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lunes, 25 de abril de 2011

Escapada matinal

Hace unos días me encontré con Rubén y este me propuso pasar una jornada de pesca tras las lubinas. Acepté de buen grado, pues ya hacía algún tiempo que no iba al mar y así quedamos a la mañana siguiente.
Una vez en el punto de encuentro, nos dimos cuenta de que el mar estaba bastante bravo. Debíamos buscar un emplazamiento algo resguardado o intentarlo en las zonas habituales.Al final decidimos intentarlo en un lugar nuevo. El mar no era demasiado fuerte, pero esto cambió cuando llegamos a pie del agua.
En los primeros lances, perdí un Daiwa Shoreline; cosa que me fastidió mucho, pues era la segunda vez que lo utilizaba.Apareció alguna que otra alga en las proximidades, por lo que nos fuimos moviendo hacia lugares más limpios.
El mar estaba ahora bastante bravo, pero el cielo permanecía encapotado, por lo que seguimos pescando con normalidad, pues este último factor me gusta bastante.Nos encontramos con zonas más aptas para la pesca del sargo, pero evidentemente nuestro objetivo era la lubina.
Estas no daban muestras de actividad, por lo que seguimos nuestro periplo por las rocas.Con la marea algo más baja, pudimos acceder a un promontorio rocoso que nos permitiría lanzar un poco más afuera.
El viento del norte me jugó una mala pasada y perdí un Rapala Max Rap de 15 cm, con muy pocas salidas. Otra nota negativa para la jornada.Sin embargo, me resistía a creer que nos íbamos a marchar de vacío, pues había zonas muy válidas. Y en una de estas, capturé este bonito abadejo. Se trataba de un buen ejemplar, pero le concedí el indulto, ya que me brindó una bonita lucha.
Y poco después tuve una picada en superficie, de lo que pudo ser una lubina o una aguja. Su visión entre la espuma fue tan fugaz, que no tuve tiempo de distinguir la silueta.Con el avance del día, el viento aumentó de intensidad y el mar ya se puso más bravo.
Como se acercaba la hora de marchar para Rubén, yo decidí finalizar también la jornada, pues la pesca en solitario en estas condiciones, no me agradaba demasiado.
Y así nos despedimos hasta la próxima, en la que espero que tengamos más fortuna, ya que las lubinas andan en paradero desconocido.

lunes, 18 de abril de 2011

"Bassta" ya

A las 7:00 am suena el despertador y me levanto para pasar una jornada tras los basses.
Desayuno a las 7:15 am y a continuación preparo el equipo y lo meto en el coche. En esta ocasión me llevo una caña de 1.80 m (monotramo) de acción media, que tenía en casa sin estrenar. Con unos buenos basses, seguro que se portaría bien.
A las 8:30 am llego al lugar elegido. La intención era la de pescar sólo, pero mientras me cambio, aparece Pablo. Poco después llega Miguel y Juan. Y entonces optamos por ir pescando los cuatro juntos.En una zona bien soleada pudimos mirar algunos nidos con sus respectivos huevos. En estos momentos hay que prestar atención si se pretende vadear por las orillas, ya que este valioso cargamento, es el futuro próximo de la especie.Después de que Miguel capturase el que a priori sería el bass más pequeño de la jornada, Pablo se hizo con su primera captura. Un bonito bass que descansaba bajo las ramas de un pino.Y después de que Miguel capturase otro bass, Pablo hacía lo mismo manteniendo un inofensivo pique personal. Anteriormente Juan había tenido una picada en el mismo lugar en el que Pablo capturó este, por lo que pensamos que se trataría del mismo ejemplar.
Este último me comentó que los basses se le estaban soltando y le aconsejé que aflojase un poco más el freno, pues era posible que se debiera a este pequeño pero fundamental detalle.A continuación, Juan y yo nos introducimos en una zona de maleza seca, para sorprender a algún ejemplar por la espalda, pero nuestros intentos fueron estériles.
Me sorprendió no capturar algún centrárquido en esta zona, pues nos suele dar buenas piezas.Con este bonito ejemplar que sacó Juan, ya sólo quedaba yo por estrenarme. Miguel se lo achacaba a la caña, pero está claro que era sólo cuestión de tiempo. O eso era lo que esperaba.Mientras mis lances eran infructuosos, Juan seguía sacando basses de bella librea.
Decidí cambiar de señuelo nuevamente, pues las lombrices no me habían dado resultados satisfactorios.Turno para Miguel otra vez y yo sin haber tocado escama. No es que me importase irme bolo, pero así la jornada estaba completa jejeje.Y para que al fin estrenase la caña, (ya veis el color tan discreto que tiene jejeje) este bass se decidió a tomar entre sus fauces el vinilo que le había presentado.
Euforia y justicia a partes iguales, recorrían ahora todo mi ser. Esto me animaba mucho e iniciaba una nueva estrategia a seguir.Y nuevamente clavé otro bass, con un lance preciso bajo las ramas.
Sabía que algunos rondaban por las zonas más inaccesibles, por lo que allí les ofrecería el engaño.Con mis numerosos años como spinner de río, he adquirido la destreza suficiente para realizar lances que para otros se convertirían en un suplicio.
Peinando las zonas que otros no pueden o descartan por su dificultad técnica, podía incrementar mi cuenta particular.En las zonas soleadas observábamos el deambular de basses de buen porte. La vegetación subacuática parecía tranquilizarlos, pues vagaban de manera pausada.Le comenté a Juan un problema que había tenido en la jornada anterior y él me dio la solución. Simplemente se trataba de un señuelo de menor tamaño. Paradójicamente, él me comentó que no le tenía mucha fe, pero yo confiaba plenamente en mi elección.
Dicho y hecho.
Un ejemplar de buen tamaño sucumbió al engaño sin recelo alguno. Por fin comenzaba a ver la luz al final del túnel y con esta gratificante captura, salía revitalizado para afrontar los siguientes momentos.De camino al punto de partida, una hembra de ánade acompañada de su prole, salió apresurada de la protección que le brindaba un pequeño sauce semisumergido.
La masa líquida bulle de vida, tanto en la superficie como en su seno, lo que demuestra el enorme valor de los ecosistemas acuáticos.Nos acercábamos al final de la jornada y Juan logró capturar otro bonito bass, como broche final. Finalmente, mi consejo inicial parecía haberle ayudado.
La jornada se había dado bien y ahora el sol irradiaba en lo alto del cielo impoluto.
Por ello decidí quedarme un poco más.
Pablo se animó a seguir unos minutos, así que nos despedimos de nuestros compañeros.Y la elección fue acertada, porque no tardó en sostener este bonito bass, engañado desde una zona muy visible.
El lance que realizó con delicadeza, se tornó en violencia tras el ataque del pez y con la templanza de un pescador experimentado, logró alzarlo en su mano.
Y aquí concluyó su jornada.
El reloj marcaba las 13:30 pm y me encontraba sin muestras de cansancio.
Opté por dar unos lances más, pero seleccionando los lugares en los que ofrecería mis engaños a los basses.Y así me hice con el primer bass de mi andadura en solitario. Le costó salir, pero el freno del carrete hizo bien su trabajo, pues al pescar con una caña tan rígida, la regulación de este resulta fundamental.Parecía que estaba en Navidad, pues los regalos en forma de capturas se sucedían a buen ritmo.
Me encontré con un pescador con el que había charlado la jornada anterior y en esta ocasión volví a hacer lo mismo. A veces, una conversación de pesca, es más fructífera que una jornada.
Lo digo por experiencia jejeje.
Tras un buen rato, le comenté que reanudaba la marcha, pues todavía no había comido.
El reloj marcaba las 15:00 pm.Y un cuarto de hora después de reanudar la marcha, capturé otro bello bass. Un tanto oscuro, pero con los matices muy marcados.
El estómago me recordaba ahora que había sobrepasado la reserva y que tenía que repostar.
Una nueva captura apaciguaría el hambre, así que fui a por el siguiente.En la lucha con este precioso ejemplar, descubrí que tenía un pescador a mi lado.
El bass presentaba dos particularidades: Venía clavado por un resquicio de piel del labio y presentaba una cicatriz en uno de sus costados.
La captura se había llevado a cabo, gracias a la buena regulación del freno del carrete.
El pescador me dijo que se lo diera, ya que observó que mi intención era la de devolverlo a su medio. Pero después de la foto de rigor, recuperó su libertad.
A raíz de su petición, comenzamos a charlar largo y tendido.
Mientras hablábamos, también hacíamos algún que otro lance y en uno de estos, sentí la picada de otro bass. En esta ocasión, mi interlocutor no me preguntó si se lo daba, pues sabía que la respuesta sería negativa.
A las 16:35 pm, llegó el compañero del pescador que se encontraba conmigo y tras el saludo de rigor, me despedí de ambos para retomar la marcha.Apenas me había alejado unos metros de ambos pescadores, cuando siento la picada de un pez. Clavo con decisión y el bass comienza a saltar alocadamente. Una vez lo sujeto, contemplo nuevamente la importancia de la regulación del freno del carrete. Si se amplía la fotografía, se puede apreciar que la porción de piel que sostiene el anzuelo, es ínfima.
Ambos pescadores observan como libero el pez y entonces reanudo el camino de vuelta.Poco después, un lance bajo las ramas de un sauce me proporcionó una nueva captura.
A este ritmo no llegaría a casa hasta el anochecer, pero es difícil marcharse cuando uno está en racha. Supongo que la pesca se parece mucho a los juegos de azar, pues la suerte o probabilidad de éxito, está siempre presente en ambas ecuaciones.No sabía si la diosa Fortuna me estaba mandando una señal o simplemente, el destino quería que pescase hasta la extenuación.
Con el reloj marcando las 17:40 pm me dije: -Ya basta por hoy.
Desmonté el equipo y me fui directamente hacia el coche.
Cuando ya me había cambiado, el reloj del coche indicaba que eran las 18:10 pm.
Por lo que llegaría a casa en torno a las 18:40 pm. Casi 12 horas después de que me despertase.
Y es que la pesca es como una enfermedad. En pleno proceso febril, a uno le cuesta abandonar la cama y al que pesca y está "enfermo" de verdad (como es mi caso), pues nos cuesta dejar el lugar que hayamos elegido para pasar la jornada.


Música: Orianthi - According To You

sábado, 16 de abril de 2011

"Basseando"

Ya era hora de hacerles una visita en serio a nuestros amigos verdosos de grandes bocas.
Llegué con las primeras luces del día y el cielo esbozaba unas tímidas nubes, por lo que intuía un día despejado y con calor.Con estos días claros es más fácil localizar a los basses, aunque muchos estarán en un estrato de agua más profunda.
En esta ocasión llevé una caña de 2.40 m de acción ligera, que aunque no me facilitaría los lances, me daría la seguridad suficiente para sacar peces de cierto porte.Pude comprobar que por las orillas ya había algunos nidos, con los cuales hay que tener la precaución de no pisar si se pretende vadear, pues hay mucho desconocimiento en lo referente a este tema. De ello depende la siguiente generación, por eso debemos prestar atención a la ubicación de dichos nidos.Con el sol brillando en lo alto, salió este bonito ejemplar que me dio bastante guerra antes de posar para la foto.
Los basses están muy fuertes y lo demuestran desplegando toda su bravura.Localicé otro bass de buen tamaño, rondando cerca de unas ramas, así que ejecuté un lance cercano. Tras unos leves movimientos del señuelo, ya pude disfutar con este bass de bella librea.
Un poco más adelante saqué un pequeño ejemplar, al que no había visto, pero que no dudó en atacar el señuelo.Engañar a este ejemplar no fue nada fácil, pues tuve que hacer un despliegue de todo el "armamento" que disponía. Señuelos duros y vinilos, hasta que uno de estos últimos me encumbró en el éxito.
Rápido vistazo y de vuelta para el agua.
La aceleración de estos centrárquidos en la suelta puede ser brutal, pues en ocasiones apenas salen de la mano y generan unos potentes coletazos que los impulsan hacia la seguridad de sus apostaderos.Y este también puso a prueba la paciencia del pescador, pues el agua estaba muy clara en la zona en la que se encontraba.
Pero haciendo gala de la proverbial paciencia, logré engañarlo para acercarlo hasta la mano y poder admirarlo de cerca.Caminando por la senda me encontré con un joven ejemplar, con restos de hojarasca adheridos a sus escamas. Una vez más el ser humano hace gala de la falta de sentido común.
En mi humilde opinión, si uno no quiere llevarse el ejemplar, ni devolverlo al agua, creo que debería optar por evitar la agonía del pez, dándole una muerte rápida y luego volverlo a depositar en el agua en una zona poco visible. Y digo esto porque son muchas las personas que se dedican a hacer senderismo en este lugar y en ese día, unos alumnos de primaria acompañados de algunos profesores, estaban visitando la zona.Y este bass fue la culminación de la jornada. Costó engañarlo, pero el tamaño del señuelo fue el culpable de que la balanza se decantase de mi lado.
La lucha fue épica, pues los saltos fueron constantes hasta que logré acercarlo y las arrancadas hacían sonar el carrete repetidas veces.Aquí posó junto al equipo, antes de ser devuelto a su medio.
Ahora tocaba irse a trabajar, pero no me imaginaba que la siguiente jornada sería mucho mejor.
Pero esto os lo contaré en breve ...

martes, 12 de abril de 2011

Primer robalo de Fran (a spinning)

Quiero aclarar que en esta jornada Fran capturó su primer robalo a spinning, porque lo cierto es que este pescador vigués, ya tiene muchos robalos a sus espaldas. Podéis ver algunas capturas en el blog de su compañero Anxo: El mar de Anxo.

Habíamos quedado a las 7:00 am en Baiona y de allí partimos hacia un lugar que nos dejase pescar, pues el viento del norte soplaba con fuerza por momentos. Después de un buen rato buscando, optamos por una ensenada, en la que el mar y el viento no eran excesivos.En mi primer lance sentí una picada, pero el pez no quedó prendido.
Después de que unas olas nos dejaran bien empapados a ambos, nos desplazamos hacia una zona más abrigada. Y fue aquí donde tuve otra picada. Esta vez Fran se percató de que había sido una aguja, pues esta se alejó dando saltos en el agua.
Y poco después, mi compañero capturaba la que era su primera lubina a spinning. No era algo del otro mundo, pero siempre queda en la retina como algo especial.
En la recuperación de la captura, observé como una lubina de mayor tamaño había seguido a la otra hasta la misma orilla.Y no tardó en salir mi primera pieza. Se trataba de una aguja de buen porte, que no dio fácilmente, sus aletas a torcer jejeje.
Después de la operación de desanzuelado, la liberé para que prosiguiera su periplo por el mar.Insistiendo en otra ensenada, capturé esta lubineta que resultó ser muy revoltosa. Parece que quería quedarse en las rocas, pues la liberé en un pequeño canal, pero no se decidía a salir de el.
Finalmente la ayudé y retomó su rumbo.Después de ver saltar sobre el agua a una pequeña lubina, opté por lanzar en las inmediaciones. Y no tardó en salir otra lubineta, que picó a menos de un metro de la orilla y que me hizo un buen lío entre el bajo y el trenzado. Por suerte para ella, cuando estaba deshaciendo el entuerto, ella ya navegaba de nuevo por el gran azul.Con la marea bajando, nos desplazamos hasta la zona inicial. Ahora ya era factible realizar unos lances con más comodidad y lo cierto es que el lugar prometía.
Mientras yo probaba fortuna en una zona somera, Fran se subió a un promontorio de rocas.Y poco después advertí cómo la caña de mi compañero se curvaba por momentos. Las sacudidas indicaban que no se trataba de un pez de escaso porte, sino todo lo contrario.

Y después de una breve lucha, la balanza se inclinó del lado del pescador.
Uno de los triples del artificial se había doblado, pero aún así venía bien afianzado en el labio del pez.
Felicité a Fran por el magnífico pez que había capturado, pues no las teníamos todas con nosotros, a causa del viento que soplaba del norte. Una vez más la pesca nos demuestra que las previsiones fallan.
Seguro que a mi compañero le quedará un grato recuerdo, como el que me quedó a mí cuando saqué mi primer robalo a spinning.
¡¡Enhorabuena Fran!!Seguimos intentándolo un buen rato, pues el mar presentaba un aspecto muy bueno para dar algún pez más, pero el destino quiso que se quedase ahí la cosa.

Decir que yo le calculé un peso de 2.100 gramos y fue exactamente lo que dio la báscula. Uno que tiene ojo jejeje.

sábado, 9 de abril de 2011

Mejorando con los sargos

Ayer por la tarde, a mi hermano y a mí, nos tocó acercarnos hasta el pedrero. De camino tuvimos un susto de los grandes, cuando en una curva, un coche casi colisiona con nosotros, a causa del exceso de velocidad.Llegamos a la zona que teníamos en mente, pero el mar estaba demasiado movido para nuestro gusto. No merecía la pena bajar, pues desde arriba apreciábamos con claridad como las olas rompían sobre las rocas de la costa.A pesar de esta situación, había varios pescadores en el lugar, pescando a boya. Unos en un saliente ...... y otros en otro. Desde arriba parecían hormigas jejeje.
Y con este panorama, nos fuimos para otro lado.En este otro lugar, el mar se miraba con buen color, pero unos pescasub andaban cerca, lo que provocó que dos pescadores abandonasen el lugar. Yo me puse en un puntal, para que uno de los pescasub me mirase y cuando lo hizo, se retiró cortesmente.
El señor de la foto capturó dos sarguetes mientras yo montaba el equipo, por lo que intuí que habría posibilidades de éxito.Y entonces comenzó la pesca. En los primeros lances, algún pez mordisqueaba mi cebo sin llegar a quedarse prendido, pero su insistencia le valió un paseo por el aire hasta mi mano. Se trataba de un mújol, que pasó a una pequeña charca en la que la marea le proporcionaría la libertad.Y poco después salió el primer sargo de la tarde. Lo tuve que sacar de una zona bastante comprometida, pero finalmente me hice con él.A continuación, mi hermano capturó una boga y entonces, un mal presagio invadió mi cabeza.
Si las bogas hacían acto de presencia, la cosa se pondría mal.
Por ello, decidimos cambiar de lugar y nos acercamos hasta el lugar en el que los pescasub habían estado pescando.Aquí salió en primer lugar una chopa. Es otro espárido que frecuenta nuestras costas, pero sin tanto aprecio como especie deportiva. Mi hermano la liberó y proseguimos con la pesca.A continuación yo capturé un bonito sargo. Parecía que estaban allí, por lo que tratamos de capturar alguno más.
El mar por momentos se tornaba violento, pero estábamos en un lugar elevado y con un poco de suerte, no tendríamos ningún sobresalto.Poco después comenzó un festival de picadas, en las que capturé este mújol que fue izado sin problema. Estos peces suelen ser gregarios, por lo que tuvimos más picadas por su parte.Pero los sargos también aparecían por la zona y algunos también fueron saliendo.
El mar nos mostraba mejor cara y el cielo seguía encapotado.
¡¡Excelente!!De esta zona ya no nos movimos, pues las picadas no cesaban. Era una locura, pero estábamos en el momento preciso y en el lugar exacto.
Solo faltaba la presencia de algún perrón, de esos que ya casi no tienen dientes.En uno de los lances, pude apreciar como un sargo se dirigía hacia la boya y luego, esta se hundía. Clavo y comienza la pelea con otro sargo. Al mismo tiempo, mi hermano estaba luchando con otro, hasta tal punto que casi se nos entrecruzan la líneas.Me giré para tomar una instantánea de cómo evolucionaba el cielo y entonces, mi hermano me dice que me estaban picando. Tenía la caña sujeta con las piernas, pero en un instante ya la tenía en la mano y lista para la batalla con el espárido. Era un buen ejemplar, pero una gran ola hizo que tuviera que forzarlo a salir y finalmente se rompió el bajo de fluorocarbono.Mújoles y alguna boga, volvieron a volar hasta las piedras. Eran peces de porte, pero la Arcadia no se amilana fácilmente.Y nuevamente los sargos se acercaban a la carga.
Con la noche sobre nosotros, colocamos una luz química en la boya y seguimos pescando. Ahora estaba pescando como Anxo me había contado en alguna ocasión.
Las picadas con esta modalidad, son de lo más vistosas, pues la luz química se hunde junto con la boya y un verde fluorescente brillante, comienza a derivar bajo la superficie del agua.Al final fueron estos los que salieron y lo cierto es que nos lo pasamos en grande. Espero que en alguna otra jornada tengamos tanta suerte como en la de ayer, pues cuando están por la labor, uno se va para casa con una sonrisa de oreja a oreja.