sábado, 17 de mayo de 2014

Testarudez

El miércoles me fui con José Antonio hasta un río que teníamos ganas de visitar. Ya hacía dos semanas que se había abierto la veda, por lo que sus poblaciones piscícolas podían estar seriamente diezmadas, ya que en Galicia aún hay muchos pescadores que gustan de llevarse unas truchas para casa, cosa que no miro mal. Lo que ya es muy distinto, son los que se pasan cupos o tallas por la zona de la entrepierna. 
En todo caso, había ganas de visitar este río, porque siempre hay alguna sorpresa.
 Las primeras zonas para pescar no eran muy accesibles, pues este era el panorama durante un buen trecho de río. Orillas plagadas de bambú, tan tupido que no se podía intuir el recorrido del río.
 Inicialmente ambos empezamos con cucharilla, pero pronto opté por intentar sacar alguna pintona con un diminuto vinilo. Era un reto que tenía pendiente y me empeciné en llevarlo a cabo, desoyendo las sugerencias de mi compañero.
Mientras pescábamos, pude ver a un ejemplar de reo con síntomas de saprolegnia. Se podía percibir en el animal, que sus reflejos no eran iguales a los de un pez sano, sin embargo llegó a refugiarse bajo unas raíces cuando ya me encontraba muy cerca de él.
Mas arriba se confirmaron una sospecha que teníamos. El caso es que río abajo habíamos divisado lo que parecían "camas" de lamprea. Y este ejemplar parcialmente devorado, confirmaba que allí habitaban estos antiquísimos peces.
La tarde discurría sin capturas, aunque pudimos ver muchas truchas y algunas de buen tamaño.
El viento del norte no suele ser bueno en la pesca, pero en jornadas así es dónde hay que darlo todo para hacerse con alguna pintona.
Mientras vadeaba, pude admirar la natación de una pequeña solla, que huyó despavorida ante mi presencia.
Esta es una "cama" de lamprea. El pez retira los cantos rodados más grandes, dejando a la vista la grava más fina, junto con la arena.
Un trabajo meticuloso y laborioso, pero necesario en la perpetuación de la especie.
Tras muchos intentos, tuve la primera picada. Sin embargo no se tradujo en captura, ya que la trucha no se llegó a clavar en el anzuelo.
Me quedé con la miel en los labios, ya que sería la primera trucha con vinilo.
Un poco más arriba, divisamos una lamprea, que a priori parecía inerte. El caso es que si estuviera muerta, no podría ejercer el efecto ventosa con el que se sujeta a las rocas del fondo. Me disponía a cogerla con la mano para sacar una foto, cuando pude ver que los orificios que tiene a ambos lados de la cabeza, se abrían y cerraban. Cuando tomé el pez con la mano, este se escurrió por mi mano y comenzó a nadar río a bajo a una velocidad inverosímil y por la superficie. Algo que nunca esperaría de este pez. José Antonio y yo nos quedamos atónitos.
Esta escena la podéis mirar al final del vídeo.
Tras unas horas sin resultados, decidimos ir a reponer fuerzas. El río nos había ganado la partida y el reto de conseguir la primera trucha con vinilo, no se consiguió.
Pero las penas, se digieren mejor si el estómago lo tenemos lleno jejeje. Y esta pedazo de hamburguesa valió para que sólo nos quedáramos con las anécdotas de la jornada.
-------------------------------------------------------------------------------
El jueves nos desplazamos hasta el río Tea.
 Por mi parte, volvería a intentar sacar mi primera trucha con vinilo. La tarea no era fácil, pero aquí hay bastantes más peces; muchos de ellos de buena talla.
 Hicimos un alto en el camino para determinar la posición de las truchas y reos a lo largo del río, ya que hacía mucho calor para esta época. La mayoría de las truchas se situaban cerca del fondo, junto a pequeños cardúmenes de bogas.
 En las zonas de sombra, pudimos observar buenos ejemplares de fario, ideales para pescar con mosca. Próximamente habrá que echar mano de los equipos de cola de rata para hacerse con las primeras pintonas a mosca seca.
La jornada fue muy variada.
Divisamos mújoles, bogas de río, una solla, buenos ejemplares de trucha, reos e incluso un salmón, el cual se "bañó" muy cerca de mi posición.
En esta ocasión estuve a punto de conseguir mi objetivo, pues clavé una trucha con el vinilo, pero esta se liberó a escasos metros de mí.
Al final, me temo que dejaré de lado el reto durante unos días, porque se ve que aquí no están por la labor de echarse a por los vinilos jejeje.

          

viernes, 9 de mayo de 2014

A por el salmón

Este domingo me acerqué al coto de Monteporreiro, en compañía de mi amigo Luis para intentar capturar al que hoy por hoy sigue siendo el rey del río: el salmón.
La tarea no sería fácil, pero ya se habían capturado tres salmones hasta ese momento. El primero de ellos se capturó el primer día de la temporada. (Campanu Lérez 2014).
El día anterior a mi visita, se habían capturado dos ejemplares más, y puesto que había salmones en el río, existía la posibilidad de que uno fuera engañado por mí.
Después de llegar al río, comienza el ritual de preparación del equipo. Caña de acción potente y carrete cargado con bastantes metros de monofilamento. Los señuelos: Cucharillas pesadas con las que prospectar la columna de agua.
Quizás era más sensato probar suerte con el cebo natural, pero la jornada no fue bien planificada y al final me pilló el toro.
Tras la preparación del equipo, tocaba colocarse en posición junto al río.
La información que había recabado con anterioridad, decía que estaba en el mejor pozo del río y además , lo tenía para mí sólo.
Mi ganchero echaba un vistazo al río, pues él lo intentará en unos días.
La incertidumbre flota en el aire antes de comenzar. Son muchas las preguntas: ¿Está bien de agua el río?¿Habrá salmones?¿Picarán? ¿Por dónde estarán? ...
El caso es que en la orilla y sin lanzar, no pican. Y quizás por este hecho, el primer lance era un tanto especial. Sería una suerte inmensa que picara al primer lance, pero ya tiene ocurrido y es factible en términos de probabilidad.
Fui escudriñando las zonas que pensaba podían ser más prometedoras y aquellas que me habían aconsejado los más expertos del lugar.
Con la salida del sol, llegaba otro pescador que también tenía en su poder un coto para pescar ese día. Un señor de avanzada edad, dentista (según pude saber después) y que al principio optaba con probar suerte con el cebo, pero que después cambió por la cuchara y el pez artificial.
Más tarde pude hablar con él, y este me contó que llevaba muchos años intentando pescar un salmón, pero que aún no había tenido la fortuna. Esto me dio una idea de la pasión que desata el salmón en el ser humano, porque aguardar años para obtener una captura, a priori parece de locos. Pero quizás sea todo lo que rodea a esta pesca, lo que hace que la gente acuda igualmente al río, con la esperanza de hacerse con el codiciado pez.
Rondado el mediodía, llegaban los tres pescadores restantes. Venían de la provincia de Lugo, por lo que se dejarían aconsejar por un ribereño que ejerce de ganchero de vez en cuando.
Para entonces, decidí probar fortuna por otras zonas, ya que existía la posibilidad que algún salmón estuviera rondando otras zonas que inicialmente se descartan.
Al mediodía llegó Antonio (compañero de trabajo de Luis) con una empanada que me dio la vida en aquel momento, pues la parada para beber ya se hacía necesaria.
Retomamos la pesca y busqué un nuevo emplazamiento en el que seguir intentándolo.
Poco después, Luis recibió la llamada de mi hermano, el cual se había acercado hasta el coto. En ese momento aprovechamos para ir a comer. Los refrescos y los bocatas de chorizo nos valieron para reponer fuerzas. Mi amigo se había llevado el Campingaz y la sartén, para prepararlos in situ. Estaban tan buenos que tuve que repetir con otro bocadillo jejeje.
Después de la comida fuimos descendiendo los tres por el coto, para alcanzar la parte inferior de este. De camino pude observar alguna pintona de buena talla, pero no había rastro de los salmones, o eso parecía.
Mientras me aventuraba por la zona intermareal, el sol se situaba en lo alto del cielo, lo que hacía que la temperatura subiera de manera notable.
Cuando alcancé las ruinas de un antiguo balneario y miré la fecha de su construcción, me vino a la cabeza la cerveza 1906. !!Cómo me apetecía una en ese momento¡¡
Tuve que apaciguar mi sed observando el discurrir de las aguas y buscando cobijo en la sombra de los árboles.
Mis gancheros estaban de tertulia a muchos metros. Si hubiera clavado un salmón, iba a tener serios problemas jejeje.
Seguí ascendiendo río arriba, lanzando en todas las zonas que podían albergar algún salmón.
A pesar de perder alguna cucharilla, había que prospectar las zonas profundas de los pozos.
Salí del río con cierta dificultad y me reuní con mi hermano y con Luis, los cuales se habían parado a charlar con un ribereño.
Por la tarde me encontré con los pescadores lucenses, que estaban siendo asesorados por otros ribereños. Habían localizado varios salmones y uno de ellos de muy buen tamaño. Lo intentaron con la quisquilla y la lombriz. Después probamos con las cucharillas, pero el resultado fue negativo.
Tras la marcha de los otros pescadores, llegó uno de los guardas con el que charlamos largo y tendido.
Con la llegada de la tarde, aún lo intenté un poco más, si bien para entonces el resultado fue el mismo que el de la mañana y la tarde.
Finalizamos la jornada con más charla a pie de río, que se extendió hasta bien entrada la noche.
En esta ocasión no pudo ser, pero estoy seguro que habrá más ocasiones para tentar al rey del río.
              

viernes, 2 de mayo de 2014

Dos capturas para recordar

1 de mayo. Fiesta del trabajo y comienzo de la temporada de reo y salmón en Galicia.
Esto último equivale a madrugón de los buenos, para poner rumbo a la zona de pesca con mi amigo Luis, que a pesar de estar algo tocado, no se perdería esta jornada por nada del mundo.
A las 5:00 am ya estaba despierto. Desayuné con calma y ultimé los preparativos para la jornada.
Con la llegada de Luis, ya sólo me quedaba meter los bártulos en el coche y marchar para el río.
Tras un largo trayecto en coche, con una buena charla de pesca, llegamos al lugar escogido.
Nos preparamos y aguardamos a que llegara la hora del comienzo, si bien esperamos un poco más a causa de la baja visibilidad.
Cuando ya se intuía algo más el entorno, nos situamos en la orilla y comenzamos a lanzar nuestros señuelos.
Al segundo lance me doy cuenta de que mi cucharilla se ha enganchado en algo. Mi compañero me advierte de que hay un cable de acero que atraviesa el río.
Tras reponer el montaje, voy a la búsqueda de Luis. Pensé que este se había ido a la orilla opuesta, así que me fui para allá.
Divisé a un pescador, pero no se trataba de mi amigo. Por ello, me distancié y me subí a un tronco que flotaba en el agua. Desde allí efectué un primer lance. A continuación el segundo ... y entonces ... siento como el avance de mi cucharilla de un sólo anzuelo se detiene por completo. Pensé en otro enganche, pero un pez al otro lado de la línea comenzó a tirar con una violencia descomunal. La bobina del carrete giraba a gran velocidad mientras el freno del carrete mantenía una tensión adecuada. El temor de la rotura de la línea me sobrevino durante la lucha, pero entonces el pez emergió y así pude mirar que se trataba de un buen ejemplar. Un poco después lo acerqué y logré meterlo dentro de la sacadera.
 Se trataba de una trucha de muy buena talla. El año pasado había sido mi compañero el agraciado con una buena captura: http://nosolomosca.blogspot.com.es/2013/05/una-nueva-temporada-da-comienzo.html
Este año me tocó a mí.
 El tercer lance del día fue dirigido a una pequeña cascada.
Al cuarto lance, la cucharilla se detiene nuevamente. Esta vez el pez sale a la superficie con mucha rapidez y preparo la sacadera. Cuando la acerco al pez, este se sumerge y pone rumbo a la corriente central como una locomotora. La salida del hilo es constante y tras una buena carrera, tengo muchos metros que recuperar.
Voy acercando al pez, pero a mitad de camino comienza otra potente carrera. Continúo recuperando línea y puedo mirar al pez nuevamente. El tiempo comienza a ralentizarse, pero no quiero forzar la situación. Lo acerco con cautela y esta vez sí logro meterlo en la sacadera.
Para mi sorpresa, se trata de un reo de muy buen tamaño. Por suerte para mí, este no se defendió con los característicos saltos, sino me temo que el desenlace sería muy distinto, ya que se trataba de un pez excepcionalmente vigoroso.
 Luis no había tenido tanta fortuna, así que decidimos cambiar de lugar. En el nuevo escenario, todavía estaban desmontando las estacadas, desde las que se fisgan las lampreas. Si queréis saber algo más sobre esta arte de pesca, aquí os dejo un enlace muy interesante: http://www.miguelpesca.com/la%20lamprea.htm
Mientras pescaba, se acercó un joven llamado Iván, con el que entablé una larga conversación de pesca.
Luego me fui con mi contertulio a la búsqueda de Luis, el cual ya había engañado a varias pintonas.
En esta parte del río, también había gente desmontado las estacadas.
El proceso de desmontaje de estas estructuras es algo que no suele agradar a los pescadores de caña, pues los gritos y el ruido que acompaña a esta acción suele durar bastante. Pero como uno trata de pasarlo bien, se pone tierra o agua de por medio y listo.
En este pozo nos reunimos un buen número de pescadores, si bien no hubo fortuna de cara a dar con las truchas. Quizás porque ya habían capturado algunas o porque este estaba situado entre dos estacadas.
Tras un rato sin actividad, volvimos para abajo y allí me despedí de Iván.
Luego me encontré a otro pescador con el que hablé largo y tendido de la pesca en este río y otros temas relacionados, hasta que llegó el momento de marchar.
Antes de irnos a comer, decidimos hacerle una visita al puesto número 1 de las estacadas. Allí pudimos ver gran cantidad de truchas, que huían despavoridas ante nuestra presencia. Se ve que esa mañana debe ser la más angustiosa del año para los moradores del lugar.
De camino a casa, hicimos una parada en otra zona del río, donde pudimos ver algunas truchas de buen tamaño. Para entonces ya habíamos desistido de seguir intentándolo, pues el objetivo de una mañana entretenida estaba conseguido. Ya sólo quedaba hacer caso a nuestros estómagos y darle su merecido premio por haber aguantado toda la mañana de pesca sin protestar jejeje.
      

domingo, 27 de abril de 2014

Técnica y destreza

Digamos que hay modalidades de pesca en las que la técnica y la destreza son necesarias en grandes dosis.
En Galicia según tengo entendido, nació la modalidad de pesca a la ballesta, ya que había necesidad de colocar señuelos donde otras modalidades no lo permitían.

Ayer, José Antonio y yo nos fuimos hasta las proximidades de una sierra, para intentar engañar algunas truchas.
El valle nos recibió con las mejores galas. Azules y blancos en el cielo, verdes variados en sauces, abedules y alisos. Las flores del tojo aportando oro a las laderas del valle.
Sin embargo nuestros ojos se posaban sobre el cauce en sí. Y este se presentaba alto, por lo que descartamos llevar a cabo la jornada allí.
Por suerte para nosotros, estamos en la Galicia de los mil y un ríos. Un breve viaje en coche nos proporciona un amplio abanico de posibilidades, a pesar de que aún quedan ríos aguardando la desveda del reo y el salmón.
Optamos por pescar en un pequeño arroyo que no conocíamos. Sabíamos que este había sido azotado por un buen número de pescadores de los de antaño, o sea, de los que prefieren llevarse las truchas para su degustación, ya sean de la talla legal o no.
Por lo encantador del lugar y de que no disponíamos de mucho tiempo para buscar, nos arriesgamos con este pequeño cauce.
Además son de los que a mí me gustan. Arroyos en los que la destreza y la técnica pueden darte resultados. Si careces de estas cualidades, las opciones se verán seriamente mermadas.
La mayor parte del trayecto nos dedicamos a ver pequeñas truchitas colocadas en los lugares donde las buscarías habitualmente. Tan sólo un par de picadas era el balance hasta el momento.
En una tabla prometedora intuí una silueta que podía ser de una pintona, sin embargo, en el lance apareció esta otra, la cual me sorprendió gratamente. No solo por la lucha desatada, sino porque surgió del fondo de forma rauda y violenta.
El arroyo aquí discurría un poco más despejado, facilitando un poco más el lance.
Aún así, había muchos obstáculos que evitar si no queríamos desaprovechar las pocas opciones de presentación que teníamos.
Alguna más fue apareciendo, a medida que ascendíamos.
Lograr una captura en un reducido espacio, después de que el señuelo haya caído con precisión, es lo que perseguimos en estos escenarios.
Pero podemos aumentar la dificultad si nos adentramos en un afluente del arroyo. Son excelentes opciones que se suelen dejar atrás por lo complicado de moverse por sus orillas o por el propio cauce.
Las zarzas y la vegetación exhuberante pueden hacer desistir a muchos, pero nosotros nos fijamos si hay pequeñas pozas en las que una pintona pueda estar al acecho.
Y efectivamente, teníamos razón. Las picadas aquí eran más frecuentes, puesto que los peces estaban muy tranquilos con sus quehaceres. Estando donde estaban, no esperarían que algún pescador osara pasar entre tantas zarzas por hacer unos lances.
Durante el trayecto, pudimos ver gran cantidad de anuros. Supongo que todos los que pudimos ver, eran ejemplares de rana bermeja.
Volvimos al cauce principal para seguir prospectando cada rincón.
En una cuarta de agua, puede haber una trucha esperando cualquier "alimento" que caiga de los árboles.
Y eso es lo que debió pensar esta pequeña pintona.
El calor de los últimos días había acelerado la aparición de las cicutas.
Sin embargo se puede sacar oro de los estrechos pasillos que quedan entre estas plantas.
Los helechos de distintas especies, también pueden complicar mucho la tarea de efectuar los lances en las zonas más prometedoras.
Pero el pescador siempre ha de echar mano de los recursos que hay disponibles. A veces, un lance que a priori puede ser imposible, se torna cómodo si nos ayudamos de alguno de los árboles de la ribera.
Eso sí, no forzar demasiado la postura, porque podéis terminar de mala manera jejeje.
Otras veces hay que efectuar los lances desde zonas altas, ya que la configuración de las orillas no permite aventurarnos hasta el cauce.
Pero disponiendo de unos centímetros en los que poder mover nuestro engaño, ya hay opciones de captura.
Cerca de la zona en la que abandonamos el arroyo, me encontré con este roble, cuyo contorno parecía el de una persona intentando beber del río. He superpuesto una línea amarilla, paralela al contorno del árbol, para que se aprecie mejor la silueta.
Como si de un espíritu del bosque se tratara.

Al final de la jornada, ya sólo nos quedaba ir a tomar algo, para reponer las fuerzas.

sábado, 19 de abril de 2014

7 años de blog y gran noticia


No voy a decir aquello de que parece que fue ayer, pues han sido muchas las experiencias vividas y los colegas de pesca con los que he compartido salidas. Lo que sí diré es que he sido afortunado por todos los pescadores que he conocido y de los que he aprendido algo. Por todas las anécdotas que he podido vivir en primera persona o como espectador, que han sido muchas. Por todos esos peces que me han hecho disfrutar en mi tierra y fuera de ella. Por toda esa gente que aún no teniendo afición por la pesca, sabe llevar mi pasión. Por todas esas personas (blogueros pescadores) a los que he podido conocer durante estos años, entablando una conversación más cálida que a través de la red.

Sólo pido tener salud para seguir con este proyecto que tanto me ilusionó desde el inicio y que como bien dijo un buen amigo, me lo tomé muy en serio.



Muchas gracias a todos.


Y por otro lado, coincidencias de la vida, pues resulta que hoy se inaugura una tienda de pesca en Turquía. Pero no es una tienda cualquiera, sino que se trata de la tienda de El Tanero Fishing.
Si me hago eco de esta noticia es porque me siento orgulloso del logro de mi amigo Walter y un poquito también por ver los logotipos que en su día hice para él (http://dorada-tanero.blogspot.com.es/2011/03/logazo.html). Y es que la imagen de "El Tanero" (http://dorada-tanero.blogspot.com.es/2012/11/valorarlo-logo.html) está por toda la tienda, lo cual me llena de satisfacción jejeje.
Por ahora sólo os adelanto esta foto de la entrada de la tienda, cuyo rótulo también fue diseñado por el menda jejeje. Espero que os guste, si bien al que tiene que convencer es a los dueños del local.

A su vuelta, Walter nos pondrá al corriente de todo lo referente a esta noticia.

lunes, 14 de abril de 2014

Un poco de todo

Estos días he salido poco de pesca, pues no he tenido mucho tiempo. Unas horas tras los basses y otras detrás de las lubinas.
 En la jornada de agua dulce me di cuenta de que los basses no están muy activos, pues las aguas permanecen bastante frías aún. El calor de estos días no ha sido suficiente para activarlos.
Divisé un par de ejemplares rondando las orillas, mientras otros pescadores se dedicaban a intentar sacar alguna pintona.
 Cerca del cauce del río que alimenta el embalse, capturé este pequeño ánade real. Tras la foto lo dejé a su aire, pues seguramente estaría buscando a su madre. Fue una buena "captura" en un día de total inactividad.
 Este sábado tocó limpieza del coto junto al río Verdugo. 
No fuimos muchos los asistentes, pero nos organizamos bien para llevar mejor las tareas.
 Por la parte que me tocaba, diría que el trabajo de mi grupo fue excelente, pues eliminamos bastantes ejemplares de Acacia dealbata (especie invasora) y acondicionamos el paso para pescadores y demás visitantes del río.
 Las intensas lluvias del invierno depositaron algunos troncos que hubo que retirar, siguiendo siempre las indicaciones de la Xunta de Galicia.
 El río presentaba un aspecto excelente, aunque habrá que comprobar el estado de su población piscícola cuando se abra la veda del reo.
Una cucharilla del número dos fue el trofeo que me llevé por mi labor jejeje.
La madrugada del sábado para el domingo tocaba pesca marina. Rubén y yo nos fuimos con Manel y su hijo Anxo, a intentar sacar alguna lubina.
Al poco rato de comenzar, Anxo capturó una pequeña lubina y al tiempo que Rubén engañaba a una boga.
Con el avance de la noche, el viento del norte se hacía difícil de soportar.
Yo me encontraba con los pies mojados, pues había llevado el traje de neopreno en lugar de vadeador, lo cual fue un error. Aunque mis compañeros también estaban recibiendo una buena ración de frío.
Buscamos un abrigo tras unas rocas, y esperamos a que la marea fuera la propicia. Tras varias carreras para entrar en calor, opté por hacer una hoguera. Cuando esta ya proporcionaba un agradable calor, todos se arrimaron a ella. Hubo que tragar algo de humo por momentos, pero fue la salvación para poder llevar mejor esas horas de espera. Alguno incluso fue capaz de dormir. 
Al retomar la pesca no hubo suerte, por lo que tuvimos que darnos por vencidos.
Mientras nos retirábamos, otros pescadores conocidos de nuestros anfitriones iban hacia el mismo lugar a intentarlo. Al mediodía pudimos saber que habían capturado sendos robalos, por lo que Dios no siempre ayuda al que más madruga jejeje.