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jueves, 28 de marzo de 2019

¡ SILENCIO ! ... Se rueda ... nueva temporada

Pues proseguimos haciendo nuevos documentales, para haceros llegar distintos escenarios de pesca, con modalidades variadas, de la mano de más pescadores.
En esta ocasión tocaba pescar luciopercas, por tierras de Castilla y León. Para ello conté con la ayuda de Adrián Hidalgo y de sus amigos Alfonso y Javi.
 Tuve que pegarme una buena paliza de coche. Nada más y nada menos que 900 kms, entre ida y vuelta. El frío de la mañana y el calor de la tarde, no fueron un inconveniente para pescar, pues las ganas mitigaban sus efectos.
El embalse en el que se desarrolló la acción de pesca, presentaba un nivel un tanto bajo, para estas fechas, dado que este año está siendo bastante seco.
Después de llegar a la zona caliente, las picadas se fueron produciendo tímidamente.
Sin embargo, perdíamos señuelos a un ritmo vertiginoso. Esto no mermó nuestras ganas de sacar la primera pieza del día, y una vez se capturó, la jornada ya apuntaba maneras.
A lo largo de la mañana fue mejorando todo, por lo que hicimos una jornada memorable.
Tras la comida, llegó la entrevista, para luego despedirnos de nuestros amigos.
 Por la tarde nos desplazamos hasta un lugar de interés y que a mí, particularmente me encantó, ya que me gusta mucho todo lo que tenga que ver con la naturaleza. En este caso eran las aves las protagonistas y después de ver buitres, sisones y algún milano durante la mañana, la tarde fue dedicada a las aves acuáticas y esteparias.
 En la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila disfruté como un enano, por dos motivos. Una por la gran variedad de aves que pude observar y otra, porque las puertas de los observatorios, eran muy bajitas jejeje. De hecho en todas hay una señal de "Cuidado con la cabeza".
 Nos despedimos de este lugar tan singular, con los últimos rayos de sol.
Fue una jornada maratoniana, pero mereció la pena pasar un día tan agradable en esta tierra.

lunes, 18 de marzo de 2019

Un año más, endulzando la vida

Ayer llegaba esa fecha que los pescadores de agua dulce esperamos con muchas ganas.
Lo cierto es que cada año que pasa la situación parece empeorar, aunque eso no merma las ganas de acometer la primera jornada de pesca.
Como siempre, trato de rodearme de buenos amigos, así que quedé con Luis y Jose. Además, nos acompañaría Diego, que comenzaba su andadura en el agua dulce.
La lluvia y el frío nos recibió desde primera hora y la niebla provocó que Luis se retrasara un poco.
Un año más, saludaba a Juan y Gil, dos buenos conocedores del embalse.

Una vez llegó Luis, café y chupito de rigor. Y después ... ¡¡A pescar!!
En los primeros lances capturé un pequeño black bass, que me sorprendió, ya que las aguas del embalse todavía están frías.
Proseguimos en otro lugar, y mientras charlaba con Diego, sentí algo que se movía entre la maleza de la orilla.
Se trataba de un gran black bass que se debatía entre la vida y la muerte y que finalmente alcanzó el agua.
Respeto que uno no tenga simpatía por una especie introducida, pero no comparto que la haya que hacer sufrir. Me parece más sensato que se sacrifique, ya que de esa manera, se evita algo que no deseamos en nuestras propias carnes.

En el transcurso de la mañana, la actividad parecía nula. Sin embargo, es difícil hacernos desistir en nuestro afán de engañar al primer pez.
 Cuando llegué a la zona más recóndita a la que se puede acceder con algo de esfuerzo, se produjo la primera picada. Una bonita trucha que inauguraba la jornada. 
Tras desanzuelarla con cuidado, la devolví a su medio.
 En la espesura del bosque, perdí de vista a mis compañeros. Por ello me fui en su búsqueda.
La lluvia seguía presente, con la mañana bien entrada, lo cual resultaba bastante molesto.
 El bosque de robles, daba paso al de abedules. Un rincón muy típico de la Galicia mejor conservaba.
Con el cuerpo medio entumecido, proseguí caminando.
 Me reuní con Luis y Jose y nos pusimos al día en cuanto a la jornada.
La cosa no pintaba bien y una vez más, nos percatábamos de algo que se hace palpable desde hace varios años. Lo que antaño fue un paraíso de la pesca, se va transformando en un espejismo de lo que había sido en tiempos pretéritos.
Charlamos con otros compañeros sobre el tema y todos coincidíamos en las causas.
La jornada tocaba a su fin y las cifras fueron muy pobres. Sin embargo, la valoración personal es tan positiva como siempre.
Una jornada en buena compañía, con risas, anécdotas y un entorno muy agradable.
¡¡Y ya estoy deseando repetir!!