Seguidores

lunes, 30 de agosto de 2010

Sorpresas en el mar

En esta última salida de pesca del mes de agosto, no madrugamos demasiado, porque los días ya se van acortando.Después de reunirnos Diego, Juan, Marcos y yo, pusimos rumbo a la zona de pesca.
Cerca de donde nos encontrábamos, observamos a dos pescadores, que son viejos conocidos de la pesca a spinning en embalse. No me acerqué a charlar con ellos, pues acabábamos de comenzar y no era plan de ponerse a hablar, cuando aún no había salido la primera pieza de la jornada.En el horizonte se apreciaba el humo de los incendios, que nos llegaba del país vecino.
Sin duda la magnitud de estos es de proporciones colosales, pues a medida que avanzaba la jornada, el humo iba en aumento a pesar de la ausencia de brisa.La calma de las aguas y su claridad, condicionaban mucho la pesca, por lo que aprovechábamos para ir comentando otros temas.
Es el caso de los señuelos. Juan traía un Vision Oneten de Megabass- Ito y yo una copia exactamente idéntica salvo los ojos, de la casa Payo. En el caso de la copia, esta tiene un precio muchísimo más asequible.El mar seguía muy calmado y las gaviotas se abalanzaban sobre nuestros paseantes. Cada vez son más frecuentes las anécdotas que ocurren con estas aves.
Algunas de estas anécdotas finalizan con la pérdida del señuelo o en el peor de los casos, con la gaviota enganchada por el pico.Cuando Juan y yo nos encontramos con nuestros compañeros, Rubén se había sumado al grupo.
Diego había sacado un abadejo y dos agujas. Los demás no habían capturado nada, pero aún quedaba mucha mañana por delante.En una zona de canales, observamos un cardumen de peces en la distancia. Intentamos capturar alguno, pero no había manera. No sabíamos de qué clase de pez se trataba, así que intentamos clavar alguno. Después de muchos intentos, conseguí atrapar uno y me llevé una gran sorpresa cuando comprobé que se trataba de una lisa, pero no cualquier lisa, sino la que tiene una pinta amarilla en su opérculo: La liza aurata.A media mañana Juan tenía que ausentarse, así que decidimos pescar un poco más y luego cambiar de zona.
La actividad era nula y los señuelos que les ofrecíamos a las potenciales presas no daban resultado.Una gaviota intentaba dar buena cuenta de una estrella de mar, pero al rato desistió. Sin embargo, otra que sí había conseguido comerse una de las extremidades de la estrella, acabó por regurgitarla.En una zona de rocas encontramos lo que serían los restos de un aparejo de pesca. Una vez más, el mar echa de sus dominios lo que es ajeno a él.
Metros y metros de cuerda de nailon (nylon), con ramales de sedal de gran diámetro.En la nueva zona nos encontramos con una alta concentración de laminarias. Estas se convierten en una verdadera trampa, pues resbalan una barbaridad.
Diego pudo comprobar esta característica a pesar de extremar las precauciones al moverse por las rocas.
Por suerte se lo tomó con buen humor, pues la caída no terminó en tragedia.En uno de los últimos lances de la jornada, tuve una picada con una respuesta que no había visto antes. Unas veloces carreras cambiando de dirección.
Cuando el pez estaba cerca, pensé que era una pequeña lubina, pero la sorpresa fue mayúscula, cuando comprobé que se trataba de un reo.
Uno de esos bellos salmónidos que en su periplo marino adquiere un bello color plateado.
Lo desanzuelé con rapidez y lo devolví a su medio.
Al soltarlo, me dejó alguna de sus escamas, pues en esta fase marina, se le suelen desprender con facilidad.
Y la mañana no nos dejó hacer más, por lo que nos fuimos de camino a los coches.

lunes, 23 de agosto de 2010

Mar pasado

Así es como nos encontramos el mar este sábado. Un mar pasado que no nos hizo desistir de pasar una jornada de pesca por la costa.
En esta ocasión Diego llegó acompañado de dos compañeros de trabajo: Manuel y Rubén.Las olas nos sobrepasaban y generaban peligrosas vaciantes que en un descuido te podían arrastrar al mar. En estas condiciones es prioritario extremar las precauciones, pues venimos a pasarlo bien y como suelo decir "Un pez no vale una vida".
La primera lubina la saqué en un lugar comprometido, por lo que desestimé tomar ninguna instantánea.Las laminarias estaban por todas partes, pero siempre se podía buscar algún espacio en el que poder ofrecer nuestro artificial.
En estas condiciones esperaba capturar sólo lubinas, ya que otros peces no resisten las condiciones que se estaban dando.
Esta fue la segunda loba que salió y como no, a base de insistir en las zonas más propicias.Sobre un mar desapacible, Manuel me sorprendió con esta captura, pues el minnow que estaba utilizando era un señuelo de pequeño tamaño que resultaba difícil de lanzar y de animar entre semejante mar.La caña se curvó nuevamente y una bella lubina tomó el engaño. Pescar de manera lógica me está dando buenos resultados y no lanzando aleatoriamente como hacía en mis inicios como spinner de mar.Volví sobre mis pasos, pues hacia el norte el mar estaba aún peor y no era sensato arriesgar en los lances.
Cuando llegué junto a Diego y Rubén, este último había capturado una lubina que decidió llevarse para su posterior consumo.Estuvimos un buen rato sin movernos del sitio porque el lugar no tenía mucha laminaria y se prestaba a ser peinado en toda su extensión.
Entonces Diego capturó una aguja muy peleona ...... que finalmente consiguió izar a la roca en la que se encontraba.
Todos habíamos capturado alguna pieza y esto no había hecho más que empezar.Y Rubén también se hizo poco después con uno de estos peces.
La alegría en el rostro de los compañeros de Diego se hacía patente con cada captura. Sin duda estos momentos serán rememorados en el trabajo en los días venideros.Con un poco más de confianza, Rubén se encaramó a una roca desde la que poder lanzar con más comodidad.
Aún así, la confianza no debe cegarnos, pues la seguridad se debe anteponer a cualquier otra cosa.Desde un punto elevado observé que el señuelo trabajaba por la superficie. Era el momento de cambiar de señuelo y probar con uno que ganase más profundidad.
Me bastaron unos pocos lances para sentir una nueva picada. Esta ya era una lubina mayor que las anteriores y que me costó subir hasta donde me encontraba.
El anzuelo triple delantero había cerrado la boca del serránido, pero con la ayuda del alicates y una dilatada experiencia liberando truchas pescadas con cucharilla, conseguí hacer lo que a priori parecía una tarea laboriosa.
Y esta rapidez me permitió liberar la lubina en un espacio corto de tiempo.Con Manuel y Diego descansando a mis espaldas, hice la broma que suelo hacer en estos casos, que consiste en "clavar el agua" enérgicamente, para simular la clavada de un buen pez, para acto seguido girarme y decir: -Habéis picado.
El caso es que pocos lances después capturé esta pequeña lubina, poco mayor que el señuelo. Otra prueba de la voracidad de este habilidoso cazador marino.
Nos volvimos a desplazar hacia el sur y en una zona con una características muy buenas, sólo saqué una aguja.
Como el cansancio ya era más que visible, decidimos dar por concluida la jornada de pesca.De regreso a casa decidí hacer una parada en el faro de Silleiro. Las vistas del mar desde aquí son magníficas.Este es el faro que suele darnos la bienvenida cuando de madrugada nos dirigimos por la oscura carretera de la costa, rumbo al pedrero.
Y además sirve de guía a los navegantes que se acercan por esta parte de la geografía gallega.
Junto al faro, se encuentran las ruinas de una batería militar que defendía la entrada a la ría.
Sin duda es un lugar digno de visitar por toda la historia que alberga.
Batería militar de Silleiro.
Esta es la entrada a las instalaciones ...... y aquí se observan las entradas subterráneas al complejo militar.Si ampliáis la foto, se pueden apreciar perfectamente las ubicaciones de los cañones, que con habilidad han sido integradas en el ambiente.
Siguiendo la carretera por detrás de los cañones existe un mirador desde el que se divisa la ciudad de Baiona, que fue el primer puerto de Europa en recibir la noticia del descubrimiento de América.

sábado, 21 de agosto de 2010

Mar en calma

Día 1:
Víctor, Miguel y yo llegamos temprano al pedrero. Nada más llegar nos dimos cuenta que el mar estaba muy calmo y la marea aún estaba baja, por lo que buscamos un saliente en el que poder pescar sobre algo de calado.
Primer lance y en la recogida algo intercepta mi señuelo. Se trata de un abadejo que buscaba algo que llevarse a la boca con las primeras luces del día.Miguel capturó dos abadejos seguidos en una zona próxima. El puntal en el que nos encontrábamos permitía pescar también en los laterales, por lo que había que prospectar toda la zona.No tardé mucho en que mi caña se volviese a arquear, bajo la presión ejercida de otro cobrizo abadejo. Estos peces nos están brindando grandes emociones últimamente.
Como ocurrió con el anterior, se fue de vuelta al agua para después seguir pescando.Y Víctor también se estrenó con otro abadejo. La luz todavía era tenue, por lo que decidimos quedarnos un poco más en el lugar.
Con un poco de suerte podíamos capturar a nuestra ansiada lubina.Y nuevamente otra picada. Esta más lejos que las anteriores. Intuía una lubina por la forma en que se defendía, pero se trataba de otro abadejo de aspecto más fornido.
Un pescador que andaba cerca nos miraba con cara de asombro cada vez que echábamos un pez al agua.La fortuna quiso que yo estrenase la cuenta lubinera y lo hice con un bonito ejemplar que presentó una buena lucha. De buen grado le concedí el indulto ya que las hay mucho mejores por toda la costa.Al salir del puntal nos encontramos con el cuerpo sin vida de una gaviota. Es algo que se está convirtiendo en una costumbre. No sé si son víctimas de algo que comen o de algún aparejo de pesca, pero el caso es que ya llevo vistos unos cuantos cadáveres de estas aves marinas.Lo seguimos intentando, pero ahora eran las algas las que nos condicionaban en nuestros lances. El caso es que hay gran cantidad de lugares que están cubiertos de estas singulares algas, pero es un proceso al que nos tenemos que acostumbrar.Después nos acercamos hasta cabo Silleiro, pero el mar estaba muy parado. Fue la tónica general de la jornada, pero uno tiene que adaptarse e intentar salir victorioso de estos contratiempos.La última pieza que saqué, fue este abadejo de bella librea que picó en una zona de grandes rocas y que por suerte estaba libre de algas, lo que me permitió colocar el señuelo en el sitio que me parecía más oportuno.
Y esto fue lo que dio de sí esta jornada.

Día 2:
Dos días después me acompañarón Luis y Adrián, quien se está iniciando en esto del spinning marino.
Mientras nos cambiábamos, aparecieron también Víctor y Miguel, por lo que se sumaron a esta jornada.
Al igual que en la jornada anterior, el mar estaba demasiado calmo y la niebla había cobrado protagonismo, pues no podíamos ver más allá de unos metros.Al poco de comenzar, Luis capturó un abadejo y poco después una lubina. Por su parte Miguel se estrenó con otro abadejo. La misma suerte corrí yo, que capturé este otro poco después.Como no podía ser de otra manera, fui instruyendo a Adrián en las técnicas básicas del lanzado y ejerciendo de buen anfitrión.
Y poco a poco comenzó a realizar lances aceptables.
Mientras seguía comentándole los entresijos de esta modalidad, capturé otro abadejo.En medio de la espesa niebla, nos fuimos dispersando y cuando nos dimos cuenta, habíamos perdido a nuestros compañeros. El punto de encuentro serían los coches.
Al rato sentimos como Luis nos llamaba. Antes de salir de la zona de pesca, nos mostró las piezas que había decidido llevarse.
Dimos por finalizada la jornada ya que el mar seguía como un plato y las algas condicionaban mucho la pesca.De vuelta a casa nos encontramos con esta estampa. El Parador de Baiona inmerso en una espesa niebla al mediodía, la cual le otorgaba un aspecto fantasmagórico.
En esta web,(a través del menú de la izquierda) podréis disfrutar de una gran variedad de fotos de este magnífico lugar en el que gran cantidad de gente se hospeda a lo largo del año.
Fortaleza y parador.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Cuñaaaaaaaaooooooo

El pasado domingo salimos de pesca Diego, Marcos, Juan, David (su cuñado) y yo.
De camino al pedrero, se podía percibir un olor a humo muy intenso.
Elegimos un lugar muy diferente a las que solemos frecuentar, pues son zonas de mayor calado.
Aún no había comenzado a amanecer y nos cambiamos prácticamente a oscuras.En el primer lance David clavó una lubina y en mi primer lance yo clavé esta otra.
Sin duda se está convirtiendo en una costumbre esto de llegar y besar el santo, pero ...... es que al segundo lance saqué otra más. Me pregunté instantáneamente si habríamos dado con un punto caliente, pues no me pareció nada común.Con la luz del día, otros compañeros se fueron estrenando también. Juan sacó esta lubina y poco después protagonizó un incidente un tanto desagradable:
No sé muy bien como ocurrió, pero una gaviota se quedó enganchada con la linea y se precipitó sobre el agua. Juan intentó que se soltase desde la distancia, pero la gaviota no colaboraba. Una vez se rompió la linea contra las rocas, despojando a Juan de su recién estrenado señuelo, la gaviota recobró la libertad.En una zona de bajos decidí cambiar el señuelo y poner un color que me ha dado buen resultado últimamente. Y poco después clavé otra lubina que se empleó a fondo para intentar liberarse.Y desde ese mismo lugar salió otra más, pero que no ofreció tanta resistencia como la anterior.
Seguimos probando fortuna hacia el norte pues se divisaban zonas muy buenas en las que hacer trabajar a nuestros señuelos.Juan clavó un abadejo y en la distancia miré como su cuñado sacaba otro. Pero por alguna razón David se quedó atrás.Me subí a unas rocas desde las que efectuar lances sobre una zona profunda y aquí capturé esta aguja. Las sacudidas de esta hicieron que uno de los anzuelos le desgarrase una agalla, por lo que perdió mucha sangre. Ante este panorama opté por evitarle la agonía.Cuando regresamos sobre nuestros pasos, encontramos a David hablando con un pescador, y junto a ellos, una cuerda con unos cuantos abadejos. Resulta que David comenzó a sacar abadejos a un ritmo frenético. Los fue depositando en una poza de las que se forma con la bajamar. Cuando llevaba 38 ejemplares sacados, paró de contar y comenzó a liberar los de la poza, pues alguno comenzaba a mostrar signos de falta de oxígeno. Total, que se lo pasó en grande sacando abadejos sin moverse del sitio.

Decidimos cambiar de escenario y nos dirigimos hacia el sur.Aunque la zona presentaba lugares con muchísima laminaria, tuve una picada bestial y poco después miré como una lubina de buen porte perseguía el señuelo de Marcos sin llegar a atacarlo.Diego y Juan quisieron hacer los últimos lances en una ensenada y yo los acompañé.
Estuvimos un buen rato y miramos algo de actividad en superficie, pero se quedó en eso.Observamos que las rocas de este sitio estaban plagadas de estos nudibránquios. Era la primera vez que miraba a esta especie, si bien los hay con un colorido muchísimo más vistoso.De vuelta hacia casa, Diego y yo nos detuvimos a mirar como un helicóptero recogía agua para colaborar en las labores de extinción de un incendio cercano, en la zona de Baredo (Noticia).

Pondré el vídeo en breve.