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lunes, 30 de mayo de 2016

A por gigantes

Después de un tiempo en dique seco a causa de problemas informáticos y de otra índole, volví a sujetar una caña para sentir su tacto.
El objetivo que teníamos por delante era un reto difícil, donde además había que contar con otros factores.
Descendimos el valle Luis, Víctor y yo. En la mente de todos ... el salmón.
Cada uno lo intentaría con una modalidad diferente. Víctor con la mosca, Luis con la ninfa y yo con la cucharilla.
 Cada uno tomó posición en el río. Teníamos que aprovechar que el caudal permitía acceder a buenas zonas, si bien aquí hay que pecar de precaución, pues el susto puede ser enorme.
 Durante la jornada, mucho viento y alternancia de nubes y claros con lluvias esporádicas. Este hecho no mermaría nuestras ganas de encontrarnos con el rey del río.
 En un pequeño paréntesis, Luis me mostró las fotos de un salmón capturado recientemente por él.
Esto me animó mucho porque me imaginaba a uno de esos formidables salmónidos, aguardando en las aguas, a que nuestros engaños se pusieran a tiro.
 Cada poco tiempo, podía ver como Luis capturaba truchas y bogas que se encontraban en la trayectoria de la deriva de su ninfa.
Sin duda fue el que mejor se lo pasó, ya que dichas capturas fueron abundantes.
 El viento comenzó a soplar con fuerza por momentos, lo que dificultaba algunos lances. 
Sin embargo esto no sería una excusa para dejar de pescar.
A última hora, el río comenzó a crecer con rapidez, por lo que tuvimos que buscar otras zonas desde las que pescar. Toda precaución es poca cuando se trata del río Miño.
Además tenía en mente la noticia de un chico que había desaparecido esa misma noche.
Espero que el desenlace sea positivo, pues la lista de víctimas de este río no para de crecer.

jueves, 5 de mayo de 2016

Primicia mundial

El 1 de mayo, día del Trabajo y de la Madre, comenzaba la temporada del salmón y del reo en Galicia.
En vista de este hecho, tocaba acercarse con Luis hasta el río Tea, como llevamos haciendo últimamente.
Tocó madrugar y con todo listo en el coche, nos fuimos hacia nuestro destino.
 Llegamos a la zona elegida y nos encontramos el panorama de otros años. Estacadas sin desmontar y en las que algunos todavía estaban con la fisga en la mano. Según tengo entendido, la temporada termina el 30 de abril, por lo que el 1 de mayo ya tienen que estar desmontadas estas estructuras.
Si queréis saber algo más de esta modalidad de pesca: La pesca de la Lamprea.
 Y es que los cables, andamios y todo tipo de estructuras que permanecen en el río, complican la vida a los que nos dedicamos a pescar con caña. Siempre existe el riesgo de perder señuelos enganchando en todo el arsenal de estacadas que todavía permanecían en el cauce del río.
 Espero enterarme bien de este tema, ya que merma las ganas de comenzar la temporada, pues no es del agrado de muchos pescadores, toparse con la gente haciendo ruido y desmontando las estacadas (los que lo hacen) a plena luz del día.
Tocaba echar mano de la paciencia y buscar aquellos lugares en los que no había obstáculos o "romería estaqueril". Lo cierto es que se me fue disipando la ilusión, a medida que avanzaba la mañana.
Llegamos a una zona que conocemos bien y me dispuse a vadear un poco, para buscar comodidad en el lance. Tras unos lances sin fortuna, percibí unas siluetas serpentiformes a cierta distancia de mi posición.
Eran lampreas, las cuales se encontraban a escasos centímetros de una estacada. Entonces rememoré una jornada pasada en la que unos pescadores de lamprea, desmontaban la estacada con parsimonia, a la vista de que había un grupo de lampreas a tiro de fisga. El sentido común me decía que si me marchaba de allí, no dudarían en fisgar aquellas lampreas, así que me mantuve en el mismo sitio hasta que se marcharon, consciente de que no iba a pescar nada con todo aquel alboroto.
Pero en esta ocasión, los dueños de la estacada aún tendrían que volver para desmontar la estructura y quizás las lampreas seguirían allí, para cuando eso ocurriese.
El caso es que aquellos peces antiquísimos "danzaban" alrededor de una piedra fija en el fondo, así que se me ocurrió una idea. Lancé mi cucharilla hasta colocarla junto a la piedra y cuando una lamprea la tapase, clavaría como si de una trucha se tratase.
Y entonces ... ¡¡ZAS!! ¡¡Una lamprea a spinning!!
El caso es que increíblemente venía prendida por la boca. La deposité en la sacadera para luego devolverla a su medio. Esta se desplazó río arriba buscando un nuevo emplazamiento.
 Pensé en la suerte que correrían las otras y me dispuse a proceder de igual manera.
Y ¡¡ZAS!! Otra lamprea que peleaba fugazmente hasta llegar a mi sacadera. La liberé y esta se descolgó hasta el pozo inferior.
Y así repetí la maniobra con la 3, 4 y 5. 
¡¡5 lampreas clavadas por la boca y liberadas hacia nuevos emplazamientos!!
Hubo una sexta que logró liberarse y que ascendió por el río hasta perderla de vista.
Ahora las lampreas ya se quedaban fuera del alcance de una posible picaresca por parte de los pescadores de las estacadas, ya que hay precedentes de estos hechos. NOTICIA.
Bromeé un rato con mi compadre, pues creo que sacar unas lampreas a spinning, era una primicia mundial, ya que nunca había leído algo al respecto.
De vuelta por la orilla, Luis y yo nos encontramos con dos pescadores que descendían río abajo. Uno de ellos había capturado una pintona de buen tamaño. La cara se me hacía conocida y resultó ser uno de los hermanos de Arturo Alonso.
Esta es la estampa que presentaba este puente sobre el río Tea. Meses atrás, con las intensas lluvias, el agua lo sobrepasó. Unos 7 metros más con respecto al día en que tomé esta instantánea.
A estas alturas de la jornada, ya estaba pensando en la tarde, pues el panorama de todas las estacadas montadas, no me agradaba ni un ápice.
Pasando al lado de alguna, pude comprobar que las ascuas de las hogueras que hacen para soportar el frío de la noche, estaban todavía incandescentes.
Y donde no había estacadas, quedaban los faroles con sus correspondientes cables de alimentación y sustentación.

Tras recoger los equipos y tomarnos un café y un chupito de licor café, Luis y yo nos fuimos a comer a Salvatierra. De esta manera, ya podríamos poner rumbo a casa de otro Luis.
En esta ocasión probaríamos otros colores de las cucharillas Mapso. Al llegar a casa de Luis, tocaba saludarlo a él y a Bullma, a la vez que le presentaba a mi compañero de pesca.
Una vez allí, me dispuse a montar algunas cucharillas con anzuelos simples, junto a otras con anzuelos triples Daiichi y una con anzuelo gamakatsu con muerte Falkus, la cual se dispone por fuera de la curva de este.
Ya en el río, las cucharillas comenzaron a hacer de las suyas. El primero en estrenarse fue Luis con esta bonita trucha, en una zona de fuerte corriente.
Poco después, yo me hice con una boga, cosa que me provocó una grata sorpresa jejeje.
Tras ponernos de charla con otros dos pescadores que aparecieron por el lugar (padre e hijo), proseguimos con la pesca. Luis, nuestro anfitrión capturó una pequeña pintona, que volvió a su medio rápidamente.
 Poco después, Luis, mi compadre, se hizo con este reo, el cual sucumbió al artificial de color cobre.
Y luego fue nuestro anfitrión, el que repitió con otro pequeño reo.
Ya sólo quedaba yo por bautizarme con un salmónido, así que a insistir en distintos puntos a lo largo del cauce del Padre Miño.
Llegué a una zona donde el sol ya se disponía a desaparecer. Fue entonces cuando el sueño comenzó a apoderarse de mi. El madrugón había sido demoledor y no había parado para echar una cabezadita, cosa que mi compañero sí había hecho.
Por ello nos fuimos a casa de Luis para tomar un café, charlar de pesca y luego poner rumbo a casa.
19 horas a pie, son muchas horas para haber estado machacando río y de tertulia, así que esta vez tocaría dormir a pierna suelta jejeje.