martes, 13 de julio de 2010

Pescando entre la niebla

Cuando iba conduciendo por la autopista, me encontré con una espesa niebla que dificultaba la conducción. Esto ocurría en una zona de bastante altitud, pero lo que no me imaginaba es que a nivel del mar, la niebla también estaba presente de manera notable.
A pesar de esto y de que el mar estaba bastante pasado, mi hermano y yo nos preparamos para dar unos lances por la zona.La zona estaba plagada de pescadores, tanto de rockfishing como spinners de mar. Aún así buscamos zonas en las que lanzar nuestros señuelos y poco después de que mi hermano capturase una lubineta, yo saqué este abadejo.Caminando a lo largo de las rocas, encontramos otro lugar desde el que poder pescar y mi hermano capturó una hermosa aguja.
Otra pieza para el agua y a seguir buscando lugares donde poder ofrecer nuestros señuelos.Hoy estábamos un poco más inquietos por la bravura del mar, por lo que descartábamos las zonas potencialmente peligrosas. Aunque en esta costa no hay zona que no lo sea.La niebla comenzó a cubrir las zonas por las que andábamos. Esto permitía que la luz no llegase con tanta intensidad al agua, pero dificultaba por momentos la visibilidad de las zonas en las que pescábamos.Con el sol desplegando todo su fulgor creía que la niebla se disiparía, pero esta debía ser bastante testaruda porque no se doblegó ante el astro rey y permaneció inamovible como las rocas sobre las que nos encontrábamos.En una zona somera tuve una picada de un pez que no llegué a divisar en la distancia. Insistí en los alrededores pero no obtuve respuesta alguna.
Mientras cambiaba de zona, encontré un chivo de los que hace mi amigo Jose. Lo sabía por algunas características únicas que presentaba.Utilizando un popper mi hermano engañó a una lubina.
La zona estaba colonizada por las laminarias. Estas algas comienzan a ser un problema, pues la manera en la que se aferran al soporte rocoso hace que se pierdan algunos señuelos, ya que es muy difícil que se desprendan de su emplazamiento.Mi hermano observó como un hombre y una mujer sacaban un pulpo entre las rocas. Nunca me he detenido a mirar cómo se saca a uno de estos cefalópodos, pero seguro que algún día lo haré, pues es un animal que despierta mi interés por la gran capacidad que tiene para camuflarse y acechar a sus presas o la magnífica defensa que puede desplegar ante un depredador.
En esta zona de cantos rodados, mi hermano avistó a un visón que portaba un pez en su boca. No pude distinguir si se trataba de un visón americano o uno europeo a pesar de que pasó cerca de mí.En una pequeña poza pude observar a un par de peces que nadaban frenéticamente. En un principio pensé que se trataba de alevines de caballa, pero con ayuda de mi hermano capturamos uno para su identificación. Se trataba de una "xoubiña" (sardinilla). Estas son unas de las responsable de que las lubinas frecuenten ahora mismo nuestras costas, pues la reina de la espuma persigue a este pez con gran ahínco.En una ensenada en la que queríamos finalizar la jornada, nos encontramos con gran cantidad de algas flotando en el agua, por lo que decidimos no probar suerte.
La mañana no había proporcionado muchas capturas, pero nos dejó volver como habíamos llegado y eso es algo de agradecer.

lunes, 12 de julio de 2010

"Redondeando" las capturas

Después de una jornada matinal tras las lubinas, tenía ganas de pescar algún bass, pues los tenía algo abandonados. Así que por la tarde me dispuse a pasar unas horas en busca de estos centrárquidos.
Sabía que los grandes ya habían buscado profundidades mayores, pero podía haber algún despistado por las orillas, por lo que monté el equipo y comencé a pescar.Comencé pescando con peces artificiales, y los resultados fueron unos basses de poco porte.
Miré como un pescador sacaba un bass juvenil y a continuación lo ensartaba en una rama por las agallas para llevárselo. (supongo que para su consumo).Hay zonas en las que la maleza se ha adueñado de las orillas. Desde estas zonas más inaccesibles comencé a observar peces de mayor tamaño y más luchadores que sus hermanos pequeños.Todavía se pueden observar a grupos de alevines pululando entre la vegetación sumergida.
Son momentos críticos pues son vulnerables ante los depredadores y su curiosidad hace que salgan de sus escondites.En esta zona probé con un popper y después con un pequeño paseante que desencadenó un brutal pero fallido ataque. Insistí nuevamente, pero el bass no volvió a aparecer para tomar el señuelo.Cambié nuevamente de señuelo y coloqué un pez artificial hundido, pues miré algún ejemplar de tamaño interesante, al que podría engañar.
Mientras cobraba una pieza, otros individuos se acercaron para seguirlo. Desconozco este comportamiento, pero si se tratase de un pequeño ejemplar, quizás sería atacado sin piedad, como ocurrirá dentro de un mes aproximadamente.Tuve que dejar una amplia zona sin pescar, debido a la gran cantidad de maleza y al nivel de las aguas, pero ahora tocaba probar suerte en una zona de aguas someras.En vista de que las ranas croaban y saltaban en una zona de vegetación semisumergida, aproveché para estrenar unas ranas de vinilo que había comprado días atrás.
A pesar de sus convincente movimiento, no hubo respuesta alguna por parte de los basses.Gracias al cobijo que me proporcionaban los árboles, pude sacar varios peces desde una misma posición, si bien no clavé ninguno de buen tamaño.
Debía probar suerte bajo las ramas de alisos y sauces, pues anteriormente había escuchado como los basses se alimentaban en esas zonas.Y efectivamente salió uno en dicha zona. No muy grande pero muy peleón pues había muy poca agua y el bass debía notar que estaba en serios apuros.
Por suerte para él, practico el "captura y suelta" para que algún día me proporcionen mayores satisfacciones.En las zonas de sombra fueron saliendo ejemplares algo mayores que en el inicio de la jornada, pero los grandes de verdad todavía no se divisaban y como el tiempo iba en mi contra, me limité a pescar únicamente en las orillas.Este "basilio" apareció como un rayo para tomar el vinilo sin contemplaciones. No sé si fue por su voracidad o por su oportunismo, pero la picada fue espectacular.Ya llevaba un buen número de piezas sacadas, pero quería sacar alguno de los grandes. Sin fortuna lo intenté en una zona que suele proporcionar buenas capturas, pero por lo visto no era el momento ni el día.Quise redondear hasta las 35 capturas y finalmente lo conseguí. Ahora ya me podía marchar tranquilo y lanzar exclusivamente en las zonas más apropiadas.En una zona profunda estuve a punto de capturar un buen ejemplar, pero este se movía con lentitud y no parecía tener ganas de degustar mi engaño.
Clavé un par de ellos en la parte final del recorrido por lo que ahora quise redondear hasta los 40 peces.
Cuando lo conseguí, aún me quedaban un par de zonas en las que intentarlo.
Cuando me dije: - "Este es el último lance", me picó un bonito bass que logró soltarse del anzuelo. Le siguieron dos lances más (estos sí eran los últimos jejeje) y ahí finalizó la jornada.

sábado, 10 de julio de 2010

Con las olas en los talones

La noche anterior había quedado con mi hermano para llevar a cabo una jornada de pesca matinal por la costa sur gallega.
Mientras nos cambiábamos, apareció Julio (que ya estaba pescando en una zona más al norte).
Cuando ya estábamos preparados, bajamos hasta las rocas y comenzamos a pescar.El mar estaba bastante movido, por lo que había que andarse con cuidado. Los primeros lances no obtuvieron respuesta así que comenzamos a movernos por la costa en dirección sur.El sol estaba a punto de aparecer tras las montañas y la marea pronto comenzaría a subir.
Mi hermano probaba suerte con un minnow y Julio hacía lo mismo.No estaba el mar para paseantes ni señuelos ligeros, sino para chivos o cucharas ondulantes.
Pero los minnows que últimamente nos están dando tantas alegrías requieren de menor esfuerzo a la hora de ser lanzados.
Julio sacó la primera pieza de la jornada. Una lubina que sucumbió ante el pez artificial, movido en una zona más calmada.Poco después mi hermano cobraba una aguja, que últimamente están presentes en nuestras salidas de pesca marinas.
Son peces tremendamente luchadores y en especial si tienen un tamaño considerable.
A continuación yo perdí una aguja, por un problema con la linea trenzada.Después de la "presión" a la que me vi sometido tras ambas capturas y la pérdida de la aguja, yo respondí con una bonita lubina.
A pesar de pasar holgadamente la medida, la liberé para intentar sacar una mayor.Con la marea comenzando a subir, el mar se puso más bravo. Ahora había que andar con mucho ojo, pues las olas barrían las rocas a las que pretendíamos acceder.
En una de las recuperaciones, observé como dos enormes olas se formaban. Apuré la recogida y me preparé para recibir la primera, de frente. Con el señuelo a salvo, la segunda me golpearía con violencia, así que en tres saltos me puse a salvo sobre una roca más alta.
La ola se deshizo y nos sobrepasó sin consecuencias para nosotros.Después Julio tuvo que apresurarse ante la repentina llegada de otras dos olas de buenas dimensiones.
Esperamos un rato a que se calmase el mar y proseguimos prospectando el lugar.A continuación saqué esta otra lubina, que a pesar de ser de menor talla que la anterior, me dio más guerra.
Sólo con la ayuda de Julio pude ponerla en seco, pues la linea había quedado prendida entre una piña de percebes.Con el mar casi impracticable, comenzamos la retirada.
Mi hermano y Julio se pusieron a charlar, por lo que decidí insistir en una zona que podía dar alguna pieza más.
En un momento miré como una lubina seguía mi señuelo, pero sin atacarlo.Después de un buen rato lanzando, miré como una lubineta seguía mi señuelo, el cual llevaba enganchado un trozo de un alga.
Rápidamente se lo saqué y lancé donde había perdido de vista al pez.
Dos vueltas de manivela y el pez picó al señuelo.
Como el calor comenzaba a intensificarse, decidimos dar por concluida la jornada.

domingo, 27 de junio de 2010

Desde la misma roca

En vista de que el día anterior no había hecho planes con otros compañeros de afición, el sábado me dispuse a afrontar una jornada de spinning marino en solitario.
El objetivo era volver de una pieza, aunque si evitaba el bolo, pues mucho mejor.Mientras iba bordeando la costa, miraba desde el coche que había una niebla que se extendía a lo largo de esta.
En una zona en la que pude ver una mar aceptable, paré y monté el equipo.
Bajé con cuidado hasta una roca que me permitiría hacer lances en una franja de unos 10 metros.
Y entonces comenzó lo bueno.Al segundo lance, clavé una buena pieza. La fui trabajando pero cuando la tenía en la orilla se liberó. No sé si fue fruto del madrugón, pero me cogió un poco desprevenido.
Pocos lances después clavé otra pieza. Se trataba de una lubina joven, así que la desanzuelé con cuidado y la liberé por uno de los costados de la roca en la que estaba, no fuera a ser que se "embalase" la zona.
*Se dice "embalar" cuando los peces advierten el peligro, ya sea por la liberación de ejemplares, por la proximidad de buzos, etc.Siguiente lance y noto otra picada. Esta muy lejana. Me doy cuenta que se trata de una lubineta y vuelvo a proceder de la misma manera que con la anterior. Liberándola por un costado.Dos lances después y clavo enérgicamente.
Comienzo a sonreír porque no es normal que piquen tan seguido. Casi tardo más en ponerme a salvo de las olas y desanzuelar las piezas, que en clavar la siguiente.Pocos lances después ... otra picada.
!!!!Estos peces están locos¡¡¡¡
Un abadejo que emerge desde la profundidad.
La aparatosidad de la clavada hizo que optara por llevármelo.Y nuevamente bastaron unos pocos lances para clavar otra pieza. Otro abadejo de bonita librea que sale de su hábitat para ser devuelto en otra zona.
En ese momento pensé que si alguien me estaba mirando exclamaría:
!!!!Este tipo es un crack¡¡¡¡Y poco después el "hat trick".
Otro abadejo,
de bello colorido,
que con mimo dejo,
un poco dolorido.
Llegados a este punto ya me puse poeta, jejeje.Me giro un momento para ver como el sol asoma entre las montañas y comienza a disipar la niebla.
Sin duda una bella estampa que alegraba aún más el momento.En un lateral de la roca en la que me encontraba miré un espumero que prometía mucho.
Fue lanzar y clavar poco después de iniciar la recuperación.
Una captura que picó muy lejos y me dio bastante guerra, ya que era un ejemplar que pasaba bien de la talla mínima.Y seguía en racha porque nuevamente bastaron unos pocos lances para sentir otra pieza al otro lado de la línea.
La alegría del momento era descomunal, pues no es algo que se experimente asiduamente, cosa que sí ocurre con los bolos o capotes.Y poco después saco a una lubineta casi tan grande como el señuelo.
La voracidad de estos peces no deja de sorprenderme temporada tras temporada.A continuación lanzo sobre otro espumero y una picada bestial que comienza a sacar línea.
!!!!Qué emoción¡¡¡¡
Esta ya era una lubina de las que ofrecen resistencia a ser doblegadas, pero las olas que a veces nos dan sustos, en esta ocasión se aliaron conmigo para sacar este ejemplar.Las picadas habían cesado y ya estaba pensando en cambiar de lugar.
Último lance ... el señuelo vuela ... el señuelo toca el agua, y algo comienza a tirar en dirección contraria.
!!!!No puede ser¡¡¡¡
Ni que hubiera visto llegar el señuelo.
El pez tiraba de manera notable. Era una aguja bastante buena.
Por el rabillo del ojo observo como una ola se acerca ... pero no tengo tiempo para esquivarla.
Casi me tira contra las rocas.
Cobro la pieza y resulta que venía robada por la mitad inferior del cuerpo, cosa que hizo que pelease de manera más notable.
Me voy del lugar con dos lubinas y un abadejo.
Cuando me dirijo hacia la orilla veo a Julio esperando junto a su coche.
Después de un rato hablando, se animó a pescar.Tomamos rumbo sur y comenzamos a lanzar en las zonas más prometedoras.
En breve tuvimos sendas picadas, pero ninguna se tradujo en captura.Accedimos a unas rocas cubiertas casi en su totalidad por colonias de mejillones. Desde ahí Julio sacó un abadejo que inauguró la cuenta de la segunda fase de la jornada.
Observamos zonas muy prometedoras, pero no obtuvimos picadas.Un grupo de mújoles apareció en el lugar y finalmente, uno de ellos quedó prendido de mi artificial.
Al igual que con la aguja, este venía enganchado por el lomo, lo que propició una lucha más larga de lo habitual, para el tamaño del pez.
Son coincidencias que a veces se dan en la pesca.