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domingo, 28 de agosto de 2011

No pinta bien

Hace unos días me fui a tentar los sargos, pues ya hacía tiempo que no le dedicaba una jornada.
Elegí una zona que me tiene dado buen resultado en otras ocasiones.
El mar estaba bastante bueno y el día algo cubierto, por lo que pensé que con un poco de suerte podía sacar alguno de estos espáridos.Una vez abajo elegí un lugar que me pareció prometedor.
Tras un buen rato insistiendo, me moví una docena de metros, para probar en otra zona similar.Esta me satisfacía por su constante color y no tardé en sentir la primera picada. Esta me desconcertó porque fue bastante rápida y logró que mi anzuelo se quedase limpio.
Desconfié de que fuera una boga la que había picado y no tardé en comprobarlo ...... porque esta fue la primera captura de la tarde. Lo peor es que fue la tónica general y saqué un buen número de ellas.
Como los sargos no aparecieron, no insistí mucho más y me marché.
La jornada había sido entretenida, pero no alcancé la meta que pretendía.

Esta mañana ...

Esta mañana tocaba ir a por lubinas.
El parte meteorológico era bastante bueno, pero a medida que conducía a lo largo de la costa, me di cuenta de que habían fallado en todo, salvo en las condiciones del cielo.
Busqué alguna rompiente en la que pasar unas horas, ya que el viaje no lo quería hacer en balde.
Las ensenadas estaban plagadas de algas, por lo que me temí lo peor.A base de buscar, encontré una zona en la que ya estaba pescando gente.
Mientras me cambiaba, llegó un coche y de él salieron dos pescadores que resultaron ser buceadores.
!! Ya sólo me faltaba que apareciese un barco de pesca largando el aparejo ¡¡Los buceadores se desplazaron hacia una ensenada y yo me alejé tanto como pude de ellos.
Detrás de mí fueron apareciendo "pescadores" de pulpo. Es increíble cómo ha aumentado el número de personas que destinan su tiempo a capturar este cefalópodo, porque en las últimas salidas han sido muchos los que he visto.Aproveché para probar dos recientes adquisiciones low cost.
El Satya (similar al Shoreline) y un modelo de la marca Fishing Ferrari (similar al Sasuke).
Del primero diré que no tiene la estabilidad en el lance del Daiwa, pero en el agua se defiende bien.
El segundo me defraudó pues no se acerca para nada al Ima Sasuke, ni en el lance ni en el movimiento.
Sin embargo tienen a su favor el precio, y aquí juegan las prioridades de cada uno.
( Por si alguien lo ha pensado: Sí, lo de debajo son percebes jejeje. )El sol se asomaba una vez más tras las montañas, para anunciar que un nuevo día llegaba.
No había tenido ni una sola picada, así que cambié de lugar.
Mientras caminaba hacia un nuevo emplazamiento, se me acercó un pescador con un robalo en la mano. Era uno de los pescadores que había visto en la distancia. Un compañero suyo había capturado otro robalo, pero no tuvieron ni una picada más. Poco más pude pescar, ya que la abundancia de laminarias hacía peligrar mi integridad física. Estas resbalan muchísimo y en este ambiente, una caída se puede traducir en un gran golpe.
Además son enemigas de los señuelos, pues estos suelen quedar enganchados en sus largos cuerpos, por lo que di por concluida la jornada.

viernes, 12 de agosto de 2011

Hacia el norte

Hacía algún tiempo que quería hacer una visita a las costas coruñesas. En primer lugar por cambiar de escenarios y en segundo lugar por si tenía más suerte que en las rías bajas.
Rubén y yo madrugamos bastante y pusimos rumbo a una zona que conocía un poco.
La niebla fue una mala acompañante durante el trayecto, por lo que nos demoramos un poco en llegar al lugar.
Una vez allí sólo existe el inconveniente de bajar a las zonas de pesca, pues el desnivel es considerable. Hay que extremar las precauciones, pues un traspié se puede traducir en una desgracia.El mar estaba bastante bueno, salvo por algunas algas que flotaban junto a la orilla.
Tratamos de librarlas, pero estas recorrían un buen tramo de costa.En los primeros intentos, mi compañero tuvo una picada, pero esta no se aferró. Este hecho prometía una buena jornada, pero en esto de la pesca no hay nada dicho hasta que se recogen los bártulos.Había rompiente, había espuma y ganas de capturar la primera pieza.
Insistimos bastante en el lugar, pues cambiar de zona requiere bastante esfuerzo.Probé con paseantes, poppers y minnows. El resultado fue el mismo con todos, salvo por la picada de una aguja, que logró soltarse con un salto espectacular.
Rubén depositaba sus esperanzas en el Max Rap, pero tampoco tuvo la fortuna de cara.Eché un vistazo a nuestro alrededor y sugerí cambiar de zona en cuanto subiera un poco más la marea.
Quedarse aislados en una roca no entraba en nuestros planes, lo que hacía que tuviéramos que estar atentos a las evoluciones del mar.La prospección de toda la zona no tuvo resultados, así que tocaba cambiar de lugar.
Apuramos los últimos lances y nos preparamos para el ascenso.
Calculábamos cada paso que debíamos dar, pues estas rocas nada tienen que ver con las que estamos acostumbrados a pisar.Nos dirigimos hacia otro punto, por una senda de pequeño recorrido (PR-G87). Moviéndonos por los pasillos creados entre los helechos, llegamos hasta este bonito lugar, desde el que continuamos hacia nuestro destino.Una vez en acción de pesca, tuvimos la oportunidad de ver nadar a unos cuantos delfines mulares. Cuando estos andan cerca, los pescadores solemos decir que la jornada ya está abocada al fracaso, pero nosotros no estábamos para dar excusas por la falta de picadas.
Sin embargo estuvimos probando suerte en un lugar en el que intuí una figura. Me di cuenta que se trataba de un pescasub, que pasó inadvertido para nuestros ojos hasta que se aventuró en la espuma. De hecho estuve a punto de engancharlo con mi señuelo jejeje.
Pudimos comprobar que no portaba boya alguna (cosa que creo es obligatoria). Tan solo llevaba el fusil y una bolsa hecha con red, lo que nos extraño bastante.El cambio de lugar en esta costa, se hace bastante agotador, pero las ganas pueden más que lo que te dicta el cuerpo.
La senda pasaba tan cerca de los acantilados, que un despiste puede ocasionar un grave accidente. Y sin embargo, los senderistas y ciclistas pasan muy confiados. Nosotros preferíamos pecar de precavidos y nos asomábamos con cautela.
Aquí nos era factible la bajada, pero la subida ya sería otra cosa, por lo que descartamos aventuranos por el lugar.Después encontramos una bajada de mucha pendiente, en la que habían hecho unos escalones.
La comodidad de estos nos permitió bajar a inspeccionar el lugar y decidimos hacer unos lances.
Nos encontramos con dos pescadores que probaban suerte desde una embarcación, pero mientras estuvimos allí, no capturaron pieza alguna.
El ascenso por la pendiente también se hizo cómodo, a pesar de los 50 cm de cada escalón.Antes de marcharnos a comer, decidimos localizar algún otro punto, pero sin los equipos de pesca.
Pusimos rumbo hacia O Seixo Branco, pues nunca había estado allí. Sería una pena estar tan cerca y no visitar este lugar, pues tiene su encanto.Aquí pudimos apreciar la veta de cuarzo blanco (seixo branco) que da nombre al lugar.
Algún suceso antediluviano dejó esta marca tan original en una costa ya de por sí, fantástica.
Las vistas del mar y de la ciudad de A Coruña son magníficas, pero este lugar esconde un atractivo en las rocas por las que nos movíamos.Se trata de las Furnas. Estas cavidades en la roca son producto de la lucha entre el mar y la roca.
Siglos y siglos de incesante batir de las olas, han creado unos orificios, por los que el agua de mar entra y golpea en su interior. El sonido y el agua pulverizada resultante sale por la parte superior, como si de una ballena se tratase.
En este enlace podíes ver un vídeo de una furna asturiana.Las furnas están valladas para evitar accidentes, pues la profundidad de estas es bastante grande.
Su interior está tapizado por diversas especies botánicas, si bien los helechos son las más vistosas.----- Precaución -----
En uno de los acantilados miramos a dos pescadores. Se trataba de un hombre y un niño. Cuando nos acercamos, nos dimos cuenta de que ambos estaban sobre una pequeña porción de tierra y que sólo unos centímetros los separaban de una caída de decenas de metros, sobre afiladas rocas. Estaban pescando a fondo desde aquella altura y ambos pensamos en qué ocurriría si el niño capturase una buena pieza o enganchase el plomo en la recogida. Las posibilidades de caer desde aquel lugar eran bastante altas y más si tenemos en cuenta de que se movían en un espacio reducido con demasiada confianza. Como yo digo que un pez no vale una vida, no creo que sea recomendable pescar en un lugar así, pues el mar ya se cobra demasiadas vidas cada año.Nos acercamos a un par de sitios más para ver las posibilidades de pescar en otra ocasión.
Creo que la zona es muy adecuada para la pesca del sargo, pues hay muchos puntos donde el agua tiene un color muy bueno para la pesca de este espárido.
No nos demoramos más en nuestra partida, así que pusimos rumbo a Ribeira.Después de una buena comida en uno de los muchos restaurantes del lugar, nos fuimos a la búsqueda de una zona en la que poder pescar.
Tuvimos que buscar una zona con algo de rompiente, pues aquí el mar parecía algo más sosegado que en la costa en la que habíamos estado por la mañana.En una ensenada se me escapó una aguja en un lance muy largo. Ante esta situación coloqué el Spittin´Wire en la grapa y comencé a animarlo en la superficie.
Este señuelo alcanza grandes distancias y al poco tiempo de tocar el agua, una aguja se abalanzaba sobre él. En poco tiempo tuve ocho picadas. No sé si fue por la distancia o porque tomaban el engaño con recelo, que no fui capaz de sacar ejemplar alguno.
Y sin embargo Rubén capturó una con su Max Rap.Volvimos a cambiar de lugar y esta vez dimos con una buena rompiente.
Tan buena que Rubén y yo tuvimos sendas picadas de dos buenos peces. Ninguno de ellos llegó a nosotros, pero pocos lances después, mi compañero capturaba esta lubina.
Con ayuda de los alicates, la liberé de los anzuelos y después la solté en el agua.
Aprovechamos el mometo y tuve dos picadas más de agujas. Estas no se aferraban a los anzuelos y no conseguí traerlas hasta mi mano.Cabizbajo por tan mala fortuna, probé suerte a engañar algún mújol con un pequeño vinilo, pero estos no estaban por la labor.
Fue una jornada agridulce, pues los lugares que visitamos son excelentes, pero la fortuna no nos acompaño. Esperemos tener más suerte en otra ocasión.

Por otra parte, quisiera que echáseis un vistazo a este enlace, pues es muy interesante para todos los pescadores:
"El bolo"

lunes, 8 de agosto de 2011

Surface fever

El viernes me desplacé hasta un embalse para despedirme de los basses del lugar hasta el año que viene.
El recibimiento no pudo ser mejor por parte de los basses, puesto que al primer lance clavé uno, pero este no estaba dispuesto a ser sometido y logró soltarse del anzuelo que lo afianzaba por la boca.
Pero poco después inauguré mi marcador, con un pequeño bass que me animó mucho.Y digo que me animó, pues el panorama era desolador. Las terrazas formadas por la bajada del nivel, indicaban que este descendía a un ritmo acelerado, pues la sequía ha decidido asentarse este año en nuestra comunidad.Las orillas estaban plagadas de huellas. Ardillas, visones americanos, zorros, aves limícolas, garzas y gaviotas han visitado el embalse hace poco, pues sus patas dejaron el rastro inconfundible de su presencia, grabado en el cieno.La mayoría de ellos no presentan un peligro para los moradores del embalse, pero la garza si.
Su quietud y paciencia para disparar el pico hacia su presa, la convierte en el mayor depredador de basses en estos momentos.
Sus huellas estaban presentes en gran parte del perímetro, por lo que pienso que se han dado más de un festín.Cuando pasé por la parte baja del embalse, pude comprobar el "caudal ecológico" que sale por un tubo. Un triste y mísero chorro de agua herrumbrosa, portadora de más de un quedradero de cabeza para los seres que allí habitan.
No sé quien es el responsable de este despropósito, pero supongo que ni siquiera habrá visto el agua que se le ofrece a todos los que frecuentan la parte baja del río, en el que fue construido el embalse.Ascendiendo por el valle hacia la otra orilla, me despedí de estos bosques ajenos a la sequedad estival. La humedad es la reina y señora de estos lugares. Los helechos, hiedras y demás plantas miman cada gota de agua que se les brinda y por eso la vegetación llega a ser tan verde y frondosa. La lluvia amenazaba sobre mi cabeza, su llegada era inminente y con la captura de otro bass, esta comenzó a descencer con suavidad hacia el suelo.
La lluvia era muy fina y terminaría por empaparme, por lo que aceleré un poco la marcha.
Divisé a un par de pescadores que intentaban hacerse con algún bass. Uno pescaba a spinning y otro con la modalidad de pesca a mosca.Llegué a una ensenada somera, en la que desembocaba un arroyo.
Estaba frente a los pescadores.
Con un pequeño vinilo comencé un festival de capturas. Eran capturas de poco porte, pero los otros pescadores no se habían hecho con ninguno por el momento.
Supuse que sería cosa del engaño empleado, por lo que continué desanzuelando basses.
Pasé el arroyo con dificultad, pues me enterré hasta las rodillas. Una vez en otro lado, charlé brevemente con ambos pescadores y después continué mi camino.La actividad cesó por completo y ahora divisaba algunos ejemplares mayores.
Me tuve que conformar con verlos, ya que no mostraban el más mínimo interés por los señuelos que les ofrecía.
Después de cruzar el río, observé unas perturbaciones junto a un muro de piedra.
Esto me sugirió utilizar un señuelo de superficie.
Primera pasada y ... !!!ZAS¡¡¡ Picada brutal de un bass mayor que los anteriores.
Las carreras fueron continuas por lo que no acertaba a ver el porte del ejemplar.
Constantes idas y venidas hasta que apreté un poco el freno del carrete y comencé a acercarlo por fin.
Un bonito ejemplar para inaugurar el tramo final del recorrido.A pesar de la larga batalla entre hombre y pez, este todavía guardaba fuerzas en su interior, pues una vez liberado, aceleró y desapareció como una exhalación.
La perturbación creada tardó en desaparecer del agua y fue entonces cuando retomé la pesca.Proseguí con el mismo señuelo un rato más y este me proporcionó más ataques en superficie.
Después de cada lance, contenía la respiración. Imaginaba el momento en que se produciría el ataque y cuando este se llevaba a cabo, el sobresalto disparaba mi corazón para que todos mis sentidos trabajasen de manera óptima.
!!!La diversión de estos momentos era impagable¡¡¡

Me quedé a las puertas de los 50 basses, pero más que satisfecho por la jornada.

La lluvia cesó finalmente y esto me permitiría cambiarme a pie del coche con comodidad, así que me saqué todo el exceso de barro que portaba en las botas y vadeador y me fui hacia el coche.
Desde allí eché un último vistazo al embalse y me despedí de él hasta la próxima.

sábado, 6 de agosto de 2011

La ley de Murphy

El pasado sábado me fui con mi amigo Adrián hasta la costa, a probar suerte con la lubinas.
Las condiciones eran buenas y había muchas posibilidades de triunfar, por lo que buscamos un lugar apropiado y comenzamos a lanzar en la rompiente.Además el ocaso estaba cerca, por lo que el descenso de la intensidad lumínica jugaba a nuestro favor.
Estuvimos un buen rato sin sentir nada, por lo que nos fuimos desplazando a nuevas zonas.Aquí, las laminarias nos hicieron pasar malos momentos con repetidos enganches. Pero el mar rompía a buen ritmo y no cejamos en el empeño de engañar alguna lubina.Cuando el sol se disponía para acariciar la superficie del agua, nos preparamos para el momento mágico.
Los cambios de luces suelen ser portadores de grandes instantes y este podía agraciarnos con el ansiado robalo. Pero en lugar de eso, el mar se tornó bravo, peligroso. Y con este panorama ya poco podíamos hacer.El único trofeo que nos llevamos de esta jornada, fue este bello atardecer grabado en nuestras retinas.
Las buenas condiciones no nos fueron favorables, así que volvimos para casa un tanto cabizbajos.

Al día siguiente ...

Con 4 horas de sueño, me levanté para poner nuevamente rumbo a la costa. En esta ocasión acompañaría a Diego y a Rubén.
Cuando llegué al punto de encuentro, ellos ya se encontraban allí.
Poco después partimos rumbo a una zona en la que el mar moviera un poco, ya que las condiciones de ese día eran bastante malas.Diego sugirió una zona y para allá nos fuimos. La zona era válida aunque las condiciones eran más bien malas.
Pero sonó la flauta y capturé la primera lubina. El pez era de escaso porte y esto le otorgaba la libertad inmediata, por lo que una breve pose en mi mano, bastó para restituirla a su medio yodado.
Me seguía lamentando de las malas condiciones, cuando tuvo lugar la segunda picada. Otra lubineta engañada con un Tide Minnow entre la poca espuma que se dejó ver por el lugar.Como el oleaje era escaso, me dispuse a probar suerte con un paseante. Cuando llega este momento, mi mano se dirige hacia el receptáculo de la riñonera en el que está ubicado el Spittin´Wire. Es el paseante que mejores resultados me ha dado y lo mejor es que auna buen movimiento y gran capacidad de lance, incluso en contra del viento.
Y poco tardó en hacer de las suyas, pues capturé esta magnífica aguja, que tardó en sosegarse, después de que un inerte trozo de plástico osara engañarla en su terreno.
Sus constantes golpes contra las rocas hicieron que se rompiera la mandíbula, por lo que se la ofrecí a uno de mis compañeros. No me gusta liberar a un pez con algún tipo de tara grave, y menos si se trata de una captura de talla legal, por lo que esta se destinó al consumo.¿Era posible que unas condiciones malas dieran mejores resultados que unas buenas?
Era el mundo al revés, hasta que el gran océano decidió poner su maquinaria a trabajar.
El mar sembró su superficie con pequeñas olas, que en poco tiempo crecían y se agudizaban, para romper con fuerza contra las rocas.Ahora podía ser que este cambio propiciase alguna captura mayor. Tocaba esmerarse en lanzar a las zonas más prometedoras.
En ese momento sólo me inquietaba la salida del sol, pues en las últimas salidas no había sido un buen compañero de pesca.Las estrellas de mar, que este año son una plaga, añadían una nota de color a las rocas por las que nos movíamos.
Estas son auténticas devoradoras de los mejillones y las lapas que tapizan las rocas de la costa. De hecho me detuve a contemplar el lento avance de estas hacia sus presas.En las zonas donde había más de una, estas parecían pugnar por alcanzar sus presas, pero los mejillones y lapas están firmemente sujetos a la roca, por lo que sólo es cuestión de tiempo que el parsimonioso depredador alcance su meta.
Decidí voltear una estrella y esta sostenía un par de mejillones, mientras deglutía una lapa.
!! Ciertamente voraces ¡¡.Y llegó el momento que casi con total seguridad, propiciaría nuestra salida del pedrero.
El sol se desperezaba sobre la mullida cama de pináceas que servía de cobertura a las montañas circundantes.
Ya se dejaba sentir su calor en nuestras espaldas, cuando decidimos quedar un poco más.Con la marea bastante baja, apareció un pequeño grupo de gente, armados con largas varas.
Estos buscaban al más fabuloso de los cefalópodos del lugar: El pulpo.
Después de un buen rato probando fortuna en una ensenada bastante castigada por las olas, me acerqué a Rubén y este tenía un pulpo de buen tamaño ensartado en su gancho portapeces.
Fue entonces cuando le presté unas tijeras, para que terminase con la agonía del magnífico octópodo, pues no me gusta contemplar un sufrimiento innecesario.

Ya no nos demoramos mucho más antes de partir hacia un bar cercano, para charlar un rato y tomar unas cervezas, ya que el madrugón bien las merecía.

Y así finalizó una jornada que me recordó la simpática ley de Murphy, que dice: "Si algo puede salir mal, saldrá mal".