Este fin de semana asistí al I encuentro Bricoypesca.com con mi amigo Rubén. Allí nos reuniríamos con otros compañeros de afición, desafiando al intenso calor que nos invade en estos días.
El sábado ya llegaron algunos de los asistentes, los cuales pernoctarían en la zona. Así que me fui con Rubén hasta allá para pasar la tarde del sábado con ellos.
Tras las presentaciones y un poco de charla variada, llegó la que para mí fue la anécdota de la jornada. Walter me mostró un videojuego al que estaba "enganchadísimo". El caso es que no daba pasado la fase en la que se encontraba. Tras comentarme la dinámica del juego me puse a estudiar la estrategia a seguir.
Walter le apostó a mi amigo Rubén una cena a que no lograba pasar la fase. (Rubén estaba seguro de que yo lo lograría, así que no podía fallar).
No tardé ni dos minutos en lograrlo, desatando una euforia descomunal. El caso es que Walter dijo que había sido suerte. Proseguí jugando con tal destreza, que casi terminaba una fase por minuto, salvo algunas más elaboradas, lo que provocó las risas de algunos de los asistentes.
A partir de ahí no sé lo que ocurrió, ya que me quedé absorto con aquel juego, hasta que Walter me pidió que le devolviese el móvil.
De la sombra del pinar, nos fuimos a la terraza del camping, donde hicimos acopio de bebidas y helados.
Aquí alguno se sorprendió que me comiese 4 helados seguidos, pero lo cierto es que el calor invitaba a ello.
El ambiente era inmejorable y los minutos fueron transcurriendo hasta que llegó el momento de marcharse.
Tocaba retirada hasta casa para intentar dormir algo y madrugar para estar de vuelta a las 6:00 am.
Al día siguiente, me levanté a las 4:00 am, casi sin dormir ni descansar. Recogí a Rubén y pusimos rumbo al punto de encuentro, donde desayunaríamos en compañía de algunos buenos amigos.
Allí estaba Walter, Mikel, Casti, Berto, Sergio, Anxo, Manel, Santi, Yago, Carlos, Anibal, y muchos más.
Tras el desayuno, rumbo a la zona de pesca en compañía de Manel, tras haber dejado a otros compañeros en sus respectivas zonas de pesca.
Después de cambiarnos, empezamos a pescar. Yo utilicé un Spittin´Wire que pronto cambié por el Drivin´Wire, ya que este último sería más visible.
Tras un buen rato intentándolo, tuve un primer ataque al paseante. Poco después clavé esta lubina.
Algo más tarde otra picada fallida que aumentaba las posibilidades de éxito.
De vuelta hacia los coches, Rubén capturó la primera pieza de tamaño reglamentario.
Una pieza que podía ser muy valiosa a la hora de optar a los premios.
Cambiamos de lugar para probar en una zona más cómoda. En un momento Manel clavó dos piezas y poco después una tercera, con uno de sus vinilos.
Cambié mi señuelo por un Spittin´Wire y me fui a una zona somera. Bastaron unos lances para que una lubina de algo más de un kilo lo atacase, pero por desgracia no se clavó.
Insistí varias veces pero no volvió a picar.
Más tarde llegaron algunos compañeros que pescaron un rato junto a nosotros, para después irnos a un bar para rehidratarnos.
Unas cervezas y algo de empanada me devolvieron la vida, así que ya podíamos ir al pesaje.
Con todo el personal alrededor de las capturas, se fue procediendo a tomar nota del peso de las piezas.
Hubo muchas risas a pesar del calor infernal, y es que a mediodía no se paraba ni un minuto bajo el sol.
No fue una jornada muy productiva, pero salieron unas cuantas piezas entre lubinas, agujas y algún pinto.
Las capturas fueron donadas a un comedor social, lo cual está muy bien.
Con el pesaje terminado, ya sólo quedaba aguardar a la hora de la comida, así que tocaba charla de pesca.
Después tocó sentarse a la mesa, para dar buena cuenta de los entrantes y el churrasco, si bien la bebida era más demandada por los comensales.
El calor en el comedor era asfixiante, por lo que de vez en cuando, alguno salía afuera para refrescarse o fumarse un cigarrillo.
Tras la comida, Santi ejerció de maestro de ceremonias, para a continuación dar paso a la entrega de premios.
El tercer clasificado.
Mi amigo Rubén obtuvo el segundo puesto.!!Enhorabuena¡¡
Y el primer clasificado.
La velada finalizó con el reparto de vinilos para todos los asistentes por parte del organizador. Un gran detalle por su parte.
A continuación nos fuimos para afuera y seguimos charlando durante un buen rato. Algunos iban partiendo ya para sus casas, aunque yo no tenía prisa alguna, dado el calor sofocante que aún se respiraba en el ambiente.
Y así llegó la hora de partir, después de despedirnos de nuestros amigos, esperando repetir en breve con otra quedada, ya que en estos eventos me lo paso en grande.
El sábado ya llegaron algunos de los asistentes, los cuales pernoctarían en la zona. Así que me fui con Rubén hasta allá para pasar la tarde del sábado con ellos.
Tras las presentaciones y un poco de charla variada, llegó la que para mí fue la anécdota de la jornada. Walter me mostró un videojuego al que estaba "enganchadísimo". El caso es que no daba pasado la fase en la que se encontraba. Tras comentarme la dinámica del juego me puse a estudiar la estrategia a seguir.
Walter le apostó a mi amigo Rubén una cena a que no lograba pasar la fase. (Rubén estaba seguro de que yo lo lograría, así que no podía fallar).
No tardé ni dos minutos en lograrlo, desatando una euforia descomunal. El caso es que Walter dijo que había sido suerte. Proseguí jugando con tal destreza, que casi terminaba una fase por minuto, salvo algunas más elaboradas, lo que provocó las risas de algunos de los asistentes.
A partir de ahí no sé lo que ocurrió, ya que me quedé absorto con aquel juego, hasta que Walter me pidió que le devolviese el móvil.
De la sombra del pinar, nos fuimos a la terraza del camping, donde hicimos acopio de bebidas y helados.
Aquí alguno se sorprendió que me comiese 4 helados seguidos, pero lo cierto es que el calor invitaba a ello.
El ambiente era inmejorable y los minutos fueron transcurriendo hasta que llegó el momento de marcharse.
Tocaba retirada hasta casa para intentar dormir algo y madrugar para estar de vuelta a las 6:00 am.
Al día siguiente, me levanté a las 4:00 am, casi sin dormir ni descansar. Recogí a Rubén y pusimos rumbo al punto de encuentro, donde desayunaríamos en compañía de algunos buenos amigos.
Allí estaba Walter, Mikel, Casti, Berto, Sergio, Anxo, Manel, Santi, Yago, Carlos, Anibal, y muchos más.
Tras el desayuno, rumbo a la zona de pesca en compañía de Manel, tras haber dejado a otros compañeros en sus respectivas zonas de pesca.
Después de cambiarnos, empezamos a pescar. Yo utilicé un Spittin´Wire que pronto cambié por el Drivin´Wire, ya que este último sería más visible.
Tras un buen rato intentándolo, tuve un primer ataque al paseante. Poco después clavé esta lubina.
Algo más tarde otra picada fallida que aumentaba las posibilidades de éxito.
De vuelta hacia los coches, Rubén capturó la primera pieza de tamaño reglamentario.
Una pieza que podía ser muy valiosa a la hora de optar a los premios.
Cambiamos de lugar para probar en una zona más cómoda. En un momento Manel clavó dos piezas y poco después una tercera, con uno de sus vinilos.
Cambié mi señuelo por un Spittin´Wire y me fui a una zona somera. Bastaron unos lances para que una lubina de algo más de un kilo lo atacase, pero por desgracia no se clavó.
Insistí varias veces pero no volvió a picar.
Más tarde llegaron algunos compañeros que pescaron un rato junto a nosotros, para después irnos a un bar para rehidratarnos.
Unas cervezas y algo de empanada me devolvieron la vida, así que ya podíamos ir al pesaje.
Con todo el personal alrededor de las capturas, se fue procediendo a tomar nota del peso de las piezas.
Hubo muchas risas a pesar del calor infernal, y es que a mediodía no se paraba ni un minuto bajo el sol.
No fue una jornada muy productiva, pero salieron unas cuantas piezas entre lubinas, agujas y algún pinto.
Las capturas fueron donadas a un comedor social, lo cual está muy bien.
Con el pesaje terminado, ya sólo quedaba aguardar a la hora de la comida, así que tocaba charla de pesca.
Después tocó sentarse a la mesa, para dar buena cuenta de los entrantes y el churrasco, si bien la bebida era más demandada por los comensales.
El calor en el comedor era asfixiante, por lo que de vez en cuando, alguno salía afuera para refrescarse o fumarse un cigarrillo.
Tras la comida, Santi ejerció de maestro de ceremonias, para a continuación dar paso a la entrega de premios.
El tercer clasificado.
Mi amigo Rubén obtuvo el segundo puesto.!!Enhorabuena¡¡
Y el primer clasificado.
La velada finalizó con el reparto de vinilos para todos los asistentes por parte del organizador. Un gran detalle por su parte.
A continuación nos fuimos para afuera y seguimos charlando durante un buen rato. Algunos iban partiendo ya para sus casas, aunque yo no tenía prisa alguna, dado el calor sofocante que aún se respiraba en el ambiente.
Y así llegó la hora de partir, después de despedirnos de nuestros amigos, esperando repetir en breve con otra quedada, ya que en estos eventos me lo paso en grande.

