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sábado, 28 de junio de 2014

Oro puro

Este año me quedé con las ganas de volver a tierras extremeñas a tentar a los potentes barbos gitanos.
El viaje también sirve para reencontrarse con mis buenos amigos andaluces, disfrutar de su compañía, de su gastronomía, de sus paisajes y sus costumbres.
Puesto que el año pasado me traje muchos minutos de vídeo que grabé durante mi estancia allí, he decidido hacer un vídeo más sobre este interesante pez, con imágenes inéditas.

Se lo dedico a Pepe Romera, José Antonio, Kike, Luis Guerrero, Jorge Moreno y su hijo Carlos, pues fue con ellos con los que estuve en mi última visita.

          

Recomiendo mirarlo en HD

 Y para llevar mejor la espera hasta la próxima, pues me he comprado el libro de Carlos González del Rey, "Barbos en la Pesca con Mosca".
En el también podréis mirar fotografías de alguno de mis anfitriones.

sábado, 17 de agosto de 2013

Cámaras ... y !!ACCIÓN¡¡

Tengo mucho material audiovisual aún por ordenar, pues en mi último viaje a tierras extremeñas, dediqué bastante tiempo a captar imágenes para su posterior visualización.
Son muchos minutos de vídeo, así que hay que abreviar, tratando de reflejar la esencia de estas jornadas tras los barbos gitanos.
En lugar de hacer un vídeo largo, prefiero hacer otros más cortos, para que sean más fáciles de visionar.

Por supuesto, estos vídeos van dedicados especialmente a Pepe, José Antonio y a Kike, pues han sido mis anfitriones este año. Pero también se los dedico a todos aquellos que podéis pescar esta especie más a menudo, pues contáis con un verdadero tesoro a vuestro alcance.

Espero que os guste esta primera entrega.


                         

                         

                         

!! Esto, sí te da alas ¡¡

lunes, 13 de mayo de 2013

Barbos gitanos 3: !! Una "barboridad" ¡¡

Comienza un nuevo día y nos preparamos para el asalto final.
Al salir de casa, directos al bar para desayunar fuerte, pues tenemos por delante un buen número de horas que llenar de recuerdos.
 Acudimos por última vez a tierras extremeñas. 
De camino al río me deleito con la cantidad de fauna, tan distinta a la que estoy acostumbrado.
Abejarucos, alcaudones, rabilargos, abubillas, grajos, perdices. Todos parecían haberse puesto de acuerdo para despedirme en esta última jornada de pesca.
Vamos preparando todo lo necesario. Cuando ya estamos a pie de río, podemos ver lo que nos aguarda.
 En esta ocasión volveremos a pescar Kike y yo, mientras José Antonio y Pepe probarán otras zonas.
El viento racheado nos pondrá a prueba, pero no tendrá nada que hacer contra unos pescadores que ansían acariciar cada uno de los tesoros que se encuentran en la masa cristalina que discurre serpenteante por el valle.
 La talla media de los peces indican que la diversión será enorme, si bien cada combate puede ser una lucha perdida.
A la sombra de unos fresnos clavo mi primer barbo. Raudo acude a la corriente, para aliarse con ella y tratar de poner distancia entre ambos. Finalmente la paciencia me brinda la posibilidad de acercarlo a mi mano y sujetarlo al fin.
Saboreo el momento, pues me ha brindado una lucha espectacular.
 Kike me permite pescar a mis anchas, cediéndome gran parte de las zonas que nos vamos encontrando.
Me va asesorando nuevamente y también ejerce de cámara, para dejar constancia de mi disfrute.
Y es que estaba eufórico visualizando tal cantidad de peces y de tan buen tamaño.
 Por un momento, Kike se separa de mí y se dirige a una zona superior. El viento sopla en ocasiones con gran potencia, por lo que tengo que parar de pescar.
Después de una tregua, ya puedo retomar la actividad, aunque esta no dura y la superficie del agua se riza irremediablemente. Efectúo un lance hacia un bello ejemplar, que había localizado previamente.
Intuyo una silueta borrosa que se mueve hacia la mosca ... este la toma sin recelo y comienza la acción.
Lo mejor para combatir en viento en estos casos, es tener un buen barbo al otro lado de la línea jejeje.

Abandono la zona pero no tengo muy claro por dónde ascender. Así que camino hacia la ladera del valle. Este tiene una pendiente exagerada, casi vertical. El terreno cede bajo mis pies, pero voy avanzando.
Efectúo un silvido y Kike me responde. Desciendo hacia una zona en la que hay gran cantidad de aluviones y al llegar, mi compañero me muestra el punto en el que se encuentra un gran barbo.
Este permanece estático en la corriente, tranquilo y seguro de si mismo. Efectúo el primer lance pero hace caso omiso de la mosca. Los lances se suceden y el resultado es el mismo.
 Kike me sugiere que pruebe con una ninfa. Tras atar la imitación, voy posando el engaño en las cercanías del pez, hasta que una de las derivas parece que le llama la atención.
El pez de grandes proporciones toma la imitación y comienza a tirar con una potencia descomunal. En un par de segundos de lucha, el pez se suelta y nos lamentamos de lo sucedido.
La lógica nos dice que hay que revisar el anzuelo de la ninfa y es entonces cuando comprobamos que el barbo había logrado abrir el anzuelo.
!!Bestial¡¡
 Esto es lo que comúnmente se conoce con el nombre de Cowboy jejeje.
Tras encontrar este cráneo de vaca, le sugerí a Kike que podía bromear sobre la fidelidad que le brinda su pareja jejeje. Y como podéis ver, no dudó en posar para la foto.
 Tras la pérdida de mi mosca, mi compañero me ofrece la posibilidad de pescar con una mosca bastante voluminosa.
Tras atarla, fue ofrecérsela a los peces y estos entraron en un estado de frenesí para hacerse con ella. Ante este hecho, Kike ató la Chernobyl. ¿El resultado? El mismo exactamente.
Poco después, otro barbo logró abrir el anzuelo de mi mosca. A causa de ello, le pedí a mi compañero una Chernobyl.
!!Entonces comenzó el festival de picadas¡¡
La efectividad de esta imitación rozaba la perfección, pues en algunos casos un barbo tomaba la mosca, dejaba que este se soltara y a continuación ya era posible que un pez mayor atacase el engaño.
 La cantidad de capturas hizo que se agotase el espacio de la memoria de la GoPro.
A partir de ahí, tenía que arreglármelas con las otras cámaras que llevaba para la ocasión.
Me sumí en un estado de satisfacción desenfrenada, que hacía que sólo me concentrase en el pez.
En el otro extremo de la línea, tenía el santo grial de las imitaciones, la cual seleccionaba la talla de los peces de forma alucinante.
Con tal cantidad de efectividad en mi poder, pude disfrutar de carreras con salida de backing, de las que te dejan sin aliento.
!!Espectacular¡¡
 Ya casi era la hora de volver para comer y es entonces cuando Kike avista dos barbos de tamaño excepcional, en torno a los 4 kg de peso. Ambos están ubicados en una corriente, flanqueada por rocas.
!!Hay que intentarlo¡¡
Ante la imposibilidad de ejecutar lances desde un lateral, me deslizo por una roca hasta situarme por encima de ellos. Mi compañero me guiará para intentar engañar a alguno de los dos.
 Hago el primer lance y Kike me indica las correcciones. Un nuevo lance despierta la curiosidad de uno de ellos, pero tengo que elevar la mosca o se verá arrastrada por la corriente. Kike se lamenta de la oportunidad perdida. Insisto nuevamente, pero la hasta ahora eficaz Chernobyl, ya no es capaz de ejercer magnetismo alguno sobre ambas criaturas. Su tamaño conlleva experiencia o desconfianza. 
Es hora de intentarlo con una ninfa.
Tras varios minutos de intentos, tenemos que dar por imposible la tarea.
Seguimos un poco más y engañamos sendos barbos de bello porte. Este será el broche de oro para esta jornada.

Una larga caminata nos lleva a reencontrarnos con nuestros compañeros. Estos ya tenían todo dispuesto para comer a pie de río. Fuimos comentando los distintos lances de la jornada y así fuimos consumiendo los minutos. Tras la comida, recogimos todos los bártulos y pusimos rumbo a Constantina, pues Pepe y Kike tenían que volver a sus respectivas casas.
 Mis planes para la tarde incluían visitar la ciudad de Sevilla, pero al final no pudo ser, por lo que sugerí a José Antonio que podía mostrarme algo más de Constantina.
Tras una breve siesta en la habitación del Tena y una reconfortante ducha, me voy con José Antonio hasta el restaurante "El alcornoque".
Allí mi anfitrión se encuentra a Marco, que curiosamente es pescador y bloguero (http://carpfishingconstantina.blogspot.com.es/).
Charlamos un rato mientras iba degustando alguno de los platos de la gastronomía del lugar.
Riñones, una especie de buñuelos con un relleno delicioso y unas gambas envueltas en berenjena que "quitaban el sentío".
Hasta la mesa se acercó Severiano, cocinero y copropietario del restaurante, al que le comuniqué mi satisfacción por cada uno de los platos que había degustado.
Allí José Antonio también me presentó a uno de los guitarristas del grupo Los Grillos Mojaos. La conversación con este fue más extensa y muy entretenida, especialmente por la variedad de temas que allí tratamos, catando un vino de la bodega Fuentefría.
Al final la conversación llegó hasta la hora de cierre del restaurante, así que me despedí agradecido de todos los allí reunidos.
A continuación me tocaba despedirme de mi anfitrión José Antonio, agradeciéndole estas jornadas de pesca con tan buena gente y en lugares tan fascinantes.
Por la mañana, antes de partir, la lluvia hace acto de presencia. Esta es constante durante buena parte del trayecto, hasta que llego a Salamanca. Aquí me recibe la nieve, por lo que decido ir un poco más despacio. Era prioritario llegar. Nuevamente mal tiempo hasta que me voy acercando a Galicia.
Paradójicamente, en mi tierra me encuentro un tiempo soleado con el cielo impoluto.
Tras 10 horas de conducción con dos paradas, llego a casa.
En total 1700.2 Km recorridos, que me han valido para vivir unos días de esos que uno espera repetir lo antes posible. Gentes, gastronomía, paisajes y también pesca, han sido la constante de este largo viaje.

Dar las gracias a José Antonio, Pepe, Kike, Jorge, Carlos y Luis, por el trato recibido.
Y a la gente que he conocido, les mando un saludo, esperándolos ver en otra ocasión.

jueves, 9 de mayo de 2013

Barbos gitanos 2: A seca y con ninfa.

Tras unas horas de insuficiente descanso, porque lo que se dice dormir, no dormí (¿Sería el orujo?), me levanté de la cama. El tobillo me dolía bastante y pensé que al entrar en calor se me pasaría, así que volví a meterme en cama. Todavía quedaba una hora para que el despertador diera inicio al comienzo de la jornada.
Sonó el despertador y me vestí. El tobillo seguía doliéndome y estaba seguro que me condicionaría durante el día.
Con cierta dificultad, me dirigí al bar para desayunar con mis compañeros.
Aquí me deleité con un desayuno abundante, el cual me proporcionaría la energía necesaria para acometer la primera parte del día con ciertas garantías.
No nos apresuramos, pues hoy contaríamos con dos pescadores más en el grupo.
Los invitados en cuestión eran Jorge Moreno y su hijo Carlos. Tras las presentaciones y mientras terminábamos de desayunar, Jorge obsequió a José Antonio con unas imitaciones de saltamontes.
Este a su vez, entregó a Carlos un regalo. Sabedor de que Carlos intentaría capturar su primer barbo gitano a mosca, José Antonio le regaló el libro de Carlos del Rey: Barbos en la Pesca a Mosca.
La cara del niño y de su padre reflejaban una sorpresa de esas que te deja boquiabierto y sin nada que decir durante un buen rato. Tan sólo articularon palabras de agradecimiento de la boca de ambos.
Kike echó un vistazo al libro y yo hice lo mismo después. Hojeando la obra, pude ver fotografías de mi amigo Luis Guerrero y del propio José Antonio.
Un libro muy recomendable con el que me espero hacer en breve, ya que dispone de mucha información útil para los que se inician con este pez y unas fotografías de una calidad sobresaliente.
Horas y horas de I+D para la construcción de un manos libres y resulta que José Antonio ya lo había inventado antes jejeje.
De camino a la vecina Extremadura, paramos en una farmacia para comprar algo que me aliviase el dolor del tobillo. Bajé del coche a la "pata coja" y entré en la farmacia. Descendí las escaleras saltando con una pierna, para entrar nuevamente en el coche y proseguir con el viaje.
Hicimos un alto en el camino para sacar la foto de grupo.
Unos minutos más de trayecto nos llevaron hasta el punto de partida. En esta jornada iría acompañado de Kike, mientras que los demás se marcharían hasta otro punto del río.
Antes de enfundarme el vadeador apliqué el antiinflamatorio, pues aún tenía el maldito dolor en el tobillo.
Como pude seguí a Kike entre los árboles de la ribera, para a continuación descender hasta el cauce del río.
Tuve la oportunidad de capturar mi primera carpa a mosca, pero estas tenían otras ocupaciones más importantes que las de prestar atención a mis moscas.
Al divisar los barbos en el agua, me dispuse para efectuar los primeros lances.
Kike me aconsejaba en la táctica a seguir, pues también acumula muchas horas pescando este noble pez.
Innumerables barbos fueron pasando por mis manos y las de mi compañero.
Diversión a raudales que hacía fluir la adrenalina constantemente.
Quizás esto hizo que el dolor del tobillo se disipase, porque al final me di cuenta de que ya no me dolía.
Me acerqué a una tabla de buenas proporciones. Dos pequeños barbos huyeron despaboridos, pues se encontraban muy cerca de la orilla. Inicialmente observé la cabecera del pozo, pero la lógica me dictaba que podía hacer algún lance hacia abajo.
A través de las gafas polarizadas se intuía una silueta en las aguas. Quizás fuera una roca oscura, quizás una rama sumergida, tal vez un barbo.
Los dos primeros lances no tienen recompensa, pero el tercero hace que la silueta emerja ... una boca se abre a través de la superficie y toma la mosca ... !!BARBO¡¡
Se trataba de un buen barbo que comenzó a tirar río arriba, pero por suerte se paró antes de ascender a la siguiente tabla.
No pude ver al ejemplar durante al menos dos minutos ... el brazo me pedía una tregua ... pero sabía que si aguantaba el bajo y el anzuelo, mi brazo también lo haría. Pasaron unos agónicos minutos con el corazón latiendo con fuerza y por fin pude sujetarlo en mi mano, aunque lo cierto es que me costó, dada su envergadura.
Tras las fotos de rigor, lo liberé y me despedí de él. !!Este momento hizo que el viaje valiese aún más la pena¡¡.

 

(Vídeo de la captura)
Recuperado del anterior lance, Kike y yo nos fuimos deleitando con la pelea de estos peces. Carreras alocadas hacia la corriente, con bruscos cambios de dirección, rozando el bajo contra todo aquel obstáculo que les puedan garantizar la libertad.
!!El barbo gitano en estado puro¡¡

La librea de estos peces es formidable. Es tan diferente a la de los peces que estoy acostumbrado a pescar, que me llama poderosamente la atención. Quizás por ello me obsesione un poco por quedarme con una instantánea de su estampa.

Todos y cada uno de los peces que fui sacando, merecerían un relato propio. Hasta los más pequeños desatan una lucha impresionante, si bien a veces se les puede dominar sin demasiadas complicaciones.
Los paisajes que aparecían después de cada tabla, competían en belleza con los anteriores.
El sol en lo alto comenzaba a calentar, aunque la brisa que soplaba intermitentemente era algo más que fresca.
Pude observar en alguna rasera, a varios ejemplares de barbos gitanos. No sé si se paran a descansar o simplemente esperan que les llegue algún bocado. El caso es que ver como estos peces se mantienen casi inmóviles en las corrientes es un espectáculo digno de ver en directo.
Mientras tomaba alguna instantánea, contemplé a mi compañero batiéndose en duelo con otro gitano. Este buscaba la protección de las ovas e hizo que Kike se empleara a fondo para sacarlo de su sitio.
Unos chapoteos y unas carreras antes de que el pescador acercase al barbo a su mano, para contemplarlo y liberarlo en las aguas que le proporcionan cobijo.
Caminando por la orilla, me encontré a este ejemplar de buen tamaño, que se guarecía tras una mata de plantas acuáticas. No mostró mucha preocupación por mi presencia, así que después de fotografiarlo, me alejé con la precaución de no molestarlo.
La mañana discurrió con tantas capturas, que al final tuvimos que emprender el viaje por la orilla, ya que de otro modo no llegaríamos a tiempo para comer.
El fuego ya estaba preparado para recibir la carne. Hubo algún problema con la parrilla, por lo que la receta se alteró un poco, siendo el resultado una Carne "a la ceniza" jejeje.
A pesar de ello, la carne estaba deliciosa, al igual que el pan y todo lo que fue pasando por la mesa.
El momento de relajación fue aprovechado para comentar los lances de la jornada.
Cuando dábamos buena cuenta del postre, ya fuimos planificando la tarde.
Kike se quedó a dormir la siesta, mientras que yo, que estaba eufórico por la mezcla de la jornada matinal y el licor café jejeje, me iría con Pepe.
José Antonio, Jorge y Carlos, se quedarían por las proximidades, para intentar que este último recibiera el "bautismo barberil".
El río se mostraba adornado con todas sus galas. Aguas transparentes, salpicadas de ovas y escoltadas por tamujos y adelfas.
La tarde se presentaba con una temperatura agradable, que invitaba al pescador a tomárselo con calma, y mientras Pepe y yo nos dirigíamos hacia el río, escuché un griterio.
Acudí corriendo por si Carlos había capturado su primer barbo gitano, pero era una falsa alarma. Parece que fue un bordallo el que había tomado la mosca.
Me quedé un rato contemplando a padre e hijo compartiendo un momento tan mágico. Estoy seguro de que Carlos y Jorge tendrán un buen recuerdo de este día. Un día en el que una misma pasión los unió aún más si cabe, estableciendo un vínculo que se reforzará en jornadas venideras.
Como el tobillo ya no me dolía, me apresuré para alcanzar a Pepe, y así poder seguir gozando de su siempre instructiva conversación. Y es que Pepe es un gran conocedor de esta especie, pues ya son muchos años los que lleva lidiando con los sclateri.
Descendimos por una pendiente pronunciada, hasta llegar al río cuyo rumor nos hablaba de épicos combates entre barbos y hombres. Contiendas en las que unas veces salían victoriosos los peces y otras los pescadores.
La brisa que acariciaba las líneas y las moscas en su seno, anunciaba la proximidad de nuevos duelos. ¿El desenlace? ... el tiempo lo diría.
Los peces estaban un tanto recelosos de las imitaciones flotantes. Entonces Pepe, en su infinita sapiencia, me ofrece una ninfa que me presenta como el bálsamo a mi onerosa situación.
 !Eureka¡
La primera deriva de la ninfa y contemplo con asombro como un barbo sucumbe a los encantos hipnóticos de la exquisita imitación. Visualizar el recorrido de un pez a escasos metros, sin que el muestre el mayor recelo, es algo digno de presenciar.
Un fugaz gesto por parte del pez, me indica que clave. La lucha comienza con una explosión en el agua, seguida de una frenética carrera río arriba. La caña se flexiona violentamente mientras el carrete gira a toda velocidad.
Sólo puedo aliarme con el tiempo para poder acercar al malhumorado pez.
Pepe, va detrás de mí, sacando barbos donde yo ya lo he hecho. Es un fuera de serie de la pesca y me da una lección de cómo se debe obrar en el río.
No me extraña nada que sea capaz de engañar peces donde yo había estado minutos antes, y es que quizás él posea un don, que sólo los grandes maestros pueden adquirir, a base de esfuerzo y constancia.
Después de unas cuantas capturas que redondean un día fabuloso, descendemos por la ribera hasta encontrarnos con nuestros compañeros.
Fue entonces cuando nos comunicaron una excelente noticia: Carlos había capturado su primer barbo gitano. Tras recibir nuestras felicitaciones, comentamos lo ocurrido durante la tarde.
Tras una charla muy amena con risas y anécdotas, Jorge y Carlos se despidieron de nosotros.
Poco después, fuimos guardando todo el material, pues todavía teníamos que llegar a casa y cenar.
Pero la noche aún me reservaba una sorpresa más.
Tenía varias llamadas perdidas de Luis, quién se había desplazado desde Sevilla capital, para saludarme.
Toda una sorpresa, pues se trata de una persona a la que le tengo gran aprecio.
Muchos de vosotros habréis visitado su blog: http://comopezenelaguapesca.blogspot.com.es/ y otros conoceréis a Luis por los fantásticos artículos que escribe para la revista FederPesca.
El caso es que tuvimos una charla muy entretenida en compañía de Pepe, José Antonio y Kike, la cual se prolongó bastante. Será que a todos nos gusta hablar y más si es de pesca.
Tras despedirme de Luis, ya sólo me quedaba ir a dormir y desear que la última jornada de pesca, fuera igual de intensa que la que había vivido.

Dar las gracias a Jorge, Carlos y Luis, por haber hecho de esta segunda jornada, una velada inolvidable.

CONTINUARÁ ...

martes, 7 de mayo de 2013

Barbos gitanos 1: El reencuentro

Alguno me va a decir que en la anterior entrada hice alusión a los lugares que uno tiene cerca de casa. Pero claro, si el pescador quiere pescar una especie que no tiene en los alrededores, pues entonces no le quedará más remedio que buscarla lo más cerca posible.

A finales del mes de abril, me preparé para hacer un viaje de pesca. Por delante tenía 846 km de carreteras y autovías, hasta llegar a Constantina, donde establecería mi campamento base.
A las 6:15 am, con todo lo necesario para esta aventura de pesca, encendí el coche y puse rumbo a mi destino.
La orografía variaba a lo largo del trayecto: las cumbres y valles daban paso a llanuras interminables, estas a cumbres nevadas y luego a nuevas planicies de horizonte incierto. La flora y la fauna hacían lo propio: robles y pinos, daban paso a retamas y cereales, estas a bastas extensiones de encinas o alcornoques y la vid también tenía su espacio, apareciendo intercalada entre olivares. Las cigüeñas estáticas en sus nidos, contrastaban con los milanos que planeaban sobre las carreteras. Las golondrinas y jilgueros en los pueblos, eran sustituidos por los estorninos en el campo ... de esta manera, observando el entorno, el viaje se hizo más llevadero.

Con tan sólo dos paradas para comer o beber algo, y dos más para soltar "lastre", logré hacer el recorrido en 9 horas. A tiempo para comer con mi uno de mis anfitriones.
Tras una breve espera, llegó José Antonio y después del saludo de rigor, nos dispusimos a comer.
No apuramos la comida, pues el viaje había sido largo, pero cuando propuso ir a un río cercano, no me lo pensé dos veces.
Hicimos un alto en casa de José Antonio y este me presentó a su familia. Después nos detuvimos una vez más, para a continuación poner rumbo a la zona elegida.
De camino a la comunidad extremeña, fuimos comentando distintos temas, aunque los de la pesca eran los que más nos interesaban a ambos.
Al llegar al lugar elegido, un escalofrío recorrió mi cuerpo. El poder contemplar el río, hizo que rememorase las jornadas que había vivido dos años atrás (1, 2, 3). Mientras me enfundaba en el vadeador, mi mente hacía un repaso fugaz de todo lo que debía tener en cuenta.
Y es que me iba a enfrentar a un pez tan bravo como los toros de lidia que se mueven por algunas fincas circundantes. Con el equipo montado, lo único que se interponía entre ese pez y yo, era una alambrada de espino que estaba a punto de cruzar.
Mi compañero me dejó a mi aire.
La brisa de la tarde acariciaba las hojas y ramas de encinas y alcornoques. El manto verdoso del entorno, salpicado de diversos colores florales, brillaba bajo un sol reluciente. Las aguas cristalinas emitían un murmullo delicado que sonaba a coro con las aves que permanecían espectantes a mis movimientos.
Era la hora de la verdad. Empuño la caña con firmeza y efectúo los primeros lances.
La mosca va mancillando la quietud del agua, pero esta se estabiliza ... sólo por un instante ... una boca adornada con dorados barbillones atraviesa la superficie y toma el engaño ... se hace el silencio y la pupila se dilata para no perder detalle, al tiempo que el pulso se acelera y el cerebro envía la orden de clavar.
El carrete cambia la banda sonora del momento y comienza a girar velozmente.
!!Ya está¡¡
El pez trata de romper el bajo contra las rocas del fondo, para acto seguido buscar cobijo bajo las ovas floridas.
La caña resiste la flexión a la que se ve sometida y por fin tengo a mi alcance al primer pez.
Ahora siento el tacto de las escamas de oro y bronce ... lo contemplo ... le doy las gracias por brindarme este momento y dejo que se escurra entre los dedos para recobrar su merecida libertad.
La espera de este momento ha sido larga, pero ha merecido la pena.
Tras incorporarme, pienso que ya estoy listo para seguir, aunque sé que no debo subestimar a mis próximos adversarios.
Un poco más adelante, se repite el ritual. Una estela de limo en suspensión se queda atrás ante la velocidad a la que se mueve este pez una vez ha picado.
!!Qué sensación¡¡
La euforia da paso a la angustia y esta al júbilo. Y en medio de estas, diversos sentimientos difíciles de relatar. Creo que sólo se puede conocer esta sensación si se pesca uno.
Cada pez es diferente y único, cada lance distinto, pero las sensaciones son las mismas.
La pesca de este pez es como un hechizo, pues cuando uno prueba la pócima que se genera durante la contienda, queda a merced de un estado de hipnosis transitoria.
Con los pies en la tierra nuevamente, retomo la actividad.
Olvido revisar el bajo después de una sufrida pelea, por lo que tengo la primera rotura de la jornada. Y es que este avezado ser, insiste en rozar repetidas veces el bajo contra cualquier elemento que se encuentre a su alcance.
Repongo el bajo y prosigo con la pesca, lamentándome de la pérdida.
José Antonio observa en la distancia como disfruto del momento.
¿Quién diría que varias horas antes estaba partiendo desde Galicia? Y casi sin parar, llego, como y a pescar.
Quizás padezca una sintomatología especial dentro de esta "enfermedad" que es la pesca.
Tal vez el diagnóstico revele que padezco "Barbosis aguda" y por fortuna para mí, no hay cura.
Echo la vista atrás y contemplo el buen hacer del que ya es todo un maestro en el arte de lidiar con estos miuras del río.
La contienda nunca es fácil cuando nos referimos al barbo gitano. Un ejemplar joven puede tener una potencia descomunal. Y los grandes ejemplares son maestros en el arte de domar el acero de los anzuelos.
Una grada llena de lavandas presiden una tabla en la que todo se refleja con nitidez.
Los muros de piedra permanecen impasibles y no se pronuncian sobre lo que acontece en el agua.
Tan sólo advierten una línea que arrastra una mosca hacia un objetivo que se mantiene bajo el agua.
La explosión en la superficie del agua anuncia un nuevo combate.
En este caso, el vencedor es el visitante que se había movido con cautela por la orilla.
Otra vez siento la perfección sobre mi mano.
!!Gracias, ... gracias de nuevo!!

Mi compañero me anuncia que Pepe y Kike han llegado. Toca caminar por la orilla en el sentido en el que discurren las aguas.
Una piedra traicionera me aguardaba entre la hierba, con tan mala suerte que me tuerzo el tobillo. Se produce un dolor corto pero intenso. Me levanto con dificultad y prosigo el camino, sin embargo el dolor no se disipa.
Mientras desciendo, aprovecho para hacer algún lance.
Entonces llega Kike al lugar. A pesar de intercambiar unas palabras en la distancia, tiene que esperar un rato a que me acerque a saludarlo como manda el protocolo, pues este será un saludo emotivo.
Un poco más abajo me reuno con Pepe, que es todo un veterano en la pesca del barbo gitano.
Su caja de moscas contiene todo lo necesario para afrontar cualquier situación de pesca, si bien hay que tener en cuenta que el pez tendrá la última palabra.
A pesar del viaje y de todo lo vivido durante la tarde, no había tiempo para el cansancio, si bien era recomendable irse a cenar para recuperar fuerzas.
El dolor en el tobillo no había desaparecido, pero no me preocupaba en exceso.
Tras la cena, nos fuimos para casa. Kike que ejercía de anfitrión, abrió una botella de crema de orujo, que había traído de mi tierra.
El caso es que la charla se prolongó y el dulce néctar de la botella se fue acomodando en nuestros estómagos.
Era el momento de acostarse y pensar en lo que sería la segunda jornada de pesca.

CONTINUARÁ ...