jueves, 19 de mayo de 2011

Barbos Extremeños 3: El broche de oro

La última jornada de pesca por tierras extremeñas, la compartí con Juan Alfonso y Miguel, que son dos miembros del grupo Peskacor.
De camino al río, disfruté con la fauna que se veía en el entorno. Rabilargos, perdices, cigüeñas, abejarucos, cerdos ibéricos y estos magníficos toros, tan emblemáticos en nuestro país.Una vez con los equipos listos, descendimos un buen trecho para pescar unas tablas que albergaban bastantes barbos.
Miguel se había dejado el sombrero en el maletero y bajo el sol de justicia, no era nada recomendable, pero pescando a un ritmo normal, pronto estaríamos junto al coche.No tardó mucho Miguel en capturar el primer barbo y Juan Alfonso hizo lo propio poco después.
Aunque yo comencé con mosca seca, Miguel me recomendó que utilizase una ninfa que él mismo me ofreció.El río nos permitía pescar a los tres, sin tener que separarnos mucho, por lo que podíamos disfrutar de las capturas de los compañeros.
Me sigue llamando la atención ver las alambradas cruzando el cauce del río, pero por lo visto no hay mucho que hacer al respecto.Era fascinante contemplar el buen hacer de estos dos pescadores y por los resultados obtenidos, se ve que ya lo tienen dominado. De hecho han sido protagonistas de algunos documentales del Canal Caza y Pesca.En una amplia tabla de poca profundidad, Juan Alfonso localizó algunas carpas desde una posición elevada.
Yo capturé este barbo bajo las ramas de una adelfa y por lo visto, era reacio a posar para la foto. Preciosas libreas iban pasando por nuestras manos y tras una leve contemplación, los barbos volvían a sus actividades cotidianas.En esta jornada me di cuenta de la utilidad de la sacadera, pues en situaciones comprometidas, se puede asegurar la captura.
Mis compañeros capturaban barbos a buen ritmo y el sol ya se acercaba a su cenit, con lo que el calor ganaría en intensidad.En esta zona de pasillos clavé un buen ejemplar que tras una carrera frenética río arriba, logró liberarse. En un principio pensé que se había roto el bajo de línea, pero entonces comprobé que lo que había propiciado la huida del pez, fue que este había enderezado el anzuelo de la ninfa.
¡¡Qué barbaridad!!Una vez llegamos junto al coche, nos desplazamos a otro tramo del río y aprovecharíamos este momento para comer. Bajo un puente hicimos nuestro improvisado comedor y dimos buena cuenta de los bocadillos.
Con el estómago ocupado en la digestión, emprendimos la marcha para afrontar las últimas horas de pesca.A medida que subíamos por el río, la concentración de buenos ejemplares era mayor. Esto dificultaba su pesca, pero también incrementaba el nivel de adrenalina en la lucha con los peces.
Muchos de estos se encontraban entre las plantas del cauce y en ocasiones salían a gran velocidad, justo delante de nuestros pies.
En el centro de la fotografía se puede observar la mitad posterior del cuerpo de un barbo.Enderezando el anzuelo de mi maltrecha ninfa, fui sacando algunos barbos más que, como los anteriores, se defendían de manera notable.Llegamos a unas zonas de corrientes con poca profundidad. Aquí los barbos nos localizaban con facilidad por lo que teníamos que pescar un poco más largo. Y de esta manera nos hicimos con algunas capturas más.
Observamos a un galápago que se alimentaba de los restos de un barbo muerto muy cerca de la orilla. Parecía no importunarle nuestra presencia, pero cuando le toqué con la puntera de la caña, este se descolgó un tanto molesto. Sin embargo no tardó en volver junto al cadáver del ciprínido.En una pequeña poza a la que llegaba algo de agua fresca, Miguel localizó un black bass y río arriba, Juan Alfonso se encontró un retel con un par de barbos muertos.
Un poco más arriba de nuestra posición, dos pescadores finalizaban su jornada de pesca. Observé que uno de ellos portaba un retel con algunos barbos, pero anteriormente habían subido un saco y una bolsa con más barbos.
En estos momentos lo ideal sería practicar un férreo "captura y suelta" (como era nuestro caso) o por lo menos pescar de forma responsable, pues no son pocos los casos en los que los peces terminan en el cubo de la basura.Los pescadores se quedaron un rato observando lo que hacíamos y en una ocasión así, no podíamos hacer otra cosa que demostrar que sentimos una enorme devoción por este extraordinario pez.En nuestras manos, poco tienen que temer estos ciprínidos. Sus ojos carentes de párpados observan con detenimiento nuestro proceder, pero a nosotros sólo nos queda rendirles un homenaje, por todos los momentos que nos hacen vivir durante el ejercicio de la pesca.Ya sólo nos quedaban unos metros para llegar al punto de retorno. Los últimos lances nos fueron deparando gratas sorpresas, pero la mayor de todas aún estaba por llegar.Emulando a los salmónidos más viajeros, los barbos ejecutaban potentes saltos para salvar una barrera infranqueable. Los genes de estos sensacionales peces les dictan el camino a seguir y en este caso se trata de seguir ascendiendo río arriba.Los ejemplares más vigorosos se lucían llevando a cabo impresionantes saltos de más de metro y medio, que por desgracia no eran suficiente pago para lograr la ansiada meta.Juan Alfonso y yo estuvimos un buen rato observando, embelesados por el repetitivo afán de lograr lo imposible. No era nada fácil obtener una instantánea con el barbo desafiando la ley de la gravedad, pero de muchas fotografías que tomamos, pudimos sacar algunas muy válidas.
Sin duda un broche de oro, para unas jornadas irrepetibles.Todavía teníamos que andar un buen trecho hasta llegar al coche, así que fuimos descendiendo y pescando a la vez.
La avispa se convirtió en una gran aliada de Juan Alfonso, que logró clavar este precioso ejemplar de barbo gitano. Abandonamos el río a media tarde, pues Luis y Javi venían desde Sevilla para conocerme.
La emoción me embargaba, pues ya eran amigos de la red desde hacía mucho tiempo.Aunque venían con el tiempo contado, charlamos un buen rato sobre las jornadas de pesca por esta tierra maravillosa. También rememoramos algunas de las últimas entradas de sus respectivos blogs, pues había ciertos temas que invitaban a ser recordados.Me hubiera gustado compartir caña y mesa con ambos, pero esta vez no pudo ser.
Javi es un fenómeno del spinning y el casting como podéis ver en su blog y Luis es el auténtico terror de los carpones a mosca.
Con esta grata visita ya son muchos los Bloggeros a los conozco en persona. Cosa que me satisface mucho. Y si Dios no lo impide, el año que viene volveré por esta tierra e intentaré pasar alguna jornada de pesca con ellos.

Quisiera agradecer al Duque de Jerez, a Lucas Benjumea, a Paco Tello y a Carmen Encinas el haber tenido tiempo para hablar conmigo, aunque sólo fuera un breve instante, pues para mí la intención ya vale mucho.

lunes, 16 de mayo de 2011

Barbos Extremeños 2: El poder del barbo gitano

Después de una noche en la que el descanso fue casi nulo, nos levantamos para desayunar.
A Pablo hubo que despertarlo, pues no asomaba la cabeza por la tienda, a pesar de ser el primero en acostarse.
Una vez con todo recogido, llegaron los compañeros y procedimos a la foto oficial.
De izquierda a derecha: Álvaro Black, Juan Alfonso, Kikefly, Álvaro Satubetis, Don Pepe Romera, Don José Antonio (Barbux), Álvaro, Pablo, un servidor y Miguel.
Era el momento de iniciar la jornada de pesca.Me desplacé con José Antonio, Pepe y Kike hasta el río en el que transcurriría la acción de pesca y fue con este último con el que compartiría el tramo de río.
Mi compañero me ofreció un par de moscas que a él le dan buen resultado y con unas indicaciones de cómo íbamos a proceder, comenzamos a hacer volar nuestras líneas en el aire.En esta parte del río no se veía gran afluencia de peces, pero sospechaba que a medida que avanzásemos, nos encontraríamos con una densidad mayor.Las gentes de estas tierras derrochan alegría y Kike no iba a ser menos. ¡¡Cómo disfrutaba el condenado!! Y con esta emoción tan positiva flotando en la atmósfera, no tardé en contagiarme.
Comenzamos a sacar barbos de buen porte y uno de estos no dudó en perseguir la mosca corriente abajo. ¡¡Que maravilla!!.Nos repartíamos el río de manera instintiva, como si lleváramos toda la vida pescando juntos.
El cauce también lo permitía, por lo que avanzábamos atendiendo a las evoluciones del compañero.En una tabla de grandes proporciones, perdí un pez de buen porte. Este, en su infinita tozudez, buscó refugio a muchos metros bajo unas adelfas. Llegué al lugar en el que que se había refugiado y todavía se mantenía cautivo. Finalmente, pude comprobar como ejecutó un ejercicio de escapismo entre la maraña de ramas, para que mi rostro mostrase incredulidad absoluta.
¡¡Qué listos son!!
Pero me repuse de la pérdida al concatenar varios barbos seguidos.Ahora nos encontrábamos en un lugar con una buena densidad de gitanos (barbos). Sólo había que tener la precaución de ir engañando a los más cercanos, aunque las carreras de algunos alertaban a los demás.Este ejemplar me llamó poderosamente la atención, pues su aleta caudal estaba parcialmente comida y presentaba unas heridas en uno de sus costados.
Desconozco el origen de dichas anomalías, pero aún así el pez gozaba de buena salud.Más barbos fueron engañados y cada uno buscaba su estrategia para ganar la libertad. Al acercarlos a la mano, estos emprendían una rápida huida y a veces había que armarse de paciencia para llevar a cabo la captura.Kike fue prospectando las zonas de sombra y en una de ellas capturó este bello ejemplar.
Allí estaba yo, de pie, metido en el agua, contemplando la perfección en forma de pez. Siglos y siglos de evolución han hecho falta para gestar a esta auténtica máquina de pelear y encima, con una belleza única en su clase. Una amalgama de gratas sensaciones me embelesaba ante tan magnífico ser.
Kike lo liberó y entonces nos dispusimos a afrontar el trecho final de esta jornada matinal. Llegamos a un lugar en el que los grupos de barbos eran muy numerosos. Había que actuar con cautela, para poder engañar a los más grandes.
La mosca seca seguía dando sus frutos y particularmente la mía, estaba casi destrozada.Mi momento:
Kike me advierte de la presencia de unos buenos ejemplares. Los diviso en la distancia. Contengo la respiración para ejecutar el lance. Es la hora de la verdad. La mosca se posa en las inmediaciones de su situación. El pez se desplaza hacia la mosca y la toma.
¡¡¡Dios mío!!! ¡¡¡Qué potencia!!! El animal comienza a nadar río arriba con una velocidad demoníaca. Veo como la línea sale del carrete y la salida del backing es inminente. Me pregunto: ¿Aguantará el anzuelo? Meto el carrete en el agua para refrigerarlo y el agua sale despedida por el giro incontrolado de la bobina. No han pasado ni dos segundos y el brazo pide una tregua. El animal parece oírme e invierte el sentido de la marcha. Cobro línea tan rápido como puedo y el pez se mete bajo la vegetación de la orilla. Consigo sacarlo del lugar y ahora busca refugio en unas rocas que afloran en la lámina de agua. El sentido de la vista y el tacto se agudizan y el corazón todavía sigue bombeando a toda máquina. Necesito unos agónicos segundos para acercar el barbo hasta mi mano, pero todavía dispone de reservas de fuerza. Finalmente, tras varios minutos de carreras, logro hacerme con el pez.¡¡¡Al fin!!! El ser que me ha llevado al borde del colapso, yace ahora en mi mano. Parece haber sido diseñado por el más meticuloso de los orfebres. Su cuerpo de oro bruñido compite en fulgor con el astro rey que observa mudo sobre nuestras cabezas y ahora envidia al ser que porto en mi mano. La brisa del mediodía propaga la noticia de mi hazaña a todos los seres próximos. El merecido indulto le llega y cuando el pez vuelve a sentir la caricia de las aguas, respira aliviado y se aleja con agradecimiento. El sentimiento es recíproco, pues me ha brindado una lucha memorable. Gracias, gracias de verdad.Otro ejemplar de buen porte, se mueve cercano a la orilla.
Con el mismo procedimiento logro clavarlo y al igual que el anterior, presenta una batalla descomunal.
Alcanzo el éxtasis total en este entorno de desproporcionada belleza y pienso: -El viaje ha valido la pena.Proseguimos con la jornada y se produce otro doblete. Ya veo barbos gitanos por todos lados. Padezco alucinaciones a causa de esta droga tan sana.
En ese momento José Antonio llama a Kike para recogernos en un punto. Kike me pasa el teléfono para que yo hable con José Antonio y sólo acierto a decir: -Te paso con Kike.
Cada vez que suelto un barbo gitano, no tardo un minuto en capturar otro.
¡¡¡Es el momento de mayor actividad!!!
En un frenesí imparable, los barbos van llegando a mi mano.
¡¡No quiero despertar de este sueño!!Son innumerables los barbos que van pasando por mi mano, como si de un concurso de belleza se tratase.
Sublime jornada en la que Kike y yo apuramos los últimos lances.Llegamos ahora a un lugar que mi compañero bautiza como "La Patagonia". Los barbos de buen tamaño se reparten el cauce, pero las aguas discurren más rápidas que en zonas anteriores.
Mi compañero captura un buen ejemplar que recupera su libertad tras observarlo efímeramente.
Llega el momento de abandonar el río y a pesar de haber dormido tres horas, no quiero marcharme de allí. Kike va ascendiendo por un talud y llama a José Antonio.
Mi ética personal me da un toque de atención, por lo que me dispongo a caminar por la campiña hasta el punto de encuentro.
Perdices y conejos se presentan a cada paso y tras unos minutos de marcha, al fin vislumbramos el coche de José Antonio tras un olivo.Mientras nos cambiamos de ropa, Kike y yo vamos relatando a Pepe y José Antonio nuestra particular jornada de pesca.
Una vez con el resto de la expedición, disponemos todo para la comida.
A todos se nos había dado bien la jornada matinal, por lo que las caras de satisfacción estaban justificadas.
Lo único que empañó un poco el banquete, fue el comportamiento de otros "pescadores" que había en la zona y que sería más propio de otros tiempos. Uno lanzó un par de basses a una mujer para asustarla, otro eternizaba la suelta de una bass, para finalmente ponerle el pie encima y otros hacían que las carpas capturadas agonizasen bajo el sol del mediodía. Una lástima.

Por la tarde visitamos un río muy bueno, pero este bajaba algo tomado. Ante la imposibilidad de poder pescar, pasamos la tarde hablando de pesca hasta que llegó la hora de cenar.
Después nos fuimos a dormir, pues todavía quedaba una jornada más por delante.

Continuará ...

domingo, 15 de mayo de 2011

Barbos Extremeños 1: Toma de contacto

Hace unos días me desplacé a 928 kilómetros, para intentar pescar un pez que desde hacía tiempo llamaba mi atención. Tuve que atravesar la península de norte a sur y el viaje en sí ya fue un deleite para la vista. El granito y la pizarra, dieron paso a los terrenos arcillosos. Los robledales se tornaron en retamas. Luego desaparecieron las montañas y el terreno se mostró vestido con un uniforme verde de tierno cereal. Más llanuras fueron la tónica general en la mayor parte del viaje y sólo con la entrada en tierras andaluzas, volví a ascender a las cumbres por una vía serpenteante. Terminé con la bajada hacia el valle que me llevaba al destino donde pernoctaría. Desde este punto podía acceder a los ríos extremeños con facilidad y a la vez compartir las horas que no eran de pesca, con mis anfitriones.
Después de un desayuno con las presentaciones pertinentes, pues sólo conocía a Pepe y a José Antonio, pusimos rumbo al río.
Fue allí donde me presentaron oficialmente al protagonista de estas jornadas de pesca: El barbo gitano.Una vez hechos los grupos, cada uno se fue por su lado a probar fortuna con los barbos. El día amenazaba con liberar a la lluvia, pero en un entorno tan espectacular, hasta la lluvia sería bien recibida. Los verdes en distintas gradaciones, los rojos, los amarillos y los azules estaban presentes en todo el entorno. Con ayuda de "Barbuxmóvil", nos fuimos abriendo paso entre la fauna local. Algunos bóvidos no tenían intención de moverse, pero si había que torear para poder acceder al río, no tendría ningún reparo en hacerlo jejeje.Cuando ya estaba junto al río, Pepe y José Antonio me dieron unas indicaciones básicas para la pesca de este pez. Tendría que cambiar el chip, pues esta pesca difiere en muchos aspectos de la pesca de salmónidos.
Pepe ejercería de maestro y reportero gráfico, mientras que José Antonio me acompañaría en la acción de pesca.Tras unos instantes, un pez tomó la mosca y me dije:-Pues no tiran gran cosa estos gitanos jejeje.
Se trataba de un bordallo. Pariente lejano del barbo y que no alcanza gran porte, pero que inauguraba mi cuenta en estas tierras.Después de ver alguna que otra carpa y un nutrido grupo de barbos, al fin pude clavar mi primer gitano, pero ... ¿Qué hace este pez? ¡¡No puede ser!!
El pez comenzó a tirar río arriba por la corriente y tras unos segundos con esta idea, se descolgó con celeridad. ¡¡No quería rendirse!!
Me costaba doblegar al ciprínido, aunque sabía que las prisas no eran buenas. Después de un buen rato, el pez se rindió.
¡¡Al fin tenía lo tenía en la mano!! Ese pez que tanta fascinación me provocaba, mostraba ahora su porte elegante y majestuoso. Y a ese primer barbo gitano, le dedico estos versos.

Ese barbo que es de oro,
ese barbo que es gitano,
tira siempre como un toro,
antes de cogerlo en la mano.

Bello, listo y muy bravo,
así es este gran pez,
corre y sube cuando lo clavo,
lo hace todo a la vez.

Me ha dejado boquiabierto,
me ha dejado deslumbrado,
mis amigos estaban en lo cierto,
cuando de él me habían hablado.

Y después de dos roturas del bajo de línea, comencé a capturar barbos gitanos como si ya lo hubiera hecho en otra vida y ahora lo estuviera rememorando. Sin apresurarme en el cobro, me fui deleitando con las bellas libreas que presentan estos peces.Pepe proseguía por la orilla con su cámara y de vez en cuando me aconsejaba en la estrategia a seguir.Y José Antonio se permitía algunos de los lances más complicados, si bien casi podía asegurar que tenía el río para mí sólo.Ante sus atentas miradas, volvía a gozar de las capturas de bellos barbos gitanos. Todos únicos e irrepetibles. Uno se descolgaba de una manera, otro buscaba refugio bajo las plantas de la orilla, otro se acercaba a las rocas que se interponían entre el pez y el captor, etc.Cuando la actividad en superficie cesó, le tocó el turno a la ninfa. Pepe me daba las indicaciones necesarias para que las capturas se llevasen a cabo.
Lo más importante era clavar en el momento oportuno, pues las prisas errarían la clavada y el retraso implicaría el rechazo de la mosca por parte de los ciprínidos.Y no tardó en dar resultado la ninfa que Pepe me había dado. Agradecido por los consejos me dispuse a encarar un tramo de río en el que se encontraban dos bellos ejemplares y de mayor talla que los anteriores.Las aguas más lentas me permitirían ver la ninfa derivando, pero en contra tenía que debía presentar el engaño desde más distancia.
Agarré con firmeza la empuñadura de la caña e hice el lance pertinente ... el barbo se descolgó en busca de la ninfa y ... ¡¡¡Ya está!!!
Parra arriba y para abajo, a izquierda y derecha, buscando rocas y vegetación. Este pez tenía en sus genes la información que le permitía batallar de manera inteligente.
La caña se flexionaba temerosa, pues el animal no cedía en su empeño de liberarse, pero el tiempo diría de qué lado se decantaría la fortuna.
Y quiso que fuera del lado del pescador y así pudo posar para la foto.Se quedaron atrás mis compañeros, en una tabla en la que había un buen número de barbos. Yo me adelanté y busqué algún objetivo al que ofrecer la mosca.Se acercaba la hora de la comida y no quería irme del río. Esto era demasiado bueno para abandonar ahora. Con cautela pude ir sacando bonitos ejemplares de barbo gitano.Unos en zonas más rápidas y otros en zonas de aguas calmadas, pero todos con un vigor que me sorprendía gratamente. Ninguno se dejaba doblegar sin antes dar una buena lucha.
A un pez así, es fácil concederle el indulto, pues seguirá creciendo en tamaño y astucia, lo que proporcionará futuras peleas con más adrenalina recorriendo el cuerpo del afortunado pescador. A pesar de que parar de pescar me parecía un delito en ese momento, no quise que por mi culpa llegáramos tarde a comer. Me fui en busca de mis compañeros que se encontraban un poco más abajo.Pepe se había empeñado en sacar un black bass que vagaba en las aguas paradas y consiguió hacerlo con un estrímer.
Este pescador ya está muy curtido en lo que a la pesca se refiere y sin duda es un ejemplo para todos los que lo acompañamos.Salimos del río al mediodía y buscamos un lugar en el que comer. Durante la comida reinó un buen ambiente, si bien el cielo amenazó con la lluvia.
Risas y anécdotas fueron saliendo entre cada bocado y de esta manera culminábamos la primera parte de la jornada.Después de descansar un rato, tocaba recoger todos los desperdicios y algún otro que había por el lugar. La comida al are libre no debe ser nunca sinónimo de polución y como mínimo se debe dejar todo como estaba antes de nuestra llegada. Y esta gente lo tiene muy asumido, pues van bien preparados al respecto.Por la tarde de fui con Álvaro a probar suerte a otro río, pero el destino quiso que probásemos fortuna en un tributario del río principal. Capturamos sendos barbos bajo un puente, antes de descender para pescar río arriba y terminar junto al coche.Hicimos una pequeña incursión en el río principal, pero los barbos no estaban por deleitarnos con sus carreras. A pesar de todo salió alguno antes de ascender por el afluente.La tarde no dio para mucho más, pues debíamos hacer los preparativos para pasar la noche en plena naturaleza. Después de una cena preparada por el Chef Álvaro, tocó una actuación a cargo de su tocayo. Alvarito de la Calzada nos deleitó con un amplio repertorio. Los demás también nos animamos a contar alguno.
En torno a las 3:00 am nos acostamos, lo que no implicaba dormir, pues aún nos reímos un rato largo antes de dar paso a los sonidos de la noche.

Así finalizaba la primera jornada, pero entonces no me imaginaba las sorpresas que me aguardaban.

Continuará ...

También podéis ver esta aventura en Peskacor.

Dos vídeos de José Antonio: