Ayer tocaba pesca en el mar así que a las 7:15 am ya estaba recogiendo a Rubén para poner rumbo al punto de encuentro.
Había quedado con Diego (http://pasion-pesca.blogspot.com.es/), Marcos (http://pescaatope.blogspot.com.es/) y Esteban (http://surfcastinvigo.blogspot.com.es/).
Cuando ya estábamos todos, pusimos rumbo al pesquero. Al llegar, nos cruzamos con Jorge (http://jorgevigospinning.blogspot.com.es/) que ya salía del lugar (donde ya había hecho su pesca), si bien no se dio cuenta de que éramos nosotros los que llegábamos.
Con todo montado empezamos a pescar. Yo hice mi primer lance en una zona somera, pero no me convencía, así que me desplacé hacia un saliente para ganar unos metros.
Al primer lance clavé una aguja de grandes proporciones y que me hizo actuar con rapidez, ya que buscó las rocas para complicarme la captura.
Finalmente pude acercarla y elevarla hacia mi posición.
Al segundo lance, nueva picada, de otra aguja, pero esta logró soltarse a los pocos segundos.
Lo cierto es que el triple trasero del artificial no estaba en buenas condiciones, pero decidí seguir pescando de todas formas.
Dos lances después, una lubineta se abalanza sobre el artificial. La acerco sin mayores problemas, gracias a su escaso porte.
La libero al mar y prosigo lanzando desde mi posición.
A la vista de mi buena fortuna, los compañeros fueron acercándose hasta donde yo me encontraba y fue así como Marcos no tardó en hacerse con otra lubina que volvió a su medio después de la foto.
Le comenté a mi compañero lo del anzuelo triple de mi señuelo y me comentó que en una ocasión, él había perdido un robalo por esa razón.
Parece que me echó un mal de ojo, porque al siguiente lance perdí una lubina. Nos reímos de este hecho, pero al siguiente lance, fue Marcos el que falló otra pieza. Así quedábamos en paz jejeje.
Intentamos acceder a unas rocas en las que el mar batía con mas fuerza, pero debíamos aguardar a que la marea descendiera un poco más.
Mientras Rubén y Diego lanzaban en un hueco entre las rocas, yo le hacía unas indicaciones a Esteban, para que se situase en una roca desde la que lanzar con más facilidad.
Mientras hablaba con Rubén, Diego se mostraba eufórico por haber recuperado un vinilo que había perdido minutos antes. La suerte quiso que el vinilo con el que estaba pescando, clavase al que se encontraba trabado entre las rocas.
Marcos y yo nos fuimos acercando a una ensenada y en un palmo de agua, tuve una picada que no logró traducirse en captura.
Mi compañero que había optado por un paseante, tuvo un ataque bestial de un robalo, cuya aleta caudal miró sobresalir en el agua.
Aún se estuvo lamentando un rato, pero ya no había nada que hacerle, salvo ofrecerle señuelos alternativos.
De camino a un nuevo emplazamiento, descubrí una piña de percebes, extraordinariamente magníficos. De esos percebes cortos y gruesos ... pero gruesos de verdad. Había algunos que tenían mayor diámetro que el señuelo payo con el que estaba pescando.
Poco después se los mostré a los otros compañeros y coincidieron en que nunca habían visto nada igual.
Con la bajada de la marea, ya podíamos acceder a nuevas zonas desde las que probar fortuna.
De camino a estas rocas, Esteban observó a un pez plano que se encontraba en una charca. No se acordaba de su nombre, pero resultó ser un rémol de roca (Zeugopterus punctatus).
En las zonas de espuma utilicé un chivo, ya que este me permitía cubrir una gran superficie.
Cuando llegaba el tren de olas más grandes, teníamos que parar de pescar, ya que estas constituían un peligro muy grande para nosotros.
Y cuando estas cesaban, no había tiempo que perder ... volvíamos a lanzar nuestros señuelos al agua en busca de las lubinas.
Y nuevamente fue Marcos el agraciado con otra lubina, que sucumbió al vinilo movido en la rompiente.
El estreno de su caña nueva estaba resultando provechoso, si bien el tamaño no acompañaba.
Cuando la bajamar ya estaba próxima, el oleaje se tornó algo más violento, ya que las olas sobrepasaban con todo su potencial, la zona de bajos que se encontraba frente a nosotros.
Rodeados por distintas personas que estaban recolectando erizos, percebes, bígaros y pulpos, pusimos punto final a la jornada.
Con todo dispuesto, nos acercamos hasta un bar, para charlar un rato mientras tomábamos algo.