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miércoles, 27 de julio de 2011

Jornada de mar y río

Hace unos días volví a nuestro querido mar, para acompañar a Víctor, Miguel y Carlos en una jornada tras las lubinas.
Tras reunirnos los cuatro en el lugar acordado, tuvimos que buscar una zona donde se moviese un poco el mar, ya que la previsión no era muy buena.
Finalmente sugerí una zona donde miramos que había algo de rompiente y para allá nos fuimos.En el lugar observamos a varios pescadores, pero la costa es amplia, por lo que pescaríamos sin problemas de espacio.
Al segundo lance una lubina pequeña se prendió en mi sasuke y en pocos segundos ya posaba para la foto.Y casualmente, Víctor también capturó una lubina al segundo lance. Él utilizó un lucky craft sea finger de gran tamaño que desató el instinto depredador de la reina de la espuma.Miguel se aventuró en una roca aislada y recibió una severa mojadura, pues había ocasiones en las que el mar rompía con fuerza.
Por suerte estos casos suelen ser motivo de bromas entre compañeros, pero uno nunca puede bajar la guardia.A continuación fue Carlos quién puso en seco a otra joven lubina. Parecía que el lugar era propenso a recibir las visitas de las lubinas, por lo que mis compañeros insistieron en el lugar.
Yo sin embargo busqué nuevos escenarios y me aventuré en la lejanía, pero sin perder de vista a los demás.El resto de la mañana fue discurriendo sin actividad por parte de los peces, aunque uno de los compañeros había capturado una aguja.
El sol se despertó y fue buscando su posición natural en el celeste techo del que gozábamos esa mañana.Con este panorama, perdimos toda esperanza de hacernos con algún pez más, por lo que nos fuimos a tomar un tentempié.Por la tarde mi hermano me llamó para ir a pescar al río con él y con Antonio.
Llegué a media tarde pues las temperaturas eran bastante altas y no tenía intención de pasar calor.
Mi hermano me sugirió que me acercase hasta el puente, pues se divisaban algunos reos de buen porte, pero yo me limité a preparar las cosas para comenzar a pescar. Dani y yo lo intentaríamos con la mosca, mientras que Antonio probaría suerte con el spinning.
En la primera tabla en la que íbamos a pescar mi hermano y yo, nos encontramos a un hombre navegando con un kayak, pero al poco de vernos vadeando, se arrimó a la orilla y se marchó.
Dudábamos si en el río se permitía la navegación, pero con el kayak fuera del río, proseguimos pescando sin mayor preocupación.Tras un par de ataques fallidos me hice con la primera captura, pero curiosamente no fue una trucha sino un cacho el que tomó la mosca.
Poco después otro ejemplar de la misma especie se prendió del anzuelo y entonces me planteé la posibilidad de que esa iba a ser la tónica general de la tarde.
Durante el vadeo, mi hermano logró avistar una solla que salió apresuradamente del lecho del río, pues estas se camuflan muy bien en los fondos arenosos de las zonas intermareales. Pero afortunadamente todo cambió cuando capturé sendas truchas en un pequeño espacio de río.
Con la bajada del sol, estas habían entrado en actividad, pero desconocíamos lo que estaban comiendo.
Pensamos en las emergentes de tricóptero, pero yo seguí con la mosca seca, pues la espectacularidad de la tomada, hace que la consecución de la captura tenga un sabor más dulce.Mi hermano también se estrenó con las capturas en esta tabla que finalizaba en una zona que no se podía vadear.
Tuvimos que salir del río para proseguir la pesca y junto con Antonio, nos fuimos a una zona de corrientes.
Nos encontramos a un pescador de cebo pescando en estas corrientes y por lo que pude ver, este lo hacía con cebo natural.Pescando en las corrientes observé la cebada de una gran trucha que se precipitó hacia el medio aéreo para tomar un insecto.
Me quedé con su ubicación, pues intentaría engañarla poco después.
La luz había descendido notablemente y ahora los peces eran más vulnerables. En poco tiempo tuvimos varias picadas y conseguimos sacar alguna trucha más.
Cuando ya no podíamos ver la mosca, decidimos poner punto y final a la jornada y así pusimos rumbo a casa.

sábado, 23 de julio de 2011

Peskacor en Galicia: 2

El domingo nos esperaba una nueva jornada en el río Masma.
Como Juan Alfonso no estaba al 100%, Miguel y yo fuimos los encargados de acometer la tarea de pescar, mientras nuestro compañero no se perdería detalle desde la orilla.
Justo donde comenzamos, localizamos a una buena trucha que se puso a resguardo de nuestras pretensiones y mientras dábamos los primeros pasos por este tramo, hizo acto de presencia un guarda. Tras pedirnos la documentación y comprobar que los señuelos utilizados eran los adecuados, aproveché para preguntarle sobre el caso de las truchas muertas que recogí días atrás, en mi localidad.
La larga charla me valió de mucho, pues ahora sé que en un caso como ese, sólo las pruebas de los agentes tienen valided, pero a título personal, puedo presentar las pruebas junto a un escrito, en la Xunta.
Era hora de comenzar con la jornada y para ello descendimos por una orilla hasta el cauce.
Hoy optamos por comenzar con la técnica de spinning, ya que nos permitiría conocer una buena parte del tramo.Al igual que las jornadas anteriores, el río presentaba un magnífico aspecto.
La vegetación guardaba celosa el cauce por el que ahora nos movíamos, pero debíamos hacerlo con cuidado, pues Juan Alfonso estaba al acecho con su cámara.Tras unas picadas fallidas, inauguré el marcador de la jornada. Una truchita joven nos anunciaba que la actividad había comenzado, por lo que aprovecharíamos el momento para intentar sacar algunas más.Miguel tuvo algún que otro problema con el carrete, ya que cada cierto número de lances se le provocaba una "peluca" en el monofilamento.
Cuando se producía este hecho, aguardaba pacientemente por mi compañero, pero sin parar de pescar jejeje. ¿Acaso vosotros no haríais lo mismo? ... Me temo que sí, jejeje.Habíamos tenido varias picadas antes de que Miguel comenzara con los problemas técnicos.
No nos lo ponían nada fácil las truchas y entonces me pregunté si no hubiera sido mejor haber pescado con mosca.La picada fallida de una trucha algo mayor que las anteriores provocó que clamase al cielo por mi mala fortuna.
Pero al abrir los ojos admiré el dosel bajo el que caminábamos. Apenas había un resquicio por el que la luz pudiese acceder para sentarse sobre las pizarras y poder regocijarse con la dulce melodía de unas aguas que discurrían alegres hacia el mar.
La pugna arbórea entre alisos y fresnos pasaba desapercibida para nosotros, pues nuestro deseo era el de admirar a los moradores del río.En una zona de rápidos localicé una ventana de aguas calmas, en la que intuía una trucha.
El lance milimétrico hizo que un salmónido se abalanzase sobre el inanimado artefacto, antes de que este comenzase a cobrar vida. Y como la picada fue bastante lejana, me pude recrear un poco más con la captura.

Avanzamos hacia nuestro destino, con la incertidumbre de si los peces tendrían compasión de estos dos seres bípedos que se movían torpemente en un medio que no era el suyo.
Y entonces alcanzamos una zona en la que había una gran roca que emulaba a Moisés, pues separaba las aguas en dos.
Junto a un tronco, localicé una tímida cebada, pero antes pescaría en la parte derecha, pues era la orilla por la que iba caminando.Miguel había aprovechado un tiempo muerto para orinar y lo cierto es que este hecho desencadenó en mí el mismo deseo, pues ya llevábamos bastante tiempo pescando.
Esperé cortésmente a que Miguel se acercase, para que fuera él quien pescase el lado izquierdo del río.
Ejecutó un lance corto y un pez no dudó en atacar el señuelo. Este sólo pudo dar una cabriola, antes de que Miguel lo introdujese en la sacadera.
No presté mucha atención a la captura, pues quería lanzar en el lugar donde había visto la cebada, pero Miguel se extrañó y exclamó: !Qué trucha tan plateada¡
Me acerqué y tras una efímera observación, le dije: !!Es un reo¡¡.
Le comenté a mi compañero que su rapidez, no permitió que el pez se luciera, pues estos suelen dar unos saltos impresionantes cuando están prendidos en el anzuelo.
Le di mi felicitación, pues no me esperaba encontrar a un reo de entrada a casi 30 kilómetros del mar, y proseguimos pescando.Y como Miguel aún estaba asimilando la captura de una nueva especie, hice un lance en el mismo lugar donde había capturado el reo. Y en esta ocasión, yo capturé una pintona que se soltó en la grieta de la roca que estaba en medio del cauce. La grieta comunicaba con el río por ambos lados, así que en un solo gesto, solté mi equipo e introduje ambas manos en la grieta, para evitar la posible huida del salmónido. Al juntar las manos en la grieta, pude palpar el cuerpo de la trucha, así que la saqué de su escondite para fotografiarla.Seguimos avanzando y me preguntaba qué estaría haciendo Juan Alfonso, pues en una de las orillas tuvo que dar media vuelta ante la imposibilidad de seguir caminando, a causa de la vegetación.
Volvíamos a contemplar zonas tan bellas que se quedaban por un instante en la retina, antes de que el cerebro pudiera procesar tal cantidad de matices. Olores, sonidos e imágenes que manaban de nuestro alrededor y que nos evadía del estrés de la vida cotidiana.El sol comenzó a vencer en el asedio a la capa de nubes que hasta aquel entonces ganaba la batalla por el dominio del cielo.
Y este hecho, en el que el astro rey envía haces de luz sobre todo lo que se encuentra bajo su visión, parece que animó a los peces a picar en nuestros estériles señuelos.El juego de la pesca volvía a retomarse. Nosotros acechábamos a las truchas y estas hacían lo propio ante nuestros señuelos. Pero antes de que pudieran darse cuenta de que se trataba de un burdo engaño, estas ya venían de camino a la mano del pescador.Divisé en la lejanía un gran pozo de aguas calmas. Quizás allí nos estuviese aguardando la captura de la jornada, por lo que ralentizamos el ritmo para ir estudiando la estrategia a seguir.
Peinaríamos concienzudamente las corrientes hasta las proximidades y luego contemplaríamos la manera de lanzar en el pozo desde una u otra ubicación.En las corrientes capturé este pinto de salmón y aproveché para comentarle a Miguel rápidamente las diferencias más notables con las truchas.
- Los puntos rojos suelen estar dispuestos a lo largo de la línea lateral en el pinto y dispersos en la trucha.
- La aleta anal es de un tono variable, mientras que en la trucha presenta las franjas blanca y negra.

- Las aletas pectorales están insertadas antes del final del opérculo y son bastante largas. Por el contrario, en la trucha son más cortas y estas comienzan después del final del opérculo.

- La aleta adiposa suele ser oscura en el pinto, pero en la trucha suele tener colores rojizos, incluso con puntos.
- El opérculo presenta entre 1 y 3 pintas negras, mientras que la trucha tiene algunas más.

Existe alguna diferencia más en el ojo y en el pedúnculo caudal, pero estas son las más significativas para mí.

Una vez llegamos al pozo, fuimos observando con detenimiento por una de sus márgenes. Localicé un reo de porte fabuloso, que se desplazaba hacia una raíz sumergida y entonces decidimos prospectar el pozo, pero no hubo resultados positivos.En vista de la hora que era, salimos del río para volver por la carretera. Tuvimos que sortear algunos pastores eléctricos, hasta acercarnos a la vía y por el camino cogimos unas manzanas, para ir matando el gusanillo. Lo cierto es que nos supieron a gloria.
Caminando por la carretera, estas vacas y un ternero nos observaban con detenimiento. Debieron pensar que nuestro lugar estaba junto al río y no sobre el cauce de asfalto sobre el que nos movíamos, pero es más rápido caminar por un terreno estable, que por una orilla con abundante vegetación.Pasamos un puente y volvimos a pasar junto al río. Divisamos varios peces y decidimos hacer un alto para comprobar la predisposición de estos.
Al poco de comenzar, clavé este pinto y poco después miré una buena trucha, buscando cobijo entre la vegetación acuática.Reanudamos la marcha y nos encaminamos hasta el lugar de partida. Por el camino pasamos junto a un pequeño núcleo de casas, con los tejados de pizarra.
Es algo muy típico de la zona, pero para nosotros era llamativo, pues la teja es más utilizada en nuestros lugares de residencia.Mientras caminábamos por la carretera, localicé varias plantas de fresa silvestre. Ejemplares aislados que se extendían a lo largo de un buen trecho, pero entonces alcanzamos un talud tapizado por esta especie. Comenzamos a disputarnos los deliciosos frutos, que reuníamos en la palma de la mano, para luego ingerir todos juntos. !!Menuda gozada¡¡
Al principio era un poco reticente por encontrarse al lado de la carretera, pero unas cuantas bastaron para rememorar los tiempos de la infancia en los que los buscábamos con ahínco en lugares sombríos y húmedos.Al final su degustación ralentizó nuestra marcha, pero son lugares bastante infrecuentes por lo que tuvimos que aprovechar el momento.
Con las manzanas y las fresas silvestres ya habíamos roto el ayuno desde la mañana.Llevé a mis compañeros a un lugar que conocía de otras jornadas de pesca por la zona.
Se trataba del "Mesón O Pipote".
Tras un buen rato decidiendo el menú, Miguel y yo optamos por la fabada y el corzo, mientras que Juan Alfonso combinó este último con una ensaladilla.
Las fabas de este lugar tienen una reputación más que merecida y dimos buena cuenta de ellas. En cuanto al corzo, era la primera vez que lo degustaba y lo cierto es que me resultó muy agradable en el paladar.Mientras degustábamos el suculento mamífero, Juan Alfonso percibió algo de una consistencia mayor que la de la carne.
!!!!Una posta¡¡¡¡
Mis compañeros, que también son aficionados a la caza, me comentaban que las postas estaban prohibidas, pero yo no lo sabía a ciencia cierta.
Pusimos punto y final a la velada con los postres y el café, y de allí nos fuimos a reposar la comida para luego volver al río en compañía de Pablo.Por la tarde repetimos Miguel y yo en la parte final del tramo. Esto nos permitiría conocer el resto del tramo y probar suerte en una zona un poco más asequible para la mosca.
Pablo y Juan Alfonso lo intentarían en la parte baja.
Al encarar una tabla sin muchos árboles en las orillas, contemplé como un pequeño grupo de golondrinas comía insectos en la superficie del agua y supongo que también bebían agua del río.
Digo esto último porque a veces se precipitaban sobre una zona en la que aparentemente no había insecto alguno. El caso es que el momento fue de lo más espectacular.
Sin embargo los peces no parecían mostrar signos de actividad.Al cabo de un buen rato, miré a mis espaldas y observé como Miguel estaba liberando una trucha. De alguna manera había roto la mala racha.
Y la fortuna me permitió tomar la instantánea, con un mirlo acuático volando velozmente hacia su cazadero.
(Si ampliáis la fotografía, lo podéis ver en el centro de la parte izquierda de la fotografía)Seguí el vuelo del ave hasta que lo perdí de vista y entonces avisté a un pescador pescando por encima de nuestra posición. Puse al corriente a Miguel de este hecho y decidimos ir a hablar con él.
El pescador también estaba pescando a mosca por lo que le sugerí que podíamos caminar unos 400 metros río arriba y retomar la pesca.
Sin embargo el pescador nos dijo que podíamos empezar mucho antes, pues él ya iba a concluir su jornada. Nos despedimos y volvimos al río como nos había indicado.Supongo que llevar al pescador delante influía hasta cierto punto, pues no tardé en sacar la primera pintona de la tarde.
Esto me animó mucho, pues era el último día por estas tierras y tenía que aprovechar las oportunidades que los peces me brindaban.Con una Humpy casi destrozada conseguí ir engañando alguna pintona más.
Quizás la efectividad de esta mosca radique en su simplicidad, pues no tiene elementos demasiado complicados.Había perdido de vista a mi compañero, pero sabia que estaba más atrás de donde yo me encontraba, por lo que estaba tranquilo.
Divisé el puente que marcaba el final del tramo justo cuando Miguel me alcanzó.
Pescamos juntos estas últimas pozas y así ya bajaríamos hacia el coche los dos juntos.Me llamó la atención que en un fondo de lodo se veían unos puntos oscuros con una densidad muy alta. Me acerqué para observar de qué se trataba y entonces me quedé boquiabierto al comprobar que se trataba de cientos de caracolillos.
Había visto esos moluscos en otros ríos, pero siempre en cantidades muy pequeñas. Aquí parecían estar de peregrinaje jejeje.Llegó la hora de marcharse, pues habíamos quedado con Pablo y Juan Alfonso, para tomar algo antes de cenar.
De camino al coche pudimos maravillarnos con las cumbres que fortifican el valle. Una visión sobrecogedora de un lugar con mucho encanto y del que nos despediríamos hasta otra ocasión.

Agradezco a Pablo su disposición para ayudarnos en la planificación de estas jornadas de pesca y decirle a Miguel y Juan Alfonso, que cuando quieran volver por esta tierra de verdor infinito, irrigada por mil y un ríos, tendrán las puertas abiertas.

miércoles, 20 de julio de 2011

Peskacor en Galicia: 1

El pasado fin de semana, dos de los integrantes del grupo Peskacor, se desplazaron hasta tierras gallegas para intentar pescar al más abundante de nuestros salmónidos.
Juan Alfonso y Miguel tenían ganas de tentar a las truchas gallegas, y para eso nos fuimos hasta la provincia de Lugo.
El viernes por la mañana, Miguel y Juan Alfonso se acercaron hasta Rábade para pescar el tramo libre sin muerte del río Miño. En sus aguas quedaron impresionados por el buen porte de algunas truchas, aunque estas no son fáciles de engañar.
Yo llegué por la tarde y entonces quedamos con Pablo, para pescar en un coto sin muerte.Juan Alfonso se quedó en una tabla, mientras que Miguel y yo nos fuimos río arriba.
Pablo nos acompañó en calidad de observador, cosa que aproveché para tratar diversos temas.
En los primeros compases de la jornada tuve la picada de una buena pintona, pero en anzuelo simple sin arponcillo, no logró retenerla el tiempo suficiente.Pero pronto me libré del bolo con esta truchita de bella estampa. Esperaba poder capturar alguna de las grandes truchas que pueblan estas aguas, si bien el tiempo no estaba de nuestra parte.Se me hacía raro ver a Miguel con el equipo de spinning, pero lo cierto es que pronto fue recordando su uso. Al principio bromeaba por sus repetidos enganches con las ramas y de sus dotes para la jardinería, pero luego me fue sorprendiendo gratamente con algunos lances de mucho nivel. Supongo que unos sencillos consejos le ayudaron un poco.Y así consiguió sacar esta trucha de espectacular librea. Miguel la admiró con detenimiento y luego procedió a liberarla con mimo.
Ahora ya sólo nos quedaba dar con alguna de las grandes, pero nos tuvimos que conformar con algunas más discretas.Al salir del río, nos fuimos a cenar y nada mejor para ir empezando, que unos pimientos de Padrón, que como mis compañeros ya sabían "Uns pican, e outros non".
Raxo y pulpo á feira completaron una cena, que no debía ser muy opulenta, pues al día siguiente había que madrugar.Después de una charla amena, la camarera accedió a tomar esta instantánea para el recuerdo.
A continuación nos fuimos a dormir, ya que mis compañeros aún acusaban el viaje que habían hecho desde Córdoba.Al día siguiente, Juan Alfonso y yo presentábamos claros síntomas de haber dormido poco, pues en un bar cercano al hostal en el que estábamos hospedados, un tipo estuvo cantanto y tocando la guitarra desde las 11:00 pm hasta las 3:00 am. Nuestras habitaciones estaban a escasos metros, mientras que la orientación de la de Miguel, le evitó la serenata.
Desayunamos en Lourenzá, famosa por su "Festa da Faba" y luego nos marchamos para el río Masma.Aquí Miguel parece mostrar a su compañero, el tamaño de la trucha más pequeña que tenía pensado capturar jejeje.
Nooooo ... estaba preparando el bajo de línea.
Una vez a pie de río, tocó buscar una entrada a este. Fuimos caminando un buen trecho entre el maíz y Juan Alfonso desaparecía por momentos, aunque la caña avanzando entre las hojas, era signo inequívoco de que seguía allí jejeje.
Ellos pescaron juntos a mosca, mientras yo lo intentaba con la cucharilla.
Al poco tiempo de comenzar, tuve una picada y poco después otra. Ambas lograron soltarse, pero esto no había hecho más que comenzar.
El caudal del río me obligaba a entrar y salir del río cada poco, pues algunos pozos eran bastante profundos.Sin embargo también había raseras en las que el agua no llegaba ni al tobillo.
Cerca de unos troncos parcialmente hundidos, pude observar como un reo de buen porte se descolgaba corriente abajo. Este hecho me animó, pues existía la posibilidad de capturar alguno de estos salmónidos.Hoy Miguel también ejerció de jardinero, pues estos ríos distan un poco de los que está acostumbrado a pescar. Pero se lo tomó con buen humor y así fuimos avanzando por el cauce.El viento del norte no auguraba una buena jornada, pero no cedíamos en nuestro empeño de estrenarnos en este magnífico río.
En las zonas más abiertas, se disfrutaba mucho más observando las evoluciones de mis compañeros.Después de varias truchas y reos avistados, localizamos también algunos mújoles que se movían por estas aguas. La proximidad con el mar les hace aventurarse en el territorio de las aguas dulces, pues aquí la oferta de comida es muy variada.Como la cosa no se dio nada bien, no quise que se fueran del río de con la moral baja, por lo que les sugerí caminar a lo largo de la orilla para contemplar truchas, reos e incluso algún salmón.En esta tabla pudimos contemplar algunos reos de buen tamaño, aunque ellos lo tuvieron más fácil que yo con sus gafas polarizadas.
La quietud de las aguas delataría la posición de cualquier criatura que osase romper la película superficial del espejo fluido, flanqueado por un bosque de ribera con alisos y fresnos.Percibí un fuerte hedor y logré localizar su origen. Se trataba del cadáver de un corzo que estaba parcialmente sumergido en el agua. La parte que no estaba en contacto con el agua, había sido colonizada por una cantidad ingente de gusanos, y estos se encargarían de dar buena cuenta del mamífero, pues en la naturaleza no se desperdicia nada.

A continuación nos marchamos a comer y cuando ya estábamos listos para afrontar la segunda parte del día, allá nos fuimos.Esta vez cambiamos de río nuevamente y así llegamos al coto sin muerte del Ouro.
En esta ocasión yo portaba mi caña de mosca y junto con Juan Alfonso, nos disponíamos a romper la mala racha de la mañana.
Las condiciones eran bastante malas, pero teníamos que intentarlo. Yo comencé bastante torpe, pero tras unos minutos de calentamiento, le tomé el pulso a la caña.El Ouro es un río mágico y esta foto ilustra fielmente mis palabras.
En esta tierra de trasnos y meigas, el verde es el color por excelencia y como este es sinónimo de esperanza, nosotros no desistiríamos de hacernos con algunas capturas.La diosa Fortuna quiso que yo estrenase el marcador, y es que en el juego de la pesca, los locales suelen tener ventaja.
Nuevamente me maravillé con la librea de esta trucha, cada una única e irrepetible como un copo de nieve.Con Juan Alfonso en acción, me permití hacer algún experimento fotográfico, como esta instantánea cenital de su persona, ejecutando el lance en busca de una pintona.
* He escrito cenital en negrita, por si alguno lee "genital" jejejeje.El límite del coto ya estaba cerca y las pintonas nos lo habían puesto muy difícil.
En esta tabla dejé que fuera mi compañero el que intentase sacar alguna y así ver sus evoluciones.Vadeando lento e intentando hacer el menor ruido posible, Juan Alfonso iba poniendo la mosca en los lugares más prometedores.
Por momentos el viento nos recordaba que no estaba de nuestra parte, pero aún así aprovecharíamos nuestras oportunidades hasta el último momento.Le comenté a mi compañero que podríamos probar suerte en el inicio del coto, pues todavía quedaba algún tiempo para el sereno.
De camino hicimos algunas paradas, para tomar alguna instantánea en la "Finca Galea", ya que esta linda con el río.
Aquí vemos a Juan Alfonso subido a un batán, cuyo funcionamiento y finalidad le expliqué gustoso.Los grandes troncos y tocones que adornan la finca, son extraordinariamente grandes y transmiten la sensación de estar en un bosque antiquísimo.
Ya Miguel los había admirado el día anterior."A cova das necesidades" es un baño que queda en un extremo de la finca y que llama la atención por su composición a base de grandes piedras.
Ahora nuestra "necesidad" era la de llegar pronto abajo para hacer unos últimos lances.Una vez reunidos con Miguel, este nos comentó su particular jornada.
Tanto él como Juan Alfonso decidieron marcharse, pues el cansancio acumulado era más que suficiente.
Yo preferí quedarme, en vista de que la lluvia amenazaba con hacer acto de presencia, y sabedor de que este motivo podía desencadenar las picadas.
Comencé a pescar en una tabla de la parte baja del coto y las cebadas eran continuas.
Comenzó a llover tímidamente y la luz comenzaba a ser escasa. Justo cuando pasaba por debajo del puente, unas palomas salieron de entre las vigas de este, propinándome un tremendo susto.
Recuperado el ritmo cardíaco, afronté los últimos lances y cuando la mosca derivaba junto a unos grandes helechos ... !!!ZAS¡¡¡
Una trucha de mayor porte que las anteriores había tomado el engaño y no estaba por ponérmelo fácil, pero tras unas cuantas volteretas, reuní la templanza suficiente para agarrarla sin hacer uso de la sacadera.
Después de admirarla la devolví al agua, agradeciéndole la lucha ofrecida, y entonces opté por volver al hostal para reunirme con mis compañeros, pues este había sido un buen broche para cerrar la jornada.