(Fotos ampliables)
En vista de que el otro día encontré el río Parada un tanto alto, me decidí a pescarlo unos kilómetros más arriba, donde ya no recibe agua de otro afluente, el río de Couñago (como mi apellido). Aunque aquí discurría con algo menos de caudal, todavía era mucha agua la que bajaba, y la fuerza de esta me puso en más de un aprieto.
Cuando comencé a pescar el sol de justicia invitaba a mojarse la gorra y a estar metido en el agua la mayor parte del tiempo. Aunque divisé algunos pescadores, no me desanimé y fui peinando tablas y corrientes.
El río Parada es un río en el que hace falta una buena forma física. El lecho y los márgenes son de granito, que ha sido pulimentado por las piedras que bajan con las riadas. No hace falta decir que hay que andar con mucho cuidado pues los márgenes son muy resbaladizos.
Los inmensos pozos junto con las orillas impracticables, hacen obligadas las salidas del río para bordearlo a través del monte, siguiendo las sendas de las vacas y los caballos que pastan por estas sierras.
Hay lugares en los que las grandes piedras y las paredes de roca te obligan a caminar a lo "Matrix", pero es aquí donde hay que llegar si queremos tentar a las truchas menos resabiadas.
Pero una vez aquí, comenzaron a surgir las truchas de los grandes pozos para tomar el engaño. Y en dos lances certeros salieron sendas truchas. Con una efectividad del 100%, me animé a seguir río arriba.
Cuando llegué a una cascada, tuve que subir por la pared de roca, para acceder a la parte superior. A partir de aquí todo fue un poco más fácil.
La espectacularidad de esta zona unida a su tranquilidad hacen de este entorno una zona escogida por los bañistas en los meses de verano.
Desde la última captura hasta que la jornada tocó a su fin, fueron muchas las picadas, pero la bravura de las truchas le aseguran el porvenir ya que con sus cabriolas y huidas suelen conseguir la libertad.
Un último vistazo antes de emprender el camino de vuelta que previamente había visto en una vista aérea a través de la página del SIGPAC, cuyo enlace está en el apartado de cartografía.
El título de esta entrada va referida a esta zona, por ser uno de los lugares por los que el lobo campa a sus anchas. Los esqueletos de vacas, caballos y ovejas son parte del paisaje. En invierno, si la comida escasea, este cánido puede visitar pueblos situados mucho más abajo como ocurrió el invierno pasado después de los incendios.
En vista de que el otro día encontré el río Parada un tanto alto, me decidí a pescarlo unos kilómetros más arriba, donde ya no recibe agua de otro afluente, el río de Couñago (como mi apellido). Aunque aquí discurría con algo menos de caudal, todavía era mucha agua la que bajaba, y la fuerza de esta me puso en más de un aprieto.
Cuando llegué a una cascada, tuve que subir por la pared de roca, para acceder a la parte superior. A partir de aquí todo fue un poco más fácil.
Un último vistazo antes de emprender el camino de vuelta que previamente había visto en una vista aérea a través de la página del SIGPAC, cuyo enlace está en el apartado de cartografía.
