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jueves, 25 de abril de 2013

A "sarguear" toca

Esta semana hubo tiempo de hacer una visita relámpago a los sargos en compañía de mi buen amigo Luis.
Habíamos postpuesto tantas veces esta salida, que teníamos que ir a toda costa.
Las condiciones que nos encontramos al llegar, parecían bastante buenas, pero basta que uno tenga buenas vibraciones, para que el mar se ponga en contra nuestra.
A pesar de todo, no tardamos en notar la actividad en nuestras punteras. En el inicio de la jornada, Luis me comentaba que aquí no había bogas. Y en efecto, no las había. Pero ahora hay que decir que sí las hay.
Así que estas fueron las primeras escamas que tocamos.
Lo bueno de este lugar es que se puede cambiar de lugar con relativa rapidez. Así que cambiamos de lugar y otra vez a pescar. De vez en cuando venía alguna ola grande, pero aún nos dejaba pescar sin muchos problemas.
En esta nueva zona engañé a este inexperto sargo, que volvió al agua para seguir creciendo.
Esto nos ilusionó un poco, ya que podía haber alguno gordo por la zona.
A media jornada tuve un enganche que me hizo perder la pieza que bloquea el hilo de la boya. Cuando iba a buscar otra a la mochila, encontré un palo de Chupa Chups, que me sirvió para improvisar.
Había visto algún mújel por la zona y me di cuenta de que seguían ahí, cuando saqué este.
Me costó un poco sacarlo, porque tenía una roca delante, pero al final pudo "volar" hasta mi posición.
Después de liberarlo, capturé algunas bogas más.
El mar había ganado en intensidad y alguna ola nos proporcionó algún susto.
Las bogas eran ahora las dueñas y señoras de este enclave. Como tenía que irme a trabajar, pusimos punto y final a esta jornada.
De camino al coche observé a una paloma bravía portando una fibra vegetal en el pico. Me di cuenta de que estaba construyendo el nido. Al observar donde se había metido, me di cuenta de lo bien ubicado que estaba este, pues muchas veces las gaviotas expolian los nidos de estas.

martes, 23 de abril de 2013

Una jornada de las que hacen historia

Este domingo me desplacé hasta Carnota en compañía de Rubén, con motivo de la celebración del II Open de Pesca Spinning, que se disputaba en dicho lugar.
No me apunté al campeonato, ya que la hora de la concentración, hacía que tuviera que madrugar demasiado, así que la idea que dominaba en mi cabeza era la de pasar una agradable jornada con algunos compañeros de afición.
 Cuando llegué a la zona, escogí un punto de la costa en el que había pescado el año pasado. En la distancia se distinguían varios pescadores. Terminamos de cambiarnos y bajamos hasta el pedrero.
Allí se encontraban Mikel, Casti, Anxo y Josiño. Después de los saludos de rigor, me comentaron que Mikel había perdido un buen robalo. 
Luego decidimos ir al encuentro de Manel, que también se encontraba por la zona.
Al partir del pedrero, Mikel me obsequió con un buen puñado de vinilos creados por el mismo, ya que él es el creador de la tienda Bricoypesca. Tras agradecerle el detalle, comenzamos a caminar, parando tan sólo para hacer algunos lances. En uno de esos lances, el vinilo se me enganchó entre las rocas. Un tirón hizo que el señuelo saliera a gran velocidad por el aire, golpeándome la cabeza de plomo en la ceja y la cola de vinilo en el ojo. Todo fue muy rápido, pero por suerte sólo se quedó en un susto.
 Cuando llegué al lugar en el que se encontraba Manel, este me comentó que había capturado tres lubinas.
Poco después llegaron su hijo Anxo y Josiño, que había capturado la lubina que se ve en la fotografía.
Como la actividad había cesado por completo, decidimos hacer unos lances más, para a continuación desplazarnos a un bar cercano.
 Ya en el bar, y con una cerveza acompañando la velada, comenzaron a llegar más compañeros de pesca: Sergio, Carlos, Suso, Aníbal, Javier, Miguel, Cabo, David (que había capturado un reo), etc.
La tertulia de rigor abarcó innumerables anécdotas y hechos recientes, por lo que esta se alargó durante muchos minutos.
Luego tocaba desplazarse hasta Carnota, para asistir al pesaje, así que fuimos hacia los coches para poner rumbo al núcleo urbano. Antes de salir, Manel me obsequió con un par de vinilos que están funcionándole muy bien, mientras que Cabo nos maravillaba con alguna de sus últimas creaciones.
Las capturas de este evento serían donadas a un comedor social, por lo que sería bueno que la jornada hubiese sido fructífera.
Agujas, lubinas y algún robalo fueron pasando por la báscula, para así determinar quienes eran los vencedores de la prueba.
Mientras se terminaba con el pesaje, me encontré a Rober, Vitu y a su colega Chito, así que nos fuimos al bar a tomar unas cervezas.
 Al cabo de un rato, la organización se preparaba para la entrega de premios.
Al final casi hubo premios para todos. Y alguno de los premiados, me obsequiaron con sendos señuelos, en vista de que yo le sacaría más provecho.
 Una vez finalizado el acto, tocaba desplazarse hasta un área recreativa cercana, para acudir a la comida que se había organizado. El churrasco aún tenía para rato, así que era el turno para una nueva tertulia de pesca.
 Y tras una breve espera, comenzaron a llegar los langostinos y las primeras raciones de churrasco.
Con las mandíbulas trabajando a toda máquina, las conversaciones cesaron momentáneamente.
 Y a continuación, nuevas charlas de pesca, que fueron llenando los minutos de la tarde.
Con el licor café pululando por las mesas, las risas estaban aseguradas, si bien alguno osaba profanar esta bebida espirituosa, bautizándola con hielo.
 Alguno ya había concertado una cita con Morfeo, porque dormitaba plácidamente sobre la hierba.

El resumen de la jornada no podía ser mejor, ya que en encuentros como este, uno se da cuenta de lo mucho que puede llegar a unir una afición común. En este caso, la pesca.

Dar las gracias a todos los asistentes, a todos aquellos que se molestaron en organizar la comida y por supuesto, a aquellos que me obsequiaron con algún detalle en este día.

Seguro que muchos coinciden conmigo en que esto hay que repetirlo más a menudo.

!!Hasta la próxima¡¡

jueves, 18 de abril de 2013

Estaba allí

Ayer decidimos pescar un río que a priori tendría bastante agua. La cosa no sería muy fácil, pero optamos por intentarlo. 
Yo aparqué el coche en la parte superior del tramo que íbamos a pescar, mientras que José Antonio lo dejaría en la parte inferior.
 
¿Dónde está el pescador?
Con todo preparado comenzamos a ascender río arriba. No tardó mucho mi compañero en capturar la primera pintona. El caudal nos obligaba a apurar la recogida de los señuelos, pero parecía que las truchas no tendrían inconveniente en atacarlos.
Todas las truchas que fuimos capturando eran de escaso porte, y es que este tramo ya ha sido visitado con frecuencia por pescadores de cebo natural, desde el inicio de la temporada. Y por norma general, estos no son devotos del captura y suelta.
Las zonas de corrientes eran abundantes, pero de vez en cuando nos encontrábamos con alguna tabla o pozo profundos.
En las zonas de mayor profundidad, las truchas se agrupaban en buen número, permaneciendo atentas a lo que ocurría a su alrededor. A pesar de todo, pude tomar esta instantánea en la que las pintonas se desplazaban río arriba.
 
- La anécdota -
En otro pozo observé a cinco sapos comunes (dos hembras y tres machos) bajo el agua. Cuatro de ellos estaban emparejados, pero uno solitario permanecía sobre la raíz de un aliso, cercano a esta pareja. Cuando metí la cámara en el agua, el sapo solitario se lanzó hacia mi mano y se agarró firmemente, hasta tal punto que lo saqué fuera del agua sin que se soltase. Acto seguido saltó hacia el agua y buscó la protección de las profundidades. 
Debió pensar mal jejeje.
Seguimos sacando algunas pintonas mientras avanzaba la tarde. 
Le comenté a mi compañero que hace años había capturado un reo en este río, en el primer día de la temporada, en un pozo que debía estar cercano.
En uno de los muchos enganches que tuvimos, procedí a desenganchar mi señuelo.
La fuerza de la corriente era tal, que casi me arrastra río abajo. Y es que un caudal alto, unido a la fuerte corriente, puede desequilibrarte fácilmente.
 Una vez llegamos al pozo que comenté anteriormente, donde había capturado un reo, mi compañero me comentaba el camino para salir del río, pues no había opción para seguir ... a priori.
Entonces recordé que yo me había aventurado por la zona complicada. Sujeté la caña con los dientes y me fui agarrando como pude a la pared de roca. 
La garganta de roca que se ve en la fotografía fue hecha artificialmente para desviar el río y poder construir una línea ferroviaria próxima.
 Intuía que nadie en su sano juicio osaría aventurarse aquí, por lo que cabía la posibilidad de que una buena trucha estuviera aguardando.
Pero esta no salió, quedándome con la miel en los labios.
 José Antonio ya había dado la vuelta por el camino lógico y me aguardaba unos metros más arriba.
Apoyando mi equipo, logré salir de aquel cañón. La pendiente era tal, que apenas se avanzaba y además el terreno cedía a cada paso. Una caída aquí puede tener consecuencias catastróficas.
 Llegamos a un puente en el que un pequeño afluente se unía al cauce principal. Mi compañero me dijo que unos días antes había sacado varias truchas allí.
Cuando llegamos al punto en cuestión, miramos varias pintonas que huían despavoridas.
José Antonio capturó una pequeña, mientras yo prospectaba el resto del pozo.
En la cabecera de este, algo detiene el avance de mi señuelo y el carrete empieza a soltar hilo ... llevo una caña de 1.35 m, carrete de tamaño 750 y un monofilamento del 0.16 mm ... me siento apurado. Aprieto un poco más el freno y logro meter el pez en la sacadera.
Lo libero de la cucharilla fácilmente, ya que esta va provista de un anzuelo simple. A la vez, mi compañero exclama: -!!Es un reo¡¡
Por desgracia, este ejecuta un salto desde dentro de la sacadera y recobra la libertad, privándome de la foto de rigor.
De vuelta al río principal, miramos dos trozos de sedal con sus plomos y anzuelos, colgando de un cable situado a varios metros por encima de nuestras cabezas.
Algún pescador de cebo un tanto bruto debió querer clavar una trucha o soltar el anzuelo de un obstáculo. El caso es que pudo llegar a la luna, que se ve justo debajo en la foto jejeje.
 Proseguimos sacando alguna pintona más, si bien las grandes no dieron la cara.
Eso sí, la librea de todas era digna de admiración.
 Con todo decidido, fuimos apurando los últimos lances para llegar hasta mi coche.
Pudimos hablar con un par de pescadores antes de marcharnos. Uno de ellos miró como el otro se guardaba una trucha pequeña en el bolsillo.
Luego me preguntó el teléfono del SEPRONA, pero el infractor se salió con la suya, ya que no tardó en abandonar el río.
El pescador que llamó a las autoridades, estaba acompañado de su pequeño hijo. Sin duda conoció un ejemplo claro de lo que no se debe hacer.
A su vez, este pescador me facilitó el nombre de una página suya de facebook, que me parece muy interesante:


Y para despedirme, os quería comentar que este blog, mañana cumple 6 años.
 No voy a decir aquello de que parece que fue ayer, porque han sido muchas las jornadas vividas, pero sí diré que en estos seis años he conocido mucha gente y aprendido un montón.

GRACIAS POR ESTAR AHÍ.

sábado, 13 de abril de 2013

Y cesó la lluvia

Después del marzo más lluvioso desde que se tiene constancia, llegó abril. Éste año se cumple el refrán, y abril ha traído aguas mil, diezmil y creo que ha llegado al millón.
Hoy tocaba limpieza del coto de Soutomaior, por las riberas del río Oitavén. La jornada empezaba temprano y a las 7:30 am, ya estaba desayunando por segunda vez con mis compañeros de faena.
Nos marchamos para el río y allí nos encontramos con el resto de asistentes a la limpieza de hoy.
Tras hacer el reparto de la maquinaria, los grupos se dispersaron por distintas zonas del río.
 Comenzamos la limpieza en la confluencia de los ríos Verdugo y Oitavén. Es un lugar bastante concurrido, ya que aquí se encuentra el puente colgante sobre el río Verdugo.
 Pusimos en marcha la desbrozadora y la motosierra , para comenzar con las tareas de acondicionamiento del paso para los pescadores.
La maleza no era muy abundante, si bien las crecidas repetidas durante este invierno, depositaron un buen número de troncos y ramas secas.
 Toni se fue ocupando de los residuos sólidos tales como plásticos, latas y vidrios.
José Antonio se valió de la motosierra para ir troceando el ramaje que impedía o dificultaba el paso, mientras Ángel amontonaba esta madera en distintos puntos.
Y yo me ocupé de la desbrozadora, cortando zarzas, hierbas y algunas acacias (Acacia dealbata y Acacia melanoxylon), estas últimas especies invasoras.
 La mayor parte de las ramas que nos encontramos, pertenecían a laureles y alisos.
 Cada cierto tiempo, yo también ayudaba en las labores de retirada de troncos y ramas, ya que es una tarea más dificultosa y pesada que el uso de la desbrozadora.
El antes ...
 y el después.
 El sendero de los pescadores apenas se intuía en algunos tramos ...
 ... pero una sesión de desbrozadora ...
 ... y ya estaba mucho mejor, para las futuras visitas al río.
También hubo algún momento para deleitarnos con el río que discurría con un abundante caudal.
Lo cierto es que fuimos haciendo un buen trabajo de limpieza.
En la distancia se escuchaba la motosierra de otros compañeros y para cuando llegamos al punto de encuentro, los demás asistentes ya habían terminado con sus tareas.
Hubo tiempo para que hiciera una limpieza con la desbrozadora, junto al refugio de los pescadores, para a continuación poner rumbo al  Hotel-Restaurante Isape, donde tendría lugar una reunión y posterior comida.

Dar las gracias al Excmo. Ayuntamiento de Soutomaior por poner a nuestra disposición la maquinaria utilizada en estas tareas, ya que de esta manera pudimos llevar a cabo esta actuación, de manera más eficaz y sencilla.