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lunes, 27 de septiembre de 2010

Probando nuevos escenarios

Después de un mes sin visitar los pedreros, tocaba reencontrarse con el gran azul.
Así que quedé con Marcos y Juan, para pasar unas horas en busca de las esquivas lubinas. Y digo esquivas porque últimamente está la cosa difícil y hay que esforzarse en dar con ellas.
Comenzamos bajo la atenta mirada de la luna, en una zona de rocas en las que las olas rompían a lo lejos.La segunda opción, a falta de picadas en la primera zona, fue una zona mixta en la que nos dieron la bienvenida un nutrido grupo de gaviotas.
Aunque en la zona nos encontramos con algunos surferos, nos desplazamos hacia un lateral para no entorpecernos en nuestras actividades.La arena fina y húmeda del lugar, reflejaba nuestros pasos hacia el punto elegido en el que comenzaríamos nuevamente.
Nos encontramos un mar muy propicio en dicho lugar. El escenario alternaba zonas de arena con sierras de roca de diversos tamaños ...... y en estas sierras es donde uno tiene que caminar continuamente para cambiar de atalaya. Yo trato de ahorrar tiempo saltando de roca en roca, pues de todos es sabido que el trayecto más corto entre dos puntos, es la linea recta.
Sin embargo, si se produce un traspiés en sitios como este, los puntos de los que estaría hablando, serían puntos de sutura, jejeje.Y Juan fue el primero en estrenarse con la primera lubineta de la mañana. Aunque nosotros buscábamos zonas alejadas en las que presentábamos nuestros artificiales, la lubina picó muy cerca de la orilla.Ahora los fragmentos de algas comenzaron a ser muy molestos, por lo que sugerimos cambiar de zona. Todavía era temprano y aún se podía probar en alguna zona más.De camino hacia los coches, apreciamos unas extrañas marcas en la arena, junto a nuestras huellas. Suponíamos que sería de alguna criatura marina y Juan aventuró, que podía tratarse de un molusco bivalvo que él conocía.Y en la búsqueda de dicho ser, encontramos este rastro que era aún más llamativo si cabe. Descartamos la posibilidad de que se tratase de algún ofidio, pues el tipo de dibujo no era de arrastre.
Sin duda alguna desconocemos demasiado de todas las criaturas que habitan en el entorno marino.La nueva ubicación era de andar con mucho cuidado, pues las rocas estaban muy afiladas, así que con paso sosegado, comenzamos a repartirnos por las rocas.
Aquí la zona era de mayor profundidad, así que opté por probar con un minnow que trabajase a mayor profundidad.
La elección fue buena, pues al rato tuve una tremenda picada. No sé si la falta de contacto con el mar o la astucia de la pieza, hizo que no se llevase a cabo la captura.Las rocas aquí todavía no se habían librado de las molestas laminarias, por lo que tocó ascender por el monte para cambiar a otra zona cercana. Por el camino que discurría entre un pinar, le comenté a Juan que el lugar era idóneo para albergar níscalos, por lo que haré una visita por aquí cuando llegue el momento.Allí, en el horizonte, podíamos observar a unas radiantes Islas Cíes, que eran testigos de nuestro deambular por las rocas de la costa.
El esfuerzo físico de la jornada, había sido grande, por lo que estuvimos un buen rato probando suerte con los vinilos.
Los sinuosos y naturales movimientos de estos, harán que dediquemos alguna jornada a su uso, pues sin duda en otros lugares ya están más que probados.
Y aquí terminó una jornada otoñal, en la que no tuvimos la suerte de cara.

martes, 21 de septiembre de 2010

Truchones en Galicia: 2

Al día siguiente Manuel Iglesias nos proporcionó algunas moscas para pescar en el río.
Nos fuimos repartiendo las moscas y los tramos de río a pescar. Pepe en esta ocasión ejercería de fotógrafo oficial, ya que en la jornada anterior había capturado muy buenas truchas y quería que fuésemos nosotros los que disfrutáramos de una jornada memorable.Tras un rato intentándolo en una tabla más abajo del puente, por fin me hice con la primera trucha. Tardé un poco en lograr meterla en la sacadera, ya que se defendió con bravura.
A continuación saqué un cacho, (para mi sorpresa) que tomó la mosca sin temor alguno.
Justo bajo el puente tuve varios rechaces de truchas impresionantes, pero eso no me afectó a la hora de seguir pescando.Pepe estaba atento a nuestras evoluciones y buscaba el momento de disparar su cámara para obtener buenas instantáneas.
Desde la orilla, Manuel Iglesias y un compañero seguían nuestras evoluciones.Paco me alcanzó y le dije que me acompañara río arriba. José Antonio había sacado algunas piezas y entre ellas un buen truchón.
Amablemente dejó que nosotros siguiéramos pescando en la tabla en la que él se encontraba.Un enganche de Paco propició que yo continuase pescando.
Al poco de comenzar clavé esta bella trucha que no se rindió fácilmente. Manuel me decía desde la orilla que no la cobrase como si fuera una lubina, ya que en un principio recuperé línea como si me fuera la vida en ello.
Foto y al agua.Paco me adelantó con cautela para dejarme pescar bajo las ramas de un árbol. Y aquí salió esta otra pintona, después de tener una picada fallida.
Poco después observé a una trucha enorme delante de mí, pero que no mostraba actividad alguna.
Yo ya estaba más que satisfecho y ahora sólo me preocupaba que Paco clavase alguna de las magníficas truchas que tenía delante.A continuación fui acompañando a Paco. Delante de nosotros había varias truchas de muy buen porte y existía la posibilidad de clavar alguna.
Alguna subió para tomar la mosca, pero en el último momento rechazaba el engaño.
Paco decidió atar una ninfa y aún tuvo oportunidad de hacerse con una de aquellas magníficas truchas, pero finalmente no hubo suerte.Al salir del río para ir a comer, comentamos los lances de la mañana.
El hecho de pescar durante bastante tiempo por la mañana nos hizo pensar en la posibilidad de ir a pescar otro tramo sin muerte por la tarde.
Lo hablaríamos mientras comíamos.Manolo nos llevó al lugar en el que mejor se prepara el pulpo según los entendidos.
A la entrada del bar pudimos ver como las hábiles manos de la pulpeira, van preparando las raciones.El pulpo tardaba en hacer acto de presencia y los nervios estaban a flor de piel, pero como se suele decir: "Las cosas buenas, quieren su tiempo".Pero al fin llegó el pulpo que junto al pan comenzaron a desaparecer, acompañados de un vino blanco para mojar el gaznate.
Y de segundo Manolo nos recomendó la "Carne ó caldeiro". No es que fuera muy devoto de la idea, pero resultó que estaba deliciosa.
Y mientras llevaban los postres, fui a ultimar los preparativos de la jornada de la tarde.
El hijo de Manolo me proporcionó las coordenadas de un tramo libre sin muerte del río Arnoia en el que reposar la comida.
Pepe se quedaría en O Carballiño para pescar por la tarde, pues el río al que íbamos no era muy cómodo de andar.Justo antes de llegar al punto exacto, nos encontramos con esta exposición de arte rupestre moderno, que da la bienvenida al viajero.
Más abajo nos encontramos con más rocas y árboles decorados de formas muy diversas.Antes de montar los equipos, dimos un pequeño paseo por las inmediaciones del lugar.
No miramos actividad alguna, pero eso no quería decir que las truchas no estuvieran en el río.
Una vez en el río, decidimos la estrategia a seguir. José Antonio se quedaría cerca del límite inferior, mientras que Paco y yo nos iríamos río arriba.En los primeros lances conseguí sacar esta trucha, que hizo que las perspectivas fueran muy buenas.
A continuación de un salto de agua, había un largo y oscuro pozo que Paco y yo no pescamos, pues la posibilidad de vadearlo era inviable.Río arriba sólo pude ver una cebada, algo que me dio mala espina, pues por la hora en la que nos encontrábamos, debería observarse más actividad.
Aún así, Paco y yo buscamos más zonas en las que presentar nuestras moscas.
Junto a una gran roca tuve una picada, pero la actividad seguía siendo nula.El río ahora nos mostraba zonas más prometedoras, pero se acercaba la hora de marchar, por lo que decidimos ser prudentes y abandonar el río.
Al llegar junto a nuestro compañero, este nos dijo que había capturado un cacho y que no había tenido ninguna picada más.
Nos dirigimos hacia el coche para cambiarnos y emprender el viaje de regreso al hotel.
Mientras cambiábamos la indumentaria, comenzamos a contar chistes y nos echamos unas risas intercambiando el repertorio.
Para finalizar, nos reunimos con Pepe y este nos comentó que había sacado un par de truchas y una de ellas de buen tamaño.

Sin duda han sido unas jornadas muy entretenidas en las que he compartido vivencias muy gratas y por eso, desde este espacio os invito a que repitáis la experiencia cuando queráis.
Estoy seguro que la gastronomía y los reos harán realidad un próximo viaje a esta tierra de meigas.

Saludos para Pepe Romera, Paco Tello y José Antonio Meléndez.

<<<<<<<<<< Las jornadas según José Antonio >>>>>>>>>>

domingo, 19 de septiembre de 2010

Truchones en Galicia: 1

Esta semana, tres compañeros de afición, se han desplazado desde Andalucía para pasar unas jornadas de pesca por Galicia.
Por la tarde llegué a la localidad de O Carballiño, para reunirme con los viajeros. Allí por fin conocí a José Antonio (Barbux) y este me presentó a sus acompañantes: Paco y Pepe.Después de las presentaciones fuimos observando el estado del río Arenteiro, en el que pasaríamos una de las jornadas y acto seguido nos fuimos a tomar algo a pie de río.Aunque estábamos hospedados en el hotel "O Xardín", nos fuimos a tomar algo típico de la zona, como es el famoso pulpo de O Carballiño. Pero no porque se extraiga en el lugar (ya que la zona no tiene mar), sino por la exquisita preparación.
Vino del Ribeiro, zorza, pulpo, etc prepararon nuestros cuerpos para el viaje que haríamos en unas horas.Al día siguiente, visitamos el embalse de Villagudín, en el que intentaríamos sacar alguna de las grandes truchas que pueblan sus aguas.
Con los permisos de pesca expedidos, nos subimos al todoterreno que nos llevaría a la zona del embalse que nosotros quisiéramos.Paco y Pepe se quedaron en una ensenada somera, mientras que José Antonio y yo, nos fuimos a la desembocadura de un arroyo próximo.
Como yo no había traído mi equipo de pesca, José Antonio me dejó su equipo de casting, mientras él pescaría con el de mosca.Al poco de comenzar, tuvo un ataque a su estrímer, pero la fortuna no estuvo de su lado y la trucha no llegó a acercarse a la sacadera.
Avanzando hacia la ensenada del fondo, comenzamos a observar cebadas y truchas de buen tamaño. Yo intenté sacar alguna con distintos señuelos, pero se ve que no estaban por la labor.El equipo de José Antonio, su bolsa, su chaleco ...
Se había ido a "conocer la flora autóctona", "plantar un árbol", "enviar un fax" o como le querais llamar. jejejeLas cebadas cercanas hacían que aumentase el nerviosismo y la visión de los ejemplares que por allí navegaban nos ponía los pelos de punta.
J.Antonio había llamado a Paco, que se presentó en la zona en la que nos encontrábamos. Había capturado una trucha común, pero en la operación de desanzuelado, esta consiguió liberarse y se perdió en el agua.En vista de que no conseguimos capturar pieza alguna, llamamos a la guardería para que nos viniese a recoger. A continuación nos fuimos al encuentro de Pepe, el cual nos tenía una grata sorpresa.
Había capturado sendas truchas arcoiris usando un pez artificial de la marca Rapala.El autor de tan magníficas capturas posaba ahora sonriente.
Nos alegramos mucho, que al menos uno del grupo hubiese triunfado, si bien Pepe ya ha visitado esta tierra con anterioridad.Al mediodía salimos del embalse y pusimos rumbo al restaurante.
Ya que el grueso de la expedición había tenido mala suerte de cara a las truchas, qué mejor que una buena comida típica para ahogar las penas.Pepe nos llevó al restaurante "Casa Ríos", que ya conocía de otros años.
La comida fue excelente (chorizo y lomo casero, pulpo á feira, almejas a la marinera, cocido gallego, cordero, yoghourt y flan casero, filloas y café) y la atención se mereció un diez.
Fue entonces cuando me pregunté ¿Esta gente viene realmente a pescar? jejeje
Al finalizar, me fui a casa para recoger el equipo de pesca, mientras Pepe, Paco y José Antonio, ponían rumbo a O Carballiño.Unas horas después, ya estaba de vuelta junto al río.
Se había acercado hasta el lugar, Manuel Iglesias (monitor de la escuela de pesca a mosca "Baixo Miño"), que había impartido hace unos meses un curso de lanzado a mis compañeros de pesca, en su tierra.Por la tarde, Pepe también había sido el triunfador, pues había capturado varias truchas de buen porte.
José Antonio, en compañía del hijo de Manolo, capturó sendas truchas. Una de ellas de magnífico tamaño.
Por su parte, Paco estaba en compañía de Manolo, intentando sacar alguna pintona, pero finalmente no se hizo con captura alguna.Manolo y su hijo se despidieron de nosotros hasta el día siguiente, en el que comenzaríamos pescando en el coto.
Nos llevamos una gran sorpresa cuando un zorro apareció junto a nuestros coches, con una tranquilidad fuera de lo común. Pude tomar varias instantáneas y aunque de vez en cuando el oportunista carnívoro desaparecía, no tardaba en volver a hacer acto de presencia.

Continuará ...

lunes, 13 de septiembre de 2010

Belesar mágico

Este sábado, un pequeño grupo de amigos nos fuimos a pescar basses al embalse de Belesar, si bien estas aguas son más conocidas por las enormes truchas que albergan sus aguas.
Aquí ya han salido truchas de más de 10 kilos de peso.El canto de las perdices daba el pistoletazo de salida.
La jornada comenzó en una zona de afiladas rocas en las que Alejandro suele pescar a menudo.
Una de estas rocas me produjo un buen corte en la pierna, pero por suerte la cosa no era de gravedad.
Con cuidado nos situamos a pie del agua y comenzamos a pescar.Crankbaits, vinilos, paseantes y otros señuelos comenzaron a trabajar en estas aguas. Había que dar con el engaño adecuado, pues la vez anterior en la que había pescado aquí, las capturas no fueron abundantes ni de mucho porte. Alejandro tiene sacado buenas piezas en este lugar por lo que la ilusión era máxima.Después de que Juan estrenase la jornada, Diego hizo lo propio.
Las terrazas de pizarras en las que un día hubo largos cordones de vid, nos servían ahora como atalayas de pesca.
Y desde una roca alta, Alejandro consiguió izar a este bass. Fue muy cómico observar como nuestro compañero elevaba con esfuerzo a este centrárquido.
Poco después saqué mi primer bass y ya todos nos habíamos estrenado.Marcos y Rocío se fueron quedando en la zona del inicio, mientras el resto de la expedición continuamos hacia el norte.
Las riberas de este embalse están plagadas de cangrejos. Se divisan en el agua vivos y en forma de caparazones y excrementos sembrando las rocas.
Poco antes Alejandro me mostró a un visón que andaba por las inmediaciones, pero las garzas y los zorros también son dados al consumo de estos invertebrados de agua dulce.Las lombrices de vinilo comienzan a dar sus frutos en una zona expuesta a los rayos de sol matinales, si bien las aguas estaban templadas.
Aquí las orillas tienen una pendiente considerable y debemos extremar las precauciones para no sufrir ningún percance.De vez en cuando teníamos algunas picadas fallidas, pero una vez clavamos algún bass, estos se defendían de manera endemoniada. Buscaban con rapidez las estructuras sumergidas de troncos o rocas, por lo que a veces había que apresurarse en el cobro de la pieza.Hasta el momento, este bass se llevaba la medalla de oro en cuanto a la defensa mostrada y como los anteriores, rápidamente volvió a su hogar.
El tamaño medio de las capturas no era del todo malo, pero la ilusión de sacar uno de los grandes nos rondaba la cabeza.Diego se permitió una genialidad al capturar este bass, mientras se encontraba sentado. Ya llevábamos un buen rato caminando y aquí la orografía pone a prueba la condición física del pescador.Alcanzamos entonces una zona de belleza espectacular en la que se unen los troncos sin vida de viejos castaños y un bosque frondoso plagado de infinidad de animales.
Delante de nosotros teníamos los cuerpos de decenas de castaños centenarios que permanecen ocultos y en silencio bajo las aguas, la mayor parte del año.
Ahora aprovechan para exhibir sus caprichosas formas y sus resquebrajadas entrañas, despertando así de su letargo subacuático.Estos troncos sin duda aportan un aire de misteriosa belleza, que bien pudieran haber salido de la cabeza de Salvador Dalí.
No hay palabras que describan con precisión este lugar, pues el entono que nos rodeaba en ese momento era de absoluto silencio y solamente se rompía de vez en cuando con el graznido de alguna corneja o el canto de las perdices.Una vez que Juan y Alejandro nos alcanzaron, encaramos el tramo final antes de que nos tuviéramos que ir a reponer fuerzas.
Aquí comenzamos a divisar algunos pequeños basses que se mantenían en las inmediaciones de los troncos y rocas sumergidas.Con el sol iluminando todo el valle, pudimos admirar las nuevas plantaciones de vid y justo debajo las que un día se quedaron inmersas en la quietud de las aguas del río Miño.
Lo más singular de este lugar es que en la vendimia (que pronto comenzará), el medio de transporte más usado es la embarcación. Las cajas de uvas recién recolectadas, se llevan por la pendiente hacia el agua y se cargan en lanchas. Luego se depositan en un embarcadero para finalmente llevarlas a la bodega.La zona en la que nos encontrábamos ahora, alternaba muros sumergidos y troncos.
Juan sacó un bass muy peleón utilizando un vinilo montado con un pequeño plomo justo en una de estas estructuras.Al pasar junto a una gran roca, presencié una pelea entre dos cangrejos. Desconocía el origen de la disputa, pero cuando me acerqué para tomar una instantánea, ambos se separaron y se quedaron inmóviles.
El hecho de que estos crustáceos no tengan párpados, hacen que esta imagen se muestre cómica, pues parece que se le hubiera quedado cara de susto a ambos contendientes.Esta fue la ensenada en la que hicimos nuestros últimos lances antes de partir para comer.
Se observaban cebadas en superficie, pero por la distancia no pude llegar a saber si se trataban de truchas o basses.En la salida de un arroyo había un nutrido grupo de basses juveniles y tanto Diego como yo, logramos engañar a unos cuantos.
Mientras Juan y Alejandro nos alcanzaban, pasamos un entretenido momento, pues los ataques eran fulminantes, aunque no todos se tradujeron en captura.En el primer metro de agua embalsada que había a continuación del arroyo, había un grupo de decenas de cangrejos que se agolpaban para ascender por el agua que discurría bien oxigenada.
Las huellas en el barro fresco, las heces de zorros y visones, junto a los caparazones vacíos, indican que tanto los mamíferos como las aves, tienen aquí un buen lugar donde darse un festín.El nivel del embalse había descendido hace poco tiempo, pues aún había mucha humedad en la zona próxima al agua y no habían comenzado a brotar las semillas que el agua va depositando en su descenso.Un último vistazo antes de emprender la marcha y acto seguido comenzamos a ascender por la ladera que nos llevaría hasta una pista forestal.
La subida se hizo larga, pues los rayos del sol caían en picado sobre nosotros cual látigos, provocando un calor muy molesto.La frondosidad del bosque autóctono de castaños, robles, abedules, sauces, etc tan diferente al que estamos acostumbrados a mirar en el día a día, es un regalo para nuestros ojos.
Pronto el suelo se llenará de los frutos otoñales de los que harán acopio los moradores del lugar.
Los cruces de pistas forestales y el desconocimiento del lugar, hicieron que nos equivocásemos en el regreso hacia los coches.
Sin embargo, la visión del valle desde la parte alta con los viñedos a nuestros pies fue una bella estampa que quedó impresa en nuestras sorprendidas retinas.El fruto de un trabajo que dura todo un año, estaba ahora frente a nosotros.
Estas bastas extensiones de cultivo de vid, en un sustrato tan especial, dan como resultado unos vinos de gran reputación entre los entendidos en la materia.Antes de ir a comer, hicimos un alto para observar la presa de Belesar. La visión desde el muro es sobrecogedora, pues la altura es considerable y el cañón en el que está está enclavada la presa, tiene una pendiente muy grande.Después de una reposada comida y una charla muy amena, decidimos pescar un rato.
Nuevamente nos dirigimos hacia el agua y comenzamos a pescar una pequeña ensenada.
El viento soplaba con fuerza y el agua estaba algo turbia.
Las capturas se sucedieron a unos dos metros de distancia. Sorprendentemente los basses estaban muy arrimados y todos pudimos clavar alguno.
Entraron tanto a vinilos como a señuelos duros. Mientras tomaba una fotografía y con la caña sujeta entre las rodillas, clavé un pequeño bass, lo que desencadenó algunas carcajadas.Con una jornada a cuestas que dio para mucho, nos despedimos de nuestro anfitrión Alejandro y emprendimos el viaje de vuelta a casa.