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martes, 31 de marzo de 2015

Primeros pinitos


Esta tarde me acerqué hasta la costa porque tenía ganas de probar una técnica que poco a poco se va haciendo hueco entre los pescadores de costa. Esta no es otra que el rockfishing.
Armado con unos cuantos vinilos y señuelos duros de pequeño tamaño, me acerqué hasta las rocas para comenzar con la prospección.
 Nada más llegar, las condiciones parecían bastante buenas, pero debió tratarse de una pequeña tegua del mar, porque en unos minutos ya pude comprobar que se movía de lo lindo. Sin embargo, estaba decidido a intentar engañar a algún sargo o pinto, ya que esta es una zona ideal para estos peces.
 Por desgracia el mar fue incrementando su oleaje, lo cual me desanimó un poco. A pesar de ello, busqué zonas más calmadas para intentarlo con el paseante. Las lubinas andan esquivas últimamente, así que tampoco insistí demasiado.
 Me detuve con el propósito de llevar algunos "trofeos" para casa, ya que el día invitaba a tomar algunas instantáneas, como la de esta vena de agua dulce que brota entre las moles graníticas del lugar.
 La "herba de namorar" (Armeria maritima) con su bello colorido, danza al compás de los vientos predominantes.
Y escoltados por grandes colonias de mejillones, se encuentran los codiciados percebes, de los que me despedí sin ponerles las manos encima jejeje.
En la próxima jornada de rockfishing, buscaré unas condiciones de mar más favorables, pues hoy considero que fue un factor determinante.

lunes, 16 de marzo de 2015

Llegó el gran día

Un año más, llegaba el momento de volver a poner rumbo al agua dulce, en busca de nuestras queridas truchas.
Cada vez son más los que no renuevan la licencia de pesca, ya que las poblaciones de pintonas nada tienen que ver con las de antaño. Sin embargo, a mí me gusta reencontrarme con esos astutos y bellos peces, ya que tengo una deuda con ellos, pues fueron los que hicieron que me iniciase en la pesca con caña, hace ya unos cuantos años.
 Me levanté a las 5:00 am, habiendo dormido sólo un par de horas. El escenario dista poco de mi casa, pero quería revisar todo por si acaso. Llegué el primero a la cita y tras detener el coche, comencé con los preparativos. 
Llegaba la hora de comenzar, y sin embargo me encontraba sólo en el lugar. Con calma fui ejecutando los primeros lances de la temporada truchera, sabedor de que el embalse en el que pescaba, poco tenía que ver con el esplendor de su pasado.
Este se encontraba al 100% de su capacidad, lo que dificultaba mucho el avance, aunque con paso firme, fui abriéndome camino.
 Así llegó la primera captura del día. Un pez artificial Rapala de 7 cm hizo que una bonita trucha me alegrase la mañana. Sus potentes carreras y sus saltos me volvían a colmar de alegría, tras los duros meses de espera.
Tras la foto la devolví a su medio, con la esperanza que crezca más y pueda ofrecer una lucha mayor en el futuro.
 La actividad era casi nula, salvo por algunas cebadas puntuales en superficie. Ante este hecho opté por usar una cucharilla de color cobre.
Los resultados fueron inmediatos y otra trucha volvió a posar para la foto. Por lo plateado de su librea y los saltos que ejecutó, pensé que se trataba de un reo de los que aquí habitan como reos de ciclo cerrado, sin embargo, al tenerla en la mano, me di cuenta de que era una trucha más brava de lo normal jejeje.
 Caminando por la orilla, observé a un pescador en la distancia. Uno de esos que conocen caminos ocultos tras la maleza, facilitando el avance en acción de pesca.
Me llevaba mucha ventaja, pero me decidí a alcanzarlo, ya que se me hacía familiar. Se trataba de Salvador, un pescador como pocos, ya que es la persona que conozco, que defiende con más ahínco la actividad de la pesca. Nos detuvimos a comentar alguna de las barbaridades que se van haciendo a lo largo y ancho de nuestras geografía, coincidiendo en la mayoría de las cosas, como suele ser habitual.
 Los dos fuimos pescando por la orilla del embalse, hasta llegar al río Barragán. Allí nos encontramos con otros aficionados a la pesca, los cuales nos relataban con nostalgia, las bondades de este escenario, en tiempos pasados.
 Me fastidia mucho ver como este paraíso de la pesca se ha ido transformando en su antagonista. Todo lo que contase se quedaría corto, ya que los pescadores más veteranos narran historias de abundancia, que por desgracia no creo que vuelvan.
Como curiosidad, os contaré que cuando conocí a Salvador, este me mostró algo que nunca había visto hasta la fecha: peces artificiales de fabricación casera. Emulando al mítico Lauri Rapala, Salvador tallaba los cuerpos en sus ratos libres e iba terminándolos tras añadir el babero, el plomo y el alambre que recorre el señuelo, longitudinalmente.
Por aquel entonces sólo se conocían las marcas Rapala y Salmo. Estos tenían precios poco asequibles para un niño como yo, por eso no solía pescar entre los toncos hundidos o en las zonas más difíciles, ya que me arriesgaba a perderlos. Sabía que esas zonas eran muy prometedoras, pero sólo los pescadores más adultos se atrevían con esos lances, y claro, al final capturaban muchas más truchas que yo.
La efectividad de esos señuelos era de sobra conocida por la cuadrilla de Salvador, ya que la mayoría pescaban con sus peces artesanales.
Sin duda son gratos recuerdos de mi juventud, aunque con esto no estoy diciendo que me considere un viejo jejeje.