Ayer me desplacé hasta la costa de la Vela para intentar una de las modalidades que tengo pendientes: El spinning marino.
No son muchas las especies que nos ofrece la costa para esta modalidad. Agujas, caballas y la codiciada lubina son las más representativas.
Mientras caminaba hacia la zona de pesca, advertí que mucha gente se fijaba en lo que ocurría en el agua, entonces me di cuenta que divisaban a los delfines que iban bordeando la costa.
Aunque los delfines por esta zona no auguran buenas jornadas de pesca, no me desanimé.
En Cabo Home todos los años se capturan grandes ejemplares de Lubina, y el sólo hecho de pescar en estas aguas te da esa posibilidad.
Desde el lugar en el que me encontraba podía divisar la joya de la corona de las playas mundiales, la mejor playa del mundo: La playa de Rodas, situada en las islas Cíes.
Y esto no lo digo yo, sino expertos en la materia.
Subiendo y bajando por las afiladas rocas fui lanzando en los lugares idóneos para la pesca del serránido, pero el resto de los pescadores que miraba, estaban pescando con flotador, en busca de espáridos como el sargo.
Después de varias horas subiendo y bajando por las rocas, con infructuoso resultado, decidí probar en una zona menos concurrida.
Después de varios minutos de dificultosa bajada llegué a la zona donde intentaría los últimos lances.
No había señales de las lubinas y la pleamar iba a coincidir con la puesta de sol.
En este momento mágico un pescador de la modalidad de surfcasting que se encontraba cerca de mí se apresuraba a cobrar una pieza.
Un bonito sargo sucumbió ante la navaja fresca que portaba un de los anzuelos de un aparejo Paternóster.
Y con el ocaso me despedí de este lugar con la promesa de volver en breve para intentar sacar alguna pieza al surfcasting.
Aunque los delfines por esta zona no auguran buenas jornadas de pesca, no me desanimé.
En Cabo Home todos los años se capturan grandes ejemplares de Lubina, y el sólo hecho de pescar en estas aguas te da esa posibilidad.
Y esto no lo digo yo, sino expertos en la materia.
No había señales de las lubinas y la pleamar iba a coincidir con la puesta de sol.
Y con el ocaso me despedí de este lugar con la promesa de volver en breve para intentar sacar alguna pieza al surfcasting.