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lunes, 15 de septiembre de 2014

Oro y plata (Doradas y lubinas)

Salgo de madrugada, en dirección norte. El día promete buenas sensaciones.
Tras una hora de trayecto, me reuno con Manel. Juntos nos vamos al puerto donde nos esperan el resto de expedicionarios: Vicente que irá con Manel, junto a Miguelito y Miguel con los que iré yo.
De camino al pesquero, nos recibe una lluvia cada vez más intensa. Tras posicionarnos en el lugar elegido, yo me tumbo en el camarote a la espera de que mis compañeros capturen algún pez.
Hay alguna actividad pero las doradas no dan la cara, así que continúo a la espera de que cese la lluvia, pues carecía de ropa de aguas y no tenía intención de llevarme una sobervia mojadura.
 Al fin la lluvia da una tregua y monto el equipo para comenzar a pescar. El primer lance tiene como resultado una picada que me dejó el anzuelo limpio. Poco después de lanzar por segunda vez, nos llegan buenas noticias de Vicente y Manel, los cuales había capturado un par de doradas majas, así que optamos por cambiar de lugar.
En el nuevo emplazamiento, las picadas no se hacen esperar, y Miguel captura la primera dorada de la embarcación. Poco después, clava otro pez que también parece ser una dorada de escaso porte, sin embargo, cuando la miramos platear bajo el agua, nos percatamos que es un buen ejemplar. Entonces el pez comenzó a tirar con fuerza, demostrando su poderío.
Una breve lucha permite que la dorada entre en la sacadera, pero esta se rompe al levantarla y se va al agua, pero con la línea y el anzuelo sujetándola todavía. Al final logré echarla a bordo, con lo que quedaba de la sacadera. Se trataba de un ejemplar excelente, por lo que la euforia reinó en la embarcación.
Lo llamativo del espárido es que tenía una malformación en el pedúnculo de la aleta caudal, la cual le había impedido un desarrollo normal de esta, que además presentaba la falta de un trozo de la parte superior.
 El día ponía muchas caras mientras proseguíamos pescando, pero se mantenía sin liberar agua sobre nuestras cabezas.
Mi caña mostró el signo inequívoco de la picada de una dorada, así que en un instante ya me estaba batiendo con uno de estos espáridos. La mala fortuna quiso que cuando ya estaba bastante cerca de la embarcación, esta se liberase al romper el terminal. No había tiempo para lamentos, así que volvimos a lanzar nuestros cebos al agua.
 Tras un rato sin actividad, las picadas comenzaron a ser muy distintas a las de las doradas. Quizás algún espárido de escaso tamaño. El caso es que al final pude hacerme con dos de esos peces. Eran lubinas de pequeño porte, las que mordisqueaban repetidamente nuestros cebos, dejando los anzuelos limpios en muchos casos.
 Con la mañana avanzada y sin cebo para proseguir la pesca, izamos el ancla y pusimos rumbo a puerto.
Vicente quiso posar con los dos mejores ejemplares de la jornada.
En esta instantánea se puede apreciar el escaso tamaño de la aleta caudal de la mayor de las dos.
 Una vez en el puerto, la mayor de las doradas levantó expectación por parte de algunas personas que allí se encontraban. Supongo que en parte es porque las de piscifactoría las comercializan con mucho menos tamaño y porque sus colores son mucho menos vistosos.
Miguel, el afortunado de la jornada, también quiso posar con las dos piezas mayores.
Después nos fuimos hasta el bar del puerto a reponer fuerzas, pues la mañana había sido un tanto dura en cuanto a la climatología se refiere.
Así pusimos punto y final a otra jornada tras las esquivas doradas.

domingo, 13 de julio de 2014

Impresionante jornada de pesca

El domingo volvimos al escenario de la semana anterior. Un pensamiento dorado se apoderó de mí, mientras conducía hacia casa de Manel. Con un poco de suerte podíamos repetir la jornada tras las doradas.
Entonces no tenía ni idea de las emociones que nos aguardaban ...
(foto tomada al final de la jornada)
En esta ocasión fuimos Manel, Miguel ( a quién no conocía) y un servidor.
Una vez llegamos al pesquero con la lancha, dispusimos el material y comenzó la espera.
Tras un buen rato con las punteras de las cañas sin anunciar actividad, comenzó el baile.
Manel y yo fuimos los primeros en sentir las doradas al otro lado de la línea, con sendas piezas al otro lado de las líneas. Sin embargo, carecíamos de sacadera, por lo que mi pieza se perdió cuando nos disponíamos a levantarla. Manel fue más avispado y logró echarla a bordo (1).
A continuación, otra picada para mí. Mientras recupero línea, uno de los cabezazos de la dorada rompe el bajo de línea y me quedo con la miel en los labios.
Manel comienza a tomar ventaja con otra captura más. La veteranía se impone y eso había que tenerlo presente (2).

Una dorada mordisqueaba mi cebo, pero Miguel se adelanta a clavar una dorada que hacía lo mismo.
Era su primera cabezona, así que había que posar, dándole el beso de rigor jejeje.
Me encantó ver la cara de alegría de este joven, ya que vivió la captura en todo momento (3).

(foto tomada al final de la jornada)
La siguiente me tocaba a mí. Cuando fue el momento de clavar, lo hice con energía. Luego ajusté el freno del carrete, para dar un poco de margen al pez. No quería perder otra pieza. De esta manera llegó mi primera dorada de la jornada (4).
Nuevamente, una dorada se abalanzaba sobre mi cebo, para después clavar con firmeza. El combate que me brindaba era espectacular, por lo que lo disfruté al máximo (5).
El hecho de carecer de sacadera, me preocupaba cuando el pez se acercaba a la embarcación, pero al final fuimos resolviendo la papeleta.
Era el turno de Manel, el cual sacó la mayor pieza hasta el momento. Su equipo se comportaba de manera impecable y no tardó en acercarla e izarla a bordo (6).
(foto tomada al final de la jornada)
Ahora las cabezonas sólo hacían caso a los cebos de Manel, así que le tocó lidiar con una nueva dorada, que también dio con sus escamas en la cubierta de la embarcación (7).
Pero todas las rachas terminan y ahora fue el turno de Miguel, que como en la anterior ocasión, resolvió sin complicaciones (8).
Unas tímidas picadas me indicaban que mi cebo había llamado la atención de un nuevo pez, sin embargo, en esta ocasión se trataba de una osada lubineta, que tras la foto volvió a su medio.
Manel volvió a la senda del triunfo y se hizo con otra pieza más. En esta ocasión de menor porte que las anteriores (9).
Después Manel y yo fuimos sacando algunas doradas más (10, 11 y 12). Dos de ellas las sacamos con la ayuda de un cubo jejeje.
La dorada número 12 fue la que se comió el último cebo que nos quedaba, por lo que tocaba volver a puerto.
 Mientras recogíamos los aparejos y las cañas, Miguel observó la sacadera en un lateral de la embarcación. Estuvimos tan ciegos con la actividad de las doradas, que no pudimos ver el útil que nos hubiera salvado dos doradas más. Nos lo tomamos con mucho humor, pues habíamos triunfado por la mañana.

A la hora de la comida, Manel se tuvo que ausentar, pero por la tarde Miguel y yo contaríamos con dos nuevos tripulantes. Eran Roberto y Miguel, los cuales nos ayudarían a recolectar algo de cebo tras la comida.
Una vez con el estómago lleno y el cebo a buen resguardo, nos subimos a la embarcación y pusimos rumbo a la zona de pesca.
 La actividad de la tarde no tenía que ver con la de unas horas antes. Los peces no comenzaron a picar hasta bien entrada la tarde. Permanecí con la caña en la mano todo el tiempo y así percibí una leve picada. En cuanto tuve la oportunidad, clavé como había hecho en otras ocasiones con Walter.
 Un poco más tarde, sugerí que si le picaba una dorada a Miguel, esta le podía llevar la caña. Mientras lo decía sentí una violenta picada y clavé raudo. Comencé la pelea con el pez, pero instintivamente, de dije a Miguel (que se incorporó por la tarde) que cogiera la caña y que la sacara él.
Con muy buena mano, este logró acercar al pez hasta la embarcación, para luego izarla con ayuda de la sacadera.
Más tarde Miguel (compañero de la jornada matinal) sacó una lubineta pequeña. Esta lo había mareado durante un rato, hasta que fue capaz de clavarla.
Poco después, él mismo sacó una dorada, que picó por sorpresa, mientras le comentaba que fingiera una clavada, para alertar a un amigo suyo, que estaba en una embarcación cercana. Fue una situación de lo más cómica.
El otro Miguel se hizo con un sargo en los últimos lances, el cual fue bien recibido a bordo.
Por su parte, Roberto no tuvo la suerte de cara, pero yo se lo achaco a que horas antes había capturado un robalo de 7.4 kilos, por lo que Neptuno ya lo había recompensado de sobra jejeje.

Sin duda fue un gran día de pesca, de esos que no se olvidan nunca. 15 doradas que nos brindaron espectaculares lances de pesca. Ahora ya sólo quedaba degustarlas jejeje.

viernes, 4 de julio de 2014

Tarde de doradas y algo más

CONTINUACIÓN ...
Después de comer, Manel y yo teníamos que reunirnos con Sergio. Con él, nos iríamos a pescar doradas desde embarcación.
En el puerto pude divisar algunas lubinas, que según nos comentó nuestro anfitrión, no hacían caso a los señuelos que se le ofrecían.
Ya centrados en la pesca de la dorada, pusimos rumbo a la zona de pesca.
 Organizamos el material y en poco tiempo ya estábamos pescando. Manel fue el primero en estrenarse con las cabezonas. Su tándem de galeras, funcionó en un tiempo récord.
La segunda también sucumbió a la galera de Manel, pero fue Sergio quién se encargó de sacarla.
Nuestro compañero comprobó la potencia de estos espáridos una vez han picado. Las carreras y violentas sacudidas hicieron que el equipo se empleara a fondo.
 Era la primera dorada que sacaba Sergio, por lo que estoy seguro que no olvidará la épica lucha que el pez le proporcionó.

El siguiente en tocar escama fui yo. Un pequeño cangrejo montado con un sólo anzuelo, despertó el apetito de otra cabezona, que se defendió con toda la potencia que cabía esperar.
Hubo tiempo de hacer un doblete, si bien la que Sergio acercaba se quedó por el camino. Manel tuvo más fortuna y su ejemplar llegó hasta la sacadera.
Bellos colores para otro combativo pez.

Me tocó a mí nuevamente hacerme con otra cabezona. No apuré la captura en vista de que todavía estaba con fuerzas. Regulé el freno del carrete e intenté asegurar la dorada. Finalmente todo se resolvió a mi favor.
Hubo algunas picadas fallidas, que hicieron que el cebo comenzara a escasear. Pero tuvimos tiempo para lograr otro doblete. La dorada que yo trataba de acercar se soltó durante la lucha, pero la de Sergio llegó hasta la embarcación y pudimos subirla a bordo.
Llegó la hora de marchar, pues había que recorrer un buen trecho hasta puerto. El balance de la jornada era muy positivo, ya que todos habíamos tocado escama. 6 doradas en pocas horas, es un buen motivo para volver pronto.
Aprovechamos para cenar en un bar cercano, pues había mucho que comentar sobre el día. La mañana tras las lubinas y la tarde con las doradas como protagonistas. Al final nos dieron las uvas y tuvimos que despedirnos hasta la próxima.

Llegué a casa a las 3:00 am. Casi 24 horas sin dormir. Sin embargo, a las 7:00 am ya estaba a pie para ir a pescar con Walter. Tuve que hacer una parada obligada durante el camino, pues el sueño me sometía a su voluntad y no era cuestión de llevarme un susto.
Por la tarde intentamos capturar alguna lubina, ya que el mar no estaba muy propicio para tentar a la dorada.
Tuve un ataque a mi paseante al poco tiempo de comenzar. Repetí el lance sobre la misma zona y miré como una lubina tomaba sin recelo mi señuelo. La acerqué y la liberé, pues se trataba de una lubina de pequeño tamaño.
La gran cantidad de sardinilla que rondaba por la zona hizo imposible que engañáramos alguna lubina más en aquel lugar. Por ello, Walter cambió de zona, para probar fortuna con los vinilos.
Sin embargo, la reina de las espuma se encontraba esquiva.
Regresamos a puerto, para luego ir a cenar y ver el partido del mundial de esa noche, ya que el cuerpo ya pedía una tregua.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Taneando con Walter


Hace varias semanas me fui con Walter a pescar doradas desde embarcación. Esta modalidad me dejó perplejo el año pasado, pues como bien dice "el Tanero", las doradas desde embarcación, presentan una lucha sin igual en nuestras aguas, salvo que se trate de peces con un porte notablemente mayor.
Y es que este espárido se alía con las corrientes para medirse de tú a tú con el pescador más experto. Si a esto sumamos la imponente vigorosidad de la dorada, tenemos todos los ingredientes para practicar una modalidad que nos satisfaga enormemente.

Pero antes hay que engañar a alguna ...
Día 1:
El sábado por la tarde ya nos encontrábamos preparados para salir de pesca. Con todos los preparativos hechos, tocaba aguardar la respuesta de la primera tana.
Mi compañero analizó la situación y buscamos una zona que parecía propicia para las condiciones del día, ya que hay lugares más o menos adecuados en función de las mareas, el estado del cielo, las corrientes, etc. O sea, una pesca nada fácil como puede parecer a priori.
 Tuvimos algunas picadas que no se materializaron en capturas, ya que estamos antes un rival difícil de engañar en estas condiciones ... y más si se trata de ejemplares de porte.
Si a esto sumamos que las condiciones meteorológicas no ayudan a detectar las picadas, la cosa se complica aún más.
Algunos ejemplares nos devolvieron los cebos machacados, sin opción a clavarlos. Otra prueba de su exquisito refinamiento a la hora de comer.
Pero lo que no se espera una dorada, es tener que medirse con un pescador que se ha especializado en "dar caza" al majestuoso espárido.
Así que a pesar de que las previsiones de Walter no eran muy buenas, llegó la picada que proporcionó la primera captura del día.
Tras un buen rato con el freno del carrete tocando la dulce melodía de la captura de una dorada de porte, mi compañero fue acercando el ejemplar a la embarcación.
Pero aún harían falta unos minutos para frenar las repetidas carreras y cabeceos del espárido.
Con todo a favor, logramos meterla en la sacadera, para a continuación celebrar la primera captura del día.
Mientras reinaba el júbilo a bordo, preparábamos los cebos para nuevos lances.
Después de una breve espera, ya estaba yo lidiando con otra dorada, que no estaba dispuesta a doblegarse ante el pescador.
Idas y venidas, carreras y cabeceos, se repetían en el tiempo, hasta que por fin pude ver a mi rival.
Una dorada de menor porte, pero con una reserva de fuerza que pone a prueba el material de pesca.
En esta ocasión fue Walter el que ejerció de "ganchero" para sacar la dorada del agua.
Cuando miré el anzuelo en la boca del pez, me quedé atónito. No sé si fue la pelea con el pez o que ya venía mal clavada, pero resultó que la tana estaba enganchada por una estrecha banda de piel de la boca, de unos 3 mm. Cualquier mínimo movimiento brusco, hubiera dado al traste con la captura, pero yo sabía que tenía que cansar al pez y no precipitarme en querer subirla sin agotar la mayor parte de sus fuerzas.
 Poco ante de marcharnos, la picada de una gran dorada nos aceleró el pulso a ambos ... contuvimos la respiración ... aguardamos el momento en el que la dorada nos diese pistas de que tenía el anzuelo en la boca ... pero esta era muy lista y no dio opción a más.
Con la miel en los labios pusimos punto y final a esta primera jornada.

Día 2:
En el segundo día de pesca, nos aguardaban grandes momentos.
El día se presentaba desapacible y las condiciones nos hicieron buscar el lugar idóneo para pescar.
Después de mucho buscar, llegamos a una zona que no era la más propicia, pero que podía darnos alguna sorpresa.
La mañana nos brindó algunas picadas de peces de porte, pero como ya he dicho, estamos ante un rival muy astuto.
La lluvia nos visitó en alguna ocasión, haciendo un poco más desapacible la jornada.

--- La anécdota ---
Por la tarde nos acercamos a la zona en la que habíamos triunfado el día anterior, pero nos encontramos a otros pescadores, por lo que tuvimos que pescar por delante de ellos.
Al cabo de un tiempo, percibimos una picada que Walter identificó fácilmente. Se trataba de una sepia de buen tamaño, así que había que recuperarla con cautela.
Entonces pusimos en práctica una técnica muy graciosa.
Procedimos a sacar la sepia, como si de una dorada se tratase ... cámaras grabando, sacadera a punto y bullicio en la embarcación.
Esto haría que los pescadores que estaban a nuestras espaldas se molestasen un poco, ya que habiendo escogido una zona peor, los resultados no se hicieron esperar.
Pero ahí no acabó la cosa.
Poco después, Walter se disponía a cambiar el cebo en la caña que tenía el carrete Daiwa GS-9.
Así que por segunda vez hicimos creer que habíamos capturado otra dorada.
Walter aflojó el freno del carrete y comenzó a recuperar línea ... el carrete, ruidoso donde los haya, comenzó a sonar ... cámaras a grabar y sacadera a punto. Subidas y bajadas de la caña para añadir más realismo. 
Con la "captura" a bordo, procedimos a esperar ... y efectivamente, los pescadores levantaron el ancla y se marcharon del lugar.
Una vez que su embarcación se encontraba a una distancia prudencial, nosotros nos dispusimos a ocupar su sitio, y así al poco rato ya estábamos en acción de pesca en el lugar que Walter quería.

--- El desenlace ---
La previsión de Walter se cumplió cuando sentimos la primera picada. Clavo con decisión y ya estoy luchando con la dorada al otro lado de la línea, que salía a raudales con la primera carrera.
Mientras tanteaba el freno del carrete, otra caña empieza a dar signos de actividad ... Walter toma la caña y clava la otra pieza.
!!!Doblete de doradas¡¡¡
Estuvimos un buen rato trabajando los peces y ambos se estaban acercando al tiempo a la embarcación. Tomé la sacadera y puse en seco la dorada que yo traía, quité el bajo de línea y me dispuse a recibir la pieza que Walter había clavado.
!!!Las dos en la sacadera¡¡¡
No había tiempo que perder, cambiamos los bajos por otros preparados con sus respectivos cebos y al agua.
Y así fue como salió otra dorada más.
Tres doradas en tiempo récord, en un pesquero en el que a priori no podríamos calar nuestros cebos.

Día 3:
El último día, el tiempo nos quiso recordar que no estamos por encima de él y nos recibió con bastante viento y lluvia. Aún así, no nos echamos atrás y partimos rumbo a una nueva zona de pesca.
Inicialmente el viento nos condicionó a la hora de mantener una posición buena para detectar las picadas, pero luego fue la lluvia gélida la que nos hizo pensar si seguir o no.
Mientras aguardábamos pacientes la picada de la primera dorada, poníamos a resguardo nuestras manos, pues el dolor en ellas era infernal. A duras penas logré mantenerlas secas dentro de los bolsillos de mi chaqueta, pero todavía estaban muy frías. Poco a poco fueron recuperando su color normal y así pude borrar la sensación de dolor de mi rostro.
Tanto Walter como yo, estábamos sumidos en una lucha con los elementos y así no lográbamos captar las sutiles picadas de las grandes doradas.
Y digo grandes porque fueron varias las ocasiones en las que subimos nuestros cebos, destrozados por una tremenda dentellada.
Las doradas estaban ahí, pero la lucha era injusta, pues todo estaba a favor del esquivo espárido.
El tiempo concedió una breve tregua, pero los rivales esta vez se salían con la suya.
No había mucho que hacer cuando los elementos volvían a cargar contra nosotros.
Un tanto apesadumbrados por la situación, decidimos abandonar en favor de días de gloria venideros, en los que los elementos nos echarán una mano a batir nuevamente a la reina de los espáridos.
Hasta entonces tendré que echar mano de estos gratos recuerdos, en los que tuvimos victorias y anécdotas de las que esbozan una sonrisa cada vez que uno las rememora.

Una vez más ... !!!Gracias Tanero¡¡¡



 Esta entrada va dedicada a Zack, porque yo también he pasado buenos momentos en su compañía.
Descansa en paz amigo.

!!! Hasta siempre ¡¡¡

martes, 11 de octubre de 2011

Récord de dorada

Hace unos días Marcos y yo nos desplazamos hasta una playa para intentar capturar alguna dorada, pues el tiempo está prolongando su estancia por nuestras costas.Llegamos bastante temprano, pues si el tiempo acompañaba, la gente iría haciendo acto de presencia, y por consiguiente, forzaría nuestra salida del arenal.Uno de los laterales de la playa presentaba una gran concentración de algas, por lo que habría que darles esquinazo de alguna manera.
La solución fue mover los equipos a una distancia prudencial, y una vez hecho esto, comenzar a pescar.Al principio tuvimos algunas picadas muy nerviosas, presumiblemente de peces pequeños.
Estuvimos un buen rato sin volver a sentir actividad alguna. Tan solo mirábamos algunos mújoles rondando la orilla.El día parcialmente nublado nos permitió continuar con la jornada y entonces la caña de Marcos comenzó a dar síntomas de actividad.
En la recogida, mi compañero anunció que no traía nada, pero cuando la gameta estaba a escasos metros de la arena, un pez comenzó a sacudirse repetidas veces.
Se trataba de una dorada.
!!Su primera dorada¡¡ Y por lo tanto, su récord personal.Si la camiseta de mi compañero ya resultaba muy simpática, la instantánea de Marcos posando con su "trofeo", lo era todavía más jejeje.
Después de devolver el ejemplar a su medio, bromeamos un rato sobre esta dorada de "récord".
Estoy seguro que a poco que se esfuerce, batirá su propia marca, repetidas veces.
Más tarde Marcos consiguió unos cangrejos in situ, así que hice el montaje pertinente y probamos suerte con ellos.
En el primer lance, el cangrejo batió la plusmarca mundial de salto de altura, pues con la potencia del lance, este salió disparado hasta la estratosfera. Fue tal la altura alcanzada, que los de la estación espacial internacional nos dieron un toque de atención por arrojar objetos al espacio jejeje.
La jornada concluyó sin más actividad por parte de los peces, pero si hay opción a repetir en breve, aún se intentará una vez más.Y este fin de semana la jornada comenzó observando a las Dracónidas.
La cámara no pudo captar ninguna, pero fueron varias las que observamos sobre nuestras cabezas, ya que en el lugar escogido para la jornada, la contaminación lumínica era casi nula.En esta ocasión fuimos Marcos, Rubén y yo, los que intentamos sacar alguna lubina en un mar bastante aceptable.
A medida que la luz iba ganando intensidad, me di cuenta de que las malditas laminarias siguen estando presentes. No es que condicionaran mucho la pesca, pero limitan los lugares en los que presentar los artificiales.Durante toda la mañana, sólo tuve una picada y esta no se materializó en captura.
Alargando un poco la jornada, nos desplazamos hacia otro lugar y entonces observamos que delante nuestra había varias boyas, que indicaban la presencia de algún arte de pesca.
Supusimos que se trataría de un trasmallo y esto ya va siendo una constante en las últimas salidas.
En fin, que nos marchamos un poco cabizbajos por el panorama que nos encontramos, pero a buen seguro que lo intentaremos nuevamente en otros escenarios.

domingo, 2 de octubre de 2011

A por las doradas con Walter

Hace unos días me llama Walter y me dice: - Jose, mañana va a ser un día muy bueno para pescar doradas. ¿Te vienes?
Mientras el cerebro termina de procesar la información, ya comienzo a articular un rotundo !!! Si ¡¡¡
Pero Walter me dice: -Lo que pasa es que tenemos que ir temprano, por lo que tendrías que venir ya.
Aún no había terminado de decirlo y le contesté: -Sin problema. Así que sin tiempo para la reacción, pasé por casa e inicié el viaje.
Me encontré con Walter a la hora de la cena, así que yo también me dispuse a cenar.
Este me comentó que se había dado un golpe en un tobillo, por lo que la jornada dependería de su estado al día siguiente.
Así que nos fuimos a dormir. Aunque yo no dormí mucho a causa de los nervios y un mosquito que se empeñaba en querer degustar el delicioso néctar que fluye por mis venas jejeje.Poco antes del amanecer ya estábamos con los cebos en el agua.
Y como Walter había pronosticado, las primeras picadas no se hicieron esperar. Fueron picadas de buenos y desconfiados ejemplares.
En frente teníamos a unos astutos adversarios, pues con precisión quirúrgica, lograban comer los cangrejos, devolviéndonos en varias ocasiones las patas de estos, que previamente habíamos afianzado con el hilo de licra.El sol fue tomando posición en el cielo y entonces empezaba a temerme lo peor. Recordaba anteriores jornadas con Walter, en las que las doradas nos habían sido esquivas.
La visión de estas y su poderosas mandíbulas nos devolvían un cangrejo recién lanzado, con una dentellada precisa, pero sin alcanzar los afilados anzuelos.Walter me animaba, mientras seguía preparando cangrejos. Hablábamos y nos echábamos unas risas, pero el sexto sentido de mi compañero intuía la más leve picada y por enésima vez tomaba la caña, tras la picada de una dorada.
Esta vez fue diferente ... contuve la respiración y entonces Walter clavó con firmeza.
La reacción al otro lado de la línea no se hizo esperar ... el animal comenzó a tirar y la bobina del carrete giraba inevitablemente ante tan despliegue de fuerza.
Fue entonces cuando Walter exclamó:
!!! Eh, que me deja sin hilo ¡¡¡
En una marea con poco tiro de corriente, la dorada había puesto en serios aprietos a mi compañero, pero el buen hacer del pescador hizo que en poco más de 6 minutos, la dorada terminase en la embarcación.
En esta ocasión sacamos oro, !!!!De 24 kilates¡¡¡. Mientras la observaba en el fondo de la red, Walter le calculó 4 kilos. Finalmente comprobaríamos que el ejemplar se quedaba a escasos 100 gramos de este peso.
Las imponentes piezas dentales que portan estos peces le confieren la capacidad de destrozar cualquier cebo duro con mucha facilidad.
Me impresionaron los tonos violáceos que presentaba el cuerpo, justo después de sacarla del agua. Las que yo había capturado hace años, no presentaban esta característica. Walter me comentó que los colores de la cabeza se resaltarían con el transcurso del tiempo.
Habían pasado escasos minutos, cuando otro ejemplar quedaba prendido del anzuelo.
Al igual que la anterior, esta comenzó sacando muchos metros de linea, pero mi brazo no se amilanó ante lo que podía ser otro buen ejemplar.
Las sensaciones iniciales fueron indescriptibles. Tras una larga carrera, llegaron unos tirones violentos, que la caña y el freno del carrete trataban de contrarestar.
Cuando recuperaba algo de línea, la dorada los sacaba de nuevo.
La noble batalla entre el mar y la tierra se decantaba del lado del primero, pero tras unos minutos, la dorada comenzó a dar signos de fatiga.
Tras un poco más de tiempo, al fin pude contemplarla acercándose a la embarcación y en cuanto miró el salabardo, está comenzó a desplegar su carácter indómito y otra vez a empezar.
Casi 7 minutos de intensa lucha, me proclamaron vencedor de la contienda.
Allí estaba yo, flotando en una atmósfera de júbilo, agua y salitre.
Casi 4 kilos de dorada que posaban ahora en mi mano.
!!! Lo conseguí ¡¡¡Mientras admiraba la impresionante librea del bello ejemplar, Walter echó mano de una de las cañas ... era otra ... el tiempo se ralentizó ... y cuando el pez le hizo la señal, el Tanero efectuó la clavada.
Pero esta vez el espárido había ganado la partida.

Nos repusimos del momento y ya estábamos nuevamente con los cinco sentidos pendientes de las evoluciones de las cañas.
Uno de los punteros mostraba el signo inequívoco de la presencia de otro pez. Tomé la caña ... y en el momento justo, clavé con decisión.
!!! Otra dorada ¡¡¡
Eran momentos que no se pueden explicar con la más extensa de las narraciones, pero tocaba lidiar otra vez en la plaza del reino de Neptuno, con una de sus hijas.
Nuevamente una lucha de varios minutos que endulzaban un poco más esos momentos.
Quedaban atrás los recuerdos de las manos doloridas anzuelando cangrejos, preparando los cebos y pasando frío.
Y a pesar de ser más corta que los primeros ejemplares, estaba muy gorda. Esto no me impidió piropearla como se merecía, pues me había ofrecido una noble lucha hasta el final.
Y casi sin darnos tiempo a sentarnos ...
!!! Doradaaaaa ¡¡¡
Cuando Walter la iba acercando, se dio cuenta de que era un ejemplar de menos porte que los anteriores. Rondaría los 2 kilos de peso, por lo que mi compañero le daría el indulto, y para ello sujetó con firmeza la caña y no cedió ni un ápice de línea.
La tremenda sacudida de la dorada le propició la libertad instantáneamente y entonces me percaté de lo cauto que hay que ser con el freno del carrete.Tras unos minutos comentando las evoluciones de la jornada, contemplamos alguna lubina de caza por las inmediaciones de la embarcación.Mientras continuábamos preparando los cangrejos, Walter pronunció su característico !! Eh, eh, eh, eh, eh ¡¡, que da a entender que otro pez está sucumbiendo a los encantos del crustáceo que usamos como cebo.
Una certera clavada da el pistoletazo de salida a otra épica contienda entre pescador y pez.
Los minutos son una amalgama de sentimientos, pero al final hay uno que sobresale por encima de los demás, y este es la alegría.
!!! Otra bella pieza ¡¡¡La mañana había sido espléndida pues se habían sacado cinco ejemplares de buen porte y se había indultado a otra.
Como mi compañero había dicho, los ejemplares tenían ahora los colores muy marcados y podíamos observar con mayor nitidez, la variedad cromática que estos espáridos presentan.
Era el momento de tomar unas fotos e irse a descansar, pues el madrugón había sido soberbio.Como no podía ser de otra manera, había que posar con esos casi 8 kilos de oro puro, reencarnados en seres terrenales, de espina y escamas.La alegría de haber vencido a uno de estos ejemplares fue para mí, el momento más agradable de la mañana. !! Y aún quedaba la tarde ¡¡.
Así que recogimos las cañas y nos fuimos a tomar un merecido descanso antes de comer.Tras el reconfortante descanso, comimos con tranquilidad, comentando la jornada matinal.
A Zack no le interesaba nada nuestra conversación, sino lo que nos llevábamos a la boca, y por suerte para él, algo cayó.
El aspecto bonachón de este perro, se corresponde con la realidad, por suerte para mí jejeje.Tras la comida, Walter aprovechó para contestar a los diversos comentarios de su blog (http://dorada-tanero.blogspot.com/).
La sonrisa no se debe a los efectos de la Estrella Galicia, sino al comentario de un lector.
Por la tarde pescamos poco tiempo, pues la marea no dejó hacerlo con comodidad.
Al rato de llegar tuvimos una picada, y en poco tiempo, el Daiwa GS-9 comenzó a emitir una música celestial.
Tras unas horas con picadas fallidas cambiamos de lugar, pero en el nuevo emplazamiento no se sintió actividad alguna, por lo que dimos por concluida la jornada.

!!! 6 doradas de buen porte y muchas picadas ¡¡¡
¿Qué mas se puede pedir? ... Pues repetir pronto jejeje.



Agradezco a Walter la jornada compartida, pues aquí sólo hay una pequeña muestra de lo que fue una jornada de muchas horas.
Me ha demostrado que la dorada es un animal único en su clase, dentro de los moradores del mar, ya que presenta una lucha, sólo al alcance de peces de mucha mayor envergadura. Y que esta sólo se ha vencido cuando yace en nuestras manos, pues hasta el último momento, muestra su casta de pez indomable.

Muchas gracias compañero.

domingo, 22 de mayo de 2011

Objetivo: Dorada

Hace unos días pasé unas jornadas de pesca en busca de las doradas y por suerte he podido hacerlo en compañía de un verdadero maestro de esta modalidad.
Para los que no conocéis a Walter, aquí tenéis la dirección de su blog:
http://dorada-tanero.blogspot.com/

Una vez con todos los bártulos a punto, pusimos rumbo al pesquero y una vez allí, comencé a aprender muchas de las cosas que pasan desapercibidas para el pescador neófito en esta modalidad.
Una de las cosas que aprendí, fue el procedimiento para anzuelar el cangrejo y lo cierto es que no es tan sencillo como aparentemente pueda parecer.El segundo paso era preparar varios cangrejos y sus respectivos bajos, para simplificar las operaciones de sustitución del cebo.
Con esto nos ahorrábamos mucho tiempo, con lo que disponíamos de más oportunidades para engañar alguna cabezona.Durante la paciente espera charlamos sobre otros temas relacionados con la dorada.
Con cada frase me daba cuenta de que Walter ha adquirido un gran conocimiento de las costumbres de este espárido, lo que ayuda enormemente a la hora de afrontar una jornada de pesca.Y entonces llegó la primera picada. Walter me explicó todo lo que debía tener en cuenta a la hora de la clavada y lo cierto es que hay que ser muy cauto en esos momentos.
Por desgracia, la dorada es tan inteligente como mi compañero me había relatado otras veces y se las arregla para degustar un cangrejo, evitando en todo momento los anzuelos, como aquel que come pipas y tira las cáscaras.Aunque nosotros, que también somos inteligentes, saboreábamos unas cervezas frías mientras aguardábamos nuevas picadas.
A media tarde, Walter logró clavar una dorada. Ya estaba nervioso por la primera captura, pero esta logró liberarse durante la recuperación.Tuvimos varias picadas más, si bien las doradas lograban comer el cebo sin dar opción a clavarlas.
¡¡¡No me lo podía creer!!!
Le propuse a Walter anzuelar un cangrejo de una manera diferente, a lo que él accedió conocedor del resultado.
¡¡¡Serán ca ... las condenadas!!!
Si hace unos días me encontré con unos peces astutos en los ríos extremeños, ahora estaba frente a un adversario muy listo en la costa gallega.Para sobrellevar mejor esta derrota, me salió la vena humorística y le mostré a Walter cómo anzuelar una navaja en un bajo con un tándem de anzuelos.
No tiene misterio ninguno.
Se trata de introducir los anzuelos entre la ranura de las valvas jejeje.El segundo día fue más desapacible que el primero y la lluvia amenazaba con aparecer, aunque el sol daba señales de vida tras el plomizo velo de nubarrones.
Mientras escogía cangrejos, pude observar algo que las tanas hacen en ocasiones y no es otra cosa que demostrar que sus mandíbulas pueden ejercer una titánica presión. La suficiente para cerrar un anzuelo forjado de primera calidad.
¡¡¡Formidable!!!El viento seguía soplando y esto no nos permitía ver las picadas con nitidez, por lo que las doradas comían el cebo, pero no nos daban la opción de clavarlas.
Le pregunté a Walter qué se podía hacer en estos casos y él me comentó que con la caña en la mano, la posibilidad de detectar la picada era mayor.
Fue entonces cuando sujeté una de las cañas y me dispuse a esperar.
Dicho y hecho. Tras un rato aguardando la picada, Walter divisó la picada antes de que yo se lo dijera. Entonces él tomó la caña en la mano.
La dorada no dio señales de vida y tras varios minutos, volvió a picar.
Se trataba de un buen ejemplar. El momento de clavar no se presentó, por lo que la captura no se llevó a cabo.Mientras preparábamos más cangrejos, un robalo solitario apareció en la superficie, a escasos metros de la embarcación.
La pudimos observar deambulando un buen rato, antes de que desapareciera de nuestra vista.Por la tarde el viento no cesó y a pesar de contar con cebo fresco, no pudimos sentir la picada de ninguna dorada.
Tocó resignarse y aguardar a que el último intento nos deparase más fortuna.Pero en el último día, el viento volvió a salirse con la suya y se alió con las cabezonas, para que no lográsemos sacar alguna.
Un pescador que andaba por la zona logró capturar varias sepias de buen tamaño, por lo que deduzco que las doradas son más inteligentes que esos seres que tienen los pies en la cabeza, también conocidos como cefalópodos jejeje.

Al final me fui con una buena impresión pues cuanto más difícil es el adversario, más dulce es la victoria.
Eso sí, de los cangrejos me llevé un recuerdo desagradable, pues uno de ellos me provocó un doloroso corte en un dedo.
Agradezco a Walter el haberme brindado la oportunidad de capturar una dorada desde embarcación, si bien la climatología no nos ayudó en esta empresa. Y aunque en esta ocasión las doradas se salieron con la suya ... ya caerán.
También quiero agradecer al padre de Walter su hospitalidad.
Hasta pronto.