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jueves, 23 de mayo de 2019

Escapada a lo desconocido

Hace unos días hice una escapada fugaz con Juan, aprovechando que él estaba de vacaciones por la zona.
El hecho de desconocer por completo el escenario, hizo que nos demorásemos un poco, así que tocó montar el equipo con rapidez, para echarse a caminar.
Llegamos hasta un punto en el que la orilla estaba casi impracticable, por lo que comenzamos en una tabla bastante grande.
Vimos algo de actividad, si bien las truchas hacían caso omiso de las cucharillas.
Llegamos a un punto en el que había una corriente interesante, por lo que no podía pasar sin probar.
Desde una distancia prudencial hice un primer lance. El segundo lo hice por el otro lado de la corriente y fue allí donde sentí una parada en seco.
Luego la trucha se descolgó y comenzó a revolverse. En ningún momento perdí la tensión del hilo, ya que los anzuelos sin muerte, a veces te la juegan jejeje.
Tras una breve pero intensa lucha, coloqué a la pintona a tiro de sacadera, así que ... !!Para dentro¡¡
Una foto para inmortalizar esta bella trucha, y al agua de nuevo.
Mi compañero estaba supercontento por la captura, así que nos animamos mucho de cara a los siguientes lances.
Avanzar por las orillas era toda una odisea, e introducirse en el río lo era más, ya que el caudal era abundante.
Como pudimos fuimos saliendo adelante, para pescar donde el río nos dejaba.
Saqué esta otra en una rasera donde el río era muy ancho. No brindó la lucha de la anterior, pero me gustó mucho su librea.
Me llamó mucho la atención la cantidad de chopos caídos que nos encontramos. Supongo que es una combinación de falta de agarre y fuerza de las crecidas.
Además tocó sortear muchos, caminando sobre ellos, lo cual a veces era toda una aventura jejeje.
En una curva del río, Juan me dijo que una trucha perseguía su señuelo, pero que no lo atacaba.
Le propuse que esperase un momento y que cambiase el tamaño de la cucharilla.
Fue hacerlo y en el siguiente lance ... !!Zas¡¡ Trucha para la sacadera.
Tras desanzuelarla, la devolvió al río y proseguimos con la pesca.
Conforme se acercaba el mediodía, no tuvimos más signos de actividad. Y por otro lado, el avance ya era casi imposible. Por ello dimos por concluida la jornada.
El paseo mereció la pena, ya que fuimos haciendo una recopilación de toda la jornada, mientras nos deleitábamos con la fauna del lugar.
Ya en el punto de partida, nos despedimos, con ganas de repetir pronto en estas aguas.