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sábado, 30 de junio de 2018

Capturando recuerdos

La tarde se presentaba con amenaza de tormenta, sin embargo los rayos no hacían acto de presencia. Por ello me decidí a efectuar una salida fugaz en un pequeño arroyo, que últimamente suelo visitar una vez en el año.
El equipo ultraligero era la opción adecuada, en vista de que el caudal ya era escaso.
 Al llegar junto al río, salté el muro que me separaba del agua y mojé mis botas. En ese momento sentí como el rumor del agua me envolvía. Sin duda quedaban atrás otros pensamientos, para centrarme única y exclusivamente en la pesca.
En un par de lances con mi cucharilla, pude hacerme con la primera pintona, que no quiso posar para la foto. Se ve que me cogió desprevenido.
Poco después llegó la segunda truchita, de bello colorido, la cual hizo toda clase de cabriolas, antes de llegar a mi mano.
 Pude divisar algunas truchas pequeñas en una tabla de poca corriente, sin embargo aquí no tuve fortuna. Fui ascendiendo por el río, recordando temporadas pasadas, en las que este río me proveía de grandes alegrías.
 Se ve que las truchas estaban activas, porque atacaban mi señuelo con voracidad. 
En este momento de su juventud, lucen libreas muy bonitas, que las hacen únicas.
 No faltó a su cita un perro que suele ladrar a todo aquel que ose adentrarse en sus dominios. Proseguí sin hacerle caso, para ver si se calmaba, aunque no hubo suerte. Este me acompañó en tono amenazante, aunque salvando las distancias.
 En un pequeño remanso, advertí la silueta de un ave, flotando sobre el agua. Cuando me acerqué, me quedé sorprendido, pues se trataba del cadáver de un martín pescador (Alcedo atthis). Desconozco el motivo de su muerte, pero me apenó mucho, pues no es un ave muy abundante en este río.
 Seguí avanzando y clavando pequeñas truchas, que me hacía contemplarlas como cuando era niño.
Los recuerdos de mis comienzos son muy distantes, aunque agradables. Y la evolución como pescador, me ha llevado a disfrutar más aún de su pesca.
 En el trayecto por este pequeño cauce, llegué hasta una cascada, que ahora se ha convertido en un atractivo turístico. En otros tiempos sólo algunos ribereños y los pescadores, disfrutábamos de esta visión. Sin embargo, una senda junto al río, ha facilitado que ahora sea posible su visita, por cualquiera que lo desee.
 Avanzando por el pequeño río, observé a un mirlo acuático (Cinclus cinclus), que salía de una pequeña repisa que había en la parte inferior de un viejo puente de piedra. En sus oquedades, han criado durante años, estas pequeñas aves y también otras como la lavandera cascadeña (Motacilla cinerea), que pude observar poco después, tras percibir su melodía en la distancia.
 Los lances precisos me iban premiando con algunas truchitas, y digo algunas, porque otras se liberaban con facilidad, tras efectuar potentes saltos, fuera del agua.
 En esta tabla solía detenerme en mis inicios como pescador, pues a veces daba buenos ejemplares.
Mi amigo Luis y yo nos turnábamos en los lances, de manera que ambos pudiésemos hacernos con el ansiado trofeo.
 Al llegar a este molino restaurado, que ahora es una vivienda, me doy cuenta de que la jornada ya está tocando a su fin.
Voy prospectando con mis lances cada piedra y cada raíz, tratando de dar con aquellas pintonas más resabiadas.
En una gran poza saco tres truchas más. Aunque la zona está casi colmatada por cantos rodados y arena, todavía quedan pasillos entre la vegetación, que dan cobijo a estos salmónidos.
Un recorrido de 1 kilómetro, que me trajo gratos recuerdos.
!!Volveré para recordar¡¡

martes, 26 de junio de 2018

Explorando y descubriendo

Llevamos unos días de calor sofocante, que nos invita a evitar las horas centrales del día, para practicar nuestra afición favorita.
A pesar de todo, este año me propuse conocer nuevos escenarios, en los que buscar distintas especies.
 En este primer emplazamiento, traté de buscar nuevos destinos para la pesca del black bass. Por ello me dispuse a reconocer distintas zonas de un mismo embalse.
Cuando no se encuentra a un ribereño, la tarea puede resultar difícil, sin embargo, no hay que dejar que esto nos eche para atrás.
 A veces nos topamos con otros elementos, que hacen que el viaje haya merecido la pena. Es el caso de este nido con 3 pollos de cigüeña, que he visto crecer a los largo de diferentes semanas.
 El embalse presentaba un nivel óptimo de agua, sin embargo, esto no permitía divisar las estructuras que hacen que resulte más fácil la localización de los peces.
 Los ánades encuentran aquí un lugar magnífico para obtener alimento y cobijo para la nidificación.
Pude ver muchos a lo largo de mi paseo con la caña.
 También me topé con este conglomerado de roca (pudinga), que había junto a la orilla, el cual me daba una idea sobre el origen geológico del lugar.
 Más pollos de cigüeña, casi a punto para abandonar el nido.
En este caso, sobre una torre eléctrica abandonada.
 En la desembocadura de un arroyo, divisé muchas colmillejas. Es un pez poco frecuente, que sólo había visto en el Miño.
En este otro embalse, sé que hay carpas, sin embargo no iba preparado para tentarlas, así que quedará para una próxima incursión por esta zona.
Espero que en la próxima ya pueda tocar escama.

viernes, 18 de mayo de 2018

Moby Dick

El 17 de mayo es el "Día das Letras Galegas" y este año ha sido festivo. Por ello, me dispuse a hacer una salida de pesca de mucha duración.
La mañana no fue nada buena, ya que pasó sin pena ni gloria, así que al mediodía me centré en los black bass.
El cielo ponía muchas caras, pero sabría adecuarme a las condiciones.
Cuando estaba preparando el equipo, llegó otro pescador, que lo intentaría con la carpa y el black bass.
Lo cierto es que los peces estaban muy duros. No hacían caso de los señuelos que les ofrecía.
Entonces me centré en los que estaban orillados. Lo cierto es que me dieron mucha guerra, pero al final salió el primero. Un bonito ejemplar que me brindó una lucha muy buena, con sus típicos saltos.
Y un poco después salió el segundo. Otro ejemplar que me hizo disfrutar mucho con el equipo que llevaba. Con un equipo ligerito, la pesca se agradece mucho, ya que a veces te pueden poner contra las cuerdas jejeje.
Ya por la tarde, había quedado con Luis. Aunque de paso que iba hacia su casa, hice una "breve" parada. 
Aquí pude encontrarme con un buen número de peces, así que monté el equipo y a darles caña.
En las zonas donde estaban muy juntos, los pequeños se anticipaban, si bien después le lanzaba a los más grandes, que se encontraban en el perímetro del grupo.
Tras sacar unos cuantos de tamaño variado, me centré en buscar alguno gordo.
Y probando con varios señuelos, los basses iban llegando a la mano. Es un disfrute ver cómo se curva la caña con uno de estos peces al otro lado de la línea.
Este me llamó la atención por la forma de su aleta caudal. Además saltaba un montón, antes de llegar a mi mano. Fue un auténtico luchador.
Por momentos, el sol desaparecía tras las nubes, lo cual dificultaba la localización de los peces. Sin embargo, con un poco de paciencia, las condiciones volvían a ponerse de mi lado.
Este black bass me dio una lucha memorable, pues me arqueó la caña, de manera bestial.
Cambiando de zona y de señuelos, volví al punto inicial. Aquí volví a engañar al más grande del grupo, tras sacarle el señuelo de la boca a los más pequeños.
Los vinilos estaban siendo los grandes triunfadores de la jornada. Lo cierto es que aquí la pesca era más fácil que en la anterior. Lo cual agradecí, ya que había un buen número de peces.
En la distancia, percibí unas ondulaciones en la superficie del agua. Algo ocurría, así que envié el señuelo con un lance preciso hacia la zona en cuestión.
Algo se llevaba el engaño, así que clavé ... el freno comenzó a sonar. Cuando lo vi saltar, me dí cuenta de que tenía al más grande de la jornada. Trató de guarecerse bajo ramas, piedras y todo lo que le separaba de mí. Al final lo fui acercando sin perder la tensión ... y al final !!en la mano¡¡. Un ejemplar muy bueno y gordo.

Era un broche magnífico para el momento, sin embargo, quise aguantar un poco más.
Desde un punto elevado, divisé un grupo de basses, junto a una ¿carpa? ...
Cuando le lancé el señuelo, el gran pez se movió ... entonces me dí cuenta de que se trataba de un black bass de unos 3 kgs.
Los ojos se me salían de las órbitas al ver aquel ejemplar. En aquel momento me sentí como el Capitán Achab, de la novela Moby Dick. Una obsesión me llevó a intentar pescarlo.
Desde un punto elevado, lo localizaba con cierta facilidad, aunque si me picaba, no habría opción de agarrarlo. Lo tuve unas cuantas veces a tiro, si bien nunca tuvo el más mínimo interés por mis señuelos. Tocaba abandonar la zona e ir a casa de Luis.

Cuando llegué a casa de Luis, este me dijo que el río estaba impracticable, así que estuvimos de tertulia, hasta que nos fuimos a un bar, para reponer fuerzas.
Desde luego, me hubiera gustado terminar la jornada, intentando sacar alguna pintona, pero eso quedará para otra ocasión.

viernes, 4 de mayo de 2018

Tres para dos

El 1 de mayo es una fecha señalada en el calendario. Especialmente en el del pescador.
Es el comienzo de la temporada del reo y el salmón, es decir, una cita ineludible. A pesar de acostarme a las 2 de la madrugada, a las 4.30 am, ya estaba en pie.
En esta ocasión, Luis, Jose y un servidor, nos disponíamos a darle caña a reos y truchas. 
En el río Tea también hay salmones, si bien hay que devolverlos a su hábitat, por estar vedados en estas aguas.
 Con todo preparado, nos fuimos al lugar escogido. La mala suerte hizo que perdiera varios señuelos durante la amanecida.
Por el contrario, Luis se hacía con la primera trucha de la jornada. Tras la foto, de vuelta para el agua.
 El día comenzaba a despejar la niebla matinal, con la que habíamos iniciado la pesca.
Ahora ya se podían ver claramente, la cantidad de cables que había sobre el río. Y es que este problema lo tenemos todos los años.
Las estacadas de la lamprea todavía están montadas, cuando comienza la apertura del reo, con lo que tenemos una buena cantidad de obstáculos para sortear.
 La mañana discurría con pocas capturas, así que nos fuimos a otra zona más baja. En el nuevo emplazamiento, nos encontramos con un gran número de aficionados.
Esto no me desanimaba, así que en una zona que parecía prometedora, efectué un lance aguas abajo.
Así engañé a mi primera pintona, que se fue al agua tras la foto.
 Este puente es testigo del remonte de gran cantidad de peces migradores, tales como los reos, salmones o lampreas, desde tiempos pasados.
 Jose encontró esta señal, que seguramente la tiraron al río, desde un puente cercano.
No dudó en llevarla hasta la orilla, para devolverla al lugar donde debería estar.
Por la tarde, Jose nos abandonaría, para volver a casa.
Le sugerí a Luis un cambio de escenario, para echar un vistazo.
 La idea no era mala, si bien no había caído en la cuenta de que no llevábamos señuelos específicos para el black bass. A pesar de todo pude engañar a uno.
Entonces nos fuimos al país vecino, para ver si conseguíamos unos vinilos. La primera tienda estaba cerrada, así que nos desplazamos hasta ValenÇa. Lo malo es que aquí tampoco conseguimos señuelos específicos, si bien compramos algún material, para intentarlo.
 Uno de los cangrejos de vinilo que había comprado, me proporcionó este otro bass, antes de abandonar el lugar.
 Ya que teníamos el Miño a un tiro de piedra, nos acercamos a sus aguas para intentarlo.
La corriente era bestial, por lo que no estuvimos demasiado rato.
 Volvimos al río Tea, para hacer unos últimos lances. Lo cierto es que las estacadas nos quitaban las ganas de pescar, ya que con la maraña de cables que había, no era difícil perder algunos señuelos.
En los últimos lances del día, Luis consiguió sacar un reo, que alegró el final de la jornada.
Como todas las capturas del día, volvió al agua.
No fue un día muy prolífico en cuanto a capturas, pero valió para dar la bienvenida a esta nueva temporada.

lunes, 30 de abril de 2018

Eduquemos

La verdad es que me da mucha rabia escribir sobre esta temática, pero lo cierto es que quiero compartirlo con los lectores.
A menudo me ha ocurrido de ir caminando por la orilla del río o por el pedrero, y encontrarme lo que otros pescadores han dejado. Es algo bastante lamentable, pero uno piensa en quién puede ser tan guarro, como para dejar sus desperdicios en un lugar.
Dependiendo del momento y de los desperdicios, pues los recojo y los deposito en un contenedor.
La cosa cambia, si uno se encuentra en un embalse y divisa a un buen número de pescadores en otra orilla. Pescadores adultos, con niños, a los que supongo, tratan de enseñar a pescar, con mayor o menor acierto.
Hasta ahí, todo normal. 
Tras unas horas de pesca, llego a la zona en la que estaban estos "pescadores", acompañados de hijos, sobrinos, nietos, ... a saber.
Entonces, me encuentro con varios grupos de basura.
Es inequívoco, que estos residuos han sido "olvidados" por estos usuarios, antes mencionados.
Botellas, bricks, latas, blisters, etc.
Más o menos desperdigados, los agrupo para hacer las fotos. Acto seguido, voy hasta el coche, para coger una bolsa de basura y sacar esa basura del lugar.
 En la recogida, también me encuentro con algún artículo, de tiempos anteriores.

Y yo pienso: Si una botella o lata de refresco, pesa más a la ida ... ¿Por qué no se lleva para un contenedor, a la vuelta? Si queremos tener la zona de pesca cuando volvamos ... ¿Por qué no depositamos en un contenedor, algo que no estaba cuando llegamos.
Es triste que unos pocos tengamos que hacer lo que nos dicta la conciencia. ¿Será que otra gente no la tiene? Desde luego, nos queda mucho camino que recorrer, en estos aspectos, para llamarnos "País civilizado o primer mundo".
Sólo la educación, nos puede salvar de proseguir con estas conductas. Ojalá no vuleva a ver esto, aunque por ahora, tengo un mal pálpìto.

viernes, 27 de abril de 2018

Tarugos de primavera

Tenía día libre, así que quedé con Luis y Bulma para ir a tentar a las truchas. Nada más llegar al punto de encuentro, Bulma me recibió muy eufórica, pues ya llevábamos tiempo sin vernos.
 Por ser jueves, nos acercamos a un tramo de río cercano, para pescar sin muerte. Yo me dediqué a sacar fotos, mientras Bulma observaba como su inseparable compañero, iba tanteando el río.
 La mala fortuna hizo que su caña se rompiera en el tramo del puntero.
Hicimos las gestiones para saber cuánto costaría el tramo en cuestión, pues la caña le costó más de 600 €. El tramo puesto en casa, son 200 €, o lo que es lo mismo ... 200 € por un traspiés en el río.
Tras digerir un poco este hecho, nos fuimos a tantear otras posibilidades de pesca.
 Yo, además del equipo para la trucha, llevaba mi equipo de rockfishing y algunos vinilos.
Acerté de pleno, porque pude ver algunos basses de buen porte, arrimados por la orilla.
 Los primeros que saqué eran de escaso porte, pero después ya fui divisando otros mucho mayores.
La diversión estaba servida. La caña se arqueaba violentamente, cada vez que clavaba algunos de estos centrárquidos.
 !!Qué manera de sacar hilo y de curvar la caña¡¡
Cuando buscaba con detenimiento, podía ver a algún black bass de los gordos. Luego le ofrecía una lombriz de vinilo ... y en muchos casos, estos picaban.
 Algunos estaban rabiosos, ya que saltaban muchas veces, para librarse del anzuelo.
 Cuando ya había sacado varios grandes, la actividad cesó. Opté por utilizar otro vinilo con un jig, el cual me brindó varias picadas de ejemplares enormes, que se soltaron. Al observar el jig, me di cuenta de que la punta del anzuelo no sobresalía demasiado. 
Volví a poner una lombriz, y las clavadas regresaron.
 Luis me avisaba que había llegado la hora de comer, aunque yo estaba más centrado en la pesca.
Mi cerebro le decía a mi estómago, que no se alarmase ... y así fue, jejeje.
 Cambiamos de zona para dar un descanso a esta, sin embargo no divisamos pez alguno.
Por ello, volvimos sobre nuestros pasos, para volver al ataque.
Nuevamente, peces de buen tamaño, se unieron a la fiesta.
 Y otros más discretos, que también eran muy divertidos. Lo cierto es que saqué muchísimos pequeños, entre tocho y tocho.
 Un lance magistral bajo unos obstáculos, me brindó este bello ejemplar.
Cuando miro el reloj, este marca las 4:55 pm.
Es hora de ¿¿Comer??
 Hacemos una parada para beber en una fuente. Aquí, Bulma se entretiene con un gato, que desde la seguridad de su atalaya, se mostraba poco amigable jejeje.
 Después de comer, nos vamos a casa de Luis, para coger un equipo de spinning.
La tarde comienza bastante bien, aunque sólo divisamos algunos peces de menor tamaño que los anteriores.
 Las lombrices se vuelven a revelar como las mejores aliadas para esta situación.
 Opté por un montaje wacky, cuando la actividad cesó. Lo cierto es que fue un acierto, ya que saqué otro bonito ejemplar, que puso al límite mi equipo jejeje.
En uno de los cambios de zona, Luis tuvo otro traspiés, que le ocasionó una buena herida en un brazo.
Quizás era un buen momento para marcharse, por lo que no insistimos mucho más.
Ahora toca organizar otra nueva expedición, a las truchas.