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domingo, 27 de febrero de 2011

¡¡¡Oh my God!!!


Literalmente sería: ¡¡¡Oh, Dios mío!!! y en chiquitistán:¿Comooooooor?jejeje
Y es que la jornada de ayer fue un poco extraña, para variar.
Me reuní con Walter (al que algunos ya conocéis por su blog) y Pablo en el lugar acordado y nos dirigimos hacia la zona de pesca.
Nada más bajar del coche, Walter me obsequió con un regalo y después procedió a las presentaciones, pues a Pablo no lo conocía.
Estuvimos un rato analizando las condiciones del lugar y optamos por cambiar de lugar, pues el viento no sería un aliado en este caso.
De camino a la playa observamos alguna gente pescando desde la carretera con los chalecos reflectantes. Las cañas metidas en los postes de los guardarraíles, aguardaban la picada de alguna dorada, pues esta zona es frecuentada por este espárido.
Una pesca un tanto peligrosa teniendo en cuenta el volumen de tráfico y la velocidad a la que se mueven los vehículos por la calzada.Ya en la nueva ubicación, montamos los equipos para iniciar la jornada.
A continuación comenzó la espera y para acompañar el momento, nada mejor que una cervecita.La marea llevaba poco tiempo subiendo y aprovechamos para probar una caña que Pablo había traído. Se trataba de la Shimano Super Aero Technium. Sin duda las sensaciones fueron formidables pues los lances por encima de los 140 metros se hacían con relativa facilidad.Walter fue el primero en recoger y al otro lado de la línea traía algo. De entre la espuma emergió una figura rechoncha que no podía atribuir a ningún pez.
¡¡¡Era un buey de mar!!!
Las caras de sorpresa y las risas no tardaron en hacer acto de presencia.Nuestro compañero lo examinó un momento, para posteriormente proceder a su liberación.
Si llega a la fase adulta, se convertirá en uno de los muchos manjares que esta costa alberga.Yo fui el siguiente en recuperar el aparejo y ... ¡¡¡Otro buey!!!
¡¡¡Sorprendente!!!Pablo recogió para ver el estado del cebo y ... ¿Otro buey?
¡¡¡Siiii!!!
En lugar de venir a pescar, parecía que estábamos a mariscar con caña.A partir de media marea, el mar comenzó a moverse más. Las expectativas eran mayores, si bien creía que con un poco más de agua, podíamos tener más suerte.Las cañas ya estaban nuevamente preparadas para la espera ... ... y estábamos a la expectativa de capturar algún pez, para estrenar la cuenta. Pero las punteras tan solo acompañaban el vaivén de las olas.Los últimos rayos de sol anunciaban la proximidad de la noche, por lo que había que preparar las luces químicas y las linternas.Con la tranquilidad de la noche el mar comenzó a trabajar con más ahínco y nuevamente, un decápodo venía comiendo el cebo.
Supongo que la zona en la que estábamos pescando estaría colonizada por estos crustáceos pues ...... otra vez recuperé el aparejo con un buey de mar sujeto a la gameta.El rocío que la noche depositaba sobre nosotros, junto con la falta de actividad por parte de los peces, nos hizo desistir de seguir pescando. El resultado casi estaba cantado.
Al final capturamos seis bueyes de mar; cosa algo atípica en cuanto a una jornada de surfcasting se refiere.Abandonamos la playa y pusimos rumbo a los coches. A mis compañeros todavía les quedaba un largo trecho por recorrer y antes de su partida, deseamos que la próxima jornada no fuera ni parecida a esta. Aunque si capturásemos unos buenos centollos ...
En fin, que por lo menos tocamos caparazón.

La jornada según Walter

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NOTICIA


Hace poco, de la mano de Andrés Orts, ha nacido Fishbook.es. Se trata de una red social para pescadores de agua salada. En los pocos días de vida que tiene, la criatura ha comenzado a andar y con nuestra colaboración pronto crecerá y veremos su evolución.
Espero que sea un referente en el mundo de la pesca y le deseo una larga y próspera vida.
Desde aquí le doy mis felicitaciones al padre de la criatura.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Ya falta menos

Ayer por la tarde me acerqué hasta la costa, pues las previsiones no eran muy malas y podía intentar hacer algunos lances, pero una vez allí, me di cuenta que las malas condiciones se resisten a abandonar nuestras costas. Con un poco de suerte, este fin de semana la cosa estará más sosegada.Por la carretera de la costa pude observar como unos operarios estaban reparando los destrozos que el mar había ocasionado. En Baiona, gran cantidad de residuos orgánicos terminaron en aceras y paseos, debido al enorme tamaño de las olas.
Hace unos días, el viento dejó rachas de 158 kilómetros por hora y se generaron olas que alcanzaron los 10 metros de altura en la costa atlántica. La red de boyas de Puertos del Estado registró la ola más alta de España en Cabo Silleiro, con 18 metros.Busqué a lo largo de la costa un lugar en el que poder pescar, pues en tres ocasiones anteriores este no me dejó. Y esta sería la cuarta.
Con chivo sería factible pescar este mar, pero no llevaba el equipo que destino a esta modalidad.Había cortos espacios de tiempo en los que el mar parecía bastante calmo, pero era una ilusión efímera, pues sólo descansaba antes de comenzar a enviar grandes series de olas.
No debía arriesgarme de ninguna manera.Desde una zona cercana al faro se podía divisar el panorama de forma nítida, al igual que permitía hacerme una idea de las olas que derrumbaron el muro de la carretera.
Días atrás se formó un tornado en esta misma zona.No había nada que hacer, así que me dispuse a agotar el resto de la tarde visitando algunas zonas de interés.En un embalse cercano una garza real hacía su ronda en busca de alimento.
El nivel de este era muy bajo a pesar de las lluvias de días atrás, pero me temo que aquí ha intervenido la mano del hombre.Más tarde me fui a la caza de algunas fotos más y en esta ocasión tendría que ascender a uno de estos picos.El mar está a bastantes kilómetros, pero desde esta altura se percibe cercano y el día plomizo mostraba una enorme gradación de tonos grises.Una visón celestial fue la que capté justo antes de llegar a la cumbre, como si una deidad fuese a hacer acto de presencia.
El camino no se hizo duro, pues resultaba más fácil que las caminatas que realizo con mis compañeros de pesca por los pedreros.La niebla frustró mi intento de obtener una fotografía de la costa desde el punto más alto del lugar y la amenaza de la lluvia precipitó mi salida de dicho lugar.
En fin, que una vez más me vine con la ganas de pescar un rato, pero según las previsiones, ya queda menos para la mejoría.

lunes, 14 de febrero de 2011

Intentos frustrados


Ayer nos acercamos hasta la costa Diego, Marcos, Rubén y yo. Las condiciones meteorológicas eran tan adversas que prolongaron nuestra estancia en una cafetería cercana al punto elegido.
Cuando el tiempo dio una tregua, volvimos a mirar las condiciones del mar, pero este no mostraba buena cara y la lluvia comenzó a arreciar, junto con el viento.
Volvimos a la cafetería y pasamos una agradable jornada charlando sobre la pesca. Hasta pusimos una "tapa de señuelos" para ambientar la conversación.
A media mañana Rubén se marchó, por lo que los que quedábamos decidimos ir a ver el embalse en el que pescaremos en poco más de un mes.
El nivel de este era algo bajo y las aguas estaban muy frías. No observamos actividad alguna, salvo lo que presumiblemente sería alguna trucha cebándose en la superficie.
Nos fuimos a un bar cercano a tomar algo caliente para proseguir la charla y cuando se acercaba la hora de irse a comer, cada uno se fue por donde había venido. Me lamenté un poco por no poder pasar la mañana pescando, pero la conversación fue muy amena.Y esta mañana comenzaba la temporada de pesca el el tramo internacional del río Miño.
Aguardé hasta las 9:00 am, para asegurarme de las normas que rigen en este tramo. Llegado el momento llamé a la comandancia naval del río Miño y me aclararon varias dudas.Me llamó muchísimo la atención que no hubiera pescadores en la zona. Lo cierto es que hasta ahora no había pescado nunca en el Miño, salvo en sus embalses. Y de zonas más o menos propicias, pues sé tanto como cualquiera que no haya pescado nunca aquí.
No hace mucho el río bajó desbordado, pues las mimosas de la orilla aún conservan restos vegetales que la crecida arrastró río abajo.El graznido de una corneja rompió la melodía de los pájaros que entonaban bellos cánticos matinales y fue entonces cuando comencé a realizar los primeros lances.
Inicialmente estaba un poco perdido por pescar en un río de mucha envergadura, pero hay zonas que se pueden deducir como más productivas.Las orillas están plagadas de cuarcitas y cantos rodados que el río ha ido depositando durante milenios.
Me fijé en que el río bajaba tomado, seguramente por las intensas lluvias de ayer.El sol comenzaba a asomarse tímidamente y con la claridad pude tener otra perspectiva del río. La zona en la que estaba pescando era abundante en vegetación, por lo que era cuestión de tiempo que los enganches comenzaran.El mayor aliciente para pescar en estas aguas es que todavía queda un mes para que se levanten las vedas de la mayoría de los ríos y por otra parte que en estas aguas se pueden capturar salmones, sábalos, truchas, reos, etc.
No sabía si las condiciones serían muy propicias, pero la falta de otros pescadores en el lugar llegaba a ser desconcertante.Las nubes comenzaron a adueñarse de los cielos y se interpusieron en el camino del astro rey. Con esta estampa de penumbra fui caminando río abajo.
Ni siquiera me puse el vadeador, pues las orillas son bastante cómodas de recorrer.Lo intenté con peces artificiales y cucharillas, pero la respuesta de los peces no aparecía. O la zona no era muy propicia o algo estaba haciendo mal.
Lo cierto es que yo soy más de arroyos y ríos de menor entidad, pero hay que adaptarse a las nuevas situaciones.La vegetación en el lecho del río era más abundante en algunos tramos y esto dificultaba la prospección del cauce del río.
Aún así no desistí y caminé un buen trecho hasta una isla de las que se forman por la acumulación de sedimentos y posterior colonización de la flora.En vista de que ni siquiera miré actividad, decidí irme hasta otra zona que conocía y en la que era posible probar fortuna.La nueva ubicación está cerca de la desembocadura del río Tea y en este último ya están montadas desde principios de año, las "estacadas". Estas construcciones temporales dotadas de numerosas luces, se montan sobre el río para facilitar la captura de las lampreas, que por esta zona es un codiciado manjar.
Al fondo se observa el pazo de Fillaboa, en cuyos terrenos se cultiva la vid que da lugar al vino del mismo nombre.Estos ingenios humanos tendrán que ser retirados el 1 de mayo, que es cuando comienza la temporada de reo. La variedad de sistemas que hay para las estacadas no es muy grande, pero el más llamativo es el de tipo "puente levadizo", pues no lleva ningún apoyo sobre el lecho del río.El acceso a la nueva zona de pesca era bastante malo, pero el río discurría muy tomado, a la vez que caudaloso y en estas condiciones no contaba con muchas esperanzas.
Di por concluida la jornada, pero este es el inicio de lo que espero se convierta en una tradición, pues desde que comencé a pescar, nunca había pescado en el Miño a pesar de saber que sus aguas albergan espectaculares truchas.

viernes, 11 de febrero de 2011

Jornada suicida

Al día siguiente de la jornada con mis compañeros, volví al lugar con la esperanza de repetir alguna captura.
La temperatura era de un grado positivo y las manos acusaban este hecho, así que me puse los guantes para mitigar la sensación de congelación en los dedos.Puse rumbo a unas rocas altas y realicé el primer lance. A pesar de la falta de costumbre con los guantes, noté como un pez atacaba el señuelo.
¡¡Era un robalo!!
Me había pillado por sorpresa, pues no contaba con capturar algo al primer lance. Traté de frenarlo pero el animal tenía una buena zona en la que luchar. En apenas medio minuto logró hacerse fuerte tras una sierra de rocas y el bajo de fluorocarbono se cortó.
Me fastidió más que se llevara el señuelo clavado que haber perdido la captura.En poco tiempo observé como los barcos y lanchas de los profesionales comenzaron a hacer acto de presencia.
Acompañados por las omnipresentes gaviotas, los marineros se afanaban en extraer el fruto del mar con las artes de pesca más diversas.
Proseguí un buen rato sin observar actividad.
Cuando ya había decidido abandonar el lugar, tuve una caída sobre las rocas. Un codo y las vértebras cervicales doloridas fueron las consecuencias de este traspiés.
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Unos días después me acerqué con mi hermano hasta la costa, pero no hubo manera de localizar un lugar en el que pescar debido al impresionante mar de fondo.
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Y ayer volví por la zona sabiendo con lo que me encontraría ...
Un mar de fondo descomunal, que no dejaba arrimarse ni para hacer el más tímido de los lances.Ante este panorama, busqué una zona en la que poder hacer unos lances, pues las ganas de pescar me habían llevado hasta allí.
Encontré una ensenada en la que pescar era viable, pero como disponía de un espacio muy limitado, decidí hacer una búsqueda más exhaustiva a lo largo de la costa.
Esta ensenada quedaría como último recurso.Hacia el sur, la cosa estaba muchísimo peor. Desde el coche podía observar como las olas se fragmentaban al golpear contra las rocas.
Creo que ni siquiera el indómito chivo podría pescar en estas condiciones.
La sucesión de enormes olas era incesante y la visión de estas colosales masas acuosas era sobrecogedora.Y esta es una nimia muestra de lo que aquí ocurre con los temporales de invierno, en los que a veces es necesario cortar el tráfico por la costa.El estruendo de las olas junto con el fuerte viento se hace molesto por momentos y sólo se consigue mitigar una vez dentro del coche.No hay imagen capaz de transmitir todo lo que aquí ocurre en un día como este.
A lo lejos se divisa el faro que habrá contemplado batallas épicas entre el océano y la abrupta costa.A medida que voy recorriendo la costa, me doy cuenta de que la tarea de realizar algún lance es prácticamente nula.
Busco zonas algo abrigadas del viento y en las que el mar de fondo no sea un inconveniente.La incesante serie de olas golpeando la linea de costa genera una espuma sucia. Todo lo que es ajeno al mar, este lo arroja fuera de su seno.Aún más al sur, llego a una zona en la que las olas son todo un espectáculo. Me siento sobre una roca y contemplo desde la seguridad de la distancia, como estas impactan sobre las rocas plagadas de percebes y mejillones.El barrido de las olas en las zonas más someras, genera un bello manto espumoso que no llega a disiparse.Aguardo paciente a que la ola estalle y muestre una fugaz estampa.En la distancia se generan unas olas de muy buen porte. Se acerca el momento que estaba esperando.¡¡ Al fin !!
Esta es la instantánea que esperaba obtener en este lugar.
Bastaron unos minutos para divisar por el objetivo de la cámara a esta monstruosa masa de agua pulverizada, engullendo a la inerte roca.Reanudo la marcha y no encuentro un lugar en el que el panorama no sea distinto.Todavía quedan unas horas para la pleamar y parece que la cosa se complica.
Decido dar la vuelta y volver al punto de partida.Desde el faro la visión es muy distinta. A pesar de que el oleaje parece pequeño, basta compararlo con el tamaño de los coches que circulan por la carretera.
No hay rocas en el agua que no sufran el asedio de las impresionantes olas. Estas desaparecen efímeramente para volver a la carga una y otra vez.La velocidad con la que se aproximan es francamente increíble. Ni una sola alma se atreve a vagar en las proximidades de la rompiente.
Me encuentro con alguna gente que disfruta con el espectáculo desde la primera fila, pero sin descuidar la seguridad.Volví a la ensenada que había visitado al inicio para realizar algunos lances, pero ahora está ocupada por un pescador.
En vista de que la jornada no va a comenzar, decido sacar algunas fotografías más.La hierba y los arbustos se agitan nerviosos bajo el vendaval. El viento comienza a soplar con más fuerza y conservar el equilibrio se torna más difícil.Un último vistazo antes de subirme al coche para emprender el camino de vuelta.
Ha sido una jornada atípica, pero la he disfrutado de todas formas.
Solo espero que a la tercera vaya la vencida y pueda volver a pescar en esta magnífica costa.

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