jueves, 5 de mayo de 2016

Primicia mundial

El 1 de mayo, día del Trabajo y de la Madre, comenzaba la temporada del salmón y del reo en Galicia.
En vista de este hecho, tocaba acercarse con Luis hasta el río Tea, como llevamos haciendo últimamente.
Tocó madrugar y con todo listo en el coche, nos fuimos hacia nuestro destino.
 Llegamos a la zona elegida y nos encontramos el panorama de otros años. Estacadas sin desmontar y en las que algunos todavía estaban con la fisga en la mano. Según tengo entendido, la temporada termina el 30 de abril, por lo que el 1 de mayo ya tienen que estar desmontadas estas estructuras.
Si queréis saber algo más de esta modalidad de pesca: La pesca de la Lamprea.
 Y es que los cables, andamios y todo tipo de estructuras que permanecen en el río, complican la vida a los que nos dedicamos a pescar con caña. Siempre existe el riesgo de perder señuelos enganchando en todo el arsenal de estacadas que todavía permanecían en el cauce del río.
 Espero enterarme bien de este tema, ya que merma las ganas de comenzar la temporada, pues no es del agrado de muchos pescadores, toparse con la gente haciendo ruido y desmontando las estacadas (los que lo hacen) a plena luz del día.
Tocaba echar mano de la paciencia y buscar aquellos lugares en los que no había obstáculos o "romería estaqueril". Lo cierto es que se me fue disipando la ilusión, a medida que avanzaba la mañana.
Llegamos a una zona que conocemos bien y me dispuse a vadear un poco, para buscar comodidad en el lance. Tras unos lances sin fortuna, percibí unas siluetas serpentiformes a cierta distancia de mi posición.
Eran lampreas, las cuales se encontraban a escasos centímetros de una estacada. Entonces rememoré una jornada pasada en la que unos pescadores de lamprea, desmontaban la estacada con parsimonia, a la vista de que había un grupo de lampreas a tiro de fisga. El sentido común me decía que si me marchaba de allí, no dudarían en fisgar aquellas lampreas, así que me mantuve en el mismo sitio hasta que se marcharon, consciente de que no iba a pescar nada con todo aquel alboroto.
Pero en esta ocasión, los dueños de la estacada aún tendrían que volver para desmontar la estructura y quizás las lampreas seguirían allí, para cuando eso ocurriese.
El caso es que aquellos peces antiquísimos "danzaban" alrededor de una piedra fija en el fondo, así que se me ocurrió una idea. Lancé mi cucharilla hasta colocarla junto a la piedra y cuando una lamprea la tapase, clavaría como si de una trucha se tratase.
Y entonces ... ¡¡ZAS!! ¡¡Una lamprea a spinning!!
El caso es que increíblemente venía prendida por la boca. La deposité en la sacadera para luego devolverla a su medio. Esta se desplazó río arriba buscando un nuevo emplazamiento.
 Pensé en la suerte que correrían las otras y me dispuse a proceder de igual manera.
Y ¡¡ZAS!! Otra lamprea que peleaba fugazmente hasta llegar a mi sacadera. La liberé y esta se descolgó hasta el pozo inferior.
Y así repetí la maniobra con la 3, 4 y 5. 
¡¡5 lampreas clavadas por la boca y liberadas hacia nuevos emplazamientos!!
Hubo una sexta que logró liberarse y que ascendió por el río hasta perderla de vista.
Ahora las lampreas ya se quedaban fuera del alcance de una posible picaresca por parte de los pescadores de las estacadas, ya que hay precedentes de estos hechos. NOTICIA.
Bromeé un rato con mi compadre, pues creo que sacar unas lampreas a spinning, era una primicia mundial, ya que nunca había leído algo al respecto.
De vuelta por la orilla, Luis y yo nos encontramos con dos pescadores que descendían río abajo. Uno de ellos había capturado una pintona de buen tamaño. La cara se me hacía conocida y resultó ser uno de los hermanos de Arturo Alonso.
Esta es la estampa que presentaba este puente sobre el río Tea. Meses atrás, con las intensas lluvias, el agua lo sobrepasó. Unos 7 metros más con respecto al día en que tomé esta instantánea.
A estas alturas de la jornada, ya estaba pensando en la tarde, pues el panorama de todas las estacadas montadas, no me agradaba ni un ápice.
Pasando al lado de alguna, pude comprobar que las ascuas de las hogueras que hacen para soportar el frío de la noche, estaban todavía incandescentes.
Y donde no había estacadas, quedaban los faroles con sus correspondientes cables de alimentación y sustentación.

Tras recoger los equipos y tomarnos un café y un chupito de licor café, Luis y yo nos fuimos a comer a Salvatierra. De esta manera, ya podríamos poner rumbo a casa de otro Luis.
En esta ocasión probaríamos otros colores de las cucharillas Mapso. Al llegar a casa de Luis, tocaba saludarlo a él y a Bullma, a la vez que le presentaba a mi compañero de pesca.
Una vez allí, me dispuse a montar algunas cucharillas con anzuelos simples, junto a otras con anzuelos triples Daiichi y una con anzuelo gamakatsu con muerte Falkus, la cual se dispone por fuera de la curva de este.
Ya en el río, las cucharillas comenzaron a hacer de las suyas. El primero en estrenarse fue Luis con esta bonita trucha, en una zona de fuerte corriente.
Poco después, yo me hice con una boga, cosa que me provocó una grata sorpresa jejeje.
Tras ponernos de charla con otros dos pescadores que aparecieron por el lugar (padre e hijo), proseguimos con la pesca. Luis, nuestro anfitrión capturó una pequeña pintona, que volvió a su medio rápidamente.
 Poco después, Luis, mi compadre, se hizo con este reo, el cual sucumbió al artificial de color cobre.
Y luego fue nuestro anfitrión, el que repitió con otro pequeño reo.
Ya sólo quedaba yo por bautizarme con un salmónido, así que a insistir en distintos puntos a lo largo del cauce del Padre Miño.
Llegué a una zona donde el sol ya se disponía a desaparecer. Fue entonces cuando el sueño comenzó a apoderarse de mi. El madrugón había sido demoledor y no había parado para echar una cabezadita, cosa que mi compañero sí había hecho.
Por ello nos fuimos a casa de Luis para tomar un café, charlar de pesca y luego poner rumbo a casa.
19 horas a pie, son muchas horas para haber estado machacando río y de tertulia, así que esta vez tocaría dormir a pierna suelta jejeje.

viernes, 22 de abril de 2016

Testeando nuevo material

El domingo tocaba hacer una visita a Luis.
 Madrugué bastante para ir con calma, ya que el día no estaba para andar apurado, así que a las 5:30 am en pie para desayunar y poner rumbo a la Galicia profunda.
Descendiendo por el valle, comenzó a llover, lo cual no me agradaba mucho, pero a buen seguro que habría oportunidad de hacer unos lances en el río Miño.
Nada más abrir la puerta de la casa de Luis, Bullma (su perrita) me recibió agitando el rabo enérgicamente. Saludé a mi anfitrión y este pasó a mostrarme las cucharillas que serían protagonistas en la jornada de hoy. Cristina López Pardo le había enviado gran cantidad de material para probar en el río.
Luis me puso al corriente de todas sus virtudes y de las capturas que había hecho los días previos.
Las carácterísticas que Luis enumeraba, me parecían muy interesantes, ya que estas cucharillas reúnen una relación peso-tamaño excelentes, buen giro, un anzuelo triple de calidad, etc. Y además, estos señuelos Mapso son fabricados en España: http://mapso.es/es/
A continuación montamos algunas cucharillas, con ayuda de los alicates. La ventaja de poder confeccionarlas uno mismo, es que combinaríamos colores y pesos a nuestro antojo.
Con el día inaugurado, salimos de casa pertrechados con todo lo necesario para la jornada.
Una vez que Bullma ya estaba en el coche, pusimos rumbo al destino elegido.
El Miño presentaba un caudal sobrecogedor. La fuerza del agua nos daba una idea de que había que ser cautos a la hora de adentrarse en las orillas del cauce.
Pero primero teníamos que hacer una visita a un río cercano, pues tenía ganas de conocerlo un poco más, ya que este se asemeja a los ríos a los que estoy acostumbrado a pescar. Cauces de poco porte, donde hay que echar mano de la técnica para arrancar de sus aguas alguna trucha o reo.
La visita por este paraje encantador, nos acercó a la hora de la comida, así que fuimos a reponer fuerzas, para luego irnos hasta el escenario principal de la jornada.
El Miño presentaba un caudal exagerado, pero mucho menor de lo que había tenido días atrás con las abundantes lluvias. A más de 5 metros del nivel actual, podíamos contemplar los vestigios de lo que el agua había depositado en las ramas de los árboles. Impresionante lo que un río como este es capaz de hacer.
Para llegar hasta el cauce principal, había que vadear por el bosque. Zonas que la mayor parte del año permanecen a salvo del agua, se presentaban ahora anegadas por la crecida del río.
Teníamos que buscar accesos para encontrar algún punto desde el que ofrecer nuestros señuelos.
Bullma nos seguía hasta donde podía, como si de una ganchera cuadrúpeda se tratara jejeje.
Sin duda es una delicia contemplar a esta fiel compañera de pesca, ya que no se despega del lado de Luis, salvo cuando percibía los efluvios de algún animal salvaje.
Llegamos a una zona en la que pudimos efectuar algunos lances, no sin ciertas dificultades.
Allí pude comprobar lo que Luis me había comentado con anterioridad. Las cucharillas Mapso tenían una capacidad de lance extraordinaria, se mantenían en el agua hasta la misma orilla, girando con mucha facilidad al transmitir un mínimo de tracción. Sin duda un gran aliado para dar con alguno de los tesoros que el Miño esconde en sus aguas, en forma de truchas, salmones, reos, sábalos, etc
La tarde avanzaba y el río parecía empeñado en quitarnos la ilusión de clavar algún pez.
En el último punto elegido, me dediqué a observar a mi compañero, tentando a los moradores del río.
Con la bajada del sol, la luz comenzó a perder intensidad y en ese momento, las picadas comenzaron a sucederse. Sin embargo, los peces eran reacios a picar, hasta que finalmente, un reo se quedó prendido del anzuelo. Este presentó una buena pelea hasta que llegó a la orilla. Digamos que el objetivo del día de hoy era pescar algún sábalo y seguramente fue uno de estos el que le rompió la línea a Luis, tras una picada de las que paran el señuelo en seco. Y es que estos peces tienen fama de luchadores incansables, que no se doblegan ante la voluntad del pescador, y por ello los buscamos con ahínco, durante toda la jornada.
 Ese día no hubo suerte, pero en la siguiente salida, Luis consiguió hacerse con otro potente sábalo, que sucumbió a una Mapso fluorescente.
Espero que todavía haya días para poder tentar a estos magníficos peces, pues tengo ganas de medime con uno al otro lado de la línea.

martes, 19 de abril de 2016

9 años de blog

9 años, nada más y nada menos. !!Qué lejos quedan los comienzos en este mundo virtual¡¡
Han sido tantas las jornadas de pesca y los compañeros con los que he compartido dichas salidas, que sería muy largo de comentar.
Este año quiero hacer alusión a unos compañeros de pesca muy especiales, porque he compartido grandes momentos con ellos, tanto en la pesca como en la vida, ya que son muy buenos amigos. Y gracias a ellos que me han animado a su manera, sigo al pie del cañón.
 Walter, "El Tanero", no necesita presentación, porque es más que conocido en este mundo virtual.
Como pescador siempre trata de superarse, aunque como persona no lo logrará, porque para mí ya está en lo más alto.
Le agradezco la confianza depositada en mí, en asuntos de diversa índole, y también las gratas jornadas que he pasado en su compañía. A él y a Iria les estaré eternamente agradecidos, por el trato recibido, cada vez que los visito. Por supuesto también me acuerdo de Zack (d.e.p) y de Tana, que son miembros exclusivos de dicha familia.
Adrián, que además de buen amigo es compañero de trabajo, es otro de esos pilares con el que a menudo hablo de pesca. Las circunstancias hacen que no vayamos tan a menudo como quisiéramos, sin embargo está asegurada la diversión, ya que la pesca nos evade de tal manera, que siempre surgen las conversaciones más inverosímiles.
Luis es el compañero de pesca que comenzó en este deporte al mismo tiempo que yo. Crecimos como pescadores, lo cual hizo que pasáramos tiempo de competición entre nosotros, hasta de absoluta cordialidad, más propia de amigos de verdad.
Hay jornadas en las que no hace falta articular palabra, ya que nos conocemos a la perfección. Eso sí, más vale que piquen los peces, porque en caso contrario, las lágrimas de las risas llegarán por litros.
Rubén es el compañero con el que por el momento sólo puedo aspirar a pescar en el mar, ya que el río no le le llama por ahora, aunque el tiempo lo dirá.
Confía en mi criterio a la hora de planificar algo, si bien a veces sugiere ampliar horizontes, cosa que comparto. Son muchas las ocasiones en las que nos movemos por la geografía gallega para ir probando nuevos escenarios y la verdad es que es un buen copiloto, tanto en la pesca como en la vida.
José Antonio es el que me complementa a la hora de afrontar nuevos retos en la pesca fluvial. Son muchas las ocasiones en las que planificamos ciertos hitos, aunque a veces el tiempo no deja llevarlos a cabo, pero se quedan en la cabeza, aguardando su momento. Por ahora, es capaz de seguirme el ritmo, así que todavía nos quedan muchos ríos por tocar y muchas cervezas que degustar.


A lo largo de los años, he podido disfrutar de jornadas de pesca con gran cantidad de gente que sería anónima para mí, si no fuese porque las redes sociales nos conectan a todos.
Siento afinidad por la gente que al igual que yo, tienen un blog de pesca, ya que en cierto modo, terminas por tener una idea de la filosofía del pescador en cuestión.
Y con el tiempo encontré un medio para colaborar en cierto modo con dicha gente.
Me vienen a la memoria casos en los que el tiempo hizo posible conocernos en persona, lo cual añade valor a ese vínculo, más allá de la pantalla y el teclado.
 Casos como el de Miguel, que me regaló una gorra personalizada:
http://solorobalizas.blogspot.com.es/2011/12/logo-blog-solorobalizas.html
Manel, que me obsequió con una camiseta:
http://pescamanel.blogspot.com.es/2012/05/camisetas.html
Salah, que en sus vacaciones me agasajó con un impermeable:
http://aeromec-surfcasting.blogspot.com.es/2014/04/mi-nuevo-logo-oficial.html

Son casos que valoro y que me animan a seguir la misma senda, de cara al futuro. Si algo te ha dado tantas satisfacciones, no hay motivos para cambiarlo.


A estos casos antes mencionados, hay que añadir el hecho de que otra gente a la que no conoces, haga mención de tu trabajo, con lo cual, tengo un plus de motivación para seguir ofreciendo mis experiencias a través de este medio.
El caso más reciente es el de Ricky, que me incluye en un grupo de blogs, los cuales le gustan por diversos motivos. Su comentario, digamos que es el reflejo de lo que trato de transmitir desde este espacio.
Me gustaría poder responder a los comentarios como él lo hace, pues en eso hay que decir que se lleva la palma.


Y para finalizar, le doy las gracias a todos esos pescadores a los que he conocido en quedadas, a pie de río o del pedrero y a todos los que han estimado oportuno dejarme un comentario en el blog, pues gracias a ellos, también proseguiré con este proyecto.

¡¡¡Por todos vosotros, voy a por los 10!!!

viernes, 15 de abril de 2016

El vacío de un gran pescador

Corría el año 2008 cuando conocí a Diego. Fue en una jornada de pesca de black bass.
El tiempo y el estusiasmo por este pez hizo que fuéramos buenos compañeros de pesca, pues compartíamos una misma filosofía con respecto a este deporte.
Cuando él me hablaba de su tierra (Argentina), me dejaba maravillado por todo lo que elataba. Pero había algo que resaltaba en muchas de nuestras charlas de pesca y eran las historias de pesca con su padre (d.e.p).
Su progenitor fue pescador y cazador en una época y en una tierra donde la abundancia era la situación predominante. Las jornadas de innumerables capturas estaban a la orden del día, junto con otras en las que las piezas eran de porte considerable.
José Antonio era hijo de Antonia y Antonio. Este último, pescador de gran destreza, en los ríos de su Ourense natal. Pude conocerlo a él y a su mujer hace algunos años, en unos de sus viajes desde Argentina a Galicia. Este hecho me hizo conocer un poco más sobre la figura de José Antonio.
Sobre estas líneas, el padre y el abuelo de Diego en una buena jornada de pesca tras las corvinas.
José Antonio nació el 30/11/1949, emigrando a Argentina a la tierna edad de 21 meses.
Una enfermedad se lo llevó a los 47 años, en lo que consideraría lo mejor de su vida.
5 hijos de los que disfrutar, era un buen motivo para aferrarse a la vida. Pero la enfermedad no tiene piedad en muchos casos, por lo que Diego, Fernanda, Nicolás, Melanie y Leticia perdieron a su padre. Un padre que lo era todo para Diego, como podía escuchar cada vez que mi amigo se acordaba de él.
Volvió a España en dos ocasiones, con 18 y 23 años. En aquel entonces pudo pescar en las aguas del río Miño, el padre de los ríos gallegos.
Pero fue en Argentina donde consiguió grandes logros como pescador y persona.
Argentina posee gran cantidad de ríos y lagos, junto a una franja de costa muy extensa.
Por medio de los relatos de Diego, me familiaricé desde la distancia con escenarios como Laguna Mar Chiquita, Laguna Chascomús, Río Paraná, Río de La Plata, etc.
Podría contaros excelentes anécdotas con Diego y su padre como protagonistas. Relatos con situaciones muy cómicas y que recuerdo con una enorme sonrisa, con nombres como "El rastrojero y las gallinas", "El zorro y la furgoneta", "La liebre y la vía del tren", "El perro y el filete" y un largo etc.
Sí os contaré algo sobre una anécdota a la que llamo "La pesca y el hambre". Diego y su padre habían conducido muchos kilómetros. Digamos que una jornada en la que se desplazaban más de 600 kilómetros eran normales, aunque no frecuentes. Creo recordar que iban a pescar el pejerrey en una laguna. Cuando estaban preparando las cosas para comenzar a pescar, Diego le dijo a su Padre "Viejo ¿Y la comida?". A lo que su padre respondió "Hoy vamos a comer de lo que pesquemos". El caso es que en aquella jornada los peces no estaban por la labor, lo cual hizo aquella situación un poco más graciosa. Finalmente capturaron una carpa que degustaron con la única compañía de un poco de sal jejeje.
Aquel día Diego echó de menos los asados en los que hacía falta coger la bicicleta para echarle la sal jejeje.

Desde aquí quiero rendir un homenaje a la memoria de José Antonio

jueves, 31 de marzo de 2016

Por una pesca más justa

Son muchas las medidas que toman las administraciones cada año, con la voluntad (quiero pensar) de mejorar lo que había hasta ese momento, en lo referente a la normativa de pesca.
El caso es que a menudo tengo la sensación, de que quienes redactan estas normas, no se dejan asesorar por gente que conozca bien el tema, ya que me consta que algunos de los responsables de dichas medidas, no tienen una titulación que esté relacionada con su función.

Yo pienso que todo el mundo tiene derecho a pescar con las modalidades de las que son practicantes habituales. No se debe criminalizar a una persona, porque utilice un método de pesca que no es el que nosotros utilizamos.
Algunas veces se dice que un método es más eficaz que otros y que por lo tanto, hace más "daño" a las poblaciones piscícolas. Particularmente creo que los cupos están para limitar ese "daño". Es decir, uno puede pescar el cupo de truchas con lombriz en una hora y otro hacer lo mismo con una cucharilla en dos horas y otro con mosca en cinco. En todos los casos el resultado es el mismo. La única variante ha sido el tiempo empleado.
La administración se da cuenta de que hay que apostar por la pesca sostenible. Prueba de ello es que los cotos de pesca sin muerte son más baratos que los de pesca con muerte, los tramos libres sin muerte van aumentando en número cada año, etc.
Sin embargo, se van desplazando a los pescadores que utilizan cebos naturales, cuando para mí son modalidades de pesca que hay que preservar. Lógicamente, se pueden tomar medidas para que estas artes sean menos lesivas. Se podría aumentar el tamaño de los anzuelos empleados y que estos estuvieran desprovistos de muerte, por citar dos ejemplos.
Cuando un pescador de mosca utiliza una imitación de grillo, se está basando en una modalidad de pesca ya existente, si bien el cebo pasa a ser artificial y el método para depositarlo sobre el agua, es diferente.
No me parece lógico que a un pescador de cierta edad, que ha pescado toda su vida con una lombriz, le quieran meter ahora la modalidad de la mosca o el spinning a la fuerza, en cierto modo, para pescar en los tramos sin muerte, que como ocure en algún caso, es el río que tiene al lado de casa.

Este año por ejemplo, se incorpora en la normativa gallega, una puntualización con respecto a la pesca con varal. Esta consiste en utilizar un trozo de línea en el extremo de una caña sin anillas. Por norma general se suelen emplear cañas bastante largas (5,6 ó 7 metros), con un trozo de monofilamento de 1-1,5 metros.
Este año, la normativa dice que el trozo de hilo debe superar la mitad de la longitud de la caña.
¿Cual es su propósito? ¿Que pesquen menos? ¿Que lo hagan con más dificultad?
Supongamos que yo empleo una caña de 7 metros para pescar con la modalidad del varal. Mi trozo de hilo debe ser más largo que 3,5 metros. En primer lugar, esto me imposibilita a pescar en muchos ríos en los que la vegetación de ribera es muy tupida. En los ríos en los que las ramas de los árboles estén bajas, también me condicionaría. 
Si el problema es que esta modalidad es muy efectiva en estos ríos cerrados, basta reducir el cupo para todas las modalidades, ya que las otras disciplinas serán más adecuadas en otro tipo de ríos, por lo que su efectividad también será mayor, y habría que penalizarlas utilizando el mismo criterio.
Algo que me fastidia de esta medida, es que la pesca con varal desde la orilla, es la menos lesiva de todas las que conozco. La razón es bien sencilla, ya que partimos de que la pesca a mosca, ya de por sí es la menos perjudicial para los peces. La salvedad es que en la mayoría de los casos, la pesca a látigo (con cola de rata) se practica vadeando, mientras que el que pesca con varal desde la orilla, no necesita introducirse en el agua.
Y esto lo digo, porque evidentemente, el vadeo es perjudicial para los ríos. De hecho, en algunos ríos de países europeos, no se permite. Incluso la administración gallega nos recomienda limpiar y desinfectar nuestros vadeadores y botas después del ejercicio de la pesca. ¿Por qué? Pues porque en el fieltro de las suelas o en los cordones, podemos portar larvas o organismos perjudiciales para otras cuencas (moco de roca, cangrejo americano, etc). Yo de hecho, en una ocasión llevaba una cría de cangrejo americano en los cordones de las botas, cuando salía de pescar del río Miño, con el correspondiente "peligro" para otro lugar al que fuera a continuación.
En una guía de vedas de Argentina, pude leer que en la Patagonia obligan a llevar un vadeador y botas previamente desinfectados si se quiere pescar allí, y que el protocolo se repetirá al cambiar de río.
Otro punto en contra del vadeo es el daño que se hace a la ya de por sí, maltrecha población de mejillón de río. Y esto se debe a que los mejillones de río están en el fondo del cauce. Si vadeamos, existe la posibilidad de que pisemos los adultos o inmaduros de esta especie, contribuyendo a su desaparición. El que no vadea, no genera este problema. Esto pude vivirlo de primera mano pescando en el río Masma.
De hecho, si los tramos sin muerte tienen como finalidad el mantener una población ictiológica estable y de calidad, sería una buena opción aportar nuestro grano de arena prohibiendo el vadeo en sus aguas.
Pero claro, entonces algunos de los que pescan con cola de rata o a spinning, pondrían el grito en el cielo. ¿Por qué? Porque les afecta directamente. Pues ahora es lógico que los pescadores de varal lo hagan y por ello reciben todo mi apoyo.

En clave humorística y con afán de ayudar a este colectivo, propongo un montaje que según la ley sería válido, y que en esencia sería pescar como hasta ahora. Me explico: Si un pescador utiliza una caña de 7 metros, debe pescar como mínimo, con 3,5 metros de hilo, colgando del extremo de la caña. Pues bien, si habitualmente usaba 1,5 metros colgando de la caña, bastará con coger un trozo de monofilamento de 4 metros (supera la mitad de la longitud de la caña). A continuación tomamos el hilo y medimos 1,5 metros. El resto de hilo hasta completar los 4 metros, lo plegamos sobre el trozo de 1,5, repetidas veces, en pliegues de 20 cm. Ese hilo plegado lo afianzamos con un trozo de cinta adhesiva o con dos trocitos de monofilamento anudados. Con ello tenemos 4 metros de hilo colgando del extremo de la caña, pero con sólo 1,5 desplegado. De esta manera uno se ajusta a la legislación y puede pescar prácticamente como hasta ahora. Si es que soy un fenómeno jejeje.

Como decía anteriormente, como norma general, me parecen bien todas la medidas encaminadas a mejorar las poblaciones piscícolas. Sin embargo, creo que para mantener dichas poblaciones, lo primero es disponer de un hábitat adecuado para sus moradores. Y digo esto, porque los pescadores pueden contribuir a reducir la población de peces en un río, lago o embalse. Pero un vertido puede acabar con todo el trabajo de conservación hasta la fecha del desastre. Y es que el vertido no sólo afecta a los peces, si no a los macroinvertebrados y demás fauna y flora del biotopo.
Hace poco leí una noticia sobre el río Sar, en la que se han encontrado altas dosis de Ibuprofeno, además de otras sustancias. Entiendo que esto puede favorecer a los peces, ya que muchos ya pasarían de consumir peces de ese río. Sin embargo hay quien en lugar de tomarse una aspirina, se comería unas truchas con jamón, aliviando el dolor de cabeza y mitigando su apetito.
 Por otro lado, seguimos con una ley muy laxa con respecto a la contaminación. Mientras el beneficio obtenido de un vertido o crimen medioambiental, sea mayor que la sanción, no tenemos nada que hacer.
Recuerdo el caso del río Lagares en el que se abría un tramo de pesca sin muerte. Días después, un vertido aniquilaba toda forma de vida animal en el río. Truchas, anguilas (especie protegida), mújoles, reos, ranas, etc.
O sea, que se crea un tramo sin muerte para los pescadores, pero con muerte para las empresas o particulares que quieran hacer de las suyas.

Podría extenderme mucho más, hablando de temas relacionados, pero en este momento me dispuse a crear esta entrada para solidarizarme con el colectivo de pescadores de varal, ya que creo que si vamos renunciando a nuestros derechos, luego serán más difíciles de recuperar.

Aquí podéis leer algunas peticiones de este colectivo, las cuales me parecen muy sencillas y sensatas:
 http://www.miguelpesca.com/especiales%202%20varal%202016.htm
Carta remitida a la Xunta:
http://www.miguelpesca.com/especiales%202%20barbeito%202016%20varal.htm

sábado, 26 de marzo de 2016

Un escenario de preparación

En esta ocasión, me fui con José Antonio a prospectar un nuevo escenario de pesca, el cual a su vez serviría de preparación para ir cogiendo fondo de cara a futuras jornadas..
 La mañana se presentaba fría y las brumas matinales todavía permanecían en el fondo del valle.
Hubo que cambiarse a toda prisa, ya que el frío no es nada agradable mientras se está parado.
Con todo listo, comenzamos con la pesca, en un río que se presentaba con un buen caudal.
 Tener que luchar con la corriente en algunos puntos, fortalece las piernas, lo que facilita la pesca posterior en zonas menos complicadas.
 José Antonio fue el primero en estrenarse y poco después me tocó a mí.
A pesar de tratarse de un tramo libre sin muerte, no se veían demasiadas truchas por el lugar, si bien la mejor parte abrirá en mayo, con la desveda del reo y salmón.
 Pudimos hacernos con alguna truchita más, si bien el anzuelo sin muerte dificulta la tarea.
Hay que andar raudos si se quiere admirar la librea de estas pintonas tan bravas.
En una zona de cierta dificultad, mi compañero logró engañar a esta trucha, si bien mis reflejos fueron necesarios para meterla en la sacadera.
Las redes de silicona facilitan enormemente la liberación de los peces, además de resultar menos lesiva para su mucosa corporal.
 Las ranas aparecían en muchas zonas tapizadas de mullidos musgos. En estos ambientes proliferan gran cantidad de insectos y estos anuros están al acecho.
 Supongo que se tratan de ranas bermejas, ya que estas son abundantes en esta zona de la península.
Conmigo se portaron bien, pero cuando José Antonio quería tomar una foto, estas se precipitaban al agua.
 Desde este punto pudimos divisar el límite superior de este tramo libre sin muerte. Se trataba de una tabla con cierta profundidad, que podía albergar algún ejemplar de cierto porte, ya que este río se llena de grandes truchas en invierno, si bien el único objetivo de estas es la procreación.
Quizás algún "listillo" fuera conocedor de este hecho y por eso colocó un "durmiente" atado al puente de metal que limita dicho tramo.
Son prácticas que no tienen que ver con este deporte, pero que a veces se siguen llevando a cabo.

lunes, 21 de marzo de 2016

Un nuevo comienzo

Este domingo llegaba la tan esperada fecha de apertura de la temporada truchera.
El madrugón no era necesario, pero ya es costumbre hacerlo de todos modos.
Llegué el primero al lugar elegido y aguardé por Luis que tardó un poco más.
 Tras prepararnos, tomar un café y un chupito de aguardiente tostada, aguardamos la hora de comenzar.
Con las primeras luces, mi compañero inauguraba su marcador personal. Una trucha que disfrutó de lo lindo con un equipo muy ligero.
Un poco más adelante, volvió a tener la suerte de cara y se hizo con su segunda pintona.
A partir de ahí llegaron varias picadas a mi cucharilla, pero no fui capaz de clavar alguna, por lo que me quedé con la miel en los labios.
 Prosiguiendo con la jornada, tuve una potente picada que no se materializó. Eso hizo que me mosquease un poco, ya que no era normal lo que ocurría.
Sin embargo me alegré porque Luis ya había sacado su tercera trucha.
 Nos aproximamos hasta una zona del embalse que en tiempos pretéritos era de lo mejor.
Hubo alguna picada más, pero fallida. Luis me ofreció entonces una cucharilla, con un anzuelo de menor tamaño.
Agradecí el detalle, ya que no disponía de ese modelo, que tantas alegrías nos había dado en otras ocasiones.
 Y así comenzaron a materializarse las picadas. Esta fue la primera trucha de la temporada, que se fue de vuelta a su medio, tras una breve contemplación de su librea.
 Poco después salía esta otra, que manipulé con mimo antes de liberarla.
Esta trucha me hacía rememorar otros años en los que era normal capturar ejemplares mayores.
 No transcurrieron ni un par de minutos, y ya estaba disfrutando de otra pintona al otro lado de la línea.
Lo cierto es que es una gozada verlas marchar hacia sus guaridas, con el deseo de toparse con ellas en otra ocasión.
 A la fiesta también se sumó un pequeño reo (de ciclo cerrado), de los que utilizan el embalse como si del mar se tratase. De esta manera cumplen su ciclo vital, lejos del ambiente marino.
Son capturas atípicas, pero a veces toca deleitarse con sus saltos fuera del agua.
Por la tarde me fui con mi amigo José Antonio, hasta un pequeño curso fluvial.
Él ejercería de acompañante desde la orilla, mientras yo trataría de clavar alguna trucha.
En los primeros compases pude ver pequeñas truchitas persiguiendo mis señuelos, pero no se contemplaban ejemplares de cierto interés.
Por ello, me aventuré por un arroyo, afluente del río inicial.
Y aquí pude capturar esta bella pintona, que se encontraba bajo la seguridad de un puente.
No estiré más la jornada, porque quedaba pendiente el ritual de las cervezas tras la pesca, así que di por concluida la jornada.

miércoles, 16 de marzo de 2016

A las puertas otro año más

Tocaba reencontrarse con el mar en una jornada de spinning acompañado de Rubén.
La apertura de la temporada de pesca fluvial se acerca y habrá que ir compaginando las especies de agua dulce con las marinas.
Encontramos un lugar ideal para ir tras las lubinas, pero tras sopesar los riesgos, nos desplazamos hacia una nueva zona. Esto provocó que comenzásemos a pescar ya de día, lo cual no menguó las ganas de dar con alguna loba.
Desplegamos todo el arsenal para prospectar la mayor cantidad de puntos calientes.
No parecía haber actividad, así que fuimos recorriendo la franja de costa más próxima.
Entre las rocas me encontré con una gaviota que se había fracturado un ala. Se encontraba muy débil y con un peso ínfimo. A lo largo de estos años me he encontrado varios ejemplares en la misma situación y mi pensamiento siempre es el mismo: la muerte por inanición tiene que se muy cruel.
También nos cruzamos con un hombre que recogía erizos.
Hice un alto en el camino para que me comentase algo sobre la recolección y la preparación de este equinodermo, ya que siempre tuve esa curiosidad.
Agradecido por la información, proseguí mi camino.
Decidimos terminar la jornada en una playa cercana.
Aquí tampoco hubo actividad por parte de los peces, así que nos tocó recoger los equipos y poner rumbo hacia el coche.
Por el camino nos encontramos con este graffiti, que nos valió para "tocar escama" jejeje.
Y es que un bolo no debe acabar con el buen humor de un pescador. Al menos es mi opinión.