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domingo, 29 de julio de 2012

Un nuevo récord personal

 El día festivo de Santiago Apóstol lo dividí en dos jornadas bien diferenciadas. Por la mañana a las lubinas y por la tarde a los basses.
Puse rumbo a una nueva zona de pesca en la que no había pescado nunca y que paradójicamente me es cercana.
Cuando llegué, había algunos pescadores utilizando lombriz con flotador y tras una breve charla, me aventuré sólo a una cierta distancia.
 Inicialmente tuve muchas picadas, pero debía tratarse de alevines de bass, ya que ninguno se quedaba prendido del anzuelo al clavar. Sin embargo, no tardé en ver a algunos ejemplares que nadaban en grupo. Le ofrecí mis señuelos con la convicción de que no recelarían en ningún momento. Y así fue.
Estos picaban francos, aunque algunos se soltaban dada la violencia con la que se defendían.
 La climatología indicaba que una tormenta estaba cerca. Nubes oscuras y un bochorno agudizado con una excesiva humedad, hacía que la jornada se hiciera un tanto desagradable.
Me tuve que emplear a fondo para acceder a alguna de las orillas, ya que no estaban muy transitadas.
 Hubo un momento en que me di cuenta de que había una enorme cantidad de hormigas por todos lados, y de alguna manera, se las habían arreglado para alcanzar mi gorra, las gafas y el pantalón.
Si a las molestias de estos pequeños invertebrados, le sumamos el calor sofocante, ya tenía los ingredientes para salir de allí al momento.
 Sin embargo quise probar fortuna con un señuelo de superficie, aunque en este aspecto, los peces no estaban muy receptivos.
Volví a cambiar de señuelo y clavé un ejemplar algo mayor que los anteriores. De esta manera quedaba probado que había peces de tamaño mayor, si bien el salto de un gran ejemplar a bastante distancia, corroboraba nuevamente mi hipótesis.
 Con la proximidad de la tormenta, decidí salir del lugar, pues ya había sacado unos cuantos ejemplares que me brindaron una fugaz pero intensa jornada, a pesar de la incomodidad de la climatología.

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"El Récord"

En la tarde de ayer sábado, me reuní con algunos compañeros del foro Vigospinnning, para pescar en una quedada que hacemos anualmente y que otro año más fue patrocinada por la tienda de pesca El Pez Rosa.
Las condiciones matinales no fueron muy buenas y no se capturaron demasiados ejemplares.
Cuando yo llegué por la tarde, algunos compañeros ya se marchaban, pero yo me fui a tres puntos concretos en los que días atrás había obtenido buenos resultados.
En menos de una hora pude hacerme con 5 capturas. Entre ellas cabe destacar el que a día de hoy es mi récord de bass más pequeño.
Conociendo la voracidad del black bass, no es de extrañar que los jóvenes alevines se atrevan a atacar los señuelos destinados a peces mayores. Y el caso es que capturé dos minitallas, sin que estas hubieran tocado el anzuelo.
Simplemente se aferraron de tal manera a la cola de un vinilo, que pude sacarlos del agua sin que nada pudieran hacer para salir de ese entuerto.
!!!Formidable¡¡¡

No descarto "superar" este récord, ya que hay alevines más pequeños que atacan sin compasión a cualquier señuelo que se eche al agua, así que os mantendré informados jejeje.

Los recortes también llegan a la pesca (humor)

jueves, 26 de julio de 2012

A por lubinas entre la niebla

Aprovechando la festividad de Santiago Apóstol, me fui a la costa con tres amigos, a la búsqueda de la esquiva lubina.
En esta ocasión nos desplazamos a una zona en la que últimamente están saliendo algunos ejemplares buenos, lo que nos motivaba un poco más a la hora de afrontar la jornada.
 Llegar al lugar no resultó muy cómodo a causa de una espesa niebla que se había instalado en toda la costa. Pero ni Adrián, ni Pablo, ni Manuel, ni yo, teníamos ganas de sufrir un percance, por lo que nos tomamos con calma lo de llegar al pesquero.
El mar presentaba unas aguas claras, con olas un tanto grandes para mi gusto, pero a pesar de ello, comencé a pescar en una zona elevada.
Cambié varias veces de lugar, a pesar de hacer pocos lances. Buscaba una zona donde hubiera más posibilidades de éxito.esta no se llegó a materializar.
Me acerqué a unas rocas y comprobé que a mi derecha estaban dos pescadores, que ya llevaban un buen rato machacando el lugar,  y algo más lejos, dos de mis compañeros.
Me acomodé encima de las rocas y lancé uno de mis Savage Gear Cannibal, que me había regalado Walter hace unos meses.
Comencé la recuperación, y a las pocas vueltas de manivela ... parón en seco.
Se trataba de una lubineta que elevé sin problemas hasta mi posición, para luego devolverla a su medio.
Dos lances más en distintas direcciones y nuevamente a cambiar de lugar.
Adrián y yo nos fuimos desplazando hacia una playa cercana. Las siluetas de los pescadores se muestran difuminadas, buscando con ahínco a la reina de la espuma.
Aquí había pequeños trozos de algas en suspensión, lo que propició nuestra salida hacia otro punto.
El mar estaba más enbravecido en las zonas escogidas, pero aumentando el peso del señuelo, solventábamos en parte este hecho.
Después hubo alguna falsa alarma provocada por las rocas del fondo, pero ni rastro de las lubinas.
La mañana seguía con niebla así que sugerí un nuevo escenario.
Tras una bajada lenta y con precaución, llegamos a otra postura. Aquí el mar también presentaba un aspecto poco idóneo para la pesca, salvo para la utilización de un chivo.
A pesar de todo, Pablo y yo intentamos hacernos con alguna lubina.
Pero el mar no cedía un ápice en su intenso golpear contra la costa.
Todavía teníamos tiempo para hacer un último cambio, que nos llevó a una zona más apartada..
Sin embargo aquí ya nos encontramos a varios pescadores de costa y de kayak.
Fue así como tuvimos que finalizar la jornada, en vista de que los peces no nos acompañaron. Pero habrá tiempo de volver a este u otro lugar para dar con la esquiva señora de estas costas.

lunes, 23 de julio de 2012

Volviendo a las andadas

Tocaba nueva jornada de pesca, y ya que era por la tarde y hacía calor, pues miré de buscar algo que se adecuase a estas condiciones.
Lo más sensato era ir en busca de los basses, así que para allá me fui.
Nada más llegar, lance de prueba para ver que todo estaba correcto y al segundo ... !!!ZAS¡¡¡
No quería anticiparme a los hechos, pero algo me decía que estarían muy receptivos.
Miré gran cantidad de alevines por las orillas, lo cual indica que ya han terminado con la puesta, si bien este año fue un tanto caótica, a causa de tantas variaciones de tiempo en los distintos días.
Un buena cantidad de vegetación acuática flotaba en las orillas. La cosa no sería tan fácil como otras veces, pero el nivel más bajo de lo habitual, me permitiría aventurarme por otras zonas que hasta no hace mucho, eran inaccesibles.
!!Me encanta pescar entre la vegetación a pez visto¡¡
Puedes estar a dos metros de un bass y ver cómo ataca el señuelo.
Y la caña de acción ligera garantizaba la diversión.
Si ampliáis la fotografía podéis apreciar a dos basses al acecho.
Nuevamente fui engañando algunos en esta zona tan prometedora.
El calor era bastante molesto y cada poco había que secarse el sudor de la frente.
Pero no pasaba nada, ya que las capturas se iban sucediendo a buen ritmo. Sin embargo echaba de menos la silueta de un buen black bass, al que ofrecerle mis señuelos.
Y otra captura más que salía del agua para ser desanzuelada con mimo. Esta con una librea particularmente bella.
Este otro le encontró un gusto particular a mi dedo, pues tardó un ratito en abrir la boca para marcharse. Se ve que intuía que no había nada que temer.
Avanzando por la orilla divisé el primer "tocho" de la tarde. El lance no era demasiado complicado, así que le puse el engaño un poco más adelante ... en cuanto cayó al agua, el bass mostró interés, pero al acercarse cambió de idea y se fue tranquilamente.
Un tronco sumergido es una de esas zonas en las que siempre conviene probar suerte. Y así salió el primero de la tarde que hizo cantar el freno del carrete con sus frenéticas carreras y saltos.
Luego llegué a una zona en la que saqué un buen número de basses sin moverme del sitio.
Me permití grabar la captura de uno, lanzando con una sola mano y recuperando línea como pude.
Era digno de mirar jejeje.
En este hueco pude ver tres basses de gran tamaño. La pregunta se formuló en mi cabeza ... ¿Lo intento? Si clavaba uno de los grandes, casi podía asegurar la rotura del hilo, pero no había que ser catastrofista, así que lancé en el hueco ... contuve la respiración mientras todos se acercaban a mi señuelo ... !!ZAS¡¡. Un bass que no había visto inicialmente se abalanzó sobre el vinilo y yo le respondí con una ligera clavada ...
Rápidamente a frenar sus carreras, pues había un montón de ramas sumergidas.
Eso sí, agarrarlo ya fue otra cosa, pues no se doblegó fácilmente a pesar de estar con la cabeza fuera del agua.
Prosiguiendo con la pesca, pude ver otro gran bass. Pero este sí que podía estar tranquilo, ya que no había forma humana de presentarle señuelo alguno.
Me resigné y seguí pescando y sacando más basses de pequeño tamaño.
La jornada finalizó con poco más de medio centenar de capturas, que me brindarón bastante diversión y sin mucho desgaste por mi parte a pesar del intenso calor.
De esta manera di por concluida la jornada y me fui para casa a la espera de regresar en breve.

lunes, 16 de julio de 2012

De pesca con Pedro Batalha

Hace unos días recibí un correo electrónico del pescador portugués Pedro Batalha, al que algunos conoceréis por su blog Pescatuga.blogspot.com
La razón no era otra que una visita a Galicia por motivos de trabajo. Él quería aprovechar el fin de semana para pescar en alguna zona de la costa, así que le propuse algunas opciones, si bien la que más le satisfacía era la de intentar sacar algunos sargos.
Las condiciones no iban a ser nada buenas, ni la época la más propicia, pero Pedro quiso intentarlo de todas formas. Además, el día anterior se había encontrado con unos compatriotas suyos por la zona, los cuales no habían obtenido buenos resultados.
Llegó el día y como ya había comentado, las condiciones no eran nada buenas. Aguas muy claras, viento bastante fuerte del norte y un oleaje algo excesivo.
Desde arriba pudimos ver como algunos pescadores ya ocupaban los puntales, sin embargo, yo sugerí pescar en una zona más apartada.
Tardamos un buen rato en llegar al pedrero, en parte por la caminata y también por lo difícil de la orografía.
Y es que un traspiés en la bajada, se puede traducir en una caída de decenas de metros, por lo que no nos apuramos en el descenso.
Y con todo listo, Pedro comenzó a pescar en un lugar donde el mar entraba entre dos rocas.
Yo probé suerte muy cerca y tuve la primera picada de la jornada. Al acercarla me di cuenta de que se trataba de una boga de mar.
Poco después sentí una picada un poco más fuerte, sin embargo no se trataba de un sargo, sino de una aguja de mar. Tras la foto la devolví al agua para proseguir pescando.
Tras un rato sacando bogas, mi compañero sacó una chopa. Luego yo también saqué otra más.
Y nuevamente volvimos a capturar sendas chopas que volvieron al agua.
Los sargos no hacían acto de presencia, así que nos fuimos a una nueva zona.
Las gaviotas, animales oportunistas donde los haya, se movían cerca de nosotros, por si nos quedaba algo de cebo atrás.
La pinta del mar prometía, pero habría que arriesgar un poco, pues el mar estaba algo más fuerte.
De camino, tuvimos que andar con mucho cuidado. Unos centímetros de tierra nos separaban del abismo, así que nos tomamos nuestro tiempo.
Y una vez más, las bogas hicieron acto de presencia y forzaron nuestra salida hacia una última puesta.
Y aquí tampoco aparecieron los esquivos sargos, sino alguna boga más, que hizo que yo desistiera de seguir pescando.
Pedro probó suerte con un último lance, en el que colocó un pequeño cangrejo, sin embargo no hubo premio en un mar que hoy nos mostraba su cara menos generosa.
Recogimos los bártulos con calma y nos preparamos para la subida.
El calor del mediodía nos pondría a prueba, pero al final de la senda nos esperaban unas cervezas bien frías, para calmar la sed que durante la jornada había hecho acto de presencia,
Durante el ascenso hubo que hacer alguna parada, pues había tiempo por delante.
Una vez llegamos al bar, dimos buena cuenta de unas cervezas, para luego volver a casa pasando por algunas zonas de pesca de las rías bajas.
Tras un buen rato conduciendo, llegamos al hostal en el que Pedro se alojaba. Allí aún hubo tiempo de charlar de pesca un ratito.
He aprendido muchos trucos y un poco más sobre las técnicas y lugares de pesca del país vecino. Y Pedro descubrió un nudo que no conocía y que a buen seguro que le ayudará en sus salidas de pesca.

Desde este espacio quiero agradecer a Pedro su amabilidad y cordialidad, a la vez que también le doy las gracias por obsequiarme con un par de señuelos, que en breve espero probar.
Muito obrigado.

jueves, 12 de julio de 2012

La magia del sereno

Ya tardábamos en volver de pesca mi amigo Antonio y yo. Esta vez teníamos que desplazarnos bastantes kilómetros, pues volveríamos a un escenario que nos causó buenas sensaciones la temporada pasada.
El plan era pescar la parte que no conocíamos, de un tramo sin muerte, así que tocó armarse de paciencia para buscar el punto exacto en el que comenzar. Para ello tuvimos que pasar sobre un puente bastante desvencijado y descender por la orilla que nos pareció más accesible.
Mientras caminábamos, observamos viejos troncos huecos, de robles centenarios, madroños de porte diverso y este fresno que en algún momento comenzó a crecer en una estrecha grieta en la roca.
Cuando avistamos el cartel que señalizaba el límite inferior del tramo, optamos por pescar unas corrientes que había un poco más abajo.
Los primeros lances fueron infructuosos, y yo se lo achacaba a que se trataba de una zona libre.
Sin embargo al poco rato llegaron las primeras picadas. Antonio fue el primero en estrenarse y poco después yo perdí un bonito ejemplar. La cucharilla de anzuelo simple sin arponcillo hace que estas truchas bravas se liberen con bastante facilidad.
Mi compañero exprimió algunos lances más en el libre, mientras yo me encontraba pescando en el otro tramo.
La sombra se iba apoderando del valle, lo que propició que muchos insectos comenzaran a revolotear sobre el agua. Esto a su vez provocó las primeras cebadas visibles.
Pero hoy tocaba conocer el río en este lugar, por lo que debíamos recorrer un buen trecho.
Las picadas se seguían sucediendo y aún tardé en hacerme con mi primera pintona.
En unas corrientes observé como una buena trucha de algo más de medio kilo, descendía con tranquilidad.
Una cebada un poco más arriba de mi posición delataba a otra pintona, que tras el lance, no dudó en atacar mi señuelo.
Las cebadas cada vez eran más abundantes, algunas de peces de buen porte. Ya estaba pensando en volver con la mosca seca, para tentar esas truchas, cuando afrontamos una tabla bastante larga.
Los tricópteros eran los dueños y señores del valle.
Algunas picadas fallidas después, llegamos al puente por el que habíamos cruzado horas antes.
El arco de piedra desafía al paso del tiempo y a buen seguro que permanecerá en pie por muchos años.
Llegados a este punto, Antonio optó por aventurarse en un afluente, mientras yo seguiría por el río que estábamos pescando.
Las cebadas ahora eran continuas y pude engañar unas cuantas pintonas en poco tiempo. Algunas grande se soltó, a pesar de hacer lo posible por introducirla en la sacadera.
Observé como el coche de Antonio se detenía en la carretera. Él ya había dado por concluida la jornada, pero yo aún apuré algunos lances más.
Las picadas me proporcionaron alguna trucha, pero cuando llegué a una zona profunda, tuve que salir del río. Finalmente hice unos lances más cerca de un puente, mientras mi compañero se dirigía al bar para tomarse una merecida cerveza; cosa que yo también haría para finalizar la jornada.

martes, 3 de julio de 2012

Premio a la constancia

El pasado domingo volvimos a hacernos a la mar, para ir tras las lubinas.
Las primeras luces del día nos recibieron de camino, así que comenzamos a pescar con el sol elevándose en el horizonte.
Hoy probaríamos suerte en otros escenarios, ya que el mar permitía aventurarse un poco más.
Las aguas extremadamente claras podían ser una desventaja, pero no nos íbamos a echar atrás por este hecho.
Y ya que las condiciones nos permitían pescar con paseante, sujetamos sendos señuelos a nuestras grapas para probar fortuna.
La primera captura de la jornada fue una aguja de mar, que no dudó en atacar al paseante movido junto a una espuma superficial.
En uno de mis lances, otro ejemplar saltó junto al señuelo.

Volvimos a cambiar de zona y nos acercamos a una pequeña ensenada, que mostraba unas características inmejorables para seguir con los paseantes.
En los primeros lances, una buena lubina atacó hasta tres veces el señuelo de Juan, pero sin llegar a quedarse prendida.
Yo observé la actividad de otra lubina a distancia ... lancé mi paseante ... y !!ZAS¡¡. Pero esta tampoco se clavó.
Insistimos un poco más, pero sin resultado.
Otra vez tocó moverse a nuevas zonas. Observamos mucho pez pasto en algunas zonas puntuales, por lo que las lubinas no andarían lejos. Y así fue como localizamos algunas lubinetas en puntos aislados, pero que no hacían caso de nuestros artificiales.
Probamos minnows, vinilos y paseantes, pero tampoco hubo respuesta.
Nos desplazamos una vez más, sin muchas esperanzas de dar con ellas, pero la sonda comenzó a marcar bastantes peces bajo la embarcación.
Aproveché esta situación para dejar fondear el vinilo y hacer una especie de jigging.
Una vez tocó fondo el señuelo, ejecuté sendos tirones y al tercero ... algo detiene el avance del señuelo hacia la superficie.
Fui peleando con el pez sin ceder ni un ápice en la tensión de la línea, hasta que por fin pude comprobar que se trataba de una lubina.
Estuvimos un poco más insistiendo en ese punto, pero en lugar de capturar alguna pieza más, el mar se quedó con uno de nuestros señuelos.
Aún quedaba algo de tiempo por delante, así que seguimos pescando, a pesar de que un frío viento del norte había hecho acto de presencia.
El mar se había picado bastante y las derivas se hacían muy rápido, por lo que tocaba moverse una y otra vez.
Al final tuvimos que rendirnos al destino que nos había deparado la jornada.
Barajamos alguna hipótesis al respecto y pronto sabremos si no andábamos muy desencaminados.