Lo cierto es que ya tenía ganas de retomar el surfcasting, pues se trata de la modalidad con la que me inicié en el mar.
Hoy no se daban las mejores condiciones, pero las ganas pudieron más, así que me levanté y puse rumbo a la playa.
Cuando me disponía a pasar bajo un viaducto de la AP-9, la Guardia Civil me indica que me detenga a un lado. Se trataba de un control de alcoholemia. Sigo las indicaciones del agente, colocando la boquilla, soplando y retirándola al finalizar. Resultado: 0,0.
Tras mostrarle el permiso de conducción, el agente me pregunta: -¿Va usted a pescar? ...
Ahí comenzó una charla de más de media hora, hablando de surfcasting, doradas, lubinas, zonas de pesca, etc. Creo que nunca me he alegrado tanto de que me parasen, pues la charla fue muy amena.
El agente me mostró las fotografías de unas doradas capturadas por su amigo Julio, que me pusieron los dientes muy largos.
La llamada de Miguel, el cual me estaba esperando, puso punto y final a la conversación, sino creo que se extendería bastante más jejeje.
Pasé por casa de Miguel para recogerlo y de ahí partimos hacia la playa, en la que nos esperaban
Juan y
Marcos.
Con todo montado, Juan se acercó con algo que las olas habían arrastrado hasta la arena. Se trataba de unas criaturas desprovistas de concha y con aspecto de ser válidos para pescar, por lo que probé suerte.
Conversando con otro pescador, supe que le llaman "caralletes", aunque sigo sin saber de qué especie de animal se trata.
Mientras aguardábamos la primera picada, me fijé que entre las algas había algunos huevos de raya o tiburón. Al apretar uno de estos, me di cuenta de que había algo dentro.
Abrí el huevo y comprobé que tenía una pequeña raya.
Estaba perfectamente formada, aunque le quedaba parte del saco vitelino por absorber. La deposité en el agua, por si esta se podía valer por sí sola y el agua se la llevó.
La tónica general de la mañana fue un viento con rachas fuertes y mucha lluvia.
La navajas que utilizamos de cebo, fueron atacadas por la morralla, pues en ocasiones los anzuelos llegaban limpios.
Un pescador encontró una
arola en la orilla y me la entregó para que probase fortuna con ella, pues se trata de un cebo muy efectivo.
Tras la recogida, el anzuelo llegó limpio, por lo que deduje que la morralla seguía por la zona.
Estuvimos varias horas sin sentir picada alguna. Cuando ya tenía las manos entumecidas, decidí terminar la jornada. Miguel hizo lo mismo, pero Juan y Marcos permanecerían un poco más.
Nos fuimos a un restaurante que hay junto a la playa. En la puerta de este colgaba un cartelito: Hay chocolate con churros.
Creo que gracias a esto pude entrar en calor rápidamente. Miguel y yo estuvimos charlando un rato, hasta que decidimos ir a ver dónde estaban nuestros compañeros.
Estos ya se encontraban recogiendo los equipos, y dado que ya era algo tarde, optamos por marcharnos para casa.
La jornada me valió para estrenar este 2014, si bien los temporales han alterado bastante los fondos.
Aquí os dejo un vídeo de lo que hizo el último temporal que azotó nuestras costas. Atentos al final, pues comprobaréis que a veces no hace falta la caña para hacerse con un pez ...