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lunes, 28 de noviembre de 2016

VI A ver cantos quedamos a spinning

Este domingo tocaba asistir a la sexta edición de "A ver cantos quedamos a spinning", que se celebró en la zona de Ribeira. Madrugué como en otras ocasiones y puse rumbo a Aguiño.
Al llegar había que pasar por el bar para tomar un café y pagar la inscripción.
Allí me encontré a Sergio y Carlos, del Club Gallaecia. También pude saludar a Juan Carlos, que también se apunta a este tipo de quedadas.
Después me topé a Miguel, que se disponía a salir de pesca. Tras una charla con él, me fui a pagar la inscripción en la mesa donde se encontraban los miembros de la organización: Anxo, Millares, Iván y Josiño.
 Tras unos chupitos de licor café, los miembros de la organización y un servidor, nos dirigimos a un punto cercano y de fácil acceso, de manera que no hacía falta cambiarse de ropa.
El sol ganaba altura en el horizonte a la vez que el viento del norte soplaba con más fuerza.
 Pudimos divisar alguna lubina rondando el espigón, así que estuvimos intentando hacernos con alguna captura.
Los vinilos eran los protagonistas, si bien la calma de las aguas dejaban intentarlo con el paseante.
Al cabo de unos minutos se acercaron Alex y Sergio.
 La fortuna me sonrió en forma de lubina, la cual sucumbió a un pequeño vinilo rosado.
Alex se ofreció para tomar la instantánea, lo cual le agradecí.
 Poco antes de salir del espigón, llegaron varios de los componentes del Club Labrax, entre los que se encontraban Mikel , Rubén, Óscar y Juan.
A continuación nos fuimos hasta un bar en Ribeira, donde nos tomaríamos unas cervezas en compañía de Manel, Jose, Óscar, Juan Carlos, etc.
En torno a las 13:30 pm nos fuimos para el restaurante donde se celebraría la comida.
Allí me encontré con compañeros de otras quedadas, como Vitu, Toni, Pablo, Víctor, Tirso, Kiko, Cristian, Luis.
 Como podéis ver en la foto, a Rubén y a Mikel los atendieron bien, para que no se quedasen sin reservas de cerveza jejeje.
Las capturas no fueron muy abundantes, por lo que los afortunados que tocasen escama, podrían competir por el podio.
El ganador de esta edición fue Cristian, el cual recibió una magnífica caña, por cortesía de Nordés.
Los otros ganadores recibieron sus respectivos obsequios por cortesía de VituLures y Bricoypesca, y acto seguido se sortearon algunos regalos más.
Tras la foto de grupo, la gente fue despidiéndose y cada vez éramos menos los que nos quedábamos a hablar de pesca.
Cuando ya cerraba el bar, Vitu, Iván, Suso y un servidor, seguíamos
de tertulia, hasta que la hora de marchar nos anunciaba que la quedada de este año había finalizado.
Aprovecho para dar las gracias a José Manuel por los vinilos y jigheads que me regaló y a Walter por la camiseta que estrené en la quedada.
¡¡ Hasta la próxima !!

La jornada según:
Luis: http://surfcastingmasters.blogspot.com.es/2016/12/6-ver-cantos-quedamos-spinning-en.html
Alex: http://haiquemollarse.blogspot.com.es/2016/11/6-ver-cantos-quedamos-spinning.html

jueves, 17 de noviembre de 2016

Varios palos

En primer lugar quisiera comentar algo que para mí es todo un privilegio.
La noticia en cuestión es que una fotografía de mi blog fue elegida por la empresa Axuste Gráfico, para colocar en un ventanal de la tienda de pesca A Bordo, situada en Ponteceso.
 La fotografía la tomé un día en el que me acompañaba mi amigo Adrián. Y es precisamente él, quien aparece en la instantánea.
Lo dicho, todo un honor para mí.
 Por otro lado, pues decir que estoy inmerso en varios proyectos relacionados con logotipos, si bien no pueden ser mostrados por el momento.
El que os muestro ahora es el que realicé para mi colega David. Un diseño acorde con su especie predilecta, para usar en su nuevo espacio https://dvarelapernas.wordpress.com/?ref=spelling.
Y ya me ha dado las gracias públicamente jejeje: https://spinningdesdeelpedrero.blogspot.com.es/2016/12/nueva-web-nuevo-logo.html
 Por otro lado, os anuncio que la sexta edición de "A ver cantos quedamos a spinning" ya está a la vuelta de la esquina.
 Si no hay novedad, allí estaré, con ganas de charlar con buenos compañeros de afición, entre los que se encuentra Anxo; uno de los organizadores.
Estoy seguro que será un éxito, como las anteriores ediciones.
Y antes de retomar la pesca al 100%, toca disfrutar de otras "capturas" del otoño como son las castañas, los madroños y las setas.
Con paisajes como este, cualquiera no le dedica unas jornadas jejeje.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Jornada accidentada

Cuando uno sale de casa y pone rumbo a su zona de pesca, no suele pensar en que vaya a ocurrir nada malo, sin embargo, el destino a veces nos recuerda que existe la posibilidad de sufrir un percance.
No hace mucho, Alex sufrió un accidente muy aparatoso, del que todavía hoy se está recuperando.
Y a mi mente llega el recuerdo del fatídico día en el que Maxi (Gomolas) perdió la vida practicando una afición tan sana como la pesca.
Lo que voy a relataros no es tan preocupante como los casos anteriores, pero servirá de recordatorio para que seamos conscientes que donde uno menos se lo espera, puede sufrir un accidente.
 En esta ocasión nos juntamos Luis, Antonio, Bullma y yo. Llegábamos al río con las primeras luces, abriéndonos paso entre la maleza de la orilla. La recompensa a tan difícil travesía, era el poder disfrutar de una jornada en las aguas del Miño.
Cuando vamos a esta zona, regulada por un embalse, siempre tenemos presente la posibilidad de la subida repentina del caudal, por lo que cada poco tiempo nos fijamos en la orilla, por si el agua comienza a aumentar de nivel.
La mañana transcurría con normalidad. Mis compañeros habían capturado algunas pintonas y yo hice lo mismo en medio de una fuerte corriente. Fui acercando la trucha hasta mi posición y la sujeté con la mano. Esta se sacudió y se precipitó hacia el agua, con tan mala suerte que el anzuelo se clavó en uno de mis dedos. Por fortuna, se trataba de un anzuelo sin muerte de pequeño tamaño. Con un leve gesto pude liberarme de este, por lo que no me lamenté de lo sucedido.
 Moviéndome por la orilla, llegué hasta la posición de Luis. Entonces me percaté de que tenía el chaleco manchado de sangre, al igual que su oreja derecha.
El pincho de una zarza se le había clavado en un capilar del pabellón auditivo, lo cual provocó que la sangre brotase. Tras extraer el pincho, las plaquetas ya habían detenido la hemorragia, así que se quedó en algo anecdótico.
 Continuamos con la pesca y tocaba rehacer alguno de los montajes, mientras Bullma se entretenía con una rama que había recogido sobre los cantos rodados.
Momentos antes, Bullma había sido arrastrada por la corriente, ya que ella no tiene la capacidad de vadeo que tenemos nosotros. Y es que a esta incansable perrita, no le gusta estar muy lejos de su amo, salvo que haya percibido los efluvios de algún corzo o jabalí.
 El frío estaba haciendo mella en nuestros cuerpos, ya que la temperatura del agua es baja en esta época y la brisa que acompañaba a la mañana era gélida de verdad.
La única manera de mantener el frío a raya, era no permanecer estáticos durante demasiado tiempo.
 Por la tarde, Antonio se ausentó, así que Luis y yo nos fuimos a un nuevo escenario, en compañía de Bullma. La presencia de gran cantidad de cantos rodados, cubiertos de un fino limo, ralentizaba nuestra marcha.
Luis logró clavar dos truchas en una zona de aguas tumultuosas, y puesto que me encontraba a cierta distancia, no me acerqué para tomar unas instantáneas.
Al poco de reanudar la marcha, sufrí un resbalón, por lo que mi cuerpo se golpeó contra las rocas, junto con mi caña. La cerámica de la anilla de punta se desprendió del bastidor, aunque sin llegar a quebrarse, lo cual fue una suerte.
Mi cuerpo ligeramente magullado, no me dio señales de que algo grave hubiera sucedido, por lo que seguí a lo mío.
 Luis se había aventurado por una de las muchas pesqueiras que hay a lo largo del río. La dificultad del paso, junto con la fuerte corriente, hizo que Bullma aguardase resignada, con su cara reposando sobre el mullido musgo que tapizaba la roca en la que se encontraba.
 En la distancia divisé que algo rompía la superficie del agua. Inicialmente pensé en un pez, pero al comprobar que se repetía con una frecuencia muy corta, me llamó la atención. Me acerqué a comprobar de qué se trataba, y así fue como descubrí que aquel animal era una nutria.
Estuvo un buen rato ejecutando ese curioso movimiento, y fue mi presencia la que hizo que se descolgara corriente abajo, buscando cobijo en la orilla opuesta,
 Cuando me disponía a retomar la pesca, escuché unos gritos. La cabeza y los brazos de Luis asomaban por detrás de las rocas de una de las pesqueiras. Acudí raudo aunque con precaución. Cuando llegué a su lado, me dijo que la fuerte corriente lo había arrastrado. El bastón de vadeo se torció por la fuerza ejercida por mi compañero, dado que se había introducido entre dos rocas. 
Estaba empapado por completo. En ese momento su primera preocupación era el móvil, ya que se había mojado a causa de la caída.
Como pudo, Luis me fue pasando la caña, el chaleco y el teléfono, hasta despojarse de todo aquello que le molestaba para volver a la orilla.
La corriente que nos separaba era muy fuerte, así que sugerí que se agarrase a una piedra, mientras yo sostenía el bastón, a modo de barandilla. 
De esta manera pudo salir airoso y recuperar la tranquilidad.
Tras lo acontecido, ya sólo nos quedaba buscar una senda a través del bosque, para volver a casa y cambiar la ropa mojada por una seca.

Esta jornada me recordó una vez más, que somos vulnerables ante los contratiempos, por lo que siempre recomendaré ser cautos en cada salida. De esta manera siempre desearemos volver pronto a practicar este bello deporte que es la pesca.