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sábado, 15 de julio de 2017

Los "macabíes" gallegos

El otro día recibo un correo de Josan, comunicándome que se encontraba en Galicia.
Como al día siguiente, tenía el día libre, allá me fui hasta la provincia de A Coruña a conocerlo.
Me hacía mucha ilusión, ya que sigo su blog con asiduidad, pues nos presenta muchas cosas interesantes, sobre pesca de agua dulce.
 El caso es que él creyó que no iba a ir hasta dónde se encontraba, por lo que se llevó una grata sorpresa.
 Como Josan se encontraba cerca de Aguiño, le propuse intentar pescar algún mújol a mosca, a lo que accedió gustoso.
 Lo llevé a una zona donde sabía que habría un buen número de mújoles o "macabíes del pobre", como se le llama en algunos lugares. Estos nos podían brindar una grata jornada o dejarnos con la miel en los labios, ya que no es un pez fácil de engañar, y más con las condiciones de viento que teníamos.
Tras mucho intentarlo, yo logré sacar a uno de estos torpedos, el cual me dio bastante guerra.
 Después fue mi compañero el que lo intentaría. Le costó lo suyo, pues el viento arreciaba por momentos, aunque al final se hizo con su ansiado trofeo.
La mala fortuna hizo que se fuera antes de posar para la foto oficial, pero el reto ya había sido conseguido.
 Estuvimos un rato más intentándolo, si bien los peces desaparecían cuando insistíamos mucho.
Esa era una buena prueba de que los mújoles no son peces fáciles, al menos para pescarlos con mosca.
Tras la comida en un restaurante cercano, intentamos sacar algún mújol en el puerto de Aguiño.
Lo intentamos a pesar del fuerte viento, aunque estos no estaban por la labor.
Probé con diferentes moscas, hasta que con un diminuto estrímer, clavé una pequeña lubinita, que se libró, después de que el 0,16 mm se rompiera tras la clavada.
  Por la tarde volvimos al escenario de la mañana. Era el turno de Josan.
Tenía la ensenada llena de mújoles.
Mientras lo grababa, llegó un señor con su coche. Del maletero sacó algo y se dirigió a la orilla. Se trataba de una atarraya (red plomada que se lanza sobre los peces). El caso es que el señor en cuestión lanzó la red y sacó una buena cantidad de mújoles. Tiró al agua algunos de los que había capturado y el resto se puso a eviscerarlos en la misma orilla.
Con su acción, los mújoles habían desaparecido, por lo que le dije a Josan de marcharnos a tomar una cerveza.
La charla en el bar fue muy amena y enriquecedora, por lo que desde este espacio, le agradezco a Josan la jornada que pasé en su compañía.
!!Espero que vuelvas pronto¡¡

lunes, 3 de julio de 2017

Madagascar : Más cosas

Esta entrada es una recopilación de lo que dio de sí el primer viaje a tierras africanas.
Para los que seguís este espacio desde tiempos recientes, os recomendaría echar un vistazo a estos dos enlaces : 

 La finalidad del viaje era la de pescar, a la vez que se grababa un documental de pesca.
 
Por razones climatológicas, en la primera expedición no pudimos llevar a cabo la acción de pesca, así que os contaré cómo fue el viaje.
 Lo más duro y que peor llevé sin duda, fueron los viajes en avión.
Ida: Santiago de Compostela - Barcelona / Barcelona - París / Paris - Antananarivo / Antananarivo - Nosy Be.
Vuelta: Nosy Be - Antananarivo / Antananarivo - Mauricio / Mauricio - Paris / Paris - Barcelona / Barcelona - Santiago de Compostela.
En el segundo viaje tuvimos una escala menos, lo cual se agradeció, y en lugar de Mauricio, pasamos por Reunión.
Viajar con el material de pesca fue un poco caótico, pues moverse con el bulto de las cañas por los aeropuertos, era una barbaridad, si bien al final lo logramos.
Las esperas con el calor no eran nada agradables, aunque se compensaban con las bellas vistas desde el avión.
Y de la comida del avión mejor no hablar, pues tanto desayunos, comidas o cenas eran en dosis infantiles. Menos mal que al no dormir, pude hacer muchos viajes para ir picando entre horas jejeje.
 Los hospedajes estuvieron geniales. Te podías encontrar cangrejos en los armarios, gecos en los cuadros y lámparas, ranas por las paredes, etc. Pero como yo también soy algo "bicho" nos llevamos genial jejeje.
Sólo nos importunaron algunos mosquitos, aunque íbamos tranquilos con el medicamento contra la malaria. Lo malo de este, eran los efectos adversos, que te hacían visitar el baño jejeje.
 La comida en los hoteles era exquisita. Mención de honor para la carne de cebú. Walter y yo comíamos las hamburguesas de cebú de 2 en 2. Creo que mermamos la población de cebúes, porque todos los días la consumíamos. 
Los desayunos y los postres eran de lo mejor para mí jejeje. Comí más fruta que un mono, porque las había muy variadas y deliciosas.
En alguna ocasión, había alguna confusión con los camareros, a la hora de traer la comida. Pero no había problema, pues allí estaba yo para comer lo que habían traído de más jejeje.
Unos de los días nos fuimos hasta la reserva de Lokobe. Un lugar al que tuvimos que acceder con unas rudimentarias embarcaciones, por lo que Walter no pudo acompañarnos, ya que había que embarcar en medio del mar, después de caminar por una zona de manglares. 
Fue una travesía bastante larga, en la que aporté mi granito de arena, remando con los guías.
Cuando estábamos a punto de desembarcar, pensé en que habíamos llegado a la isla de Jurassic Park jejeje.
Rafa, uno de los cámaras, se quedó sorprendido, cuando el guía le sacó de encima un escorpión sin apenas inmutarse.
Allí pudimos observar al camaleón enano, camaleones pantera, lémures, ranas, uroplatos, arañas y varias especies de boas. Entre ellas una enorme de unos 3 metros, que si te despistabas, te podía dar un buen susto.
Armand, nuestro guía, se encargó de mostrarnos todo aquello, sin que perdiésemos detalle.
En otras jornadas, visitamos un árbol sagrado de más de 200 años, en el cual hice una ofrenda, para que el viaje de pesca saliera bien. Allí nos engalanaron, para poder acceder al recinto, aunque fui yo el que lo hizo, ya que debía hacerse descalzo.
También visitamos el mercado de Hellville, donde admiramos la gran cantidad de productos, que las gentes del lugar obtienen del entorno.
Hür se animó a probar el khat, que es una planta que se masca y que viene siendo el equivalente africano de la coca.
No muy lejos, nos acercamos para contemplar una pelea de gallos, pues es algo que allí estaba muy arraigado, si bien la idea no me había entusiasmado.
Me gustó mucho más la visita a una fábrica donde procesaban las flores de Ylang Ylang, para obtener un aceite que se usa en los perfumes más caros, entre ellos el Chanel Nº5. Y es que la isla de Nosy Be se conoce como la isla del perfume.
Tuvimos otra excursión al parque Tonga Soa, donde admiramos a muchas especies de lémures, cocodrilos, camaleones, etc.
Sin duda, lo que más nos llamó la atención fueron los cocodrilos y unas enormes tortugas de más de 100 años de edad.
Y como yo soy un apasionado de la fruta y las especies botánicas, pues disfruté mucho al observar el árbol del cacao, los mangos, tamarindos, plataneros, el corossol (que estaba de vicio), el árbol del pan, la vainilla, los baobab y la ravenala madagascariensis.

A pesar de no tener opción de pescar, fue una magnífica ocasión para conocer otra cultura y una zona bioclimática, muy diferente a la nuestra.
Agradecer a Karan el haberme permitido ser parte de este proyecto, pues es algo que no olvidaré jamás.

viernes, 23 de junio de 2017

Madagascar día 5: Récord de profundidad

Otro día nuevo en el paraíso. La única rutina es la de desayunar, pues a la hora de pescar, puede ocurrir cualquier cosa jejeje.
Tras llenar el estómago, nos hacemos a la mar.
 Con las plumas sacamos algunos pequeños túnidos, que nos valdrán como cebo.
Entonces, Ludo nos pregunta por la jornada, y nos da a escoger entre dos opciones.
La primera es la de quedarnos cerca de la costa y seguir pescando especies conocidas.
La segunda consiste en alejarse mucho de la costa e intentar pescar algunos peces pelágicos.
 Se escoge la segunda opción, por ser muy atractiva para el documental.
De esta manera tendríamos la oportunidad de pescar el codiciado dogtooth tuna o atún dientes de perro.
De camino al pesquero, observamos una ballena jorobada. Me hubiera gustado verla de cerca, pero Ludo dijo que estábamos con la pesca, así que no hubo opción de acercarnos.
 Después de una larga travesía, de más de una hora a toda máquina, llegamos a la primera zona.
La profundidad de 150 metros no invita demasiado a empezar con el jigging, pero hay que intentarlo.
En esta ocasión también Ludo pescará, ya que con tanta profundidad, perderemos mucho tiempo en las derivas.
Y de esta manera, Ludo clava un gran pez que se va para el fondo irremediablemente. En este caso no hubo opción, lo cual me hizo pensar en los grandes peces que habitarían allí abajo.
 Poco después, Hür repite la situación. Un enorme pez que se fue para el fondo. La diferencia es que este no cortó el terminal. Todos paramos de pescar para ver lo que ocurría. Tras un par de minutos sin respuesta, Ludo mueve la embarcación, para luego coger la caña.
El pez parece que se desenroca y comienza a tirar nuevamente ... la caña se arquea de manera bestial ... no tenemos nada que hacer ... al final se corta el bajo y se pierde el pez.
Ludo nos comenta que podía tratarse de un grouper de 200 ó 300 kilos.
 Una fugaz pajarera nos sirvió para capturar una bacoreta más, que podía hacer falta en algún momento del día.
 Volvimos al jigging con jigs de 200 y 250 gramos. Señuelos que llegarían con ciertas garantías, a las profundidades requeridas.
Así logré sacar un magnífico ejemplar de rosy jobfish o rusty jobfish. La boca de este pez era tremenda, por lo que el jig era un bocado mínimo, pero que no dudó en atacar.
 Mis compañeros desistieron de seguir pescando, ya que el esfuerzo físico era agotador.
Nos quedamos Ludo y yo, tratando de hacernos con algún pez más.
Nuestro guía logró capturar esta serviola o amberjack, recuperándola en un tiempo récord, para después descansar del esfuerzo.
 Ahora estábamos situados en fondos de 200 metros e iba a pesca yo sólo, con todos los compañeros alrededor.
Walter me animaba, desde su asiento. Eso me bastaba para no desfallecer en el intento.
Había que lanzar el jig hacia un lado, para que llegase al fondo, con la embarcación en la vertical.
 Y cuando la deriva se hacía bien, la picada no se hacía esperar.
Recuperar un pez desde tanta profundidad, no era tarea fácil, así que iba dosificando las fuerzas a mi manera.
Ludo volvió a la carga, tras un buen rato. Y parece que me vino muy bien su compañía, ya que hicimos un doblete. Yo capturé este bello bohar snapper.
 Y Ludo sacó un pequeñísimo grouper, que provocó en mi unas carcajadas.
Bromeé con su captura, simulando que el snapper se lo comía jejeje. Fue una situación muy cómica.
 Cuando ya llevábamos varias horas, paré a descansar. Había que hidratarse y comer algo, pues el desayuno ya lo había "quemado" con la primera captura jejeje.
 Ahora pescábamos en fondos de 175 metros.
Aquí Ludo se hizo con otra serviola o amberjack, después de perder un pez poco antes.
 Mientras el jig se iba hacia las profundidades, me daba por silbar, ya que este tardaba sobre un par de minutos en llegar al fondo.
Esta pesca era mucho menos intensa de la de los días anteriores, pero la recompensa podía merecer el esfuerzo.
 Nos desplazamos a una nueva marca, que es donde Ludo esperaba que se capturase algún atún dientes de perro.
!!! Fondos de entre 240 a 250 metros ¡¡¡
Tenía que lanzar el jig a unos 20 metros, para hacer la deriva correctamente. De otra manera, el jig no se movería de manera óptima.
 En una de las muchas pasadas, el jig llega al fondo ... comienzo la recogida ... en un suspiro ... pica un pez ... !! Clavo ¡¡ y doy un cachete de propina ... pierdo el contacto ... recupero línea y lo siento al otro lado de la línea. Ahora comienzo a recuperar trenzado, con la caña bajo el brazo.
1 minuto: recuperando línea sin parar.
Un poco antes de los dos minutos, el pez viene hacia la superficie y recupero línea.
2 minutos: el pez empieza a sacar línea.
No puedo pararlo, así que aguanto. En cuanto se detiene, apoyo la caña en la ingle y comienzo nuevamente.
3 minutos: sigo "bombeando" sin detenerme.
4 minutos: prosigo con la recuperación. 
El bajo de línea llega al carrete y diviso al pez.
5 minutos: Manuel mete al pez en el barco y exclama !! DOG TUNA ¡¡ 
!! La alegría me envuelve ¡¡
!!! 5 minutos casi sin parar ¡¡¡
Exhausto por el combate, alzo los brazos en señal de victoria y grito !!! Otro pez ¡¡¡
Todos me felicitan, pues era la especie que nos faltaba en esta expedición, dada la época en la que nos encontrábamos.
 !!!! DOGTOOTH TUNA A 240 METROS ¡¡¡¡
El pez sangraba bastante por el labio, a causa del anzuelo.
Entonces Ludo nos comentó que este pez era una auténtica delicatessen, por lo que nos lo llevaríamos para cenar.
 Después de este hercúleo esfuerzo, me quité la gorra, las gafas, la braga (del cuello jejeje) y los guantes.
!! Estaba cansado de verdad ¡¡ !! La primera vez en todo el viaje ¡¡
Me encontraba como un piloto de F1, tras una carrera.
En cuanto recuperé el aliento, me vine arriba y bromeé un poco con mis compañeros.
 Sin mucho tiempo para descansar, volví a la tarea y esta vez, con la compañía de mi amigo Walter.
Sabía que mi compañero iba a enfrentarse al reto de las profundidades, así que, codo con codo, nos pusimos a ello. 
 Tras muchos minutos, volvimos a tomar otro respiro.
Comíamos más plátanos que los monos, ya que se trataba de una especie de pequeño tamaño, pero muy dulce. !! Los plátanos más ricos que había comido ¡¡
Después, unos tragos de agua fresquita y a proseguir.
 La profundidad era todo un reto para nosotros y en vista de que no había mucha actividad, nos fuimos hacia una zona de menos calado. De camino a la nueva ubicación, divisamos una enorme mantarraya, muy cerca de la superficie. Fue una visión espectacular de un animal majestuoso.
En fondos de 100 metros ya era mucho más fácil pescar, así que nos pusimos manos a la obra.
Y no tardé en hacerme con este bello bohar snapper, que me supo a gloria, pues tiró con fuerza hacia el fondo.
El último pez de la jornada fue este precioso goldband snapper. Un pez que no me dio mucha guerra, pero que me sorprendió por sus colores dorados.
Por delante teníamos muchos minutos de travesía, así que dimos por finalizada la jornada.  Tocaba recoger los equipos y poner rumbo a tierra firme.

Llegamos en plena noche al campamento, así que nos duchamos y luego nos fuimos a cenar, con los compañeros italianos y con unos pescadores turcos que llegaron para pescar los siguientes días.
Algo raro ocurrió cuando llegamos junto a los demás, ya que me dijeron que yo debía presidir la mesa. Acepté de buena gana, porque no tenía que girar la cabeza para hablar con los demás jejeje.
El caso es que el dogtooth tuna que había capturado, lo sirvieron crudo, con una salsa de soja y algún condimento más.
!!Estaba sabrosísimo¡¡ !!Todo un manjar¡¡
Finalmente supe el porqué de que yo me sentase en la cabecera de la mesa.
Thierry se levantó para decir unas palabras. Comentó que la velada era muy agradable por tener a gente tan variada y que la degustación del atún dientes de perro, me la debían a mi. Y que dicha captura la había conseguido a 240 metros de profundidad.
En ese momento todos aplaudieron y yo me vine arriba, alzando nuevamente los brazos en señal de victoria. Y en ese momento, Thierry se quedó un poco en blanco, no sabiendo que decir, así que se echó a reir.
Entonces le pedí que repitiese las palabras en italiano, turco y gallego, lo cual propició las risas de todos los demás jejeje.

La anécdota de la velada llegó cuando Ludo sacó la botella con el licor de escolopendra. La mujer de uno de los italianos la miraba con asco y repulsión. Los asistentes alzaban la botella para ver los bichos de su interior, pero la iban pasando. Cuando llegó a mí, me serví un poco y me lo bebí ... la mujer se echó la mano a la boca y apartó la mirada inmediatamente. Pensé que iba a vomitar jejeje.
Yo por suerte, ya tenía el paladar acostumbrado jejeje.

CONTINUARÁ ...
Un agradecimiento especial para el equipo de Karan, por hacer posible este sueño.

jueves, 15 de junio de 2017

Madagascar día 4: El día de los monstruos

La luz del día asomaba por la ventana del bungalow, y a pesar de ser muy temprano, me levanté de la cama.
 Al salir por la puerta pensé en que el día sería muy bueno, por lo que me llevé mi "camiseta de la suerte".
 En este día decidí desayunar sólo, ya que todavía quedaba mucho para salir de pesca y los demás aún no se habían levantado.
Los árboles que se ven en la foto son mangos. Si llegan a estar maduros, trepaba por ellos con un cuchillo y me iba a poner las botas jejeje.
Luego me tumbé en el sofá, reflexionando sobre la jornada que teníamos por delante.
 Al cabo de un buen rato, llegó Walter. Luego estuvimos con los perros del campamento. Madre e hijo que nos animaban cada mañana a la hora de desayunar y por la noche.
Hür tardaba demasiado, hasta que apareció para decirnos que su dolor de espalda había ido a más. 
Por ello, decidió que fuéramos nosotros. Así que Hür se quedó con Yago grabando por los alrededores, mientras que Walter y yo, nos marcharíamos con Ludo y Manuel, junto con Miguel y Rafa como cámaras.
 Antes de embarcar, pudimos ver una parte de lo que es la pesca en la isla. Esta se reducía a lo que pescaban las mujeres con una red y los hombres con sus pequeñas embarcaciones.
En este caso admiramos la técnica que desplegaban las mujeres, haciendo una especie de cerco, golpeando la superficie del agua. El premio ... un pequeño puñado de pececillos.
 A continuación salimos por la ensenada del campamento y nos pusimos con los túnidos, para tener algo de cebo.
En los primeros intentos, estos nos ganaron la partida, así que había que esperar a otra pajarera.
 Tocaba empezar con el jigging y Walter lo bordó, pues pronto se hizo con el primer GT del día.
Un pez que siempre era bienvenido, ya que no dudaba en desplegar toda su potencia, a la hora de defenderse.
 En una nueva pajarera, yo me estrené con esta bella bacoreta, que me calentó el brazo, de lo lindo.
Y es que con los equipos ligeros, había que prolongar un poco las peleas, para no quedarse con la miel en los labios. Y claro, los túnidos no se cansaban así como así.
 Walter clavó también un listado, que lo puso a también a prueba.
La mañana comenzaba con mucha acción, lo cual nos alegró mucho.
 Aquí estaba con el equipo de jigging y mi camiseta de la suerte, que reza "Los peces como el infierno, van al cielo". ¿Funcionaría?
 Rafa hizo un pequeño parón para intentar capturar algún pez, en aguas del Índico. Ludo le explicó lo que debía hacer y así también él se puso a darle duro al jig.
 Observé una pajarera a poca distancia y allá nos fuimos. Sin embargo, nos quedamos con las ganas, ya que al acercarnos, la actividad cesó por completo.
 Al poco de seguir intentándolo, Rafa clavó su primer pez, si bien, este no quiso saber nada de posar para las cámaras jejeje.
Nueva picada con salida de hilo a toda velocidad. No podría ser otro que el !! Giant Trevally ¡¡
Este también hizo honor a su fama y me deleitó con una lucha sin cuartel.
La jornada iba viento en popa, por lo que aprovechamos el momento.
 Las fragatas sobrevolaban el océano, por lo que preparamos los cebos para el curricán.
Un par de listados armados con unos buenos anzuelos y al agua con ellos.
 Tras unos minutos, sentimos una picada, pero el pez no se quedó prendido. El listado nos llegó de esta manera. Ludo sospechaba que el cebo había sido atacado por alguna barracuda enorme de las que pueblan estas aguas.
La pesca continuaba en fondos de hasta 100 metros, y en otra deriva saqué este pequeño GT que volvió al agua para seguir creciendo.
La mañana iba bien encauzada, pues todavía quedaban muchas horas por delante.
Walter se hizo con un blood snapper, que también picó a bastante fondo. 
Fue la última captura, antes de cambiar de zona.
En el nuevo emplazamiento, calamos nuestros cebos, hasta que en uno de ellos, tuve un ... ¿Enganche? ... Noooooo. !! Esto se mueveeeeeee ¡¡
El pez que tenía al otro lado de la línea comenzó a sacar hilo con una facilidad pasmosa, a pesar de tener el freno bastante apretado. En cuanto me dio la oportunidad, comencé a tirar de él, para separarlo del fondo. Algo me decía que los tiburones no se iban a acercar a este rival. La recuperación se interrumpió como si hubiera enganchado en el fondo, aunque nuevamente el freno del carrete volvió a sonar. La caña de popping se curvaba, mientras yo la sujetaba con firmeza. Nuevamente tenía que cobrar toda la línea que había salido del carrete e intentar acortar distancias. Me encontraba bien físicamente, por lo que confiaba en mis piernas y en mi espalda. Y ya que llevaba todo el viaje sin utilizar el cinturón de combate, no iba a hacerlo ahora, así que quizás habría que sufrir.
Todo lo que yo recuperaba, el pez lo volvía a sacar. Era un tira y afloja bastante equilibrado, aunque al cabo de los minutos, la contienda comenzó a decantarse de mi lado.
Ludo me decía: !!Concentración¡¡ y que no perdiera la tensión de la línea. Y eso hice, pues con un poco de fortuna, este pez posaría para el documental.
Los minutos iban pasando y el pez ya mostraba signos de fatiga, por lo que ya no podía estar muy lejos. Así que apreté un poco en mi recuperación, para darle el KO definitivo.
Esperaba que el pez emergiese cerca de la embarcación, sin embargo, lo hizo bastante lejos.
Entonces divisamos un enorme pez en la superficie del agua, con la vejiga natatoria asomando por la boca. Cuando lo teníamos cerca de la embarcación, nos percatamos que consigo venía una comitiva de pequeños peces. 
Entonces sujetamos al pez y lo subimos a bordo. La adrenalina se me había disparado y grité de alegría.
Comenzamos a echar cubos de agua en las branquias del pez para que no acusase la manipulación. Se le sacó el anzuelo y se le pinchó la vejiga natatoria. 
Nos fuimos con él hacia la proa, para enseñarlo a la cámara. Echarlo sobre mis piernas fue una tarea difícil, pues no lo podía abrazar. Entre tres lo colocamos y posamos con él.
!! Una verdadera bestia de las profundidades ¡¡ ... !! un pez de tres cifras ¡¡ ... !! la captura de mi vida ¡¡
No nos demoramos mucho con él, así que seguimos mojándolo, para después devolverlo a su medio.
Me despedí del pez desde mis pensamientos, muy emocionado por lo que acababa de vivir.
Pero lo que no contaba es que cuando me di la vuelta, Walter me echó el agua que tenía preparada en un cubo. Acepté la broma con mucha alegría y me abracé a él. Fueron unos momentos muy emotivos.
En un periodo breve de tiempo, le tocó a Walter lidiar con una situación similar. Salida de hilo a la velocidad del demonio. Era tremendo como el trenzado rojo salía del Accurate.
Inmediatamente me di cuenta de que un pez de mucho porte había picado.
En ese momento, mi compañero exclamaba una expresión muy conocida para mí ... !!! Buaaaa, chaval ¡¡¡
Tras una parada, Walter comenzó a recuperar línea, si bien no fue mucha, ya que el pez le propinó otra arrancada brutal. Walter flaqueaba, pero tuvo la fortaleza para aguantar lo más duro.
Tras unos minutos en los que pudo ir recuperando el aliento, mi compañero hizo un último esfuerzo físico y mental.
La bobina del carrete ya se veía más llena. Quedaba poco para que la agonía se tornase alegría.
Y al fin pudimos ver un tremendo ejemplar de GT. Un "Giant Giant" como yo comenté.
A pesar de que Miguel grababa la escena, saqué mi cámara para inmortalizar el momento.
El pez que todos anhelábamos, el más luchador, posaba ahora sobre las piernas de otro gran luchador.
Esta captura me emocionó muchísimo, pues las manos y los brazos de mi amigo, habían sufrido el azote de esta auténtica bestia del océano.
 Ambos estaban exhaustos, y quizás eso fue algo que los unió en ese preciso instante.
A continuación, Manuel lo oxigenó en la zona de popa. Estuvo un rato así, hasta que lo empujó hacia el fondo.
Al principio el pez nadaba con pocas fuerzas, hasta que aceleró un poco y ganó profundidad.
Con la alegría del momento, me fui a por el cubo. Lo llené de agua y me dispuse para lanzarla. La diferencia es que Walter me vio llegar con el cubo en la mano. Aunque no iba a existir el factor sorpresa, le eché el agua, para luego abrazarlo.
El júbilo nos invadía y creíamos vivir un sueño, sin embargo no teníamos ni idea que aún quedaban más sorpresas.
Tras reponernos de lo vivido, algo muy grande picó nuevamente. Algo que sacaba línea del Penn Torque, sin demasiados miramientos.
Pero en ese instante, Walter se hizo con otro pez de mucho porte.
Ludo se reía por la situación vivida, por nosotros.
En mi mente sólo estaba que ambos lográsemos materializar las capturas. Quizás pensando en Hür y en que sería impresionante posar con dos buenas piezas.
Escuchaba el carrete de Walter y sus palabras con el pez que estaba al otro lado de la línea.
Otra vez tocaba hacer una carrera de resistencia, en la que había que resistir como fuese.
Ambos peces tiraban con mucha potencia y comentamos que habíamos pescado dos trenes.
Fueron pasando los minutos para los dos y Walter parecía tener bastante controlada la situación, aunque no lo podía decir a ciencia cierta, ya que estaba con los cinco sentidos puestos en el pez.
El Tanero fue el primero en "arribar", con otro GT de los que quitan el hipo.
Un titán del océano índico, que le poporcionó una pelea épica.
!!!!! Brutal ¡¡¡¡¡
Walter se tuvo que ir a proa, para dejarme libre la zona trasera, donde estaba maniobrando para hacerme con el pez.
Y entonces ... asomó otro monstruo de las profundidades. Ludo exclamó un !!! WOW ¡¡¡ que avisaba a Walter de que llegaba otro gran pez, entonces Walter me animó desde proa.
Hubo que liberar al GT, disponiendo todo para el pez que ya casi había doblegado, a golpe de vuelta de manivela.
!!! Tremendo Giant Grouper ¡¡¡
!! Más largo que el anterior, pero no tan voluminoso ¡¡
!! Su cabeza empequeñecía cualquiera de las nuestras ¡¡ !! Su boca era tremendamente grande ¡¡
Para subirlo a mis piernas también costó, aunque en este caso lo pude agarrar mejor.
!!!!! Dos GT´s enormes y dos Giant Grouper ¡¡¡¡¡
Ya sólo quedaba liberarlo y agradecer los momentos que me había proporcionado.

El caso es que todavía quedaba la tarde por delante, sin embargo Ludo puso rumbo a la isla.
Yo quería más acción, pero acepté la decisión, en vista de que habíamos triunfado.
De camino al campamento, pudimos divisar un buen número de peces voladores, que aleteaban a escasos centímetros del agua, a toda velocidad. Todo un espectáculo para finalizar la jornada de pesca.
Al llegar a la playa, rememoramos los lances de la mañana. Cada momento, cada arrancada, cada vuelta de manivela, ...
Fue sin duda, "el día de los monstruos".
Al llegar tan temprano, bromeamos con Hür y Yago, diciéndoles que no había picado nada, a causa del viento. Cuando Miguel les mostró las capturas en la cámara, se quedaron boquiabiertos jejeje.
La tarde la dedicamos a descansar, a beber y a deleitarnos con los vuelos de los zorros voladores, que se posaban ocasionalmente, para comer los frutos del Pok Pok.

Se ve que mi "camiseta de la suerte" había funcionado.

Y para terminar, tuvimos una cena, cocinada por una expedición de italianos, que habían llegado para pescar en los días siguientes.

CONTINUARÁ ...
Un agradecimiento especial para el equipo de Karan, por hacer posible este sueño.