Practicando nuestra afición, somos muchos los que a veces nos encontramos con detalles que despiertan un sentimiento de malestar. Y es que el hecho de que la pesca se lleve a cabo en el medio natural, puede favorecer la aparición de dicha molestia, al comprobar que el entorno sufre un ataque, fruto de la actividad humana.
En un valle tan rico como es el del río Sil, la vid colorea alegremente las laderas del curso fluvial.
Son muchas las bodegas que elaboran sus vinos a partir del fruto obtenido tras el duro trabajo de todo el año.
En los bosques profundos, la castaña aporta más riqueza al valle.
Desde tiempos pretéritos, este fruto otoñal aporta el sabor a una gran variedad de recetas y a los productos derivados de su procesado.
Las llanuras generadas por las grandes avenidas del río, son el enclave perfecto para plantar los chopos que sirven para abastecer la industria papelera y la maderera. Esta última procesa esta madera, para fabricar los palets que se utilizan en otra industria.
Dicha industria es la de la pizarra.
Arrancada de las entrañas de las montañas que fortifican el valle, esta roca negra abastece al sector de la construcción, generando una riqueza que ya ha seducido al capital extranjero.
Por poner una pega, la pizarra que no se utiliza, se amontona en enormes escombreras. Esto genera un gran impacto visual, si bien se puede solventar con el tiempo, ya que una vez terminada la actividad, se pueden cubrir con tierra en la que se pueden plantar especies autóctonas.
Pero lo que me ocupa hoy no es resaltar las virtudes de esta zona de la geografía gallega, si no dar a conocer una situación que ya creía superada.
Visitando el embalse de Santiago, me deleitaba con el majestuoso vuelo de las cigüeñas que ya han llegado a esta parte de Galicia. Entonces, algo llamó mi atención. Se trataba de un montón de basura colgando de los árboles.
La mayor parte de la basura eran plásticos de diversos colores, que colgaban de la vegetación de ribera.
Inmediatamente pensé en que había algo muy extraño, ya que esta zona está situada por la parte inferior del muro de la presa.
Los plásticos podrían haber llegado flotando, pero también había ropa y plásticos de mayor densidad, que a buen seguro no flotan.
Al llegar a la altura de unos pequeños abedules, divisé un somier desvencijado, que me iluminó.
Lo más probable es que hubiera un punto de la orilla, utilizado como vertedero y con la crecida del río, ya sea por las lluvias o por el turbinado, la basura se fue esparciendo, quedando mucha de ella, enganchada en las ramas de los árboles.
Cuando más descendía, menos basura me encontraba, lo cual reforzaba mi teoría.
A continuación me dirigí a la parte superior del embalse y pude comprobar que el margen transitable, estaba libre de basura y que las zonas dedicadas al ocio también estaban limpias.
Y entonces pienso en que todavía hay gente que cree que los ríos son vertederos en los que uno arroja de todo y que el agua ya se encarga de llevárselo.
Son pensamientos de gente que no ha recibido una educación mínima, ya que el sentido común nos dice que el daño que ocasionamos al medio natural, nos viene de rebote por otras vías.
Espero que en breve, todo el mundo apueste por cuidar su entorno y que se faciliten los medios para evitar este tipo de comportamientos.


















