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domingo, 19 de mayo de 2013

Nuevo escenario

Hace unos días tocaba spinning. En esta ocasión, acompañado de José Antonio, me fui al río Oitavén.
 El río descendía con un buen caudal para la época del año en la que estamos, y la vegetación de pequeño porte aún no había crecido demasiado, por lo que no tendríamos muchas complicaciones a la hora de lanzar.
 Tras un par de picadas fallidas al inicio de la jornada, pude capturar la primera trucha del día. Esta la habíamos localizado previamente, por lo que conocíamos su ubicación de antemano.
Tras la foto la devolvimos al medio para que siga creciendo.
 El río esconde alguna que otra trampa en forma de marmita de gigante. Estas pueden ser un tanto peligrosas cuando se encuentran bajo el agua, ya que accidentalmente podemos meter un pie en ellas, provocándo una caída.
 Al llegar a una bifurcación en el río, nos separamos momentáneamente. Yo caminé por el cauce de la derecha, mientras que mi compañero lo haría por el izquierdo. Aquí pude capturar otra trucha de escaso porte.
 El sol comenzaba a tomar posición en el cielo y todo en nuestro entorno se percibía con nitidez.
Nuestros señuelos iban peinando minuciosamente cada corriente o pozo, capturando algunos de los seres que allí habitaban.
 Llegamos a una zona en la que el río se abría un poco más. Las rocas de gran tamaño servían de parapeto para acechar a las posibles presas sin que estas pudieran percatarse de nuestra presencia.
 De esta manera engañamos alguna pintona más que posaba brevemente para la foto.
Todas ellas muy bravas, pues el río discurre por un paraje agreste.
 Numerosas cascadas iban apareciendo a medida que avanzábamos. Los lances se concentraban en los pozos inferiores, a la espera de que algún ejemplar de porte tomase nuestros engaños.
Sin embargo sólo las más jóvenes e inexpertas parecían apreciar los señuelos que les ofrecíamos.
Caminando durante un buen rato, llegamos al límite superior del coto. Aquí pondríamos punto y final a la jornada, ya que estos tramos son difíciles de andar, lo que favorece la aparición del cansancio en las piernas.
Ya sólo nos quedaba descender hasta el coche y esperar a que haya un poco más de suerte en próximas visitas, si bien no hubo queja.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Lubinas de quedada

El pasado domingo asistí a una quedada que iba a tener en la costa próxima a mi localidad: 1ª Quedada Hermanos de los Anzuelos.
Por ser la primera, siempre surgen dudas en cuanto a participación, pero a pesar de todo decidí acercarme, ya que me quedaba relativamente cerca.
Después de recoger a Rubén, puse rumbo al puerto de Panxón.
Allí me encontré a Marcos, Jorge, Esteban, Miguel, Micael, Óscar, Jorge Iglesias y Sergio.
Tras las presentaciones, tocaba acercarse al pedrero, pero Marcos,  Rubén y yo haríamos una parada para desayunar.
A continuación fuimos buscando una zona propicia para comenzar y de camino nos encontramos a varios de los asistentes. Así que no buscamos más y allí mismo preparamos todo para iniciar la jornada.
 El mar estaba un tanto desapacible, pero pudimos ir efectuando algunos lances. Varios compañeros ya habían hecho sus primeras capturas, por lo que buscamos una zona algo más alejada.
 De camino a un puntal, observé a un grupo de alevines muertos (sardinillas tal vez), las cuales habían quedado atrapadas en la bajamar. Imaginando la cantidad de peces pasto que rondarían el lugar, pensé que la cosa prometía. Para entonces Marcos ya había capturado una docena de agujas.
 De camino al puntal efectué algún lance y en uno de ellos, tuve la picada de una aguja, la cual se enredó por completo en el bajo de línea. Me costó un poco liberarla, pero al final volvió al agua.
En el nuevo emplazamiento, Rubén logró engañar a una lubineta, con lo cual creo que todos habíamos tocado escama.
 Cambié el minnow por un Savage Gear Cannibal que Walter me había regalado. No tardé en sentir otra lubineta que volvió al agua tras la foto.
 Al poco rato llegó Marcos y con un vinilo logró su primera lubina. A pesar de estar pescando uno al lado del otro, el pez encontró primero el engaño de mi compañero, lo que me alegró ya que todos los que nos encontrábamos en el puntal habíamos capturado alguna.
 Volví a colocar un minnow de Yokozuna en la grapa. Quería prospectar una roca que estaba bastante alejada. Y de esta manera saqué esta lubinita, que no era mucho mayor (en longitud) que el señuelo.
Mi estómago me pedía redesayunar, pero aún había tiempo de hacer unos lances más, así que dejamos para más tarde el tentempié y nos pusimos con los paseantes.
 Poco después de que Marcos capturase esta lubina, tuve un ataque por parte de otro pez, pero este no quedó prendido. Al rato, otra lubina mayor que Marcos no logró poner en seco, pues no hubo oportunidad.
Así finalizamos la jornada, para poner rumbo a un bar cercano.
Allí repusimos fuerzas, mientras charlábamos de los lances de la mañana y de más temas relacionados con la pesca. Cuando se acercaba el momento del pesaje, nos fuimos hasta la tienda de Pedro: Capitán Nemo.

Mi colega Marcos quedó en primer lugar. El segundo puesto fue para Óscar. Y el tercer clasificado fue Miguel.

A pesar de que la escasa asistencia, pasamos una mañana muy entretenida, así que luego nos fuimos para el bar a tomar una cervecita, que estaba más que merecida.

Dar las gracias a Pedro por colaborar en dicho evento.

La jornada según Óscar:
http://elmundodeodlures.blogspot.com.es/2013/05/magnifica-quedada-amigos-de-los_14.html
http://elmundodeodlures.blogspot.com.es/2013/05/magnifica-quedada-amigos-de-los_2936.html

La jornada según Esteban:
http://surfcastinvigo.blogspot.com.es/2013/05/1-quedada-hermanos-de-los-senuelos.html

VIDEO RESUMEN

 

lunes, 13 de mayo de 2013

Barbos gitanos 3: !! Una "barboridad" ¡¡

Comienza un nuevo día y nos preparamos para el asalto final.
Al salir de casa, directos al bar para desayunar fuerte, pues tenemos por delante un buen número de horas que llenar de recuerdos.
 Acudimos por última vez a tierras extremeñas. 
De camino al río me deleito con la cantidad de fauna, tan distinta a la que estoy acostumbrado.
Abejarucos, alcaudones, rabilargos, abubillas, grajos, perdices. Todos parecían haberse puesto de acuerdo para despedirme en esta última jornada de pesca.
Vamos preparando todo lo necesario. Cuando ya estamos a pie de río, podemos ver lo que nos aguarda.
 En esta ocasión volveremos a pescar Kike y yo, mientras José Antonio y Pepe probarán otras zonas.
El viento racheado nos pondrá a prueba, pero no tendrá nada que hacer contra unos pescadores que ansían acariciar cada uno de los tesoros que se encuentran en la masa cristalina que discurre serpenteante por el valle.
 La talla media de los peces indican que la diversión será enorme, si bien cada combate puede ser una lucha perdida.
A la sombra de unos fresnos clavo mi primer barbo. Raudo acude a la corriente, para aliarse con ella y tratar de poner distancia entre ambos. Finalmente la paciencia me brinda la posibilidad de acercarlo a mi mano y sujetarlo al fin.
Saboreo el momento, pues me ha brindado una lucha espectacular.
 Kike me permite pescar a mis anchas, cediéndome gran parte de las zonas que nos vamos encontrando.
Me va asesorando nuevamente y también ejerce de cámara, para dejar constancia de mi disfrute.
Y es que estaba eufórico visualizando tal cantidad de peces y de tan buen tamaño.
 Por un momento, Kike se separa de mí y se dirige a una zona superior. El viento sopla en ocasiones con gran potencia, por lo que tengo que parar de pescar.
Después de una tregua, ya puedo retomar la actividad, aunque esta no dura y la superficie del agua se riza irremediablemente. Efectúo un lance hacia un bello ejemplar, que había localizado previamente.
Intuyo una silueta borrosa que se mueve hacia la mosca ... este la toma sin recelo y comienza la acción.
Lo mejor para combatir en viento en estos casos, es tener un buen barbo al otro lado de la línea jejeje.

Abandono la zona pero no tengo muy claro por dónde ascender. Así que camino hacia la ladera del valle. Este tiene una pendiente exagerada, casi vertical. El terreno cede bajo mis pies, pero voy avanzando.
Efectúo un silvido y Kike me responde. Desciendo hacia una zona en la que hay gran cantidad de aluviones y al llegar, mi compañero me muestra el punto en el que se encuentra un gran barbo.
Este permanece estático en la corriente, tranquilo y seguro de si mismo. Efectúo el primer lance pero hace caso omiso de la mosca. Los lances se suceden y el resultado es el mismo.
 Kike me sugiere que pruebe con una ninfa. Tras atar la imitación, voy posando el engaño en las cercanías del pez, hasta que una de las derivas parece que le llama la atención.
El pez de grandes proporciones toma la imitación y comienza a tirar con una potencia descomunal. En un par de segundos de lucha, el pez se suelta y nos lamentamos de lo sucedido.
La lógica nos dice que hay que revisar el anzuelo de la ninfa y es entonces cuando comprobamos que el barbo había logrado abrir el anzuelo.
!!Bestial¡¡
 Esto es lo que comúnmente se conoce con el nombre de Cowboy jejeje.
Tras encontrar este cráneo de vaca, le sugerí a Kike que podía bromear sobre la fidelidad que le brinda su pareja jejeje. Y como podéis ver, no dudó en posar para la foto.
 Tras la pérdida de mi mosca, mi compañero me ofrece la posibilidad de pescar con una mosca bastante voluminosa.
Tras atarla, fue ofrecérsela a los peces y estos entraron en un estado de frenesí para hacerse con ella. Ante este hecho, Kike ató la Chernobyl. ¿El resultado? El mismo exactamente.
Poco después, otro barbo logró abrir el anzuelo de mi mosca. A causa de ello, le pedí a mi compañero una Chernobyl.
!!Entonces comenzó el festival de picadas¡¡
La efectividad de esta imitación rozaba la perfección, pues en algunos casos un barbo tomaba la mosca, dejaba que este se soltara y a continuación ya era posible que un pez mayor atacase el engaño.
 La cantidad de capturas hizo que se agotase el espacio de la memoria de la GoPro.
A partir de ahí, tenía que arreglármelas con las otras cámaras que llevaba para la ocasión.
Me sumí en un estado de satisfacción desenfrenada, que hacía que sólo me concentrase en el pez.
En el otro extremo de la línea, tenía el santo grial de las imitaciones, la cual seleccionaba la talla de los peces de forma alucinante.
Con tal cantidad de efectividad en mi poder, pude disfrutar de carreras con salida de backing, de las que te dejan sin aliento.
!!Espectacular¡¡
 Ya casi era la hora de volver para comer y es entonces cuando Kike avista dos barbos de tamaño excepcional, en torno a los 4 kg de peso. Ambos están ubicados en una corriente, flanqueada por rocas.
!!Hay que intentarlo¡¡
Ante la imposibilidad de ejecutar lances desde un lateral, me deslizo por una roca hasta situarme por encima de ellos. Mi compañero me guiará para intentar engañar a alguno de los dos.
 Hago el primer lance y Kike me indica las correcciones. Un nuevo lance despierta la curiosidad de uno de ellos, pero tengo que elevar la mosca o se verá arrastrada por la corriente. Kike se lamenta de la oportunidad perdida. Insisto nuevamente, pero la hasta ahora eficaz Chernobyl, ya no es capaz de ejercer magnetismo alguno sobre ambas criaturas. Su tamaño conlleva experiencia o desconfianza. 
Es hora de intentarlo con una ninfa.
Tras varios minutos de intentos, tenemos que dar por imposible la tarea.
Seguimos un poco más y engañamos sendos barbos de bello porte. Este será el broche de oro para esta jornada.

Una larga caminata nos lleva a reencontrarnos con nuestros compañeros. Estos ya tenían todo dispuesto para comer a pie de río. Fuimos comentando los distintos lances de la jornada y así fuimos consumiendo los minutos. Tras la comida, recogimos todos los bártulos y pusimos rumbo a Constantina, pues Pepe y Kike tenían que volver a sus respectivas casas.
 Mis planes para la tarde incluían visitar la ciudad de Sevilla, pero al final no pudo ser, por lo que sugerí a José Antonio que podía mostrarme algo más de Constantina.
Tras una breve siesta en la habitación del Tena y una reconfortante ducha, me voy con José Antonio hasta el restaurante "El alcornoque".
Allí mi anfitrión se encuentra a Marco, que curiosamente es pescador y bloguero (http://carpfishingconstantina.blogspot.com.es/).
Charlamos un rato mientras iba degustando alguno de los platos de la gastronomía del lugar.
Riñones, una especie de buñuelos con un relleno delicioso y unas gambas envueltas en berenjena que "quitaban el sentío".
Hasta la mesa se acercó Severiano, cocinero y copropietario del restaurante, al que le comuniqué mi satisfacción por cada uno de los platos que había degustado.
Allí José Antonio también me presentó a uno de los guitarristas del grupo Los Grillos Mojaos. La conversación con este fue más extensa y muy entretenida, especialmente por la variedad de temas que allí tratamos, catando un vino de la bodega Fuentefría.
Al final la conversación llegó hasta la hora de cierre del restaurante, así que me despedí agradecido de todos los allí reunidos.
A continuación me tocaba despedirme de mi anfitrión José Antonio, agradeciéndole estas jornadas de pesca con tan buena gente y en lugares tan fascinantes.
Por la mañana, antes de partir, la lluvia hace acto de presencia. Esta es constante durante buena parte del trayecto, hasta que llego a Salamanca. Aquí me recibe la nieve, por lo que decido ir un poco más despacio. Era prioritario llegar. Nuevamente mal tiempo hasta que me voy acercando a Galicia.
Paradójicamente, en mi tierra me encuentro un tiempo soleado con el cielo impoluto.
Tras 10 horas de conducción con dos paradas, llego a casa.
En total 1700.2 Km recorridos, que me han valido para vivir unos días de esos que uno espera repetir lo antes posible. Gentes, gastronomía, paisajes y también pesca, han sido la constante de este largo viaje.

Dar las gracias a José Antonio, Pepe, Kike, Jorge, Carlos y Luis, por el trato recibido.
Y a la gente que he conocido, les mando un saludo, esperándolos ver en otra ocasión.

jueves, 9 de mayo de 2013

Barbos gitanos 2: A seca y con ninfa.

Tras unas horas de insuficiente descanso, porque lo que se dice dormir, no dormí (¿Sería el orujo?), me levanté de la cama. El tobillo me dolía bastante y pensé que al entrar en calor se me pasaría, así que volví a meterme en cama. Todavía quedaba una hora para que el despertador diera inicio al comienzo de la jornada.
Sonó el despertador y me vestí. El tobillo seguía doliéndome y estaba seguro que me condicionaría durante el día.
Con cierta dificultad, me dirigí al bar para desayunar con mis compañeros.
Aquí me deleité con un desayuno abundante, el cual me proporcionaría la energía necesaria para acometer la primera parte del día con ciertas garantías.
No nos apresuramos, pues hoy contaríamos con dos pescadores más en el grupo.
Los invitados en cuestión eran Jorge Moreno y su hijo Carlos. Tras las presentaciones y mientras terminábamos de desayunar, Jorge obsequió a José Antonio con unas imitaciones de saltamontes.
Este a su vez, entregó a Carlos un regalo. Sabedor de que Carlos intentaría capturar su primer barbo gitano a mosca, José Antonio le regaló el libro de Carlos del Rey: Barbos en la Pesca a Mosca.
La cara del niño y de su padre reflejaban una sorpresa de esas que te deja boquiabierto y sin nada que decir durante un buen rato. Tan sólo articularon palabras de agradecimiento de la boca de ambos.
Kike echó un vistazo al libro y yo hice lo mismo después. Hojeando la obra, pude ver fotografías de mi amigo Luis Guerrero y del propio José Antonio.
Un libro muy recomendable con el que me espero hacer en breve, ya que dispone de mucha información útil para los que se inician con este pez y unas fotografías de una calidad sobresaliente.
Horas y horas de I+D para la construcción de un manos libres y resulta que José Antonio ya lo había inventado antes jejeje.
De camino a la vecina Extremadura, paramos en una farmacia para comprar algo que me aliviase el dolor del tobillo. Bajé del coche a la "pata coja" y entré en la farmacia. Descendí las escaleras saltando con una pierna, para entrar nuevamente en el coche y proseguir con el viaje.
Hicimos un alto en el camino para sacar la foto de grupo.
Unos minutos más de trayecto nos llevaron hasta el punto de partida. En esta jornada iría acompañado de Kike, mientras que los demás se marcharían hasta otro punto del río.
Antes de enfundarme el vadeador apliqué el antiinflamatorio, pues aún tenía el maldito dolor en el tobillo.
Como pude seguí a Kike entre los árboles de la ribera, para a continuación descender hasta el cauce del río.
Tuve la oportunidad de capturar mi primera carpa a mosca, pero estas tenían otras ocupaciones más importantes que las de prestar atención a mis moscas.
Al divisar los barbos en el agua, me dispuse para efectuar los primeros lances.
Kike me aconsejaba en la táctica a seguir, pues también acumula muchas horas pescando este noble pez.
Innumerables barbos fueron pasando por mis manos y las de mi compañero.
Diversión a raudales que hacía fluir la adrenalina constantemente.
Quizás esto hizo que el dolor del tobillo se disipase, porque al final me di cuenta de que ya no me dolía.
Me acerqué a una tabla de buenas proporciones. Dos pequeños barbos huyeron despaboridos, pues se encontraban muy cerca de la orilla. Inicialmente observé la cabecera del pozo, pero la lógica me dictaba que podía hacer algún lance hacia abajo.
A través de las gafas polarizadas se intuía una silueta en las aguas. Quizás fuera una roca oscura, quizás una rama sumergida, tal vez un barbo.
Los dos primeros lances no tienen recompensa, pero el tercero hace que la silueta emerja ... una boca se abre a través de la superficie y toma la mosca ... !!BARBO¡¡
Se trataba de un buen barbo que comenzó a tirar río arriba, pero por suerte se paró antes de ascender a la siguiente tabla.
No pude ver al ejemplar durante al menos dos minutos ... el brazo me pedía una tregua ... pero sabía que si aguantaba el bajo y el anzuelo, mi brazo también lo haría. Pasaron unos agónicos minutos con el corazón latiendo con fuerza y por fin pude sujetarlo en mi mano, aunque lo cierto es que me costó, dada su envergadura.
Tras las fotos de rigor, lo liberé y me despedí de él. !!Este momento hizo que el viaje valiese aún más la pena¡¡.

 

(Vídeo de la captura)
Recuperado del anterior lance, Kike y yo nos fuimos deleitando con la pelea de estos peces. Carreras alocadas hacia la corriente, con bruscos cambios de dirección, rozando el bajo contra todo aquel obstáculo que les puedan garantizar la libertad.
!!El barbo gitano en estado puro¡¡

La librea de estos peces es formidable. Es tan diferente a la de los peces que estoy acostumbrado a pescar, que me llama poderosamente la atención. Quizás por ello me obsesione un poco por quedarme con una instantánea de su estampa.

Todos y cada uno de los peces que fui sacando, merecerían un relato propio. Hasta los más pequeños desatan una lucha impresionante, si bien a veces se les puede dominar sin demasiadas complicaciones.
Los paisajes que aparecían después de cada tabla, competían en belleza con los anteriores.
El sol en lo alto comenzaba a calentar, aunque la brisa que soplaba intermitentemente era algo más que fresca.
Pude observar en alguna rasera, a varios ejemplares de barbos gitanos. No sé si se paran a descansar o simplemente esperan que les llegue algún bocado. El caso es que ver como estos peces se mantienen casi inmóviles en las corrientes es un espectáculo digno de ver en directo.
Mientras tomaba alguna instantánea, contemplé a mi compañero batiéndose en duelo con otro gitano. Este buscaba la protección de las ovas e hizo que Kike se empleara a fondo para sacarlo de su sitio.
Unos chapoteos y unas carreras antes de que el pescador acercase al barbo a su mano, para contemplarlo y liberarlo en las aguas que le proporcionan cobijo.
Caminando por la orilla, me encontré a este ejemplar de buen tamaño, que se guarecía tras una mata de plantas acuáticas. No mostró mucha preocupación por mi presencia, así que después de fotografiarlo, me alejé con la precaución de no molestarlo.
La mañana discurrió con tantas capturas, que al final tuvimos que emprender el viaje por la orilla, ya que de otro modo no llegaríamos a tiempo para comer.
El fuego ya estaba preparado para recibir la carne. Hubo algún problema con la parrilla, por lo que la receta se alteró un poco, siendo el resultado una Carne "a la ceniza" jejeje.
A pesar de ello, la carne estaba deliciosa, al igual que el pan y todo lo que fue pasando por la mesa.
El momento de relajación fue aprovechado para comentar los lances de la jornada.
Cuando dábamos buena cuenta del postre, ya fuimos planificando la tarde.
Kike se quedó a dormir la siesta, mientras que yo, que estaba eufórico por la mezcla de la jornada matinal y el licor café jejeje, me iría con Pepe.
José Antonio, Jorge y Carlos, se quedarían por las proximidades, para intentar que este último recibiera el "bautismo barberil".
El río se mostraba adornado con todas sus galas. Aguas transparentes, salpicadas de ovas y escoltadas por tamujos y adelfas.
La tarde se presentaba con una temperatura agradable, que invitaba al pescador a tomárselo con calma, y mientras Pepe y yo nos dirigíamos hacia el río, escuché un griterio.
Acudí corriendo por si Carlos había capturado su primer barbo gitano, pero era una falsa alarma. Parece que fue un bordallo el que había tomado la mosca.
Me quedé un rato contemplando a padre e hijo compartiendo un momento tan mágico. Estoy seguro de que Carlos y Jorge tendrán un buen recuerdo de este día. Un día en el que una misma pasión los unió aún más si cabe, estableciendo un vínculo que se reforzará en jornadas venideras.
Como el tobillo ya no me dolía, me apresuré para alcanzar a Pepe, y así poder seguir gozando de su siempre instructiva conversación. Y es que Pepe es un gran conocedor de esta especie, pues ya son muchos años los que lleva lidiando con los sclateri.
Descendimos por una pendiente pronunciada, hasta llegar al río cuyo rumor nos hablaba de épicos combates entre barbos y hombres. Contiendas en las que unas veces salían victoriosos los peces y otras los pescadores.
La brisa que acariciaba las líneas y las moscas en su seno, anunciaba la proximidad de nuevos duelos. ¿El desenlace? ... el tiempo lo diría.
Los peces estaban un tanto recelosos de las imitaciones flotantes. Entonces Pepe, en su infinita sapiencia, me ofrece una ninfa que me presenta como el bálsamo a mi onerosa situación.
 !Eureka¡
La primera deriva de la ninfa y contemplo con asombro como un barbo sucumbe a los encantos hipnóticos de la exquisita imitación. Visualizar el recorrido de un pez a escasos metros, sin que el muestre el mayor recelo, es algo digno de presenciar.
Un fugaz gesto por parte del pez, me indica que clave. La lucha comienza con una explosión en el agua, seguida de una frenética carrera río arriba. La caña se flexiona violentamente mientras el carrete gira a toda velocidad.
Sólo puedo aliarme con el tiempo para poder acercar al malhumorado pez.
Pepe, va detrás de mí, sacando barbos donde yo ya lo he hecho. Es un fuera de serie de la pesca y me da una lección de cómo se debe obrar en el río.
No me extraña nada que sea capaz de engañar peces donde yo había estado minutos antes, y es que quizás él posea un don, que sólo los grandes maestros pueden adquirir, a base de esfuerzo y constancia.
Después de unas cuantas capturas que redondean un día fabuloso, descendemos por la ribera hasta encontrarnos con nuestros compañeros.
Fue entonces cuando nos comunicaron una excelente noticia: Carlos había capturado su primer barbo gitano. Tras recibir nuestras felicitaciones, comentamos lo ocurrido durante la tarde.
Tras una charla muy amena con risas y anécdotas, Jorge y Carlos se despidieron de nosotros.
Poco después, fuimos guardando todo el material, pues todavía teníamos que llegar a casa y cenar.
Pero la noche aún me reservaba una sorpresa más.
Tenía varias llamadas perdidas de Luis, quién se había desplazado desde Sevilla capital, para saludarme.
Toda una sorpresa, pues se trata de una persona a la que le tengo gran aprecio.
Muchos de vosotros habréis visitado su blog: http://comopezenelaguapesca.blogspot.com.es/ y otros conoceréis a Luis por los fantásticos artículos que escribe para la revista FederPesca.
El caso es que tuvimos una charla muy entretenida en compañía de Pepe, José Antonio y Kike, la cual se prolongó bastante. Será que a todos nos gusta hablar y más si es de pesca.
Tras despedirme de Luis, ya sólo me quedaba ir a dormir y desear que la última jornada de pesca, fuera igual de intensa que la que había vivido.

Dar las gracias a Jorge, Carlos y Luis, por haber hecho de esta segunda jornada, una velada inolvidable.

CONTINUARÁ ...