebrado hace unos meses.

Cuando ya nos disponíamos a marchar. Miguel Piñeiro se acercó y me obsequió con un ejemplar del libro antes citado. Agradecí profundamente el detalle y me comentó algunos aspectos del libro.
Me despedí de él, agradeciéndole nuevamente el regalo y  prometiéndole dar mi opinión de dicho ejemplar.
Y no encontré mejor momento para comenzar a leerlo, que una vez entré en el coche. Di buena cuenta del primer capítulo y parte del segundo, antes de que retomase la conversación con mis compañeros, y es que creo el señor Juan José Moralejo era un apasionado de la pesca y de sus amigos, al igual que lo soy yo.

Para finalizar, quisiera dar las gracias a los organizadores de este evento y a los compañeros de pesca, por el trato recibido.

domingo, 21 de octubre de 2012

Jornadas otoñales

 En este día de elecciones, Rubén y yo elegimos irnos a pescar por la mañana a una zona próxima.
En vista de que la jornada se presentaba fría, nos fuimos a tomar un café para llevar mejor el día.
 Yo comencé pescando con paseante, por si alguna lubina se aventuraba a atacar en superficie, mientras que mi compañero optó por usar un minnow.
 Fuimos avanzando por la escollera sin ningún acierto. A la vez que nos acercábamos a un puntal, aparecieron sendos pescadores con sus kayaks y se pusieron a pescar cerca de donde nos encontrábamos.
En dicho puntal me encontré a Jose (pescador y artesano), que hasta el momento había capturado dos abadejos. Mientras estuvimos charlando con él, los chavales de los kayaks no parecían haber capturado pieza alguna.
 Tras despedirnos de Jose, proseguimos pescando. En la zona en la que nos encontrábamos ahora, el viento del norte soplaba con bastante ahínco, lo que complicaba algo los lances.
 En la distancia apreciamos lo que parecía ser una concentración de pequeñas embarcaciones de vela ...
 ... y más cerca, observamos como un transatlántico hacía su entrada en la ría, para dirigirse al puerto de Vigo.
Al final, sólo pude tocar las escamas de bronce de este robalo, que quizás se hubiera quedado tieso por el frío jejeje. Entró a uno de los vinilos de Vitu jejeje.
Antes de marcharnos, quedamos con Esteban para charlar un rato, ya que este se encontraba trabajando.

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Y ya que estamos en tiempo de setas, ayer me fui con Antonio para intentar conseguir los primeros níscalos de la temporada. De camino a la zona elegida, nos encontramos con un madroño, el cual disponía de algunos frutos maduros. Y claro ... dimos buena cuenta de ellos.
 
Desviándonos un poco de la ruta, llegamos a la zona en la que se ubicaba el Castro de Negros.
Los habitantes de estos asentamientos sabían muy bien donde ubicarlos, ya que desde este punto se divisaba todo el valle y parte de la ría de Vigo.
Y un poco más arriba, viajamos aún más atrás en el tiempo, a la época megalítica. Aquí se encuentra "A mámoa do rei", perteneciente a una necrópolis de hace 6.000 años.
Tras divisar gran cantidad de boletales, comenzamos a encontrarnos con otras setas.
En este caso, una amanita que eligió aparecer junto a un pino.
Las russulas también comparten hábitat con el hongo que estábamos buscando.
Nos encontramos con bastante gente que estaba buscando setas, pero parecía que nadie se había hecho con estos codiciados hongos.
Quizás la fortuna y el hecho de que sólo me dedico a la recolección de esta especie, hiciera que fuéramos los primeros en dar con ellas.
Fuimos tocando varios puntos en los que la experiencia me decía que podían estar. Y por suerte fueron apareciendo más, aunque el tiempo no está siendo tan propicio como otros años.
Finalmente buscamos en otro lugar prometedor y que también nos obsequió con algunos ejemplares más. Pero claro, hubo que recorrer un buen tramo de monte para hacernos con un pequeño botín.

Ahora tocará esperar a que las lluvias y el calor vayan favoreciendo la aparición de más ejemplares de este manjar que nos ofrece la naturaleza.

Y a los que consumen otras variedades, con más posibilidades de confusión, decirles !!!Mucho cuidado¡¡¡.

domingo, 7 de octubre de 2012

Jornada de sargos con lubina

Esta semana improvisamos una salida de pesca en busca de los sargos. 
Inicialmente iríamos Rubén, su amigo Campos y yo, pero finalmente también se sumaron Pablo y mi hermano Dani.
 Después de descartar una zona por la escasez de mar, fuimos a otro lugar que tenía mejor pinta.
Tras observar las evoluciones de este, nos animamos a bajar para comprobar lo que nos depararía la jornada.
 El descenso como siempre, se convierte en un reto para la condición física del pescador. Si a esto unimos la peligrosidad del lugar, tenemos unos buenos motivos para bajar tranquilamente.
 Una vez abajo, mi hermano montó su equipo y realizó su primer lance.
Mientras empezaba a montar el equipo de Pablo (iniciado en esta pesca), Dani sacó su primer sargo.
Este motivo hizo que acelerase un poco más en la preparación del bajo, para poder empezar a pescar cuanto antes.
Sin embargo, aún tenía que montar los aparejos con los que pescarían Rubén y Campos.
 Después de un buen rato empatando anzuelos, cortando hilos, apretando plomos, etc, y tras montar mi Arcadia con su aparejo correspondiente, efectué el primer lance.
En ese momento, Pablo quedaba bautizado en la pesca del sargo, al sacar uno de estos espáridos.
La jornada parecía comenzar bien, pero aún había mucho tiempo por delante.
 Tras varias picadas fallidas por mi parte, mi hermano cambió de zona, para probar suerte desde un lugar elevado, ya que el mar golpeaba con fuerza por momentos.
 Aún quedaba mucho tiempo hasta la pleamar. Rubén y Campos seguían expectantes de sus respectivos corchos, pero las picadas no se producían.
 Con la ayuda de algún consejo que me había dado Pedro Batalha tiempo atrás, engañé a mi primer pez, que resultó ser una boga de mar.
Estas comenzaron a picar y saqué varias seguidas.
 El compañero Campos sacó otra boga más, por lo que ya sólo quedaba Rubén por estrenarse.
El tiempo transcurría y más bogas iban provocando el hundimiento de las boyas.
 Mi hermano, Pablo y Campos ya estaban pescando sentados, lo cual indicaba que el cansancio o el desánimo les había ganado la partida.
Todavía quedaba algo de tiempo antes de tener que subir y quizás con el cambio de luces, hubiera algo menos de desconfianza por parte de los peces.
 Pablo efectuaba sus últimos lances mientras el ocaso ya estaba cerca.
Dani plegó su caña y daba por concluida la jornada.
Mientras recogíamos los bártulos,  Rubén tubo una picada potente que puso a prueba su equipo.
El hecho de que su cebo tuviera poco calado, había provocado la picada de una lubina que navegaba por el lugar.
Al final mi compañero pudo hacerse con ella y de esta manera librarse del bolo en el último momento. Pero esto le costó un buen golpe tras una desafortunada caída.
Ya sólo restaba subir por la escarpada ladera y dirigirnos a un bar próximo a reponer fuerzas.