Ya era hora de hacerles una visita en serio a nuestros amigos verdosos de grandes bocas.
Llegué con las primeras luces del día y el cielo esbozaba unas tímidas nubes, por lo que intuía un día despejado y con calor.
Con estos días claros es más fácil localizar a los basses, aunque muchos estarán en un estrato de agua más profunda.
En esta ocasión llevé una caña de 2.40 m de acción ligera, que aunque no me facilitaría los lances, me daría la seguridad suficiente para sacar peces de cierto porte.
Pude comprobar que por las orillas ya había algunos nidos, con los cuales hay que tener la precaución de no pisar si se pretende vadear, pues hay mucho desconocimiento en lo referente a este tema. De ello depende la siguiente generación, por eso debemos prestar atención a la ubicación de dichos nidos.
Con el sol brillando en lo alto, salió este bonito ejemplar que me dio bastante guerra antes de posar para la foto.
Los basses están muy fuertes y lo demuestran desplegando toda su bravura.
Localicé otro bass de buen tamaño, rondando cerca de unas ramas, así que ejecuté un lance cercano. Tras unos leves movimientos del señuelo, ya pude disfutar con este bass de bella librea.
Un poco más adelante saqué un pequeño ejemplar, al que no había visto, pero que no dudó en atacar el señuelo.
Engañar a este ejemplar no fue nada fácil, pues tuve que hacer un despliegue de todo el "armamento" que disponía. Señuelos duros y vinilos, hasta que uno de estos últimos me encumbró en el éxito.
Rápido vistazo y de vuelta para el agua.
La aceleración de estos centrárquidos en la suelta puede ser brutal, pues en ocasiones apenas salen de la mano y generan unos potentes coletazos que los impulsan hacia la seguridad de sus apostaderos.
Y este también puso a prueba la paciencia del pescador, pues el agua estaba muy clara en la zona en la que se encontraba.
Pero haciendo gala de la proverbial paciencia, logré engañarlo para acercarlo hasta la mano y poder admirarlo de cerca.
Caminando por la senda me encontré con un joven ejemplar, con restos de hojarasca adheridos a sus escamas. Una vez más el ser humano hace gala de la falta de sentido común.
En mi humilde opinión, si uno no quiere llevarse el ejemplar, ni devolverlo al agua, creo que debería optar por evitar la agonía del pez, dándole una muerte rápida y luego volverlo a depositar en el agua en una zona poco visible. Y digo esto porque son muchas las personas que se dedican a hacer senderismo en este lugar y en ese día, unos alumnos de primaria acompañados de algunos profesores, estaban visitando la zona.
Y este bass fue la culminación de la jornada. Costó engañarlo, pero el tamaño del señuelo fue el culpable de que la balanza se decantase de mi lado.
La lucha fue épica, pues los saltos fueron constantes hasta que logré acercarlo y las arrancadas hacían sonar el carrete repetidas veces.
Aquí posó junto al equipo, antes de ser devuelto a su medio.
Ahora tocaba irse a trabajar, pero no me imaginaba que la siguiente jornada sería mucho mejor.
Pero esto os lo contaré en breve ...
En esta ocasión llevé una caña de 2.40 m de acción ligera, que aunque no me facilitaría los lances, me daría la seguridad suficiente para sacar peces de cierto porte.
Los basses están muy fuertes y lo demuestran desplegando toda su bravura.
Un poco más adelante saqué un pequeño ejemplar, al que no había visto, pero que no dudó en atacar el señuelo.
La aceleración de estos centrárquidos en la suelta puede ser brutal, pues en ocasiones apenas salen de la mano y generan unos potentes coletazos que los impulsan hacia la seguridad de sus apostaderos.
Pero haciendo gala de la proverbial paciencia, logré engañarlo para acercarlo hasta la mano y poder admirarlo de cerca.
En mi humilde opinión, si uno no quiere llevarse el ejemplar, ni devolverlo al agua, creo que debería optar por evitar la agonía del pez, dándole una muerte rápida y luego volverlo a depositar en el agua en una zona poco visible. Y digo esto porque son muchas las personas que se dedican a hacer senderismo en este lugar y en ese día, unos alumnos de primaria acompañados de algunos profesores, estaban visitando la zona.
La lucha fue épica, pues los saltos fueron constantes hasta que logré acercarlo y las arrancadas hacían sonar el carrete repetidas veces.
Ahora tocaba irse a trabajar, pero no me imaginaba que la siguiente jornada sería mucho mejor.
Pero esto os lo contaré en breve ...
