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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Un libro muy recomendable


Hace unos días, cuando ya me marchaba del Camping Fragabalada, donde había tenido lugar la comida de la  II Quedada Spinningalicia, fui obsequiado por parte de Miguel Piñeiro, con un ejemplar del libro "Siempre Moralejo". Él me pidió una valoración del libro, y como lo prometido es deuda, pues aquí está.

En primer lugar, he de decir que se trata de una obra excelsa. Con cada página que leía me venía una idea a la cabeza y no era otra, que la de proponer una nueva acepción en el Diccionario de la Real Academia Española, para el término "Afortunado" y que sería la siguiente:
Afortunado: Dícese de aquel que ha pescado o compartido experiencias de pesca con el doctor Juan José Moralejo Álvarez, o que simplemente gozaba de su amistad.

Y es que hay una gran variedad de relatos, pero en la mayoría de ellos, se hace alusión a la amistad que el doctor brindaba y que también recibía por parte de sus allegados.

Además, el libro cuenta con grandes dosis de humor, por lo que entro a valorar este aspecto.
Se podría decir que las risas estaban aseguradas con solo intercambiar unas palabras con esta personalidad, que impartía clases de griego y que también sacaba tiempo para deleitarse con el ejercicio de la pesca.
La carcajada podía ser desencadenada por la locución de una serie de vocablos de alto nivel cultural o por la más tosca de las expresiones.
 El décimo capítulo del libro, consta de un sublime anecdotario.
Algunas son pequeñas vivencias humorísticas, directas y concisas, pero otras son algo más extensas. Sin embargo, todas y cada una de ellas, han generado en mí una carcajada.

Pero como he dicho, todo el libro rebosa buen humor y genialidad, con un dominio del léxico, que va más allá de cualquier obra que haya leído.

Otra de las razones por las que me ha entusiasmado el texto, es que me veo identificado con el protagonista.
Yo también soy amante del cachondeo desmedido y amigo de mis amigos, y creo que cualquiera que asocie la pesca con alguno de estos dos ingredientes, ya está preparado para devorar este libro, en el sentido figurado.

No podría quedarme con una parte concreta del libro, pues cada una tiene su encanto, pero sí destacaría la lectura de "¿Población o fauna piscícola?", "Burrún-burrún y chunda-chunda", "El cero y el infinito" o "Ríos y guarros". Este último, junto con otros, nos recuerda la problemática de la contaminación de los ríos. Moralejo muestra un hastío lógico con este tema y es que todas las veces que aparece, es analizado de manera magistral.


----- Mi homenaje -----

Ya que no he tenido el gusto de conocer a este singular e irrepetible personaje, me gustaría dedicarle unas líneas que versan sobre el tema de la contaminación y que trataré de contar con mi humor, añadiéndole algunas dosis del maestro y buen doctor.



Si nos remontamos a mis orígenes como pescador fluvial, tendría que ponerme de mala leche nada más comenzar, pues por aquel entonces, ya poco quedaba de aquellos ríos de mi niñez en la que uno podía beber del río, sin que esto le supusiera una visita inmediata a urgencias.
Si quería deleitarme con unas aguas pulcras, tenía que esperar a que mi padre me llevase algún domingo a un río de montaña. Todo era especial, pues los domingos de verano eran aprovechados por algunas féminas para poner esos días en femenino (domingas) al sol, cosa que no me molestaba.
Aquello era tan diferente a la pesca que hacía el resto de la semana, que bien podría asemejarse a la diferencia entre un tojo y una toallita con alcohol. Alguno puede pensar acertadamente que ambas cosas pican, pero yo diría que hay una que nunca pasarías por los cojones.

Volviendo a la pesca que podía hacer en los ratos libres, diré que me desplazaba a los pequeños cursos fluviales que me quedaban próximos. Todos ellos compartían una misma característica: Llegaban al mar pasando por un entorno urbano.
Los días de feria, los prefería sin viento, ya que la cantidad de bolsas de plástico que podían terminar en el río, hacían posible que un día capturases una trucha vestida con un poncho de Calzados Manolito.
Había tramos en los que las aguas fecales llegaban al río por tubos que no tenían el mayor remordimiento en expulsar su carga maloliente a la vista de la gente. !!Pobre de ti si alguno de esos productos te manchase el chaleco¡¡ Tendrías que pedir un préstamo para comprar suficiente colonia, capaz de enmascarar dicho hedor o al menos paliar los efectos más desagradables, y que suelen venir acompañados de arcadas.
Cuando mi amigo Luis y yo, mirábamos este tipo de agresiones, nos dábamos cuenta del analfabetismo de nuestros políticos más cercanos. Y el térnimo "anal" que acompaña a "-fabetismo", es intrínseco a estos seres, pues a menudo tratan de darte por el culo o ya lo han conseguido.
 Y mira que me daba rabia este hecho, ya que en alguno de estos cauces aún se resistía a desaparecer la escasa salamandra rabilarga.
Tal vez los políticos eran impulsados a amargarle la vida a este urodelo, ya que su nombre sugiere que tiene un "rabo" muy largo. Y claro, la envidia por tan desproporcionado miembro, les corroía.
Pero esto se producía otra vez, por el escaso nivel cultural de dichos políticos, que desconocían que lo de "rabilarga", hacía alusión a su extremidad caudal y no al aparato reproductor.

 Por suerte para nosotros, aquí no teníamos problemas con los purines. El único purín que conocíamos, era el que se fumaba algún vecino durante su jornada de cartas dominical.

En fin, que lo único que nos queda es encomendarnos al Apóstol, para que no ocurran desgracias de esta índole o que las que ocurran, no reporten aún más problemas de los que  ya tenemos.
Porque como suelo decir, "En los ayuntamientos, (h)ay untamientos", por eso la mayor parte de las veces no se hace nada. 

!!Va por usted Doctor¡¡

martes, 20 de noviembre de 2012

II A ver cantos quedamos a spinning

El despertador sonó a las 4:30 am. Por delante aún quedaba el desayuno y reunirme con Rubén para partir hacia Aguiño.
Llegamos al punto de encuentro en torno a las 6:45 am y nos fuimos directamente a tomar el café de rigor. Allí nos encontramos a caras conocidas del encuentro del año pasado.
Mientras tomaba el café en la barra, escuché mi nombre y resulta que allí al lado tenía a Juan, al que reconocí no sin ciertas dudas. Estuvimos un rato hablando sobre la situación de la pesca en general, hasta que fueron llegando otro compañeros a los que había que saludar.
Sergio, Carlos, Lens, Suso, Cabo, Mikel, David, Miguel, Yago, Jorge, etc.
Cuando tocó pagar la cuota de inscripción, saludé a Anxo e Iván.
Llegaba el momento de salir hacia el pesquero y así me despedí de los compañeros, deseándoles suerte.
 Rubén y yo, escogimos un lugar cercano en el que el mar se movía bastante.
El sol comenzó a elevarse en el horizonte cuando llevábamos un buen rato efectuando lances.
 Por la zona nos encontramos a otros pescadores ajenos al concurso, además de unos cazadores que intentaban hacerse con algún conejo.
 Desconozco la normativa de esta actividad, pero creo que no se puede practicar el ejercicio de la caza tan cerca de la costa. De hecho no estaba nada tranquilo, pensando en que pudiésemos tener algún susto o desgracia.
 Cerca del faro de Corrubedo, el mar estaba desbocado. Unas condiciones muy propicias para intentarlo con el chivo, si bien no llevaba un equipo adecuado para hacer uso de este señuelo tan nuestro.
 En vista de que las condiciones no se ponían favorables, volvimos por la senda que nos conduciría al punto de partida, con el sonido de los disparos de los cazadores de fondo.
 Después de una buena caminata, llegamos a unas rocas en las que nos encontramos a Sergio, Carlos, Suso, Esteban, y algunos compañeros suyos.
Aquí el mar estaba bastante bravo, pero ellos no desistían en intentarlo una y otra vez.
Carlos fue el único que había tocado escama, aunque no eran de lubina, sino de salpas. Dos salpas de buen tamaño que le hicieron creer que había estrenado su cuenta lubinera, pues al parecer son peces con una buena reserva de potencia.
Se acercaba la hora de marcharse, así que Rubén y yo abandonamos el lugar, dejando a nuestros compañeros haciendo sus últimos lances.

Llegamos al Camping Fragabalada, donde tendría lugar el pesaje y la comida.
Mientras tomábamos unas cervezas, me detuve a charlar con Tirso, Mikel, Manel, ... y conocí a Pablo.
Y precisamente con estos dos últimos estaba hablando, cuando comenzó el pesaje.

Hubo dos ejemplares que sobresalieron por encima de los demás. Un robalo de 6 Kg y otro de 5.4 Kg.
Los otros ejemplares eran menores pero más abundantes.

Durante la comida, el ambiente fue inmejorable. Muchas risas y anécdotas que ya valían por un buen postre.
Aquí conocí a Miguel (Jalloman), que estaba sentado al lado de Vitu, y aun par de chavales aficionados a la pesca del black bass, con los que nos reímos un montón, ya que relataron un buen número de anécdotas.
Llegó el momento de la entrega de trofeos a los tres ganadores de esta edición, para después hacer un sorteo de premios, cortesía de la organización.
En este punto del encuentro, la gente se deshinibió y mostró su lado más simpático, pues hubo carcajadas en grandes dosis.
La fortuna quiso que Rubén y yo fuéramos agraciados con sendas bolsas de vinilos, que pronto serán estrenadas.

                 

Más información sobre este evento en:

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Ya queda menos

Este fin de semana tendrá lugar un evento que no os deberíais perder.
Y para los que todavía estáis indecisos, pues os dejo el enlace de la anterior jornada:

!! Animaos¡¡

sábado, 10 de noviembre de 2012

Lubinas y premoniciones

Hoy tocaba volver a por las esquivas lubinas y para ello quedé con Marcos un poco más temprano que la última vez.
El cielo nos recibió con un manto grisáceo que presagiaba la llegada inminente de la lluvia, sin embargo pudimos enfundarnos el vadeador y comenzar la jornada con tranquilidad.
 Mientras pisaba la arena de la playa, le comenté a mi compañero: -Voy a sacar una al primer lance.
Erré en la previsión, pero por poco, ya que fue al segundo lance cuando clavé esta lubineta. Además fue engañada con un Yokozuna Montero 165 F, que estrenaba en ese momento.
La liberé sobre la misma arena que la había recibido y seguimos pescando.
 Nos desplazamos algunos metros, hasta unas rocas próximas y fue Marcos el que sintió la picada de un pez al otro lado de la línea.
 Se trataba de otra lubina que encontró irresistible este señuelo de la marca Lucky Craft.
Foto y para el agua con ella.
 Casi sin tiempo para la reacción, mi compañero repetía con otra captura.
Nuevamente era una lubineta que siguió los mismos pasos que su compañera, una vez tocó el agua.
Una nueva picada, esta vez fallida, hizo que Marcos no pudiera obtener el hat trick, al menos por el momento.
Llegamos a una pequeña ensenada y Marcos me dice: -Voy a sacar la que hay aquí.
Dicho y hecho. Otra lubineta que encontró irresistible el pequeño minnow de Lucky Craft.
Caminando por las rocas, nos encontramos con una poza de un metro de profundidad, tapizada de algas y que la marea se encargaba de llenar, en las distintas fases de pleamar.
Sujeté la cámara en la grapa de la línea y obtuve esta interesante instantánea.
La lluvia llegó mientras cambiábamos de zona, y a la vez que esta disminuía en intensidad, se empezaron a abrir grandes claros, lo que propició la aparición del siempre vistoso arcoiris.
Estábamos lanzando en una pequeña ensenada, cuando yo pensé en hacer unos lances desde una roca que se introducía unos metros en el mar. El caso es que Marcos también había pensado lo mismo y fue él quién se llevó el gato al agua, o en este caso, el que sacó la lubina del agua jejeje.

La aparición del sol, coincidió con un embravecimiento del mar. Ahora ya teníamos que permanecer atentos a las evoluciones de este, si no queríamos llevarnos un susto.

Sucesiones de grandes olas comenzaron a azotar las rocas en las que nos encontramos y hubo que buscar zonas en las que estuviéramos más cómodos a la hora de efectuar nuestros lances.
Con una nueva amenaza de lluvia sobre nuestras cabezas, pusimos rumbo a los coches, para después irnos a tomar algo y concluir esta jornada.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Mar robalero

Esta mañana me fui con Marcos a ver si las lubinas nos daban una alegría, ya que hacía tiempo que no pescaba por esta costa que tantas alegrías nos tiene dado.
 El mar mostraba un aspecto muy bueno, por lo que confiábamos en obtener resultados satisfactorios.
Comenzamos en una ensenada en la que el mar rompía con fuerza. Aguantamos un buen rato, pero en vista de que no tuvimos picada alguna, decidimos avanzar un poco.
 El cielo encapotado anunciaba lluvia inminente, pero al menos en estos primeros compases de la jornada se mantuvo sin soltar gota. Ya nos bastaba con las que se generaban a causa de las olas al romper contra las rocas.
 Optamos por cambiar de señuelo y poner un paseante. Y es que cualquier señuelo se puede convertir en válido si depositamos nuestra fe en él.
 No se podía perder de vista al mar, ya que muy a menudo nos daba algún que otro sobresalto.
El ir y venir por las rocas se convertía en una necesidad, y más aún cuando una ola estuvo a punto de derribarme.
 ¿Quién decía que era una locura pescar con paseante en estas condiciones?
Una lubineta encontró al Sammy muy apetecible y no dudó en atacarlo.
 Vuelta a cambiar de señuelos. Esta vez vinilos y chivos fueron los elegidos.
Le comentaba a Marcos que en cualquier momento podía salir una buena pieza, pero se quedaba en un deseo, ya que peinamos esta zona sin resultados.
Volví a probar suerte con uno de los chivos de Rober, moviéndolo despacio.
Pero las lubinas no daban signos de actividad.
A pesar de estar intentándolo un buen rato, tuvimos que darnos por vencidos.
Una tímida lluvia nos escoltó a la salida del pedrero, para luego llegar a un camino que nos conduciría hasta el coche.
Ya sólo quedaba irnos a tomar un café, contando historias de pesca, que es como nos gusta terminar las jornadas.