sábado, 6 de agosto de 2016

Mecido por el Atlántico

Hoy quedé con Juan para pescar desde embarcación. Después del ritual de preparativos, nos hicimos a la mar.
Las condiciones no eran muy buenas, aunque como siempre, el que no lo intenta, no triunfa.
 Inicialmente no se vio actividad. Los peces no parecían colaborar, así que tocaba moverse a lo largo de la franja de costa. A su vez, disfrutaba de la perspectiva que se tiene desde el mar, de algunos puntos que conozco.
 Las gaviotas jóvenes nos dieron algún susto con los paseantes, ya que en un descuido se abalanzan sobre los artificiales, incluso al lado de la embarcación.
En una zona no muy profunda tuve una picada extraña a mi vinilo. Por lo que me comentó Juan, podía tratarse de un pulpo. Sin embargo, lo que venía sujetando el vinilo, se soltó a pocos metros de nosotros.
 Hoy pude ver el paisaje desolador que dejó un incendio días atrás, en Cabo Silleiro.
Tarde o temprano, esta lacra aparece, más lejos o más cerca. Ojalá que algún día se terminen estas estampas.
 Al acercarnos a esta roca, divisamos a unos pescadores que sacaban una lubina y algún otro pez que no pude identificar desde la distancia. No tuvimos la misma fortuna nosotros, así que a cambiar nuevamente.
 Nos dirigimos hacia Baiona, saludando a la Virgen de la Roca. 
Una vez llegamos junto al parador, la actividad comenzó.
 Un pinto se tragó mi vinilo enterito, sin provocar el temido corte de la cola del señuelo. Menos mal que llevaba los alicates para ayudarme en las tareas de desanzuelado.
 Nos detuvimos junto al parador de Baiona y aquí comenzaron a atacar las lubinas en superficie. Aunque ninguna se quedó prendida de los anzuelos, ya que los ataques eran tímidos o al menos sin la contundencia de otras ocasiones.
Me volví muy satisfecho por reencontrarme con Juan y poder charlar de temas muy variados, haciendo a la vez, algo que nos gusta.
Si en una próxima ocasión somos más afortunados, lo sabréis jejeje.

domingo, 31 de julio de 2016

¡ SILENCIO ! ... Se rueda

Llevaba un tiempo sin publicar salidas de pesca, y eso se debía a un buen motivo. Y es que estuve de grabación por distintas zonas de Galicia, mostrando un poco de nuestra tierra en compañía de grandes pescadores.
Estos documentales verán la luz en el canal Caza y Pesca de Movistar Plus, de la mano del productor y director de documentales, Yago Mazoy.
En la primera aventura, nos fuimos a pescar en la Costa da Vela en compañía de Abi y Manuel. Hubo suerte de cara a la pesca y pudimos disfrutar de bellos lances en esta costa tan abrupta.
 Y visitamos algunos lugares de interés, que a buen seguro, harán las delicias del pescador y de los que no lo son.
 Con Eloy nos fuimos a pescar en un estuario con la mosca. La jornada se dio genial y pudimos sacar gran cantidad de peces de buena talla, y muy luchadores. Aquí no tuve tiempo ni para sacar fotos de alguna captura. Tan sólo esta donde nos despedíamos por ese día.
La tercera jornada la llevé a cabo con Luis y su inseparable Bullma. Esta perrita hizo las delicias de las cámaras, ya que no dudaba en hacer toda clase de gracias a Yago y a Miguel, a la vez que se adentraba por cualquier lugar, a la búsqueda de los animales salvajes del lugar.
 El día de la grabación me enteré que en las pistas forestales, hay zonas donde no se puede adelantar. Como para hacerlo jejeje.
 El entorno por el que nos movimos fue genial en muchos sentidos, pudiendo mostrar curiosidades un tanto particulares.
 Con Zalo nos fuimos a la búsqueda del esquivo reo. Como ya hacía Nino, Zalo también vadea al límite. El buen humor reinó todo el tiempo, ya que conozco bien a Zalo, y sé cómo arrancarle unas carcajadas.
 Y el pez que buscábamos dio la cara, por fortuna para toda la expedición. Me entusiasmó reencontrarme con estos nobles peces, ya que hacía tiempo que no les dedicaba el tiempo que se merecen.
 Hubo algún problema técnico puntual, que solventamos con maestría, por lo que todo salió como cabía esperar.
 Con Chito nos lo pasamos como enanos, ya que los basses que buscábamos, fueron de muy buena talla.
La comida en la embarcación fue todo un privilegio, dado el escenario.
Y tuvimos la oportunidad de vivir algunas anécdotas geniales, que pasan a engrosar mi lista jejeje.

Espero que pronto pueda ver a estos magníficos pescadores, haciendo de las suyas. Para mí sin duda, ha sido todo un privilegio, ya que he podido vivir la pesca como a mí más me gusta: en compañía de buena gente.

viernes, 29 de julio de 2016

En buena compañía

A menudo se asocia la pesca, única y exclusivamente a los peces. Sin embargo, para los que disfrutamos del entorno, existen otro tipo de criaturas que se mueven por los lugares que visitamos.
Quizás se trate de "compañeros" que prefieren pasar desapercibidos, aunque para mí es un privilegio contar con su compañía.
Tanto en agua dulce como en el mar, podemos encontrarnos con variedad de crustáceos, como son los cangrejos. A estos hay que sumar la presencia de erizos de mar, percebes, lapas, pulpos o incluso alguna criatura más difícil de ver, como es la oreja de mar.
En el apartado de aves, podría citar un gran abanico, sin embargo, las especies más frecuentes suelen ser los ánades reales, las palomas torcaces, cormoranes, garzas reales y lavanderas.
Los animales domésticos suelen abundar en zonas urbanas y rurales, así que es raro no toparse con alguna mascota o animal relacionado con la ganadería. Caballos, vacas y ovejas son los más representativos de estos últimos. Los gatos y los perros entrarían dentro del apartado de las mascotas.
Los anfibios, tanto anuros como urodelos, son fecuentes en zonas de agua dulce, ya sean ríos, embalses, charcas, etc. Los tritones son más frecuentes que las salamandras, mientras que las ranas ganan por goleada frente a los sapos.
Con los insectos podemos tener un dilema, ya que mariposas, escarabajos, saltamontes o grillos, están en el grupo de moscas, mosquitos y avispas. Estos últimos pueden ser molestos o peligrosos, pero hay que entender que cada uno está a lo suyo jejeje.
 Y por último, hablaré de los reptiles, entre los que me he encontrado con galápagos, culebras, eslizones, luciones, junto a una gran variedad de lagartos y lagartijas.

 Este es un pequeño homenaje que hago a todas esas criaturas, pues me suelen alegrar las jornadas de pesca. Espero que a vosotros también.

viernes, 15 de julio de 2016

Con sabor a salitre

Ya tenía ganas de volver a sentir el salitre en el rostro, así que me fui hasta la costa para dar oportunidades a los paseantes.
Y es que esta modalidad de pesca es altamente adictiva, pues los ataques en superficie pueden ser brutales.
 Nada más llegar, percibí algo en el agua. Había una cantidad enorme de estrellas de mar, en colores y tamaños variados. Ya presencié algo similar en otras ocasiones, aunque esta vez algunas se agolpaban en zonas sin agua.
 El mar presentaba un aspecto bueno para intentarlo con los paseantes, así que ejecuté el primer lance.
Algún pez atacó el señuelo, sin quedarse prendido. Poco después se repetía el mismo patrón.
No acertaba a ver de qué se trataba, pero descartaba que fueran lubinas o agujas. Proseguí y volví a ver esas persecuciones sin picada. Así durante un buen rato y en distintos puntos ... no me explicaba qué podía ser.
 Caminando por las rocas me encontré con estas piedras que asomaban tímidamente en el agua, lo cual me recordó a la famosa prueba de las "zamburguesas" de Humor Amarillo, jejeje.
 Lanzando hacia unas rocas distantes, tuve nuevas picadas, aunque sin resultados.
Sin embargo, la claridad de las aguas en este punto me reveló lo que quería saber: los peces misteriosos eran agujas de escaso porte que atacaban el señuelo sin llegarse a clavar en el anzuelo.
En uno de los lances tuve un ataque más reconocible, que ejecutó esta pequeña lubina.
Así como posó para la foto, se fue de vuelta para el agua.
Con más de media marea, el mar comenzó a cobrar fuerza, así que me dispuse en zonas más cómodas, para no tener sorpresas.
La ausencia de nuevas picadas me animaron a dar por concluida esta jornada, que me sirvió para reencontrarme con el gran océano.

viernes, 10 de junio de 2016

Premio gordo

El miércoles tocaba acudir a una cita ineludible, ya que son muy contadas las ocasiones en las que hay posibilidades de pescar un salmón en Galicia.
Era mi hermano el que tenía el coto para pescar en el río Lérez, así que Luis y yo lo acompañaríamos para ayudarle en todo lo que se pudiera.
El objetivo se cumplió, así que paso a relataros lo que dio de sí este día.
La mañana  se despertó cargada de niebla en todo el valle, lo cual no apresuraba a los pescadores a tomar posiciones a lo largo del río. Mientras mi hermano conversaba con la guardería, yo charlaba con Luis junto a los coches.
Tras un buen rato aguardando, nos fuimos a la búsqueda del salmón, ya que la primera opción pasaba por intentarlo a cebo.
 Localizamos un par de salmones en un pozo de aguas remansadas. Ahí se llevaría a cabo el primer intento, así que con todo preparado, mi hermano ejecutó la primera varada. De cebo, quisquilla roja.
Tras unos minutos, uno de los salmones tomó el engaño, pero de manera que la clavada no fue certera. La oportunidad no mermó los ánimos del grupo, así que Luis y yo recorrimos la orilla a la búsqueda de algún otro ejemplar.
Pasado algún tiempo, mi hermano decidió ir hasta unas corrientes a probar suerte con la cuchara. En dichas corrientes, se movió un reo de buen porte, pero que no mostró mayor interés por la cucharilla.
Tocaba volver a utilizar el cebo. Para entonces, los otros pescadores que tenían coto para ese día, se divisaban en otras zonas, con la misma ilusión de capturar al rey del río.
La mañana discurría y los salmones no aparecían, así que decidí cruzar el río y buscar desde la otra orilla. Fue así como localicé a cuatro salmones pululando a la salida de un pequeño arroyo. Tras un tiempo por allí, se fueron desplazando hacia el medio del río.
Volví sobre mis pasos y llegué al lugar donde mi hermano aguardaba su oportunidad. En vista de que la hora de comer se aproximaba, Luis y yo nos fuimos a buscar unas empanadas y algo para beber.
A la salida del río le comenté que sería casualidad que mi hermano capturase el salmón mientras nosotros estábamos lejos, pero ahí se quedó el comentario.
La casualidad quiso que cuando volvíamos para el río, mi hermano nos llamase por teléfono. Supusimos que ya se estaba impacientando por la espera, ya que no llegamos a hablar con él.
 Mientras descendíamos por una pista forestal hacia el río, divisamos a mi hermano con un salmón en la mano, a César (ribereño del lugar) y a otro pescador llamado Jose.
Me fastidió no poder grabar la captura, sin embargo me alegré por mi hermano, que repetía con el salmón (ENLACE). Paradójicamente, el año pasado tampoco pude acompañar a Dani, ya que me encontraba a miles de kilómetros jejeje.
El objetivo había sido conseguido, así que tocaba llevarlo a guiar, para poder transportarlo con todo en regla. 4,018 kilos de salmón, el cuarto de esta temporada en el Lérez.

Durante la comida, mi hermano, César y Jose, nos comentaron cómo había sido el lance.
El salmón tomó la quisquilla después de una buena pesentación, y una clavada certera, junto con una buena dosis de templanza, que hicieron el resto.
Mi hermano agradeció mucho los consejos de César, pues este pescador ya es veterano en esta modalidad de pesca. Sin esas indicaciones, quizás el desenlace hubiera sido otro.
 La anécdota de la jornada se produjo durante la comida, ya que a escasos metros de donde nos encontrábamos, un jabalí decidió cruzar el río, ignorando nuestra presencia.
 Estuve rápido con la cámara, para tomar algunas instantáneas. No es muy frecuente ver a un jabalí, por lo que presenciar esta escena se hace mucho más raro todavía.
Una anécdota que pasa a engrosar la enorme lista que ya tengo en mi haber, con animales salvajes como protagonistas.
Los demás pescadores seguían por allí, intentando conseguir sus respectivos trofeos. No había muchos salmones por las inmediaciones, aunque la esperanza es lo último que se pierde.
Por la tarde, Luis y yo estuvimos un rato más por el río, e incluso pasamos un buen rato charlando con unos pescadores de Carballo. Este es otro punto que me gusta de esta pesca en particular, ya que te permite conocer a gente de otros lugares de nuestra geografía.
Y así concluyó la jornada.
Mi hermano aún volvería a última hora de la tarde, para intentar capturar algún reo.
Aunque era consciente de que los grandes reos de este río no son nada fáciles de engañar.

viernes, 3 de junio de 2016

Capturando recuerdos

Tocaba volver al río en el que tuve mi bautismo como pescador. Son muchos los pescadores que habrán extraído de sus aguas bellas pintonas esta temporada, pero siempre quedan otras, quizás más espabiladas, con las que divertirse en una calurosa tarde.
 Y no hay sensación más gratificante que antes de hacer el primer lance, pensar: -Ahí seguro que no ha probado nadie. Hacer el lance y acertar de pleno jejeje.
Y es que este río lo conozco muy bien, lo cual es una gran ventaja en las jornadas de pesca.
 Poco después me topé con varios ánades, los cuales tuve que sortear, para no tenerlos delante, asustando los peces. Este año les ha sido propicio en la temporada de cría, pues he tenido la suerte de mirar un buen número de ellos.
 Seguí ascendiendo y capturando pintonas. Algunas en lugares muy distintos a otros años, ya que las riadas han conformado nuevos pozos y raseras a lo largo de todo el cauce.
 Los lances más complicados me dieron buenos resultados, ya que suelen ser zonas menos pescadas.
Son lecciones que uno va aprendiendo con los años, pues tarde o temprano, algo se aprende jejeje.
 Algunos puntos se han colmatado de arena y grava, por lo que serán buenas zonas para que las truchas se reproduzcan. Con un poco de suerte, el río irá recobrando el esplendor de años anteriores, ya que se encuentra en horas bajas.
 Esta pintona me sorprendió en una zona de poco calado, en la que insistí varios minutos.
La vegetación de ribera le proporcionaba cobijo, pero finalmente se rindió a mi señuelo.
 El sol de la tarde comenzaba su descenso y la temperatura se hacía ahora más agradable, sin embargo no prolongaría mucho más mi estancia en el río, ya que el objetivo estaba más que conseguido.
Fueron algo más de 20 las pintonas engañadas en esta jornada. Me divertí de lo lindo con sus ataques y peleas, ya que a estas alturas de temporada, el equipo ultraligero me da mucho juego.

lunes, 30 de mayo de 2016

A por gigantes

Después de un tiempo en dique seco a causa de problemas informáticos y de otra índole, volví a sujetar una caña para sentir su tacto.
El objetivo que teníamos por delante era un reto difícil, donde además había que contar con otros factores.
Descendimos el valle Luis, Víctor y yo. En la mente de todos ... el salmón.
Cada uno lo intentaría con una modalidad diferente. Víctor con la mosca, Luis con la ninfa y yo con la cucharilla.
 Cada uno tomó posición en el río. Teníamos que aprovechar que el caudal permitía acceder a buenas zonas, si bien aquí hay que pecar de precaución, pues el susto puede ser enorme.
 Durante la jornada, mucho viento y alternancia de nubes y claros con lluvias esporádicas. Este hecho no mermaría nuestras ganas de encontrarnos con el rey del río.
 En un pequeño paréntesis, Luis me mostró las fotos de un salmón capturado recientemente por él.
Esto me animó mucho porque me imaginaba a uno de esos formidables salmónidos, aguardando en las aguas, a que nuestros engaños se pusieran a tiro.
 Cada poco tiempo, podía ver como Luis capturaba truchas y bogas que se encontraban en la trayectoria de la deriva de su ninfa.
Sin duda fue el que mejor se lo pasó, ya que dichas capturas fueron abundantes.
 El viento comenzó a soplar con fuerza por momentos, lo que dificultaba algunos lances. 
Sin embargo esto no sería una excusa para dejar de pescar.
A última hora, el río comenzó a crecer con rapidez, por lo que tuvimos que buscar otras zonas desde las que pescar. Toda precaución es poca cuando se trata del río Miño.
Además tenía en mente la noticia de un chico que había desaparecido esa misma noche.
Espero que el desenlace sea positivo, pues la lista de víctimas de este río no para de crecer.