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jueves, 31 de mayo de 2012

El primer bass de Pablo

El fin de semana pasado me había propuesto cumplir una promesa que le había hecho a Pablo. Esta consistía en conseguir que este capturase su primer black bass.
Las condiciones de la jornada no eran muy alentadoras, ya que a la climatología adversa, había que sumarle lo difíciles de engañar que estaban los basses.
Y además íbamos a pescar a pez visto, con lo que la jornada se me antojaba complicada.

La mañana empezó con algo de lluvia, pero no tardé en estrenarme con un pequeño bass. Luego llegaron momentos de lluvia intensa y de calma, pero sin llegar a ver el sol.
Fuimos recorriendo el perímetro del embalse, pero los basses más grandes no estaban por la labor de darle una alegría a mi compañero.

Tras una mañana nefasta, se acercaba la hora de comer, así que se me ocurrió que podíamos hacer una escapada fugaz a otra zona. Con muy poco material encima, pusimos rumbo al agua y le brindé a Pablo la posibilidad de estrenarse con muchas posibilidades.
En el primer lance observé que un pequeño bass tomó el engaño, pero mi compañero se apresuró en clavar, como lo haría con las truchas o los reos.
Le indiqué que tenía que esperar una fracción de segundo para clavar con garantías.
Y fue así como se hizo con su primer bass, que a pesar de no ser muy grande, se mostró muy batallador. Y por supuesto con una librea muy bella.
Y claro, una vez supo como clavar al centrárquido, ya todo fue más fácil. Así no tardó ni un minuto en hacerse con otro bass.
Mi compañero desbordaba alegría con cada captura, cosa que me llenó de satisfacción.
Pero como el hombre no sólo vive de la satisfacción de los demás jejeje ... me dispuse a realizar algunos lances.
Fue así como fuimos alternando capturas a buen ritmo. La densa vegetación dificultaba la recuperación de algún pez, pero por norma general, estos llegaban a nuestras manos para ser liberados.

Con varios basses en nuestra cuenta ya podíamos irnos a comer, para comentar la primera parte de la jornada.
Durante la comida hablamos de la lucha que presenta el bass una vez ha picado, de su bella librea y de algunos trucos para hacerse con ellos en distintas situaciones.
El sol se adjudicó la tarde y la luz invadió todo a nuestro alrededor, mejorando nuestras espectativas.
Cambiamos de escenario y aquí también triunfamos. Pero Pablo se dio cuenta de que engañar a un bass no es tan fácil como a priori se pudiera pensar. Y sobretodo si los basses ya son un poco grandes.
Salió alguno bonito, que puso a prueba el equipo de Pablo, ya que este llevaba un equipo ultraligero.
Yo me curé en salud, ya que sabía que en algún caso tendría que levantar el pez a pulso, por lo que mi equipo era algo más potente.
Desde una zona elevada podíamos ver que los basses también recelaban de nuestros señuelos, si bien la insistencia solía dar resultado.
Pablo se lo pasaba de miedo con los bocazas, que sucumbían a la lombriz de vinilo, mientras yo hacía lo mismo con un cangrejo de pequeño tamaño.
El desenlace de la jornada nos hacía olvidar la mañana tan difícil que habíamos tenido.
Seguimos peinando las zonas en las que todavía quedaban basses sin pinchar y volvimos a intentar capturar alguno de los que ya habíamos visto y que no hacían ni caso de nuestros señuelos.
Con la tarde ya avanzada capturamos los últimos basses de la jornada. Pero antes de partir, dedicaríamos unos minutos a explorar los alrededores.

La misión estaba cumplida; Pablo había logrado capturar su primer bass.
Ya sólo nos quedaba parar para tomar algo y poner rumbo a casa.

Desde este espacio, decirle a Pablo que cuando quieras repetir, sólo tienes que decirmelo. 

La jornada según Pablo.

lunes, 28 de mayo de 2012

La lubina y los visones

Este bien podría ser el título de una fábula, pero en este caso no tiene nada que ver.
Tocaba acercarse hasta la costa después de una temporada bastante irregular.
En esta ocasión fui con Marcos y las condiciones en principio iban a ser bastante buenas: cielo encapotado, vientos del sur y olas de entre 1.5 y 2.5 metros.
Elegimos una zona donde el mar no estaba demasiado fuerte y procedimos a montar los equipos y a enfundarnos los vadeadores.
Yo iba a estrenar unas cabezas plomadas que había comprado días antes, así que me coloqué sobre una roca alta y efectué el lance de prueba para ver la acción del señuelo.
El segundo lance lo hago con normalidad, alcanzando una distancia considerable ... cuando el señuelo había cubierto la mitad del trayecto, algo interrumpe su avance ... clavo con decisión y el pez comienza a dar potentes cabezazos que la caña amortigua sin problema ... todavía no veo al pez, pero intuyo que se trata de una lubina ... y tras unos segundos al fin la puedo ver entre la espuma. Bajo por las rocas y la pongo a buen recaudo.
  
 Una lubina de 1.1Kg que me hizo olvidar todas las lubinetas soltadas hasta la fecha.
Y esto no había hecho más que empezar.
Mi compañero y yo cambiamos de lugar y probamos suerte en el otro lado de la ensenada en la que nos encontrábamos.
Dejo la lubina sobre una roca y comenzamos a lanzar nuestros señuelos al agua. Durante un buen rato sólo Marcos nota una picada.
Cuando vamos caminando hacia la roca en la que había dejado el pez, exclamo !!!UN VISÓN¡¡¡
El muy canalla estaba intentando llevarse la lubina, así que me apresuro a coger la lubina con la mano en la que tenía la caña, mientras con la otra tomaba una piedra y emprendía la persecución del mustélido. Una carrera de unos 50 metros a gran velocidad, por encima de las rocas, en la que estuve a punto de alcanzar mi objetivo, si no fuese porque el visón logró ponerse a salvo entre unos bloques de piedra.
Después me di cuenta de que el visón americano había comido una pequeña porción de carne de la lubina.
La proliferación de esta especie en nuestra comunidad, se la tenemos que agradecer a los "pseudoecologistas" que provocan sueltas masivas de algunas granjas peleteras, haciendo un flaco favor a las especies autóctonas. Creo que sería más sensato concienciar a la gente para que no compre este tipo de artículos, pero cada uno tiene su punto de vista.

Recuperado del sobresalto, retomamos la pesca.
 Bastaron pocos lances para que la caña de Marcos se curvase, anunciando una nueva captura.
 Intenté grabar un vídeo de la captura, pero para cuando tenía la cámara en la mano, mi compañero ya había puesto en seco al pez.
 Se trataba de un precioso pinto que también sucumbió a los encantos del vinilo.
Mi acompañante y yo hicimos unas fotos, para acto seguido proceder a su liberación.
Cuando me doy la vuelta, exclamo por segunda vez !!!UN VISÓN¡¡¡
Otro mustélido se había aprovechado de nuestro despiste para intentar hacerse con mi lubina.
 Ante tal descaro decido dejar el pez encima de una roca y hacer una espera con un par de cantos rodados en las manos.
Pero debe ser que si los visones no ven al pescador, no salen a husmear, ya que después de un buen rato esperando, ninguno hizo acto de presencia.
 A partir de ese momento todo fueron risas, ya que tenía que pescar con un ojo puesto en el mar y otro en la lubina.
Lo intentamos en otras zonas muy prometedoras sin resultado.
 Cambiamos a un lugar en el que el mar rompía con más fuerza. Aquí me llevé una buena mojadura a causa de una ola, pero por suerte el vadeador, la chaqueta y la gorra hicieron de parapeto y el agua no llegó a mojarme más que la cara y las manos.
 Nos desplazamos una vez más hasta una zona de más profundidad en la que sentimos sendas picadas que no llegaron a materializarse.
Con algo de cansancio acumulado, dimos por concluida la jornada y aprovechamos para ir a reponer fuerzas a un bar cercano.

jueves, 24 de mayo de 2012

Tentación verde

 NOTICIA: Nuevo decreto de pesca

Esta vez volvió a tocar pesca spinning tras los basses, ya que el tiempo del que disponía no era mucho.
Llegué al lugar elegido con el sol calentando y a diferencia de la jornada anterior, no había viento que me limitase a la hora de localizar a mis potenciales presas.
Mientras me cambiaba, llegó otro pescador, que no se puso vadeador o botas, por lo que entendía que iba a hacer una pesca cómoda en los lugares más accesibles.
Con todo listo me dispuse a localizar algún bass al que ofrecerle mis señuelos.
Observé a uno que se movía cerca de un árbol hundido y le ofrecí un vinilo sin plomar.
Al principio no hizo mucho caso, pero con una recogida más lenta se animó a picar.
Foto y al agua.
Un poco más adelante miré a un bass mayor junto a una roca. 
!!Este sí que iba a ser difícil¡¡
Miraba con cierto desinterés todo aquello que fue pasando por delante de su morro.
Aunque la pesca a pez visto a veces se torna difícil, la recompensa es mayúscula, al menos para mí.
La precisión en el lance puede ayudar mucho, pero ese bass no estaba por la labor, así que desistí y me fui a ver otras zonas.
Sin mas picadas en otros lugares, volví sobre mis pasos y me volví a ver cara a cara con el bass de antes.
Opté por ofrecerle un vinilo de un color diferente y entonces el pez mostró algo de interés.
Aún así no había manera de incitarlo a picar.
Probé entonces otra lombriz de vinilo y entonces vi como el bass la tomó en su boca ... cachete y ... !!¡ZAS¡¡¡
Una serie de saltos consecutivos para intentar librarse del anzuelo y luego otros más espaciados.
Al final pude sujetarlo en la mano y contemplar su bella librea.
Aunque durante la mañana sopló una ligera brisa, la superficie del agua estaba como un espejo en el que se reflejaban las montañas circundantes.
Estuve un poco más de tiempo intentando engañar algún pez más, pero me di cuenta de que la labor era bastante difícil.
Algunos basses buscaban cobijo bajo las ramas de los árboles y los que se dejaban ver en aguas despejadas, huían al menor ruido.
La visión de algún ejemplar grande me llamaba poderosamente, pero cambié de zona para intentar sacar algún pez en zonas menos castigadas, pues la presión de pesca influye bastante en el humor de estos centrárquidos.
En otras zonas los basses también me dieron esquinazo, así que di por concluída la jornada.
De camino al coche, una libélula que había sufrido la metamorfosis de la fase acuática a la fase adulta recientemente, se vino a posar sobre mi vadeador.
Las alas recién estrenadas aún no le proporcionaban la destreza para volar con soltura, pero una vez despegó, hizo un vuelo corto hasta unos helechos en los que aguardaría el momento en el que ya pudiera dominar los cielos. 

domingo, 20 de mayo de 2012

El paraíso del pescador

El jueves 17 de Mayo (Día das Letras Galegas), me fui hasta casa de Walter, pues habíamos quedado para visitar el Aquarium Finisterrae.
Aunque mi compañero ya conocía de sobra el lugar, yo todavía no había estado en las instalaciones, por lo que Walter ejerció de guía de excepción.
He de confesar que casi iba exclusivamente por ver los peces de los acuarios, ya que sin duda es lo más llamativo de todo el museo.
Lo que iba mirando lo observaba el tiempo justo para apreciar los detalles que me parecían más interesantes. Muchas de los datos expuestos los sabía por libros y documentales, pero siempre hay algo nuevo que aprender.

Aunque ya conocía a los plusmarquistas de velocidad en el océano, me llamó la atención el pez volador, ya que alcanza unos nada despreciables 65 Km/h.

El tamaño poco habitual de estos ejemplares de bogavante y langosta, se merecieron mi atención y por lo tanto, esta instantánea.
Y cómo no podía ser de otra manera, los animales vivos son los que despertaron toda mi atención.
Este bogavante se mostraba tranquilo en su escondite y posó para la foto.

Pudimos admirar a las cigalas en sus respectivos refugios subterráneos, aunque en un plato a la mesa, causaría más admiración si cabe jejeje.

En este pequeño muestrario de las distintas dentaduras de algunos peces, destacaría el diente del Carcharodon megalodon.
Este tiburón primitivo ha despertado mi fascinación desde hace años, no sólo por su tamaño sino por todo lo que le rodea.

Peces teleósteos y cartilaginosos en un mismo acuario.
Las pintarrojas sin duda son las que más me gustaron, por su parentesco con los tiburones.

Mientras el grueso de los visitantes se fueron a mirar cómo alimentaban a las focas, Walter y yo pusimos rumbo a la Sala Nautilus.
Aquí estuvimos un buen rato observando los peces y grabando en vídeo su natación pausada.
La escasez de luz hizo imposible tomar fotografías interesantes, pues me hubiera gustado tener alguna instantánea de las corvinas, los robalos, las doradas y los sargos, entre otros.

A continuación nos desplazaríamos hasta los estanques exteriores para mirar las focas detenidamente.

Muy cómicas en todo momento, las focas hacen las delicias de los más pequeños ...

... pero su dominio de las aguas también despierta el interés de los adultos.
Esta nos guiñó un ojo mientras se acercaba a nuestra posición.

Walter me comentó que había una zona en la que disponían de las plantas más representativas de nuestras costas, sabedor de que también me gusta la botánica.

Me atreví a ir comentando los nombres científicos de las pocas que conocía, ya que son las especies botánicas del interior las que identifico con mayor facilidad.

Al mirar este panel, me acordé de esta entrada del blog de Juan Poper: Mi nuevo colega.

Me encantó esta visita a lo que sería el paraíso de un pescador de costa. Muchos peces de gran tamaño, que despiertan las ganas de pescar o simplemente hacen que recordemos momentos vividos con algunos de ellos.

Antes de poner punto y final a la visita, pudimos mirar a un pescador con su embarcación, a la búsqueda de alguno de los peces que habíamos visto minutos antes.

VÍDEO RESUMEN

domingo, 13 de mayo de 2012

Basses difíciles

El fin de semana pasado había quedado con Rubén y Esteban para ir a pescar al mar, pero una vez en el lugar, nos dimos cuenta de que poco había que hacer, ya que nos encontramos muchísimas algas depositadas en las zonas someras y el agua estaba especialmente quieta.
Las Islas Cíes eran acariciadas por plomizas nubes que amenazaban con evacuar su valiosa carga,
mientras en las pozas someras, los mújoles comían tranquilamente.
En un palet que había en la playa, nos encontramos con estos percebes cuello de ganso (Lepas anatífera), que llamaron nuestra atención.
Como suele ser frecuente, estos se encuentran sujetos a objetos que flotan a la deriva por el mar.
Mientras nos entreteníamos probando señuelos y mirando a nuestro alrededor, observamos a un buey de mar ( Cancer pagurus) que se movía entre las algas de la orilla.
Y siguiendo con la observación, nos encontramos a esta sepia muerta. 
Por el estado en el que se encontraba y que algunos cromatóforos presentaban cierta actividad, dedujimos que llevaba poco tiempo inerte.

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Y como este domingo las previsiones tampoco eran muy buenas para ir al mar, me decidí a ir por la tarde a ver si los basses ya estaban activos.
Allí me encontré a Juan, que ya había capturado y liberado algún ejemplar de buen porte.
Ambos coincidimos en que estaban difíciles de engañar, pero ya que estábamos allí, había que intentarlo.
En la zona donde me lo había encontrado al llegar, mi compañero capturó un bello ejemplar que posó para la foto antes de ser liberado.
En ese momento yo me había estrenado con un joven ejemplar.
No sé miraban muchos basses de porte, y el viento también nos dificultaba la tarea, para poder pescar a pez visto.
De esta manera pude engañar a un buen ejemplar, el cual se defendió con una magnífica serie de saltos.
Me dispuse a cogerlo, pero al ver que iba a repetir otro salto, dejé que lo ejecutara, con tan mala suerte que le cedí algo de línea y logró soltarse antes de posar para la instantánea.
Con el sabor agridulce del anterior bass, llegamos a una zona en la que Juan localizó a un par de basses de porte.
No hicieron mucho caso de su señuelo, pero mi insistencia si tuvo recompensa en forma de bass de bella librea.
El viento seguía soplando y nos limitaba tanto a la hora de lanzar como de localizar los peces.
Mi compañero estuvo pescando un rato más hasta que se tuvo que ausentar.
Tras despedirme de él, trataría de engañar algún pez más, a pesar de que sabía que la tarea no sería sencilla.
Tuve la oportunidad de sacar dos buenos ejemplares, pero estos renunciaron a atrapar el señuelo en el último momento.
Seguí la senda que me llevaría a una zona de aguas calmadas.
Una gran silueta me sobresaltó en la distancia, pues pensé que sería el bass más grande que había visto en mi vida.
Poco después, cuando pasé cerca de donde había visualizado la silueta, miré que se trataba de una carpa de unos 8 ó 9 kilos, que nadaba plácidamente bajo la sombra de los árboles.
Las nubes poco a poco fueron ganándole la partida al sol, hasta llegar a eclipsarlo totalmente.
Esto me desanimó un poco, ya que la intensidad lumínica bajó considerablemente.
Antes de marcharme, pude observar la segunda familia de ánades de la tarde.
Ahora habrá que esperar a que los basses se activen un poco más, para poder disfrutar de jornadas más fructíferas.