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miércoles, 23 de marzo de 2011

Hemos llegado tarde

Ayer, mi amigo Luis y yo nos desplazamos a un tramo de río que yo tenía muchas ganas de visitar desde hace años, si bien sólo Luis es capaz de acompañarme en este tipo de aventuras.
Al llegar al punto de partida, el puente sobre el río estaba siendo reconstruido, después de que una riada se lo llevara por delante. Y el destino quiso que cada uno llegara por uno de los lados, con lo que mi coche quedó en una orilla y el de Luis en la otra.
Hace años que me habían dicho que estas aguas tenían truchas de buen porte, pero desde entonces, han sido construídas dos minicentrales junto al río y esto no me tranquilizaba.
Sin embargo había que probar fortuna, porque para eso estábamos allí.
Mientras iba al coche a por la gorra, Luis ya había capturado la primera pieza.
Era una truchita autóctona, que tras una breve contemplación, fue devuelta al río.Y a continuación yo saqué varias de igual talla. La zona en la que estábamos pescando era la más accesible del río, pero a mí me interesaba particularmente la zona más alta.Bellas libreas de truchas salvajes se quedaban sobreimpresionadas en nuestras retinas. Estas truchas autóctonas son las que huyen al menor ruido o alteración de su entorno inmediato. Pescar agazapados y a cierta distancia, se hace imprescindible.Después de una curva, nos encontramos la minicentral que se encuentra más arriba en el valle. Es una desgracia que en Galicia se sigan haciendo estas construcciones, con la de parque eólicos y grandes presas que tenemos a los largo de nuestro territorio.
El lecho del río está totalmente alterado, las piedras no retienen ni un ápice de musgo y la fauna parece que evita colonizar esta zona.Proseguimos río arriba y las truchas de escaso porte seguían prendiéndose de nuestros artificiales.
Aún nos quedaba un buen trecho para llegar a la parte interesante.De repente, percibí un olor nauseabundo. La última vez que había pescado en este río, me había encontrado un zorro muerto, pero en este caso se trataba del cadáver de un jabalí bien grande.
La única vida que mostraba el cuerpo, era la de los gusanos alimentándose frenéticamente de sus partes blandas.
El jabalí tuvo la mala fortuna de ser arrastrado por la riada y esta lo encastró contra un árbol, acompañado de ramas y otros troncos.Al examinar el cuerpo, observé que algunos dientes estaban muy desgastados, lo que indicaba que se trataba de un ejemplar viejo. Las amoladeras eran muy gruesas y una de ellas bastante larga, pero estas nada pudieron hacer contra la violencia con la que el agua discurre por estos parajes. La fuerte pendiente, junto con un cauce granítico, hace que el agua se acumule en grandes cantidades y que discurra a gran velocidad, llevándose por delante a todo lo que se encuentre en su camino, ya sean árboles, rocas sueltas, etc.Por fin llegamos a la zona de pozos que estabamos buscando. Estas eran las zonas en las que podía haber buenos ejemplares, pero el tramo de río bajaba con escaso caudal, pues parte de este es robado algunos cientos de metros más arriba.El bosque que nos rodea es fantástico. Adebules y robles, escoltados por acebos de hojas espinosas y el suelo tapizado de musgos y arándanos.La desnudez del cauce nos dejaba ver gran cantidad de piedras. Si el río llevase todo el agua que llevaba antaño, estaríamos hablando de un río totalmente diferente.Me imagino aproximadamente en qué punto nos encontramos y le comento a Luis, que en breve tendremos numerosos pozos en los que puede salir alguna trucha de porte.A pesar de todo, habíamos elegido bien el equipo, pues con una caña de acción ultraligera y un carrete de tamaño reducido, las pequeñas y bravas truchitas, no daban por perdida la batalla en ningún momento.La silueta del sol sobrepasa una de las caras del valle. Recuerdo una vez en la que quise bajar por esta zona escarpada, para acceder al río. Me fue imposible y dar la vuelta fue una odisea. Y es que sólo existe la posibilidad de ir río arriba o río abajo, pues las orillas resultan impracticables en el lugar en el que nos encontrábamos.Un gran pozo a la vista. Ponemos unos señuelos más pesados e intentamos prospectar sus aguas.
Desistimos al ver que no se obtenía respuesta alguna por parte de los peces.
Ahora tocaba analizar la ruta a seguir a través de estas paredes verticales. Finalmente Luis encuentra un lugar por el que pasar y podemos respirar aliviados. Dar la vuelta ahora sería una insensatez.Tras una buena caminata por este río "rompepiernas", ya sólo nos quedaba gran obstáculo por salvar: La pared de esta majestuosa cascada. En invierno, cuando el caudal de agua es mayor, la cascada es admirada por cientos de visitantes, si bien en verano, la zona superior es frecuentada por turistas y bañistas.Comienzo a ascender yo primero y cuando ya llevo un tercio de la pared, tomo un pequeño respiro, pues un traspiés aquí puede tener consecuencias fatales. Más vale exhibir prudencia que temeridad.La visión del agua precipitándose al vacío y salpicándonos la cara, es todo un espectáculo, pero en estos momentos es mejor no mirar hacia abajo.
Poco a poco ascendemos y llegamos a un escollo insalvable. Por ello debemos poner rumbo hacia un lateral en el que nos aguarda un muro vertical, pero con mas grietas en las que poder introducir nuestras extremidades.Con el mango de la caña en la boca, consigo alcanzar el tronco de un brezo de gran porte (Erica arborea) y a continuación puedo subirme a un roble que crece sobre el abismo.
Luis se abre paso entre los tallos del brezo y también alcanza el camino.¡¡¡Lo conseguimos!!!
Fuimos capaces de abandonar el río antes de que oscureciese.
Está claro que este tramo de río tardará mucho en recuperarse (si es que lo hace), ya que las minicentrales lo han dejado moribundo.De regreso, fuimos caminando junto a un canal que lleva agua desde la parte superior de la cascada, a un molino que está a algo más de un kilómetro hacia abajo.
Dicho canal ha sido tallado en la roca, lo que demuestra la importancia del agua para las gentes que vivían aquí hace años.

La anécdota:
Cuando voy de pesca con Luis, es raro que no nos ocurra algo y en esta ocasión, cuando ya casi estábamos llegando a los coches, Luis se dio cuenta de que había dejado sus gafas junto a la cascada, cuando una vez arriba quiso parar a refrescarse.
El caso es que nos acercamos con el coche hasta donde el camino nos dejó y luego, con la ayuda de una linterna, nos fuimos adentrando en la oscuridad del bosque para recuperar las gafas.
Como era previsible, estaban allí y una vez estaban con su legítimo dueño, dimos por concluída la aventura.


domingo, 20 de marzo de 2011

Apertura de la trucha

Por fin llegó el ansiado día. Como he hecho estos últimos años, he decidido comenzar pescando en un embalse.
Cuando llegué al lugar elegido, las orillas brillaban con las luces de las linternas y alguna que otra fogata. Pensé en que este año sería peor que el anterior y la verdad es que acerté de pleno.
Mientras preparaba todo, fueron llegando otros compañeros y cuando mi amigo Luis ya estaba listo, nos dirigimos hacia el agua para comenzar con los primeros lances. Fuimos saludando a toda la gente que se encontraba pescando o preparándose para la pesca.Llegamos a una zona tranquila y sin ruidos, faltaban unos minutos para que el sol se asomase por encima de las montañas y al tercer lance sentí como un pez atacaba mi cucharilla.
Excelente lucha por parte del pez, que tras una breve contemplación, se fue de vuelta al agua.
Esto comenzaba bien.A continuación Luis sacó un pequeño y revoltoso bass, que tenía prisa por volver al medio acuático y así de saltarín terminó en el agua.
Las primeras luces nos revelaron la orillas plagadas de pescadores y Luis me dijo: -Si un chatarrero cogiera todas las cucharillas de cobre que se están usando hoy aquí, ya podría dejar de trabajar jejeje.En un gran tramo recorrido sólo pude hacer un par de lances, pues las cañas de los pescadores de cebo natural se repartían por casi todo el perímetro del embalse.
Localicé una zona donde lanzar era bastante difícil y supuse que nadie habría probado allí.
Y efectivamente clavo esta bonita trucha de dorada librea punteada.
La libero y continuamos caminando.Luis divisó algunos basses bajo las ramas e intentó engañar a alguno con una lombriz de vinilo, pero los bocazas todavía estaban un poco aletargados.Otra zona de difícil acceso. El lance es difícil y más con mi caña de 2.40 m (con la de 1.80 sería coser y cantar). Pero consigo poner la cucharilla en una zona buena y .... otra trucha que queda prendida de la cucharilla. Esta nada hacia la orilla y logra aprisionar el monofilamento en unas ramas sumergidas, pero un ligero toque consigue elevarla sin que se desclave.
La cucharilla de un solo anzuelo no me falló y me permitió hacerme con la captura.
Poco después en el mismo lugar, pero desde encima de un tronco, fallé una picada que me pilló por sorpresa.
Llegué a un lugar en el que a buen seguro no habría lanzado nadie, pues había que vadear al límite. Yo lo hice y conseguí efectuar algunos lances. Tenía que estar con los brazos en alto, para no mojarme las mangas del forro polar.
De repente, un buen truchón toma mi engaño y realiza un potente salto, a la vez que cabecea en el aire. La cucharilla se desprende de la boca del pez y este recupera la libertad. Un pescador que me observaba me dice: -Esa era muy buena.
Le calculo que cercana a los dos kilos.
Después de otro tramo sin poder lanzar, acudo a una zona somera y en ella capturo el primer bass de este año. Muy peleón y de bella librea.No era muy grande pero con el equipo que llevaba, disfrute de lo lindo.
Lo liberé con cuidado y seguí caminando con Luis, hacia una nueva zona.El día nos revelaba a nuevos pescadores , que no fueron tan madrugadores. Apenas quedaba sitio donde poder lanzar, sin embargo las capturas fueron escasas y muchos pescadores se quejaban.Fuimos preguntando a otros compañeros de afición y los resultados no eran los esperados. Capturas escasas o nulas y ya nos acercábamos a la media mañana.
Luis y yo nos despedimos de otros compañeros, pues íbamos a picar algo, antes de marcharnos. Luis se iba para casa y yo cambiaría de escenario.Mientras nos cambiábamos, un pescador sacaba un bonito ejemplar de trucha común. (Si se amplía la foto puede verse en la mano del hombre de la camiseta verde).
Hubo un momento en el que Luis sujetó mi chaleco de pesca y se asustó por el peso de este. Suelo llevar mucho material encima y cuando pesé en casa el chaleco, resulta que llevaba 4.7Kg de peso a cuestas. Prefiero llevar de más, que de menos jejeje
Después del pincho Luis se fue a casa y yo puse rumbo a la montaña.Echaba de menos el contacto con el río y me fui a uno particularmente bello, que tiene algunas truchillas y algún que otro truchón que sube de un embalse cercano.
De camino al río, observo a dos niños con sus equipos y sus cestos, subiendo una pendiente. Seguramente se iban a casa a comer. Me hicieron recordar mis inicios en la pesca, en la que Luis y yo pasábamos tantas horas en el río.
Caña de 1.35 m y carrete 2500 aseguraban la diversión en caso de picadas.
Pero estos ríos no son nada fáciles. La sombra proyectada sobre el agua, el reflejo del reloj o los brillos de las partes metálicas del equipo, ponen en alerta a estas esquivas truchas.
Además el agua bajaba cristalina, por lo que había que pescar fino y largo.Clavé una pequeña trucha, que se soltó con facilidad de la cucharilla de un solo anzuelo. Lo cierto es que me pilló por sorpresa.
Me encontré con un pescador de cebo, el cual me dijo que había truchas, pero estas eran de talla pequeña.Mi intención era probar fortuna en un par de ríos más, pues es una ventaja tener tantos ríos próximos entre sí.
A medida que ascendía por el cauce, observé que la piedras de las orillas estaban excesivamente pulimentadas por las crecidas, ya que estas resbalaban demasiado.Con cautela llegué a una pared en la que tuve que hacer algo de escalada para poder seguir. Una vez superado el obstáculo, llegué a la zona en la que abandonaría el río para cambiar de escenario.
Finalmente opté por acercarme a otro embalse, pues el nivel de este era alto y ante esta situación, la gente no acude en masa. Me encontré con viejos compañeros de pesca y apenas hice unos lances. Charlamos sobre la situación actual de la pesca y de cómo se había dado la jornada.
Salvador había capturado este bello ejemplar de 2 kg de peso, con un pez artificial hecho por él mismo. Y es que este pescador ya lleva muchos año tallando la madera para hacer sus propios peces artificiales.
No dio más de si la jornada y ya estoy deseando volver al río, que es donde en realidad me siento más cómodo.

jueves, 17 de marzo de 2011

Comienza la cuenta atrás

Ya queda muy poquito para que comience la nueva temporada de pesca en aguas continentales.
Los que pescan todo el año en el mar no pueden imaginar las sensaciones que provocan estos momentos. Es una situación como cuando un niño aguarda la llegada de Santa Claus o los Reyes Magos, sólo que elevado a la máxima expresión.
El porqué de este sentimiento que fluye por las venas de todo pescador continental es muy variado. En mi caso significa reencuentro con algunos compañeros de andanzas, visitar ríos o embalses que me brindaron grandes momentos, intercambio de conocimientos respecto a técnicas o especies, etc
Es por ello que os muestro este vídeo, que recopila cosas que tienen que ver con la pesca continental a muchos niveles.


Sólo deseo que este año sea, como mínimo, tan bueno como el anterior.


Por otro lado quisiera dar mi más sentido pésame a todos los afectados por el terremoto y el tsunami de Japón.
El día de la catástrofe recibí un e-mail de una tienda japonesa, diciéndome que se retrasaría el envío a causa del terremoto. Evidentemente hubiera preferido no recibir este e-mail, pero siento admiración por esa cultura y a pesar de estar viviendo malos momentos, sacan tiempo para informar a sus clientes.
Espero que recuperen la normalidad en la mayor brevedad.

domingo, 13 de marzo de 2011

Sargomanía

Con esta entrada no hago alusión al blog "Sargomanía", si bien os recomiendo que visitéis el espacio de este excelente pescador del País Vasco.
Me refiero al estado anímico que se presenta cuando al fin tienes la suerte de cara y capturas unos sargos que te hacen levitar de alegría en el pedrero.El viernes me desplacé hasta la costa con la intención de capturar algún sargo y cuando llegué al lugar elegido, el mar parecía estar bastante bueno para pescar.
Las previsiones eran algo peores, pero desde arriba percibí que la cosa no pintaba muy mal.Comencé a descender en busca de las aguas glaucas que esconden en su seno al esquivo y desconfiado sargo.
Me detuve un momento y observé una buena puesta a la que acudir, pero una silueta humana ya se movía en las proximidades. Tendría que optar por otra zona en la que establecer mi puesto de pesca.El otro día un pescador me comentaba como los sargos se agarraban a los percebes (quedando literalmente colgados), sabedores de que al llegar la ola, estos serán empujados y los percebes cederán bajo la presión ejercida, quedando aprisionados en las fauces del espárido.
Todavía no he podido observar este fenómeno, pero al darme la vuelta, un visón se había acercado hasta mis cosas, atraído sin duda por el aroma del cebo.Mientras montaba el equipo, el mar se tornó violento. Las grandes olas proporcionaban un color ideal en las puestas, pero no sabía si la boya evolucionaría de forma adecuada.Los primeros intentos de mantener el aparejo en el lugar adecuado fueron desastrosos, pues las olas se encargaban de arrastrar el conjunto hacia zonas en las que el enganche estaba asegurado.
No pude aguantar mucho tiempo en la zona y tuve que rendirme ante el mal carácter de un mar creciente.
Recogí el equipo y volví a ascender por la ladera, aunque el intento de hacer la ruta a la inversa fue infructuoso.

Al día siguiente ...

Por la tarde había quedado con mi hermano y con Marcos (que no había practicado nunca esta modalidad). El cielo encapotado era una baza a favor y buscando una buena puesta, podríamos pasar una jornada agradable.
Dimos con una zona con buen color, en la que el mar dejaba pescar, aunque el viento y la lluvia nos dieron la bienvenida.
Le expliqué a Marcos cómo debía montar el equipo y a continuación le indiqué dónde probar suerte.Mi hermano sacó la primera pieza de la jornada, que recuperó la libertad, tan pronto fue despojada del anzuelo.Marcos sacó su primer sargo a corcho, mientras yo aún montaba mi equipo. Como buen anfitrión tenía que facilitarle un poco las cosas.Y después de que Dani sacara una boga, capturó el primer sargo de porte aceptable.
Y Marcos ya iba por su segunda pieza.
La lluvia ganó intensidad y en vista de que al lado de mis compañeros no tenía muchos sitios en los que probar fortuna, me desplacé a un lado.Ahora ya estaba en acción de pesca, rememorando todo lo que mi maestro Anxo me había ido mostrando en anteriores jornadas.
Y así llegó mi primera captura. Un sargo de poco más de medio kilo que abandonó la seguridad del mar para elevarse por los cielos hasta tocar tierra. Un recorrido por los tres elementos, antes de llegar a mi mano, en la que ahora posaba.Poco después clavé otro sargo que comenzó a sacar línea del carrete. Este era de buen porte ... tal vez un buen perrón. Disfruté de la batalla hasta que se perdió la conexión.
Los dientes del pez habían logrado seccionar el fino hilo, lo que le había proporcionado la libertad.Cambié de lugar y me desplacé hacia una nueva puesta.
Los sargos se mueven al unísono, como un único ente vivo, pero a uno de ellos le seduce la idea de degustar un trozo de cebo, que vaga a merced de las corrientes.
Lo toma sin recelo, pues no presenta ningún síntoma alarmante.
Al otro lado de la línea me llega un mensaje: el pez está prendido.
Comienza una breve lucha en la que el espárido busca guarecerse en el fondo, pero mi caña amortigua sus envites y a continuación lo eleva hasta las rocas próximas.
Otro bonito sargo engañado por mí.Nuevas picadas se suceden y clavo otro ejemplar. Este algo mayor que los anteriores.
Entre las carreras de los sargos y que había dejado de llover, había alcanzado el éxtasis.
Mis compañeros también capturaban piezas en la distancia, lo que me complacía aún más.La boya navegaba plácidamente por la superficie del agua turquesa, hasta que algo hace que se precipite hacia el fondo.
La caña se curva sobremanera y ahora me envuelve la euforia, pues un buen pez ha tomado el engaño.
Las olas se alían con él y tratan de ayudarlo, pero no me amilano y bajo a la roca inferior, lo que me permite alejarlo de los cortantes fondos.
Y ahora era el turno de rezar para que el hilo no se partiese ... y allá voy. La caña cumple su cometido y el hilo resiste. Un sargo a las puertas del kilo posa ahora para la foto.Continué en el mismo lugar y al rato percibo una silueta diferente en el extremo de la línea.
Por suerte no es una boga, sino un mújol. Lo libero en una charca que tenía a mi espaldas, donde la marea le concederá el indulto al comunicar la charca con el mar abierto.Las picadas cesaron por un momento, pero una vez retornaron, saqué este sarguete.
El ojo carente de párpado, denotaba miedo o confusión por lo acontecido, pero no tenía nada que temer, pues recuperaría la libertad en breve.Estos dos habían sido los mayores luchadores de la jornada, pero ahora abandonaría el lugar para dirigirme al punto de partida en el que terminaríamos la jornada.Las últimas luces también fueron fructíferas ...... pero fueron las bogas las que hicieron acto de presencia. Ante tan incómodo visitante sólo quedaba resignarse.
Poco después ya nos era imposible divisar la boya, por lo que dimos por concluida la jornada.Todos habíamos tocado escama y todos habíamos disfrutado con los sargos.
Esta pesca irá cobrando importancia en mis salidas de pesca, pues ahora mismo muestro los síntomas inequívocos de que padezco sargomanía.
¡¡¡Y esto no tiene cura!!!