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jueves, 31 de marzo de 2016

Por una pesca más justa

Son muchas las medidas que toman las administraciones cada año, con la voluntad (quiero pensar) de mejorar lo que había hasta ese momento, en lo referente a la normativa de pesca.
El caso es que a menudo tengo la sensación, de que quienes redactan estas normas, no se dejan asesorar por gente que conozca bien el tema, ya que me consta que algunos de los responsables de dichas medidas, no tienen una titulación que esté relacionada con su función.

Yo pienso que todo el mundo tiene derecho a pescar con las modalidades de las que son practicantes habituales. No se debe criminalizar a una persona, porque utilice un método de pesca que no es el que nosotros utilizamos.
Algunas veces se dice que un método es más eficaz que otros y que por lo tanto, hace más "daño" a las poblaciones piscícolas. Particularmente creo que los cupos están para limitar ese "daño". Es decir, uno puede pescar el cupo de truchas con lombriz en una hora y otro hacer lo mismo con una cucharilla en dos horas y otro con mosca en cinco. En todos los casos el resultado es el mismo. La única variante ha sido el tiempo empleado.
La administración se da cuenta de que hay que apostar por la pesca sostenible. Prueba de ello es que los cotos de pesca sin muerte son más baratos que los de pesca con muerte, los tramos libres sin muerte van aumentando en número cada año, etc.
Sin embargo, se van desplazando a los pescadores que utilizan cebos naturales, cuando para mí son modalidades de pesca que hay que preservar. Lógicamente, se pueden tomar medidas para que estas artes sean menos lesivas. Se podría aumentar el tamaño de los anzuelos empleados y que estos estuvieran desprovistos de muerte, por citar dos ejemplos.
Cuando un pescador de mosca utiliza una imitación de grillo, se está basando en una modalidad de pesca ya existente, si bien el cebo pasa a ser artificial y el método para depositarlo sobre el agua, es diferente.
No me parece lógico que a un pescador de cierta edad, que ha pescado toda su vida con una lombriz, le quieran meter ahora la modalidad de la mosca o el spinning a la fuerza, en cierto modo, para pescar en los tramos sin muerte, que como ocure en algún caso, es el río que tiene al lado de casa.

Este año por ejemplo, se incorpora en la normativa gallega, una puntualización con respecto a la pesca con varal. Esta consiste en utilizar un trozo de línea en el extremo de una caña sin anillas. Por norma general se suelen emplear cañas bastante largas (5,6 ó 7 metros), con un trozo de monofilamento de 1-1,5 metros.
Este año, la normativa dice que el trozo de hilo debe superar la mitad de la longitud de la caña.
¿Cual es su propósito? ¿Que pesquen menos? ¿Que lo hagan con más dificultad?
Supongamos que yo empleo una caña de 7 metros para pescar con la modalidad del varal. Mi trozo de hilo debe ser más largo que 3,5 metros. En primer lugar, esto me imposibilita a pescar en muchos ríos en los que la vegetación de ribera es muy tupida. En los ríos en los que las ramas de los árboles estén bajas, también me condicionaría. 
Si el problema es que esta modalidad es muy efectiva en estos ríos cerrados, basta reducir el cupo para todas las modalidades, ya que las otras disciplinas serán más adecuadas en otro tipo de ríos, por lo que su efectividad también será mayor, y habría que penalizarlas utilizando el mismo criterio.
Algo que me fastidia de esta medida, es que la pesca con varal desde la orilla, es la menos lesiva de todas las que conozco. La razón es bien sencilla, ya que partimos de que la pesca a mosca, ya de por sí es la menos perjudicial para los peces. La salvedad es que en la mayoría de los casos, la pesca a látigo (con cola de rata) se practica vadeando, mientras que el que pesca con varal desde la orilla, no necesita introducirse en el agua.
Y esto lo digo, porque evidentemente, el vadeo es perjudicial para los ríos. De hecho, en algunos ríos de países europeos, no se permite. Incluso la administración gallega nos recomienda limpiar y desinfectar nuestros vadeadores y botas después del ejercicio de la pesca. ¿Por qué? Pues porque en el fieltro de las suelas o en los cordones, podemos portar larvas o organismos perjudiciales para otras cuencas (moco de roca, cangrejo americano, etc). Yo de hecho, en una ocasión llevaba una cría de cangrejo americano en los cordones de las botas, cuando salía de pescar del río Miño, con el correspondiente "peligro" para otro lugar al que fuera a continuación.
En una guía de vedas de Argentina, pude leer que en la Patagonia obligan a llevar un vadeador y botas previamente desinfectados si se quiere pescar allí, y que el protocolo se repetirá al cambiar de río.
Otro punto en contra del vadeo es el daño que se hace a la ya de por sí, maltrecha población de mejillón de río. Y esto se debe a que los mejillones de río están en el fondo del cauce. Si vadeamos, existe la posibilidad de que pisemos los adultos o inmaduros de esta especie, contribuyendo a su desaparición. El que no vadea, no genera este problema. Esto pude vivirlo de primera mano pescando en el río Masma.
De hecho, si los tramos sin muerte tienen como finalidad el mantener una población ictiológica estable y de calidad, sería una buena opción aportar nuestro grano de arena prohibiendo el vadeo en sus aguas.
Pero claro, entonces algunos de los que pescan con cola de rata o a spinning, pondrían el grito en el cielo. ¿Por qué? Porque les afecta directamente. Pues ahora es lógico que los pescadores de varal lo hagan y por ello reciben todo mi apoyo.

En clave humorística y con afán de ayudar a este colectivo, propongo un montaje que según la ley sería válido, y que en esencia sería pescar como hasta ahora. Me explico: Si un pescador utiliza una caña de 7 metros, debe pescar como mínimo, con 3,5 metros de hilo, colgando del extremo de la caña. Pues bien, si habitualmente usaba 1,5 metros colgando de la caña, bastará con coger un trozo de monofilamento de 4 metros (supera la mitad de la longitud de la caña). A continuación tomamos el hilo y medimos 1,5 metros. El resto de hilo hasta completar los 4 metros, lo plegamos sobre el trozo de 1,5, repetidas veces, en pliegues de 20 cm. Ese hilo plegado lo afianzamos con un trozo de cinta adhesiva o con dos trocitos de monofilamento anudados. Con ello tenemos 4 metros de hilo colgando del extremo de la caña, pero con sólo 1,5 desplegado. De esta manera uno se ajusta a la legislación y puede pescar prácticamente como hasta ahora. Si es que soy un fenómeno jejeje.

Como decía anteriormente, como norma general, me parecen bien todas la medidas encaminadas a mejorar las poblaciones piscícolas. Sin embargo, creo que para mantener dichas poblaciones, lo primero es disponer de un hábitat adecuado para sus moradores. Y digo esto, porque los pescadores pueden contribuir a reducir la población de peces en un río, lago o embalse. Pero un vertido puede acabar con todo el trabajo de conservación hasta la fecha del desastre. Y es que el vertido no sólo afecta a los peces, si no a los macroinvertebrados y demás fauna y flora del biotopo.
Hace poco leí una noticia sobre el río Sar, en la que se han encontrado altas dosis de Ibuprofeno, además de otras sustancias. Entiendo que esto puede favorecer a los peces, ya que muchos ya pasarían de consumir peces de ese río. Sin embargo hay quien en lugar de tomarse una aspirina, se comería unas truchas con jamón, aliviando el dolor de cabeza y mitigando su apetito.
 Por otro lado, seguimos con una ley muy laxa con respecto a la contaminación. Mientras el beneficio obtenido de un vertido o crimen medioambiental, sea mayor que la sanción, no tenemos nada que hacer.
Recuerdo el caso del río Lagares en el que se abría un tramo de pesca sin muerte. Días después, un vertido aniquilaba toda forma de vida animal en el río. Truchas, anguilas (especie protegida), mújoles, reos, ranas, etc.
O sea, que se crea un tramo sin muerte para los pescadores, pero con muerte para las empresas o particulares que quieran hacer de las suyas.

Podría extenderme mucho más, hablando de temas relacionados, pero en este momento me dispuse a crear esta entrada para solidarizarme con el colectivo de pescadores de varal, ya que creo que si vamos renunciando a nuestros derechos, luego serán más difíciles de recuperar.

Aquí podéis leer algunas peticiones de este colectivo, las cuales me parecen muy sencillas y sensatas:
 http://www.miguelpesca.com/especiales%202%20varal%202016.htm
Carta remitida a la Xunta:
http://www.miguelpesca.com/especiales%202%20barbeito%202016%20varal.htm

sábado, 26 de marzo de 2016

Un escenario de preparación

En esta ocasión, me fui con José Antonio a prospectar un nuevo escenario de pesca, el cual a su vez serviría de preparación para ir cogiendo fondo de cara a futuras jornadas..
 La mañana se presentaba fría y las brumas matinales todavía permanecían en el fondo del valle.
Hubo que cambiarse a toda prisa, ya que el frío no es nada agradable mientras se está parado.
Con todo listo, comenzamos con la pesca, en un río que se presentaba con un buen caudal.
 Tener que luchar con la corriente en algunos puntos, fortalece las piernas, lo que facilita la pesca posterior en zonas menos complicadas.
 José Antonio fue el primero en estrenarse y poco después me tocó a mí.
A pesar de tratarse de un tramo libre sin muerte, no se veían demasiadas truchas por el lugar, si bien la mejor parte abrirá en mayo, con la desveda del reo y salmón.
 Pudimos hacernos con alguna truchita más, si bien el anzuelo sin muerte dificulta la tarea.
Hay que andar raudos si se quiere admirar la librea de estas pintonas tan bravas.
En una zona de cierta dificultad, mi compañero logró engañar a esta trucha, si bien mis reflejos fueron necesarios para meterla en la sacadera.
Las redes de silicona facilitan enormemente la liberación de los peces, además de resultar menos lesiva para su mucosa corporal.
 Las ranas aparecían en muchas zonas tapizadas de mullidos musgos. En estos ambientes proliferan gran cantidad de insectos y estos anuros están al acecho.
 Supongo que se tratan de ranas bermejas, ya que estas son abundantes en esta zona de la península.
Conmigo se portaron bien, pero cuando José Antonio quería tomar una foto, estas se precipitaban al agua.
 Desde este punto pudimos divisar el límite superior de este tramo libre sin muerte. Se trataba de una tabla con cierta profundidad, que podía albergar algún ejemplar de cierto porte, ya que este río se llena de grandes truchas en invierno, si bien el único objetivo de estas es la procreación.
Quizás algún "listillo" fuera conocedor de este hecho y por eso colocó un "durmiente" atado al puente de metal que limita dicho tramo.
Son prácticas que no tienen que ver con este deporte, pero que a veces se siguen llevando a cabo.

lunes, 21 de marzo de 2016

Un nuevo comienzo

Este domingo llegaba la tan esperada fecha de apertura de la temporada truchera.
El madrugón no era necesario, pero ya es costumbre hacerlo de todos modos.
Llegué el primero al lugar elegido y aguardé por Luis que tardó un poco más.
 Tras prepararnos, tomar un café y un chupito de aguardiente tostada, aguardamos la hora de comenzar.
Con las primeras luces, mi compañero inauguraba su marcador personal. Una trucha que disfrutó de lo lindo con un equipo muy ligero.
Un poco más adelante, volvió a tener la suerte de cara y se hizo con su segunda pintona.
A partir de ahí llegaron varias picadas a mi cucharilla, pero no fui capaz de clavar alguna, por lo que me quedé con la miel en los labios.
 Prosiguiendo con la jornada, tuve una potente picada que no se materializó. Eso hizo que me mosquease un poco, ya que no era normal lo que ocurría.
Sin embargo me alegré porque Luis ya había sacado su tercera trucha.
 Nos aproximamos hasta una zona del embalse que en tiempos pretéritos era de lo mejor.
Hubo alguna picada más, pero fallida. Luis me ofreció entonces una cucharilla, con un anzuelo de menor tamaño.
Agradecí el detalle, ya que no disponía de ese modelo, que tantas alegrías nos había dado en otras ocasiones.
 Y así comenzaron a materializarse las picadas. Esta fue la primera trucha de la temporada, que se fue de vuelta a su medio, tras una breve contemplación de su librea.
 Poco después salía esta otra, que manipulé con mimo antes de liberarla.
Esta trucha me hacía rememorar otros años en los que era normal capturar ejemplares mayores.
 No transcurrieron ni un par de minutos, y ya estaba disfrutando de otra pintona al otro lado de la línea.
Lo cierto es que es una gozada verlas marchar hacia sus guaridas, con el deseo de toparse con ellas en otra ocasión.
 A la fiesta también se sumó un pequeño reo (de ciclo cerrado), de los que utilizan el embalse como si del mar se tratase. De esta manera cumplen su ciclo vital, lejos del ambiente marino.
Son capturas atípicas, pero a veces toca deleitarse con sus saltos fuera del agua.
Por la tarde me fui con mi amigo José Antonio, hasta un pequeño curso fluvial.
Él ejercería de acompañante desde la orilla, mientras yo trataría de clavar alguna trucha.
En los primeros compases pude ver pequeñas truchitas persiguiendo mis señuelos, pero no se contemplaban ejemplares de cierto interés.
Por ello, me aventuré por un arroyo, afluente del río inicial.
Y aquí pude capturar esta bella pintona, que se encontraba bajo la seguridad de un puente.
No estiré más la jornada, porque quedaba pendiente el ritual de las cervezas tras la pesca, así que di por concluida la jornada.

miércoles, 16 de marzo de 2016

A las puertas otro año más

Tocaba reencontrarse con el mar en una jornada de spinning acompañado de Rubén.
La apertura de la temporada de pesca fluvial se acerca y habrá que ir compaginando las especies de agua dulce con las marinas.
Encontramos un lugar ideal para ir tras las lubinas, pero tras sopesar los riesgos, nos desplazamos hacia una nueva zona. Esto provocó que comenzásemos a pescar ya de día, lo cual no menguó las ganas de dar con alguna loba.
Desplegamos todo el arsenal para prospectar la mayor cantidad de puntos calientes.
No parecía haber actividad, así que fuimos recorriendo la franja de costa más próxima.
Entre las rocas me encontré con una gaviota que se había fracturado un ala. Se encontraba muy débil y con un peso ínfimo. A lo largo de estos años me he encontrado varios ejemplares en la misma situación y mi pensamiento siempre es el mismo: la muerte por inanición tiene que se muy cruel.
También nos cruzamos con un hombre que recogía erizos.
Hice un alto en el camino para que me comentase algo sobre la recolección y la preparación de este equinodermo, ya que siempre tuve esa curiosidad.
Agradecido por la información, proseguí mi camino.
Decidimos terminar la jornada en una playa cercana.
Aquí tampoco hubo actividad por parte de los peces, así que nos tocó recoger los equipos y poner rumbo hacia el coche.
Por el camino nos encontramos con este graffiti, que nos valió para "tocar escama" jejeje.
Y es que un bolo no debe acabar con el buen humor de un pescador. Al menos es mi opinión.